Yankees go home!. Ana Esther Ceceña y Humberto Miranda. Rebelión.

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sábado 26 de septiembre de 2009


500 años de lucha nos han dotado a los pueblos de América Latina de suficiente experiencia para encarar las batallas presentes contra el saqueo, la colonización y las imposiciones de todo tipo. Hoy esa lucha pasa por detener y revertir la militarización y el asentamiento de las tropas de Estados Unidos en Colombia y en todos nuestros países para que los últimos 500 años en rebeldía no hayan sido en vano.
Ana Esther Ceceña y Humberto Miranda / Rebelion
Aunque parece ya lejano porque ocurrió en marzo de 2008, el presunto ataque colombiano a Ecuador en la provincia de Sucumbíos marcó el inicio de un nuevo ciclo dentro de la estrategia estadounidense de control de su espacio vital: el continente americano. No se trató de un hecho aislado, sino de una primera piedra de un camino que continúa abriéndose paso.
En aquel momento se desplegaban iniciativas de creación de plataformas regionales de ataque bajo el velo de la guerra preventiva contra el terrorismo. Pero si en Palestina y el Medio Oriente había ya costumbre de recibir las ofensivas del Pentágono desde Israel, y aderezadas con sus propósitos particulares, en América no había ocurrido un ataque unilateral de un Estado a otro “en defensa de su seguridad nacional”.
El ataque perfiló las primeras líneas de una política de Estado que no se modificó con el cambio de gobierno (de Bush a Obama) sino que se adecuó a los tiempos de la política continental que, en esa ocasión, dio lugar a un airoso reclamo de Ecuador, secundado por la mayoría de los presidentes de la región en la reunión de Santo Domingo.
Prudentemente se detuvo esta escalada militar para bajar las tensiones y dar paso al cambio de gobierno en Estados Unidos, pero la necesidad de detener el crecimiento del ALBA y la búsqueda de caminos seguros para intervenir en la región, sobre todo frente a Venezuela, Ecuador y Bolivia, llevó nuevamente a Estados Unidos a involucrarse en proyectos desestabilizadores o directamente militaristas.
Nuevas formas de viejos propósitos. La doctrina formulada por Monroe y reiterada por Kennedy con la Alianza para el Progreso (Alpro), tiene expresiones contemporáneas en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), la Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA) y el Proyecto Mesoamericano (antes Plan Puebla Panamá), pero también en la creación de una retícula militar que envuelve la región en su conjunto.
La revolución cubana en 1959 generó una cuña de subversión social que puso en entredicho el dominio estadounidense en el continente. La victoria cubana en Playa Girón en 1961, la supervivencia del proceso cubano después de la “crisis de los misiles”, y su permanencia en medio del acoso y las dificultades se constituyeron en un dique simbólico que desde entonces aparece como bastión de esperanza y dignidad, y como posibilidad real frente a la dominación.
Por esta misma razón, Cuba ha sido cuidadosamente separada del resto del continente mediante políticas de “extensión de la democracia” y combate a las tiranías (Alpro) promovidas financieramente a través de la USAID, mediante su expulsión de la Organización de Estados Americanos y mediante la manipulación de los imaginarios hasta convertirla en caso único e irrepetible, con tal éxito que en muchos sentidos el proceso cubano no es incorporado a los análisis sino como experiencia aislada que es a la vez añorada y rechazada por las izquierdas del continente.
Después de Cuba y de las experiencias insurgentes en casi todos los países de América Latina, los procesos democráticos fueron violentamente interrumpidos por dictaduras militares financiadas por la USAID, tan activa nuevamente en nuestros días, y preparadas por la Escuela de las Américas. Se abrió una larga noche para el continente y América volvió a ser, en cierta medida, “para los americanos”.
Las dictaduras se transformaron en neoliberalismo, las riquezas de nuestros países dejaron de ser “patrimonio estratégico de la nación” para convertirse en atractivos de inversión. La ilusión hegemónica de una América unida defendiendo los intereses americanos se encaminó en los tratados de libre comercio.
Los levantamientos contra el neoliberalismo, los tratados regionales, el ALCA y, recientemente, contra los dos megaproyectos de reordenamiento territorial y creación de la infraestructura de la integración energética y el saqueo (Plan Puebla Panamá, crecido hasta el Putumayo incorporando a Colombia, y hoy transformado en Proyecto Mesoamericano, e Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica), obligaron a la inteligencia hegemónica a recolocarse estratégicamente en el continente.
La insuficiencia del mercado como disciplinador general es acompañada por la presencia creciente de las políticas y fuerzas militares en todo el continente. El ethos militar se impone como eje ordenador de la totalidad.
Como una vuelta de tuerca más, las movilizaciones antineoliberales dan lugar a cambios institucionales y experiencias de gobierno contrahegemónicas en Venezuela, Bolivia y Ecuador, y con esto se pone en riesgo, o por lo menos en dificultades, el dominio estadounidense. Con estas nuevas experiencias –que se agregan a la cubana y la reubican geopolíticamente-, no sólo se cuestionan las reglas del juego establecidas sino que grandes extensiones territoriales e inmensas fuentes de recursos empiezan a salir del control hegemónico.
