Panamá: Peligros en Darién. Julio Yao

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viernes 12 de febrero de 2010

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Julio Yao

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han acusado al gobierno panameño de haber liquidado “a mansalva” a tres de sus integrantes y de coordinar con el gobierno colombiano ataques a su organización. La acusación tiene graves implicaciones y connotaciones.

El gobierno panameño tiene el deber de prohibir y contener la presencia ilegal de civiles, militares o insurgentes dentro de su territorio, así como la potestad de coordinar con el de Colombia que esta tarea se haga con respeto a la soberanía nacional de ambos países. Lo que no puede hacer el Senafront o cualquier otra fuerza especial panameña es asesinar a los elementos irregulares, aunque su condición en nuestro país sea ilegal en Darién o en cualquier punto de la geografía nacional.
Si se comprueba la veracidad de las acusaciones de las FARC -que suelen ser muy precisas y responsables en estos casos- el gobierno panameño estaría enfrentando dos tipos de delitos diferentes. Por un lado, el Senafront sería responsable de crímenes de guerra, pues si los presuntos guerrilleros fueron liquidados “a mansalva” es que no lo hicieron en combate, y esto no lo permite la Convención de Ginebra. Las informaciones que circulan por todo Panamá indican que los tres presuntos guerrilleros estaban bañándose o desprevenidos o no portaban armas, o sea, fueron asesinados, cosa que no debe enorgullecernos en forma alguna. Debe aclararse si dichos elementos fueron emboscados o ejecutados a boca de jarro, pero tranquiliza conocer que las FARC tienen la firme disposición de “ no atacar a fuerzas vecinas ” ni trasladar su conflicto hacia países fronterizos, lo que no les resta, por supuesto, su derecho a la defensa propia.
En segundo lugar, la coordinación militar y estratégica de Panamá con Colombia significaría que Panamá está violando su propia Constitución, pues nuestro país no está autorizado para entrar en alianzas militares de ninguna naturaleza, dada la condición de que no podemos poseer ejército, salvo que una operación con ese propósito sea autorizada por la Asamblea Nacional, cuya autoridad para aprobar o improbar acuerdos internacionales no se discute. Una alianza militar entre Panamá y Colombia -secreta por demás- constituiría una violación del Tratado de Neutralidad, que obliga a Estados Unidos y Panamá a impedir que se produzcan amenazas al Canal interoceánico (Artículo II).
Panamá no puede ser partícipe del Plan Colombia ni abiertamente, ni de manera encubierta. Es de especial importancia advertir que el presidente Álvaro Uribe felicitó al gobierno panameño por el operativo contra las FARC, lo cual confirmaría que Panamá está siendo integrada al conflicto del hermano país, cuyo enfoque militar ya fracasó, y que el involucramiento de Panamá en Darién no es ya en contra del narcotráfico tan solo, sino que se comprende en el marco de una intervención multifacética a nivel regional que se ensaya bajo la jefatura del Comando Sur de Estados Unidos. Recordemos que Estados Unidos obtuvo el uso y control de siete bases militares colombianas con alcance continental en el mismo momento y fecha en que el gobierno panameño anunció el establecimiento o construcción de bases aeronavales en ambos océanos. ¿Qué busca el presidente Uribe en Panamá?
La escalada militar y el derrame del conflicto colombiano hacia Panamá bajo el Plan Colombia o el Plan Patriota refuerzan las tendencias de remilitarizar a nuestro país y a crear las condiciones para el retorno abierto (ahora lo es secreto) y sin contemplaciones de las fuerzas armadas de Estados Unidos, que manipularían el temor en amplios sectores de la sociedad panameña para afianzar aún más su control sobre los temas alusivos a la seguridad internacional. Pero el actual es un torbellino que pudiera acabar con el proceso hacia la democracia en nuestro país.
Es indispensable usar la diplomacia, contar con una visión verdaderamente nacional y latinoamericanista que nos integre al mundo sin prejuicios, sin temor y sin cobardía, y que nuestra política exterior represente al conjunto de la nación panameña y no únicamente a los sectores empresariales del país, porque, por más exitosos que pudieran ser bajo el neoliberalismo irracional, ellos no son el pueblo y no expresan el espíritu nacional.
Los panameños no tenemos que ser enemigos de Estados Unidos, pero tampoco ser su apéndice ni ser utilizados como instrumento para dividir y debilitar a la comunidad de naciones latinoamericanas.
Los intereses nacionales de Panamá no pueden ser comprometidos en acciones bélicas que van a contracorriente de nuestra tradición histórica de convivencia pacífica, no intervención y diplomacia en la solución de conflictos internacionales. Es necesario volver a nuestras raíces, aprender de las lecciones que nos dejan más de 160 años de relaciones amargas con Estados Unidos, y volver a construir una política exterior coherente, pública y ética, sobre los mismos principios que nos dieron antes brillo internacional. Es necesario no apartarnos del río de nuestra historia.
Julio Yao es ex asesor de Política Exterior y de las negociaciones de los Tratados Torrijos-Carter de 1977, catedrático de Relaciones Internacionales y Derecho Internacional.

