Exigen al ejército presentar con vida a tres personas que detuvieron en Buenaventura, Chihuahua

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Difusión Cencos México D.F., 5 de abril de 2010

Comunicado de prensa
OSC de Derechos Humanos

·Ofrecen información que involucra al Ejército en la desaparición forzada
de la familia Alvarado

· Solicita la Comisión Interamericana al gobierno mexicano que informe sobre
el paradero de la familia Alvarado, su estado de salud y la situación de
seguridad en la que se encuentran

· Ponen a disposición de militares correo electrónico para que envíen
información a ONG sobre violaciones a derechos humanos y sobre el paradero de
los Alvarado

El 29 de diciembre de 2009, alrededor de las 8 de la noche, diez militares
-quienes vestían uniformes del ejército mexicano y portaban cascos en su
cabeza, así como rifles de alto poder- subieron a la fuerza a José Ángel
Alvarado Herrera, a su prima Nitza Paola Alvarado Espinoza y posteriormente
acudieron al domicilio de Rocío Irene Alvarado Reyesen Buenaventura, Chihuahua
para también llevársela sin presentar ninguna orden judicial. Hasta la fecha
los tres permanecen desaparecidos.

Días después de los hechos, la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA)
negó que elementos militares hubieran participado en el operativo. Sin embargo,
existen pruebas contundentes que involucran a los miembros del Ejército en la
desaparición forzada de la familia Alvarado:

1. La camioneta en la que viajaban Nitza y José Ángel al momento de su
detención, una pick up GMC modelo 2001 con placas ZTR 9367 fue incautada por el
Ejército, quien la puso a disposición en la Agencia Estatal de Investigaciones
ubicada en Casas Grandes donde permaneció varias semanas, según consta en el
carpeta de investigación número 5326-000124/2009. La camioneta fue devuelta a
los familiares de los Alvarado el 16 febrero de 2010, pero la SEDENA se negó a
informar sobre el paradero de las personas.

2. Las declaraciones de testigos y familiares del las víctimas ante la
Procuraduría del Estado y la Procuraduría General de la República, así como
las declaraciones de dos agentes del Ministerio Públicos. El 30 de diciembre de
2009, los familiares de las víctimas intentaron interponer una denuncia por
privación ilegal de la libertad ante la Procuraduría del Estado en Nuevo Casas
Grandes, y el Ministerio Público de apellido Leyva les informó que
“tenía conocimiento de que las personas estaban detenidos en el Batallón
35 de Infantería de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua”. El 31 de diciembre
de 2009, otro agente del Ministerio Público de apellido Enríquez Duarte, al
concluir de tomar la denuncia que finalmente pudieron presentar los familiares
de las víctimas les dijo: “tengan paciencia, sabemos que el Ejército los
detuvo y por medio de un oficio le voy a pedir al 35 Batallón de Infantería,
información sobre los detenidos”.

3. Los familiares interpusieron una denuncia por desaparición forzada ante la
Procuraduría General de la República por este caso.

El 3 de febrero de 2010, Nitza –una de las desaparecidas- logró hacer
una llamada a una amiga aproximadamente a las 5:30 de la tarde. Nitza Paola le
dijo llorando “ayúdenme, sáquenme de aquí, sigo viva, tengo
miedo” Acto seguido la voz de un hombre comunicó a otro hombre
“puta madre pinche vieja ya habló, te dije que no la dejaras sola”.
Las representantes solicitaron a las autoridades el rastreo de la llamada para
ubicar a Nitza, sin embargo, la Procuraduría del Estado de Chihuahua realizó
el rastreo de la llamada para el día 4 de febrero y no para el día que se le
había solicitado, siendo claramente omisa. No obstante, los representantes y
familiares sí lograron identificar el número telefónico del que salió la
llamada que realizó Nitza.

El 22 de febrero de 2010, las representantes de las víctimas, comunicaron a
Sara Irene Herrerías, Fiscal Especial para los Delitos de Violencia contra las
Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra) de la Procuraduría General de la
República (PGR), así como a la Secretaría de Gobernación y a la Procuradora
General de Justicia del Estado el número telefónico del cual Nitza llamó para
que fuera rastreado por las autoridades. Sin embargo, hasta el día de hoy las
autoridades estatales y federales han sido incapaces de localizar la ubicación
del teléfono o no han querido informar los resultados del rastreo telefónico,
lo cual sería clave para encontrar de inmediato a Nitza y posiblemente al resto
de la familia Alvarado.

Emilia González de Cossydhac declaró: “nos preocupa a las
representantes y familiares que esta negligencia y omisiones de las autoridades
federales sigan poniendo en riesgo la vida e integridad de la familia
Alvarado”. Al respecto, Lucha Castro, coordinadora del CEDEHM, señaló
“les recordamos a todos los funcionarios federales y estatales que están
involucrados en el caso que existe responsabilidad por obstruir o no realizar
investigaciones exhaustivas que pudieran salvar la vida de las víctimas de
desaparición forzada”.

Ante la falta de resultados en las investigaciones y la falta de algún
operativo que pudiera localizar –a partir de la ubicación del teléfono-
a Nitza y sus familiares, las representantes acudieron a la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), quien el día 4 de marzo de 2010,
solicitó al gobierno mexicano “que informe sobre el paradero de José
Ángel, Nitza Paola y Rocío, su estado de salud y la situación de seguridad en
la que se encuentran y adopte las medidas cautelares necesarias para garantizar
la vida y la integridad física” de las tres víctimas, sus familias y sus
representantes legales. Sin embargo, el Estado mexicano no ha brindado ni una
sola medida de protección para los familiares y sus representantes, ni tampoco
ha realizado avances en las investigaciones para encontrar a las víctimas y
sancionar a los responsables. Las autoridades de los tres niveles han sido
omisas y negligentes.

Más aún, el Estado mexicano ha brindado información parcial y errónea sobre
el caso a los organismos internacionales, tal como ocurrió el 9 de marzo de
2010, cuando la SEDENA informó al Comité de Derechos Humanos de la
Organización de las Naciones Unidas en Nueva York “estamos investigando y
trabajando con los familiares y abogados del caso Alvarado”. Las
representantes y familiares aclaramos que no existe un trabajo conjunto con el
Ejército; por el contrario, los familiares de las víctimas han sido hostigados
y amenazados en sus domicilios por elementos del Ejército que portan uniformes
y vehículos hummer oficiales; y las representantes legales no hemos tenido
acceso al expediente del caso que existe en la Procuraduría Militar.

