En algún lugar… Victoria, tragedia y farsa

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martes, 8 de mayo de 2012

Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info)

En algún lugar utópico, lejos del despotismo y de la miseria, se trazaron los meridianos del progreso para extinguir los contrastes de la ignorancia; y en aquel mundo sin límites, se realizarían las grandes esperanzas en cada uno de los acordes de la sinfonía humana…

Dicen los que saben que los momentos estelares de la historia universal suelen repetirse dos veces; afirman que la primera repetición es trágica, confirman que la segunda es una farsa y sustentan este postulado con la naturaleza volátil de la memoria.
El 5 de Mayo de 1862 el ejército mexicano venció en Puebla a las fuerzas intervencionistas francesas; el estruendo de aquella victoria cubrió de gloria a las armas nacionales pero en este episodio se confirma la veleidosa naturaleza de las repeticiones en la historia: en1862 el Ejército de Oriente derrotó a los invasores extranjeros y a los conservadores mexicanos que los apoyaron; al año siguiente, la confrontación entre México y Francia se repitió como una de las grandes tragedias en la historia nacional; la caída de Puebla en 1863 fue el preludio del Segundo Imperio Mexicano coronando los esfuerzos de los conservadores.
En la magna conmemoración del 150 aniversario de la heroica batalla de Puebla se rindieron honores y ofrendas al General Ignacio Zaragoza, el estratega militar que derrotó al mejor ejército del mundo y se dramatizaron las acciones bélicas alrededor de los fuertes de Loreto y Guadalupe. Pero la farsa se transformó en un insulto a la inteligencia: Felipe Calderón, presidente de México, flamante heredero del conservadurismo y ferviente opositor al estado laico, exaltó el valor de aquellos héroes que defendieron la ideología liberal durante el régimen de Benito Juárez, cuando el laicismo se instituyó como atribución del estado.
La remembranza enfatiza el contraste en las tendencias del pensamiento y provoca un dolor ligero pero insufrible; las utopías irrealizadas lesionan la capacidad de elevar las aspiraciones. El nacionalismo fue el ideal político de la Modernidad temprana, el factor de identidad y cohesión social que sustentaba al gobierno; hoy por hoy, en plena globalización, los estados nacionales están peligro de extinción. El llamado a defender la soberanía nacional “para que ningún poder de facto intente arrebatarnos lo que es nuestro” lo emite un mandatario que concibe la administración pública como una mega agencia de negocios que oferta los recursos de su país al mejor postor.
Pero estas inconsistencias éticas pasan desapercibidas en el espectáculo mediático que comprime y trivializa las andanzas de la historia; el espíritu de una época se evapora en la parafernalia de festejos insulsos . La conmemoración de las glorias del pasado debería propiciar la reflexión, recapitular las victorias y los ideales fallidos, reconstruir aquel mundo sin límites para realizar las grandes esperanzas en cada uno de los acordes de la sinfonía humana…
Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.
Publicado porARGENPRESS

México: Caminar y conspirar

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martes, 8 de mayo de 2012

Lydia Cacho (CIMAC)

Es absurdo marchar en México, dice un tuitero decepcionado. Y aunque mucha gente puede pensar como él, igual salimos a las calles a marchar para no darnos por vencidas.

Por eso se lanzaron a las calles las y los colegas de Veracruz, para recordarle, como bien dijo Julio Scherer, que no creemos más en la retórica del gobernador y que exigimos que asuma el poder que le fue confiado para gobernar y hacerse cargo de la seguridad.
Por la misma razón casi 400 madres del norte de México marcharán para llegar el 10 de mayo a la capital del país, porque ellas no podrán celebrar nada mientras sus hijas e hijos sigan desaparecidos.
Ninguna de esas madres duerme pensando que a su hija se la han llevado los tratantes de mujeres que alimentan la industria de la esclavitud.
Marchamos por la paz, por la igualdad, marchamos contra el feminicidio, contra la violencia hacia periodistas y contra las hambrunas y la pobreza.
Y quien crea que marchar es un sinsentido no ha experimentado la fuerza espiritual que genera un codo a codo por las calles, no ha saboreado cómo los pies cansados renuevan su fuerza ante la indignación de una madre que pisa fuerte para dejar huella de su añoranza por rescatar a su hija con vida, la mirada dulce de un padre que no se da por vencido aunque le digan que su hijo seguro por ser indígena era culpable de algo.
O no conoce la sensación de vida que otorga un vaso de agua entregado por manos desconocidas en medio del camino.
Porque nada se parece al sabor de la solidaridad, de ese momento bajo el sol en que todas y todos, en nuestra diversidad, somos ciudadanía plena que se derrama por las calles con la fuerza de quien se resiste a vivir sometido al miedo, esclavizado a la arrogancia del poder, a la desesperanza, a la corrupción.
Marchamos porque creemos y sabemos a ciencia cierta que los políticos tienen obligaciones y responsabilidades, y que nuestro silencio los fortalece y nuestra exigencia o los debilita o los obliga a hacer el trabajo para el cual les pagamos.
Marchamos contra la amnesia, porque sabemos que si el país entero, o al menos un puñado de personas compasivas y solidarias, reconoce el dolor de otros y la exigencia de justicia será más fácil seguir el camino de la paz frente a tanta violencia.
Salimos a andar la patria, o hacia un pedacito de geografía bajo algún símbolo patrio, para que se comprenda de una vez por todas que nuestras libertades no están en venta en esta recesión democrática, porque no creemos que la seguridad se adquiera con violencia de Estado y porque sabemos que nunca una guerra ha traído consigo prosperidad duradera.
Transitamos por el país con nuestras consignas a cuestas porque sabemos que es momento de preguntarnos a qué hora permitimos que los peores hombres y mujeres tomaran las riendas de este país, en qué preciso día de algún año confundimos el profesional ocultamiento sistemático de la verdad con la realidad.
En qué momento, preguntamos, la engañosa y apacible negación nos convenció de que la sumisión hacia el poder no nos esclavizaría.
Marchamos para que el miedo no nos mutile, lloramos un poco en catarsis públicas para seguir adelante y encontrarnos en la mirada de personas desconocidas que creen, igual que nosotras, que el mundo puede estar mejor.
Marchamos porque nos duele lo personal y lo personal es político. Marchamos para no creer que nuestra amiga, que hace un mes estaba viva, hoy yace muerta, porque nuestro joven colega que volvió a Veracruz porque creyó que podría trabajar de nuevo ya no tomará una sola fotografía; para que los extorsionadores no se apropien de nuestros negocios, producto de un gran esfuerzo.
Salimos y guardamos silencio porque sospechamos que los criminales imitan a los policías asesinos y los policías imitan a los criminales destazadores para confundirnos más de lo que ya nos confunde un Estado que permite mantener estable un 98 por ciento de impunidad. Caminamos para no desplomarnos, para seguir de pie, para seguir conspirando por la paz.
No importa si somos amas de casa, activistas, empresarios, ingenieros, estudiantes, madres o padres, abuelos o periodistas; las barreras han caído, somos el país que se desborda y busca un nuevo cauce, somos millones que salimos cada día de casa creyendo que todo estará mejor y sabemos que sin nuestra marcha, sin nuestras convicciones y acciones no habrá mas que el mismo camino viejo, ese que nos trajo hasta aquí.
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Marx: Teoría y acción

