113 emisión del 24 de febrero al 2 de marzo, 2010

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Foto: Archivo XEYT

El caso de Orlando Zapata Tamayo: Hambre de verdad, en huelga. Erasmo Magoulas

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lunes 1 de marzo de 2010


Erasmo Magoulas (especial para ARGENPRESS.info)

El título puede dar lugar a infinidad de interpretaciones, que sea el lector el encargado de la ardua tarea. Yo me limitaré a defender a la Revolución cubana, su gobierno, su pueblo organizado y su vanguardia, que es decir lo mismo de diferentes maneras.

En 1959 Cuba, su pueblo, con aproximadamente una población de siete millones de seres humanos, decidió no morirse de hambre, y lo logró.
La conquista de su libertad, su independencia económica, su soberanía política y la entronización de la justicia social fueron las armas estratégicas para el logro de esa epopeya.
Hoy Cuba, con once millones de cubanos, mantiene inclaudicable esa decisión, respaldada por once millones de voluntades.
Eso, entre muchas otras hazañas, que se pueden resumir en una sola: “La de existir”, es lo que no se le perdona a Cuba.
La huelga de hambre de una persona con la pretenciosa intencionalidad –inducida- de retrotraer a Cuba a la situación de “libertad” de la República neocolonial, es cuanto menos un síndrome de afectación paranoico-esquizofrénica.
Los acreedores, los que esperan espurios dividendos de esa afectación mental, los lacayos del Consenso de Washington, ya tienen su noticia, una noticia cuya verdad está en huelga.
La verdad que les cuesta ocultar es, a pesar de ser los dueños de todo el andamiaje mediático-cultural, la voluntad de todo un pueblo en pro de la vida y el mejoramiento humano.

Lo inconmesurablemente grandioso de Cuba es que no olvida a sus hijos, a ninguno. Orlando Zapata fue asistido hasta el último instante, para salvarlo.

México: La religión “era” el opio del pueblo, el clero “era” reaccionario, hoy los ministros del culto “deben tener todos sus derechos”. Pedro Echeverría

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lunes 1 de marzo de 2010

Pedro Echeverría (especial para ARGENPRESS.info)

1. ¡Cómo cambian rápidamente las cosas porque también las necesidades cambian! Bien decía Marx: “los hombres hacen su historia tratando de satisfacer sus necesidades… el modo que tienen los hombres de preocuparse sus subsistencias determina sus concepciones y sus ideas, es decir, su conciencia social”. ¿No es obvio acaso que un campesino, un obrero, un ama de casa, un empresario y un político piensan distinto y buscan satisfacer necesidades diferentes? ¿Buscan los políticos de hoy el voto de los feligreses católicos? En tanto los liberales del XIX separaron a la Iglesia y el Estado por el gran poder del clero, la dictadura liberal de Díaz negoció con la Iglesia, el callismo adoptó un jacobinismo frente a una iglesia rebelada contra la Constitución, y los gobiernos posteriores disimularon, hoy los socialdemócratas piden derechos totales.

2. El destacado parlamentario y dirigente político socialdemócrata del PRD, Pablo Gómez, “pablito”, acaba de presentar un proyecto de reforma al artículo 130 Constitucional con el propósito que los sacerdotes recuperen el derecho a manifestar sus ideas políticas sin importar que hagan proselitismo contra la izquierda; “aunque usen la libertad para combatir la libertad, porque también eso se permite en un sistema democrático”. El jueves pasado, varios jefes priístas suscribieron su iniciativa, además de senadores de PAN y PRD. La Iglesia católica recibió con beneplácito la iniciativa del senador pues consideró que con ello se caminaría hacia la libertad religiosa plena en el país. Tanto el vocero de la Arquidiócesis de México, como el presidente de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas están de plácemes.
3. Me imagino que “pablito” presentó la iniciativa siguiendo a su maestro Arnoldo quien fuera secretario general del PCM por 20 años y el máximo representante de los dirigentes del Kremlin, Kruschov y Breshnev. No parece estar mal otorgar derechos iguales a todos, aunque sea para que puedan actuar “igual” en un mundo desigual. Sólo falta ahora que el clero tenga de manera directa medios de información: prensa, radio y televisión equiparándose a los poderosos empresarios. Sin embargo, dirían, iguales derechos tienen los indígenas, los campesinos, los obreros, los luchadores sociales que, “por tontos” no los ejercen. ¿Por qué los socialdemócratas no pelean para que las radios comunitarias se multipliquen, se les registre y no sean perseguidas? ¿Por qué no luchan para que los de Atenco, los electricistas, los mineros, etcétera, sean respetados?
4. Recuerdo que en 1990 un panista me decía que estaba bien la reforma agraria de Salinas porque legalizaba la compra de tierras que desde años antes se hacía. Era sólo legalizar. Hoy se presenta un proyecto para que el clero legalice lo que nunca ha dejado de hacer: usar la iglesia, a los millones de feligreses para hacer más poderoso al partido socialcristiano –que podría ser el PAN- para recuperar el poder. Por eso los aplausos a “pablito” de parte del clero y los políticos que buscan votos católicos son estruendosos. Olvida que la separación de la Iglesia y el Estado en 1859 no fue un “arranque de locura” de los liberales radicales, sino una batalla contra el terrible monopolio económico e ideológico que tenía esa institución en todo el país. Han pasado 150 años y la iglesia ha renovado sus métodos pero no ha dejado de buscar el poder que le ha dolido perder.
5. ¿Puede olvidarse acaso que los jacobinos que hace 221 años encabezaron la gran revolución francesa vieron en el clero, en los terratenientes y en los monarcas –siempre estrechamente aliados- a los enemigos a derrotar cuando buscaban una transformación real de la sociedad? Durante siglos esos tres estamentos habían combinado sus fuerzas para someter cualquier rebelión o descontento. ¿Puede olvidarse que la guerra de tres años (1858/60), que la rebelión contra la Constitución de 1917, que la guerra Cristera (1926/29) fueron grandes rebeliones “populares” encabezadas por el clero? ¿Se olvida que el enorme poder de Televisa y TV Azteca, acrecentado con el apoyo del Estado, es hoy muy difícil de parar y están puestos a convocar rebeliones? A mi me gustaría que esos derechos se otorgaran al pueblo explotado y que no sean reducidos a nada.
6. Yo no puede tener bronca con “pablito” porque además es un buen orador y es mi conocido desde que en 1975 fundamos juntos y estuvimos en la directiva del SPAUNAM. Lo que sucede es que al formar parte de la socialdemocracia del PRD pone en primer lugar la búsqueda de votos y sólo en segundo lugar los principios y la funesta historia de la relación clero/Estado. La iglesia ha sido controlada en muchos países y sus derechos han sido totalmente respetados, pero en otros –como en México- la iglesia ha aprovechado cualquier resquicio para tratar de recuperar su poder. En septiembre de 1992 el gobierno de Salinas y el Vaticano establecieron relaciones diplomáticas plenas nombrándose a Olivares Santana y a Jerónimo como representantes de cada Estado. Desde entonces el Clero no ha cesado en agrandar su poder y de intervenir.

