Sandino, pensador y luchador contra todo dominio interno o externo.

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sábado 27 de febrero de 2010

Ponencia presentada en la XI Cátedra Bolívar, Martí y Sandino, “Pensadores Emancipadores de Nuestra América” realizada en la Habana, Cuba, los días 08 y 09 de febrero de 2010.
Manuel Moncada Fonseca / Rebelión
(Fotografía: al centro, Augusto C. Sandino; junto a él, en orden usual, sus comandantes: Francisco Estrada, Santos López, Juan Pablo Umanzor y Sócrates Sandino)
La derecha criolla declara que Sandino es, a secas, de todos los y las nicaragüenses. No tenemos nada que objetar a semejante aseveración, salvo el hecho de que el Padre de la Nación para todos y todas; el inspirador de la creación del FSLN en 1961 y de la Revolución Sandinista que triunfa el 19 de julio de 1979 y se mantiene hasta nuestros días cada vez más fuerte, no tiene nada que ver con los oligarcas, opresores y traidores a la causa libertaria del pueblo nicaragüense. En consecuencia, Sandino no es de los y las nicaragüenses sin excepción. Por el contrario, es de los que aman sin reservas a la nación entendida como pueblo, como mayorías, como marginados y oprimidos. Es del pueblo, de nadie más. Cualquier otra versión de las cosas relativas al héroe representa una flagrante deformación de su gesta que debe ser invariablemente rechazada. Examinaremos a continuación sus propios escritos para darle soporte a nuestros planteos.
I. Inteligencia, sensibilidad y entrega total a la lucha
Sólo un ser sensible, inquieto ante lo que ocurre a su alrededor y en todo el planeta con los pueblos en su totalidad, puede sentirse constantemente desilusionado ante lo que observa allí donde llega, en cualquier país donde se encuentre.
Sólo una persona así, con auténtica fibra humanista, puede apreciar que los hombres “… de gran mentalidad, se ensoberbecen con frecuencia”, olvidándose de su condición de mortales al “traficar con la justicia y con la carne humana”; sólo un ser así, como él, puede comprender cómo “las buenas doctrinas son menospreciadas por hombres sin escrúpulos”, en función de alcanzar prebendas. Sólo alguien capaz de indignarse por completo ante las injusticias sociales, puede tener la conciencia plena necesaria para moverse en contra de la inacción y la indiferencia ante semejante orden de cosas. (1: 69-70)
Más aún, sólo una persona sensible y de mente amplia puede tener la certeza de lo imprescindible que resulta guiarse siempre por las circunstancias históricas y no por subjetivismos de una u otra índole. Sólo alguien por entero comprometido con la justicia popular puede contar con la más firme determinación para luchar hasta el final por esa causa. En las décadas del veinte y del treinta del siglo XX, entre los nicaragüenses, Sandino reúne, más que ningún otro, todos esos atributos, inteligencia, sensibilidad, determinación para luchar hasta el fin y necesidad constante de escudriñar cotidianamente la realidad impuesta a los pueblos del continente americano, en particular, al nicaragüense. Por eso, el héroe refiere que, en México, junto a un grupo de espiritualistas, “día a día”, comenta “la sumisión de nuestros pueblos […] ante el avance hipócrita o por la fuerza del asesino imperio yanqui.” (1:79)
Sólo alguien con sensibilidad, gran inteligencia, resolución y permanentemente inquieto puede aprender rápido a conocer al enemigo de clase; a desentrañar su verdadera faz. Por ello, Sandino expresa que colocado ya en el teatro de los acontecimientos; esto es, incorporado en las filas de la Guerra Constitucionalista de 1926-1927, durante la cual crea su propia columna (la Segoviana), se encuentra “con que […] conservadores y liberales, son una bola de cobardes, canallas y traidores”, incapaces de “dirigir a un pueblo patriota y valeroso” como el nicaragüense.

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Puerto Rico: Mi izquierda duerme

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sábado 27 de febrero de 2010