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martes, 8 de mayo de 2012

Gustavo Espinoza (especial para ARGENPRESS.info)

El 24 de agosto de 1867, en una carta dirigida su entrañable compañero Federico Engels, Carlos Marx alude a su más reciente producción intelectual -el tomo I de “El Capital”- diciendo lo siguiente: “los mejores puntos de mi libro son 1) El doble carácter del trabajo, según que sea expresado en valor de uso o valor de cambio; y 2) El tratamiento de la plusvalía independientemente de sus formas particulares, beneficio, interés, renta del suelo etc”.

Al formular esta apreciación, Marx puso énfasis en temas en los que venía trabajando cuando estuvo en París, en 1843, y que había abordado también en 1859 en su Crítica a la Economía Política. En otras palabras, dio forma a un concepto esencial que se convertiría en la base de su más elevado pensamiento crítico.
Mucho es lo que podría decirse con relación a estos ítems que tienen capital importancia, y que han trascendido a nuestro tiempo como inequívocas bases de una teoría confirmada por la vida. La creación intelectual de Marx sirvió por cierto para conocer profundamente la naturaleza del desarrollo y más precisamente los rasgos predominantes del sistema de dominación capitalista; pero el mismo Marx, en su momento, diría que la tarea esencial no era interpretar el mundo, sino transformarlo; es decir, luchar para que sobre las ruinas de una sociedad perversa, pudieran los trabajadores erigir los cimientos de un nuevo orden social, más humano y más justo.
Al celebrar el 194 aniversario de su nacimiento, debemos recordar que en su tiempo, el “Progress”, vocero del Sindicato de Tabaqueros de los Estados Unidos, lo consideró “el mejor amigo de los obreros y su más grande Maestro”. Al decir esto, interpretó cabalmente el punto de vista de millones, pero quizá no previó que esa formulación sería repetida por multitudes también en el año 2012.
Recordemos brevemente que 8 años antes de la publicación de “El Capital”, cuando el propio Marx evaluó su producción intelectual, reivindicó cuatro de sus obras como las que hubiese querido legar realmente a la posteridad. Una de ellas, por cierto, fue el Manifiesto del Partido Comunista, editado en 1848. Las otras, fueron “La Miseria de la Filosofía”, el “Discurso sobre el Libre Cambio” y una serie de artículos recogidos después con el nombre de “Trabajo Asalariado y Capital”.
No resulta casual, por cierto, el que haya considerado “El Manifiesto….” como una de sus obras principales si se tiene en cuenta que a través de ella pudo desarrollar la idea de que la historia -toda la historia- no ha sido sino “una historia de lucha de clases, de lucha entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, en las diferentes fases del desarrollo social”. En ese esquema, concluyó afirmando que “la clase explotada y oprimida (el proletariado) no puede emanciparse de la clase que la explota y oprime, sin emancipar, al mismo tiempo y para siempre, a la sociedad entera de la explotación, la opresión y la lucha de clases”.
Después de esta afirmación ocurrieron muchos episodios en la historia humana. Uno de ellos fue La Comuna de París, el ejemplo de Primer Gobierno Obrero que asomó en la faz de la tierra. Otro, de mayor profundidad y consistencia fue ciertamente la Revolución Socialista de Octubre, que en 1917 sacudió al mundo desde su raíz y cambió las relaciones de producción a lo largo del Siglo XX. Hoy se sabe, sin embargo, que no todo fue un avance lineal en la historia de los pueblos, que la vida también tuvo contrastes, que el movimiento obrero registró derrotas de las que debe extraer valiosas enseñanzas para volver a avanzar.
La quiebra de la experiencia socialista en Europa del Este y la desaparición de la URSS –la quiebra del denominado “socialismo temprano”- llevaron a algunos a celebrar los funerales de Marx 110 años después de su muerte física, proclamando el fin de sus concepciones básicas. Hubo otros, sin embargo, que “lamentaron”, sibilinamente que un nombre ilustre -como el suyo-, hubiese estado vinculado al de Lenin, “el más fecundo y creador de sus discípulos” -fueron ésas, palabras de Mariátegui en 1925-; o a la experiencia socialista frustrada en la vieja Rusia de los Zares el año 17 del siglo pasado.
Otro argumento que algunos esbozan hoy, parte de la idea de que “la clase obrera ha cambiado”, que “el proletariado, ya no es el mismo”. Deducen, de allí, que el pensamiento de Marx forma parte del pasado y que sus ideas centrales no corresponden a nuestro tiempo; que hoy, los adelantos de la tecnología y de la ciencia consagran un mundo integrado cuyo valor más consistente es la llamada “globalización”. Para quienes así piensan, la existencia de las Clases, y la lucha entre ellas, no tiene ya sentido.
Es bueno subrayar que los cambios en la Clase Obrera, como en la estructura misma de la sociedad, fueron constantes. La clase obrera de 1871 -cuando surgió la Comuna de París-, era distinta a la que existiera cuando en 1864 quedó constituida la I Asociación Internacional de Trabajadores. La Clase Obrera que en 1905 formó las Barricadas de Moscú, era también distinta a la del siglo anterior. Y diferente a todas, era la Clase que en octubre del 17 tomó el Cielo por Asalto y dio los primeros pasos para la construcción de un modelo superior. La Clase Obrera de nuestro tiempo, no tendría por qué ser igual, entonces, a la Clase del pasado. Pero eso, no cambia su esencia, ni el papel social que está históricamente llamada a cumplir.
Aunque resulté reiterativo, debe recordarse que la existencia de las clases, va unida a una etapa del desarrollo de la producción; que la lucha de clases conduce a la Dictadura del Proletariado y que ésta, que tanto horroriza a los filisteos de ayer y de hoy, “no es más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases”. Y es que, de acuerdo a la esencia del pensamiento marxista, los hombres hacen su propia historia, “pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismo, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen, y que les han sido legadas…”.
La perspectiva de la historia, entonces, mantuvo su carácter y su visión dialéctica. Y es que, en definitiva, fue el descubrimiento de la Dialéctica y sus leyes, lo que podría considerarse el aporte esencial del pensamiento marxista. Gracias a ella, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia, pero también la ley específica que mueve el modo de producción de nuestro tiempo: la Plusvalía, inherente a la explotación capitalista.