7. La izquierda consecuente, que no moderna como piden Krauze, Camín, Castañeda y Televisa, no tiene porque hacer más fuertes y sólidas a las instituciones de explotación y opresión capitalistas. Más que por el PRI, el PAN o el ejército, el pueblo vive en las condiciones en que está por el gran papel ideológico que ha jugado la iglesia y los medios de información. Ha sido tan fuerte, profundo, extensivo en poder ideológico del clero y de los medios que la escuela, en vez de profundizar la ciencia y el laicismo, se ha puesto también al servicio de la ideología dominante. Como diría Mao: Que se abran mil flores y mil corazones, que todos los seres humanos tengan la misma libertad de todos, pero que ésta no sirva para que unos pocos se aprovechen de la libertad de comercio, para explotar y oprimir y que la mayoría del pueblo sólo tenga libertad para morirse de hambre.

Independencia hispanoamericana y lucha de clases. Olmedo Beluche

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lunes 1 de marzo de 2010

Olmedo Beluche (especial para ARGENPRESS.info)

La Independencia hispanoamericana fue una revolución en el pleno significado de la palabra, tanto como la francesa de 1789 o la norteamericana de 1776 o la Rusa de 1917. Todas las revoluciones clásicas, esto ha sido señalado por muchos, parecen desarrollarse en un ciclo que va trasladando el poder a través de las diversas clases sociales y sus fracciones, desde las más moderadas hasta las más radicales, para luego volver a asentarse sobre las moderadas, pero expresando una nueva realidad social y política surgida de entre el polvo y los escombros de años de luchas.

