Obama y su política exterior en América Latina: el verdadero escándalo de Cartagena

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LUNES 23 DE ABRIL DE 2012

CAmy Goodman (DEMOCRACY NOW!)

La campaña de reelección del Presidente Barack Obama lanzó su primera publicidad en idioma español esta semana, justo después de regresar de la Cumbre de las Américas. Obama estuvo tres días en Colombia, más tiempo que ningún presidente en la historia de Estados Unidos. Sin embargo, el viaje estuvo marcado por un escándalo de prostitución que involucra a las Fuerzas Armadas y al Servicio Secreto de Estados Unidos. El General Martin Dempsey, Jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército, declaró: “Decepcionamos al jefe, porque de lo único que se habla sobre Colombia es de este incidente”. Dempsey tiene razón. El incidente también funcionó como metáfora del modo en que el gobierno estadounidense trata a América Latina.

Once miembros del Servicio Secreto de Estados Unidos y cinco miembros de las Fuerzas Especiales del Ejército estadounidense estarían implicados en el escándalo. Los oficiales supuestamente tuvieron encuentros con prostitutas en uno o en varios bares de Cartagena y se llevaron a alrededor de 20 mujeres al hotel. Algunas probablemente eran menores de edad. Todo esto debe ser investigado a fondo, pero también deberían analizarse las posiciones políticas que Obama promovió en Cartagena.
En primer lugar, su posición con respecto a la guerra contra las drogas. Sobre este tema el Presidente Obama declaró en la cumbre: “Es totalmente legítimo tener una conversación sobre si las leyes vigentes causan más daño que beneficio en determinados lugares. Mi posición personal y la de mi gobierno es que la legalización no es la respuesta”. Ethan Nadelmann, fundador y director ejecutivo de la Alianza por una Política de Drogas, con sede en Nueva York, me dijo que a pesar de la declaración predecible de Obama, esta cumbre demostró “la transformación del diálogo regional y mundial con respecto a las políticas sobre drogas….Es la primera vez en la historia que un presidente dice que estamos dispuestos a considerar la posibilidad de que las políticas de Estados Unidos con respecto a las drogas están causando más daño que beneficio en algunas partes del mundo”. Ethan Nadelman explica que esto es el resultado del creciente consenso existente en todo el espectro político latinoamericano, desde ex presidentes importantes como Vicente Fox, de México, que está a favor de la legalización de las drogas, hasta los actuales jefes de Estado, como el actual presidente mexicano, Felipe Calderón, que dijo que el principal problema es la voraz demanda de drogas en Estados Unidos.
Nadelman agregó: “También se da la situación un tanto inusual de Evo Morales, el presidente boliviano de izquierda y ex líder del sindicato de cocaleros, que alleccionó a Estados Unidos con una frase que podría ser una cita de Milton Friedman: ‘¿Cómo pretenden que reduzcamos la oferta si hay demanda?’. Entonces estamos ante el comienzo de un cambio. No creo que se pueda dar marcha atrás”.
Luego está el tema del comercio. Obama y el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, también anunciaron que el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos y Colombia entraría en vigor el 15 de mayo. Los líderes sindicales tanto de Colombia como de Estados Unidos cuestionan el acuerdo debido a que Colombia es el peor país del mundo para realizar actividades sindicales. El asesinato de sindicalistas en ese país es moneda corriente: al menos 34 sindicalistas murieron en el último año y medio. Durante su primera campaña presidencial, Obama prometió oponerse al TLC con Colombia “porque la violencia contra los sindicatos en Colombia estaría en contradicción con las protecciones laborales que insistimos que se incluyan en este tipo de acuerdos”. Ese año, 54 sindicalistas colombianos fueron asesinados. El presidente de la central sindical estadounidense conocida como AFL-CIO, Richard Trumka, dijo que el anuncio “es muy decepcionante y preocupante”. Por su parte, los republicanos elogiaron a regañadientes a Obama por promover el TLC.
Con respecto a Cuba, Obama asumió la impopular postura de defender el bloqueo estadounidense. Incluso en Estados Unidos, las encuestas indican que una gran mayoría de la población y de las empresas apoyan que se ponga fin al bloqueo. Estados Unidos también logró, una vez más, impedir que Cuba asistiera a la cumbre, lo que incitó al presidente de Ecuador, Rafael Correa, a boicotear la reunión.
En respuesta a la intransigencia absoluta de Estados Unidos, los demás países del hemisferio occidental se están organizando. Greg Grandin, catedrático de Historia Latinoamericana de la Universidad de Nueva York, me dijo: “Los propios latinoamericanos están creado organismos que excluyen a Estados Unidos, que profundizan la integración política y económica entre ellos. Parece ser un lugar donde se reúnen para criticar las políticas de Washington con bastante eficacia”.
El Profesor Grandin comparó las políticas de Obama con respecto a América Latina con las de sus predecesores: “Los dos principales pilares de la política exterior estadounidense (profundizar el neoliberalismo y aumentar la militarización con respecto a las drogas) continúan en pie, se retroalimentan y han generado una gran crisis en el corredor que va desde Colombia, pasa por América Central y llega hasta México. Esta política ha sido un desastre total y no ha habido cambios”.
Se necesitará más que un escándalo de prostitución para encubrirla.
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now!

