El Bicentenario y la visión de Bolívar

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jueves 14 de julio de 2011

¿Cuánto de la idea grandiosa de Bolívar, de esa poderosa visión por la que tantos hombres y mujeres, durante generaciones, consumieron y sacrificaron sus vidas, hemos alcanzado los latinoamericanos que vemos la luz del Bicentenario?

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

El Bicentenario del inicio de las luchas emancipadoras y por la independencia de América Latina, con sus celebraciones y debates en los últimos dos años, nos ha invitado a mirar de nuevo, con sentido crítico, lo mucho que de común tienen nuestras historias, culturas e identidades diversas, y las enormes posibilidades de futuro que todavía encierran en los albores del siglo XXI.

Al cabo de dos siglos, un balance del estado de situación de nuestros países y de los desafíos a los que se enfrentan, nos señala rumbos y tareas inconclusas en el objetivo del concretar el doble proyecto de liberación y unión de los pueblos latinoamericanos y caribeños.

Esta visión de la unidad nuestraamericana fue expuesta por vez primera, con osadía emancipadora y claridad inédita, por Simón Bolívar en ese documento fundacional del pensamiento latinoamericano que se conoce como Carta de Jamaica, del año 1815. Allí escribe: “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo”. Esta idea, a la que consagra su vida, la enriquecería a lo largo de los años con una prolífica producción político-literaria, templada al fuego de los combates en cordilleras, valles y llanos, como en cabildos, asambleas y congresos.

En su Carta, Bolívar se propone exponer “el resultado de mis cavilaciones sobre la suerte futura de la América; no la mejor, sino la más asequible”. Así, anticipando un porvenir que entonces apenas podía ser imaginado, el Libertador vislumbra en la unión de las antiguas colonias de la América Hispana, ese “pequeño género humano” constituido por pueblos con una lengua y cultura compartidas por los pueblos, las bases para construir “la más grande nación del mundo”, con “un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse”. Pero esta unión, explica, si bien puede alcanzarnos la independencia real y el gobierno libre, “no nos vendrá por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos”.

Son grandes las posibilidades que el Libertador otea en el horizonte de la América meridional, pero también lo son las amenazas que se tienden sobre las nuevas repúblicas que apenas intentaban venir al mundo: los enfrentamientos entre los partidos democrático, militar y aristocrático por el poder; la emergencia de una oligarquía apoyada por la fuerza de las armas, que no toleraría la democracia; el interés de las potencias por hacerse del control de territorios estratágicos –como el istmo centroamericano- para dominar las rutas comerciales entre Asia, América y Europa; las riquezas y abundancia de recursos, que despiertan divisiones, odios profundos y guerras internas y externas; o el oro y la esclavitud, inseparables en la conquista y colonización del territorio y los pueblos americanos, pero enemigos mortales “de todo régimen justo y liberal”.

En las líneas de su Carta, Bolívar habla de los problemas y obstáculos de su tiempo, pero su diagnóstico, casi doscientos años después, no deja de asombrar por su vigencia, por lo mucho que todavía tiene que decirle al presente. ¿Cuánto de su idea grandiosa, de esa poderosa visión por la que tantos hombres y mujeres, durante generaciones, consumieron y sacrificaron sus vidas, hemos alcanzado los latinoamericanos que vemos la luz del Bicentenario?

Pensar América Latina en las actuales condiciones de crisis de la civilización, y actuar políticamente por nuestra segunda y definitiva independencia, debería llevarnos a romper las cadenas que nos atan a las nuevas formas del imperialismo (financiero, cultural, militar), que eternizan en nuestros países las condiciones estructurales de exclusión, pobreza, violencia y colonialismo interno, enquistadas a un sistema que se sostiene, desde hace siglos, sobre los privilegios de unos pocos a costa de los sacrificios de muchos. Y esto no puede hacerse desde otro cause ético, político y cultural que no sea el de la opción por los oprimidos y los pobres de la tierra.

De corrupción y diezmos

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martes 23 de noviembre de 2010


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Adán Salgado Andrade (especial para ARGENPRESS.info)

Desde este corrupto México. Ahora que se habla del bicentenario de la supuesta independencia de México, la historia del país está indisolublemente ligada a la de la corrupción, sobre todo a partir de la impuesta colonia española. Como se sabe, la mayor parte de los sometedores de los antiguos mexicanos, eran mercenarios ávidos de lucrativas aventuras que les permitieran salir de las miserables vidas que hasta entonces habían llevado en España.