El mérito central de Marx, sin embargo, fue el de unir al desarrollo de la teoría, una incesante actividad práctica. Ella lo llevó a ser también un combatiente de línea. A integrar la Liga de los Comunistas, el primer partido revolucionario de la historia humana; a trabajar activamente en los procesos sociales de su época, enfrentando incluso las demandas judiciales de aquellos años, como lo acreditara el juicio a los Comunistas de Colonia, en los que se vio envuelto.
Pero también, a fundar la Primera Asociación Internacional de Trabajadores, en 1864; a solidarizarse activamente con la Comuna de París, en 1871; y a vivir toda su vida en condiciones precarias de miseria, pero además de enfrentamiento y lucha, debiendo mudar de país constantemente, salvando los más difíciles escollos de la persecución y el acoso.
Hoy la historia humana se desarrolla en nuevas condiciones. No obstante. Y pese a los augurios de “la modernidad”, las relaciones de producción basadas en la opresión humana siempre constituyen fuente de miseria y no instrumentos de bienestar. En ese marco, y más allá de los deseos de la clase dominante, las ideas de Marx conservan vigencia
En las condiciones concretas de nuestro país es bueno detenerse brevemente en un aspecto que tiene definida incidencia entre nosotros: Para Marx, el terrorismo nunca fue un método revolucionario. En mayo de 1878 condenó abiertamente el atentado contra la vida del Emperador Alemán y subrayó que solamente serviría para provocar nuevas persecuciones contra los verdaderos socialistas.
Pero aún antes, Marx enfrentó con firmeza las teorías anarquistas de Bakunin, desentrañando su naturaleza desarticuladota y reivindicó más bien los fuertes lazos que unieron siempre la concepción socialista con el ideal democrático.
El tema de la dictadura del proletariado se presta hoy a confusiones. Pero es muy simple. En el seno de la sociedad actual, la democracia burguesa es eso, democracia burguesa. Y al mismo tiempo, es la dictadura de clase de la burguesía sobre el proletariado y otras clases y segmentos oprimidos de la sociedad. En el socialismo, cuando triunfe la causa de los trabajadores, la dictadura del proletariado será también la democracia popular más amplia.
Algunos han juzgado hoy más prudente, no hablar de dictadura del proletariado, a fin de “no asustar” a la burguesía. Pero otros, han optado simplemente por guardar el concepto en el baúl como quien abandona allí un traste viejo.
A los primeros hay que advertirles que el tema no es asustar, o no, a la burguesía, sino ganar la conciencia de las masas. Y a los segundos, hacerles ver que en la dureza de la confrontación social, ellos, pregoneros de la democracia en abstracto, han terminado capitulando ante la dictadura de clase de la burguesía y se han acomodado a su dominio renunciando a la esencia del marxismo, es decir, a la idea de la transformación radical de la sociedad.
Y este es uno de los temas cardinales del debate en nuestro tiempo ¿Hacia dónde marchamos? ¿Hacia la lucha por alcanzar conquistas en el seno de la sociedad capitalista procurando apenas un sistema de dominación menos cruel y perverso? O Buscamos -como dijera Marx- cambiar el mundo de raíz acabando con la explotación capitalista en procura de un régimen social distinto, más justo y más humano: la sociedad socialista. Tenemos la elección en nuestras manos.
Carlos Marx nunca hizo concesiones de principio. Le gustaba repetir un viejo aforismo latino muy usado en la Alemania de entonces: “Suavites in modo, fortites in res”  (suaves en las maneras, fuerte en el fondo). Y daba siempre ese sabio consejo a sus camaradas en la Liga de los Comunistas. No hay que olvidarlo.
La etapa final de la vida de Marx fue muy dura. El 2 de diciembre de 1881 murió su esposa Jenny. Dos años más tarde, el 11 de enero de 1883 murió su hija, del mismo nombre. Dos meses después, el 14 de marzo de ese año, sentado en el sillón de su sala, expiró Carlos Marx. Ante su tumba, Federico Engels dijo palabras muy certeras, que deben ser leídas cuidadosamente, meditadas y confrontadas con la realidad. Ellas expresan el sentido de una vida que tiene vigencia en nuestro tiempo. Recordemos, a Engels en 1883: “Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los republicanos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde la minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal. Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra”.
Gustavo Espinoza es Presidente de la Asociación Amigos de Mariategui.
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México, con los salarios más bajos de la región

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martes, 8 de mayo de 2012

ANSA

México integra la nómina de los países que tiene los salarios más bajos de América Latina y del mundo, según reveló una investigación de la Universidad Obrera local, que destacó como ejemplo los trabajadores aztecas tienen un jornal mensual mínimo equivale a 127,7 dólares, mientras en Argentina asciende a 545 dólares, cuatro veces más.

El texto académico indicó que mientras la mayoría de las naciones latinoamericanas han conseguido una política de recuperación gradual de sus salarios, en la economía mexicana se observa una de las disminuciones más drásticas de las percepciones a escala regional.
Esa circunstancia explica en buena medida el empobrecimiento de su población, apuntó la Universidad Obrera en su reporte. México, junto con Honduras, ocupa los primeros lugares de crecimiento de la pobreza de la región, detalla el informe.
También apunta que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indica que Brasil puso en el centro de su política económica y social la recuperación de los ingresos de los trabajadores, con el propósito de impulsar el crecimiento económico con inclusión social. El análisis detalla que la perspectiva de aumento a los salarios mínimos de México entre 2012 y 2015 es de sólo 4 a 5% en promedio anual. A su vez, Brasil prevé en este periodo ascensos anualizados de 12,5%.
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“En Chile hay una larga continuidad del modelo neoliberal”

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Tomás Moulian, cientista social chileno, asegura que el modelo neoliberal aplicado en Chile empezó antes que en el resto de América Latina y está sostenido por una sucesión de gobiernos democráticos, tras su comienzo en la dictadura de Pinochet.