Análisis de la reunión de Cartagena: El Imperio dictó su ley en la Cumbre

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martes 17 de abril de 2012

Luis Alfonso Mena (especial para ARGENPRESS.info)

La “Cumbre de las Américas”, realizada en Cartagena entre el 13 y el 15 de abril a un costo de más de $20.000 millones, sólo sirvió para que Estados Unidos dictara de nuevo su ley, al impedir la expedición de una declaración final, y para que Juan Manuel Santos escenificara su show.

El nuevo emperador, Barak Obama, se atravesó, como era de esperarse, a un documento en el que la mayoría de los mandatarios rechazaba la exclusión decretada contra Cuba y apoyaba el reclamo hecho por Argentina de su soberanía sobre las Malvinas.
Así, la cumbre terminó lánguidamente, sin la asistencia de los presidentes de Ecuador, Nicaragua y Venezuela, y con la partida prematura de los mandatarios del Perú, Bolivia y Argentina.
Cristina Fernández, jefe del Estado gaucho, salió indignada por la imposibilidad de una condena a la anacrónica política colonialista del imperio inglés que se niega a devolver las islas Malvinas y por la falta de apoyo del presidente colombiano, su anfitrión, a la justa reivindicación.
Santos había buscado por todos los medios sacarle partido al encuentro y darse ínfulas de “progresista”, sin serlo ni política ni socialmente, al tiempo que le servía en bandeja de plata a Barak Obama normas aprobadas a todo vapor para que ruede la aplanadora del TLC.
Montó una cumbre alterna de bolsillo, con centenares de “delegados” del continente que no se sabe cómo fueron elegidos, y se apropió del concepto de actores sociales.
Su “cumbre social” no pasó de ser otro escenario de lugares comunes sobre la pobreza, simultánea con la cumbre empresarial, especie de rueda de negocios de la élite criolla congregada para tomar whisky y venerar al capital, génesis de la pobreza.
Mientras tanto, la verdadera cumbre alternativa, la de los Pueblos, convocada por organizaciones populares y el Polo Democrático, era invisibilizada por los medios masivos de comunicación, que andaban ocupados maquillando la realidad y describiendo guayaberas de burócratas y carrozas de primeras damas.
El espectáculo mediático fue patético: de los noticieros radiales y televisivos salían chorros de melcocha y aplausos a la sonrisa, el ‘blazer’, el trotecito del emperador gringo, al tiempo que se comentaba “lo bien parada” que quedaba Colombia.
Obviamente se evitó hablar de los trabajadores del centro de Cartagena a quienes se les negó el derecho a ganarse el sustento porque la ciudad se encontraba en estado de sitio, sometida por miles de agentes, incluidos los doce espías de la CIA, custodios de Obama, repatriados por su Embajada luego de una bochornosa jornada de prostitución, alcohol y golpes.
Razón tuvieron los mandatarios de la Alianza Bolivariana de Nuestra América, Alba, que expidieron, liderados por Venezuela, una resolución en la que anunciaron su decisión de no volver a más cumbres mientras se siga degradando a un país hermano. Recogieron el digno ejemplo del presidente Correa, de Ecuador.
Así, el show de Santos fue un plato para el consumo interno, pero sin resultados para los pueblos. Mientras tanto, el Imperio del Norte continuará sojuzgando naciones en nombre de la “democracia”.
Luis Alfonso MENA es periodista y docente universitario de Cali, Colombia.

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