La Policía Nacional. Una de la más importante condición de posibilidad de la permanencia de la Paz en Nicaragua. O para decirlo en términos del Mundial de Futbol, con esta policía nos estamos jugando de  –cierta manera-  UNA FINAL  de esta etapa de nuestra historia política.

1.- Cada vez y cuando y la verdad  que cada vez  con más frecuencia, las ACTUACIONES  de la policía nacional suscitan, provocan interrogantes, discusiones, dudas, desconcierto, confianza a algunos  y desconfianza a no pocos. Cuando  uno ve a la policía como simple observadora, casi que  como curiosos, viendo a un grupo de gente, del danielismo,   mortereando la asamblea nacional para impedir que los diputados se reúnan o persiguiéndolos y mortereando hoteles y locales políticos de la oposición, y la policía solo observando… de “mirandas”, como dice la gente. O cuando los vez en ocasiones, agresivos, actuando en contra de alguna movilización anti-gubernamental. Digo cuando ocurre, casi que como milagro que algunos  se  cuasi-movilizan y protestan. O cuando simpatizantes del partido de gobierno agreden a ciudadanos no Danielistas,  que protestan por alguna razón y la policía solo se limita a observar los hechos como que si no es con ellos. Digo, inquietan a no pocas esas imágenes más recientes que tenemos de una parte de las Actuaciones de la Policía nacional.

2.- Yo quiero atraer la atención de ustedes sobre ese tema pero para decirles que el asunto esencial, vital,.  diría yo, para Nicaragua, no está en definitiva sobre tal o cual  ACTUACION de la policía. Seguramente ello tiene importancia, sin duda, lo tiene. Ignorarlo sería una torpeza. Mantener la mirada sobre las actuaciones públicas de la policía, puede  y es importante también para determinados organismos, como aquellos de la defensa de los derechos humanos. Si  la policía hace o no por ejemplo de un uso excesivo de la fuerza. Si actúa de manera profesional, si es  respetuosa de los derechos humanos. Si contribuye con su actuación a dar un tratamiento igual a todos los ciudadanos, si respetan nuestros derechos políticos y civiles, si no discrimina de manera sectaria  por razones político-partidarias. Si ella misma,  en  su comportamiento interno y externo es respetuosa  de la ley. Reconocer –por ejemplo-  que la nuestra todavía reprime de manera moderada, si la comparamos con otras policías del continente.

En fin, tantas cosas y aspectos. Todo ello es importante. Pero NO ES LO MÁS IMPORTANTE.  No es lo ESENCIAL, cuando tenemos en mente la importancia del papel de la policía.. No es en esas actuaciones puntuales de la policía donde reside la parte vital y estratégica, que la convierte en una de las condiciones de posibilidad de la estabilidad o no de la paz en Nicaragua.

Un general Español refiriéndose  a la Policía dijo.  “la policía actúa en el borde de la ley, unas veces por la parte de dentro y otras veces por la parte de fuera”.  …Siempre habrá un ángulo cuestionable, dudoso. Es que eso de actuar en el borde, sea desde el borde interior o peor “exterior”, siempre se vuelve objeto de polémicas encontradas. Pero, en el caso de Nicaragua, ello nos puede llevar a tomar el rábano por las hojas.

3.-He conocido bastante a varios de los jefes de la policía nacional.  A René vivas ese extraordinario sandinista, cumplió su misión en circunstancias muy complejas. Cumplió y ahí anda como si nunca hubiera hecho nada por el País. A Fernando Caldera a quien conocí desde sus años de estudiantes del Recinto Universitario “Rubén Darío”, a Doris Tijerino, esa mujer de gran historia que fue la primera mujer Jefa de la Policía. Y  debo decir que nunca he conversado NI SIQUIERA UN MINUTO con Aminta Granera. Sin duda la he encontrado alguna vez  y saludado con afecto y admiración.