La izquierda ha demostrado una incapacidad pasmosa para estar a la altura del reto histórico lanzado en agosto de 2005 por Filiberto Ojeda Ríos: ante el evidente colapso del sistema colonial-capitalista vigente y el declive evidente de los dos principales partidos que le han apuntalado, transformar la independencia en una opción alternativa pertinente y viable.
Carlos Rivera Lugo / Semanario Claridad
La izquierda en Puerto Rico duerme el sueño de los justos. Parece bastarle soñar con el futuro alternativo deseado, mientras que despierta se reduce a la protesta, siendo incapaz de transitar hacia la articulación de una propuesta de cambio para el país. Menos aún parece capaz de la suma de fuerzas que permita, como en otros contextos de Nuestra América, emprender la construcción de lo que supere el estado de cosas actual.
Proliferan a granel las arbitrariedades y abusos del actual gobierno colonial, sin respuesta eficaz de parte de la oposición, sea del centro o de la izquierda. La izquierda, sea independentista, socialista, sindicalista o de ese amplio movimiento de movimientos que reivindica “ese otro mundo posible”, se ha limitado a cavar sus respectivas trincheras para resistir el embiste clasista y autoritario de las políticas gubernamentales. Y allí se ha empantanado, reproduciendo la misma cultura política sectaria que la marginaliza cada vez más como alternativa real en las presentes circunstancias.
De esa manera, la izquierda ha demostrado una incapacidad pasmosa para estar a la altura del reto histórico lanzado en agosto de 2005 por Filiberto Ojeda Ríos: ante el evidente colapso del sistema colonial-capitalista vigente y el declive evidente de los dos principales partidos que le han apuntalado, transformar la independencia en una opción alternativa pertinente y viable. Puntualizó el líder independentista poco antes de ser asesinado por los agentes policiales estadounidenses que la independencia es hoy mucho más que un mero derecho: constituye una apremiante necesidad. Sin embargo, advertía, para ello los independentistas tienen que forjar una capacidad de decisión y convocatoria propia, si no iban a seguir andando tras la cola del reformismo autonomista.
Fue José Luis González quien allá para la década del setenta tuvo la osadía de sugerir que tal vez, incapaces de producir un proyecto propio con suficiente capacidad de ejecución, el destino de los independentistas era ayudar a los autonomistas a concretar el suyo, ante la misma incapacidad de éstos para hacerlo por su cuenta. Según el controvertible juicio del reconocido escritor puertorriqueño, estábamos ambos, independentistas y autonomistas, condenados a concurrir en torno a la articulación de un proyecto de soberanía que ninguno por sí sólo era capaz de plasmar.
De ahí que en 1978, el entonces líder socialista Juan Mari Brás propuso una convergencia histórica entre ambas fuerzas, hasta entonces encontradas, para producir el vuelco en la situación de fuerzas al interior del país que permitiese no sólo aislar al creciente anexionismo, sino destrancar el proceso de descolonización de la Isla. Y a pesar de la importante incorporación de los autonomistas a los reclamos descolonizadores llevados ante la ONU, cuando se trata de confrontar cara a cara a las estructuras de poder en Wáshington con iguales reivindicaciones de traspaso de poderes soberanos, éstos reincidieron en el notorio miedo muñocista. Así lo demostró, por ejemplo, el entonces gobernador Rafael Hernández Colón cuando en 1989, ante un interrogatorio congresional, confesó patéticamente que no le interesaba la soberanía para Puerto Rico y que ésta podía seguir, como hasta ahora, en manos de Estados Unidos.
A éste le siguió Victoria “Melo” Muñoz, quien malgastó el impresionante capital político que generó al comienzo de su ascenso, incluso entre independentistas. Igualmente timorata como su padre, fue incapaz de entender la oportunidad que tenía de representar un proyecto de renovación que incluyese, entre otras cosas, la soberanía política. Prefirió abroquelarse en el proyecto ideológico y económico-político ya agotado de Muñoz Marín. Su derrota electoral fue tan sólo la confirmación de una muerte política anunciada.
Con Rafael “Churumba” Cordero y José Aponte de la Torre, surge un nuevo liderato local y regional que intenta articular un proyecto de autosostenibilidad económica, acompañado de la soberanía necesaria para éste. Su participación en la lucha contra la Marina de Guerra de Estados Unidos en Vieques, entre otras campañas y movilizaciones, fue vinculando a los autonomistas a causas concretas de afirmación nacional. A su vez va despuntando un joven liderato en torno a figuras como Charlie Hernández, Luis Vega y Néstor Duprey, entre otros, que empiezan a fabricar los fundamentos para una nueva vía soberanista al interior del autonomismo.