La amenaza de esta confluencia y de su potencial ampliación, los triunfos democráticos, la constitución del ALBA, Petrocaribe y las señales de distanciamiento de las políticas de Washington –encaminadas en múltiples ocasiones por los organismos internacionales-, es asumida como un peligro mayor por los guardianes de la seguridad de Estados Unidos que, independientemente de quien ocupe la presidencia, mantiene una política de estado para defender como hinterland el continente americano y enfrentar desde esta plataforma el juego de competencias con el resto del mundo.
El golpe de Estado en Honduras -uno de los eslabones más frágiles del ALBA-, conducido por un militar hondureño formado en la Escuela de las Américas, tramado en vinculación con la base de Palmerola, consultado con el personal de la Embajada estadounidense y asumido por la oligarquía hondureña -que si existe es por el auspicio de los intereses de EEUU que requieren parapetarse en socios locales-, es el primer operativo de relanzamiento de la escalada iniciada en Sucumbíos.
Como parte de una ofensiva con múltiples variantes, que combina el juego de fuerzas constituidas internamente con intervenciones desde el exterior, que se presenta lo mismo con faceta militar que diplomática, económica o mediática, el golpe en Honduras abre un sendero diferente que pone en riesgo cualquier tipo de procedimiento democrático y deja sentado un precedente perverso. Cómo leer si no la deslegitimación de un gobernante constitucional y legítimo, derrocado por un golpe espurio que violenta la Constitución y las formas democráticas, y que, no obstante, mediante un extraño subterfugio termina siendo acusado de ser él el violador de la Constitución y, por ese mecanismo, es equiparado con el gobierno de los golpistas. Tan defensor como violador de la Constitución es uno como el otro en el esquema de diálogo que se impuso después del golpe y que, de no ser por la movilización popular exigiendo el restablecimiento de la constitucionalidad y rechazando tanto el golpe de Estado como la militarización, ya sería un dato más en la historia.
Honduras no es cualquier país. No solamente es integrante del ALBA y Petrocaribe sino que el gobierno de Zelaya empezaba a hablar de reforma agraria en las tierras que históricamente han sido parte del reino de la United Fruit Company, responsable de muchas masacres. Honduras fue el espacio desde donde se organizó la contrainsurgencia en los años de las luchas revolucionarias centroamericanas y es todavía el espacio de emplazamiento de la base militar estadounidense de Soto Cano o Palmerola, una de las mayores en la región latinoamericana que ha funcionado como cuartel general del Comando Sur desde su creación.
El depuesto gobierno de Zelaya, empujado por la movilización popular que desde hace un año cuestionó la existencia de Palmerola en el II Encuentro contra la Militarización, empezaba a hablar de la recuperación de las instalaciones de esa base. Esto, en un momento de ascenso de la presencia militar estadounidense, de ampliación, reactivación o modernización de sus posiciones en el continente, aceleró sin duda la intervención1 que, evidentemente, responde a intereses económicos y geopolíticos mucho más trascendentes que los de la oligarquía local.
No obstante, a pesar de su gravedad, el golpe en Honduras sólo anuncia lo que se vislumbra para los gobiernos que han osado desafiar al imperio y que no cesan de ser acosados. Honduras resultó atropellado en una búsqueda por alcanzar objetivos de mucha mayor importancia geoestratégica como Venezuela, Ecuador y Bolivia, y constituye ya, independientemente de su desenlace, uno de los soportes de la estrategia en curso.
Honduras constituyó el elemento desencadenador o, mejor, la cortina de humo que dio paso a la reactivación del proyecto interrumpido después del ataque a Sucumbíos: el establecimiento de una sede regional de la llamada guerra preventiva en América, justo al lado del Canal de Panamá y en la entrada misma de la cuenca amazónica pero, lo más importante en términos estratégicos coyunturales, en las fronteras de los procesos incómodos para los grandes poderes mundiales liderados por Estados Unidos.
Mientras la nebulosa levantada por Honduras desvió la mirada, se vuelven a desatar los montajes para acusar de cómplices de las FARC, único grupo reconocido como terrorista por el Pentágono en la región, a los presidentes de Venezuela y Ecuador, pero, sobre todo, se revive un viejo acuerdo entre Colombia y Estados Unidos que otorga inmunidad a las tropas estadounidenses en suelo colombiano y permite la instalación de 7 bases militares estadounidenses que se suman a las seis ya registradas por el Pentágono y por el Congreso en su Base structure report.
El plan de disciplinamiento continental pasa por quebrar geográfica y políticamente las alianzas progresistas y los procesos emancipatorios continentales. En Honduras se trata de introducir una cuña divisoria que debilite y quiebre los potenciales procesos democráticos en Centroamérica, y simultáneamente que se articule con el corredor de contención contrainsurgente conformado por México, Colombia y Perú, al que poco a poco se van sumando otros posibles aliados (ver mapa). La “israelización” de Colombia que se erige como punto nodal, articulada a este corredor, parece estar intentando tender una cortina de separación entre Venezuela, Ecuador y Bolivia, creándoles condiciones de aislamiento relativo, en el plano geográfico. Colombia como plataforma de operaciones enlazada a todo un entramado de posiciones y complicidades que rodean y aislan las experiencias contrahegemónicas y/o emancipatorias para irlas cercenando, disuadiendo o derrotando a medio plazo.
