jueves, 2 de agosto de 2012

Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)

¿En qué medida podrá construirse el socialismo revolucionario y cuáles serían los mecanismos que lo harán posible algún día? Esta es una interrogante que pocos revolucionarios se plantean, enfrascados como están muchos de ellos en una mera lucha político-electoral que apenas traspasa el umbral de los logros parciales permitidos por los sectores dominantes dentro de su concepción de poder.

Aun así, no escasean los aportes de otros que tratan de establecer el modo de abordar la transformación socialista de la sociedad, algo que se intenta tomando en cuenta las particularidades de cada nación, rompiendo con el dogmatismo heredado de los academicistas soviéticos que convirtieron en ley lo que se hizo excepcional durante la revolución bolchevique y el surgimiento de la URSS. A lo que habría que agregar también el hecho que muchos de los promotores de la revolución socialista no supieron asimilar la eclosión de la URSS, cuestión que hizo pensar en el fracaso de las ideas de Marx, Engels y Lenin, extendiéndose la impresión entonces que el sistema capitalista es algo natural de la sociedad humana, inquebrantable e ineludible. Sin embargo, las luchas populares emprendidas en distintas latitudes del planeta comenzaron pronto a desmentir tal derrota. En nuestra América, sobre todo en Venezuela, comenzaron a resurgir con fuerza telúrica los ideales socialistas tras décadas de sistemática represión, reafirmando su vigencia en medio de las crisis y contradicciones capitalistas.
Todo ello supone que el actual Estado burgués-representativo -al servicio de las grandes corporaciones económicas y de las minorías dominantes- tenga que convertirse en un Estado comunal, orientado por el ejercicio pleno de la soberanía popular, lo cual plantea la necesidad insoslayable de cambiar las relaciones de poder, estableciéndose la condición de gobernar-obedeciendo por parte de quienes accedan a los diferentes cargos de elección y/o de gobierno. Pero esto no será todavía suficiente si no se respalda con una sólida formación teórica que potencie la capacidad revolucionaria de nuestros pueblos, de manera que se impida el enquistamiento de un nuevo estamento político parasitario, envuelto en la defensa de sus propios intereses en vez de consolidar las condiciones objetivas que hagan realidad la revolución socialista. Este Estado comunal, por supuesto, no puede ni debe repetir los mismos esquemas administrativos del Estado burgués-liberal que pretende sustituir y eliminar, por cuanto sería un serio revés para la práctica de la democracia participativa y protagónica como elemento fundamental de la construcción socialista, quedando el pueblo tutelado, en consecuencia, por una burocracia político-partidista, siendo ello una abierta negación del socialismo revolucionario, tal como ocurriera en la URSS y otros países bajo su órbita. En este caso, hay que fomentar la constitución de diversidad de estructuras organizacionales del poder popular, de forma que la revolución socialista sea internalizada, desarrollada y protagonizada por todos los sectores sociales, no obstante que se piense que es una utopía, impracticable e imposible de lograr en este tiempo que vivimos.
De igual manera debe pensarse respecto a las actuales relaciones de producción capitalista, las cuales requieren ser modificadas sustancialmente durante la etapa de transición hacia el socialismo en lugar de adoptarlas y reforzarlas, disfrazándolas de socialismo. Hace falta, por tanto, impulsar el control obrero y la economía autogestionaria como factores de transformación socialista del sistema capitalista, además de una socialización de la tenencia de la tierra que tenga por objetivo primordial la satisfacción de las necesidades alimenticias de las personas sin que ello afecte el delicado equilibrio del medio ambiente que nos da vida. Esto nos llevaría a plantearnos un cambio igualmente importante del sistema educativo vigente, por cuanto éste tiene mucha incidencia en la preparación y el sistema de valores de los contingentes de profesionales y obreros que sostienen el capitalismo.

Como conclusión, los revolucionarios debemos comprender que sin un Estado comunal y una economía autogestionaria, producto de la participación efectiva y del control directo del pueblo y de los trabajadores, el socialismo revolucionario estará incompleto, quedando la perspectiva de ser restituidos el capitalismo y la democracia representativa como fatalidades que no se supo afrontar debidamente.

Publicado por ARGENPRESS

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