La Escuela de las Américas. La Escuela de Asesinos.

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domingo 14 de marzo de 2010

La Escuela de las Américas ahora llamado el Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica (SOA/ WHINSEC por sus siglas en inglés) fue establecida en Panamá en 1946 y luego trasladada a Fort BenningGeorgia en 1984. El presidente de Panamá Jorge Illueca describió a la SOA como “una base para la desestabilización en América Latina” y uno de los principales diarios panameños la apodó “La Escuela de Asesinos.” La historia apoya estas acusaciones.
Cientos de miles de latinoamericanos han sido torturados, violados, asesinados, desaparecidos, masacrados y obligados a refugiarse por soldados y oficiales entrenados en esa Escuela. Los egresados de la SOA persiguen a los educadores, organizadores de sindicatos, trabajadores, religiosos, líderes estudiantiles y a los pobres y campesinos que luchan por los derechos de los damnificados.
A lo largo de sus mas de sesenta años de existenciala SOA ha entrenado a más de 61.000 soldados latinoamericanos en cursos como técnicas de combate, tácticas de comando, inteligencia militar y técnicas de tortura. Estos graduados han dejado un largo rastro de sangre y sufrimiento en los países donde han regresado. Hoy día la Escuela de las Américas entrena casi mil de soldados y policía cada año.

Los verdaderos saqueadores.Por Carlos Fernández. Marzo, 2010

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http://www.theclinic.cl/2010/03/04/los-verdaderos-saqueadores/

Preocupados por unos pocos saqueos a supermercados….?
Esperen un poco a que los verdaderos saqueadores expertos empiecen a hacer de las suyas…
Ya caerán sobre las victimas y todos nosotros…
Quienes compren sus terrenos donde estuvieron sus hogares a mínimos precios…
Quienes aumenten injustificadamente los precios de alimentos, materiales de construcción, pasajes, y créditos…
Quienes ademas de buscar excusas para no pagar los seguros comprometidos, nos suban las primas a todos los que no sufrimos daños…
Quienes ademas de no sufrir castigos y multas por sus deficientes construcciones, pidan menos fiscalización y acelerar los tramites y controles para volver a reconstruir el país…
Quienes justifiquen vender las pocas empresas estatales que nos quedan Codelco, Enap, y otras a precio de huevo para financiar cuatro años de reconstrucción nacional y nos dejen sin nada para el futuro…
Quienes pidan rebajar impuestos a las empresas, para ayudar a dar trabajo????….
Esto ya paso en Tailandia después del Tsunami con pésimos resultados para los que perdieron todo y los que pudieron salvar algo…
Los pescadores artesanales tuvieron que entregar sus caletas a empresas privadas, los poblados costeros se convirtieron en lujosos resorts y hoteles, y sus habitantes fueron desplazados a otras zonas sin trabajo ni ayuda…
Mucho me temo que el próximo gobierno no este preparado para defendernos a todos de esta peligrosa ola de pillaje que se nos viene encima, sino que mucho peor sea uno de quienes la promueven…
Echenle una miradita a La Doctrina del Shock de la Naomi Klein.