Pero además de este corredor geopolítico, que además se entrelaza geográficamente con las zonas de mayor riqueza del continente, se puede ubicar otra línea de intervención más sutil que podría establecerse como el eje Miami-México-Bogotá3, en el cual se pretende agrupar una derecha supuestamente endógena, portadora de un pretendido modelo latinoamericano propio frente a las propuestas emancipatorias emergentes. La participación de los grupos anticastristas de Miami y de sus contrapartes en el Pentágono en el golpe de Honduras se hizo evidente tanto en las sorprendentes declaraciones anticomunistas de los protagonistas del golpe, que parecían como salidas de la prehistoria política, como en la aparición en escena de personajes como Otto Reich.
Este conjunto de hechos permite concluir que está en curso un proyecto de recolonización y disciplinamiento del continente completo. Con la anuencia y hasta entusiasmo de las oligarquías locales, con la coparticipación de los grupos de ultraderecha instalados en algunos gobiernos de la región, en América Latina se está conformando mucho más que un nuevo Israel, desde donde el radio de acción se debe medir con las distancias que los aviones de guerra y monitoreo alcanzan en un solo vuelo sin necesidad de cargar combustible; o con los tiempos de llegada a los objetivos circunstanciales, que son muy reducidos desde las posiciones colombianas; o con la capacidad de respuesta rápida ante contingencias en las principales ciudades de los alrededores: Quito, Caracas y La Paz; o con la seguridad económica que les da establecerse al lado de la franja petrolera del Orinoco, equivalente a los yacimientos de Arabia Saudí, y al lado del río Amazonas, principal caudal superficial de agua dulce del continente, al lado de los mayores yacimientos de biodiversidad del planeta, frente a Brasil y con posibilidades de aplicar la técnica del yunque y el martillo, contando con la cooperación de Perú, a cualquiera de los tres países que en Sudamérica han osado desafiar a la hegemonía.
Si bien Honduras muestra claramente los límites de la democracia dentro del capitalismo, el trasfondo de Honduras, con el proyecto de instalación de nuevas bases en Colombia y la inmunidad de las tropas estadounidenses en suelo colombiano, convertiría a ese país en su totalidad en una locación del ejército de Estados Unidos que pone en riesgo la capacidad soberana de autodeterminación de los pueblos y los países de la región. Una base militar estadounidense del tamaño de un país completo y en el corazón de la amazonia.
Todo hace pensar que las acciones desde este enclave militar en América del Sur se dirigirán a los Estados enemigos o a los Estados fallidos, que, de acuerdo con las nuevas normas impulsadas por Estados Unidos, pueden ser históricamente fallidos o devenir, casi instantáneamente, Estados fallidos “por colapso”. Cualquier contingencia puede convertir a un país en un Estado fallido súbito y, por ello, susceptible de ser intervenido. Y entre las contingencias están las relaciones de sus gobernantes con algún grupo calificado como terrorista (es ahí que se explica la insistencia por acusar a los presidentes Chávez y Correa de mantener vínculos de colaboración con las FARC), los conflictos transfronterizos o la penetración del narco.
Una vez decretado el Estado fallido, la intervención puede realizarse desde Colombia, que ya estará equipada para avanzar sobre sus vecinos.
Es de prever la búsqueda de otros emplazamientos militares en el futuro cercano (por lo pronto en Perú, que ya está estableciendo compromisos de operación amplia de tropas estadounidenses en su territorio desde 2006 y con posibilidades de uso de bases en Chiclayo y en la zona del VRAE) combinada con procesos de fortalecimiento de los aparatos de inteligencia y militares en general al interior de los países latinoamericanos. Asimismo, es de esperar que la construcción de los Estados fallidos pasará por estimular deserciones militares, inculpar o corromper altos funcionarios de gobiernos progresistas por vínculos con las actividades criminalizadas por la hegemonía o por la implantación del narcotráfico en barrios marginales de ciudades como Caracas u otras, como herramienta para desatar conflictos y desestabilizar/controlar una región cada vez más rebelde.
A sólo unos meses del ascenso presidencial de Obama, ya resulta ingenuo pensar que existe un cambio en la política estadounidense hacia la región. El esquema de dominación está claro y delineado. Estados Unidos va, como decía Martí, “con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América”. Deberá haber una respuesta múltiple, regional, social, solidaria, en bloque. Una respuesta que se extienda desde el Río Bravo hasta la Patagonia y que reditúe a la independencia de nuestras naciones.
500 años de lucha nos han dotado a los pueblos de América Latina de suficiente experiencia para encarar las batallas presentes contra el saqueo, la colonización y las imposiciones de todo tipo. Hoy esa lucha pasa por detener y revertir la militarización y el asentamiento de las tropas de Estados Unidos en Colombia y en todos nuestros países para que los últimos 500 años en rebeldía no hayan sido en vano.
No hay consigna más sensata y oportuna en este momento que la renovada “Yankees, go home”.