La Revolución Hispanoamericana por la Independencia no fue la excepción a esta regla. Como todas las revoluciones, ésta empezó como quien no quiere la cosa, con modestos y moderados objetivos, digamos que reformistas, pero sin darse cuenta, se fue complicando, profundizando, se conformaron sus partidos, se confrontaron, parió nuevos hijos y se los tragó (como diría Dantón). Al final, luego de 20 años de guerras civiles, sus resultados no fueron exactamente los previstos por ninguno de sus actores principales.
Nuestra independencia, al igual que el modelo clásico de la revolución Francesa, tuvo sus partidos: los realistas (virreyes y oidores, como Abascal, Liniers o Amar, con sus generales terribles como Sámano y Morillo); los girondinos o moderados (Castelli y Rivadavia en el Sur, Camilo Torres en Nueva Granada y Miranda en Venezuela); sus jacobinos (como el propio Bolívar, Mariano Moreno o sus seguidores póstumos, San Martín, Nariño); y su partido más radical y plebeyo, a la manera de los Sans-Culottes (representado por Carbonell en Bogotá, Beruti y French en Buenos Aires, Artigas en Uruguay, José Leonardo Chirino o Piar en Venezuela).
A su vez, cada partido expresaba los intereses de una clase o fracción de ella: los comerciantes importadores, los exportadores, los productores del mercado interior, las capas medias de profesionales (generalmente abogados), los pequeños campesinos, los jornaleros, los artesanos, etc. El modelo de estado que propugnaban también variaba, de acuerdo a los intereses de clase: monárquicos, monárquicos constitucionales, republicanos (unos a favor del sufragio restringido, otros proponiendo el sufragio universal, masculino, claro), centralistas y federalistas.
En realidad nunca se procedió siguiendo un proyecto predeterminado, como algunos han llegado a creer. Por el contrario, los propios estados nacionales surgidos de la independencia, tanto en cuanto a sus fronteras, como en su organización económica y política, no quedaron claramente trazados hasta después de la segunda mitad del siglo XIX, luego que triunfaran los esquemas que ahora conocemos, tras décadas de guerras civiles. Lo cual demuestra que la historia social es un libro abierto, no escrito en ninguna parte, resultado de múltiples factores que nadie puede controlar.
Pero la Independencia, aunque siguió el modelo clásico de la Revolución francesa y estuviera inspirada en buena medida en la Ilustración gala y en el liberalismo inglés, no fue un calco de aquella y aquí los partidos y las ideas tuvieron sus propios significados, atendiendo a su específica realidad social y cultural. Los conceptos y los simbolismos no siempre tenían los mismos contenidos. Quien haga una lectura superficial de los hechos corre el riesgo de equivocarse completamente.
Basten dos ejemplos: el papel de un sector de la Iglesia, el “bajo clero”, contrario al jugado en la Francia de fines del XVIII, acá tuvo caracteres revolucionarios. Si no, ¿cómo explicarnos la acción revolucionaria de las masas indígenas movilizadas por el cura Hidalgo tras la imagen de la Virgen de Guadalupe? En el sentido contrario, ideólogos ilustrados de la élite criolla, como Camilo Torres, que apelaban al ideario modernizador para justificar su igualdad de derechos con los españoles, tenían pavor de que el sentimiento igualitarista calara en la masa de indios, negros y mestizos.
Al igual que en la Independencia norteamericana y la francesa, el factor de la política internacional debe ser tomado en cuenta en el análisis, ya que éste jugó una veces a favor y otras en contra del proceso general, pero en todo momento fue una influencia decisiva sobre los acontecimientos.
El telón de fondo, lucha entre Francia e Inglaterra:
El factor internacional condicionó todo el proceso y en gran medida fue la chispa que prendió la mecha. Por supuesto, la perspectiva histórica requiere usar una razón dialéctica para la cabal comprensión de los sucesos. Dialéctica, porque es evidente que hay un factor interno de crisis económica, social y política incubándose en el imperio español a lo largo del siglo XVIII, que lo debilita tremendamente. Crisis interna que explica la facilidad con que la disputa por la influencia mundial y europea, entre Francia e Inglaterra, convierten en monigote a la monarquía borbónica, precipitando su colapso.
Los Borbones españoles siguieron actuando como peones de Francia incluso después que guillotinaron a Luis XVI. Y como aliado de ésta, entra en guerra con Inglaterra, que hace evidente su predominio naval destruyendo la armada española en la batalla de Trafalgar en 1805. Lo cual derivó en consecuencias concretas para sus colonias americanas.
Además de no poder controlar el contrabando de mercancías, en 1806, Inglaterra avanza su política expansionista invadiendo el Río de la Plata, y la monarquía española se encuentra en tal estado catatónico que se ve imposibilitada de hacer nada al respecto. Es el pueblo bonaerense el que, ante la propia ineptitud del virrey Sobremonte, espontáneamente se organiza para rechazar la invasión inglesa, con Liniers al mando de un ejército local. A partir de allí, la pérdida de control sobre Buenos Aires sólo podía ir en aumento.
Al año siguiente, 1807, Napoleón Bonaparte decide invadir Portugal para someterlo a su política de cerco contra Inglaterra. El emperador francés realiza esta primera invasión a la península Ibérica a través de España, ante la total pasividad e incapacidad de sus ejércitos. Los efectos de esta primera invasión son decisivos:
Primero, implica el traslado masivo de la corte de los Braganza, de Lisboa a Brasil, convirtiendo a éste último país puntal decisivo de su influencia en América; segundo, la invasión napoleónica a Portugal demuestra la necesidad para Francia de controlar también a España y demuestra que este plan es viable, de modo que prepara la segunda invasión al año siguiente; tercero, una vez en Brasil, y ante la crisis de la monarquía española, se despiertan las ambiciones de la mujer del rey portugués, Carlota Joaquina de Borbón, sobre las posesiones americanas del imperio, formándose partidarios de este proyecto en Sudamérica, como el propio Manuel Belgrano en Buenos Aires.
Entre 1808 y 1810, la monarquía lusitano brasileña impulsó el proyecto de un reino hispanoamericano regido por Carlota como legítima heredera de los Borbones. Sin embargo, según el historiador Félix Luna, Inglaterra jugó con el proyecto pero no permitió que cuajara, pues hacía equilibrio tratando de mantener en la formalidad de aliados a la Junta de Sevilla y al Consejo de Regencia posteriormente.
La propia crisis entre Carlos IV y Fernando VII, que va desde un golpe de estado, del hijo contra el padre, hasta las Capitulaciones de Bayona y el apresamiento de ambos por Napoleón, constituye el síntoma más claro de la crisis española. En 1808, Napoleón invade España y nombra a su hermano José rey de este país, lo cual destapa el proceso que culminará con la Independencia hispanoamericana, con posterioridad a 1821-25.