 

Mario Troer y Federico Montero /  Página12

Tomás Moulian, científico social chileno.
–Los procesos que tienen lugar en América latina por cierto cuentan con sus particularidades, pero el caso de Chile parece diferenciarse bastante de las experiencias que vienen intentando construir lo que podemos llamar alternativas al neoliberalismo. ¿Qué podrías decirnos sobre eso?
–Uno podría decir muchas cosas, y para ello hay que partir por el pasado reciente. En Chile la sociedad neoliberal empezó a constituirse durante la dictadura militar, en abril de 1975, es decir que Chile fue profético para lo malo. En abril de 1975 se aplicó el programa de shock, instalado por intelectuales neoliberales, economistas, formados en la universidad de Chicago, que rompía con los modelos de desarrollo económico industrializadores con intervención del Estado que habían existido en Chile previamente. Lo hicieron porque creían que ese modelo anterior no permitía un desarrollo capitalista pleno. Ese programa neoliberal dio frutos no muy espectaculares durante la dictadura, pero fue mantenido con obstinación. Todos los ministros de Hacienda que siguieron continuaron con ese programa, incluso después de la crisis económica de los ’80 y lo más importante es que ese programa también continuó durante los gobiernos de la Concertación. Los gobiernos de la Concertación introducen un cambio político muy importante, el paso de un régimen autoritario a una democracia representativa convencional. Pero ninguna de las esperanzas que algunos grupos habían hecho durante el período de la dictadura –que podríamos ir más allá de la simple recuperación democrática– se pudieron realizar. Ello porque la Concertación, que primero se llamaba Alianza Democrática, continuó con la aplicación del modelo neoliberal y fue más allá que la dictadura. Privatizó una serie de empresas públicas que existían en Chile e instaló un neoliberalismo con democracia que en otros países de América latina, Argentina con Menem por ejemplo, también se instalaron. Digamos que Chile fue profético, se anticipó en la instalación de este modelo, que modificó sustancialmente la estructura económica anterior.

–¿Cuál fue el motivo de que se frustraran esas expectativas a la salida de la dictadura?
–La Concertación consideró que los cambios que había prometido no podían realizarse porque se corría el riesgo de que los militares empezaran a tratar de impedirlo. Algunos dicen que hubo un pacto entre los principales dirigentes democráticos y personeros del régimen militar para continuar el mismo modelo social que había instalado la dictadura. Eso seguramente es así, pero también es cierto que los principales dirigentes que llegaron al gobierno con la Concertación habían llegado a la conclusión de que este modelo con predominio de mercado y poca intervención estatal podía dar frutos mejores que el modelo anterior, con intervención estatal. Hay que decir que se trata de una época histórica y de procesos que en otras partes del mundo también se habían realizado. Thatcher, Reagan, habían llevado a Europa a este modelo neoliberal.
En Chile, pese a que durante la dictadura hubo un éxito relativo –no espectacular– este modelo se continuó aplicando con la Concertación. Eso hace que Chile sea una excepción en América latina. Hoy en día tenemos un gobierno de derecha que tampoco modifica mucho las cosas que hizo la Concertación. Entonces hay una larga continuidad del modelo neoliberal y fuerzas sociales que no están dispuestas a cambiar los rasgos fundamentales de la sociedad que se instaló. Por supuesto se han ido limando los aspectos más excluyentes, pero con límites.

–Entre sus trabajos, Chile actual, usted hace un balance de la Unidad Popular. Es notable, desde la perspectiva actual, que los dos principales partidos, el PS y el PC, que componían la Unidad Popular, inviertan en democracia el posicionamiento relativo que tenían en aquel momento. ¿Qué podría decir sobre cómo han procesado unos y otros aquella experiencia?
–En Chile, los principales actores políticos son los partidos. Entonces, para entender por qué se mantiene un modelo con rasgos neoliberales es muy importante la evolución del Partido Socialista, que es el primero que evoluciona y pasa de las posiciones que tuvo durante la Unidad Popular –a la izquierda de los comunistas en la coalición–, a convertirse en un partido que busca generar un bloque con el centro político demócrata–cristiano. Del PS se escinde lo que después se llama el Partido Por la Democracia (PPD), que al principio intenta agrupar a los sectores opositores, pero después, con la modificación de las leyes políticas oficiales, se transforma en un partido más. Un partido de izquierda hacia el centro. Entonces, el Partido Socialista y esa izquierda del PPD abandonan el espacio de izquierda marxista conformada por el PS y el PC, una izquierda revolucionaria, en la que uno adhería fielmente a la URSS y el otro adhería en un momento a Yugoslavia. Eso cambia radicalmente después del golpe.
Uno de los efectos del golpe es generar una izquierda nueva, que se constituye en la lucha contra la dictadura. En ese proceso, los socialistas dicen “son tiempos nuevos, el final del siglo XX y el XXI serán distintos”. Efectivamente, la transición chilena transcurre en el medio del proceso de destrucción de la Unión Soviética, y eso también deja a esos partidos sin sus referentes históricos. Lo único que sobrevive es Cuba, pero Cuba con el PC no tenía mucho que ver y el mismo Fidel Castro recomienda en Chile caminos moderados. Surge entonces una izquierda distinta, que realiza pactos con la Democracia Cristiana, pactos que la DC no había querido realizar en el período de la dictadura. Recordemos que el PC y el PS, es decir, la Unidad Popular que quedaba después del golpe, habían insistido en un frente antifascista y la Democracia Cristiana no quiso saber nada con ello. Entonces, finalmente se hace un pacto PS-DC, pero muy lejos de las ideas del pacto antifascista, que implicaba cambios en el modelo. Tenemos un PS que también se inclina por la continuidad del modelo, con modificaciones, con políticas sociales que lo modifiquen, pero conservando los elementos centrales.
A eso yo le llamé transformismo. No sé si usaría el concepto hoy en día, pero tenemos una izquierda muy distinta de la que existía antes. El otro factor que también hay que poner en el tapete es que este gobierno de derecha que tenemos hoy día no fue recibido como un trauma, como una vuelta a tiempos de Pinochet, porque también la derecha había evolucionado. Esta derecha, aunque muchos de sus dirigentes apoyaron la dictadura, es una derecha que si bien no hace una crítica del régimen militar, tampoco está dispuesta a una vuelta atrás. Se manifiesta democrática, aunque es una derecha con muchos rasgos conservadores en sus dos partidos, la UDI y Renovación Nacional. El Partido de Renovación Nacional tiene aspectos más liberales, pero también aspectos conservadores muy importantes, eso tiene que ver sobre todo con políticas culturales, respecto de reproducción y sexualidad. Aquí el tema del aborto terapéutico, que ahora se está poniendo en discusión en estos días, va a poner de manifiesto el carácter de esta derecha, porque algunos sectores ni siquiera consideran que si la madre está en peligro de muerte puede provocarse un aborto terapéutico con legitimidad. Entonces esta derecha se manifiesta en vías democráticas, nadie piensa que puede haber una vuelta atrás.
Chile volvió al optimismo, que ha sido uno de los elementos centrales de su política durante mucho tiempo. Optimismo que incluso teníamos en el período de la Unidad Popular, cuando la crisis se estaba forjando en nuestras narices. Hoy en día no hay nada que haga temer en ese sentido, pero hay sectores que hablan de una crisis del modelo neoliberal en el mundo y también en Chile. En el mundo efectivamente hay una crisis, que no sé si es una crisis del modelo neoliberal. En Chile todo el mundo dice que somos capaces de resistir la crisis mundial de mejor modo que otros, justamente por la estructura socioeconómica que hemos creado en largos años de continuidad de un enfoque.