Pero puedo asegurar que tengo una solida idea de Aminta Granera, Creo conocer lo suficientes  para tener una imagen clara de su recorrido político, de las circunstancias en las que Bolaños la escogió a ella en vez de Ana Julia Guido, la ahora subprocuradora,  para jefa de la Policía, de su desempeño, que hasta ahora ha ganado la confianza de la mayoría de los ciudadanos de nuestro país. Lo que en esta  Nicaragua es bastante decir. Pero bueno es de la Policía,  es de la institución, que quiero hablar y no de su jefa. En definitiva los jefes pasan, por más que ahora el Presidente Ortega les proponga reelegirlos  en sus cargos y de seguro lo hará con  aquellos que se comporten de manera adecuada. Digo “apropiada” para el Presidente.

4.- El verdadero dilema para el país podría formularse así: En el desempeño de la policía nacional, en tanto que primera institución del país para el mantenimiento, nada más ni nada menos que  del Orden Publico, nos jugamos la permanencia o la ruptura del contrato social y político que permitió traer la paz a la Nicaragua . Digo y enfatizo: con el desempeño de esta institución nos jugamos todos, la permanencia o la ruptura del ACUERDO socio-político que permitió traer la paz a Nicaragua.

Recordémoslo, una Nicaragua que hace  apenas unos pocos años estaba desgarrada por la guerra. Guerra que la iniciamos obligadamente contra un régimen – el somocismo -  que tenía un control personal sobre la policía y la guardia y  sostenido por el imperio yanque, guerra que se volvió  más cruenta todavía,  cuando hubo que enfrentar  después  una decisión impuesta por ese mismo imperio. Reagan resumía la cosa diciendo,  casi que lo cito de memoria: que si no  derrotaban  a los sandinistas todas las alianzas de su imperio colapsarían. Guerra que duró 25 años, que costó 50 mil muertos y que solo en la fase final murieron no menos de 30 mil jóvenes, para no recordar los otros enfrentamientos o la guerra heroica de Sandino y sus campesinos.

Si ese ACUERDO que trajo la paz se rompe, sencillamente se termina la Paz. Si ese contrato se  comienza  a romper, debilitar, entonces  comenzaran las fisuras en el orden social, en la sociedad. Comenzaría el desequilibrio, comenzaría la inestabilidad, la desconfianza, el germen de la violencia política, que es la manera tradicional como los nicaragüenses resolvemos en última instancia nuestras diferencias. Puede  ese germen  de la violencia, tomar  cualquiera de los viejos caminos por los que ha transitado – no mi imaginación – si no los caminos que  siempre ha terminado tomando  la historia política real  de Nicaragua.

Me preguntaran como es esto de que de la Policía depende la posibilidad de que se rompa el acuerdo, el contrato político social, que nos trajo la paz?

5.- Sí,  eso quiero decir. Que el asunto es muchísimo más trascendente, que las fotos, imágenes y titulares  sobre la  actuación de la policía en Boaco o Managua. Permítanme que me explique. Este es un asunto complejo, que necesitaría de varios programas seguidos, pero quiero hoy resumirlo, hacer algo así como un bosquejo, como unos trazos, como una caricatura,  del grave en juego que encierra para todos este asunto. Del que –a plazos- puede terminar dependiendo nuestra seguridad, la de nuestras familias, la estabilidad o la anarquía,  la vida o la muerte, la paz o la incertidumbre cotidiana, de no saber que nos  podrá ocurrir mañana.

Así de serio, así de VITAL es  este asunto relacionado con la Policía nacional. Pero no solo con ella  y aunque hoy no es el tema-  y esto es esencial enfatizarlo – sino también con la conducta político-practica de los ciudadanos de Nicaragua que en definitiva siempre terminan siendo los actores definitivos, por lo menos de su parte más consciente.