Los bicentenarios de la independencia y el mundo. Luis Britto García / ALAI

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sábado 13 de marzo de 2010

La esclavitud, la sujeción, la liberación del Nuevo Mundo anticipan y emblematizan la del Mundo. La de América Latina podría prefigurar la de la Humanidad.
Luis Britto García / ALAI
1
De paso por Madrid hojeé un libro de cuyo nombre no quiero acordarme, que rebajaba las independencias latinoamericanas a subproducto de “la crisis del 1808”. Vale decir: lo que cumplieron veinte millones de americanos en veinte millones de kilómetros cuadrados sería un eco de lo que no lograron once millones de españoles en medio millón de kilómetros. Por el contrario, la hegemonía de España y por consiguiente la de Europa fue un subproducto de América Latina y el Caribe. Para comprender las revoluciones que acabaron con los “trescientos años de calma” que denostó Bolívar, examinemos la influencia que durante ese período ejerció sobre el planeta el sometimiento de la gigantesca América Latina.
2
Las riquezas saqueadas al Nuevo Mundo tuvieron como consecuencia política doscientos años de hegemonía española, la derrota de los musulmanes en Europa, la transferencia de los metales preciosos de España a Holanda, Francia e Inglaterra; las consecutivas hegemonías de estos países y su final arremetida sobre el planeta en la colonización global.
3
En lo económico, los metales preciosos americanos detonaron el arranque del capitalismo, sus vegetales como la papa y el maíz alimentaron las muchedumbres que lanzaron la revolución industrial. En lo cultural, nuestras sociedades comunitarias relanzaron el tema de la Utopía; nuestros aborígenes inspiraron las reflexiones de Montaigne sobre los pueblos primordiales; dieron pie al mito del Buen Salvaje que a su vez sustentaría al Romanticismo, y suscitaron la cuestión del Otro y la de la relatividad y pluralidad de las culturas.
4
Si la sumisión de América tuvo tales consecuencias, no fueron menores las de su liberación. Nuestras independencias impusieron el principio republicano como paradigma político universal. Transitorias Repúblicas hubo entre las sociedades esclavistas de Grecia y Roma y las mercantilistas ciudades italianas del Renacimiento. Cromwell impuso en Inglaterra una fugaz República durante una década, y los jacobinos otra durante pocos años. Con apoyo del absolutismo francés, los estadounidenses desde 1783 instauran otra, esclavista y oligárquica. Esas excepciones no hicieron la regla. Pero salvo el imperio de opereta de Brasil, nuestras revoluciones independentistas sentaron los principios de la República, de la soberanía popular expresada mediante el sufragio, de la separación de poderes. Ante este ejemplo, Europa amenazó a América con la llamada Santa Alianza, para concluir instaurando tardíamente Repúblicas en Francia y en España, y reducir a sus reyes a una opulenta decoratividad, controlada por parlamentos en parte electos. Si la República es la forma política paradigmática en el mundo contemporáneo, se debe a que América, y sobre todo América Latina independiente, demostró su viabilidad.
5
Las independencias latinoamericanas, aunque muchas degeneraron en las llamadas repúblicas oligárquicas, que intentaron perpetuar la sociedad colonial de castas negando acceso al sufragio a las mayorías, fueron, en todo el sentido de la palabra, revolucionarias. Lo fueron porque sustituyeron el orden del absolutismo monárquico por el del republicanismo fundado en la soberanía popular, porque en su mayoría esgrimieron como banderas la liberación de los esclavos y de los indígenas, y porque sólo triunfaron gracias a la incorporación activa del pueblo a las milicias revolucionarias. La rebelión de Haití en 1804 es el más acabado ejemplo de sublevación social de un sector de la población enteramente despojado de derechos contra sus opresores. Los restantes movimientos independentistas triunfaron cuando lograron la incorporación de castas o clases oprimidas a las filas revolucionarias: unas filas que recurrieron en una escala continental, nunca antes vista, al parto de la violencia.
6
Las revoluciones latinoamericanas quizá se inspiraron en la estadounidense y en la francesa. Sin embargo, su ejemplo desató en Europa una oleada revolucionaria que, al igual que en América Latina, desbordó las fronteras y sacudió un continente. Latinoamérica demostró que una sublevación revolucionaria podía derrotar los ejércitos de las monarquías y mantenerse en forma permanente y estable. Las cadenas de insurrecciones europeas de 1830 y de 1848 siguen en alguna forma esta inspiración. Durante dos centurias de vida autónoma América Latina mantiene vigente para el mundo el tema de la Revolución, que la victoria de la Santa Alianza contra Francia parecía haber clausurado para siempre. A lo largo del coloniaje y después de él mantuvo Nuestra América una constante tradición de insurrecciones revolucionarias. Las rebeliones campesinas que dirige Ezequiel Zamora en Venezuela preceden a la Comuna de París; la Revolución Mexicana antecede a la Bolchevique; la insurgencia de César Sandino contra el imperialismo de Estados Unidos, la Revolución Cubana, mantienen el ideal revolucionario en un mundo que parecía derivar hacia el conservadurismo.
7
Señalé sobre el Movimiento de los Países No Alineados, que así como la conquista de América fue la mayor operación de coloniaje jamás cumplida, su liberación fue la más grande gesta de descolonización culminada. Como bien dijo Bolívar en 1824 a los vencedores de Ayacucho «Habéis dado la libertad a la América meridional; y una cuarta parte del mundo es el monumento de vuestra gloria». En dos centurias de Independencia, Nuestra América ha enfrentado todos los desafíos que luego encontraron los demás países descolonizados: sustitución de la dependencia política por la económica, científica y cultural; enfrentamiento con antiguos países descolonizados que a su vez devienen imperios; la progresiva marcha hacia la unidad y la integración mediante organismos internacionales como el Mercosur, Unasur, el Alba. La esclavitud, la sujeción, la liberación del Nuevo Mundo anticipan y emblematizan la del Mundo. La de América Latina podría prefigurar la de la Humanidad.
PD: La venezolana Soleydis del Valle ganó el Premio Internacional de Novela Alba con “Percusión y Tomates”. Gloria para Venezuela y para ella.