–Esta continuidad ha generado huellas, marcas, en el escenario político, en el que se destaca el movimiento estudiantil, que se ha centrado en la educación, que uno puede decir es un eslabón débil del proyecto neoliberal. Pero ante la masividad que ha adquirido, uno se pregunta qué es lo que lo ha producido.
–Esto tuvo una primera aparición en el año 2006, con la llamada “rebelión de los pingüinos”, que fue también una protesta estudiantil de bastante magnitud, pero mucho menos visible porque hubo menos movilizaciones que las de ahora. La Concertación aplastó al movimiento estudiantil al aplicar las leyes de protección de la seguridad pública, cuestión que Piñera no ha sido capaz de hacer. Piñera es paradójico en muchas cosas y en ésta también. Su paradoja consiste en que probablemente quiera generar una derecha que se diferencie de la derecha de la dictadura y por lo tanto trata de no aplicar medidas represivas. Finalmente ha decidido aplicarlas ahora, pero hubo una demora en hacer esa operación, mientras que Ricardo Lagos no se demoró mucho.
Este sentimiento de culpa que tiene Piñera hizo que se demorara, pero ya aplicó las leyes respectivas y ahora vamos a tener una derecha que hace lo que todo el mundo esperaba que hiciera: defender lo que ella llama el orden público con todas sus fuerzas, y una participación muy activa de los carabineros. Vamos a ver entonces qué pasa ahora con el movimiento estudiantil. Cuando surgió, fue un movimiento que sorprendió. Entonces uno podría pensar que el movimiento estudiantil emerge en un contexto de conflicto por otras movilizaciones, por los efectos de la crisis mundial en Chile y los aumentos de combustibles y alimentos, pero a mi entender tiene que ver sobre todo con la aparición de un liderazgo nuevo en el sector estudiantil universitario y la aparición de un actor que había estado en silencio durante mucho tiempo, que son los estudiantes secundarios.
A través de sus liderazgos, los estudiantes universitarios aparecen más ligados a partidos políticos, como Camila Vallejos, que es comunista, o socialistas como Giorgio Jackson, pero lo fundamental es que las decisiones se toman colectivamente. Se creó entre los estudiantes un órgano de dirección que toma decisiones colectivas, que discute, y entre los cuales los líderes son voceros y no pueden por sí mismos tomar decisiones. Ocuparon la calle y la ocuparon bien, podemos decir que ocuparon la calle con proyecto, con discurso, no sólo se movieron sino que desfilaron y desfilaron con consignas y con un proyecto que se hizo público y que le presentaron al gobierno, que todavía no da respuestas. Creo que estamos en este momento en una etapa donde el gobierno va a endurecer su postura y vamos a ver qué pasa. Los dirigentes estudiantiles están buscando nuevas fórmulas para empezar sus protestas y que no le permitan al gobierno destruirla como sucedió últimamente.
Creo que estamos entrando a un nuevo tiempo con un gobierno de derecha típico que olvida este intento que tenía de generar acuerdos en cuestiones que tuvieran que ver con políticas sociales, como sucedió en algunos casos, como la exención del aporte del siete por ciento a los pensionados que la Concertación no había realizado, la creación de Pornatal. Eso va a quedar en el olvido y se va a poner en el tapete el mantenimiento del orden público. Vamos a ver qué pasa con la reforma tributaria que están patrocinando, a lo mejor esa reforma tributaria provoca que nos encontremos con una derecha que realiza medidas populistas por una parte y por la otra parte aplica políticas represivas, que es posible que sea lo que viene por delante. Vamos a ver entonces si el movimiento estudiantil es capaz de buscar formas de acción que no fracasen ante la presencia de los carabineros en la calle.