La situación de riesgo que viven actualmente las/los defensores de derechos
humanos en Chihuahua, así como los familiares de los Alvarado es crítica. La
mejor protección consiste en que las autoridades civiles realicen
investigaciones exhaustivas y efectivas que permitan sancionar a quienes violan
la ley, sin ningún tipo de privilegios -como lo es el fuero militar-. En el
caso concreto de los delitos cometidos por elementos del Ejército mexicano en
contra de ciudadanos mexicanos, tales como la desaparición forzada de Nitza,
Rocío y José Ángel, así como las amenazas y hostigamiento contra los
familiares, deben ser deben ser investigados por autoridades civiles.

Sabemos que existen elementos militares honestos y comprometidos con el país y
con el estado de derecho. En caso de que alguno de estos militares tenga
información que lleve a conocer el paradero de las víctimas o a obtener más
datos, le solicitamos comparta la información con nosotros de manera anónima y
para ello ponemos a su disposición el siguiente correo electrónico:
investigacion@cedehm.org.mx [1].

29 de marzo de 2010

Atentamente,

Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM)

Centro de Derechos Humanos Paso del Norte

Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos (COSYDDHAC)

FUNDAR, Centro de Análisis e Investigación

Gustavo de la Rosa, visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos

En esta hora de pasión y muerte que vivimos en México.

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Difusión Cencos México D.F., 5 de abril de 2010
 
Mensaje de Pascua
Fr. Raúl Vera López O.P.
 
¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha
resucitado (Lc 24, 1, 12)
Todo el sufrimiento y clamor del pueblo herido y agobiado por la indolencia de
una gran parte de la plana mayor de nuestros gobernantes, es escuchado por Dios
(quien) nos recuerda que estamos llamados a la vida plena, a la vida en
abundancia. Es Dios mismo el que convoca a que celebremos que la vida siempre es
posible… que reconstruye la historia por medio de su mismo Hijo y por
medio de los hombres y las mujeres que como Él, ponen su mirada en la justicia
y en la misericordia como los únicos medios para construir un mundo con paz en
la justicia”.[1]
 
En esta hora de pasión y muerte que vivimos en México
 
La grave situación de violencia que tiende a institucionalizarse, levanta
clamores desde nuestro pueblo por la vida y la justicia. Violencia que como hace
mucho tiempo no se había vivido en nuestro país.
 
Los signos de muerte los experimentan cotidianamente una gran parte de las
familias de nuestro estado de Coahuila y del país entero, quienes además de la
violencia generalizada, deben soportar la dinámica desastrosa del aumento de la
pobreza, al punto que el 50 por ciento de la población mexicana vive altamente
afectada por esa situación. Sin embargo, hace unas semanas, se difunde a nivel
internacional el dato de que la familia más rica del mundo es una familia
mexicana, y apenas hace unos días, el Director de PEMEX propone como ejemplo y
modelo para impulsar la privatización del petróleo en México, precisamente a
esa familia por su éxito económico. Ante cualquier persona con valores éticos
y sensibilidad social, delante del panorama que contemplan nuestros ojos, donde
la mayoría de la población no cuenta ni con lo mínimo para su subsistencia,
estos datos resultan muy cuestionantes, y no podemos sino poner en tela de
juicio el sistema socio económico y socio político en el que estamos
sumergidos.
 
Los obispos de México, ante la situación que vive el país, dimos a conocer
una Exhortación Pastoral en vísperas del comienzo de la Cuaresma de este año,
y a propósito de la desigualdad social que vivimos y las consecuencias que esto
lleva consigo, en ese documento afirmamos:
 
México es uno de los países con mayor desigualdad en la distribución de la
riqueza en el mundo. Esta situación se ha profundizado por el progresivo
deterioro de la capacidad adquisitiva de los trabajadores; por el incremento del
desempleo; la falta de condiciones favorables para la micro, pequeña y mediana
empresa; la caída en la calidad de vida, la corrupción endémica, la paulatina
disolución de las clases medias y la concentración de riqueza en pocas manos.
 
Esta distribución desigual de la riqueza abona el sustrato para la
delincuencia organizada. Los negocios ilícitos, que implican graves riesgos,
ofrecen la perspectiva de tener jugosas utilidades en breve plazo. Esto es una
tentación para quienes se encuentran en el límite de la sobrevivencia y
excluidos de los procesos productivos. También lo es para quienes quieren
sostener un estilo de vida suntuosa que excede las posibilidades que da un nivel
de ingresos ordinario. La necesidad y la ambición exponen de igual manera a
pobres y ricos a buscar ganancias sin importar su procedencia, ni los riesgos y
costos humanos que implican. La desigualdad provoca una honda insatisfacción y
sensación de injusticia, que es la puerta de entrada de la violencia y por
consiguiente, de un clima de inseguridad.[2]
 
Vivimos en un sistema caracterizado por la impunidad e inmoralidad, nos
preocupa descubrir que se incrementan los impuestos a la población a cambio de
pactos partidistas electoreros, mientras se dejan de cobrar impuestos a las
principales empresas, lo que equivale en monto económico a casi ocho veces más
de lo que pretende recaudar la Secretaría de Hacienda aumentando los impuestos.
 
Estamos en un estado de Guerra, donde las principales víctimas son de la
sociedad civil. De manera particular, quienes viven los peores estragos, son
hombres y mujeres pobres y marginados que no tienen a dónde huir y a quienes la
justicia les es negada sistemáticamente. Nuestros jóvenes son masacrados por
el simple hecho de ser jóvenes. Esta guerra ha provocado en sólo 39 meses
cerca de 20 mil muertes. Tan sólo en el mes de marzo de este año se
registraron 1,130 muertes.
 
El argumento ideológico militar promovido desde quienes detentan el poder en
nuestro país, ha criminalizado a grandes mayorías de nuestra sociedad,
haciéndolas responsables de las acciones del crimen organizado, queriendo con
esto encubrir las responsabilidades gubernamentales en esta grave crisis del
Estado Mexicano.
 
La serie de reformas constitucionales y legales efectuadas en los últimos
años, sólo ha permitido condiciones para una mayor explotación de los seres
humanos y la libre circulación del dinero, sin importar de donde venga y a
dónde vaya. En México es visible la crisis de las instituciones del Estado. La
peligrosa ausencia de controles efectivos al flujo de dinero proveniente del
crimen organizado, aunado a la probada participación de funcionarios de todos
los niveles en actividades delictivas, han generado un estado de
ingobernabilidad[3].
 