Girando en torno a Honduras. AUNA.

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sábado 26 de septiembre de 2009

Un salto gigante hacia delante es el que ha dado el pueblo hondureño en su conciencia, en su organización, en su enjundia y vocación de lucha. Creció como no lo había hecho nunca antes, sacó fuerzas de flaqueza, puso buena cara ante la adversidad y se echó a las calles.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica
rafaelcuevasmolina@hotmail.com

La era que, al decir de Silvio Rodríguez, “está pariendo un corazón” en América Latina, gira en estos días en torno a Honduras. Paisito chico, pobre, marginal entre los marginales, plataforma para las canalladas norteamericanas en Centroamérica, de pronto surge y se posiciona en primera fila.
No es para menos porque, sin querer queriendo, lo que en ella pasa cataliza tendencias que se manifiestan en todo el continente, saca a la luz lo que estaba oculto, obliga a deslindarse y a tomar partido.
Ahora es Honduras, pero antes fueron Nicaragua, El Salvador, Guatemala. Tierra de patrias pequeñas, pobres, dejadas de lado y muchas veces motejadas despectivamente en donde, sin embargo, varias veces América Latina ha visto jugarse mucho de su porvenir político. Cintura volcánica que surge y se hunde cíclicamente, como una isla fantasma en el mar, dejando tras de sí una estela de sangre y dolor: en los 50, Guatemala, siendo violada por los Foster Dulles y los Castillo Armas; en los 80 Nicaragua, entregando a la máquina de la guerra a sus más queridos hijos, a los más jóvenes, a los que debían transitar las anchas alamedas; El Salvador, atrincherado en el cerro Guazapa, en los valles de San Vicente, cerca de la frontera con Honduras, cercando San Salvador, viendo manchare de rojo el césped de la casa de los jesuitas.
Tierra indomable Centroamérica, tan lejos de Dios, como México, y tan cerca de los Estados Unidos. Tan lejos también, a veces, de los proyectos que aglutinan protectoramente a los pueblos latinoamericanos que son de más al Sur, los suramericanos, que los ven frecuentemente sobre el hombro y no los toman en cuenta con la premura que debían hacerlo.
Hoy es Honduras el vórtice de los acontecimientos y todos siguen los pasos y los gestos del presidente en la embajada, los ríos de gente que bajan por las calles quebradas de Tegucigalpa, las persecuciones en los barrios de los pobres. En ella se echan una pulseada las fuerzas más fuertes que pugnan por prevalecer en nuestros días, las que van para adelante y las que quieren mantener las cosas quietas porque les convienen así como están, ordenadas según sus mezquinos intereses.
Pero no hay marcha atrás, le pese a quien le pese, porque aunque Zelaya no volviera a la presidencia nunca, aunque los Michelettis se entronizaran per secula seculorum, un salto gigante hacia delante es el que ha dado el pueblo hondureño en su conciencia, en su organización, en su enjundia y vocación de lucha. Creció como no lo había hecho nunca antes, sacó fuerzas de flaqueza, puso buena cara ante la adversidad y se echó a las calles.
Todo esto es signo de los tiempos porque, ¿podría haber pasado algo así hace solo diez años, ya no digamos quince o veinte? Seguramente no. Pero ahora saben que no están solos, que forman parte de un torrente que va más allá de ellos, que entroncan en una tradición que se está expresando de forma igualmente vehemente en muchos otros rincones de América Latina; y que en todas partes cuesta hacerse oír, que en todas partes son vilipendiados, que en todas partes los otros, como les pasa a ellos, mienten descaradamente.
Ahora saben, con más certeza que antes, que no están solos, que lo que ellos hacen, dicen y sufren lo oyen y comparten millones a través de canales de televisión amigos, de radios aliadas, de diarios y revistas hermanos, de redes telemáticas alertas.
Son otros tiempos: ya no es posible ocultar la infamia con la pericia de antes, es más fácil sentirse respaldado, ser parte de algo que se construye en territorios más amplios que el estrecho horizonte de las fronteras en las que se vive.
Eso nos muestra Honduras.

Música: La salsa. ARGENPRESS.

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sábado 26 de septiembre de 2009

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ARGENPRESS CULTURAL

La confusión que se suele producir sobre la nomenclatura de la música afrocaribeña tiene que ver más con estrategias de mercado que con diferencias musicales. Luego de la Revolución del 59 y el exilio de muchos músicos cubanos en Estados Unidos, se produjo una separación entre el desarrollo musical de los dos países. Esta separación causó un extraño debate sobre la terminología que se utilizaba para describir la música de origen cubano en los Estados Unidos. La palabra “Salsa” creó mucha controversia desde su creación a principios de la década del 70. Muchos músicos cubanos insistían en que la salsa no existía, sino que era el son cubano disfrazado con propósitos comerciales, pero la salsa crearía un impacto mundial que terminaría dándole legitimidad. Aunque también debe tenerse en cuenta que los músicos portorriqueños (y de otros países latinos) tuvieron mucho que ver con la preservación y el desarrollo de esta música en los Estados Unidos, y que su interpretación realmente creó algo nuevo y distinto de lo que se tocaba en Cuba.

Mientras el ambiente musical latino en Nueva York durante los años 60 siguió más o menos con la tradición musical de la época pre-revolucionaria en Cuba, los músicos que se habían quedado en la isla experimentaban con los nuevos sonidos y estilos que provenían de los Estados Unidos, y mezclaron elementos del jazz, la fusión y el rock con la música popular bailable, además de alejarse de las limitaciones impuestas por la tradición para servir a un público bailador. Ya para los años 70, el invento de la palabra “Salsa” en la Costa Este de los Estados Unidos llegó en el momento cuando esta música vivía un período de enorme popularidad tanto como un crecimiento dentro de la industria discográfica.

Algo que no se debe olvidar cuando se habla de Salsa o de alguno de las muchas músicas de origen afrocaribeño, es que todos estos ritmos están hechos para bailar. La importancia del baile en el área del Caribe no es ninguna novedad, y desde la llegada de los españoles todos los textos de cronistas y viajeros están repletos de referencias a la cultura festiva y bailadora de los habitantes de estas “nuevas tierras”. Para los cubanos especialmente, la música y el baile han ocupado siempre un lugar muy importante dentro de la sociedad, y de ello queda constancia en innumerables ensayos, artículos y tratados que estudian minuciosamente el tema. Sin embargo se puede considerar la segunda mitad del siglo XIX como la etapa crucial en el proceso de entrecruce y criollización de los géneros musicales y bailables provenientes tanto de África como de Europa.