El neoliberalismo ha muerto. Marco Gandásegui

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sábado 13 de marzo de 2010

Con la muerte del neoliberalismo y en momentos de crisis en el centro (cambios cuya dirección siguen sin esclarecerse) América Latina tiene la oportunidad de generar las condiciones para un desarrollo propio. Desarrollo que no puede ser autárquico (aislado), pero que debe ser en función de sus propios intereses políticos y sociales.
Marco Gandásegui, h. / http://marcoagandasegui.blogspot.com/

1. La caída libre del capitalismo
El neoliberalismo fue la respuesta a la caída de la tasa de crecimiento del capital cuya tendencia apareció claramente en la década de 1970. Su diseño fue, en mayor parte, creación de los especialistas concentrados en las oficinas ejecutivas de EEUU y en las IFI. Su núcleo académico trabajaba en la Universidad de Chicago. Según los observadores más avispados de aquel entonces, el sistema capitalista mostraba una tendencia hacia la sobreproducción (subconsumo) de mercancías. Es decir, el mercado no podía absorber la producción y, como consecuencia, alejaba a los inversionistas.
Con el fin de contra-atacar la tendencia declinante de las ganancias de los capitalistas, EEUU se retiró, a principios de la década de 1970 (durante la presidencia de Richard Nixon), del acuerdo monetario de Bretton Woods liberando al dólar de su vínculo con el oro. Los dólares acumulados en los bancos centrales del mundo se volvieron papel devaluado. Junto con los “petrodólares”, los “eurodólares” inundaron los mercados del mundo creando nuevas deudas (especialmente en América latina). Los países latinoamericanos se convirtieron en presas fáciles para asumir las deudas y comenzaron a invertir.
La política de endeudamiento internacional, sin embargo, no fue suficiente para rescatar al capitalismo de su caída libre. Durante la “década perdida” de 1980 las inversiones de la década anterior no dieron los resultados esperados y todos los países latinoamericanos quedaron endeudados. Ante el fracaso de la política de endeudamiento de la década de 1970, apareció una nueva modalidad para intentar frenar la crisis estructural del capitalismo.
En su desesperación, a fines de la década de 1970 y a principios de la década de 1980, la elite en el poder comenzó a escuchar los ideólogos quienes planteaban que el problema de la caída de la tasa de ganancia era culpa de los niveles salariales de los trabajadores, de gobiernos inoperantes, agobiados con servicios sociales (entitlement), y demasiados controles y regulaciones aplicados a los inversionistas. Para contrarrestar estas políticas, establecidas durante los 25 años anteriores (1945-1970), se diseñaron un conjunto de políticas de ajuste económico concebidas para frenar la caída y reiniciar un proceso de recuperación económica del capitalismo. Estas medidas (enmarcadas en ideologías que se llamaron teorías) fueron consolidándose, primero en EEUU, después en otros países (especialmente América latina) y el resto del mundo, con excepciones como China. A principios de 1990, el gobierno de EEUU y las IFI (controlados por el primero) llegaron a un acuerdo que denominaron el “consenso de Washington”.
En EEUU y en algunos otros países se le llamaron políticas económicas “neo-clásicas”. En América latina fueron bautizadas con el nombre de políticas económicas “neoliberales”. Las nuevas políticas de ajuste no constituyen una nueva teoría o escuela de pensamiento económico, político o social. La nueva política tenía (y podría seguir teniendo) el propósito de rescatar a los inversionistas capitalistas (garantizar un nivel adecuado de ganancias) mediante la transferencia a sus cuentas de parte de la masa salarial de los trabajadores, parte de los servicios sociales que prestaban los gobiernos y, además, facilitando sus operaciones eliminando todo tipo de regulaciones que pretenden proteger el ambiente, el trabajo femenino, la calidad de vida comunitaria y otras.