La prevalencia casi exclusiva del elemento bélico en esta así llamada guerra
contra el crimen organizado, y la ausencia de la persecución jurídica de los
delitos, está dejando el campo abierto a ejecuciones extrajudiciales de los
supuestos implicados en la delincuencia organizada, con el agravante de que en
estas ejecuciones también mueren personas que no tienen nada que ver con los
grupos criminales. Además de provocar muchas muertes, el vacío jurídico en
esta Guerra está encubriendo a los funcionarios públicos implicados en el
crimen organizado y a quienes les lavan el dinero, pues al no perseguir
jurídicamente esos delitos, se evitan las indagaciones previas y las
comparecencias ante jueces, que constituyen un poderoso medio legal para conocer
a los cómplices que los criminales tienen en las instancias públicas y en los
espacios donde les lavan el dinero. Esta situación fortalece desmedidamente al
crimen organizado
 
Según analistas especializados en el crimen organizado[4], en México éste se
ha constituido como parte del Estado y del sector legal de las empresas que les
proporcionan la logística necesaria para lavar el dinero y salvaguardar el
patrimonio de las bandas delictivas, que han permeado los sectores fundamentales
de nuestra economía como son: el agropecuario, el turismo, la construcción, la
minería y los fideicomisos. Esta clase de criminalidad está constituido por 23
delitos que se monitorean a nivel mundial, de los cuales 22 se practican en
México[5] y se calcula que los réditos de estos delitos representan el 40 por
ciento del Producto Interno Bruto (PIB). El narcotráfico es sólo uno de estos
22 delitos y algunos de los cárteles mexicanos están presentes en más de 40
países[6], que incluye a la mayoría de países de América Latina, y también
el Oeste de África, Guinea Bissau y Malí, que les dan entrada a Europa.
 
En la guerra emprendida por el Gobierno Federal, todo indica que no se pretende
acabar con el crimen organizado pues se ha evidenciado lo que los especialistas
llaman un “sesgo”[7] (esta palabra entiéndase
“simulación”) en las acciones de quienes conducen esta guerra. Nada
ha cambiado en tres años de supuesto “combate contra el crimen
organizado” porque las reglas del juego –el “sesgo” con
el que se inició- siguen siendo las mismas.
 
El incremento incontrolable de la violencia en los últimos años no puede
pasarnos desapercibidos, tanto por el origen de ésta, como por sus graves,
dolorosos e indignantes efectos en la sociedad.
 
Esta violencia “…se caracteriza por la crueldad, por la venganza,
por la exhibición de poder y por la intención de intimidar a quienes son
considerados rivales y a toda la sociedad… Si en su momento, la omisión,
la indiferencia, el disimulo o la colaboración de instancias públicas y de la
sociedad no fue justa y toleró o propició los gérmenes de lo que hoy son las
bandas criminales, tampoco es justo ahora exculparse, buscando responsables en
el pasado y evadir la responsabilidad social y pública actual, para erradicar
este mal social”.[8]
 
La vocación de Dios por la vida, se manifiesta en Su Hijo, nuestro Señor
Jesucristo
 
En este momento histórico que atravesamos y nos atraviesa, nuestra experiencia
de fe seguirá dando sustento a la inquebrantable vocación humana a la vida en
los discípulos y discípulas de Jesús. El memorial de la Pasión, Muerte y
Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, a cuya reflexión nos ha iniciado el
tiempo de Cuaresma, es un momento privilegiado para meditar internamente, en
nuestro corazón y con la comunidad de creyentes, que la situación que vivimos
en México nos sitúa en el mismo camino recorrido por Jesús, el Hijo más
amado y el predilecto en quien Dios Padre se complace (Cf. Mc 1,9-11; 9,7). La
sociedad civil, especialmente las y los más pobres, todas y todos los que han
vivido y padecido la violencia, han sido puestos en el mismo camino que
recorrió el Hijo aquí en la tierra (Cf. Is. 53,2-9; Heb 2,10; 5,7-8). Por lo
que hago un llamado para que confiemos como lo hizo Jesús, que así como el
Padre siempre Bueno y Misericordioso acompañó a su Hijo y lo levantó de la
muerte para que viviera plena y eternamente resucitado a su lado (Cf. Hech.
2,32-36; Flp. 2,9-11); así nosotros y nosotras compartamos con Nuestro Señor
Jesucristo la certeza de que estamos llamados desde siempre a la vida. Esta
certeza es una vocación, y hoy más que nunca, aquí y ahora en nuestro país,
es una tarea que también como Jesús tenemos que construir.
 
Durante nuestra preparación cuaresmal profundizamos en la Alianza que hizo
Dios con Abraham y con el Pueblo de Israel, por medio de Moisés, para que la
vida del pueblo fuese puesta en manos de Dios y no la destruyeran la ambición y
la ceguera de los poderes temporales. Esta Alianza se vio permanentemente
amenazada precisamente por la soberbia de reyes, príncipes y representantes del
Templo, que pretendían determinar quién viviría y quién moriría; quién
comería y quién pasaría hambre; quién podría tener tierra y quién sería
esclavo; quién podría trabajar y quién estaría condenado a la mendicidad;
quién podría reclamar justicia y quién debería callar, etc. Contra ellos se
levanta la voz de los profetas que claman en el nombre de Dios por la vida de su
pueblo y anuncian la llegada de un liberador que daría cabal cumplimiento a la
Alianza.
 
El liberador a quien se referían los profetas es conocido en la tradición
hebrea como el Mesías, que traducido al castellano significa el Ungido; esta
misma palabra, traducida al griego, es Cristo. El Señor Jesús, cuando estaba
iniciando su predicación pública llegó a Nazaret, el pueblo donde creció,
entró en la Sinagoga el sábado, como era su costumbre, y estando ahí, nos
narra el Evangelio de Lucas: «Le entregaron el volumen del profeta Isaías y
desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu
del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la
Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista
a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia
del Señor. Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la
sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: Esta
Escritura, que acaban de oír, se ha cumplido hoy.» (Lc 4,17-21). De esta
manera, por su propia palabra, Jesús afirma que Él es el Ungido, el Mesías,
el Cristo.[9]
 
Jesús predicó de muchas maneras y mostró en sus actitudes y en su vida toda,
la sabiduría con que Dios mismo quiere que se lleve adelante el proyecto de
vida plena para todos los seres humanos, en su condición personal y social,
así como la vida de la creación entera, como lo afirma San Pablo: «La
creación, en efecto, fue sometida a la caducidad, no espontáneamente, sino por
aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la
corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues
sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto.
Las mujeres y hombres, quienes somos parte de la creación y que poseemos las
primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de
nuestro cuerpo» (Rm 8,20-23). Jesús nos hace copartícipes suyos en la
construcción del Plan de Dios para la vida del género humano cuando nos dice
que somos luz del mundo (Cf. Mt 5,14-16).
 