Foto: Ricardo Martinelli, presidente de Panamá. / Presidencia Panamá

El antiimperialismo de ahora y la revolución continental. Homar Garcés

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viernes 12 de febrero de 2010

Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)

Al destacar el carácter antiimperialista que adquiriría cualquier iniciativa revolucionaria socialista en nuestra América, hay que advertir que no es simplemente porque éste sea parte de la tradición retórica de las diversas organizaciones de izquierda denunciando el pillaje y el poderío hegemónico ejercido por Estados Unidos sobre nuestros pueblos.

Esto va en correspondencia con el hecho que mucha gente está consciente de la grave amenaza que siempre ha representado del imperialismo yanqui para la soberanía y la autodeterminación de la América mestiza, algo que se ha incrementado en las últimas décadas, más de lo que pudo lograrse en el pasado. Ahora hay cierta identidad -no profundizada, por supuesto- con la lucha antiimperialista que ya a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX germinara en nuestra América, víctima de las apetencias territoriales y de recursos estratégicos, primeramente, por parte de Europa y, más tarde, de la potencia emergente del Tío Sam. Este último elemento de comprensión de nuestra historia común latinoamericana está reivindicando de modo acelerado, a lo largo y ancho del Continente, la gesta cumplida desde las guerras de independencia por nuestros pueblos, de modo que ya las nuevas generaciones latinoamericanas interpretan en qué línea de acción y motivaciones reales se inserta la lucha antiimperialista en nuestro tiempo y en qué medida podremos nutrirnos de los aportes de aquellos primeros luchadores antiimperialistas que enfrentaron el coloniaje español.
Es inevitable que esto sea así. La misma dinámica de la historia contemporánea, caracterizada por el abismo profundo que separa las naciones más poderosas económicamente del resto del planeta, impone una nueva visión humanista que nos haga entender que todas nuestras diferencias sociales y políticas tienen una raíz en común: el modo de producción capitalista y, con él, el imperialismo desarrollado por los países europeos y Estados Unidos, solos o conjuntamente. Ello contribuiría a entender el por qué nuestros mercados siguen dominados por las metrópolis y por qué, cuando se busca defender la soberanía nacional, somos víctimas de golpes de Estado, asesinatos o invasiones militares (algunas de ellas, legitimadas por gobiernos títeres cómplices y organismos internacionales como la OEA y la ONU).

Una revolución socialista a nivel continental, con sus rasgos particulares en cada país latinoamericano y caribeño, forzosamente tendrá que enfrentarse al hegemonismo capitalista, lo mismo que al imperialismo, definido por Lenin como su fase superior, lo cual no puede ignorarse, creyendo que ambos no tienen conexión alguna. Sería una seria contradicción que, a la larga, podría perjudicar la marcha de un proceso revolucionario simultáneo en nuestra América que sería ejemplo para el resto del planeta.

Costa Rica: Elecciones 2010, un debate indispensable. Luis Paulino Vargas

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viernes 12 de febrero de 2010

Luis Paulino Vargas Solís (especial para ARGENPRESS.info)

Lamento inmensamente no haberme equivocado cuando anticipé, en artículos escritos hace algunos días, que la coalición electoral de tres partidos, realizada a última hora, no tenía futuro alguno. Hoy la Costa Rica políticamente consciente y crítica se duele con amargura del resultado de las elecciones. El triunfo aplastante de las derechas y del oscurantismo religioso; los tristes resultados obtenidos por el PAC; la manifiesta imposibilidad del Frente Amplio para posicionarse como una fuerza política de peso nacional. Y, sin embargo, nada de esto debería sorprender. Es algo que estaba escrito en el devenir político del período posterior al referendo de octubre 2007. De nada sirve hoy llorar sobre la leche derramada. La realidad está ahí y tan solo queda una cosa: enfrentarla de la mejor forma posible.