El pueblo español se insurrecciona contra José Bonaparte y resiste la ocupación francesa. Surgen guerrillas que se enfrentan al poderoso ejército galo. En ausencia de un poder político claro, surgen en todas las ciudades Juntas de Gobierno que luchan por la independencia española y el retorno de Fernando VII como legítimo monarca. En la ciudad de Sevilla se crea una Junta que centraliza la resistencia, controlada por elementos de la nobleza.
En Hispanoamérica, como secuela de los sucesos españoles, se dan movimientos para integrar Juntas locales, pero los Virreyes y demás autoridades coloniales se oponen en principio a los intentos de integrar estas juntas y a dar participación en ellas a los elementos encumbrados del estamento criollo. Se amparan, para esta negativa, en la autoridad de la Junta de Sevilla, que pretende que ellos suplen la ausencia de Fernando VII y que acá todo debe seguir igual, como si no hubiera pasado nada.
La incapacidad de los sectores más liberales e ilustrados de la nobleza española para ponerse a tono con las circunstancias, la cual va a conducir a los brazos del independentismo hasta los sectores más moderados de los criollos, queda graficada en la figura de Jovellanos, cerebro de la Junta de Sevilla, que dice: “Haciendo…mi profesión de de fe política, diré que, según el derecho público de España, la plenitud de la soberanía reside en el monarca… y, como ésta sea por su naturaleza indivisible, se sigue también que el soberano mismo no puede despojarse ni puede ser privado de ninguna parte de ella a favor de otro ni de la nación misma”.
Peor aún, la Junta de Sevilla sólo reconoce iguales derechos a los americanos cuando José Bonaparte promulga su Constitución y en el título X equiparaba las esos derechos de sus nuevos súbditos hispanoamericanos. Pero, según Liévano Aguirre, la junta sevillana no era sincera, ya que al reglamentar la representación en ella sólo otorga nueve puestos a los americanos contra treinta y dos españoles.
Finalmente, los criollos ven la oportunidad de lograr su reconocimiento cuando, en enero de 1810, las tropas de Napoleón derrotan a la Junta de Sevilla y controlan toda la península Ibérica, quedando un pequeño grupo de nobles a merced de la protección inglesa en Cádiz, conformando lo que se llamó el Consejo de Regencia.
En este punto la crisis era de tal grado que, para darse un barniz de legitimidad, el Consejo invita a los criollos americanos a tomar su lugar como españoles en igualdad de derechos que los peninsulares. Pero en esto también actuaron presionados por Napoleón que, en diciembre de 1809, se manifestó dispuesto a reconocer la independencia de las colonias españolas. Y, aunque los virreyes y demás autoridades coloniales intentaron ocultar la nueva realidad, no pudieron evitarlo, abriéndose el proceso de establecer Juntas compuestas por criollos, en algunos lugares mezclados con las viejas autoridades.
Irónicamente, el proceso que desata los nudos del imperio colonial español, se inicia con la proclama del 24 de febrero de 1810 del Consejo de Regencia que dice: “Desde este momento, españoles americanos, os veis elevados a la dignidad de hombres libres; no sois ya los mismos de antes, encorvados bajo un yugo mucho más duro, mientras más distantes estabais del centro del poder, mirados con indiferencia, vejados por la codicia y destruidos por la ignorancia. Tened presente que al pronunciar o escribir el nombre del que ha venir a representaros en el Congreso Nacional, vuestros destinos no dependen ya de los ministros, ni de los virreyes, ni de los gobernadores: están en vuestras manos”.
1810: ¿Independencia o sólo autonomía?
Empecemos por despejar un equívoco: se dice que estamos conmemorando el Bicentenario de la Independencia, en base a los sucesos de 1810; sin embargo, en la mayoría de las Juntas que se impusieron en las ciudades y capitales virreinales de América, no se declaró tal independencia, por el contrario, asumieron el poder político en nombre de Fernando VII y a la espera de su retorno.
Lo que tuvieron de revolucionario aquellos sucesos fue que las Juntas en muchos lugares se impusieron gracias a la movilización popular, que arrancó el poder de las autoridades virreinales. Pero el poder quedó en manos de quienes controlaban los Cabildos, es decir, la oligarquía criolla con ínfulas nobiliarias principal beneficiaria del modelo económico colonial, aunque desprovista, hasta ese momento, del poder político.
Por supuesto, las alas más radicales de las sublevaciones populares, en muchos casos sí levantaban ya la propuesta de Independencia total de la metrópoli y el establecimiento de un gobierno republicano. Pero éste primer envión popular, no puso el poder político en manos de los partidos radicales, sino que lo arrancó a los virreyes y lo entregó a la élite criolla moderada.
Los independentistas y republicanos consecuentes tomarían el poder posteriormente, luego de cruentas guerras civiles y nuevos alzamientos populares, por un breve tiempo, para luego ser derrotados entre 1814-20, con la restauración de Fernando VII, y volver a la ofensiva hasta vencer definitivamente a partir de 1820-25, y ver el péndulo político retornar a la derecha en manos del criollismo reaccionario, entre 1826-30, con el fracaso del proyecto bolivariano.
El historiador José Luis Romero, especialista en este tema, afirma: “No es fácil establecer cuál era el grado de decisión que poseían los diversos sectores de las colonias hispanoamericanas para adoptar una política independentista. Desde el estallido de la Revolución francesa aparecieron signos de que se empezó a pensar en ella… Pero era un sentimiento tenue…”.
Por el contrario, hacia 1810, la actitud de los próceres criollos fue una reacción contra el posible influjo subversivo que podrían tener en la sociedad hispanoamericana las ideas revolucionarias francesas, a través de José Bonaparte. Parodiando esta actitud, el historiador Liévano Aguirre dice: “Fue la amenaza de la Francia revolucionaria la que aceleró la crisis, puso término a las indecisiones, y dos consignas célebres resumieron, en América, las tendencias de los distintos intereses en juego. Los funcionarios españoles dijeron: “Los franceses antes que la emancipación” y los criollos respondieron: “La emancipación antes que los franceses””.
Basten dos ejemplos, uno citado por Romero y el otro por Liévano, sobre dos importantes figuras de este momento y cómo en realidad pensaban: Francisco de Miranda y Camilo Torres.
Francisco de Miranda, que vivió muchos años en Europa, el precursor de la idea de la independencia, expresaba al sector mercantil hispanoamericano vinculado a los intereses británicos, cuyo modelo político apreciaba. Respecto a él, dice Romero: “Una cosa quedaba clara a sus ojos: la urgente necesidad de impedir que penetraran en Latinoamérica las ideas francesas… Una y otra vez expresó que era imprescindible que la política de los girondinos o de los jacobinos no llegara a “contaminar el continente americano, ni bajo el pretexto de llevarle libertad”, porque temía más “la anarquía y la confusión” que la dependencia misma”.