6.- ¿Cómo fue que de la Guerra pasamos a la Paz?. Es algo que tenemos, que  siempre debemos preguntarnos,  que debemos recordar, que no debemos olvidar. Como fue que ese gran Consenso fue posible?, como fue que se logró ese contrato socio-político que hizo posible que comenzáramos aprender a vivir en paz entre nosotros?

7.- ¿Que del enfrentamiento a muerte, que de las balas – y los cañonazos de verdad -   pasáramos a iniciar la convivencia  pacífica, todos juntos, en la misma tierra, a pesar de nuestras diferencias? Quiero decirle que no fue ni doña Violeta, ni ningún designio divino que lo hizo posible. Fuimos nosotros, NOSOTROS TODOS, quienes aceptamos en un momento dado, la propuesta, el compromiso, el riesgo de iniciar ese proceso. El proceso hacia la Paz.

Fue necesario un acuerdo, más trascendente, mas esencial, que el acuerdo formal, llamado los Acuerdos de Esquipulas, que tampoco fueron el mérito de un tal Oscar Arias. Eso es una burla, es ignorar la historia. Por eso digo que este asunto ameritaría una serie de programas, pero no nos desviemos mucho.

Entonces, en un momento dado de nuestra historia convenimos, que intentaríamos construir la paz y  no fue fácil acordarla. Teníamos – si queríamos la Paz – que renunciar a no pocas cosas que considerábamos entonces de muchísima importancia. Les menciono tan solo dos de ellas.  Tan solo dos, porque hay muchas, muchas renuncias y de todos los lados..

PRIMERO.- Aceptamos los sandinistas que no era correcto pretender gobernar para siempre y que  no era justo aquello de que podríamos hacer cualquier cosa para mantenernos  “a huevo” en el poder. Eso de proclamar que gobernaríamos a como fuera  100  años y más,  fue una posición a la que tuvimos que renunciar. Tuvimos que aceptar             que tendrían que existir en el país condiciones político-jurídicas, CONDICIONES DE SEGURIDAD,  que dieran a aquellos que no pensaban como nosotros, es decir, a la oposición, la posibilidad de convencer al pueblo, de escoger, para el gobierno a otros que no fuéramos nosotros.

No fue esta una renuncia fácil. Y como prueba de esa voluntad aceptamos acortar de un año el período presidencial de Daniel y convocar de manera anticipada a unas elecciones. Aún en medio de las más adversas condiciones. Elecciones que por cierto han sido las más libres, honestas y legítimas que ha tenido Nicaragua. Hubo que correr el riesgo de perder el poder que tanto había costado ganar. Y había que hacerlo si queríamos la Paz. Fíjense, que los  otros, tengan la posibilidad de convencer al pueblo de escoger otros gobernantes, eso fue lo que decidimos para construir la Paz y la Democracia. De estas cosas, de su respeto depende mucho que vivamos en paz o no.

Si este acuerdo se rompe…

SEGUNDO.- Aceptamos TODOS. No Daniel Ortega y los otros comandantes miembros de la dirección nacional, sino que todos los sandinistas y todos los demás ciudadanos no sandinistas lo siguiente:

Que los cuerpos armados de la revolución. El ejército y la Policía sandinista no serían nunca más el brazo armado del FSLN. Que estos aparatos armados nunca volverían a estar sometidos a la dirección política del frente sandinista. Fíjense que decisión más dura. Fíjense que concesión más dolorosa. Pero que hubo que hacerlo  para construir la paz en Nicaragua.

Nosotros habíamos sido educados y habíamos educado al pueblo, que una revolución que no tuviera las armas para defenderse, no es revolución. La realidad nos estaba pidiendo que renunciáramos a uno de los postulados esenciales de la teoría y la práctica  revolucionaria. Y ahora había que renunciar a que los cuerpos armados de la revolución ya no estuvieran sometidos a la dirección política de la revolución. En China, para que sepan, aceptaron abrirse completamente al capitalismo, pero no aceptaron perder el control del partido sobre sus fuerzas armadas.