2. Triunfo pírrico del neo-liberalismo
La política de ajuste tuvo un gran éxito, iniciándose en la década de 1980 bajo la presidencia de Reagan en EEUU. Igualmente, en Gran Bretaña con la primera ministra Margaret Tatcher. La flexibilización del trabajo le permitió a los inversionistas rebajar significativamente la masa de salarios de los trabajadores. Igualmente, los gobiernos eliminaron o redujeron toda clase de servicios sociales – desde la educación, salud, vivienda y otros – cuyos ahorros fueron transferidos al sector privado (inversión capitalista). Las regulaciones y controles fueron reducidos o suprimidos. EEUU llegó al extremo de denunciar el protocolo de Kyoto, acuerdo destinado a reducir el calentamiento climático, entre otros, que tendrá efectos desastrosos sobre la humanidad a corto plazo.
En América Latina y en el resto del mundo la política “neoliberal” también tuvo resonantes éxitos. Pinochet, en la década de 1980, se convirtió en Chile en el modelo a seguir en el reajuste de la economía para favorecer las inversiones capitalistas (a pesar de que lo realizó a sangre y fuego). Le siguieron gobernantes como Menem (Argentina), Fujimori (Perú), Salinas (México) y Pérez Balladares (Panamá), entre tantos otros, en la década de 1990. Las políticas empobrecieron más a los trabajadores de la región y enriquecieron a los capitalistas.
Hay que destacar tres elementos en este análisis. En primer lugar, el neoliberalismo no tenía el objetivo de crear nuevas riquezas. Más bien, la política consistía en transferir al capitalista el valor de la fuerza de trabajo no pagado. A la vez, se “privatizaron” todos los ahorros populares y se mercantilizaron todos los bienes sociales (incluyendo las fuentes de agua). En segundo lugar, se creó un nuevo flujo de excedentes hacia el centro de la economía capitalista (EEUU) mediante la “dolarización” de las inversiones.
El tercer elemento es muy importante y promete tener efectos a más largo plazo. En la década de 1970, EEUU comenzó a buscar mercados de fuerza de trabajo más económicos (baratos) que lo que ofrecía su propio mercado. Esta modalidad sería bautizada con el nombre de “externalización” de los empleos. Creó lo que hoy se llama en EEUU la “cinta oxidada” (rust belt) formada miles de industrias cerradas.
En América Latina los países se peleaban las plantas manufactureras que EEUU exportaba enteras a lo largo de dos décadas. El mercado más favorecido fue México – que montó ensambladoras, maquilas y otras industrias – probablemente por su proximidad a EEUU.
En la década de 1990, EEUU descubrió el mercado de trabajo más barato del mundo, la República Popular de China. En menos de una década China se convirtió en el país que alojaba la proporción más grande de inversión directa (en gran parte de EEUU) del mundo. La rápida industrialización de China se realizó gracias a la política de externalización del empleo y la demanda de los consumidores de EEUU, mantenida a punta de un mecanismo de endeudamiento. Este último país se endeudaba paulatinamente con Pekín emitiendo bonos del Tesoro contra un pago en el futuro.
China se convirtió en la “fábrica” del mundo sobre la base de la deuda de EEUU. Se calcula que a mediados de 2009 la deuda de EEUU para con China llegó a los 800 mil millones de dólares.