Camilo Torres, autor del Memorial de Agravios, por el cual exige la igualdad de los americanos (pero sólo de los criollos) con los españoles, opina: “… La constitución napoleónica será un contagio funesto, que apestará nuestros pueblos. Perseguidla y quemad vivo al que quiera introducirla entre nuestros hermanos…”.
Porque ambos próceres expresaban con claridad los intereses de la clase a la que pertenecían y cuando hablaban de libertad e igualdad, se referían a la oligarquía criolla, y no a la masa de explotados indios, mestizos y negros. Por ejemplo, Miranda, en su “Bosquejo de Gobierno Provisorio” (1801) propone el paso del gobierno a los Cabildos en los que se aceptarán representantes de “la gente de color”, pero sólo en un tercio, y si son “propietarios de no menos de diez arpentes de tierra”. Torres, por su parte, en el Memorial alega que: “Los naturales (los indios), conquistados y sujetos hoy al dominio español, son muy pocos o son nada en comparación de los hijos de europeos…”, para justificar que no tienen derecho a la representación en la Cortes.
Respecto a los objetivos de los criollos, en el caso de la Junta de Santa Fe (Bogotá), queda claro en la nota que ellos mismos dirigieron a las provincias invitándoles a sumarse que: “Nuestros votos, nuestro juramento son “la defensa y la conservación de nuestra santa religión católica: la obediencia a nuestro legítimo soberano el señor Fernando VII, y el sostenimiento de nuestros derechos hasta derramar la última gota de sangre por tan sagrados objetivos. Tan justos principios no dejarán de reunirnos las ilustres provincias del reino. Ellas no tienen otros sentimientos, según lo han manifestado, ni conviene a la común utilidad que militemos bajo otras banderas, o sea otra nuestra divisa que “religión, patria, rey”” (29 de julio de 1810).
Estas actitudes inconsecuentes no valieron de nada a los criollos, y al propio Camilo Torres, cuando el general Morillo, luego de restaurado Fernando VII, decidiera pasarlo por las armas en 1816. Actitud represiva y vengativa de la monarquía que hizo mucho más por convencer a los criollos de volcarse a la Independencia que todos los discursos de Simón Bolívar.
En el caso de la Junta que se instaló en Buenos Aires, el 25 de mayo de 1810, dice el historiador Félix Luna que: “Es posible que algunos de los dirigentes revolucionarios intuyeran que esos tiempos llevaban ineluctablemente a la independencia. Otros acaso deseaban una reformulación de los vínculos con España”. Pero todavía un año después la Junta de Buenos Aires firma un Tratado de Pacificación con el virrey Elía, que dice: “… protestan solemnemente a la faz del universo que no reconocen ni reconocerán jamás otro soberano que al señor D. Fernando VII, y sus legítimos sucesores y descendientes”.
El 18 de septiembre de 1810, la Junta creada en Santiago de Chile, juraba “defender este reino hasta con la última gota de sangre, conservarlo al señor don Fernando VII, y reconocer el Supremo Consejo de Regencia…”. Igual sucedió en Caracas, en la que el Acta de Independencia sólo se va a proclamar el 5 de julio de 1811, luego de una fuerte lucha política.
Nace el partido radical y popular de la revolución
Sería un error creer que el único sector social que actuó sobre los acontecimientos fue la oligarquía criolla. Por el contrario, en los mismos hechos que llevaron al establecimiento de estas juntas conformadas por el criollismo, actuaron decisivamente las masas populares dirigidas por adalides salidos de los sectores medios de la sociedad quienes expresaron un proyecto más radical y revolucionario que el de las élites.
Inclusive, en los momentos decisivos, ante la pusilanimidad criolla, fueron estos líderes y las masas la que impusieron el cambio. Dos ejemplos, Bogotá y Buenos Aires.
Según Liévano, el mismo 20 de julio de 1810, los criollos montaron una provocación para que el pueblo saliera a la calle y legitimara la instalación de la Junta forzando al virrey Amar a reconocerla. Pero ante la magnitud de la protesta popular, y los saqueos de los comercios de los gachupines, la oligarquía cachaca se asustó y corrió a esconderse en los “retretes más recónditos de sus casas”. De manera que, al caer la noche, y retirarse el pueblo a la sabana, sólo el criollo Acevedo y Gómez intentaba vanamente mantener una ficción frente al Ayuntamiento, para beneplácito del virrey que creía desvanecido el movimiento.
Es un joven de 25 años, modesto funcionario de la Expedición Botánica, al que ya ni recuerdan entre los próceres, José María Carbonell, quien con un grupo de seguidores se dirigió a los arrabales de la ciudad, tocó las campanas y congregó al pueblo de Bogotá, salvando al movimiento, e intimidando al virrey que se vio obligado a reconocer la Junta. Es Carbonell, al frente de las huestes populares quien fuerza, en las siguientes semanas, a la destitución y prisión definitiva del virrey. La Junta se constituyó sólo con miembros de la oligarquía, ante la protesta de Carbonell y el pueblo, y le pagó a éste con la cárcel, posteriormente.
En Buenos Aires, la oligarquía también pretendía un acuerdo con el virrey Cisneros, incluso que la Junta funcionara bajo su presidencia. Y es el pueblo movilizado por French y Beruti, dos líderes salidos de las capas medias la que fuerza los hechos, siendo destituido el virrey e instalándose una junta de coalición de diversos partidos.
En ambos casos, Buenos Aires y Bogotá, es la acción de los Carbonell, Beruti y French al movilizar al pueblo, la que ata las manos del ejército que, en caso contrario, habría inclinado la balanza a favor de las autoridades coloniales. Estos líderes, al igual que Bolívar en Caracas se organizarían como partidos independientes en las llamadas sociedades patrióticas, y jugarían papeles notables en los meses siguientes.
En fin, de todas las proclamas de 1810 la única que contenía un claro grito de Independencia es la que salió de los sectores más explotados de la sociedad colonial, los indígenas, y su vocero fue Miguel Hidalgo, quien, desde Guadalajara, decía en diciembre de 1810: “Rompamos, americanos, esos lazos de ignominia con que nos han tenido ligados tanto tiempo: para conseguirlo no necesitamos sino de unirnos…”, y seguidamente decretaba la entrega de las tierras de arriendo a los indígenas y el fin de la esclavitud (“Que todos los dueños de esclavos deberán darles libertad dentro del término de diez días, so pena de muerte…”).
Bibliografía:
1) Pensamiento político de la emancipación (1790-1825). Biblioteca Ayacucho. Volúmenes XXIII y XXIV. Caracas, 1977.
2) Liévano Aguirre, Indalecio. Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia. Círculo de Lectores, S.A. Bogotá, 2002.