Atraídos por míticos, auríferos reinos, aquí, en las tierras anahuacas, de todos modos hallaron gente, tierras, vastos recursos y, en efecto, minerales preciosos, como oro o plata, que, en corto tiempo, los convirtieron en hombres acaudalados, claro que sin modales y, lo más grave, sin lealtad muchos de ellos. La “solución” del soberano español en turno (Carlos I de España), fue permitir que tales mercenarios se quedaran con una parte de las tierras y los hombres de los que se habían apoderado por el simple uso de la violencia y el latrocinio. Esa suerte de dádivas soberanas habrían de convertirse en la norma, con tal de, efectivamente, garantizarse el rey español la “lealtad” de aquellos ladrones a “su servicio” (no exceptuando, claro, que el propio rey era el ladrón principal al haberse apropiado por la fuerza de tierras ancestralmente ocupadas por industriosas y cultas civilizaciones).
Esa mercantilista relación entre los “súbditos españoles” en las colonias y su rey en España, también fue muy bien aprovechada por la iglesia, la cual habría de recuperar en estas sometidas tierras el poder perdido en Europa, debido principalmente a las reformas luteranas y a que la “fe ciega” de los inicios del cristianismo y la edad media se había ido disipando con los siglos (más que fe ciega, se trató en realidad de una absurda fanatización, que convirtió a los seguidores de Cristo en peligrosas hordas de manipuladas turbas que arrasaban con todo aquel que no se acogiera al “cristianismo”, como puede verse en la reciente, muy recomendable cinta española “Ágora”). Aquí, además de la imposición de esa tan cuestionada “fe” por medio de la fuerza y de la “santa inquisición”, también las prácticas lucradoras de enriquecimiento de la elite eclesiástica volvieron a reforzarse como nunca antes. Así, el obligado diezmo, la bendita “limosna” para la curia local, era una suerte de impuesto religioso, cuyo incumplimiento, además del castigo divino al mandar al infierno al pecador, incluso ameritaba en muchas ocasiones castigo corporal con las ingeniosas torturas que los muy “creativos” inquisidores les infligían.
Por tanto, las dádivas soberanas a sus “súbditos” para comprar sus lealtades y el diezmo eclesiástico, por la fuerza de la costumbre, se convirtieron con el paso de los años y los siglos en parte, como dije antes, de nuestra historia y de nuestra cultura, sí, la cultura de las dádivas-corrupción-diezmo.
En nuestros días, este supuesto azote, en realidad, para el sistema político mexicano está que ni mandado a hacer pues, entre otras cosas, garantiza la estabilidad y el, digamos, aceptable funcionamiento de la sociedad por aquél “gobernada”.
Se habla desde distintos niveles de gobierno de que se debe de acabar con la corrupción, las prácticas fraudulentas, las extorsiones, el crimen organizado… pero esas prácticas son algo tan necesario para la perpetuación y subsistencia del sistema político, que hablar de acabar con ellas sería para éste una especie de autoinmolación.
Por estos días de violencia generalizada (alimentada todavía más por las equivocadas estrategias gubernamentales para “combatir” al crimen, de “contra la violencia, más violencia”) e impune actuación del así llamado “crimen organizado”, cabe preguntarse hasta qué punto la corrupción de la que he estado hablando, formaría parte de aquellos factores de supuesta “inestabilidad” o es gracias a la corrupción (y a todo lo que implica, como veremos adelante, particularmente a la forma actual que el diezmo ha tomado) que la “estabilidad” subsiste.
Han dicho centros empresariales que estudian el impacto de la inseguridad y la violencia en la actividad económica, que alrededor de un 7% del PIB del año pasado (2009), unos 175 mil millones de pesos, se pierden por tal inseguridad. Fue esta cifra refutada por el gobierno, en especial el secretario de hacienda, quien negó que la criminalidad, y yo agregaría a la corrupción, como parte de dicha criminalidad, afecte. Muy miope su opinión, dado que, por ejemplo, pensemos en alguien que sufre un asalto y que entran a robarle a su casa: televisión, computadoras, refrigerador, joyas, dinero… y todo aquello con que puedan cargar los ladrones. Es evidente que estará sufriendo un retraso en su desarrollo económico, pues de haber tenido satisfechas sus necesidades en cuanto a dichos aparatos y satisfactores, haber estado en un punto, digamos que de satisfacción, de pronto pierde ello y debe de comenzar desde cero. Pero, además, si no tiene de momento los medios económicos que le permitan reponer lo robado, pues le implicará un atraso material, quizá de varios años atrás. Su desarrollo material habrá retrocedido y si antes del robo estaba en posibilidades de realizar o adquirir otros bienes o emprender cambios en su estilo de vida, pues deberá esa persona posponerlos, quizá de forma permanente. Que el mencionado tecnócrata diga que no hay atraso, es no usar el sentido común para razonar, como lo hice arriba, en que, efectivamente, hay una fuerte afectación material para la actividad económica del país (días después señaló que, en efecto, “hay afectación”).
Hace unos días asistí a una reunión de proselitismo político priísta. Estaban allí tanto empresarios como políticos de poca y mediana monta. Al escuchar algunas de las conversaciones, me cercioré de que esta gente existe gracias al dinero que tienen y que prontos están para presumirlo. Por ejemplo, una de las pláticas que escuché era la siguiente, sostenida entre dos supuestos empresarios que comían junto a mí, hombres cincuentones, vestidos con ropa fina, que manipulaban hasta tres “black berries” (costosos teléfonos celulares) y lucían sendos anillos y pulseras de oro en sus manos y muñecas:
-Oye, y ¿qué pasó, siempre te fuiste a Estados Unidos? – preguntaba uno.
-Sí… sí, me fui en la Honda nueva… la que te dije que compré apenas… sí, nos fuimos el sábado tempranito, a Laredo, y luego luego nos fuimos al mol… y me gasté como cincuenta mil dólares…
-¿¡Cincuenta mil dólares!?…
-Sí… cincuen… no… digo, cinco mil dólares… sí, como sesenta y tantos mil pesos… sí, pero nos vinimos bien surtidos, sí… mi mujer se compró harta ropa… y a mis hijos les compré unos juegos y sus laptops…
-Ah… pues qué bien… yo pienso irme la otra semana…
Y en ese tenor continuó esa materialista-consumista conversación.
Pude platicar con algunos empresarios sobre la corrupción gubernamental. “Eso nunca se va a terminar”, me dijo uno de ellos. “Aquí, si no le entras con el diezmo, nomás no te dan contratos”. Muy confidencialmente me reveló que acababa de entregar medio millón de pesos a unos regidores, quienes a cambio le entregarían una obra por, en efecto, ¡cinco millones de pesos! “Es la cuota que debes de pagar si quieres sobrevivir aquí”, continuó diciéndome. “Y no te creas que son, así, muy importantes, son güeyes chicos”. “Y nada más por darte los precios unitarios de las obras, para ver que no te desfases mucho, nada más por dártelos, ¡te piden cincuenta mil pesos!… y ni modo que no le entres, porque si tú haces tus cotizaciones y estás demasiado subido, pues de todos modos menos te dan el trabajo, así que también allí le tienes que entrar”, continuó diciéndome, esbozando una irónica sonrisa, como diciendo “ni modo, así trabaja este país”.