Aníbal Acevedo Vilá, hasta entonces un autonomista conservador, pretendió montarse en ese barco y encabezar dichos esfuerzos. Sin embargo, sus coqueteos con la soberanía eventualmente se redujeron a un mero juego de palabras, el típico artilugio ideológico de los colonialistas que donde dicen una cosa realmente afirman otra. Incapaz de garantizar su reelección a partir de las acusaciones federales en su contra y ante la inconformidad generalizada por el desastre que resultó su administración gubernamental, esencialmente buscaba el voto de los independentistas a cambio de una promesa de convocatoria a una Asamblea Constitucional de Status.
Luego de su aplastante derrota electoral del 2008, los nuevos administradores del PPD, encabezados por Héctor Ferrer, han renegado de cualquier interés en la soberanía política del pueblo de Puerto Rico. Han pretendido erigir el oportunismo electorero en virtud y la administración de la colonia en su exclusivo objetivo. Incluso, han iniciado una cacería de brujas para excluir del PPD, por independentista, a todo miembro de éste que crea en la soberanía.
Es en este contexto, de incapacitación general de la oposición, sea de izquierda o de centro, que se inserta el pronunciamiento del lunes pasado del alcalde de Caguas William Miranda Marín a favor de la soberanía como “herramienta indispensable para construir el proyecto colectivo de un pueblo”. El ELA ya se agotó para esos fines, aseguró, para añadir que hacía falta una ruptura: “Una ruptura que haga posible crear las condiciones políticas que viabilicen un nuevo proyecto de país”.
Los detractores, representantes de ese yermo pasado colonial, rápidamente han querido salirle al paso. Entre éstos, el apocado pretendiente a líder autonomista, José Alfredo Hernández Mayoral, prácticamente invitó a Miranda Marín a unirse a los independentistas si la soberanía política es lo que busca.
Ahora bien, es justo reconocer que con todas sus limitaciones, Miranda Marín ha puesto sobre el tapete el proyecto de país por el que sectores significativos del país habían estado aguardando. De nuevo, el independentismo parece marchar a la cola de los acontecimientos o tal vez es que, desde sus cómodos nichos ideológicos y su manifiesta y persistente debilidad organizativa, ha dejado de representar, al igual que los autonomistas y los anexionistas, la fuerza histórica que requiere el momento para salvar al país.
Ante ello, voces influyentes del independentismo le dan la bienvenida a la propuesta soberanista de Miranda Marín. Entre éstas, incluso, se escuchan aquellos que abrigan hasta la esperanza de que el Partido Popular pueda constituir eventualmente el vehículo para la agenda “rupturista” anunciada.
Me parece estar escuchando la advertencia de Filiberto Ojeda Ríos: Los independentistas no estamos para salvarle el pellejo político a los responsables de haber hundido al pueblo de Puerto Rico en su actual infortunio. Está próximo a producirse lo que siempre temíamos a partir de la admonición anterior: si frente a los retos de la crisis actual el independentismo no superaba su incapacitante tribalismo e infantilismo ideológico, para transformarse en un amplio movimiento representativo de todo un país, de toda una nación, más temprano que tarde el vacío sería llenado por una propuesta, menos audaz y radical, que le diese aire nuevamente al autonomismo y pudiese tal vez desembocar en el remozamiento del orden de cosas actual.
Claro está, si hay algo que aprender de ciertas experiencias políticas recientes a través de Nuestra América, potenciadas por una confluencia de centro-izquierda, es que éstas sólo fueron posible a partir de un renacer de la izquierda más allá de sí misma. ¿Será que somos menos que esas izquierdas que han conseguido socializarse, salir de sus estrechos límites políticos, constituir alianzas maduras y potenciar, desde las bases mismas de sus respectivas sociedades, un nuevo bloque hegemónico de fuerzas que le ha ganado la confianza de grandes mayorías? De paso, han conseguido erigirse en opciones viables de poder comprometidas con darles a sus respectivos pueblos una gobernabilidad nueva centrada en el bien común.
A esa ruptura definitivamente me apunto.