De Cuba la música llamada Salsa pasó luego a todos los países del Caribe; hoy día es un ritmo ampliamente difundido en numerosas sociedades, del Sur y del Norte, a tal punto que algunas de las más significativas orquestas salseras están en… Japón.

El Presidente Zelaya y la valentía de una acción. DEMOCRACY NOW.

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viernes 25 de septiembre de 2009

Amy Goodman (DEMOCRACY NOW!)

Manuel Zelaya, el presidente democráticamente electo de Honduras, está de regreso en su país tras haber sido derrocado por un golpe militar el 28 de junio. Zelaya apareció allí de forma inesperada el lunes por la mañana, anunciando su presencia en la capital, Tegucigalpa, desde la Embajada de Brasil, donde se refugió. Los hondureños comenzaron de inmediato a dirigirse a la embajada a mostrar su apoyo.

La valiente acción de Zelaya se produce en una semana muy importante, en la que los líderes mundiales se encuentran en Nueva York para participar de la Asamblea General de las Naciones Unidas, a la que le seguirá la reunión de presidentes y ministros de economía del G-20 en Pittsburgh. El gobierno de Obama podría verse obligado, finalmente, a sumarse a la opinión mundial de oponerse decisivamente al golpe.
Aún no queda claro cómo ingresó Zelaya a Honduras. Le dijo a la prensa el lunes: “Tuve que recorrer durante quince horas, unas veces caminando, otras veces marchando, en diferentes lugares, a medianoche, porque yo quería celebrar el cumpleaños de la patria con el pueblo hondureño.” Una fuente de la Embajada de Brasil dijo que es probable que se haya ocultado en el baúl de un auto, atravesando hasta 20 puestos de control en forma exitosa.
Cerca de la madrugada del martes, los seguidores que desobedecieron el toque de queda impuesto por el gobierno y que se encontraban frente a la Embajada de Brasil fueron dispersados en forma violenta con gases lacrimógenos y cañones lanza agua. Se cortaron los servicios de electricidad, las líneas telefónicas y el agua de la embajada, y las fuerzas armadas hondureñas pusieron un camión con altoparlantes allí, con el himno nacional hondureño a todo volumen. El lunes, la Organización de Estados Americanos (OEA) reiteró su reclamo por “la firma inmediata del Acuerdo de San José”, el acuerdo negociado por el Presidente de Costa Rica Oscar Arias, que reclama el regreso de Zelaya como presidente, con miembros del régimen golpista dentro del gobierno y amnistía para todos los que participaron en el golpe. Zelaya estuvo de acuerdo con los términos propuestos, pero el presidente del régimen golpista, Roberto Micheletti, los rechazó.
Luego del golpe del 28 de junio, la OEA suspendió de inmediato a Honduras del sistema de derechos de la OEA y solicitó la restitución inmediata de Zelaya. El 30 de junio, la Asamblea General de la ONU emitió un pedido unánime para “el reestablecimiento inmediato e incondicional de Zelaya en el poder”.
De modo similar, la Unión de Naciones Sudamericanas, UNASUR, en su cumbre en Quito, Ecuador, denunció formalmente el golpe. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA viajó a Honduras a fines de agosto e informó que las manifestaciones a favor de Zelaya “fueron interrumpidas por las fuerzas de seguridad pública, tanto la policía como las fuerzas armadas, provocando muertes, casos de tortura y maltrato, cientos de heridos y miles de detenciones arbitrarias”.
El 29 de junio, el Presidente Barack Obama dijo claramente: “El Presidente Zelaya fue electo democráticamente. Aún no había cumplido su mandato. Creemos que el golpe no fue legal y que el Presidente Zelaya continúa siendo el presidente de Honduras, el presidente electo democráticamente allí”. Pero las subsiguientes acciones -o la inacción- de Obama y de la Secretaria de Estado Hillary Clinton enviaron señales confusas. Mientras Obama utilizó en un principio la palabra golpe, los pronunciamientos oficiales sobre el tema evitaron el término, que, de ser utilizado, provocaría la suspensión obligatoria de la ayuda extranjera. En cambio, el gobierno de Obama desplegó una estrategia de castigo selectivo al régimen golpista, rescindiendo las visas a Micheletti y a otras figuras clave del golpe, y deteniendo el envío de la suma relativamente simbólica de 30 millones de dólares en ayuda.
La Secretaria de Estado, Clinton, dijo el lunes en una reunión con el presidente de Costa Rica, Oscar Arias: “Es imperativo que comience el diálogo, que haya un canal de comunicación entre el Presidente Zelaya y el régimen de facto en Honduras. Y también es imperativo que el regreso del Presidente Zelaya no provoque ningún conflicto ni violencia, sino que todos actúen en forma pacífica para tratar de hallar los puntos en común”. Las Naciones Unidas probablemente tomen medidas esta semana en apoyo a Zelaya. Zelaya dijo el martes desde la Embajada de Brasil en Tegucigalpa acerca de lo que espera ahora de Estados Unidos: “Que hagan respetar la Carta Democrática de la OEA. Que se convoque de manera urgente al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y que se preparen para actuar con todas las actividades comerciales y económicas para hacer que esta dictadura entienda el mensaje”.
Está previsto que el Presidente Obama presida una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU, siendo esta la primera vez que un Presidente de Estados Unidos preside la sesión. Costa Rica actualmente tiene un lugar en el Consejo de Seguridad, y podría, en teoría, plantear el tema de Honduras. Luego en Pittsburgh, donde se reúne el G-20 para evaluar y actuar sobre la crisis financiera mundial, el apoyo de Brasil a Zelaya podría ser un factor clave. Brasil, uno de los miembros del G-20, es por lejos la mayor economía de América del Sur y es un aliado y socio comercial clave de Estados Unidos. Con los gases lacrimógenos flotando en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa y un posible ataque armado contra la embajada por parte del régimen golpista para arrestar a Zelaya, esta semana Obama y Clinton finalmente podrían verse obligados a ayudar al pueblo hondureño a revertir el golpe.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna

Cuba: Reflexiones del compañero Fidel. Allí se engendra una revolución.