Le pregunté su opinión sobre el narcotráfico. “Mira, esto lo ha provocado el gobierno, por haber favorecido sólo a un cártel y meterse en los territorios de los otros… provocó la guerra. Eso era lo que hacía el PRI, respetar los territorios”. “Vaya”, reflexioné en ese momento, “entonces el PRI se entendía más con los capos, que los panistas”. “Y vas a ver que no le va a quedar más remedio al gobierno que negociar, porque si no, esto se va a poner peor, en serio. De todos modos, Estados Unidos va a seguir consumiendo droga, eso que ni qué, y se la tenemos que surtir… se hacen pendejos, nada más. Además, a los gringos les conviene tener un solo grupo, para que puedan controlarlo… es más difícil si hay varios”. Tiene sentido lo que este empresario me comenta. En realidad fue lo que se hizo en EU luego de que terminó la prohibición, pues se siguieron “tolerando” a las mafias que habían acogido la medida y que cambiaron de giro, todo bajo la “discreta” aceptación del gobierno y los cuerpos policíacos.
“Bueno, y qué piensas de los empresarios que secuestran”, volví a preguntarle. “Mira, esos son los que lavan el dinero y se quieren salir… yo, por eso estoy bien derechito, pago mis impuestos, les pago todas sus prestaciones a mis trabajadores… así, no tienen por qué molestarte, en serio. A mí nunca me han molestado, porque no me meto en negocios chuecos… bueno, al menos del lavado de dinero y esas cosas”, aclaró, sonriendo, viendo mi cara de incredulidad, sobre todo por lo que me había contado antes, de lo del “diezmo”. “Seguro eso habrán hecho en Colombia, haber pactado con los cárteles”, pensé, lo que explicaría la aparente “paz” que vive ese país, que a pesar de toda la supuesta guerra contra el narcotráfico, sigue produciendo una gran cantidad de la droga consumida en EU. Y me vinieron a la mente las declaraciones publicadas en diarios de EU, que aseguran que el gobierno de Calderón protege sólo al cártel de Sinaloa, el del Chapo Guzmán, quizá porque, como de todos modos ese país necesita droga, pues es mejor tener bajo control a productores y distribuidores. Tiene lógica, entonces, lo que me dijo este empresario, de que la guerra a muerte de los cárteles ha sido provocada por un absurdo, surrealista favoritismo del gobierno a un solo cártel. También me vino a la mente que la producción de amapola y estupefacientes en Afganistán, ese invadido país, convertido en un infierno gracias al “control” militar estadounidense (como también sucede en Irak), ha aumentado muchísimo en comparación con los niveles que había antes de dicha invasión, pues constituye, además de un muy buen negocio, casi la totalidad del PIB de ese país.
Allí mismo conocí a otra persona que se ha dedicado a trabajar para PEMEX. “Uy, si te contara todas las transas que se hacen allí… fíjate, en una ocasión se estaba perforando un pozo en Tabasco, de ocho mil metros de profundidad, que según los estudios daba a un muy buen yacimiento, que iba a producir bastante. De repente, que paran la obra, sí, y no faltaba mucho para llegar al petróleo, en serio. Todos nos quedamos sorprendidos, pero nos dijeron los jefes que se cerraba. Y ni dijeron por qué… ya después, tú sabes, comenzaron a correr los rumores de que se debía dejar como la cuota para el gobierno que iba a venir… el que está ahorita… ay, se me va su nombre… sí, el de Calderón, sí… que había que entrarle con algo, y que ese pozo iba a ser como que el pago para que nuestra empresa siguiera perforando”. “¡¿Y así, nada más se paró todo!?”, pregunté, escéptico. “Sí, así como lo oyes… y se ve que iba a ser un pozo que iba a producir mucho, en serio”. “Y qué sabes… ¿sí lo están operando ya?”, volví a cuestionar. “No sé… ya no he regresado para allá, pero seguro sí, sí… era muy bueno”. “Oye… y qué me puedes decir de los diezmos… con lo que tenían que entrarle para que los dejaran trabajar”, abordé el tema. “¡Uy… sí, seguido se hacían comidas para los funcionarios de PEMEX, pagadas por las empresas, las que querían perforar o vender equipo… y allí era donde les tiraban los cañonazos… imagínate, cañonazos de sesenta… cien mil pesos… ¿¡quién los aguanta, no!? Y era cuando se cerraban los tratos”, dice este hombre treintón, muy cordial. Y ya luego me platicó que en otra ocasión estuvo en un pozo que empleaba equipo de perforación nacional, muy bueno. “Sí, muy bueno, de verdad. Y que pregunto de dónde era el equipo, y me dijeron que era nacional, que de Monterrey, pero que ya no se fabricaba, que ése era como de 1970, casi cuando dejaron de fabricarlo… ¿por qué crees?… pues porque como era nacional y era tan bueno, no convenía a las empresas extranjeras que se siguiera fabricando y entonces PEMEX dejó de comprarlo, presionada por esas empresas extranjeras y pues que quiebra la compañía. Pero te digo, tan buen equipo, que en ese pozo todavía lo estaban usando.”. “Y luego dicen que México no desarrolla tecnología propia”, pensé. En realidad, sí se ha desarrollado tecnología propia en muchos rubros, pero no conviene a las transnacionales que se fabrique, pues dañaría sus intereses, ya que dejaríamos de comprarles la carísima tecnología que nos venden, la cual, muchas veces, ya hasta obsoleta es en sus países de origen (además, los “paquetes” de venta exigen que también se les compre el “mantenimiento”, mucho del cual bien podría proporcionarse en nuestro país, lo cual encarece todavía más cuanto equipo compramos).
Así que, por lo relatado, puede verse como, en efecto, es un puntal del sistema la corrupción, pero además es esencial para que dicho sistema político marche dentro del país y deje marchar al país (y esto que comento se da para todos los partidos políticos, pues son varios los casos de descarada corrupción en que se han visto implicados el PAN, PRI, PRD, PVEM… y en todos ellos es tan común aquel elemento, que ni empacho tienen en “aliarse” unos con otros en los actuales procesos electoreros, sin importar si son de derecha o izquierda, con tal de destronar a quien se encuentre en el poder. Los intereses de sus gobernados es lo que menos les importa). Y esta situación se da en todos los niveles, pues hasta en la institución supuestamente más recta y honorable que es el ejército mexicano, cae en la corrupción y las dádivas (por eso quizá ahora se esté usando a la Marina, sobre todo para llevar a cabo los llamados “operativos quirúrgicos”, para la captura de los capos del narcotráfico que han dejado de ser piezas claves en el negocio). Recuerdo una plática que tuve con un ex soldado, quien estuvo en el ejército casi cinco años, llegando al grado de sargento. Me platicó que en cuanto al entrenamiento, le parecía bueno, pues les enseñaban a usar armas, tácticas militares, de sobrevivencia, defensa personal… “pero fíjate que lo que no me gustó es que para todo te pedían dinero, sí, que si quería salir, que si quería descansar, que si quería un rifle mejor… todo mundo te pedía, y si no le entrabas, pues nomás nada conseguías o hasta te castigaban, porque dependiendo de si habías hecho algo malo, pues podías pagar y te retiraban el castigo. Y por eso me salí, ah, porque además los sueldos son muy bajos. Yo ni siete mil pesos al mes sacaba y eran una friegas, en serio. Los únicos que ganan muy bien son los altos mandos, sí, ellos ya te sacan que treinta, que cuarenta mil pesos… a esos, los tenientes, generales… a ésos, sí les pagan muy bien”. Y esa plática me recordó la muy recomendable película mexicana “El infierno”, del director Luis Estrada, recientemente estrenada (la cinta es un ensayo cinematográfico, en forma de humor negro, que muestra las causas que están provocando la ola de violencia, de corrupción, de inseguridad y de descomposición social que está viviendo México en los recientes años y provocó una gran polémica al ser exhibida, en cuanto a su clasificación, ya que el gobierno la censuró al clasificarla como “C”, para adultos, siendo que hasta los niños han vivido la violencia y los problemas que se muestran en dicha cinta). En la película se muestra a un personaje que dice que fue soldado, quien se alquila como sicario de un capo del narcotráfico, y resulta ser mejor matón que sus otros elementos civiles . “Sí, eso es cierto”, me dijo el ex soldado que menciono antes, “muchos de los compañeros renunciaban y se iban a trabajar con el narco, pues allá, ¡fácil les pagaban cinco o seis mil pesos a la semana!”