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Bolivia: tres revoluciones

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sábado 27 de febrero de 2010

Dos casos recientes ilustran las dificultades que derivan del pasado. El primero es del intelectual aymara y ex ministro Félix Patzi, hasta hace poco candidato nada menos que a gobernador de La Paz y que acaba de pasar a la oposición y de intentar formar su propio partido campesino sobre bases racistas (habla de que los ministros blancos lo persiguen). El otro es el de la negativa del Estado Mayor de las fuerzas armadas a proporcionar a la justicia los documentos sobre la dictadura y las desapariciones y torturas.
Guillermo Almeyra / LA JORNADA
Bolivia está llevando a cabo tres revoluciones simultáneas: una, democrática, descolonizadora, modernizadora; otra, cultural, eliminadora del atraso y la barbarie impuestos por el pasado de explotación y sumisión, y la tercera, social, de contenido anticapitalista objetivo. Evo Morales y su gobierno conducen las dos primeras con gran vigor y decisión, pero las formas y el contenido de la tercera están todavía indefinidos.
Dos casos recientes ilustran las dificultades que derivan del pasado. El primero es del intelectual aymara y ex ministro Félix Patzi, hasta hace poco candidato nada menos que a gobernador de La Paz y que acaba de pasar a la oposición y de intentar formar su propio partido campesino sobre bases racistas (habla de que los ministros blancos lo persiguen). El otro es el de la negativa del Estado Mayor de las fuerzas armadas a proporcionar a la justicia los documentos sobre la dictadura y las desapariciones y torturas. Analicémoslos un poco.
El gobierno, por la vía legal, había declarado que conducir en estado de ebriedad constituía un delito punible con cárcel, como en cualquier país civilizado. El sindicato de choferes de autobuses declaró un paro de 48 horas para revocar esa medida, defendiendo obviamente el derecho a conducir borracho y, además, Patzi fue pillado conduciendo alcoholizado y Evo Morales, de inmediato, así como el MAS, su partido, lo eliminaron automáticamente como candidato a gobernador de la principal ciudad boliviana, a pesar de su popularidad y su apoyo organizado.
Patzi, para colmo, primero mintió al tratar de explicar su borrachera pues dijo que venía de un inexistente velorio de una prima. O sea, opuso los usos y costumbres (en los velorios todos beben) a la ley estatal y, después, para colmo, se fue a su zona natal para que su comunidad le aplicase un castigo (hacer mil ladrillos de adobe en tres días). La imposibilidad material de cumplirlo en ese corto lapso (reducido además por entrevistas y reuniones) constituía por sí misma otra mentira evidente y, una vez más, un intento de oponer los usos y costumbres a la ley estatal (aunque, desde el punto de vista de aquéllos, correspondía que el castigo fuese establecido por la comunidad donde había cometido el delito, y no por su comunidad originaria).
La ley de la República fue violada en nombre de la incorporación de los usos y costumbres a la Constitución pero pisoteando al mismo tiempo el precepto indígena oficial de no mentir, aprovechando que en Bolivia, como en muchos otros países, emborracharse es algo muy común y cosa de hombres, tanto que un sinónimo de beber es macharse. Las decisiones legales tendientes a fortalecer el Estado, por otra parte, chocaron además en este caso con el indigenismo racista de Patzi (y de sus seguidores atrasados que creen que los explotadores son sólo los k’aras, los blancos, cuando hay capitalistas aymaras) y con el nepotismo y el clientelismo del ex ministro durante su periodo de administrador público, así como con el corporativismo de la Federación Campesina de la Paz, que lo siguió acríticamente, y sobre el cual Patzi intenta construir su partido opositor.
En el caso del mando militar y de su oposición a la justicia actúan diversos factores ( como, por ejemplo, la influencia en los altos mandos de las fuerzas conservadoras y contrarrevolucionarias nacionales y extranjeras) pero predomina nuevamente el corporativismo. Los militares de hoy cubren a los dictadores y asesinos del pasado, porque perro no come perro y porque esperan que en el futuro se les brinde a ellos la misma solidaridad de casta.
Ahora bien, en un Estado moderno –y Morales quiere modernizar Bolivia– los militares están sometidos a las leyes y a los poderes estatales y no son un cuerpo que pueda funcionar en autogestión. Nuevamente, los intentos de sacar a Bolivia del atraso (la borrachera, el clientelismo, la corrupción, la arbitrariedad de los cuerpos separados) para imponer una Constitución, un estado de derecho y construir, por primera vez en su historia, un verdadero Estado capitalista, chocan con el espesor político-cultural del colonialismo y el precapitalismo. Y eso no se elimina en un par de años sino que requiere una larga revolución cultural. No basta, pues, con ganar el gobierno y con obtener un apoyo popular de 80 por ciento contra la reacción, si no se tiene realmente el poder y si ese apoyo masivo es mucho menor en casi todos los aspectos de la vida política y cotidiana, que, para bien y para mal, están muy marcadas por el pasado.
Aquí entra el problema de la tercera revolución, la anticapitalista, que figura en las aspiraciones de Evo Morales y Alvaro García Lineras pero no permea ni las medidas de su gobierno ni el accionar de su partido, el MAS. En primer lugar, éste es un pool de intereses corporativos, una alianza de organizaciones sindicales y sociales con sus burocracias respectivas, y no está en condiciones de orientar al gobierno. En segundo lugar, según las tradiciones nacionalista-desarrollista de la revolución de abril de 1952, el gobierno confía en el aparato estatal para industrializar el país y no en las capacidades de autogestión y construcción de una economía alternativa por parte de los obreros y campesinos. Depende, pues, como antaño, de una economía extractiva, exportadora y de la producción por el Estado de lo mismo que producían los capitalistas privados. Construye así el capitalismo de Estado e intenta crear un aparato burocrático para dirigirlo y utiliza el apoyo masivo como si fuera su infantería de choque, pero sin que los trabajadores discutan y decidan qué hacer en el territorio y qué con los recursos. Pero esto tampoco se consigue rápidamente y, además depende de los avances de la revolución cultural y de la situación económica internacional.

Mujica, ahora empieza el presente

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sábado 27 de febrero de 2010

Lucidez. Audacia. Sencillez. Realismo. Tantas lecciones de ese Uruguay que produjo a Mujica. La izquierda no es ni la utopía por venir ni el pasado guerrillero: es el presente contradictorio y complejo, eso que empieza este lunes en el Uruguay.