En esa Nicaragua en guerra, era una decisión difícil pero necesaria. Pero para los otros, para los Contras y su gente, para miles y miles de campesinos la cosa no era menos fácil. Ellos tenían  que aceptar que esos aparatos armados, esos que les habían causado tantas muertes, esos aparatos armados, sus mandos, tropas y armas,   ya menos numerosos, iban a seguir siendo la Policía y el Ejército de Nicaragua. Fue una dolorosa pero indispensable contribución a la Paz.

Nunca olvidemos que los contras eran miles de campesinos de Santo Domingo, La Gateada, Mueye de los Bueyes, El Rama, de los municipios de  Boaco, de  Nueva Guinea, El Cuá Bocay, Wiwilí, Quilalí, Jalapa, Rio Blanco, Siuna, Muy Muy, Matiguás. La contra no era Morales Carazo o 3-80, Enrique Bermúdez.  Nosotros reconocimos que la guerra fue financiada y apertrechada por los gringos, pero los combatientes eran nicaragüenses campesinos, no todos provenientes de la guardia. Para esos miles de soldados aceptar desarmarse, entregar sus fusiles tampoco fue fácil. Ellos aceptaron que quedara ese mismo ejército y policía, bajo condición de que no serian ya mas instrumento de ningún partido.

La diferencia esencial, cualitativa, vital, eso que hacía posible el acuerdo y la Paz era que esos aparatos serían regidos por la Constitución y la Ley y ya no por la dirigencia del FSLN. Daniel, el secretario general del FSLN no podría mandarlos, ni ellos obedecerle.

Los cuerpos armados lo serían  para toda la nación. Para todos los ciudadanos, nos cuidarían y nos darían seguridad y protección a todos. Ese compromiso que aceptamos todos los nicaragüenses fue decisivo para hacer posible que camináramos hacia la paz. A habido paz porque lo aceptamos y todavía lo continuamos reconociendo. Había que desarmarse y confiar en la policía, en aquellas situaciones de la guerra era mucho pedir, pero sin ello no habría paz.

Se adquirió un compromiso que no tendría retroceso. No habría nunca más sometimiento de los cuerpos armados a los liderazgos político-partidarios. Los cuerpos armados, para evitar que estos tomaran otros rumbos, estarían SUBORDINADOS al poder civil de acuerdo con la constitución y las leyes, pero PARA QUE YA NO ESTUVIERAN SOMETIDOS al político  que de turno ocupara la presidencia de la república. Para que no se repitiera los que nos había pasado bajo el somocismo. Subordinados de acuerdo a la ley, pero NO SOMETIDOS  al líder político del momento.

Los unos y los otros aceptamos esa condiciones tan difíciles de comprender en aquellos momentos. Aprender a encontrarse en la calle o en el restaurante, o en la escuela de los niños,  con aquellos que considerabas eran unos asesinos. No fue fácil construir esta nueva manera de ser ciudadanos y todos cuidados y protegidos, en nuestros derechos y en nuestra seguridad por la policía.

La Policía nacional tenía por lo tanto, tenía por delante una tarea crucial. Más compleja que la misma imaginación. Vital para la paz. Ya no seguir sometida a la dirección política del frente, sino ser la policía de TODOS los nicaragüenses. Ella tenía que asegurar que en la vida cotidiana las cosas fueran así. Aprender a ver así a la policía,  no fue fácil para una buena parte de la sociedad. Pero los compañeros, jefes y cuadros, durante más de  16 años supieron hacer su trabajo patriótico.

Como primer instrumento de la sociedad para el mantenimiento de la seguridad ciudadana y del orden público, no había posibilidad de que avanzáramos hacia la paz si la policía no aprendía a asumir ese  complejo y vital rol para la vida de la nación. No había posibilidad de construir la paz si su desempeño no ganaba la confianza de todo el mundo. Y detrás de lo que digo para la policía hay que leerlo también para el Ejército.