Es obligatorio trascender las lamentaciones. Ojalá podamos también superar algunas trabas en nuestra forma de razonar que tiende a limitar gravemente nuestra capacidad para la crítica racional. Me refiero, entre otras, a la tendencia –tan usual en las izquierdas- al razonamiento principista y abstracto (que deviene agudamente descalificante por parte de algunos sectores), como también el refugiarse en tesis conspirativas que tienen un efecto tranquilizante –justo porque ofrecen una respuesta simple, geométrica y lineal- pero que son engañosas pues tan solo enmascaran las complejidades de la realidad entre manos. Esas son trampas metodológicas que, sugiero, debemos evitar. Lo acontecido este 7 de febrero debería ser asumido como una lección y un aprendizaje a partir de lo cual volver a construir. Pero, a su vez, ello demanda un esfuerzo por analizar la realidad con auténtico sentido crítico, es decir, sin concesiones ni maquillajes, incluyendo una buena dosis de autocrítica. He ahí, a su vez, una postura epistemológica que deberíamos observar con meticulosidad.
Propongo, para empezar, un recuento de hechos. Seguramente no será completo. Refleja, además, énfasis que me son propios, y que no necesariamente otras personas comparten. También hay de por medio un esfuerzo de interpretación que es debatible. Pero, a fin de cuentas, justo de eso se trata: hay que empezar por debatir y analizar lo acontecido y hacerlo sobre bases críticas y racionales. Si no somos capaces de tal cosa, tampoco lograremos aclarar estas tinieblas que hoy nos rodean y difícilmente podremos generar en el futuro respuestas mejores que las muy lamentables que hemos visto emerger durante el reciente proceso electoral.
Parto de una premisa que me parece muy básica, y que intento sustentar a lo largo de este artículo: la de que, más que un triunfo de las derechas, esta ha sido una derrota auto infligida del progresismo político nacional. En adelante, hablaré de progresismo considerando que es un término más amplio que podría incluir a quienes prefieren autodenominarse de centro.
He aquí ese recuento que les propongo:
– En perspectiva, el desenlace en las elecciones de 2006 y en el referendo de 2007, daban para pensar en la existencia de una importante fuerza política de oposición al neoliberalismo, que, a lo más, solo en parte era de izquierda, la cual tendía a confluir alrededor de ciertas tesis progresistas básicas. La significación que esa fuerza alcanzó, se realza a la luz de las condiciones tan desventajosas bajo las cuales se enfrentaron ambos procesos –en especial el del referendo-, más aún al considerar las irregularidades que en ambos casos se dieron.
– El PAC y Solís atrajeron hacia sí el respaldo de esa fuerza socio-política progresista en las elecciones de 2006, pero no necesariamente porque se percibiese que ese partido representaba satisfactoriamente sus aspiraciones. En realidad, el PAC ha sido como al modo de un mínimo común denominador que, ante la amenaza neoliberal –y en especial la amenaza del arismo-, terminaba por ganarse adherencias que, de otra forma, habrían buscado un destino diferente. Creo que el comportamiento electoral observado ratifica tal cosa: el porcentaje de quienes se reconocen a sí mismos como seguidores o militantes del PAC resulta ser, consistentemente, tan solo una fracción de quienes finalmente votan por el PAC, siendo notable el hecho de que este partido crece justo en las últimas semanas y día antes de las elecciones. Es en ese momento cuando, no teniendo otra salida atractiva a mano, el progresismo nacional se moviliza y activa a favor de la única opción que –aunque limitadamente- asume y representa algunas de sus aspiraciones y preocupaciones fundamentales.
– El proceso del referendo sobre el TLC tuvo características muy distintas de las propias de un torneo electoral. Superó ampliamente los límites de lo partidario y dio lugar a novísimas formas de organización y participación. Nunca como entonces el progresismo nacional debatió y disintió con respeto, dialogó en búsqueda de acuerdos y trabajó y cooperó construyendo alternativas organizacionales y nuevas formulaciones ideológicas. Es indudablemente cierto que el TLC introducía un factor coagulante –quizá irrepetible- que facilitaba establecer acuerdos. Pero también es verdad que en el proceso creció y se diversificó un tejido organizacional que, en principio, podría haber sobrevivido –al menos en una parte significativa- más allá de la coyuntura TLC.
– La derrota en el referendo provocó desmoralización y retraimiento y, por lo tanto, ocasionó una desmovilización relativa. También alimentó algunos de los comportamientos autodestructivos que, bajo ciertas circunstancias, tienden a aflorar en el progresismo nacional, sobre todo en algunos de los segmentos situados más a la izquierda, en este caso en la forma de una andanada de ácidas recriminaciones. A fin de cuentas, falló el debate racional en procura de dilucidar las causas de lo acontecido, y arrestos para, entonces, enfrentar la realidad generando respuestas novedosas. Eso es lo que no deberíamos dejar que se repita con motivo del lamentable resultado electoral que en este momento tenemos entre manos.