–Uno hubiera pensado que, a partir de la amplitud de la convocatoria de los estudiantes, se podría haber articulado un espacio político-social con capacidad de gravitación creciente. Quizás las limitaciones del movimiento estudiantil se deban al peso que tienen variantes de tipo autonomista o antipartidos, un poco en sintonía con las interpretaciones del historiador Gabriel Salazar, que justificarían este distanciamiento de la escena política. De todas formas, tras la derrota de la Concertación, la emergencia de Marco Enríquez-Ominami y la presencia efectiva de este movimiento estudiantil ¿son elementos que podrían contribuir a una confluencia de nuevo tipo…?
–El problema es que la Concertación se sumió en el silencio. Este gobierno no ha tenido oposición, y los errores que ha cometido los ha cometido por su propia cuenta. La Concertación es muy débil, está todavía en proceso de reconstitución, preparándose para las elecciones municipales y seguramente para las elecciones municipales vamos a tener una Concertación porque en Chile las elecciones suscitan rápidamente partidos políticos, aun cuando éstos han estado en una especie de sueño durante un largo tiempo, como es el de la Concertación después de su error. Dos años de silencio después de una interna. Las elecciones municipales que tenemos en el escenario ya han hecho aparecer ciertos candidatos, como Carolina Tohá, presidenta del PPD. Va a ser candidata por Santiago, que es un escenario muy importante desde el punto de vista de la visibilidad. Hay que tomar en cuenta las elecciones y hay que tomar en cuenta también la dificultad de que aparezca algo que les haga frente a los partidos políticos en Chile. Aquí siempre ha sido muy difícil. Las protestas del año ’83 contra la dictadura fueron convocadas por los trabajadores del cobre, pero finalmente los partidos políticos se metieron y, pese a lo que diga Gabriel Salazar, tuvieron una importancia seria.
En Chile los partidos son despreciados como en todas partes, se los critica fuertemente, pero cuando llegan los procesos electorales actúan y la gente vota por los candidatos que se presentan. Entonces yo creo que es muy difícil que en Chile aparezca una alternativa hoy que tenga a su cabeza a los dirigentes estudiantiles o a los dirigentes ecologistas, que también realizaron marchas, y además han incorporado dentro de su análisis una crítica a los sistemas industriales, sean socialistas o sean capitalistas, como generadores de problemas que ponen en peligro el medioambiente. Es muy difícil que logren presentarse como alternativas políticas globales. Entonces vamos a tener de nuevo una Concertación que al menos murmure, porque todavía no ha logrado presentar un proyecto distinto del que tenía y que fue derrotado por Piñera.
En el caso de Chile, va a ser muy importante quién gane las elecciones municipales de octubre para definir el escenario hacia las presidenciales, y no hay que descartar que la derecha pueda ganarlas, aunque no de un modo aplastante. Yo no veo todavía grandes cambios en el escenario, grandes cambios del sistema de actores políticos que están en acción, aunque sí se puede esperar una Concertación que va a tener que reorganizarse para hacer frente a las elecciones. Quizás se presenten con dos listas, algo que ya hicieron en elecciones anteriores, una lista que en algún momento se llamó progresista y otra que se llamó democrática. Pero todo me hace pensar que va a haber un pacto de la totalidad de lo que es hoy la Concertación, sumando además al Partido Comunista, que después de dejar atrás, hace un tiempo, la última política conocida de ellos, que era la “política de la rebelión popular de masas”, no le han dado nombre a su nueva orientación. Volvieron a lo que ellos llaman “frente de liberación nacional”, pero aun no le han puesto nombre. Tienen una política de entrismo, de participación en una fuerza con capacidad gubernamental, con posibilidades de ser gobierno, que desde luego se trata de la Concertación, pactando, poniéndose de acuerdo. Tienen algunas discusiones sobre tal o cual distrito, pero ya están armando un pacto. Los democratacristianos están también dispuestos a aceptar finalmente, con dificultad, que los comunistas formen parte de la alianza. Entonces puede que vayamos a tener un escenario de repetición de lo que ocurrió en las últimas elecciones parlamentarias, del 2008-2009, y un panorama por lo tanto de continuidad, una vuelta a la política aburrida de una Concertación que “no calienta” porque no presenta ningún diagnóstico a la situación de la sociedad chilena interesante y menos un proyecto.

–En el resto de América latina, con sus dificultades y diferencias, parece consolidarse un bloque progresista o antineoliberal. Marco Aurelio García ha diferenciado entre procesos más radicalizados en países que no han atravesado experiencias de industrialización, mineros, como en el Pacífico, y países con una burguesía más orgánica, donde los ritmos de las reformas exigen mayores equilibrios, como en el Atlántico. ¿Qué es lo interesante que uno podría destacar que puede llegar a constituirse?
–No he estudiado el proceso latinoamericano en profundidad, pero lo de Evo Morales o Rafael Correa me parece muy interesante. En Evo encontramos un intento de constituir un modelo nacional-popular, por llamarlo de algún modo. Reformismos interesantes, con una gran diferencia con los reformismos de la década del ’60, que añadían aquello de “tránsito al socialismo”, que si bien algunos lo mencionan, no es lo principal, por decirlo así. Pero hay un ala progresista en Latinoamérica interesante y una de las cosas interesantes que tiene Piñera es que busca entenderse con ellos, incluso con Chávez. Por otra parte, tenemos en Brasil un país que juega un papel importante con los gobiernos del Partido de los Trabajadores. Entonces en Latinoamérica priman experiencias reformistas de las cuales Chile está al margen, pero con un gobierno de derecha que no busca enfrentarse, sino generar los máximos acercamientos posibles.
La política exterior chilena está marcada por los residuos, los problemas que persisten de la Guerra del Pacífico. Enfrenta los reclamos que hizo Perú en los organismos internacionales, Bolivia parece avanzar en la misma dirección, con sus reclamos sobre la salida al mar. En ese marco, Piñera ha conservado la prudencia que tuvieron los gobiernos de la Concertación, incluso yendo más allá y tratando de entenderse con todos, incluido Ollanta Humala. Yendo al tema del peso de los intentos de industrialización anteriores, en el caso de Chile, hay que decir que hace mucho tiempo se dejó de creer que la industrialización pasaba por los frentes populares. Entonces Chile podría decirse que se parece a aquellos países sin industrialización, llamémoslo Venezuela, llamémoslo Bolivia, llamémoslo Perú. El neoliberalismo fue un intento de desarrollarnos sin industrialización con mercado interno y abriéndonos al exterior. Entonces esos países reformistas constituyen un bloque, dialogan entre sí, y para Chile son un doble problema, que tiene que ver con la tradicional pugna contra Perú y Bolivia que Chile ha tenido, que este gobierno ha tratado con prudencia, pero además Chile queda a la derecha, queda suelto a la derecha. Cristina Fernández tiene una imagen distinta, aunque no he estudiado el proceso argentino.

Chile sigue aislado, aislado en el medio de gobiernos progresistas en medio de Latinoamérica. Aunque yo soy demasiado chileno en mis análisis, trabajo comparativamente menos que otros, como Manuel Antonio Garretón, aunque Garretón es un defensor de la Concertación y yo soy un crítico.

Colombia: TLC contra soberanía económica

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Con la entrada en vigor del TLC, prácticamente se desarticula la soberanía del país pues sus 1531 páginas se convierten en ley regida por lineamientos internacionales (la Constitución solo tiene 108 páginas) y por tanto, nadie en algún nivel u organismo del Estado, podrá aprobar algo que contradiga su texto. Solo Washington tendrá derecho a realizar modificaciones al texto con las consabidas ventajas a su favor.