Jesús demostró la capacidad que tiene para recrear y redignificar al ser
humano desde dentro, desde su interior, cuando perdonó los pecados al
paralítico y después, ante la incredulidad de sus detractores, para ayudarles
a comprender internamente que tenía también ese poder, curó totalmente a ese
hombre da la parálisis de su cuerpo (Cf. Mt 9,2-8); manifestó ese mismo poder
y sabiduría cuando convirtió a la mujer samaritana en una apóstol magnífica
entre sus paisanos los samaritanos, no obstante la desventajosa condición que
ella, como todas las mujeres, tenía entre los suyos por el hecho de ser mujer
(Cf. Jn 4,5-29.30-42); lo mismo sucedió con el ciego de nacimiento al que le
devolvió la vista, y aquel hombre, de ser una persona señalada, según las
creencias judías, como alguien que vivía todo él “envuelto en
pecado” por el hecho de haber nacido ciego, Jesús lo convirtió en un
brillante testigo suyo ante las autoridades religiosas judías (Cf. Jn 9,1-38).
¿Y qué decir de los apóstoles que vivieron siempre cerca de Él, a quienes
los miembros del Sanedrín los tenían por hombres ignorantes, ante quienes no
dejan de admirarse por el modo como se expresaban y contradecían sus órdenes,
de no seguir predicando el nombre de Jesús. Los miembros del Sanedrín no
tenían otros argumentos contra ellos que la fuerza y la amenaza, para querer
callar las razones que tenían para seguir anunciando ese Nombre (Cf. Hech
4,5-22; 5,27-33.40-42).
 
La sabiduría y el poder de Jesús para anunciar la Buena Noticia a los pobres,
a los que Dios mismo libera y llama a liberarse de toda esclavitud, se expresa
en los Evangelios en signos y símbolos que reafirman que la Vida de las
personas es la Vida de Aquel que está por encima de lo que en ese tiempo se
creía que era un destino impuesto por el mal y el pecado. Por eso Jesús hizo
que el ciego de nacimiento volviera a ver para que todos y todas
“vean” de un modo distinto (Cf. Jn 9,1-41); curó a los tullidos
para hacernos entender que se puede caminar de otra manera; devolvió el oído a
los sordos y el habla a los mudos para que aprendamos a escuchar de manera
diferente lo que Dios nos dice cuando habla por Sí mismo o a través de los
demás y, en consecuencia, también aprendamos a hablar de una manera nueva;
hizo enmudecer a los espíritus inmundos que se apoderan del corazón de las
personas, para que aprendamos a vivir en el Espíritu del Dios que da la Vida;
caminó sobre las aguas y calmó las tempestades, para que aprendamos a ver más
allá de lo que nos aqueja y nos atormenta cotidianamente (Cf. Mc 4,31-41).
 
Enseñó a sus seguidoras y seguidores que la acumulación del dinero para
comprar pan trae hambre a otros y otras (Cf. Lc 16,19-31). Les invitó a poner
la mirada en Aquel que ha creado esta tierra para que la habiten con dignidad
todos sus hijos y sus hijas sin excepción alguna, y aprendamos a administrar
los recursos que en ella existen, de manera que éstos alcancen por igual a cada
uno y a cada una, respetando la grandeza de cada persona y el derecho que todos
y todas tienen a una vida digna. Ante la necesidad que se le plantea de comprar
panes para la multitud, Jesús elige el signo de sumar los panes y los peces
para luego partirlos y compartirlos (Cf. Jn 6,1-15), para que aprendamos con su
palabra, con sus gestos y con sus obras, que los bienes de la tierra son para
compartirse, porque solamente de esa manera la vida en abundancia es posible
para toda la familia humana. (Cf. Jn 10,10).
 
Para mostrar la radicalidad del proyecto de Dios, Jesús resucita a la hija de
Jairo y al hijo de la viuda de Naím, y rescata a su amigo Lázaro de la muerte
después de que llevaba cuatro días en el sepulcro (Cf. Mc 5,22-24.35-43; Lc
7,11-16; Jn 11,1-44), pues en el cumplimiento pleno de la Nueva Alianza de Dios
con la humanidad por medio de Jesús, la vida de las personas está por encima
de la muerte (Cf. Heb 5,7-9; Jn 11,25). En Jesús empieza a cumplirse el don
pleno de la vida para la humanidad aquí y ahora, como un don que permanece como
vida sin fin hasta la eternidad y también como una tarea que debemos continuar
(Cf. Jn 17,1-3).
 
La sabiduría y el poder con que Jesús recrea y da nuevos contenidos a la
dignidad del ser humano y a la creación entera, se manifiesta de un modo
especial en su resurrección de entre los muertos y, a partir de ese momento,
sigue haciéndose presente en toda la historia humana hasta el día de hoy. En
efecto, Él oró así ante sus discípulos momentos antes de su pasión:
«Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique
a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida
eterna a todos los que tú le has dado» (Jn 17,1-2). Después de resucitar y
antes de ascender a los cielos les dijo: «Me ha sido dado todo poder en el
cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y
enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy
con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 18-20); «Miren, yo voy
a enviar sobre ustedes la Promesa de mi Padre. Por su parte permanezcan en la
ciudad hasta que sean revestidos de poder desde lo alto» (Lc 24, 49). Se
refería al poder del Espíritu Santo que iban a recibir (Cf. Jn14,15-17). Esta
sabiduría de Dios con que Jesús recrea y da nuevos significados a la dignidad
del ser humano, se despliega sobre su comunidad, la Iglesia, y sobre el mundo
entero, como dan testimonio los demás escritos del Nuevo Testamento (Cf. Hech
5,30-33; 10,38-43; Ef 1,17-23; Flp 2,9-11; Col 2,9-10.13; Heb 5,7-10).
 
Es necesario detenernos unos instantes para destacar que el anuncio de la
resurrección lo recibieron, en primer lugar, María Magdalena y las demás
mujeres que fueron al sepulcro la madrugada del domingo, y ellas lo transmiten a
las y los discípulos como Jesús se los pidió (Cf. Jn 20,1-18; 28,1-10; Mt
28,1-10; Mc 16,1-11; Lc 23,55-24,11). Esto coincide con el anuncio del
nacimiento de Jesús que, además de José, las dos primeras personas que lo
supieron también fueron mujeres, María su Madre e Isabel, su parienta (Cf. Lc
1,26-45). Los cuatro Evangelios atestiguan que Jesús llama a mujeres y hombres
para que se hagan discípulos y discípulas de Él, quienes estén dispuestos y
dispuestas a recibir el don del Espíritu Santo y aprender la sabiduría
necesaria para construir el Reino de Dios.
 