– La posibilidad de construir una amplia unidad socio-política de oposición al neoliberalismo aportaba el criterio fundamental desde el cual construir esas nuevas respuestas. Esa unidad debía tratar de aprovechar los tejidos organizacionales y las redes de cooperación construidas durante la lucha contra el TLC y, a la vez, debía aportar la fuerza impulsora que permitiera, no solamente mantener vivas tales potencias organizacionales, sino insuflarles nueva vida, nuevas motivaciones y energías.
– En los meses –y finalmente años- posteriores al referendo, esa posibilidad fue malograda de forma lamentable, conforme reiterábamos –aquí y allá- errores de la más variada naturaleza.
– En sentido cronológico, un primer error surgió de algunos sectores de las bases ciudadanas organizadas, que se mostraban reacios a reconocer cualquier liderazgo que proviniera de los partidos. No hablo de los grupos que sustentan un rechazo radical al mecanismo electoral y convocan a no votar, sino que me refiero a grupos que sí aceptan como válida la participación electoral, pero en los cuales tendió a prevalecer un criterio democratista a ultranza que perdía de vista lo que, a mi juicio, es una exigencia insoslayable de la realidad: que los grandes problemas colectivos en una sociedad compleja como la de la Costa Rica actual, no pueden ser resueltos desde asambleas u organizaciones ciudadanas autónomas, cuando, en realidad, ello requiere de una articulación sistémica que trascienda lo local o sectorial, siendo ella la razón –creo que muy básica- en virtud de la cual, los partidos siguen siendo un instrumento necesario (y solo eso, por cierto: un instrumento, ya que jamás deberían ser un fin en sí mismos). Lo anterior no niega que, en su nivel, la organización ciudadana autónoma constituya un instrumento muy poderoso de participación y construcción democrática.
– Este criterio democratista tuvo también otra manifestación, distinta pero relacionada con la mencionada en el párrafo anterior: la de negarse a razonar en una perspectiva que incluyera las elecciones 2010. Entonces, el incorporar esto último dio lugar a que algunos sectores descalificaban tales propuestas como electoralistas. En realidad, me parece, 2010 debió haber sido observado y trabajado como una meta importante dentro de un camino de más largo alcance, que deseablemente debía moverse más allá –incluso mucho más allá- de ese específico proceso electoral.
– Un segundo error –pero de efectos, creo, muchísimo más importantes, realmente decisivos- vino de la negativa que desde un principio emitió el PAC en relación con cualquier posible diálogo conducente a la construcción de alguna unidad socio-política suficientemente amplia e inclusiva. En la etapa pos-referendo, y con miras al proceso electoral de 2010 (y, ojalá, más allá de este), se hacía inevitable que los partidos asumieran un liderazgo. Debían hacerlo, aún si, como he indicado, algunos sectores de la ciudadanía organizada se mostraban reacios a tal posibilidad. Debía ser un liderazgo muy democrático, respetuoso y dialógico, tal cual lo demandaban las extraordinarias experiencias de construcción organizativa y participación ciudadana gestadas durante la coyuntura de la lucha contra el TLC. Pero, insisto, no veo quién ni cómo podía sustituir ese liderazgo, si este no era asumido por los propios partidos. Pero, entonces, el papel del PAC devenía ahí crucial: por razones obvias, ningún otro partido podía asumir la responsabilidad de convocar y conducir los necesarios procesos de diálogo. Porque, insoslayablemente, la convocatoria debía construirse como una invitación al diálogo. En primera instancia, el PAC debería haber convocado a ese diálogo a los demás partidos, incluso a los que no tenían representación parlamentaria, para, una vez construido un liderazgo político-partidario sólido y unificado, convocar a procesos más amplios de diálogo con la ciudadanía. La historia, sin embargo, es bien conocida: el PAC declinó asumir ese liderazgo.
– Esto último generó un enorme vacío y propició que creciera la confusión y, con el tiempo, la fragmentación. En ese contexto surgieron múltiples iniciativas, en su mayoría desde organizaciones civiles. Aquí, sin embargo, emergió y se reiteró otro error: la prevalencia –al menos en algunos sectores- de una tesis maximalista según la cual la unidad o alianza debía construirse exclusivamente con base en convenciones abiertas donde, sin restricciones de ningún tipo, debían elegirse todas las candidaturas: desde regidores hasta la presidencia. Subrayo que, en general, esta propuesta reflejaba una noble inquietud democrática. Sin embargo, me parece que, a poco andar, fue mostrándose como una opción muy poco realista, y ello por una multitud de razones: desde el hecho de que no se estaban tomando en cuenta adecuadamente algunos intereses –en general perfectamente legítimos- de los partidos, hasta razones operativas y logísticas, atinentes a los plazos y recursos disponibles. Emergía aquí de nuevo una visión democratista que, no obstante sus buenas intenciones y honestidad, resultaba inapropiada frente a los problemas que la realidad planteaba. Esto complicó gravemente el establecimiento de acuerdos básicos, al menos entre aquellos sectores que, fuera del PAC, intentaban construir alguna alianza.