3. La dialéctica de la dependencia
El ajuste económico neoliberal de la economía norteamericana iniciada en la década de 1980, obligó a América Latina a buscar nuevas orientaciones. Durante todo el siglo XX, EEUU había sido el destino de las exportaciones de la región. Después de la segunda guerra mundial, EEUU producía el 50 por ciento de todas las riquezas (mercancías capitalistas) generadas en el mundo.
En 2000 la economía de EEUU sólo representaba el 22 por ciento de la producción mundial.
Con la acelerada “desindustrialización” de EEUU había que encontrar otras soluciones. A fines de la década de 1990, la región (especialmente Sur América) comenzó a orientar su economía hacia el creciente polo de atracción asiático, cuyo núcleo es China. En menos de una década, la mayoría de los países de América del Sur amasó enormes excedentes de dólares que se convirtieron en capital político para generar nuevas relaciones sociales y políticas.
A pesar de los ajustes, los cambios y las reformas neoliberales, combinados con la especulación en torno a las múltiples burbujas (dot.com, inmobiliaria y otras), las inversiones capitalistas no generaban ganancias. El neoliberalismo no frenó la caída de la tasa de ganancia y tampoco reinició una nueva era de prosperidad capitalista. El colapso de la bolsa de valores de Nueva York en 2008, la intervención del Estado en las economías, el comportamiento imperialista de las grandes potencias y la regulación de los mercados son muestras de la “muerte” del neoliberalismo.
No quiere decir que los gobiernos de América Latina y de otros países dejen de aplicar políticas neoliberales. Sin embargo, no será para frenar la tendencia de la caída de la tasa de ganancia o para resucitar el desarrollo capitalista. En el caso de que se siga aplicando políticas neoliberales sólo servirán para controlar a los trabajadores y a otros sectores insatisfechos de sus respectivas sociedades.
EEUU, Europa y Japón no pueden seguir las políticas neoliberales para rescatar el capitalismo. Estas políticas fracasaron y fueron declaradas clínicamente muertas con motivo del estallido de la bolsa de Nueva York y después en la Cumbre del G20 en abril de 2009. En esta coyuntura, a pesar de que han pasado 18 meses, los gobiernos más poderosos del planeta siguen buscando en forma desesperada otra estrategia que les permita resolver la “crisis del capitalismo”. No es la primera vez que el capitalismo tiene problemas similares. A mediados del siglo XIX, los estudios de Marx señalaron, no sólo que estas crisis son inherentes al desarrollo capitalista, también apuntó a sus causas.
En el caso de América Latina, la crisis de acumulación capitalista tiene, además, otra arista. Las políticas neoliberales agudizaron las relaciones de dependencia entre esta parte de la periferia (América Latina) y el centro de desarrollo capitalista. La dialéctica de la dependencia, según señalaba Ruy Mauro Marini, sólo conduce a más subdesarrollo (mayores transferencias al centro). Sólo una ruptura con el centro, que permita invertir sus excedentes de manera racional, puede acelerar un desarrollo de la región.
Con la muerte del neoliberalismo y en momentos de crisis en el centro (cambios cuya dirección siguen sin esclarecerse) América Latina tiene la oportunidad de generar las condiciones para un desarrollo propio. Desarrollo que no puede ser autárquico (aislado), pero que debe ser en función de sus propios intereses políticos y sociales.

Panamá, 11 de marzo de 2010.

– Marco A. Gandásegui, hijo, es docente de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) Justo Arosemena.

GAFI: remozada estructura imperial. Hugo Jácome / El Telégrafo (Ecuador)