 

Hedelberto López Blanch / Rebelión
Los presidentes Barack Obama y Juan Manuel Santos
celebraron el TLC en la Cumbre de Cartagena de Indias.
El presidente colombiano Juan Manuel Santos confesó en conferencia de prensa junto a su homólogo estadounidense, Barack Obama que desde hacía dos décadas soñaba con la suscripción del Tratado de Libre Comercio (TLC).
Al parecer, Santos no oyó las declaraciones del ex secretario de Estado norteamericano, Colin Powell cuando en 2005 afirmó “nuestro objetivo con el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) es garantizar a las empresas norteamericanas el control de un territorio que va del polo Ártico hasta la Antártica, libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad, para nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio”.
El ALCA (después se convirtió en TLCs) fue derrotado en la IV Cumbre de las Américas, efectuada en Argentina en 2005, por las posiciones soberanas y nacionalistas asumidas por varios presidentes latinoamericanos presentes en la cita. El pacto neoliberal (TLC) entre Colombia y Estados Unidos entrará en vigor el próximo 15 de mayo, pero los esfuerzos por firmarlo comenzaron con el anterior gobierno de Álvaro Uribe, quien convirtió su adopción en una verdadera paranoia, política que continuó Juan Manuel Santos.
Uribe, sus ministros y empresarios viajaron en múltiples ocasiones a Washington para tratar de convencer a los congresistas que se oponían al TLC (similar gestión realizó Santos) y con ese fin, Bogotá abrió su territorio a las tropas norteamericanas e impulsó la privatización en todos los sectores de la economía.
Son innumerables las ventas de empresas de producción y servicios efectuadas en los últimos años como las eléctricas de Boyacán, Pereira, Cundinamarca, Santander, Norte de Santander, Meta y Termocandelaria; enormes extensiones de terreno para la extracción de minerales, construcción de hidroeléctricas con las consecuentes afectaciones a los pobladores originales y al medio ambiente.
Se privatizaron el Banco Popular y el Colpatria; la mayoría de las grandes y medianas industrias estatales; la minería e inmobiliaria, servicios de agua potable, alcantarillado, la salud, seguros y educación.
Con la entrada en vigor del TLC, prácticamente se desarticula la soberanía del país pues sus 1531 páginas se convierten en ley regida por lineamientos internacionales (la Constitución solo tiene 108 páginas) y por tanto, nadie en algún nivel u organismo del Estado, podrá aprobar algo que contradiga su texto. Solo Washington tendrá derecho a realizar modificaciones al texto con las consabidas ventajas a su favor.
Dentro del acápite de la Propiedad Intelectual, Colombia se compromete a regirse por otros cuatro acuerdos internacionales que favorecen la penetración y libre accionar de las transnacionales estadounidenses en el país, sin tener que responder por reclamaciones ambientales, despidos laborales y violaciones de derechos humanos.
El Tratado acelerará la entrada de capital foráneo en sectores como la salud, educación, alimentos, la abundante fauna y flora, mientras permitirá a Estados Unidos convertir a Colombia en un apéndice fundamental para el desarrollo de su economía, al poder contar con todas sus tesoros naturales, económicos y financieros.
El presidente de la Central Única de Trabajadores (CUT), Pedro Mora, señaló que la desigualdad entre los sectores productivos de ambas naciones perjudicará a los nacionales pues los productos agrícolas estadounidenses son beneficiados con subsidios que abaratan el precio de las mercancías y promueven mejoras tecnológicas que dejan desvalidos a los colombianos con la consecuente pérdida de empleos y la quiebra del sector agrario. El senador del Polo Democrático, Jorge Robledo, ofreció datos que contradicen la euforia del presidente Santos: las exportaciones de Estados Unidos hacia Colombia se incrementarán 40 %, mientras que ese país solo va a importar 6 %; la venta de arroz a Colombia crecerá 739 %; las frutas y vegetales 18 %; las semillas oleaginosas 26 %; los productos de semillas 126 %; la carne de res 82 %; las aves de corral y de cerdo 64 % y los lácteos 53 %. “Nos va a ir bastante mal, significó, porque las cifras son desestabilizadoras del aparato productivo colombiano”.
Como explicó otro diputado, Bogota podrá vender florecitas, frutas, hortalizas, café, algunos plásticos y textiles y las transnacionales se llevarán a precios ínfimos el petróleo, los minerales y las ganancias sin apenas crear empleos en Colombia o reintegrar divisas.
Aunque Colombia tiene un Producto Interno Bruto de 450 000 millones de dólares y enormes riquezas minerales, más de 23 millones de los 41 millones de sus habitantes viven en la pobreza lo cual se ha agudizado con la crisis económica mundial y las políticas neoliberales establecidas en los últimos años.
Según la UNICEF, en Colombia 5 000 niños mueren cada año por causas relacionadas con desnutrición. Un documento suscrito por la Iglesia Católica denunció que “no solo el 52 % de los colombianos vive en la pobreza, sino que el 20 % se encuentra en la indigencia mientras 5 000 000 se van a dormir, diariamente, sin comer”. La situación en el campo se agudiza por la abismal diferencia social existente pues el 1 % de la población controla más del 50 % de la tierra, lo que provoca que 3 de cada 4 campesinos se encuentren en la pobreza.
La desigualdad en este país andino se ha profundizado, una pequeña parte de la población disfruta de las riquezas y del progreso; la gran mayoría esta sumida en el atraso y la postración. La distribución del ingreso empeoró al pasar el coeficiente Gini de 0.56 en 2002 a 0.59 en 2008.
El sector financiero ha sido uno de las más beneficiados con ese sistema neoliberal pues un informe oficial indica que sus utilidades se multiplicaron por 8 en el transcurso de 8 años, al pasar de 632 000 millones de dólares en 2002 a 5,25 billones en 2010. En ese mismo período el salario mínimo solo se incrementó 6 %.
Un ejemplo esclarecedor sobre esa realidad es que, pese a un crecimiento promedio del PIB de 6 % anual del 2003 al 2009, aumentaron los índices de pobreza y de desempleo en el país. Las ganancias volaron hacia los países sedes de las transnacionales o engrosaron las arcas de los oligarcas nacionales.

Los analistas puntualizan que con la entrada en vigor del Tratado, se acelerará la fuga de capitales, la destrucción ambiental; aumentará la privatización de servicios esenciales como educación, agua, electricidad y salud; se incrementará la desigualdad y el trabajo precario; se reducirá la producción alimentaria con la entrada de mercancías subsidiadas procedentes de Estados Unidos, y sobre todo, se perderá la soberanía económica y política de la nación.