En esta sabiduría que recrea la vida y la dignidad de los seres humanos, las
mujeres se harán con y en Jesús, actoras de su vida y de la vida en y con las
y los otros como la mujer samaritana, como la mujer sin nombre que sufre
hemorragias y que, sin representante ni mediador, se atreve a tocar a Jesús
para sanarse por lo que Él afirma que por medio de la fe de ella se ha salvado
(Cf. 9,20-22); como María la hermana de Lázaro que, al ungirle los pies con
perfume, muestra en ese homenaje lleno de ternura, la profunda percepción de la
situación difícil por la que pasa Jesús, amenazado de muerte, ahora más que
antes, por la resurrección de Lázaro, su hermano, y es Jesús mismo que, al
ver este gesto de parte de ella, da testimonio ante los demás que por medio de
dicho signo ella confiese su fe ante los presentes y ante todas las generaciones
que conocerán este hecho, que Jesús es el Mesías y por su muerte nos va a
liberar a todos y todas de la muerte (Cf. Jn 12,1-11). Preguntémonos si no fue
el gesto de María el que impulsó a Jesús a elegir el modo de mostrar a sus
discípulos el amor y la ternura con la que entregaba su vida por la humanidad,
al lavarles los pies, amor y dulzura que nos deja en el misterio de la
Eucaristía, como lo expresa Santo Tomás de Aquino en su Opúsculo 57, que
trata de la Fiesta del Cuerpo de Cristo, Lect. 1-4. ¿No fue acaso que por un
gesto semejante de veneración lleno de amor y de ternura hacia el Maestro, cuyo
cuerpo querían ungir esa madrugada del domingo, pasado el descanso de la
Pascua, por el que aquellas mujeres se convirtieron en las primeras testigos de
la resurrección y por eso fueron enviadas por Jesús mismo a anunciarlo a sus
discípulos? Las mujeres son elegidas por Dios para revelar sus designios
salvíficos que, puestos en su corazón, serán principio y fundamento de
nuestra fe y de la inquebrantable vocación a la Vida que Dios quiere para todos
y para todas, porque estamos llamados y llamadas a resucitar con Su Hijo
Jesucristo.
La Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, nos abre al horizonte de la vida
 
Cuando las mujeres llegaron al sepulcro, sin duda que sus corazones estaban
llenos de dolor y profunda tristeza ante la muerte de su Maestro, además de la
consternación por la manera cruel como los romanos acostumbraban ejecutar a
quienes no tenían la ciudadanía romana en su Imperio. Se agregaba a todo eso,
el espectáculo triste que exhibieron las autoridades religiosas judías durante
el juicio, la condena y la muerte de Jesús, quienes movidos por su envidia,
llenos de odio y rencor hacia Jesús, no solamente solicitaron a Pilato la
ejecución de la muerte que le habían impuesto en su juicio amañado como
Sanedrín judío, sino que soliviantaron al pueblo para que presionara al
Procurador romano pidiéndole la crucifixión para Jesús. Podemos imaginar el
sentimiento de impotencia y derrota que existía en ellas ante tal cúmulo de
violencia que se mostró para llevar a la muerte a Jesús, a lo que se añadía
al duelo por la muerte de una persona tan querida.
 
Con estos sentimientos en su corazón, ellas fueron al sepulcro de Jesús a
cumplir todavía con parte de los ritos fúnebres, que consistían en embalsamar
el cuerpo de quien había muerto, pues el viernes, como era de la preparación
de la Pascua y la víspera del sábado, no hubo tiempo suficiente para
embalsamar completamente el cuerpo de Jesús. Tuvieron que esperar que pasara el
sábado para terminar con ese rito, por eso fueron hasta el domingo muy
temprano.
 
El Evangelio de Lucas, que es el que se proclama en la Vigilia Pascual de este
año, nos dice que al llegar al sepulcro encontraron que la piedra que lo
cubría estaba removida, que ingresaron al sepulcro y no estaba el cuerpo de
Jesús. Dice Lucas que “no sabían que pensar de esto, cuando se
presentaron ante ellas dos personas con vestidos resplandecientes. Asustadas
inclinaron el rostro en tierra y les dijeron: “¿Porqué buscan entre los
muertos al que está vivo? No está aquí ha resucitado. Recuerden cómo les
habló cuando estaba en Galilea diciendo: «Es necesario que el Hijo del Hombre
sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, pero al tercer día
resucitará». Y ellas recordaron estas palabras” (Lc 24,4-8).
 
Estas palabras dirigidas a las mujeres por estos personajes que la tradición,
leyendo a los otros evangelistas, los ha identificado como dos ángeles, las
coloca nuevamente en el camino por donde Jesús enseñó a caminar a sus
discípulos y discípulas, un camino hacia la vida, y una vida con Él y con el
Padre (Cf. Jn 14,6). El evangelista San Mateo nos dice que mientras abandonaban
el sepulcro vacío y tomaban el camino a llevar la noticia a los discípulos que
seguían escondidos, Jesús les salió al encuentro. Lucas nos reporta que ellas
creyeron en las palabras de los ángeles porque se acordaron por esos mismos
personajes, de que Jesús les había anunciado desde Galilea que Él sería
entregado a la crucifixión, pero al tercer día resucitaría.
 
Cuando las mujeres llegaron a donde los apóstoles, éstos pensaron que
desvariaban, pues seguían en las mismas condiciones en las que las mujeres
mismas llegaron al sepulcro, abatidos invadidos de tristeza y miedo por la
dinámica de violencia y muerte a la que fue sometido Jesús por las autoridades
romanas, con la complicidad de los jefes religiosos y las demás autoridades
judías, quienes contaron con la colaboración de uno de sus compañeros, Judas
Iscariote, para consumar su infamia. El Evangelio de Lucas nos dice que, no
obstante la incredulidad de todos los discípulos ante la noticia de las
mujeres, Pedro reaccionó y fue corriendo al Sepulcro –San Juan en su
Evangelio dice que con Pedro se fue otro de los apóstoles, Juan- y aun cuando
solamente encontraron el sepulcro vacío, Juan expresamente dice que en el
momento en que vieron las vendas con las que estaba envuelto el cuerpo de Jesús
en el piso, y el sudario que cubría su cabeza, doblado y puesto aparte, en ese
momento entendieron que Jesús debía resucitar de entre los muertos (Cf. Jn
20,3-10). Lucas nos dice solamente que Pedro “regresó a casa asombrado
por lo sucedido” (Lc 24,12).
 