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sábado 13 de marzo de 2010

Es evidente que estamos frente a nuevas formas -encubiertas- de ejercer prácticas imperialistas. Es importante estar alertas y mantener una posición crítica, y no servil, frente a instancias que no surgen del consenso amplio de los países a escala mundial, sino de un reducido grupo de países, autoseleccionados o arbitrariamente seleccionados por los más grandes para conformar diversos grupos de poder.

Hugo Jácome / El Telégrafo (Ecuador)
La globalización ha sido prolífica en desarrollar instancias que han modernizado la dominación imperial sobre los países subdesarrollados. En este proceso se ha pasado del Banco Mundial y del FMI, a nuevas sofisticaciones. El GAFI -Grupo de Acción Financiera-, por ejemplo, es una de las últimas invenciones de una estructura imperialista.
Lamentablemente, tanto las estructuras usadas con anterioridad como la usada hoy -GAFI-, adolecen de los mismos defectos: poco o nada democráticas, una doble moral y la imposición de su doctrina como única vía a seguir. Es parte de la estrategia para establecer el grupo de los países buenos y obedientes versus el grupo de los países malos y “peligrosos”. Golpeando, por cierto, mucho más a los pequeños que pueden dar un “mal ejemplo” a los otros…
La inclusión del Ecuador en la lista de países con “deficiencias estratégicas” en el cumplimiento de las recomendaciones para la prevención de lavado de dinero y combate al financiamiento al terrorismo, no responde a un análisis profundo de la realidad del país y de los avances en los temas antes mencionados. Tampoco el análisis se sostiene si se hacen algunas comparaciones, por ejemplo, dónde se realiza el grueso del negocio del narcotráfico: los EE.UU., o dónde se mueve el mayor monto de recursos off shore, muchas veces producto de diversas operaciones fraudulentas: Suiza. En realidad, a los países poderosos o en donde los poderosos ocultan sus dineros no se les analiza a profundidad.
Más allá de la negligencia burocrática de la Unidad de Investigación Financiera o de la Procuraduría del país en enviar información al GAFISUD, es responsabilidad de las instituciones del Estado frente a la sociedad ecuatoriana, realizar acciones concretas, trasparentes y efectivas para combatir el lavado de dinero y financiamiento al terrorismo, la imagen del país no puede estar al antojo de los informes de este tipo burocracias internacionales.
Esta situación debe abrir un amplio debate a nivel nacional e internacional sobre el rol de estas organizaciones, que aparecen, incluso fuera del ámbito de las Naciones Unidas. Organizaciones, no transparentes ni democráticas, que utilizan mecanismos de presión sobre aquellos que no obedecen sus directrices políticas. Antes eran las “condicionalidades” del Consenso de Washington, hoy son las “recomendaciones” -en cualquier caso léase órdenes-, que pueden llegar incluso a la imposición de sanciones. Es decir, se convierten en órganos supremos con mayor poder que los gobiernos y que las instancias intergubernamentales internacionales creadas legítimamente.
Es evidente que estamos frente a nuevas formas -encubiertas- de ejercer prácticas imperialistas. Es importante estar alertas y mantener una posición crítica, y no servil, frente a instancias que no surgen del consenso amplio de los países a escala mundial, sino de un reducido grupo de países, autoseleccionados o arbitrariamente seleccionados por los más grandes para conformar diversos grupos de poder: el G-7, el G-8, el G-20, y que bajo ningún concepto deberían sustituir al G-198, es decir al pleno de Naciones Unidas.