. Y otra vez el elemento material, una mejor paga, pesa más que la “lealtad militar”. Que de todos modos en estos momentos, incluso al ejército se le cuestiona su “guerra contra el narcotráfico”, debido a las constantes violaciones de todo tipo de los derechos civiles y humanos de la gente a la que dice “defender” y sin embargo, todo indica que ese arbitrario actuar de los militares, es parte de la estrategia panista (en contubernio con el gobierno estadounidense), para militarizar gradualmente a todo el país, como parte del plan de “seguridad interna” que Estados Unidos, a través del Pentágono, ha diseñado para hacer de México su “zona de contención” contra “terroristas”, inmigrantes ilegales y cuanta amenaza pueda presentarse (ver mi artículo: “La muy oportuna ‘descomposición’ del estado mexicano, pretexto para militarizar y recrudecer la represión gubernamental”, en este mismo blog). Y va unido a esto que en apariencia la “guerra contra el narcotráfico” calderonista esté fracasando, pues todavía justificaría mucho más pronto dicha militarización, incluso, una intervención militar directa estadounidense, en donde se justificaría que EU instalara bases militares aquí, so pretexto de “ayudar” en la lucha contra el narcotráfico (ver también mi artículo “La fracasada lucha panista en contra el crimen organizado”, en este mismo blog).
Por ello, si ni el “honorable” ejército se salva de las prácticas corruptas, qué puede esperarse de los cuerpos policíacos, sobre todo de los locales, que por los salarios bajos y una real carencia de valores y “lealtad” hacia la autoridad, son fácil presa de todo lo que hemos venido analizando: corrupción, dádivas del crimen organizado (narconóminas, ya se les llama aquí al sueldo que reciben del narcotráfico), “diezmos”… en fin, un problema que si se da, como he narrado, en los altos círculos, es lógico que entre los subordinados también sea práctica muy común. Agréguese a esto que la mayor parte de esos policías se dedican a extorsionar a los ciudadanos, en lugar de velar por su seguridad, actuando más como delincuentes uniformados que como servidores públicos y el problema que comento es peor aún. Es muy común que esos “policías” extorsionen por cualquier motivo a los ciudadanos, aludiendo inventadas faltas que colocan a la víctima de su prepotencia autoritaria en un nivel “delincuencial” peor que el del mismo crimen organizado (nada más tómese el ejemplo de que al estacionarse en un supuesto lugar prohibido, falta inventada frecuentemente, se le trata al “infractor” como si fuera un criminal y, más bien, actuando los elementos de las grúas policíacas que arrastran los vehículos, ellos sí, como verdaderos ladrones. Ver mi artículo “Robo en descampado, el arrastre de autos por grúas policíacas en la ciudad de México”, en este mismo blog)
Como he dicho, la corrupción es puntal del sistema. Y sin lugar a dudas, no sólo del sistema mexicano, sino que buena parte de los países del orbe también deben su existir a la corrupción, traducida como el deseo de enriquecerse en el menor tiempo posible por quienes la practican. Considérese el caso estadounidense, en donde se originó la debacle económica que tiene sumido al mundo en la profunda crisis de la que aún no salimos (y en la cumbre del llamado G-20, a ningún acuerdo se llegó para tratar de aliviar la recaída). Ahora se sabe que gran parte de dicha debacle se debió a la corrupción bancaria-financiera que permeó todos los niveles de gobierno, el que se desentendió de los ilegales manejos financieros de los barones del dinero. Un país tan supuestamente honesto como Islandia, también está prácticamente quebrado debido a las irregulares (léase corruptas) prácticas de sus banqueros. Estados Unidos, en la clasificación que se hace sobre corrupción, ya salió del lugar número 20, hasta donde están los países honestos, para ubicarse en el 22, abajo del 21, que es desde donde comienzan los países corruptos (aunque ninguna estadística que mida la corrupción, presenta a un país con diez cerrado, que significaría cero corrupción. Islandia, que antes de la debacle era considerado de entre los países más honestos, presentaba 9.7, o sea, casi limpio. Ver el sitio http://www.NationMaster.com, en donde México ocupa el lugar 65, con un deplorable 3.5, o sea, bastante corrupto. El más corrupto de todos es la nación africana Chad, en donde, por cierto, se filmó una cinta que acabo de ver, de la muestra, “Un hombre que llora”, muy recomendable. En ese país, por ejemplo, el ejército recluta forzosamente a los jóvenes, pero si sus familias pagan una cuota, los dejan libres).
Una nueva conversación que pude escuchar durante la reunión a la que he aludido arriba, me confirmó que nada se hace en México sin el “diezmo” del que he estado hablando en el presente artículo (la “mochada” o “mordida”, como se le dice aquí en el lenguaje coloquial). Un tipo bajo de estatura, trajeado, blanco, de unos 34 años, se acercó a un grupo de comensales que estaba a mi lado, supongo que también de empresarios. Saludó, muy aparentemente respetuoso, y luego de las obligadas presentaciones, se dirigió a uno de ellos, con quien parecía estar más familiarizado, y siguió esta conversación:
-Ah… oiga, y el cuate ese dice que ya que esté en el cargo, que sí le va a dar la chamba, pero que necesita un adelanto, unos cuatrocientos mil pesos, porque se quiere comprar carro nuevo y toda la cosa, para no llegar sin nada, que si le entra, le garantiza la obra, ¿cómo ve?
Seguramente quien hablaba se refería a una persona que formaba parte de un gabinete recientemente elegido, que estaba ya por ocupar su “puesto de trabajo”.
El hombre a quien se dirigió, lucía un traje sport, de unos sesenta años, y le contestó:
-Ah… no… no le entro… qué tal si es puro cuento… no…
-Ah… bueno… como vea, sí… yo nomás le vine a decir lo que me dijo ese cuate… pero como usted vea… – pretendió abogar por “ese cuate” el de la propuesta, con cara de desánimo, pero de todos modos se despidió, otra vez muy aparentemente efusivo y respetuoso.
Luego, pude escuchar al del traje sport decir a otro:
-A ése, lo vamos a ir a ver directamente, ¿eh?… no confío en los intermediarios, como este cabrón… luego te suben la cuota…