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viernes 25 de septiembre de 2009


El pasado 16 de julio dije textualmente que el golpe de Estado en Honduras “fue concebido y organizado por personajes inescrupulosos de la extrema derecha, que eran funcionarios de confianza de George W. Bush y habían sido promovidos por él”.

Cité los nombres de Hugo Llorens, Robert Blau, Stephen McFarland y Robert Callahan, embajadores yankis en Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, nombrados por Bush los meses de julio y agosto de 2008 y que los cuatro seguían la línea de John Negroponte y Otto Reich, de tenebrosa historia.
Señalé la base yanki de Soto Cano como punto de apoyo principal del golpe de Estado y que “la idea de una iniciativa de paz a partír de Costa Rica fue transmitida al Presidente de ese país desde el Departamento de Estado cuando Obama estaba en Moscú y declaraba, en una universidad rusa, que el único Presidente de Honduras era Manuel Zelaya”. Añadí que “con la reunión de Costa Rica se cuestionaba la autoridad de la ONU, la OEA y demás instituciones que comprometieron su apoyo al pueblo de Honduras y lo único correcto era demandar del Gobierno de Estados Unidos el cese de su intervención en Honduras y retirar de ese país la Fuerza de Tarea Conjunta.”
La respuesta de Estados Unidos, tras el golpe de Estado en ese país de Centroamérica, ha sido pactar con el Gobierno de Colombia un acuerdo para crear siete bases militares, como la de Soto Cano, en ese hermano país, que amenazan a Venezuela, Brasil y todos los demás pueblos de Suramérica.
En un momento crítico, cuando se discute en una reunión cumbre de Jefes de Estado en Naciones Unidas la tragedia del cambio climático y la crisis económica internacional, los golpistas en Honduras amenazan con violar la inmunidad de la Embajada de Brasil, donde se encuentra el presidente Manuel Zelaya, su familia y un grupo de sus seguidores que fueron obligados a protegerse en ese recinto.
Está probado que el gobierno de Brasil no tuvo absolutamente nada que ver con la situación que allí se ha creado.
Es por tanto inadmisible, más aún inconcebible, que la Embajada brasileña sea asaltada por el gobierno fascista, a no ser que pretenda instrumentar su propio suicidio, arrastrando el país a una intervención directa de fuerzas extranjeras como ocurrió en Haití, lo que significaría la intervención de tropas yankis bajo la bandera de Naciones Unidas. Honduras no es un país lejano y aislado en el Caribe. Una intervención de fuerzas extranjeras en Honduras desataría un conflicto en Centroamérica y crearía un caos político en toda América Latina.
La heroica lucha del pueblo hondureño, después de casi 90 días de incesante batallar, ha puesto en crisis al gobierno fascista y pro yanki que reprime a hombres y mujeres desarmados.
Hemos visto surgir una nueva conciencia en el pueblo hondureño. Toda una legión de luchadores sociales se ha curtido en esa batalla. Zelaya cumplió su promesa de regresar. Tiene derecho a que se le restablezca en el Gobierno y presidir las elecciones. De los combativos movimientos sociales están destacándose nuevos y admirables cuadros, capaces de conducir a ese pueblo por los difíciles caminos que les espera a los pueblos de Nuestra América. Allí se engendra una Revolución.
La Asamblea de Naciones Unidas puede ser histórica en dependencia de sus aciertos o errores.
Los líderes mundiales han expuesto temas de gran interés y complejidad. Ellos reflejaron la magnitud de las tareas que la humanidad tiene por delante y cuán escaso es el tiempo disponible.
Fidel Castro Ruz
Septiembre 24 de 2009

1 y 23 p.m.

La geo-política colombo-venezolana. ARGENPRESS. Alberto Pinzón.

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viernes 25 de septiembre de 2009

Alberto Pinzón Sánchez (especial para ARGENPRESS.info)

“Si no puedes resolver un problema, agrándalo” solía decir Churchil, el león (no sólo en el símbolo sino en la cara) del despiadado y chupasangre Imperio Inglés. Y eso es lo que actualmente estamos observando: el aumento de las tensiones en la llamada, por la ciencia Geo-política Imperial, “la región andina”.