Juan Martín Cueva / El Telégrafo (Ecuador)
Recibió seis balazos en enfrentamientos armados en los duros setenta. Pasó quince años en la cárcel. Protagonizó dos fugas antes de ser amnistiado con el retorno a la democracia. Fue rehén de la dictadura cuando los militares amenazaban con ejecutarlo si los Tupamaros retomaban las acciones violentas. Fue diputado, ministro y senador. Este lunes asume la presidencia del Uruguay.
Después de los barbudos cubanos, el médico chileno y los muchachos nicaragüenses, parecía que este continente había agotado su capacidad de sorprender. En los noventa flotó a la deriva de los mitos neoliberales y con el nuevo milenio patea el tablero mundial. Después de un militar venezolano y un obrero brasileño, un indio boliviano, un economista ecuatoriano y un cura paraguayo, llega este campesino que fue guerrillero. Cuando en Chile asume el multimillonario de derecha, la izquierda se anota un porotazo al poner al Uruguay nuevamente en manos del Frente Amplio. Se anota, además, un tremendo triunfo al haber optado Tabaré Vázquez y Lula por la alternancia. (Deberíamos ir buscando una Dilma Rousseff o un Pepe Mujica en estas tierras, sería el mejor regalo que le podríamos hacer a la revolución ciudadana).
Mujica es un hombre rústico que ha sorprendido a más de uno a diestra y siniestra. Extraña que un tipo con ese currículum y ese perfil atípico seduzca a trabajadores y a inversionistas, a los postmodernos y los nostálgicos.
Miles de uruguayos le fueron a esperar en la cárcel, cuando salió: “Fue un abrazo fraternal interminable con todos. Aunque no puedo dejar de señalar que nunca dejé de ser libre. Puede sentirse como una monstruosidad, aparente, lo que voy a decir: le doy gracias a la vida por lo que he vivido. Si no hubiera pasado esos años de aprender el oficio de galopar para adentro, para no volverme loco de pensar, me hubiera perdido lo mejor de mí mismo. Me obligaron a remover mi suelo y por eso me hice mucho más socialista que antes”.
Impresiona su conciencia de necesidades esenciales como la crítica y el inconformismo para construir un cambio: “Queridos compañeros, critiquen, critiquen todo lo que quieran, pero no se sienten a criticar; vayan criticando en la medida que hacen, el que no hace no tiene derecho a criticar. Bienvenida la crítica de los que se comprometen, bienvenida la crítica de los que luchan. Malvenida la crítica de los cómodos, de los escépticos, de los que creen que no se puede cambiar nada. Estamos en una sociedad donde todos tendemos a ser un pequeño burgués, donde todos llevamos un consumista potencial adentro, no seamos tan jueces ni inflexibles con nuestros compatriotas y tengamos el coraje de ver nuestras propias debilidades. Si esta izquierda fracasa no viene una izquierda mejor, viene un derechazo que te hace retroceder décadas. Esta izquierda tiene sus defectos y sus carencias, pero esta izquierda es tu capital y es lo que pudimos conformar como sociedad y como pueblo a lo largo de muchas décadas”.
Lucidez. Audacia. Sencillez. Realismo. Tantas lecciones de ese Uruguay que produjo a Mujica. La izquierda no es ni la utopía por venir ni el pasado guerrillero: es el presente contradictorio y complejo, eso que empieza este lunes en el Uruguay.

Brasil: Crece figura de candidata del Partido de los Trabajadores. CON NUESTRA AMÉRICA

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sábado 27 de febrero de 2010

Dilma Rousseff suma adhesiones en el país más influyente de América Latina de cara a los comicios de octubre. Deberá competir con el opositor José Serra que lidera los sondeos previos. Se dirime entre un estado social e inclusivo o la vuelta al neoliberalismo.
Luis Hernando Restrepo / Agencia Periodística del Mercosur

El próximo 3 de octubre de 2010 en Brasil se realizará una nueva elección presidencial, en donde el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva ya no podrá ser reelecto. Para estas elecciones, los candidatos que más chances tienen de llegar al Palacio de Planalto son Dilma Rousseff, candidata del Partido de los Trabajadores (PT) y Ministra de la Casa Civil de Brasil y José Serra, actual gobernador de Sao Paulo, al frente del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Según las últimas encuestas realizadas en Brasil por la Confederación Nacional del Transporte (CNT) para la primera vuelta, Serra cuenta con 33 por ciento de las intenciones de voto frente al 28 de la ministra de la Presidencia, Dilma Rousseff. En encuestas anteriores, durante noviembre del año pasado, Serra tenía el 31,8 por ciento de la intenciones de voto y Rousseff, el 21,7.
Estos informes demuestran el crecimiento de Rousseff en su camino hacia la presidencia. De seguir subiendo en las listas de las encuestas, estaría muy bien posicionada para las elecciones presidenciales y contaría con grandes posibilidades de continuar con las politicas progresistas de Lula en el país más importante en la región.
La prensa brasileña afirma que en el nordeste del país la popularidad de Rousseff, la candidata de Lula, fue mayor que la de Serra durante el paso de ambos por esta región del país sudamericano, ya que representa una de las zonas más pobres y en donde es ampliamente popular el actual presidente.
Serra y Rousseff son los más fuertes candidatos para lograr la próxima presidencia de Brasil, pero ¿quienes son y qué propuestas tienen?
Dilma Rousseff, ex integrante del movimiento de resistencia contra la Dictadura Brasileña de los años `60, es considerada la candidata firme del oficialismo para las elecciones de octubre. Para la ministra, es importante que Brasil continúe acelerando el crecimiento económico y el impulso a la industria, la agricultura y los servicios sociales en los sectores de la población menos favorecidos. La militante del PT nunca protagonizó una elección pero cuenta con el aval de Lula, con más del 70% de popularidad.
Por su parte José Serra es el gobernador del estado de Sao Pablo en Brasil. Miembro del mas importante partido opositor, es el principal postulado por el PSDB para las elecciones, siendo nombrado en su partido como “el candidato”. Es defensor del libre mercado y de implantar el neoliberalismo como parte fundamental de la economía brasileña, y es caracterizado por su poca simpatía por el estatus de unión del Mercosur. Serra, quien tiene experiencia en elecciones ya que perdió con al actual mandatario en el 2002, se mantiene como favorito para ganar las elecciones presidenciales de octubre próximo en Brasil, pero su ventaja sobre la posible candidata oficialista se ha reducido notablemente.
Con Rousseff en la presidencia, Brasil se afianzaría en su proceso de ser potencia regional, mantendría la política de la unión latinoaméricana, buscaría generar propuestas claves para la sociedad de la región y hacer frente ante la intervención de Estados Unidos en los asuntos propios de Centro y Sur América.
El candidato opositor, lleva una delantera en las encuestas, pero es de preveer que Rousseff mejore sus resultados después de hacer campaña con el popularísimo Lula y que así obtenga el apoyo de otros partidos de izquierdas más pequeños en caso de una segunda vuelta.
El mapa presidencial en Latinoamérica se agita constantemente. Por ahora, en Brasil se mueve a un ritmo tranquilo, hasta octubre, en donde la oposición y el oficialismo se van a enfrentar para suceder a Lula Da Silva en la presidencia.