– Así, con el pasar de los meses, y conforme se cerraban los canales de entendimiento entre los partidos, la gente que se había conjuntado y organizado contra el TLC tendió a disgregarse según el partido de sus preferencias. El proceso se agudizó cuando el PAC se negó incluso a considerar la posibilidad de construir alianzas cantonales. Muchas otras personas políticamente activas, que no tenía una adscripción partidaria específica, se sintieron defraudadas ante la incapacidad de los partidos para construir un liderazgo que convocara y aglutinara. Ello provocó mayor alejamiento y agudizó la dispersión. Este proceso de descomposición simplemente ratificaba –por negación- la importancia del liderazgo que debió haber sido ejercido por los partidos y, en especial, por el PAC. En ausencia de tal liderazgo, las fuerzas disgregantes se desataron libremente.
– Luego, y para terminar de profundizar este proceso de descomposición, el PAC tomó una decisión que, de alguna manera, vino a ser la cereza sobre el pastel: buscó afanosamente romper la alianza –la cual se había profundizado considerablemente durante la coyuntura TLC- con los sectores de izquierda y centro izquierda. Procuró, entonces, posicionarse en una suerte de centro derecha. Quizá haya sido ese un intento por reconciliarse con sectores de la oligarquía, devenidos acérrimos enemigos del PAC. Quizá haya sido la respuesta generada a partir de un diagnóstico equivocado, según el cual para ganarse el electorado era preciso mostrarse “moderado” y lejano de las izquierdas. No se tomó en cuenta que esas izquierdas, en sus múltiples expresiones, dieron un aporte sustantivo al movimiento contra el TLC, sin el cual este difícilmente hubiese alcanzado la fuerza –y la convocatoria electoral- que llegó a lograr. El caso es que ello profundizó el extrañamiento y lejanía respecto de sectores del progresismo nacional, de los cuales el PAC necesita para una más eficaz movilización electoral.
– Otros partidos no lo hicieron mucho mejor que el PAC. El Frente Amplio fue capaz de ofrecer notables –incluso excelentes- candidatos y candidatas a las diputaciones, pero tendió a quedar atrapado en un voluntarismo simplista, que le hacía imaginar una realidad maleable y le infundía un cierto aire redentorista, en vez de asumir con criticidad las terribles limitaciones dentro de las cuales debía moverse. Haber entendido esto último quizá hubiera propiciado establecer oportunamente procesos más amplios de diálogo y entendimiento, que trascendieran las coaliciones cantonales que –justo es reconocer- fueron promovidas activamente por el FA.
– De tal forma, el progresismo nacional entra al proceso electoral habiendo dilapidado el acervo organizacional que le diera una fuerza impresionante en la lucha contra el TLC. Aquellos tejidos sociales y redes organizacionales estaban en jirones y lo poco que aún quedaba, terminó de ser desbaratado con el transcurrir de los primeros meses de la campaña electoral, en la cual el PAC jamás logró tener iniciativa. La coalición PAC-Alianza Patrótica-PIN, firmada en enero, como la lluvia de adhesiones de personalidades muy notables recibidas por el PAC en los últimos días previos a las elecciones, simplemente venían a ratificar la enorme confusión que incubó y condujo al desastre. Se creyó que de esa forma, y como por ensalmo, podía sustituirse la base organizacional y la movilización ciudadana destruidas.
– Lo demás es una historia bastante trillada. Quizá la única sorpresa -muy relativa- la dio el impacto provocado por la agresivísima campaña libertaria. Lo demás no tenía un gramo de novedad: los millones dilapidados por los partidos oligárquicos; la estupidez como marca distintiva de su campaña; el boicot sistemático de los medios; la irresponsabilidad, ligereza y arrogancia del Tribunal de Elecciones; la maquinaria clientelar. Ni siquiera la operación de asfixia financiera que los bancos aplicaron resulta sorprendente ¿No son estos, acaso, los tiempos de la tiranía en democracia? ¿O es que alguien podría ser tan iluso para pensar que el neoliberalismo se la querría poner fácil a sus opositores?
– Quedan pendientes muchas preguntas, algunas de las cuales se relacionan directamente con el PAC ¿Es el suyo un problema subsanable o nace estructuralmente de su misma base y concepción partidaria? ¿podría el PAC ser en el futuro el eje sobre el cual construir una amplia alianza social y política progresista, o ha de intentarse tal cosa –algo bien difícil- sin contar con este partido? Podemos especular sobre posibles respuestas. De momento, diré que me parece que lo que ocurra en los próximos meses dentro de ese partido, podría ser decisivo para ir avizorando cuál podría ser su papel en el futuro.