El caso particular de María Magdalena (Cf. Jn 20,11-18) y de los dos
discípulos que desalentados y desilusionados se regresaban de Jerusalén a su
pueblo Emaus (Cf. Lc 24,13-35), nos ayudan a entender la situación terrible que
dejó en su ánimo la experiencia de violencia desatada contra Jesús para
llevarlo a la muerte. Magdalena, llena de amor y agradecimiento por Jesús, a la
experiencia tremenda de los anteriores días, añade ahora la preocupación y
tristeza por la desaparición de lo único que les quedaba a ella y a las otras
mujeres, para venerar y servir al Maestro a quien le debían tanto, que era
haber ungido su cuerpo. A los discípulos de Emaús esta violencia había
terminado con sus ilusiones de vida personal y la de su pueblo, pues esperaban
que Jesús sería el libertador del pueblo judío, del yugo al que los había
sometido el Imperio Romano (Cf. Lc 24,21). María Magdalena, turbada por su
dolor, no reconoció inmediatamente a Jesús, pero bastó que Él pronunciara su
nombre: “María”, para reconocerlo –recordemos que Magdalena
era un mote porque era de Magdala. A ella, como a las demás mujeres, le bastó
con verlo resucitado para creer y llenarse de inmensa alegría. En el caso de
los discípulos de Emaús, Jesús les abrió su inteligencia y su corazón para
que entendieran porqué el Mesías debía padecer, y después se les manifestó
al partir el pan. Ellos de alguna manera habían condicionado su seguimiento de
Jesús a un cierto interés, pero Él sale a su encuentro y los coloca en el
camino justo (Cf. Lc 24,25-35).
 
El grupo de los 11 apóstoles en un principio se resistía a creer en la
resurrección corporal de Jesús –Lucas y Juan nos dicen que Jesús tuvo
que comer delante de ellos para convencerlos y mostrarles las heridas que en su
cuerpo dejaron los clavos y la lanzada en su costado para convencerlos de que no
se trataba de un fantasma (Cf. Lc 24,36-42; Jn 20,19-21; 27-29). Como a los
discípulos de Emaús, Jesús les explicó lo que estaba escrito de Él en las
escrituras, como estaba anunciado que iba a padecer, pero resucitaría de entre
los muertos al tercer día y se predicaría en su nombre la conversión para el
perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén (Cf. Lc
24,44-48).
 
El anunció de que Jesús ha resucitado y la presencia de Él en medio de ellas
y ellos, hace que resurjan con y en Él, y que las sombras de pesimismo, de
tremenda tristeza y de miedo que dejó en sus corazones la terrible experiencia
de la muerte de Jesús, se disipen ante el arrollador triunfo de la vida que
experimentan en la presencia del Resucitado. Todo lo que escucharon y vieron en
Él, que aparentemente había acabado en nada, vuelve a resurgir, como en la
primavera brotan las flores y reverdecen los árboles y todo el paisaje; los
trinos de las aves surcan el aire y el correr del agua del río y del arroyuelo
adquiere una tonalidad diferente. Ellas y ellos son liberadas y liberados de la
violencia y de la muerte que no sólo victimizó a Jesús, sino que, las y los
victimizó a ellos mismas. La Buena Noticia (Evangelio) de que Jesús, el que
estuvo muerto, ha resucitado, les muestra que para Jesús la muerte no es el
destino final de la historia del ser humano, eso ha quedado atrás, se ha
iniciado ya el Año de Gracia que Jesús vino a traer a la tierra, como Él
mismo lo proclamó en la Sinagoga de Nazaret (Cf. Lc 4, 16-21; Is 61, 1-9).
 
En mis visitas a las comunidades y parroquias, a los ejidos y a las
organizaciones campesinas, a las organizaciones de jóvenes y de grupos
organizados de la sociedad civil, en las reuniones de mi presbiterio, en las
asambleas diocesanas, en mi acompañamiento a las familias mineras del carbón y
a las familias de las personas secuestradas, levantadas, desaparecidas o
ejecutadas, en la escucha de periodistas, de defensores de derechos humanos,
migrantes, empresarios, trabajadores, mujeres violentadas, en la escucha de lo
que ustedes cariñosamente me han confiado, puedo ver que el crimen organizado y
quienes dicen combatirlo, nos quieren mantener dentro del sepulcro, esclavizados
por la violencia y la muerte, enmudecidos por el miedo y con el rostro inclinado
a la tierra, así como estaban las mujeres en el momento en que se les presentan
las personas angelicales dentro del sepulcro.
 
El sistema que por décadas a excluido a las mayorías para privilegiar a unos
pocos que se disputan territorios, cargos, personas, recursos naturales y
financieros, negocios legales e ilegales, han convertido este país en un
inmenso sepulcro. En estos pocos que se disputan todo y que pretenden que nos
resignemos a ser mercancía que se trafica, se pacta, se vende o se destruye, no
hay respuesta. ¿Por qué buscamos entre muertos al que esta vivo? No podemos
seguir esperando que quienes cavaron centímetro a centímetro este sepulcro,
sean quienes construyan con ese sepulcro un hogar para todos y todas, como
tampoco podemos esperar inmóviles que algo suceda mágicamente, ni que aparezca
un caudillo.
 
A ustedes, a quienes pretenden dejar en el sepulcro, se les anuncia que
“Jesús no está ahí, ha Resucitado”. “Levanten el rostro de
la tierra” para que puedan ver, que Jesús a quien tanto amamos, en su
resurrección nos libera de la violencia y de la muerte que nos victimiza.
Hagamos nuestra la inquebrantable vocación de Dios por la vida, seamos
mensajeros y mensajeras de esa vida, y con la fuerza que brota de la certeza de
que estamos en manos de Dios, hagamos de este país un hogar para que la
“Paz con Justicia”, que tanto necesitamos, sea posible.
 
Como Pastor responsable del querido pueblo de Dios, que peregrina en esta
región de Coahuila, con la ayuda de Dios, estaré con ustedes para bendecir
cada uno de sus esfuerzos, cada una de sus iniciativas, cada una de sus
sonrisas, y asumir como mías cada una de sus angustias, sufrimientos y
denuncias. Seguiré el camino junto con ustedes para construir alternativas de
vida y signos de esperanza.
 
Guiados por el Espíritu Santo, bajo la mirada misericordiosa de Nuestra
Santísima Madre, María de Guadalupe, sigamos nuestra marcha en el camino que
el Padre nos mostró en su Hijo Jesús y, sostenidos por el poder de su amor,
que se difunde por el mundo entero a partir de su Resurrección y Ascensión
gloriosa hasta la diestra de Dios, sigamos recreando la vida en nuestra patria a
través de la restauración del estado de derecho y la justicia que nos
conduzcan a la paz.
 
Con todo mi corazón, con un grande cariño por todas y todos ustedes, les
abrazo efusivamente para desearles lo mejor en estas fiestas de la Pascua de
Jesús Resucitado y con el mismo afecto les bendigo. 
 
Saltillo, Coahuila, 4 de abril de 2010, Solemnidad de la Pascua 
 
Fr. Raúl Vera López O.P.
 