Pues curiosa manera de abaratar los sacrosantos diezmos, pensé en ese momento.

México: Llamaradas de historia

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martes 16 de noviembre de 2010


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Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info)

En algún lugar de la noche, la historia resurge en llamaradas y el nombre de la patria se escribe con luces danzantes, pero la parafernalia del pasado ostenta un vicio y en una disimulada ausencia se elude la versión de los vencidos…

Los regímenes emanados de la Revolución Mexicana edificaron a los ídolos y a los caudillos de la historia oficial, crearon las estampas de un paisaje campirano como sinónimo del nacionalismo, construyeron mitos y los divulgaron a través del arte y la educación en murales y películas, en libros de texto y monumentos, en festejos solemnes y desfiles. Ahora, cuando los sacrosantos postulados revolucionarios se han desvanecido, en plena globalización y sometidos a los designios del mercado, la propagación del patriotismo es un argumento más en la industria del entretenimiento.
La celebración del centenario del inicio de la Revolución mexicana se extenderá durante diez días de Noviembre y el zócalo capitalino se estremecerá con el espectáculo multimedia “Yo México”, organizado por la Secretaría de Educación que pagó 270 millones de pesos por este espectáculo de tecnología de punta que se presentará del 11 al 23 de noviembre cuando se proyectarán imágenes alusivas a la Revolución mexicana sobre las fachadas de la Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional y los edificios del Gobierno del Distrito Federal.
El movimiento de las luces enfatiza los episodios de la historia y en una mega pantalla se proyectan los destellos de la memoria colectiva de un pueblo acostumbrado a las letanías del pasado oficial, porque ahora, doscientos años de historia se transforman en una secuencia de imágenes fugaces que disfrazan la carencia de contenido en el mensaje. Como todos los eventos en la industria del entretenimiento, esta es una experiencia exclusivamente sensorial: los espectadores perciben las luces, las sombras y el sonido y se conmueven pero no reflexionan. Cuando el espectáculo concluye se extingue el pasado y en el recuerdo de los espectadores permanecen solamente los efectos visuales del espectáculo.
Y al día siguiente, las epopeyas retornarán a los libros que no se leerán, los héroes incomprendidos esperarán la justa reivindicación y las lecciones del pasado serán letra muerta porque son pocos los que escudriñan la historia para comprender el presente. Hoy por hoy, con la oportunidad perdida de releer el pasado para repensar el porvenir, la única reflexión posible es reconocer que el presente empezó a escribirse en el pasado y que por lo tanto, el futuro ya está escrito.
Si alguna vez los pueblos decidieron el rumbo de su destino, ahora es una mano ajena la que escribe el futuro, pero la parafernalia del pasado ostenta un vicio y en una disimulada ausencia se elude la versión de los vencidos…

En algún lugar…: El gran mexicano

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martes 2 de noviembre de 2010


Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info)

En algún lugar del paisaje urbano entre los avatares y las ironías del destino, los auténticos próceres luchan por una vida mejor, y envestidos de una determinación heroica, realizan cualquier sacrificio y solventan las carencias para alcanzar una oportunidad…

El programa de festejos del bicentenario de la guerra por la independencia nacional y del centenario de la revolución mexicana ha producido una serie de eventos fulgurantes y campañas insulsas, fiestas multitudinarias y espectaculares que no han cumplido con el objetivo esencial de una conmemoración: incidir en la memoria y despabilar las conciencias para repensar el porvenir.
Para el bicentenario de la independencia se produjo una telenovela histórica con una versión alterna de la historia oficial; la noche del grito derivó en un espectáculo pseudo-popular de luces y sombras en el zócalo; el proyecto Iniciativa México es un fatuo concurso de popularidad y recientemente inició el debate para encontrar al mejor mexicano de todos los tiempos. Esas conmemoraciones mediáticas sólo cumplieron con el dogma de la industria del entretenimiento: narcotizar las conciencias presentando ficciones para evadir la realidad y, debo enfatizar, mientras más extensa es la multitud cautiva, el mensaje mediático será más idiotizante.
Pero la extensa cobertura mediática no es absoluta ni es total: al margen de la farándula, indiferente al discurso tendencioso y perverso de los medios masivos, sobrevive, lucha y se esfuerza todos los días el auténtico prócer mexicano: este héroe sí es una figura nacional porque fusiona la valentía de todos los ciudadanos que día a día se parten el alma por solventar el costo de la vida.
La gran mexicana sale a trabajar y al volver a casa emprende una segunda jornada de trabajo, asume la responsabilidad de formar a los hijos y nunca le rinde el tiempo pero jamás pierde el ánimo ni la entereza. El gran mexicano recorre tediosos trayectos en el transporte público, cobra un salario mínimo, trabaja después de la jornada laboral, hace verdaderos milagros con sus fuerzas y su presupuesto para solventar las necesidades de su familia y dar a los hijos lo que él no tuvo. El gran mexicano es el joven que se esfuerza por aprovechar las oportunidades del sistema educativo, que armado únicamente con su talento, dedicación e inteligencia se dispone a emprender la construcción de su destino en una sociedad estratificada por el lucro.
El gran mexicano vive entre nosotros y en cada uno nosotros. La mexicanidad debe entenderse como la determinación de ser mejores, solidarios, honestos y generosos, es la convicción de merecer y exigir lo justo que sobrevive al desencanto causado por una perniciosa y deleznable clase política. El gran mexicano no es una estrella de televisión ni el campeón en un concurso de popularidad, pero es un héroe auténtico, porque realiza cualquier sacrificio y soporta las carencias para alcanzar una oportunidad…

Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

México: Sueños de independencia

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jueves 23 de septiembre de 2010

 
Gerardo Fernández Casanova (especial para ARGENPRESS.info)
“Que el fraude electoral jamás se olvide”

Se conmemora el bicentenario del inicio de la Guerra de Independencia justo cuando México es más dependiente que nunca. Recordar a Hidalgo, a Morelos y a los héroes que nos dieron patria obliga a quienes somos sus herederos a mantener la lucha emancipadora para construir la nación libre que ellos soñaron y por la que entregaron sus vidas.

Venerarlos implica también la obligación de delatar a los émulos de Moctezuma que endiosan a los que nos conquistan y rinden la plaza a cambio de espejitos y espejismos. Entonar con emoción el Himno Nacional debe llevarnos a identificar al extraño enemigo que mancilla con su plata el suelo patrio, a sabiendas de que el coloniaje moderno no necesita de los ejércitos invasores, basta ahora con los misiles de la economía para doblegar a naciones enteras.
Reza el refrán: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Viene como anillo al dedo para el discurso del régimen que festeja 200 años del México independiente; que se envuelve en el lábaro patrio para cantar la virginidad de nuestra soberanía que, contra viento y marea, se mantiene “impoluta e intacta”, pronunciado por el más abyecto palafrenero del emperador que viene del norte, al tiempo que exhibe sus espejitos en un fallido y oneroso espectáculo propio de carnaval de Walt Disney, cuyas concepción, diseño y ejecución simbolizan a plenitud la actitud colonial de quienes dicen gobernarnos, además de su aberrante incapacidad de ejecución.
Si la soberanía es la capacidad de un pueblo para decidir su destino y dotarse de los instrumentos necesarios para alcanzarlo, tendremos que reconocer lo alejado que estamos de ser un pueblo soberano. A menos que aceptemos que, por nuestra decisión soberana, tengamos un estado intervenido por los organismos dependientes del gran capital internacional; o que, para nuestra conveniencia, la mitad de lo que comemos lo tengamos que adquirir en el extranjero, en tanto que tenemos abandonado el campo y a los campesinos sirviendo en los Estados Unidos; o que, por ser nuestro deseo, las riquezas naturales sean explotadas por los ajenos sin dejar ni las migajas para los nacionales; o que, por fortuna, el comercio y la oferta de bienes de consumo esté controlado por los grandes almacenes transnacionales en su exclusivo beneficio; o que la industria local esté en bancarrota y el desempleo en pleno auge; o que la lucha contra el crimen sea diseñada e instrumentada desde Washington conforme a sus intereses; o que el entramado social esté resquebrajado porque así nos guste y no por el fraude electoral tejido a la medida para proteger a la oligarquía criolla y a sus patrones del extranjero; o que, para asegurar el futuro promisorio, hayamos desmantelado al estado y desatendido sus compromisos con la educación gratuita y de calidad, así como la salud para todos.
No hay tal soberanía cuando el derecho del pueblo de darse condiciones de libertad y de bienestar con justicia, le ha sido arrebatado por una oligarquía parasitaria y una caterva de tecnócratas a su servicio, siempre apoyada y sostenida desde el exterior, en un contubernio nefasto que sólo se refiere a la patria en el discurso y las celebraciones de oropel; que rinden tributo de adoración al dios del mercado y acatan la fatalidad de sus designios en la medida en que engrosan sus tesoros personales, sin que les quite el sueño el sufrimiento y la miseria de la mayoría que, en todo caso, son pobres por que son flojos.
Cuando estamos discutiendo el Proyecto Alternativo de Nación, indispensable para construir el país digno y justo al que aspiramos, llegamos a la conclusión de que su ejecución significará una ardua lucha para recuperar la soberanía hoy cancelada por todo un mar de candados establecidos en tratados y compromisos internacionales, signados a espaldas de los nacionales y adornados por falsas expectativas de progreso. Veo a México encadenado, aunque sea con eslabones de hierro adornados con guirnaldas de plástico barato y de importación. La larga lista de las cosas que debemos realizar en busca de la felicidad y que nos están explícitamente prohibidas por el TLC o por el FMI o por el BM o la OMC o la ASPAN y cuantas más siglas incomprensibles se quieran agregar, además de las otras que se mantienen en lo oscurito, constituyen el más severo de los dominios. Tiene razón Noam Chomsky que este martes, en conferencia magistral en la UNAM dijo: “El TLC es más dañino que la Colonia española”. Yo agrego: Carlos Salinas de Gortari, progenitor del TLC, es más criminal que Pedro de Alvarado.