La oligarquía neoliberal soñaba con aplastar a sus opositores y, por esta vez, lo logró. Pero esto es menos un triunfo del neoliberalismo que una derrota de la oposición progresista. No fueron sus aciertos, sino principalmente nuestros errores. Entender tal cosa podría marcar una diferencia sustantiva si en verdad aún abrigamos la esperanza de construir un futuro distinto.

Puntos de vista encontrados en torno a la política de seguridad del Atlántico Norte. Dmitri Kosirev

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jueves 11 de febrero de 2010

Dmitri Kosirev (RIA NOVOSTI)

Cada cual tiene su Munich particular… Cada uno de los participantes en la 46ª Conferencia Internacional sobre Seguridad celebrada en la capital bávara durante el pasado fin de semana tiene su versión de lo que allí sucedió, y para todos ellos es diferente.

Da igual que sea la OTAN quién analice el evento, o sean los ministros de asuntos exteriores de China, Irán y Rusia los que reporten los resultados de las reuniones a sus gobiernos.
El rotativo británico Financial Times ha resumido la conferencia muniquesa con las siguientes palabras: la OTAN busca socios en su política para Oriente Medio, es decir, en su política de cara a Afganistán. Curiosamente, esta valoración no tiene nada que ver con las hechas en Moscú, Washington o incluso en Teherán.
Posiblemente, en esta dispersión de opiniones se oculte la conclusión más importante de Munich-2010. En el pasado, esta ciudad era una especie de bastión occidental para debatir temas de política de seguridad. Un lugar donde, ocasionalmente y con grandes dosis de desconfianza, se permitía a representantes de fuerzas externas expresar su opinión (por ejemplo, Vladimir Putin en el 2007).
En esta ocasión, para Rusia el eje de las conversaciones ha sido el Acuerdo para la Seguridad Europea. Precisamente esta fue la primera iniciativa en política exterior planteada en junio del 2008 por el presidente ruso, Dmitri Medvédev, unos meses antes de la agresión de Georgia contra Osetia del Sur. Si esta idea, que entonces fue planteada muy a grandes rasgos, hubiera recibido un apoyo inmediato, es posible que el silencio diplomático que afectó a Rusia no hubiera tenido lugar. Un silencio que motivó que, durante un par de meses, en Estados Unidos y en Europa no se reconociera abiertamente que Rusia no inició la agresión.
Otros asistentes a la conferencia de Munich – incluyendo a China e Irán – también han tenido sus Osetias particulares que han socavado su confianza en las intenciones occidentales. Este punto es de vital resolución porque algunas de esas naciones cuentan con unos acuerdos de colaboración con la OTAN que no sólo son deseados, sino necesarios para su propia seguridad.
El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, habló sobre estos y otros temas en su comparecencia del sábado. Sin embargo, los resúmenes de su discurso en los diferentes medios de comunicación no pasan de las diecisiete líneas, aunque su intervención fue sensiblemente más larga y con muchas e interesantes ideas.
Una de las cuales se centró en el espacio euroatlántico, cuya parte integrante es Rusia. Según el canciller ruso, este espacio debe permanecer como está y no ser dividido en zonas de influencia. La teoría esgrimida es que la cultura, la economía y la tecnología son fuerzas de unión y no de separación entre los pueblos. Serguei Lavrov piensa que las viejas doctrinas de seguridad militar han comenzado a frenar el desarrollo en Europa y son una barrera en el proceso general de globalización que pueden llevar a un retraso del viejo continente con respecto a otras regiones del mundo. Doctrinas anticuadas que, de momento, ya han conseguido desestabilizar la seguridad de la propia Europa, creando alrededor un “ambiente insano” – como lo definió a la perfección el jefe de la diplomacia rusa. Hay que señalar que, normalmente, este tipo de declaraciones se hacen cuando se está seguro que la mayoría de los asistentes comparte la opinión de uno, al menos en su fuero interno.
El ministro ruso intentó incorporar a la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa como entidad reguladora también para el espacio euroatlántico. En lo que respecta a un posible acuerdo sobre seguridad europea, Moscú apuesta decididamente por una política común en la región sujeta a un estricto marco jurídico. Y, en este punto, traducir al lenguaje de los acuerdos internacionales, lo plasmado en la gran cantidad de pactos y declaraciones conjuntas que produjeron los años noventa no es un tema baladí. Este es un asunto complejo y que dará más de un quebradero de cabeza a los juristas, ya que no estamos hablando de un simple acuerdo de no agresión, en el que hay previstas unas sanciones para el infractor, sino un acuerdo por el cual se castigarán incluso los preparativos para una supuesta agresión. Habrá que hilar muy fino.
En realidad este acuerdo ya existe de facto entre los miembros de la OTAN, pero no incluye a los países ajenos a esta organización, lo que crea una situación contradictoria e inestable en cuanto a seguridad. Esta es la consecuencia de la táctica empleada en los años noventa por la OTAN cuando, tras la caída del muro de Berlín, se pensó que los restos militares de la Unión Soviética y del Pacto de Varsovia acabarían atraídos por la fuerza gravitatoria del bloque atlántico. Como ya se sabe, el resultado fue otro y eso ha terminado provocando esa situación de ambiente insano de la que hablaba Serguei Lavrov.
Hay que reconocer que, a diferencia de hace un par de años, la propuesta de Moscú en torno al Tratado de Seguridad Europea se ha debatido de una forma activa en la Conferencia de Munich. Lo negativo es que la propuesta rusa no ha tenido una gran acogida. La secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, en la antesala de la conferencia alemana, ya avisó que la ratificación de un acuerdo en los términos jurídicos deseados por Moscú puede llevar años.
No queda otra salida que buscar otra salida, otra vía que satisfaga a todo el mundo y nos garantice la seguridad.

Rápido.

El Foro Social Mundial 2011 en Dakar, Senegal: “El África de la base debe estar presente”. Sergio Ferrara

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jueves 11 de febrero de 2010


Sergio Ferrari (E-CHANGER – LE COURRIER)

“Imaginar un Mumbai a la africana”. Entrevista con Joséphine Ouedraogo, ex – ministra de Tomás Sankara.