Obispo de la Diócesis de Saltillo
 
[1] Fray Raúl Vera López, OP, Obispo de la Diócesis de Saltillo, Mensaje de
Navidad, 2009.
 
[2] “Que en Cristo Nuestra Paz, México tenga Vida Digna”,
Exhortación Pastoral de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), nn 33.34.
Febrero 15, 2010
 
[3] Según Edgardo Buscaglia (Profesor del ITAM, profesor de la Universidad de
Colombia y con una amplia trayectoria en el crimen organizado) en entrevista con
Carmen Aristegui en CNN a propósito de la reunión binacional, afirmó que en
este momento en el país estamos viendo y viviendo tres conflictos armados que
generan ingobernabilidad: primero, el de grupos criminales enfrentándose entre
ellos; segundo, un conflicto armado dentro del mismo Estado debido a que
funcionarios y policías trabajan para diferentes grupos delictivos; y tercero,
actos de terrorismo contra la población para generar pánico y quitarle
legitimidad al Estado con el único fin de hacer creer a la población que
“los Z” o los diferentes grupos son la única ley y los únicos que
pueden cobrar “impuestos y sobornos”. Esta ingobernabilidad
(ausencia del Estado) hace dos años estaba identificada en 475 zonas
territoriales, actualmente está en 980 y continúa en crecimiento. Entre un 50
y 60 por ciento de las jurisdicciones municipales están infiltradas,
corrompidas o feudalizadas políticamente por grupos criminales.
 
[4] Edgardo Buscaglia, The Economist, 13 de enero de 2010.
 
[5] La detención en días pasados de miembros de la pandilla de los Aztecas
hace evidente que el problema del crimen organizado tiene muchas dimensiones y
muchos rostros. La pandilla de los Mara Salvatrucha tiene 80 mil miembros de
nacionalidad estadounidense o con doble nacionalidad, formados en las cárceles
americanas y en las calles de los países centroamericanos y en el nuestro y que
actualmente están presentes hasta en Argentina. De esta pandilla, tenemos 30
mil miembros trabajando en nuestro país para “los Z”. La pandilla
M18, que se estructura al estilo de las mafias italianas, está trabajando para
el cártel de Sinaloa. Los Aztecas parecen ser entonces el menor de los
problemas porque es una pandilla focalizada territorialmente con no más de 900
miembros (Información del mismo Edgardo Buscaglia en la ya citada Entrevista en
CNN).
 
[6] Según Borgione Francesco (Ocupó el cargo de Presidente de la Comisión
del Parlamento italiano contra la mafia en el período 2006-2009; es Periodista,
Profesor de Sociología y Filosofía y autor entre otras obras del libro
“Mafia Export”), dice: “Un kilo de cocaína le genera al
productor 1000 dólares, al traficante 20 mil dólares; cuando llega a Europa
genera 45 mil dólares y cuando finalmente llega a las plazas de Milano,
Londres, o Bruselas, genera 240 mil dólares, lo que muestra que no existe
ningún producto en el mundo que genere mayor riqueza. El 60% de este dinero se
“lava” contratando relaciones políticas y empresariales”.
 
[7] Edgardo Buscaglia, The Economst, 13 de enero de 2010.
 
[8] “Que en Cristo Nuestra Paz México tenga Vida Digna”,
Exhortación Pastoral de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), nn 12-13.
Febrero 15, 2010.
 
[9] De igual manera Jesús lo dice ante la samaritana (Jn 4,25-26) y Juan
Bautista dará testimonio de esto ante sus discípulos (Jn 4,29-34).

El movimiento revolucionario no puede, ni debe, estar a la defensiva.

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martes 6 de abril de 2010

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J.M. Álvarez

Me dice un compañero de lucha que quienes son tildados (por publicar artículos en periódicos pro-imperialistas) de “antiguos fanáticos del marxismo-leninismo más intransigente y cerril”, nunca fueron marxistas, ni por fanáticos ni por cerriles, pues el marxismo no admite guiones de etapas. Estoy de acuerdo con él y como, mis pecadillos veniales juveniles devinieron en pecados mortales y, además, no me debo a nada ni a nadie que no sea la revolución universal, es por lo que considero que los países que aspiran derribar por completo, las viejas estructuras burguesas, están cometiendo un error en su relación con Occidente.

Agresiones mediáticas, insultos racistas, descalificaciones e imposiciones, son consecuencia de la pérdida de iniciativa de los Estados progresistas frente al imperialismo europeo y estadounidense. No hay que esperar a ser atacados para responder. Los países con procesos revolucionarios en marcha, deben denunciar constantemente el carácter fascista, de las sociedades capitalistas “avanzadas”; sus torturas; sus presos políticos; sus desaparecidos, sus ejecuciones extrajudiciales. Y hacerlo con nombres y apellidos. A ello obliga la condición revolucionaria.
Las concesiones se ven y se oyen. Es cierto que existen más razones para creer en revoluciones que en quienes las difaman, pero como todo es utilizado, esa convicción tal vez deja en el aire que “quizás” esos detractores pueden aportar algo positivo al planeta. La comparación no me vale. Los enemigos de las revoluciones sólo aportan cadáveres. El hecho de citarlos siquiera, es, nuevamente, seguir a la defensiva en unos momentos donde la crisis capitalista y la situación geoestratégica mundial, juega a favor de los movimientos antifascistas.
A las revoluciones no hay que quitarles la “erre”, hay que quitar a quienes las anquilosan: arribistas, burócratas y burgueses emboscados. Y eso sólo es posible, revolucionando la revolución. Cuando esa gente desfile delante del pueblo, con un cucurucho en la cabeza, entonces comentaremos, criticaremos y discutiremos en libertad, pero exclusivamente dentro del seno de la clase obrera y campesina. La burguesía (hoy, sinónimo de crímenes contra la humanidad) no tiene nada que hacer ahí, excepto desaparecer.

Es imperativo abandonar el uso, candoroso, de replicar sólo cuando se es agredido y tomar la iniciativa de golpear primero. Si fuera así, ni campañas mediáticas, ni jueces que bailan al dictado de regímenes impresentables, ni presiones incalificables, salpicarían, por ejemplo, a internacionalistas cuyo único delito consiste en ser amigos de Venezuela.

La disculpa del papa por los abusos pederásticos debe ser insoportable para los ruandeses.

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martes 6 de abril de 2010

Martin Kimani (SIN PERMISO)

Si los abusos sexuales en Irlanda justifican su contrición, qué desprecio muestra el silencio del Vaticano sobre su papel en el genocidio ruandés.