Hidalgo y Morelos, a doscientos años de su gesta heroica, están vigentes por su capacidad para convocar al pueblo mexicano a la lucha emancipadora. Conmemorar la efeméride bicentenaria no puede ser para sentirnos satisfechos sino para emularlos y seguir su ejemplo imborrable. La lucha de hoy sólo podrá darse con las armas de la movilización popular y su expresión contundente en las urnas electorales. Es la convocatoria de López Obrador. La Patria sigue en espera de los hijos que el cielo le dio.

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Chile: El reverso del bicentenario de los que mandan

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viernes 24 de septiembre de 2010

 
Andrés Figueroa Cornejo (especial para ARGENPRESS.info)

“…aportemos grandes esfuerzos, para que el segundo siglo de vida de esta república sea una era sin interrupción, de verdaderos progresos morales que eleven grado a grado el valor y la dignidad de los seres que formamos esta comunidad hasta llegar a un estado tal de perfección donde haya desaparecido todo vestigio de inmoralidad, todo sedimento de injusticias, y sin dolorosas transiciones lleguemos a vivir en un verdadero y completo estado de felicidad y amor”.

Extracto de una conferencia dictada en Rengo – Chile por Luis Emilio Recabarren en la noche del 3 de septiembre de 1910, en ocasión del Centenario de la Independencia de Chile.
•Cuando este texto se encuentre frente a los lectores ya habrá pasado la fiebre aparatosa del bicentenario, ampliada como espejos repetidos por los medios de comunicación dominantes. Los aspectos centrales, las puestas en escena y la luminaria en 3D de La Moneda serán parte de la resaca nacional. Las celebraciones oficiales y por arriba del Bicentenario, bien amuebladas por la retórica de la unidad nacional -ficticia en una sociedad tan desigual como la chilena- se volverán registros en el anuario de las direcciones políticas de la Derecha y la Concertación. Mientras tanto, el pueblo profundo habrá bailado su cueca en lo oscuro como remedio peregrino.
Sin embargo, la coyuntura, marcada a fuego por la huelga de hambre de los prisioneros mapuche, los altos índices de desempleo, el malestar generalizado de la población ilustrada en las encuestas ante a la mala vida, habrán opacado la pirotecnia de los de arriba.
Adelante se dan a conocer las miradas reflexivas, independientes y críticas de personas, profesionales, trabajadores, y mapuche en torno a una juerga bicentenaria, tan cerca del poder concentrado de los pocos, y tan lejos de la vida cotidiana de los muchos.
La misma historia
Oscar Ortiz es historiador, académico y fue el secretario personal del legendario dirigente Clotario Blest que en octubre cumple 20 años desde su fallecimiento. Ortiz aclara que “Lo más increíble de todo esto es que de nuevo se celebró el 18 de septiembre de 1810, es decir, la caída de O’Higgins. La independencia del país es el 12 de febrero de 1818. Y cuando derribaron definitivamente a O’Higgins y no quedó ningún vestigio de él, cambiaron la fecha.”
En similar sentido, el economista Patricio Guzmán dice con ironía que “Al menos en los últimos años, hemos estado dando muestras de una seriedad de la palabra empeñada de nuestras clases dominantes, porque como el 18 de septiembre original lo que se juró fue lealtad a ‘nuestro amado’ rey Fernando VII que estaba en prisión entonces, y con el paso del tiempo el compromiso se ha cumplido. Hemos entregado las aguas a empresas españolas, las carreteras, el 40 % de la banca. En consecuencia, continuamos leales a nuestro monarca.”
Los periodistas acusan
Uno de los principales periodistas del territorio que infatigablemente ha hecho gala de su autonomía en el trabajo de interpretar la actualidad, es Paul Walder, editor de http://www.elclarin.cl y colaborador de innumerables publicaciones web y de papel.
-¿Qué hay que celebrar en el Bicentenario?
“Junto a la institucionalidad, bajo la simbología y la retórica de la chilenidad, es bien poco lo que podemos celebrar. Mejor dejárselo a la oligarquía, a la publicidad y al consumo de masas. Pero desde otra mirada, sí hay algo que celebrar para este Bicentenario, que ha coincidido, y en un verdadero acto simbólico, con los mineros sepultados y la huelga de hambre de los presos mapuche. Es como si la historia, como relato interesado y sesgado, haya resentido su artificialidad con la presencia hoy día de un pasado negado durante 200 años. Creo que es una oportunidad de abrir todos esos pliegues oscuros que no aparecen en esta historia novelada del Bicentenario y exhibirlos, para su reflexión y protesta, como el verdadero carácter de estos 200 años.”
Otro periodista inagotable y lúcido, residente en Francia –pero siempre de recorridos frecuentes por Chile y medio mundo-, Paco Peña, inscribe con belleza atronadora que “Los Tedéums celebratorios y jubilosos, la Santa Alianza y la Unión Sagrada que va desde los Ochocientos hasta Teillier y compañía, declaran con voz engolada : « La patria celebra dos siglos de vida independiente ». ¿La Patria ? ¿Cuál Patria ? ¿independiente ? ¿qué Independencia ? Esta conjuración pretende esconder y disimular que lo que hoy pretende celebrar con tanto boato nunca ha sido puesto en tela de juicio con tanta fuerza y convicción por tantos hombres libres en nuestro país y en el extranjero. Los azules hijos de Lautaro, de Caupolicán, de Galvarino, de Fresia y de Guacolda, de Pelantaru y de Lientur, los hijos de los volcanes, ríos, selvas y costas de Araucanía, han echado la puerta abajo de este jolgorio anunciado y han retornado de la tierra, han renacido como plantas eternas, que no tienen sólo algunos siglos o escasos años en nuestro territorio, sino que han crecido de lo más profundo de nuestro suelo. Durante siglos se ha tratado de exterminarlos y desde la mazmorras del sur hoy nos interpelan. Desde ahora habrá un antes y un después de la huelga de hambre de los treinta y cuatro hermanos recluidos en La Araucanía. Pero la luz vendrá como dijo el poeta, a pesar de los puñales, de los mercaderes, de la soldadesca y de los carceleros. »
Chile, país de poetas
Por razones misteriosas, el país ha producido extraordinarios poetas. Será el riesgo de habitar las faldas de la cordillera, hundida a pique en el mar ; o por esa forma lateral de nombrar las cosas que distingue a los chilenos.
Lo cierto es que el poeta Alejandro Lavquén asegura que “Los doscientos años fueron celebrados por un gobierno derechista neoliberal con raíces pinochetistas, un gobierno con carácter de patrón de fundo y populista. Todo dentro de una democracia que no es lo que parece. Una democracia que permite, entre otras cosas, la represión al pueblo Mapuche mientras a quienes están condenados por atropellos a los derechos humanos se les permite dar conferencias de prensa desde la cárcel; acusar de terroristas a jóvenes por el simple hecho de adherir al anarquismo o repudiar el sistema neoliberal; aceptar unas fuerzas armadas doctrinariamente facistoides, hipócritas y arrogantes; que la libertad de prensa sea limitada por los recursos económicos; y que se pretenda distorsionar la historia, haciéndonos creer que tipos como, por ejemplo, Diego Portales, Gabriel González Videla, Gonzalo Vial o Jaime Guzmán han sido un ejemplo de lo que debe ser un demócrata”.