3) Luna, Félix. La independencia argentina y americana (1808-1824). La nación. Buenos Aires, 2003.

México: “Estallará” impacto negativo de pensiones en 5 ó 10 años más. Guadalupe Cruz

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viernes 26 de febrero de 2010

Guadalupe Cruz Jaimes (CIMAC)

El impacto negativo del régimen de pensiones de cuentas individuales “estallará” cuando en 5 ó 10 años comiencen a jubilarse las millones de mujeres y hombres derechohabientes, sólo con el 30 por ciento del que era su ingreso, aseguró en entrevista Miguel Ángel Sáenz, presidente del Centro de Análisis y Estudios de la Seguridad Social (CAESS).

El especialista precisó que esta situación afecta sobre todo a las mujeres, quienes en promedio perciben un salario 30 por ciento menor al de los hombres realizando las mismas labores, pues en consecuencia su ahorro será de menos recursos.
En entrevista, Sáenz explicó que con la capitalización individual es imposible lograr una pensión digna, ya que bajo este régimen “a lo más que se puede aspirar es a una tasa de reemplazo del 30 por ciento del último salario de las y los trabajadores”.
Es decir, si durante el último año de su vida laboral, la trabajadora o trabajador ha estado viviendo con 5 mil pesos mensuales, cuando se jubile va a recibir mil 500 pesos cada mes, esto representa un “deterioro extraordinario de la calidad de vida de cualquier gente”, explicó el médico de profesión y estudioso del tema de seguridad social.
A la fecha, informó, no hay personas jubiladas bajo este régimen, por ello, no ha sido posible mirar “la cara dura” del sistema de cuentas individuales.
Las Administradoras de Fondos de Ahorro para el Retiro (Afores), que manejan los ahorros de las y los trabajadores desde 1997, le quitan más de 60 por ciento de su ingreso a las y los derechohabientes, “esto va a tronar en estas fechas entre 2015 y 2020”, aseveró Sáenz.
Ello se debe, al cobro de “altas” comisiones por parte de las Afores sobre el saldo de las y los derechohabientes, así como a las minusvalías que registran estas empresas. Un ejemplo es que de octubre de 2008 a febrero de 2009, tuvieron pérdidas por 80 mil millones de pesos.
Pensión universal
Ante este panorama, el experto en seguridad social considera que es necesario crear un sistema de pensión universal que apoye económicamente a las personas mayores de 70 años de edad, sin distinción de si cotizaron o no en el Instituto Mexicano del Seguro Social y las que están en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado.
A decir de Sáenz, todas las personas de la tercera edad tienen derecho a una pensión, “que si no parte de su cotización debe partir de fondos fiscales”. Un ejemplo de este tipo de pensión es la que otorga el Gobierno del Distrito Federal a las y los adultos de 68 años en adelante.
En su opinión, la pensión universal, que aplican naciones como España, es cuestión de voluntad política.
Actualmente, CAESS trabaja en la elaboración de un mecanismo universal, que permita dar una pensión digna a las y los contribuyentes y a quienes no lo hicieron, de manera “justa y equitativa”.