La cuestión de Las Malvinas: La versión latinoamericana de la Doctrina Monroe. CON NUESTRA AMÉRICA

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sábado 27 de febrero de 2010

Esta cuestión en torno a Malvinas es la punta del iceberg de lo que en materia geoestratégica se puede esperar a corto plazo. Las potencias hegemónicas no van a ahorrar esfuerzos por asentarse en el Atlántico Sur –la zona actualmente más preciada del planeta, Patagonia Argentina incluida- a fin de servirse de sus recursos.
Diego Ghersi / Agencia Periodística del Mercosur
Lo más notable del apoyo latinoamericano que Argentina recibió en Cancún es el simple reconocimiento de que antes estas cosas no pasaban. No se decían.
Es que a nadie escapa que el saqueo del Atlántico Sur que Londres avala con firmeza es un asunto que excede el interés de Buenos Aires, en un contexto en el que los países al sur del Río Grande buscan diferenciarse a través de organizaciones suprarregionales propias, que entiendan en lo que consideran problemas que les son comunes.
No es casualidad que el respaldo a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner haya nacido desde el Grupo Río tan sólo un instante antes de que dicha Asamblea se dispusiera a tratar la creación de una Organización continental “tipo OEA” (Organización de Estados Americanos) pero sin Estados Unidos ni Canadá.
Paralelamente al consenso obtenido por la posición argentina, Estados Unidos, a través de declaraciones del vocero del Departamento de Estado, Philip Crowley, informó que adoptaba una posición “neutral” frente al problema de soberanía y que instaba al “diálogo” entre Londres y Buenos Aires.
No hay nada de TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) en las manifestaciones de Crowley. Tampoco hay nada de “están con nosotros o contra nosotros”. Sí hay oposición al espíritu de Cancún, que parece haber tomado como propia la ofensa causada por la incursión británica en aguas reclamadas por Argentina.
¿Qué hubiera pasado en 1962 si alguien se declaraba “neutral” al bloqueo de Cuba?
¿No hubo una guerra cuando el empresario argentino Constantino Davidoff intentó desensamblar una factoría en las Georgias durante 1982?
Llegados a esta instancia es necesario repetir –una vez más y hasta el hartazgo- por qué son importantes las Islas Malvinas y por qué Gran Bretaña se toma tantas molestias con ellas.
Hay tres causas fundamentales que explican el interés británico.
La primera es el carácter geoestratégico, fundado en el hecho de que el archipiélago custodia uno de los puntos de estrangulamiento de la navegación mundial: el Estrecho de Magallanes y el Pasaje de Drake. Porque si bien es cierto que el pasaje Atlántico –Pacífico puede ejecutarse a través del canal de Panamá, también es importante decir que ese paso no tiene las dimensiones que permitan el tránsito de una flota basada en portaaviones.
La segunda es la riqueza natural del área. No sólo es petróleo, también es biodiversidad marina y explotación de pesca.La tercera es la proyección antártica. Nadie quiere perderse el acceso a esa “Caja de Pandora” congelada por siglos. Pero para tener pretensiones sobre el continente blanco, al menos habría que estar mínimamente cerca en términos geográficos. Las Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur aportan ese requisito a Londres, al menos como para sentarse a la mesa de discusiones cuando llegue el momento.
Este último punto explica en parte las durísimas declaraciones hacia la posición británica del presidente brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva, estableciendo la necesidad de aclarar “la razón geográfica, política y económica por la cual Inglaterra está en Malvinas”. Otra vez, cometer la irrespetuosidad de pedir razones en ese tono a una potencia mundial; antes no se hacía.
La posición del presidente de Brasil corresponde a la de un estadista que ha asumido la totalidad de las obligaciones que hacen falta para poner a su nación como potencia regional y mundial.
Pero Lula no se quedó en la defensa de su socio menor y de Latinoamérica toda. También le exigió una explicación a Naciones Unidas (ONU) por no “haber tomado una decisión que dijera que no es posible que Argentina no se adueñe de Malvinas y que, por el contrario, lo haga un país que está a 14 mil kilómetros de distancia de las islas” y la crítica, que antes no se hacía, fue un cachetazo para una organización que hace rato que no sirve para nada.