En el 2003, tras el horror de la invasión a Irak del Imperialismo anglo- norteamericano (sangre por petróleo de los genocidas Bush, Blair y Aznar), se publicó en España la traducción de un libro publicado dos años antes (2001) en Nueva York, titulado “Guerras por los Recursos, el futuro escenario del conflicto Global” (1), escrito por “Michael T Klare, experto en Seguridad Internacional e influyente analista en temas de Defensa Nacional y director del program Peace and World Security Studies en Amherst, Massachussetts”, según dice la descripción que adorna la foto del profesor en la solapa del libro; reflejo florido, pleno y descarnado de la ciencia Geo-política Imperial, que no dudo en recomendar a quienes deseen acercarse al cómo funcionan los conceptos empíricos dentro de la lógica de la depredación Imperialista actual.
Después de explicar con algún detalle la verdad ya sabida (hoy confirmada hasta la saciedad por la Gran Crisis Global actual y la quiebra de la insignia Imperial norteamericana GM general motor), sobre cómo el petróleo y el gas natural han devenido a lo largo del ultimo siglo en el factor fundamental, y esencial para el funcionamiento de la industria capitalista desarrollada y la movilidad, o flujo de las mercancías y sin los cuales vendría el colapso de la civilización Occidental presente; aclara porqué el gobierno de EEUU se ha auto-designado ante la Humanidad, “Garante único” e incondicional de que estos recursos críticos estén asegurados (diplomática y militarmente), fluyan y lleguen hasta su destino final: la industria y el transporte de los países desarrollados, sin ninguna otra consideración para sus actuaciones político militares.
Parodiando a Immanuel Wallerstein en sus ensayos sobre Geo-política y Geo-cultura (2) publicados a raíz de la caída del muro de Berlín en 1989: es algo así como la Hegemonía Imperial de los EEUU como superestructura, basada o sustentada en el hecho económico del dominio y control del petróleo mundial, y estirando la comparación hasta el conflicto actual entre Colombia, Venezuela, Ecuador y Nicaragua: El Cipayismo del gobierno colombiano como superestructura, sobre la base económica del petróleo.
En el 2001 el profesor Klare, describe en el mundo 3 hervideros conflictivos, o regiones Geo-estratégicas donde el petróleo y el gas natural constituyen lugares de “búsqueda competitiva de su abastecimiento” y hay confrontación militar: 1- El golfo pérsico con sus estrechos 2- El mar Caspio y 3- El mar meridional de la China con sus pasos marítimos. Todos ubicados en regiones donde confluyen y limitan varios países que reclaman la soberanía territorial sobre el mismo recurso. Extrañamente el profesor, a pesar de que el Plan Colombia/Andino llevaba ya varios años de ejecución, NO menciona como región Geo-estratégica el golfo de Maracaibo con su estrecho, ni la bolsa del Putumayo o de las 5 fronteras en Suramérica, que ahora han saltado a la actualidad con el conflicto magnificado del gobierno colombiano con sus vecinos limítrofes de Venezuela, Ecuador, e indirectamente con Nicaragua por el mar territorial en el golfo de los Misquitos donde también existe una bolsa de crudo.
El profesor aclara que ahora (después de la guerra fría), ya no será una guerra mundial entre grandes potencias desarrolladas y enemigas, por el control exclusivo del recurso como lo fueron las dos terribles guerras inter-imperialistas mundiales del Siglo 20. Sino que será una “muy dura” competencia económica de compañías multinacionales (de múltiples países desarrollados imbricados y a veces hostiles), para garantizar que el país propietario del recurso (generalmente subdesarrollado, del tercer mundo y con escaso armamento), les entregue sus bolsas (de petróleo obviamente) en las mejores condiciones posibles.
Dice así el profesor Klare en la página 50 de su libro: “Finalmente, la frecuencia y el carácter del enfrentamiento bélico dependerán de la importancia relativa y la interacción de 3 factores claves: 1) el entorno político y estratégico en que se tomen las decisiones sobre temas de recursos, 2) la relación futura entre la demanda y la oferta, y 3) la geografía de la producción y la distribución del crudo”. Advertencia obvia que pocos pudimos leer a tiempo.
Con todo, llama la atención que el profesor Klare en el último capitulo de su libro titulado “la nueva geografía del conflicto” (página264) haya escrito en el 2001 lo siguiente como una premonición Geo-política irremediable, repetida incansablemente desde entonces como una noria sin-fin:
…“En el hemisferio occidental, esa franja incorporará la vasta extensión verde de la cuenca del Amazonas y una importante mancha negra que corresponde a Colombia y Venezuela. Para dentro de los próximos años, estos dos países se vislumbran muy expuestos a conflictos y agitaciones políticas por los recursos. Aunque los dos tienen sus tradiciones de Gobierno democrático, también las tiene de violencia política endémica. Venezuela parece encaminarse hacia un régimen de tipo pretoriano bajo el presidente Hugo Chávez ex paracaidista que protagonizó un golpe militar fracasado en 1992. Mientras tanto, Colombia está desgarrada por los desmanes del narcotráfico y por una larga guerra de guerrillas. Los dos países abastecen además de grandes cantidades de petróleo a EEUU. No es de extrañar, por tanto, que Washington empiece a fijarse en la evolución política de ambos. En el caso de Colombia, le suministra ya importantes volúmenes de armamento y ayuda militar. Teóricamente esa ayuda norteamericana debe servir para que las autoridades colombianas luchen contra los narcotraficantes. Pero es probable que se asimismo para operaciones del ejército contra los grupos guerrilleros que sabotean habitualmente los oleoductos del país. También el Amazonas seguirá siendo escenario de conflictos relacionados con los recursos”.
Las decisiones de cuando, como, y donde se dará el enfrentamiento bélico, no serán tomadas ni en Bogotá, Caracas o Quito. Saldrán de Washington. Eso lo ha dejado claro el profesor Klare, sin embargo, cada vez que oigo o leo la palabra Geo-política, no puedo resistir el impulso que me lleva a desenfundar mi estilográfica, porque entre otras, me acuerdo inmediatamente de la definición que le hicieron los asesores Nazis al burro ladrón y asesino de Pinochet, y que dice así:
“La Geopolítica es una rama de las ciencias políticas que, basada en los conocimientos geográficos, históricos, sociológicos, económicos, estratégicos y políticos; pasados y presentes, estudia en conjunto la vida y desarrollo de una masa humana organizada en un espacio terrestre, analizando sus múltiples y recíprocas influencias (sangre, suelo) para deducir sus objetivos y estudiar sus proyecciones, con el fin de lograr en el futuro un mayor bienestar y felicidad en el pueblo” (3). ¿No cierto que frente a esta maravilla de la inteligencia humana, nadie se puede abstener?
Notas:
1) Klare T Michael. Guerras por los recursos. El futuro escenario del conflicto Global. Editorial Urano Tendencias. España. 2003
2) Wallerstein Immanuel. Geopolítica y Geocultura. Ensayos sobre el moderno sistema mundial. Editorial Kairós. Barcelona. 2007.