Dicha propuesta se presentará a la Comisión de Seguridad Social de la Cámara de Diputados, en el transcurso de este año, pues el tema “no puede esperar”.

CIDH es un órgano “utilizado por el imperio para agredir”, sostiene el presidente venezolano. La Jornada

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Chávez amenaza con abandonar la CIDH
Foto

Hugo Chávez, presidente de Venezuela, bromea con periodistas en una rueda de prensa, ayer en CaracasFoto Reuters
Reuters, Afp y Dpa
Periódico La Jornada
Viernes 26 de febrero de 2010, p. 23

Caracas, 25 de febrero. El presidente venezolano Hugo Chávez amenazó con abandonar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), luego del informe que el organismo emitió la víspera sobre la situación de las garantías individuales en el país, el cual tachó de ignominia.

El mandatario dijo que abandonará ese organismo por considerarlo un cuerpo politizado y utilizado por el imperio para agredir a los gobiernos, y reiteró su convicción de que en un futuro cercano la Organización de Estados Americanos, del cual depende la CIDH, desaparecerá.

Caracas se va a preparar para denunciar el acuerdo mediante el cual Venezuela se adscribió a esa nefasta Comisión Interamericana de Derechos Humanos y salirnos de ahí, afirmó, tras considerar el informe pura basura.

En el texto, la CIDH observó un Estado de derecho en Venezuela que se ha debilitado por la falta de separación de los poderes, a la vez que alertó sobre serias restricciones a los derechos humanos.

Es un informe ignominioso de la inefable CIDH constituido por una colcha de retazos, dijo el presidente al recordar que es la misma comisión que apoyó a Pedro Carmona Estanga, quien encabezó un gobierno de facto que se instaló en Venezuela durante el fallido golpe de Estado que sacó durante dos días del poder a Chávez en abril de 2002.

Por otro lado, manifestó su deseo de conversar con el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, y poner las cosas sobre la mesa pero sólo si cesan las agresiones de Bogotá. Según Chávez, en Colombia hay una campaña mediática destinada a crear una permanente animadversión hacia Venezuela por miedo a un contagio de la revolución bolivariana.

Se refirió también al altercado verbal que sostuvo con Uribe durante la cumbre de Cancún. Fue un lamentable incidente que atribuyo a las muchas presiones que debe tener el presidente colombiano dentro y afuera. No es fácil ser anfitrión del imperio, dijo al referirse al uso de bases militares colombianas por parte de fuerzas estadunideneses.

Sobre la nueva organización comunitaria de Estados latinoamericanos y del Caribe, surgida tras la cumbre del Grupo de Río, aseguró que no es un pacto antiestadunidense, sino un pacto por la unidad” de la región.

A su vez, el embajador en Washington Bernardo Álvarez, pidió a Estados Unidos aclarar la postura frente a Venezuela porque, dijo, por un lado pide diálogo y por otro emite informes en el que cataloga a Caracas como una amenaza para ese país.

El embajador se refería a un informe que el director de Inteligencia Nacional, Dennis Blair, entregó al Senado estadunidense hace un mes, el cual afirma que Chávez busca imponer un modelo que socava la democracia en Venezuela y es una amenaza para la seguridad estadunidense.

Ese tipo de reportes, dijo Álvarez, tienen un efecto dentro de Venezuela y alientan a medios opositores y a sectores antagónicos del presidente que no han desechado meterse por el camino no democrático… Nos referimos a cualquier situación que contribuya a la desestabilización del país.

También pidió que en el informe anual del Departamento de Estado sobre la lucha antidrogas que será divulgado pronto, Washington reconozca que los logros venezolanos han sido impresionantes, como un primer paso para dar una muestra clara de que quiere relaciones de mutuo respeto.

Washington respondió a las declaraciones de Álvarez con una posición de apertura, pero señaló que se necesita una base para tener un diálogo significativo, y en estos momentos Caracas está jugando un papel no muy constructivo en la región, dijo Philip Crowley, vocero del Departamento de Estado.