El posicionamiento latinoamericano liderado por Brasil y la búsqueda de lo que se denominó “una OEA sin Estados Unidos y Canadá” no hace más que –usemos terminología argentina pura- “marcar la cancha” o, sin temor a aventurarse demasiado, colaborar a un deseo compartido por los gobiernos implicados de que “Latinoamérica sea para los latinoamericanos” y éstos se manifiesten en organismos que funcionen.
Para esto también Estados Unidos tuvo respuesta en la boca del el máximo responsable del Departamento de Estado para América Latina, Arturo Valenzuela, quién simplemente contestó con modo arrogante “¿Reemplazar a la Organización de Estados Americanos?”
El entuerto argentino-británico por Malvinas ha desatado algunas cuerdas que marcan que nuevos aires soplan en estos tiempos.
El gran logro es el paso adelante en el sentido de que los recursos naturales de Latinoamérica son de los latinoamericanos y no están sujetos a la depredación de empresas privadas, a cuyos deseos son funcionales gobiernos de otro hemisferio.
Sin embargo debe reconocerse que la maravillosa actitud de defender lo propio ha puesto a la región frente al desafío de sustentar los dichos con hechos concretos.
¿Qué hacer cuando quede claro que a los británicos les importa un soberano pepino Real los reclamos de un puñado de países no mayormente White-anglo/saxon-protestant?
Esta pregunta tiene múltiples respuestas que van desde acciones comerciales y políticas hasta la disuasión militar, y cuya resolución pondrá a prueba al espíritu de Cancún.
La maraña de intereses comerciales británicos en Latinoamérica es difícil de analizar en pocas líneas y se iría descubriendo con el correr del tiempo. Para darse una idea, ya circulan versiones de que la misma empresa que entiende en el canje de la deuda argentina estaría detrás de la petrolera británica que insiste en perforar el lecho marino malvinense.
Lo militar es algo más sencillo de explicar.
En principio, la matriz de pensamiento común hoy en Latinoamérica –exceptuemos Colombia- es de neto carácter no bélico. Aún así, el Poder de Combate Relativo entre Latinoamérica y la alianza Gran Bretaña- Estados Unidos es, sin dudas, desventajoso para los primeros. Eso sin siquiera contar el desequilibrio nuclear y la carencia de una organización latinoamericana que entienda las cuestiones de defensa –y todo lo que ello implica-, con perspectiva regional.
No es risible pensar en las armas atómicas en momentos en que es de dominio público que Inglaterra transportó al escenario bélico de 1982 el 65 por ciento de su arsenal nuclear y, obviamente, no para sacarlo de simple paseo. Es más, el HMS Sheffield -hundido por la Aviación Naval Argentina en pleno conflicto- se habría llevado a pique unas cuantas ojivas contaminantes al fondo del mar.
Por lo pronto, el diario inglés The Times anunció el 24 de febrero que un submarino nuclear había sido despachado a la zona de litigio. La noticia, obtenida desde el entorno del mismísimo Gordon Brown, confirma que a la hora de la guerra los “casacas rojas” van “a por todo” sin que les importe nada.
Un submarino nuclear desequilibra aún más la ecuación bélica del Atlántico Sur, ya descompensada por la Base malvinense de Mount Pleasant, impresionante complejo militar que concentra aviones Tornado y misiles Rapier de última generación.
En lo político, apuntar a la ineptitud que demuestra el actual diseño de la ONU –condenada en Cancún por Cristina Fernández de Kirchner y Lula Da Silva- tiende a forzar cambios que atentan contra la concepción del “yo tengo una pistola y ustedes no”, que parece ser la vara que mide las controversias internacionales en todo el orbe y que es sostenida por las grandes potencias que ocupan el Consejo de Seguridad del organismo.
Para finalizar, esta cuestión en torno a Malvinas es la punta del iceberg de lo que en materia geoestratégica se puede esperar a corto plazo. Las potencias hegemónicas no van a ahorrar esfuerzos por asentarse en el Atlántico Sur –la zona actualmente más preciada del planeta, Patagonia Argentina incluida- a fin de servirse de sus recursos.
A la complejidad del problema se suma el comportamiento de las oposiciones internas de cada país -en particular de Brasil y de Argentina- y del futuro –por muy poco- oficialismo chileno, representantes de una matriz tradicionalmente funcional al poder británico/estadounidense y anclada en la idea de que la unión de Latinoamérica sencillamente no existe, no es posible y jamás sucederá.
Pero esa es otra historia.