Como se podrá observar,  más importante de saber si ayer la policía actuó por el borde interno o externo de la ley, es saber si tenemos la certeza de que ella,  por encima de las circunstancias, no pocas veces complejas,  será capaz de mantenerse fiel a los acuerdos de los cuales depende en gran medida la paz de la nación.

Y porque digo de que de ellos depende en gran medida la paz de la nación? Muy sencillo. Porque el día en que una parte de la sociedad no reconozca mas en nuestra policía, a la policía que acordamos que lo fuera de todos y de todos por igual y de acuerdo a la ley y solo a la ley, entonces se comienza a desquebrajar la cohesión interna de la sociedad.

Entonces vuelve la conciencia del pasado, aquella que anida de manera inconsciente en la memoria histórica de todos los nicaragüenses, que nos ha llevado una y otra vez a buscar otros caminos para defendernos cuando las instituciones no nos garantizan el respeto a nuestros derechos. Por eso digo que este asunto de la policía es crucial, como lo son aunque desde otra perspectiva las garantías de una justicia verdadera, de una justicia social verdadera,  y ya no digamos la incertidumbre de elecciones honestas o no.

En este entramado que ayuda a sostener la paz conquistada, la confianza en que la policía es fiel al compromiso de todos de trabajar en paz es crucial y lo es  por la naturaleza de su misión. Lo que quiero decir es que si se comienza   a dudar de la policía, se comienza a dudar de la consistencia de la paz. Si se duda de la policía, ya no querrás recurrir a ella. Si la dejas de ver como necesaria para la paz, la comenzaras ver como un adversario, como un  obstáculo para la paz. La comenzarás a ver como un obstáculo a circunvalar para no decir enfrentar. Si la misión del orden público se comienza a confundir con el orden del político de turno. Si la misión es perturbada, intoxicada, por la orden interesada del señor o la señora. Si deja de tener la jefatura la necesidad de que esta policía es indispensable, vital para consolidar la paz recién construida  y no los intereses  políticos particulares, si esta perspectiva se comienza a diluir, se estaría comenzando a diluir el acuerdo, el consenso, la voluntad de todo el pueblo, que consintió muchas concesiones para que pudiéramos construir la paz.

Más claro, si algunos sectores comienzan a ver a la policía como sus enemigos virtuales o reales, comenzaremos a escuchar más seguido eso que ya comenzaron a decir  los medios de comunicación, que dice el obispo tal, que dicen que por ahí andan grupos armados.  Si se crea la desconfianza, no serán entonces derechos de  particulares de algunos los que se estarán erosionando, sino las condiciones de posibilidad de la Paz misma. O  por lo menos una de sus más importantes precondiciones en Nicaragua, enfatizo en  las condiciones ACTUALES  de Nicaragua.

Veámoslo como es: Entre las condiciones de posibilidad de una paz duradera en Nicaragua pesa en gran  medida  el desempeño de la Policía Nacional. Ya sabemos que  querer  Controlarla, someterla, es una inevitable tentación para el poder de turno. Es un deseo inevitable. Congraciarse con el poder, facilitar por esas vías la conservación del cargo, el ascenso y los privilegios sociales y materiales que siempre rodean al poder, especular con la somnolencia o la indiferencia temporal del pueblo, pueden constituirse en las peores amenazas a la Paz.

ü  No resulta fácil ser policía  en Nicaragua y muchísimo menos jefe. Debo confesar que todavía me inspira confianza doña Aminta.  Pero no nos enredemos, hoy,  en esta Nicaragua, no será ni  en Aminta ni Paquito, en quienes recaerá la responsabilidad definitiva. El primer responsable de que se rompa la condición de posibilidad de la permanencia de la  Paz solo podrá serlo hoy, del Presidente de la República y su apego al poder. Sigo pensando, que no hay nada mejor que  la paz que hemos alcanzado, claro, siempre que no sea  eterna,  esta  paz de los sepulcros-sociales  a la que nos invita esta sociedad del capital.

About these ads