FAO, aliada de trasnacionales para impulsar biotecnología: Grupo ETC. La jornada

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Las empresas buscan que los gobiernos autoricen los transgénicos para aumentar ganancias

En el encuentro de Guadalajara soslayan aspectos socioeconómicos y científicos clave, señala

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Pat Mooney, director del Grupo ETC, advierte que detrás del llamado de la FAO a los países en desarrollo a usar la biotecnología para acabar con el hambre está el interés de las trasnacionales de aumentar gananciasFoto Silvia Ribeiro
Angélica Enciso L.
Periódico La Jornada
Domingo 28 de febrero de 2010, p. 33

Detrás del llamado de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) a que los países en desarrollo usen la biotecnología para acabar con el hambre y la inseguridad alimentaria está el interés de las grandes trasnacionales, cuyo único fin es obtener ganancias, señala Pat Mooney, director ejecutivo del Grupo ETC.

Este lunes comienza en Guadalajara la conferencia técnica internacional Biotecnologías agrícolas en los países en desarrollo, de la FAO, y Pat Mooney, uno de los pocos miembros de la sociedad civil que estaba en el comité asesor internacional, presentó su renuncia hace unos días. Consideró que los preparativos para este encuentro entre gobiernos y científicos están irremediablemente sesgados y soslayan aspectos socioeconómicos y científicos claves.

El Grupo ETC es una organización mundial de la sociedad civil con sede en Canadá; tiene una larga historia de trabajo con la FAO y en temas relacionados con la biotecnología. Mooney agrega en entrevista que el organismo internacional habla de biotecnología en general, pero en el centro de ella están los transgénicos y a las empresas no les interesa solucionar esos problemas de hambre que señala la ONU, porque los pobres no pueden pagar.

–Representantes de la FAO se quejaron de que en la prensa mexicana ya se señala que la conferencia de Guadalajara es para apoyar los transgénicos, y dijeron que además de estos hay otros desarrollos de biotecnología, ¿cuál es la diferencia entre ellos?

–La biotecnología abarca muchas cosas, pero lo que ahora está en debate en todo el mundo, lo real, lo que causa problemas, son los transgénicos. Los textos de la FAO y esta actitud de confundirlo todo, de insistir en no diferenciar los transgénicos como un problema y tratar de poner todo en un mismo saco titulado ‘biotecnología’ parece una cortina de humo para tapar los problemas.

Sobre esta confusión han superpuesto la imagen de que la única salida para que los países del sur enfrenten el hambre es adoptar la biotecnología. Pero en la realidad, el núcleo de la biotecnología agrícola son los transgénicos, por lo que la conferencia de la FAO está promoviendo los intereses de seis multinacionales que controlan dichos cultivos en el mundo.

–La reunión va dirigida a que los países en desarrollo adopten estas tecnologías, para lo que recurren al argumento del hambre y la escasez de alimentos. ¿Qué hay detrás de esto?

–La protección de los intereses de la industria biotecnológica para obtener más ganancias. Dicha industria está controlada por trasnacionales, las cuales nunca se han interesado por alimentar a los pobres, porque ellos no pueden pagar. Prueba de ello es que de toda la investigación y desarrollo que registran las empresas, casi las dos terceras partes son rosas y crisantemos, no cultivos alimentarios. No les interesa el hambre ni los pobres.

–¿A qué atribuye el interés de la FAO porque esta reunión se realice en México?

–El mayor interés no fue de la FAO sino del gobierno de México. Creo que al ver lo sesgado del proceso, se propusieron como anfitriones, con la esperanza de lograr que una conferencia internacional declare que se necesitan transgénicos para poder alimentar el mundo en el 2050. De esa forma se sentirían legitimados, aunque estén destruyendo la diversidad genética del país y sus bases alimentarias.

–¿Qué relación hay entre Monsanto o Dupont con la FAO, y tendrán algún papel en la conferencia?

–En los documentos base de la conferencia, Monsanto es referida varias veces, siempre en forma positiva, a pesar de que esa empresa ejerce rutinariamente, mediante sus patentes monopólicas, enormes limitaciones para desarrollar investigación científica. Esto, además de los impactos sobre los agricultores, los juicios contra ellos, que no se mencionan. Parecería que el documento quiere lavar un poco la imagen tan degradada de esta trasnacional en el mundo.

En la conferencia también estarán presentes las empresas. No se ha distribuido la lista de participantes, pero me sorprendería muchísimo si no hubiera ejecutivos de Monsanto en las delegaciones, por ejemplo, de Estados Unidos y quizá la de México y otras naciones. Siempre lo hacen, y de esta forma parece que en la conferencia hablan los gobiernos, pero en realidad lo hacen las empresas.

–¿Hay urgencia por propagar el cultivo de transgénicos?

–No hay ninguna urgencia motivada por causas reales, es decir, por necesidad de la gente. Sin embargo, para Monsanto, que virtualmente tiene el monopolio de los transgénicos agrícolas, es urgente romper las resistencias oficiales a los transgénicos, por ejemplo para avanzar en Europa, uno de sus principales mercados. Pero también les interesan los países del sur global, porque en muchos encuentran mayor flexibilidad gubernamental y les sirve para mostrar que cada vez hay más naciones que permiten transgénicos.

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