Martí, Luna y Zapata. Dagoberto Gutiérrez / Diario Colatino (El Salvador)

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sábado 13 de marzo de 2010

Martí está en el centro, a su izquierda, Mario Zapata, y a su derecha, Alfonso Luna Calderón. Con firmeza, Martí empieza a decir: “Viva el Socorro”. La descarga fusilera apaga su voz y los tres dirigentes comunistas son abatidos.
Dagoberto Gutiérrez / Diario Colatino (El Salvador)
(Fotografía: Farabundo Martí)
Sus tumbas llevaban los números 9991, 9992 y 9993 y situadas en el cementerio general de San Salvador. Murieron el 1º de febrero de 1932 y a la altura de las 7 y media de la mañana. Habían sido capturados en la noche del 19 de enero, junto con algunos elementos bélicos y documentos políticos referidos al levantamiento popular que caminaba, sobre todo en el occidente del país.
Menos de dos años antes, había sido fundado el Partido Comunista de El Salvador. Hace hoy 80 años [10 de marzo de 1930]. En enero de 1931, llega a la presidencia, el Ing. Arturo Araujo, rodeado por un inmenso apoyo popular y por la confianza total del pueblo en su voluntad y capacidad para afrontar la crisis general del capitalismo planetario de una manera favorable al pueblo; sin embargo, Don Arturo, que tenía popularidad en abundancia no era, pese a todo, popular, y al llegar al gobierno reprimió la protesta, no cumplió sus promesas electorales, y al llevar de vicepresidente al candidato de un pequeño partido de derecha, el Partido Nacional Republicano, llamado Maximiliano Hernández Martínez, de oficio General, de inteligencia zorruna, y muy enamorado del poder, aseguró, Don Arturo, que el 2 de diciembre de 1931, este personaje dirigiera el golpe de estado con que terminó el gobierno Araujo.
El regocijo social ante el fin del gobierno de Don Arturo fue extenso. Nadie defendió su gobierno, aunque 9 meses antes se había celebrado popularmente la presidencia de Araujo.
Pero, cuando el pueblo creyó que era un gobierno de izquierda el que llegaba, y que hasta Araujo lo era, bastaron algunos meses para que se entendiera que era la misma política de derecha y los mismos gobiernos de derecha los que habían terminado con el golpe de Estado del 2 de diciembre. Y así, Hernández Martínez avanzó rápido en su consolidación.
La oligarquía vacilaba y el imperio yanqui se oponía a Martínez y no reconocía al nuevo gobierno, incluso buscaba sustituir a Martínez por el Cnel. José Ascencio Menéndez. El futuro dictador asesino maniobraba para volverse meritorio del apoyo imperial y oligárquico y necesitaba con urgencia demostrar su lealtad y confiabilidad ante estos poderes.
En enero de 1932, se realizaron dos elecciones importantes: de concejos municipales en todo el país, el 3 de enero, y de diputados a la asamblea legislativa, los días 10, 11 y 12 de enero.
Luego de discusiones encendidas, el Partido Comunista decide participar en este proceso electoral. Farabundo Martí era muy conocido y muy prestigioso ideólogo, organizador del pueblo, y el PCS consideró que la campaña electoral permitiría debatir políticamente el momento que se vivía, y divulgar su programa municipal y nacional.
El aparato gubernamental aplicó el terror y el fraude y pese a que el PCS tenía posibilidad de ganar gobiernos municipales, las elecciones donde esta partido ganó fueron anuladas y la represión se extendió. Pese a esto, el PCS todavía llamó al pueblo a participar en las próximas elecciones para diputados y sin embargo, estas se desarrollan en un ambiente de indiferencia popular casi absoluta.
En las zonas rurales, los trabajadores de las fincas y las haciendas se declaraban en huelga y la Guardia Nacional acentuaba su represión asesina. En estos momentos es asesinado, en el occidente del país, Alberto Gualán, dirigente de la Juventud Comunista. En esas circunstancias, el PCS pide una entrevista con el Gral. Hernández Martínez para discutir la situación.
El zorruno militar no está en la reunión alegando un dolor de muelas y esta se hace con el Gral. Joaquín Valdez, Ministro de la Guerra. Este no se comprometió a nada, no discutió nada, y la reunión transcurrió y terminó dominada por el silencio gubernamental, la tensión política y la imposibilidad de detener una confrontación, buscada por el gobierno golpista, como recurso para demostrar que en efecto era el gobierno que oligarcas e imperio estadounidense necesitaban.
El levantamiento campesino se hizo inevitable y el PCS decidió cumplir con su papel de luchador y conductor hasta el final, pese a saber que el enfrentamiento era desigual. El 16 de enero de 1932, a las 12 de la noche, fue la primera fecha. El 19 de enero, el ejército captura a Martí, Luna y Zapata. El 20 de enero se decreta el estado de sitio en 6 departamentos y el 22 de enero estalla la insurrección campesina en el occidente del país. La derrota y la matanza fueron inmediatas, la represión duró meses y años y el gobierno golpista se consolida, iniciándose la dictadura militar de derecha que sería derrotada por la guerra popular revolucionaria de 20 años de finales del siglo.
Los 3 prisioneros son condenados a muerte por fusilamiento y por los delitos de sedición y rebelión. Los prisioneros están serenos, el defensor René Padilla y Velasco peleó muy bien, pero la condena era implacable. La esposa de Mario Zapata lo visita en la penitenciaría central, serenamente se despiden y nadie llora. En un momento del juicio, Luna se dirige a Martí y le pregunta: ¿reconoce, usted, en mí, a su discípulo? Y Martí, calmadamente responde: “Sí, reconozco en ti a mi discípulo, ahora vamos a morir juntos los tres”.
El Teniente Manuel Velásquez dirige el pelotón de fusilamiento. El cementerio general de San Salvador está desierto y Martí pide, a nombre de sus compañeros que no se les vende los ojos y que se les fusile de frente.
Martí está en el centro, a su izquierda, Mario Zapata, y a su derecha, Alfonso Luna Calderón. Con firmeza, Martí empieza a decir: “Viva el Socorro”. La descarga fusilera apaga su voz y los tres dirigentes comunistas son abatidos.
El dictador asesino sería derrocado en 1964 y asesinado en los años 60 por su trabajador, en su rancho Jamastrán, en Honduras. Y Farabundo Martí sería el nombre del victorioso ejército guerrillero que dirigió exitosamente la guerra popular y le dio continuidad histórica a la confrontación de 1932.