Los desafíos inmediatos para los movimientos sociales de África son enormes. Están en juego, la necesidad de recrear la forma de hacer la política; proponer nuevos paradigmas de participación ciudadana; promover una nueva coherencia entre el sistema educativo y la visión de desarrollo que debe ser cuestionada a fondo. Todos conceptos de síntesis que se desprenden en un diálogo abierto con Joséphine Ouedraogo, secretaria ejecutiva de la ONG “Medio ambiente, Desarrollo, Acción” (ENDA -Tercer Mundo, según sus siglas en francés) con sede en Dakar, Senegal. Ouedraogo, ex – ministra de Familia y Solidaridad Nacional de Burkina Faso durante el corto gobierno revolucionario de Tomás Sankara (1983-1987), es una de las personalidades femeninas más conocidas del África subsahariana. Su organización asume, además, un rol importante en la preparación del Foro Social Mundial 2011 que se realizará en enero del año próximo en la capital senegalesa. Entrevista exclusiva durante una reciente visita a Suiza donde acompañó la presentación del nuevo Informe de la UNESCO 2010, denominado “Llegar a los marginados”.
P: Su valoración de este informe sobre el estado de la educación en el mundo 2010?
R: Es un informe completo, ofrece muchas informaciones. Hace proposiciones de estrategias y acciones precisas pero que no son particularmente originales. No se puede esperar algo muy diferente de un informe de una institución de la ONU, elaborado con un marco institucional férreo definido por los Estados miembros.
Es significativo que insista en concentrar los esfuerzos en los grupos más marginales: poblaciones de villas de miserias, de zonas rurales pobres, de zonas de conflictos, campos de refugiados. Me interpela mucho que una de las conclusiones principales sea que a causa de la crisis actual la educación está en peligro, a pesar de los medios financieros y estratégicos que fueron invertidos por la comunidad internacional y los Estados.
La educación liberadora
P: ¿Los puntos débiles de esta lectura de la educación mundial hoy?
R: El objetivo del documento pareciera ser un gran alegato a favor de una mayor ayuda internacional en favor de la educación. Como si la falta de recursos fuera la principal causa del fracaso de del programa “Educación para Todos” de la última década. La plata no es todo. Pienso que el punto débil del informe es de no haber articulado las políticas y estrategia de desarrollo con las políticas educativas. Y tampoco haber establecido la relación más profunda entre todo eso y el nivel político, social y educativo de las diferentes poblaciones del planeta.
Falta un análisis de la relación estrecha entre modelo de educación y modelo de “desarrollo”. Y esto no se puede separar. En el África sub-sahariana las políticas educativas producen los mismos resultados que el modelo del sistema: exclusión, desempleo, pobreza. El mismo problema, el mismo resultado. No se manifiesta en el Informe una visión diferente, alternativa…
P: ¿Según lo que usted afirma no existen hoy en África parámetros educativos diferentes, paradigmas de reflexión…? Faltaría el aporte de lo que significó, por ejemplo, Paulo Freire para Brasil y América Latina con su apuesta a una pedagogía de la liberación…
R: Hay intelectuales africanos que hicieron proposiciones. Hay informes, programas diferentes. Hay africanos comprometidos que proponen una verdadera democracia, que va más allá de las instituciones y parlamentos. Y hay también ONG y asociaciones, como ENDA, que impulsamos otro tipo de trabajo con una visión distinta. Pero no siempre se traduce en una escala política. Sigue imperando en los programas educativos – y en la sociedad- el concepto de la transferencia de saber. No se construye junto con la gente. La educación y la democracia deben ser una construcción común en nuestra sociedad. Se debe alfabetizar utilizando las palabras de los campesinos, si vamos a una aldea que se dedica a la agricultura. Hay que entender que el ejercicio de la lectura y escritura debe contribuir a participar efectivamente. Lamentablemente, en general, se usa la lectura y escritura para imponer otros esquemas.
África y América Latina
P: ¿Aunque es muy difícil comparar realidades tan distintas, qué es lo que hoy tiene de particular América Latina que le faltaría a África?
R: Falta esa identidad propia latinoamericana, con una trayectoria de construcción de los últimos 50 o tal vez 100 años. Pienso que falta una alianza más estrecha de los intelectuales con la población, con la base. Entender que debemos trabajar con el pueblo, evaluar con él. Acercarnos más, estar más en contacto con la gente. Contamos con algunos partidos políticos muy avanzados en cuanto a ideología; con pensadores muy desarrollados; tenemos personalidades en el África austral que han tratado de expresar el alma africana. Pero hay una especie de fractura entre la “inteligencia” (los intelectuales) y la gente. No para reemplazarla, sino para que pueda hablar, que se ponga adelante.
P: Un cambio de mentalidad…. ¿Una nueva cultura política africana?
R: Comprender y aceptar que nuestra población puede ser actor político. Que piensa, que tiene un saber acumulado. Expresarle confianza en ella misma. Que no se acompleje ni se calle si llega alguien de afuera con su proyecto de desarrollo y una camioneta 4 x4. Puedo asegurarle que hay ya gente que se mueve mucho. Organizaciones campesinas y de mujeres que se mueven. Por ejemplo, la vida expresada a través de las radios libres, comunitarias, en Senegal. Es de gran riqueza. Ya existe. Ahora hay que presionar a los que dirigen los países a que acepten esas poblaciones. Que hablen juntos. Que entiendan que no se las puede reemplazar en el pensamiento. Que acepten que son actores….
La potencialidad del Foro Social Mundial
P: ¿El Foro Social Africano, en particular, y el Foro Social Mundial, pueden ser espacios que refuercen esa nueva forma de participación de la base?
R: En efecto. Está concebido para reforzar esa construcción, a partir de la sociedad civil, de los que nunca tuvieron posibilidad de expresarse, para mostrar que estamos vivos. Cuando se pretende impulsar el desarrollo con proyectos impuestos, no funciona. Hay que acompañar a la gente a pensar en el futuro. A la gente nunca se le pregunta qué quiere, cuál es su visión de futuro. Como que no tuviera futuro…Y sin embargo sí lo tiene.
P: ¿En ese sentido la realización del FSM en 2011 en Dakar, por segunda vez en África –luego de Nairobi en 2007- puede ser un aporte a este proceso…?
R: Sin duda. Pero hay que dar un salto cualitativo de lo que se vivió en Nairobi. El África de la base debe estar presente en Dakar. Ese es el desafío que asumimos como secretariado del FSM. Hay mucho trabajo hasta entonces, pero es esencial. Mover a nuestras contrapartes, a las organizaciones de base, a la población…
P: En la edición del FSM en la India fue contundente la participación de la base, de los movimientos sociales, y particularmente los intocables, los sin casta… ¿Se debe aspirar en Dakar a una especie de Mumbai a la africana?
R: En eso justo estamos reflexionando. Sacar lecciones. ¿Cómo aprender de la historia? Debemos llegar a hacer un Mumbai en Dakar. En ese sentido el FSM del 2011 va a ser una gran oportunidad. Mucho trabajo por delante. Es un proceso. Y luego del FSM, debemos seguir construyendo. Porque el FSM es un espacio privilegiado. Está el África, están los otros continentes del Sur. También el Norte solidario. Son todas expresiones de los pueblos. Nos sentimos todos concernidos. Pensando diferentes y buscando alternativas a un sistema que nos reduce a ser productores y consumidores. Debemos encontrar un espacio propio en este mundo globalizado, para poder expresarnos, para vivir algo diferente.
El informe de la UNESCO en cifras
El primer informe “Educación para Todos” fue publicado en el 2000..
A partir de entonces, cada año, la UNESCO presenta un documento de seguimiento
El actual, de 2010, se denomina “Llegar a los marginados”
72 millones de niños de edad escolar primaria no pueden hoy asistir a una escuela.
71 millones de adolescentes en el mundo entero no están escolarizados
Han sido escasos los avances en la alfabetización de adultos. Existen todavía 759 millones de personas mayores analfabetas en el mundo.
Para universalizar la educación primaria hasta 2015, se necesitarían 10 millones 300 mil maestros suplementarios.
Para escolarizar a todos los niños y adolescentes hasta esa misma fecha, la cooperación internacional debería destinar 16.000 millones de dólares anuales.
Esta cifra está lejos de lo que realmente la comunidad internacional aporta actualmente.