Por su lado, el ex-poeta y ex-tremista, José Ángel Cuevas (« Para qué quiero otro Amor »), con simpleza veterana anota que “Sólo deseo saludar al pueblo de Chile, ese que llevó adelante la nacionalizaciòn del cobre en 1971, y la Reforma Agraria; ese pueblo que cayó masacrado, golpeado y perseguido.
Le solicitaría, eso sí, a la UDI y Renovación Nacional que le pidan perdón al país por los 17 años en que tuvieron a Chile sin libertad, que instigaron a las FF.AA. a hacer abandono de sus deberes, permitieron la intromisión de EE.UU. en los asuntos internos, que crearon la DINA-CNI para defender las privatizaciones, la destrucciòn de las universidades, los fondos de los trabajadores y etc. Así sea.”
El vate Jorge Héctor Alvarado, carga contra la miseria cultural del país actual, “La pobreza omnipresente, la indiferencia y lo indolente, la consagración y persistencia de la esterilidad hacen que la reconstrucción intelectual de Chile sea un pastiche, que la obsesión virulenta y esterilizante del poder que ostenta la derecha destapada disimulan la decrepitud de este suelo, de esta libero-democracia; que cualquier celebración del Bicentenario es un comodín excéntrico, que las lobotomías parecieren ser el antídoto para no convivir con la sal de la pobreza: la conciencia supina, la soberbia ignorancia”.
Los trabajadores dicen
Directo y al hueso, el presidente de los trabajadores subcontratistas de Codelco-El Teniente, SITECO, Jorge Peña, denuncia que “Los trabajadores no tenemos nada que celebrar ya que vivimos como esclavos, al igual que en 1810. La inmensa mayoría de los trabajadores, y por lo mismo sus familias, y la mayoría de los chilenos, tenemos sueldos que nos sirven sólo para mantenernos vivos. Las leyes laborales no se respetan, la seguridad en el trabajo tampoco, las jornadas de trabajo sobrepasan las 10 horas diarias. Para los trabajadores nunca se ha concretado la promesa de libertad y mucho menos la de progreso. Nuestras nuevas cadenas son las tarjetas de crédito, los préstamos bancarios, los préstamos de las cajas de compensación, los avances en efectivo de las casas comerciales. Tampoco son nuestros el cobre, el agua (dulce y salada), no lo son los bosques, la tierra, las comunicaciones, los servicios básicos. Todo es de extranjeros. Por lo tanto no tenemos patrimonio, y por esa misma razón, mucho menos tenemos patria. La inmensa mayoría de los chilenos, no tenemos nada, pero absolutamente nada que celebrar.”
Desde una perspectiva complementaria, Jorge Bustos, presidente de la Confederación de la Gente del Mar, analiza el estado de cosas a la hora del Bicentenario cuando evalúa que la fecha “Nos encuentra con la clase obrera atomizada y dividida en varias centrales, producto de la instalación de agentes sindicales en sus cúpulas de escasa o nula representatividad, con una intelectualidad auto secuestrada y muda salvo honrosas acepciones, en sus 4×4 y parcelitas de agrado, con una clase política derrotada por sus ansias neoliberales y una izquierda socialdemócrata que busca una salida por las alturas y deja de lado lo popular. Así las cosas no tenemos nada que celebrar, pues además celebrar el Bicentenario, es en definitiva reafirmar nuestra dependencia cultural, política y económica de Europa y potenciar el neo colonialismo”.
La indignación justa: Los mapuche
El Colectivo Informativo Mapuexpress – http://www.mapuexpress.net-, la Corporación Urracas de Temuco, el Hogar y Centro Cultural Mapuche We Liwen, el Parlamento Mapuche Koz Koz – Koyagtun, la Organización Salvemos Cobquecura, la Casa de Arte Mapuche, el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales – OLCA, Gvbam Logko Pikun Wiji Mapu (Consejo De Logko), la Corporación de Mujeres Mapuche “Aukiñko Zomo”, la Coordinación de Comunidades Mapuches en Conflictos socio Ambientales – Región de la Araucanía, y el Grupo de Trabajo Por Derechos Colectivos, mancomunadamente expresan que “La celebración que desde el poder se promueve de 200 años es para festejar a un Estado patriarcal, genocida, explotador, colonialista, unicentrista, etnocentrista, capitalista mercantil, antidemocrático, oligárquico, policial, lo que para nada es el reflejo verdadero de los pueblos que conviven en este país llamado Chile, quienes en su gran mayoría han tenido que soportar el fomento de las desigualdades sociales, exclusión, avasallamiento, discriminación y racismo. Llamar a festejar así, estableciendo la relación que un Estado es igual a una Nación, la chilena, es anclarse a doctrinas arcaicas y violentistas y es, a su vez, negar la pre existencia en miles de años de los pueblos originarios, ocultando las invasiones, los despojos territoriales y las violaciones de derechos cometidos por el Estado, con crímenes de Lesa Humanidad”, y suman que “Por ello, no podemos olvidar que hay un territorio ancestral transfronterizo llamado wallmapu, territorio del pueblo mapuche extendido de mar a mar (en el cono sur de América), territorio que hasta fines del siglo 19, hace tan solo 129 años, fue libre y soberano, con organización propia, invadido bélicamente de manera simultánea y coordinada por agentes militares del estado chileno y argentino, con masacres y genocidios, causando progresivamente el reduccionismo, el desplazamiento forzado y el empobrecimiento, hechos que en el presente se reclaman por justicia. Y en vez que se restituyan derechos, el Estado ha optado por reprimir y criminalizar toda demanda y protesta a estas razones, existiendo miles de mapuche judicializados y cientos de personas violentadas. En este llamado Bicentenario levantamos nuestras voces para seguir avanzando por los caminos que abren a nuevas realidades, a nuevas propuestas de vida y comencemos a celebrar cada acto de justicia que se obtenga. En este llamado Bicentenario decimos: Mucho por cambiar, Todo para Transformar.”
De la misma forma, Pascual Pichún Paillalao, Lonko; Aucán Huilcamán Paillama, del Consejo de Todas las Tierras; Galvarino Reiman Huilcamán, de la Asociación Ñancucheo Lumaco; y José Santos Millao, presidente nacional Admapu, recuerdan que “durante 1810- 1881 el pueblo mapuche tuvo una vida independiente y soberana por más de 70 años ante el Estado de Chile y que éste, en un acto unilateral, lo invadió militarmente, hecho conocido como la Pacificación de la Araucanía, provocando un despojo del territorio y anexando ilegal e ilegítimamente a su soberanía que no tiene”.
A su vez, consideran que “el Estado de Chile, desde la invasión militar unilateral consumado durante 1881, ha impuesto la doctrina de la negación de los Pueblos Indígenas y su derecho, y en particular del Pueblo Mapuche. Esta doctrina se ha mantenido invariable en el tiempo y tal como están las cosas se prevé que esta política se extenderá más allá del Bicentenario”.
El 18 de setiembre 2010 con motivo al Bicentenario de Chile, los dirigentes mapuche concurrieron desde su ancestral territorio –wallmapuche- al Cerro Welén- Santa Lucía, donde afirmaron “nuestra voluntad colectiva para transitar por un proceso político organizativo e instalar un Autogobierno Mapuche y, al mismo tiempo, hacer un llamado a todos los Mapuches interesados para trabajar conjuntamente y materializar el inherente derecho a la autodeterminación.”