Modelos para armar. Carlos Fazio / LA JORNADA

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sábado 13 de marzo de 2010

El intento por imponer ahora el modelo Medellín en México tiene un punto débil: la ausencia de un grupo insurgente que permita fabricar mediáticamente la existencia de una narcoguerrilla.
Carlos Fazio / LA JORNADA
El México de Felipe Calderón se mira en el espejo colombiano. Si Colombia es el modelo de un Estado autoritario de tipo contrainsurgente, Medellín es el modelo paramilitar, que con base en la seguridad ciudadana se intenta imponer en Ciudad Juárez, Chihuahua, como laboratorio de una guerra urbana a expandir en plazas como Reynosa, Nuevo Laredo, Tampico o Morelia. Ambos modelos se nutren de la excepcionalidad y la violencia reguladora.
Para funcionar tienen que recurrir a medidas de excepción, y dado que lo que está en disputa es la hegemonía y el dominio territorial de amplias zonas del país bajo control de mafias criminales, el régimen de Calderón utiliza en la fase actual los aparatos coercitivos del Estado para tratar de imponer nuevas reglas de juego. Un nuevo orden.
En México, la transición al siglo XXI se dio mediante un cambio de partidos y figuras en la administración gerencial del Estado. Fue una transición pactada. En los años 90 del siglo pasado, la configuración de un Estado de tipo delincuencial y mafioso hacía necesario un recambio formal. La guerra intestina entre las mafias del Partido Revolucionario Institucional, que provocó tres crímenes de Estado (los del cardenal Posadas, Colosio y Ruiz Massieu), fue la evidencia de que no se gestaba un proceso pacífico de tránsito o movilidad de elites. Ya entonces, los cárteles de la economía criminal, con su expresión más visible, el tráfico de narcóticos ilegales, habían penetrado al Estado y sus aparatos institucionales en todos los niveles de gobierno, pero también a las empresas, la banca y los partidos políticos. Lejos de ser una anomalía, o algo externo o extraño al sistema, el uso de la violencia reguladora por los nuevos actores armados de la ilegalidad expresó la dinámica propia de un régimen político que necesitaba recrearse para seguir funcionando.
Como dice Edgardo Buscaglia, el monstruo de lo que se ha dado en llamar crimen organizado es un producto consensuado de las elites empresariales y políticas mexicanas. Un monstruo que ha generado enormes flujos de recursos financieros y patrimoniales de origen ilícito, que fueron lavados en la economía legal. El auge de la criminalidad floreció de la mano de empresarios de la violencia (que son quienes deciden los aspectos logísticos y operativos clave del negocio), con recursos financieros para pagar un segundo nivel de empresarios aún no capitalizados, que a su vez controlan agrupaciones irregulares (sicarios, bandas, escuadrones de la muerte para la limpieza social, comandos altamente especializados para tareas de narcoterrorismo, etcétera) integradas por empleados potencialmente desechables, encargados de las tareas operativas más riesgosas.
Ante la retirada paulatina, casual o intencional del Estado, diversos grupos en competencia armada y con intereses, motivaciones y estrategias diversos, desafiaron las pretensiones de exclusividad y universalidad estatal, y al romper fácticamente el monopolio de la violencia, acumularon poder y ganancias en muchas regiones del país. El Estado, debilitado, pasó a ser un jugador más, a medida que se consolidaba un conjunto de intermediarios armados (cárteles, bandas, mercenarios, empresas de seguridad) con una alta capacidad de control social en espacios territoriales delimitados, en colusión con los medios políticos, institucionales y económicos locales.
Así, mediante alianzas circunstanciales y la formación de redes delincuenciales mafiosas, siempre con un pie en las estructuras políticas y coercitivas del Estado, los señores de la guerra desplegaron estrategias de dominio territorial y coparon los mercados de la seguridad (que se privatizaron), para proteger las actividades relacionadas con la economía ilegal, invertir en actividades legales e insertarse en la vida cotidiana de las comunidades como agentes de regulación y contención política, mediante un modelo de negociación permanente del desorden y el caos.
Lo novedoso, en México, como ocurrió antes en Colombia, es el giro mercenario y la urbanización de los conflictos, en el contexto de una guerra gubernamental por el control del territorio y el afianzamiento del ejercicio de la autoridad, ante el desorden caótico y el desbordamiento de la violencia criminal que sobrevino tras la ruptura de la pirámide política de comando y control que garantizaban, en el antiguo régimen, el presidencialismo autoritario y el partido hegemónico.
Si en Colombia la llamada narcoparapolítica de la era Uribe significó grandes cambios y transformaciones estructurales en el mapa político de las regiones y la dinámica de los conflictos armados, con la aparición de grupos emergentes y el traslado y movilidad de las elites hacia escenarios más favorables para sus intereses, merced a la nefasta alianza legalidad-ilegalidad, en México la transición no ha sedimentado aún, aparte de que ambos procesos tienen características propias.
El intento por imponer ahora el modelo Medellín en México tiene un punto débil: la ausencia de un grupo insurgente que permita fabricar mediáticamente la existencia de una narcoguerrilla. No obstante, el Operativo Conjunto Chihuahua recogió los elementos básicos aplicados en Medellín. Esto es: mando operacional del Ejército; militarización de Ciudad Juárez; guerra urbana contrainsurgente; fase de paramilitarización (escuadrones de la muerte para la limpieza social); mercenarización del conflicto con financiamiento de cúpulas empresariales. En todo caso, mientras queda exhibida la violencia selectiva de un Estado que alienta la “guerra entre cárteles rivales”, se desmorona la falacia que justifica el fenómeno paramilitar como una respuesta a la violencia guerrillera. La insurgencia nace de la violencia oficial pro-oligárquica, vía el Ejército, las policías, los paramilitares y el terrorismo mediático.

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