Venezuela: Todo lo que usted quería saber de la Comisión Interamericana de la OEA, y no se atrevía a preguntar.

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Ni Estados Unidos ni Canadá se han sometido jamás a la Comisión ni a la Corte Interamericana. Mejor aislarlos a ellos.

 

La Asamblea Nacional respaldó la salida de Venezuela de la CIDH

Luis Britto García / La Pupila Insomne


-¿Qué son la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos?
Organismos que dependen de la Organización de Estados Americanos, ente con sede en Washington dedicado fundamentalmente a validar las políticas de Estados Unidos, el cual paga la más de la mitad de su presupuesto.

¿La Comisión y la Corte Interamericana de la OEA defienden los Derechos Humanos?
-Sólo si los viola un Estado. Si los violan un empresario, un terrateniente, un banquero o una transnacional, se cruzan de brazos. Tampoco se ocupan del derecho al trabajo, a la tierra, al agua, a la educación, a la salud, a la seguridad social, a la cultura a la información veraz: a todo lo que hace la vida digna y posible.

¿La Comisión Interamericana es imparcial?
-Ni remotamente. Durante las décadas horribles de la Cuarta República (en Venezuela), cuando había masacres, campos de concentración, torturas, miles de desaparecidos y suspensiones de garantías que duraban años, la Comisión procesó sólo seis denuncias, una de ellas interpuesta por el terrorista Orlando Bosch y otra por el terrorista Posada Carriles. Durante la década del gobierno bolivariano, cuando todas esas prácticas desaparecieron, la Comisión procesa 66 denuncias contra Venezuela.

¿La Comisión y la Corte son eficaces?
-Sólo para defender los derechos del capital. Nunca se pronunció contra la dictadura de los Somoza, pero sí condenó a la Revolución Sandinista. Cuando el presidente Chávez fue secuestrado por golpistas fascistas, la Comisión no movió un dedo para expedir una medida cautelar a su favor, a pesar de que se lo exigió la organización colombiana Minga. Nada hizo cuando el presidente Manuel Zelaya fue secuestrado. Cuando el presidente Rafael Correa fue secuestrado y balaceado por golpistas fascistas, tampoco movió un dedo. Cuando Correa ganó legítimamente una demanda contra monopolios comunicacionales que lo calumniaron, allí sí salió la Comisión a pedir que los perdonara.

¿La Comisión Interamericana acoge denuncias válidas?
-En su Informe de 2011 para el Examen Periódico Universal, la CIDH nos acusa en 233 párrafos. En 205 trata casos en los cuales no se han agotado los recursos internos, que su propio Estatuto le prohíbe conocer. En 225 no precisa hechos tales como nombres, fechas, lugares ni otros datos, que su Estatuto exige para admitir denuncias. En 182 casos, juzga sobre suposiciones de hechos futuros e inciertos, que “podrían” acontecer. En la casi totalidad, se funda en rumores o recortes de prensa, que ningún tribunal digno de tal nombre acoge como prueba. Incluso objeta proyectos de leyes, cuya sanción depende de la Asamblea Nacional, y no de una oficina en Washington.

¿La Comisión está prejuiciada contra Venezuela?
-En el citado Informe nos colocan junto a Colombia, Honduras y Haití, como países que presentarían “situaciones que afecten seria y gravemente el goce y disfrute de los derechos fundamentales”. Asimilarnos a países ocupados por Estados Unidos o a gobiernos surgidos de golpes o en guerra civil es una torpe injuria.

¿Quién paga a la Comisión Interamericana y a la Corte Interamericana?
-La Comisión Interamericana y la Corte Interamericana dependen de la Organización de Estados Americanos (OEA), a la cual Estados Unidos aporta anualmente unos $44,2 millones, más de la mitad del presupuesto de aquella. El National Endowment for Democracy (NED) sufraga con cantidades todavía no precisadas pero que deben ser sustanciales una miríada de ONGs que fraguan incontables acusaciones contra Venezuela. Esos jugosos estipendios podrían verse reducidos a iniciativa del congresista Connie Mack, de Florida, para quien “La OEA es una organización en América Latina que ha fracasado” (AFP, 3-5-2012). Por la plata baila el perro, y por el dólar acosa a Venezuela la Comisión Interamericana.

¿Podemos evitar que Venezuela sea juzgada por organismos que no reconocen su soberanía?
-Nada más fácil. El artículo 236 de la Constitución establece que “Son atribuciones y obligaciones del Presidente o Presidenta de la República (…) 4. Dirigir las relaciones exteriores de la República y celebrar y ratificar los tratados, convenios o acuerdos internacionales”. Así como puede celebrarlos, puede denunciarlos. El artículo 187 de dicha norma pauta que “Corresponde a la Asamblea Nacional: (…) 18. Aprobar por ley los tratados o convenios internacionales que celebre el Ejecutivo Nacional, salvo las excepciones consagradas en esta Constitución”. Así como aprueba su celebración, puede aprobar su denuncia.

¿Sólo Venezuela formula críticas contra los procedimientos ilegales de la Comisión y la Corte Interamericana?
- En el Informe del “Grupo de Trabajo Especial de Reflexión sobre el Funcionamiento de la Comisión Interamericana”, de 13 de diciembre de 2011, los representantes de Brasil, Bolivia, Ecuador, México y Perú recomiendan a dicha Comisión: “a) Reflexionar sobre la eficacia del Capítulo IV del Informe Anual de la CIDH en la promoción de los derechos humanos en el hemisferio. b) Revisar los criterios, metodología y procedimiento para la elaboración del Capítulo IV, incluyendo el uso de fuentes públicas y privadas. c) Ampliar el espectro del Capítulo IV del Informe Anual de la CIDH para que se analice de manera objetiva e integral la situación de los derechos humanos en todos los Estados de la región, independientemente de que sean estados parte o no de los instrumentos interamericanos de derechos humanos. d) Considerar en la elaboración del Capítulo IV no solo derechos civiles y políticos, sino también los derechos económicos, sociales y culturales”. No es desdeñable que tantos y tan importantes países ordenen a un organismo que reconsidere su eficacia, sus criterios, metodologías, alcances y estrechez de miras. Son países que comprenden cerca de la mitad del territorio y de la población de América Latina y el Caribe.

-¿Si nos salimos de la Comisión y de la Corte quedaremos aislados?

-Ni Estados Unidos ni Canadá se han sometido jamás a la Comisión ni a la Corte Interamericana. Mejor aislarlos a ellos.

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