Difusión Cencos México, D.F., 17 de septiembre de 2009

Boletín de prensa
 Centro ProDH y CDHFJD

• Celebramos la liberación de Jacinta Francisco Marcial, sin embargo
persisten en México las deficiencias estructurales del sistema de justicia
 • Por los mismos hechos, en los que no existió secuestro, continúan
privadas de su libertad Teresa González y Alberta Alcántara
 • La atención de la sociedad a los numerosos casos similares debe
mantenerse a fin de que la justicia sea una realidad en México, sobre todo para
quienes son discriminados y excluidos

Finalmente, después de más de tres años de permanecer injustamente en
prisión, fue liberada Jacinta Francisco Marcial, mujer del pueblo ñhá-nhú
acusada falsamente de haber secuestrado a elementos de la desaparecida Agencia
Federal de Investigación en hechos ocurridos en la comunidad Santiago
Mexquititlán, a! sur de Querétaro, el 26 de marzo de 2006. Por estos mismos
hechos, en ¡os que no hubo ningún secuestro, permanecen aún privadas de su
libertad Teresa González y Alberta Alcántara.

La familia de Jacinta y los centros de derechos humanos Miguel Agustín Pro
Juárez y Fray Jacobo Daciano (que asumieron su defensa) celebramos su
liberación. Con este acto de justicia, a la vez que se reconoce su inocencia se
admite que en el procedimiento hubo graves irregularidades. Esto último, al
evidenciar las fallas estructurales del sistema de justicia en México, modera
nuestro entusiasmo pues desde nuestro quehacer cotidiano constatamos que hay en
el país muchas Jacintas. Debido a estas deficiencias se acentúa la
vulnerabilidad de quienes por su identidad de género, su origen étnico o su
posición social padecen discriminación y violencia en el seno de una sociedad
caracterizada por sus escandalosas desigualdades.

La misma disfuncionalidad del sistema de justicia mexicano permite que delitos
altamente repudiados -como el secuestro- sean empleados por el Estado para
actuar, con ánimo de venganza y castigo, contra quienes defienden sus derechos
o se oponen a la arbitrariedad del poder. Así ha sucedido en el presente caso,
en el que las acusaciones contra las tres mujeres fueron una medida dirigida a
castigar la oposición de los comerciantes de Santiago Mexquititlán al abuso
cometido por los agentes federales que los despojaron de sus mercancías el 26
de marzo de 2006.

Sin duda la liberación de Jacinta constituye un logro. Sin embargo su
excarcelación es sólo un componente de la justicia. Ésta debe incluir
también la reparación integral del daño, la no repetición de los hechos y la
sanción de los responsables del injusto encarcelamiento. Por otra parte, nos
preocupa el hecho de que Alberta y Teresa, acusadas y procesadas con las mismas
pruebas que Jacinta por un secuestro que jamás existió, continúen privadas de
su libertad. Exigimos, por lo tanto, su pronta excarcelación.

El caso de Jacinta ha llamado fuertemente la atención de la opinión pública
y ha suscitado muestras de solidaridad por parte de la sociedad civil.
Agradecemos a quienes con su participación y su atención han contribuido a
evidenciar la deteriorada situación de los derechos humanos en México así
como a exigir del Estado mexicano una actuación responsable al respecto. Esta
atención debe mantenerse a fin de que la justicia sea una realidad en México,
sobre todo para quienes son discriminados y excluidos.

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