¿Qué quedó después de la algarabía artificial, el ruido vacío de las fondas, las latas arrugadas, los viva Chile como pretexto del arrebato chovinista y sin más contenido que las risas fotográficas de los mandantes? Un martes 21 de septiembre que asoma una nueva primavera que todavía no termina de llegar para las grandes mayorías.

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México: ¿Qué quieren de nosotros?

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miércoles 22 de septiembre de 2010

 
Eduardo Ibarra Aguirre

Pasada la borrachera de cinco días por los 200 años del Grito de Dolores, festejo gubernamental que sólo el día 15 costó a los contribuyentes nada más 667 millones de pesos “ya con IVA”, al decir de Alonso José Ricardo Lujambio Irazábal ante senadores, el país volvió a la cruda realidad que lo estruja hasta agraviarlo cotidianamente.

Felipe de Jesús Calderón Hinojosa y Margarita Zavala Gómez del Campo –la señora que confundió la noche del 15 con un desfile de modas para traslucir la cavidad umbilical y presumir en cadena nacional el afecto hacia su esposo–, no se dan abasto para visitar y tomarse la foto, posar para las cámaras de Televisa, Televisión Azteca y de Oncetv-Los Pinos con los damnificados veracruzanos, que de un día para otro cuantifica Fidel Herrera Beltrán al gusto de sus necesidades presupuestales, porque dinero y no otra cosa significa la “declaratoria de emergencia” a cargo de la Secretaría de Gobernación. Mientras Banamex, el banco trasnacional del que es socio el Estado estadunidense, contraviniendo la legislación mexicana, y el cantautor Vicente Fernández aportaron un millón 200 mil pesos cada uno para encabezar la campaña en busca de recursos entre la generosa población, frente a un Estado que abdica de sus obligaciones constitucionales.
Son 28 años de incumplimiento paulatino y creciente, insoportable, de la más elemental de las obligaciones de un Estado y que es proteger la vida y los bienes de sus habitantes.
Ciudad Juárez, Chihuahua, es emblemática de la quiebra estrepitosa del Estado mexicano en cumplimentar obligaciones primarias, básicas. Primero permitió que allí floreciera el modelo maquilador más rapaz y sin generar las guarderías, jardines de niños y escuelas primarias que permitieran a las madres laborar en condiciones de sobreexplotación sí, pero con sus hijos a buen resguardo y bajo atención educativa. Enseguida, gobernantes priístas y panistas se hicieron de la vista gorda ante los crecientes fenómenos delincuenciales, simbolizados en el alarmante feminicidio, que florecieron en la urbe significada por los hacinamientos populares, la carencia de agua potable, drenaje, energía eléctrica, salud, transporte…
Fue Juárez el primer municipio sustraído de la soberanía estatal por el narcotráfico y el crimen organizado, mismo que el 20 de septiembre produjo la cifra récord de 63 ejecuciones en el país. La otrora Paso del Norte ocupa el primer sitio en cuanto a inseguridad respecto a cualquiera otra urbe de la aldea global. Sitio nada envidiable que se reforzó a partir de que Calderón Hinojosa emprendió los operativos militares de los últimos cuatro años bajo el marbete de guerra.
Suena grotesco que el vocero en materia de (in)seguridad de Calderón Hinojosa fustigue con torpeza a los editores de El Diario porque se atrevieron a preguntar a los jefes –operativos nada más, los otros no son molestados por autoridad alguna– “¿qué quieren de nosotros para dejar de pagar tributo con la vida de nuestros compañeros?”. Lo anterior después de que perdieron la vida Luis Carlos Santiago Orozco, el pasado día 16, y Armando Ramírez Carreón hace dos años, además de las heridas que sufrió Carlos Manuel Sánchez Colunga en la primera fecha.
La tregua solicitada por los editores recibió como respuesta oficial la sentencia de que “no cabe en modo alguno, por parte de ningún autor, el pactar, promover una tregua o negociar con los criminales que son justamente los que provocan la angustia de la población (…) los que envenenan a la población (…)”.

Por lo que se observa, Alejandro Poiré Romero no está enterado que cientos de miles o quizás millones de mexicanos pagan derecho de piso y extorsiones a los cárteles y que ésta es una forma de pactar.

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