3) Pinochet Ugarte, Augusto. Geopolítica. Barcelona Empresa Industrial Gráfica. Santiago, Chile. 1992 pág. 52

La lucha de clases en el contexto latinoamericano actual

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viernes 25 de septiembre de 2009

Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)

A la luz de los diversos acontecimientos históricos suscitados en nuestra América desde las últimas dos décadas del siglo XX, planteándose una toma de conciencia generalizada que da cuenta inmediata de un profundo anhelo de liberación que se hace colectivo en todas nuestras naciones y presagia cambios radicales aún por definirse y por concretarse; es pertinente afirmar que la lucha de clases -como parte intrínseca del materialismo histórico- adquiere unos rasgos y unas connotaciones que no fueron anticipados por sus grandes teóricos (salvo el episodio de José Carlos Mariátegui y, más tarde, del Che Guevara), víctimas del eurocentrismo que impregnó sobremanera a la intelectualidad de antes y de ahora, el cual reservara a los países periféricos de África, Asia y América el simple rol de proveedores de materias primas, sin incidencia aparente en el desarrollo histórico de la humanidad, al mismo tiempo que de su emancipación futura y definitiva. Hoy, somos partícipes y testigos de fenómenos históricos que apuntalan el deseo de espacios de autonomía comunal, de independencia política y de afirmación y reproducción cultural de los pueblos, en un largo y accidentado proceso de luchas que incluye guerrillas (de viejo y nuevo formato, como las protagonizadas por las FARC y el ELN en Colombia, por un aparte, y el EZLN al sur de México, por la otra), elecciones (recordemos a Salvador Allende en Chile) e intentos de golpes de Estado, fuera del fascismo clásico, como los escenificados en Venezuela el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. Todos, dirigidos a causar un cambio sustancial en las relaciones de dominación y de producción que privilegie y reivindique a las clases populares en medio de la vorágine del capitalismo neoliberal y el despliegue del poderío militar del imperialismo gringo y la aplicación de su doctrina de guerra preventiva.
No obstante, hay que acusar la ausencia política de los trabajadores, lo cual tiende a imponer un tipo de democracia sin contenido clasista, confundiendo la lucha anticapitalista con un simple mejoramiento de las condiciones laborales y dándole un “rostro humano” al capitalismo, algo que causa el desarme político y moral de las conciencias revolucionarias de las masas explotadas cuando debieran adentrarse en su comprensión para trascenderlo mediante el socialismo. En tal dirección, como lo expresa Cristina Camusso, “la propuesta de humanizar el capitalismo y el intento de avanzar al socialismo por medio de reformas, desemboca, como lo ha demostrado la historia, en fracaso y abriendo la compuerta a la derecha. Distante de la postura que reafirma la idea de que es posible alcanzar un nuevo nivel de vida de la población, desarrollo y crecimiento en el marco del capitalismo, es el proceso complejo y caótico de la transición, que implica el combate entre la permanencia de mecanismos capitalistas, con la perspectiva de la socialización de los medios de producción, la cultura y la política”. Bajo esta perspectiva, la lucha de clases adquiere un sentido más amplio y no solamente economicista, algo que le otorga una mayor trascendencia a la alternativa del socialismo, como lo demuestra el auge de masas heterogéneo que tiene por escenario a nuestra América donde movimientos indígenas, campesinos, urbanos, ecologistas, feministas, culturales y estudiantiles, entre otros, se han encargado de remozar y de mantener viva su llama.

Aún así, la lucha de clases provoca escozor y temor entre no pocos. Algunos, porque comprenden que ello atenta contra el sistema de dominación que -desde siempre- les ha favorecido pródigamente. Otros, por simple reflejo condicionado, obedeciendo a la ideología de ese mismo sistema, avalando los valores que lo sostienen. Lo que se requiere, entonces, es llevar la lucha de clases al plano ideológico y cultural, lo cual ha de conducir a una transformación de las conciencias (incluyendo lo espiritual) que haga posible -en algún momento- el surgimiento de nuevos actores sociales y políticos revolucionarios que, combinando sus acciones en pie de igualdad, le disputen la hegemonía a quienes usufructúan el poder, ocasionando, en consecuencia, una sacudida a la pirámide social. De este modo, la lucha de clases definirá los alcances, dimensiones y repercusiones del socialismo, más profundamente de lo que pudo pensarse en el pasado-.

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