lunes 29 de marzo de 2010

Jean-Guy Allard

Ya han transcurrido casi dos décadas que George Bush padre ordenó la liberación del cabecilla terrorista Orlando Bosch asociado a la destrucción de un avión civil cubano y hasta al asesinato de John F. Kennedy, bajo condiciones que nunca respetó, y en contra de las opiniones expresadas por funcionarios del Departamento de Justicia que reconocían su responsabilidad en una multitud de actos terroristas.

Este autentico asesino en serie que colaboró con la CIA en la creación de la terrorista Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), que luego dirigió, vive hoy en su bungalow Hialeah (Miami), donde sigue beneficiándose de la protección de los más altos órganos del poder judicial.
El 18 de julio de 1990, James LeMoyne del diario The New York Times, reporta desde Miami la liberación el día anterior, por orden de la Casa Blanca, en un texto que revela mucho de la conspiración de los republicanos para sacar de su celda de los servicios de Inmigración a quién ordenó, en 1976, con su cómplice Luis Posada Carriles, la destrucción en pleno vuelo de un avión civil cubano – causando la muerte de 73 inocentes.
El documento, redactado con una honestidad que hoy asombra, también evidencia de que forma el caso de Luis Posada Carriles ha sido manipulado en 20 años hasta llegar al actual juicio de El Paso que no acaba de empezar.
El titular del reporte no puede ser más claro: “Cubano vinculado a atentados terroristas, liberado por el Gobierno en Miami” (“Cuban Linked to Terror Bombings Is Freed by Government in Miami”).
Después de indicar que Bosch fue “absuelto” por la justicia venezolana en relación con la explosión del avión, el periodista precisa como, a pesar de este hecho, ”los oficiales americanos dicen creer que participó en el atentado”.
El periódico neoyorquino reporta como el año anterior el Departamento de Justicia “intentó deportarlo basándose en un informe del Buró Federal de Investigación donde se afirma que (Bosch) ha expresado de manera repetida y demostrado una voluntad de causar lesiones y muerte”.
“Pero hoy Dan Eramian, un vocero del Departamento de Justicia, dijo que una “revisión” había llevado a la decisión de liberar” a Bosch.
“Se negó a elaborar”, añade el reporte.
Oficiales han expresado en privado su reluctancia a liberar a Bosch, se precisa, “temiendo que tal gesto sería difícil de explicar cuando Washington pretende condenar al terrorismo”.
Apenas liberado, se burla del tribunal
El Times reporta entonces la serie de condiciones fijadas a Bosch y de las cuales se burló abiertamente, entre las cuales, “un compromiso especificó a renunciar al terrorismo” – una afirmación implícita de su condición de terrorista.
Bosch aceptó mantenerse en su casa de Miami “salvo entre las 11 AM y las 2 PM”, permitir el monitoreo de sus actividades; mantener un registro escrito de sus visitantes; permitir la escucha de sus llamadas telefónicas; someterse al polígrafo y autorizar el registro de su casa y de persona”
En la conferencia de prensa que siguió su liberación, Bosch se enseña ya sin arrepentimiento alguno. Describe abiertamente el “arreglo” que acaba de firmar, minutos antes, como “ridículo” y una “farsa”, escribe el periodista
Añade el terrorista con una arrogante ironía: “Compraron la cadena pero no tienen el mono”.
El Times señala entonces – lo que no se atrevería a hacer hoy – como Bosch se benefició del apoyo del senador republicano Connie Mack, de la representante Ileana Ros-Lehtinen y del propio hijo del presidente, Jeb Bush, “un líder republicano aquí”.
El periódico sigue recordando como Bosch fue encarcelado “hace más de 20 años” después de ser condenado por haber disparado con una bazuca contra un barco polaco y como, al salir de la cárcel en 1974, violó su compromiso (“parole”) con la justicia y “huyó en América latina donde, dicen oficiales americanos, realizó docenas de atentados contra oficinas cubanas y partidarios” de la Revolución.
Uno se pregunta donde están hoy, en la actual administración, los “oficiales americanos” capaces de reconocer tales hechos.
Posada, Rodríguez, Gregg, North y compañía
Con una franqueza que asombra, el Times seguía denunciando, textualmente, como “terroristas cubanos de derecha, muchos de ellos entrenados por la Agencia Central de Inteligencia para atacar a Cuba en los años 60, han repetidamente realizado atentados contra las casas y las oficinas de los que sospechan de favorecer contactos con el Gobierno de Cuba”.
Más sorprendente aún: “El oscuro mundo de los cubanos entrenados por la CIA ha tenido una larga relación con las administraciones republicanas” escribía LeMoyne, en el más influyente diario estadounidense. Algo inimaginable en el páis de Bush y Obama.
La red secreta de abastecimiento de la Contra nicaragüense ha sido creada por la administración Reagan por un cubano quién fue agente de la CIA, Felix Rodríguez (Mendigutia) bajo la dirección de un ayudante del Consejo de Seguridad Nacional, Oliver L. North, cuyo principal socio, Luis Posada Carriles, otro ex agente de la CIA, ha sido acusado de haber realizado ataques terroristas con Bosch”, escribe el reportero LeMoyne al señalar como Rodríguez se entrevistó con el Vice Presidente Bush en Washington, en presencia del asesor de Bush en materia de seguridad, Donald Gregg, “un ex oficial de la CIA quien trabajo anteriormente bajo la supervisión del propio Rodríguez”.
Y el Times precisa: “Carriles se escapó de prisión en 1986 y luego se reapareció de agente y jefe en la operación de abastecimiento de la Contra”.
Hoy, Félix “Ismael” Rodríguez encabeza en Miami a la terrorista Brigada 2506, la asociación de ex mercenarios de Playa Girón mientras Posada y Bosch disfrutan su jubilación de “ex” del “oscuro mundo” de la CIA.

Tal es la justicia en el país donde cinco cubanos siguen secuestrados por la administración Obama por haberse atrevido a penetrar las filas de organizaciones asesinas donde verdugos y matones entrenados por la inteligencia imperial siguen conspirando, con la protección del aparato judicial que pretende combatir al terrorismo.

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