Foto: África, Burkina Faso – Joséphine Ouedraogo, ex ministra de Tomás Sankara. / Autor: Sergio Ferrari (E-CHANGER – LE COURRIER)

El senador Bob Menéndez, con la mano en la masa.

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jueves 11 de febrero de 2010

Jean-Guy Allard

El Senador demócrata Robert “Bob” Menéndez, uno de los más fieles representantes de la mafia cubanoamericana en el Congreso, acaba de estar encontrado con la mano en la masa al revelarse como intervino en julio ante el Banco Federal de Reserva a favor de una institución bancaria al borde de la quiebra, cuyos principales dirigentes son importantes contribuidores a su fondo de campaña.

Tarde o temprano tenia que ocurrir. Menéndez tiene una larga historia de relaciones controvertidas. Cuando era alcalde de Union City, a partir de 1986 hasta su elección al senado. Esta ciudad mafiosa se confirmó más que nunca como paraíso del juego ilegal, de la extorsión, del fraude y de la prostitución.
Esta vez, Menéndez intentó salvar ilegalmente a sus socios banqueros de una inevitable bancarrota al pedir la aprobación de la venta de esta institución, la First BankAmericano, de Elizabeth, Nueva Jersey. Si la adquisición hubiese sido aprobada, sus amigos salvaban su inversión cuando al banco en crisis se le daba tres días para encontrarse quebrar.
En una carta obtenida y publicada por The Wall Street Journal (WSJ), Menéndez presiona al Presidente del Banco Federal de Reserva, Ben Bernanke, para que apruebe la venta de la institución en crisis de Union City al JJR Bank Holding Co. de Brick, Nueva Jersey.
Bernanke no siguió la recomendación del senador corrupto y el First BankAmericano quebró el 31 de julio.
Observadores en Washington califican de “escandaloso” y “grotesco” el gesto oportunista de Menéndez para influir en un proceso administrativo por motivos políticos mientras el país se en medio de una profunda crisis económica marcada por un desempleo record.
En su reporte, el Wall Street Journal identifica a los dos socios de Menéndez como el Presidente del First BankAmericano, Joseph Ginarte, un abogado quién contribuyó con 30 000 dólares al fondo e campaña del senador, y Raymond Lesniak, un senador del estado de Nuevo Jersey cuya generosidad hacia Menéndez es bien conocida.
En el 2006, señala el rotativo, organizó en su propio domicilio una reunión de recolección de fondos, con la presencia del ex presidente Bill Clinton.
Lo que no mejora su situación, Menéndez es miembro del Comité Bancario del Senado y encabeza la campaña demócrata para las elecciones de este año.
Cuando dirigía Union City, se comparó a Menéndez al capo mafioso Meyer Lansky. Ahí, constituyó a su manera un enclave del crimen donde cualquier funcionario e incluso cualquier oficial de la policía tenía su precio.
En abril 2006, Menéndez se apareció en Ginebra para atacar a Cuba ante la Comisión de los Derechos Humanos con su ayudante personal José Manuel Alvarez, cuya pertenencia a la organización terrorista Abdala – de la cual era fundador – era conocida tal como su papel en la preparación y la realización del asesinato del diplomático cubano Felix García, baleado en Nueva York por el sicario de Omega 7, Pedro Remón.

La historia mafiosa de Menéndez se pega a la de su colega Albio Sires quién fue alcalde de la ciudad de West New York, vecina de Union City. Sires también fue conocido por sus relaciones con el hampa cubanoamericano que desarrolló ahí una extensa red de juego ilegal y de prostitución.

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