El bloque latinoamericano y caribeño. CON NUESTRA AMÉRICA

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sábado 27 de febrero de 2010

El bloque regional tiene muchos problemas y contradicciones internas que lo harán caminar lentamente. Nada de eso le impidió tomar cuerpo desde comienzos de los años 80 del siglo pasado, en una situación de mucho mayor peso y presencia de Estados Unidos, luego ampliarse y, ahora, comenzar a consolidarse. El tiempo largo hace su trabajo; lenta, pero inexorablemente, pulveriza el tiempo corto.
Raúl Zibechi / LA JORNADA
La creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños forma parte del viraje mundial y continental, caracterizado por el declive de la hegemonía estadunidense y el ascenso de un conjunto de bloques regionales que van dando forma a un nuevo equilibrio global. La creación de este organismo sin la presencia de Canadá y Estados Unidos, se venía gestando desde tiempo atrás, pero comienza a cobrar cuerpo meses después del notable fracaso de la OEA para resolver la crisis provocada por el golpe de Estado en Honduras, país que por el momento no forma parte del organismo en gestación.
La decisión, que se preparó durante los dos años anteriores impulsada por el presidente Lula, completa un largo proceso de autonomización de la región respecto de la superpotencia. Miremos atrás para observar el profundo cambio producido en la región. Desde su creación en 1948, la OEA respondió a los intereses de Washington. Cuando Cuba fue expulsada en 1962, ningún país votó en contra para evitarse problemas con Estados Unidos, aunque seis se abstuvieron, entre ellos Argentina, Brasil y México. En 1983, la creación del Grupo de Contadora (Colombia, México, Panamá y Venezuela) para buscar salidas a las guerras civiles centroamericanas, representa el primer intento por dotar a la región de voces que se aparten del coro impuesto por la Casa Blanca y el Pentágono. Fue la intervención del primer ministro sueco, Olof Palme, la que resultó decisiva para que se formara este grupo que se fue ampliando, pese al rechazo de Washington.
En 1990 el Grupo de Río sustituyó a Contadora (ya convertido en Grupo de los Ocho), con la incorporación de los países sudamericanos que hasta ese momento no lo integraban, más la Comunidad del Caribe y los países de Centroamérica. En 2008 adquirió su actual fisonomía con la incorporación de Guyana, Haití y Cuba, y en 2010 durante la celebración de su 21 reunión, la Cumbre de la Unidad en la Rivera Maya, dio el paso definitivo al generar la nueva Comunidad de Estados. Son dos décadas y media de lenta construcción que culmina un proceso iniciado cuando la ofensiva imperial contra Nicaragua, El Salvador y Guatemala parecía omnipotente, que cuaja cuando se vive una coyuntura nueva.
La Declaración de Cancún, suscrita por los 32 presidentes (con la única ausencia de Honduras), señala que el objetivo del nuevo organismo es profundizar la integración política, económica, social y cultural de nuestra región, defender el multilateralismo y pronunciarse sobre los grandes temas y acontecimientos de la agenda global.
En el apartado dedicado a crisis económica promueve la creación de una nueva arquitectura financiera regional o subregional, incluyendo la posibilidad de realizar pagos en monedas nacionales y evaluar la creación de una moneda común, así como la cooperación entre bancos nacionales y regionales de fomento. Un claro énfasis en la integración, sin establecer plazos, puede rastrearse en el espíritu del documento. Sin embargo, los dos aspectos centrales y los más concretos que firmaron los presidentes son los apartados dedicados a energía y a la integración física en infraestructura. Se propone enfrentar los desafíos energéticos promoviendo la expansión de fuentes de energía renovables y promoviendo el intercambio de experiencias y transferencia de tecnología sobre programas nacionales de biocombustibles, entre otros, para permitir a las economías más pequeñas y los países menos desarrollados alcanzar un acceso justo, equilibrado y constante a las diversas formas de energía.
Respecto de la infraestructura, se propone intensificar las obras para la conectividad y el transporte aéreo, marítimo, fluvial y terrestre, así como el transporte multimodal. Quien dice integración vía obras de infraestructura y biocombustibles, dice Brasil, país que lidera a la región en ambos rubros y es el primer productor mundial de etanol, a la par de Estados Unidos.
Pero el documento dedica un apartado a desastres naturales, en el que llama a crear mecanismos para dar una respuesta regional rápida, adecuada y coordinada a los mismos. También aquí puede verse la mano brasileña, escaldada doblemente luego de la anémica reacción de la OEA en Honduras y de la brutal intervención-invasión de la Cuarta Flota en Haití. Aunque la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe es aún una declaración de intenciones, que habrá de dar sus primeros y verdaderos pasos en las cumbres de Caracas (2011) y Chile (2012), cuando deberá dotarse de estatutos, el hecho de que se haya puesto en marcha es lo más significativo. Su creación debe leerse desde tres ángulos.
En el tiempo corto representa un freno al reposicionamiento de Estados Unidos en Colombia y Panamá con 11 bases militares, pero también en Honduras y Haití. Recordemos que cuando se produjo el ataque de Colombia a Ecuador, primero de marzo de 2008, con el bombardeo del campamento de Raúl Reyes, se aceleraron los tiempos que llevaron a la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y del Consejo de Defensa Suramericano. El segundo tema se relaciona con el tiempo largo: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe completa el largo ciclo de autonomización respecto del centro imperial. No es casual que los dos pasos se dieran en momentos de graves tensiones: guerras centroamericanas, hace 25 años; crisis económica y polarización mundial, ahora.
La tercera cuestión tiene carácter geopolítico. México y Centroamérica ya no estarán tironeados sólo desde el norte. El bloque regional tiene muchos problemas y contradicciones internas que lo harán caminar lentamente. Nada de eso le impidió tomar cuerpo desde comienzos de los años 80 del siglo pasado, en una situación de mucho mayor peso y presencia de Estados Unidos, luego ampliarse y, ahora, comenzar a consolidarse. El tiempo largo hace su trabajo; lenta, pero inexorablemente, pulveriza el tiempo corto.

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