Si eres un católico irlandés y has sufrido abusos sexuales a manos de un sacerdote, habrás podido leer hace poco una carta del Papa Benedicto que te dice: “Has sufrido terriblemente y yo de veras lo siento. Sé que nada puede borrar el mal que has soportado. Tu confianza ha sido traicionada y tu dignidad, violada”.
Para cualquier católico practicante de Ruanda, esta carta debe ser insoportable, pues da a entender lo poco que vales para el Vaticano. Hace quince años, decenas de miles de católicos fueron asesinados a machetazos dentro de las iglesias. En algunos casos fueron sacerdotes y monjas los que dirigieron la carnicería. En algunos casos no hicieron nada mientras se llevaba cabo. Los incidentes no fueron algo aislado. Nyamata, Ntarama, Nyarubuye, Cyahinda, Nyange y Saint Famille fueron sólo unas cuantas de las iglesias escenario de matanzas.(1)
A ti, superviviente católico del genocidio de Ruanda, el Vaticano te dice que esos curas, esos obispos, esas monjas, esos arzobispos que planificaron y mataron no actuaban siguiendo instrucciones de la Iglesia. Pero la responsabilidad moral cambia de modo espectacular si eres un católico europeo o norteamericano. A los sacerdotes de la Iglesia irlandesa que abusaron de los niños, el Papa tiene algo que decirles, esto: “Debéis responder de ello ante Dios todopoderoso y ante los tribunales legalmente establecidos. Habéis perdido la estima del pueblo de Irlanda y habéis atraído la vergüenza y la deshonra sobre vuestros compañeros”.
Las pérdidas de Ruanda no han recibido esa consideración. Algunas de las monjas y de los curas que han sido condenados por los tribunales belgas y el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR), respectivamente, gozaron del amparo de iglesias católicas en Europa mientras siguieron huidos de los fiscales acusadores. Uno de ellos es el padre Athanase Seromba, que encabezó la matanza de la parroquia de Nyange y fue sentenciado a quince años de cárcel por el tribunal que le juzgó.(2) En abril de 1994, Seromba logró atraer a más de dos mil hombres, mujeres y niños desesperados a su iglesia, donde esperaban permanecer seguros. Pero el pastor resultó ser su cazador.
Una tarde Seromba entró en la iglesia y se llevó los cálices de la comunión, así como las vestiduras sacerdotales. Cuando un refugiado le rogó que les dejara la Eucaristía para permitirles al menos celebrar una (última) misa, el cura se negó y les dijo que el edificio ya no era una iglesia. Un testigo del juicio de TPIR recordó una conversación en la que se puso de manifiesto su pensamiento.
Uno de los refugiados preguntó: “Padre, ¿puede usted rezar por nosotros?” Seromba respondió: “¿Vive todavía el Dios de los tutsis?” Posteriormente, dio órdenes para que una excavadora derribara los muros de la iglesia sobre quienes estaban dentro y apremió después a las milicias para que invadieran el edificio y acabaran con los supervivientes.
En su juicio, Seromba declaró: “Sacerdote soy y sacerdoté seguiré siendo”. Esta es, aparentemente, la verdad, puesto que el Vaticano nunca ha retirado los comunicados en su defensa emitidos antes de la sentencia. (3)
A lo largo del último siglo, los obispos católicos han estado profundamente implicados en la política ruandesa con pleno conocimiento del Vaticano. Tómese el caso del arzobispo Vincent Nsengiyumva. Hasta 1990 desempeñó el cargo de presidente del comité central del partido dominante, durante casi quince años, defendiendo al gobierno autoritario de Juvenal Habyarimana, que orquestó el asesinato de casi un millón de personas. O el arzobispo André Perraudin, el más alto representante de Roma en la Ruanda de los años cincuenta. Gracias a su colusión y a su papel de mentor, se lanzó la ideología de odio y racismo conocida como Poder Hutu, con frecuencia por medio de sacerdotes y seminaristas con buena posición en la Iglesia. Uno de ellos fue el primer presidente de Ruanda, Grégoire Kayibanda, secretario particular y protegido de Perraudin, cuyo poder político no tenía rival.
El apoyo al Poder Hutu no fue producto de la ingenuidad o la inconsciencia. Se trataba de una estrategia destinada a mantener la posición política de poder de la Iglesia en una Ruanda que se descolonizaba. La violencia de los años sesenta llevó inexorablemente al intento de exterminar a los tutsis en 1994. Eran expresiones violentas de una esfera política dominada por la opinión de que hutus y tutsis eran categorías raciales separadas y opuestas. También esto es un legado de los misioneros católicos, cuyas escuelas y púlpitos hicieron de caja de resonancia de falsas teorías raciales.
Este apartamiento de las víctimas ruandesas del genocidio se produce en un momento en el que la Iglesia Católica tiene cada vez más fieles entre las gentes de piel negra y morena. No resulta difícil llegar a la conclusión de que los escalones más altos de la Iglesia se agarran desesperadamente a un patrimonio racial que se desvanece con rapidez.
Acaso sea hora de que los católicos obliguen a sus dirigentes a enfrentarse a una historia de racismo institucional que aún continúa, si ha de estar la Iglesia a la altura de sus hermosas palabras. Las disculpas no bastan, no importa lo humildes que sean. Lo que se exige es un reconocimiento del poder político y la culpabilidad moral de la Iglesia, con todas las implicaciones legales que ello entraña.
El silencio del Vaticano supone desprecio. Su incapacidad de examinar al completo su papel central en el genocidio ruandés sólo puede significar que es plenamente consciente de que no se verá amenazado si entierra la cabeza en la arena. Mientras que sabe que si ignora el abuso sexual de sus parroquianos europeos no sobrevivirá en años venideros, puede dejar que los cuerpos africanos sigan enterrados, deshumanizados y sin investigar.
Es una buena estrategia política. Y una posición moral de cuya duplicidad y maldad tenemos testigos y documentos. Pues resulta que mucha gente, muchos especialistas académicos, gobiernos e instituciones dentro y fuera de Ruanda están examinando el papel que tuvieron en el genocidio. El Vaticano sobresale por ser la excepción, y su lugar moral se sitúa hoy por debajo del gobierno de Francia por su duradera amistad con los genocidaires.
Notas T.:
1) La mayoría de los ocho millones de ruandeses son cristianos. La católica es la iglesia que cuenta con mayor número de fieles.
2) A lo largo de cien días de 1994 fueron asesinados 800.000 tutsis, y hutus considerados desafectos a su etnia.
3) Seromba fue juzgado por el TIPR en Arusha, Tanzania, y condenado a quince años de prisión en diciembre de 2006. En el momento de su detención trabajaba, al parecer con otra identidad, en dos parroquias de la ciudad italiana de Florencia.
Martin Kimani es miembro asociado del Grupo de Conflictos, Seguridad y Desarrollo del King’s College de Londres, donde llevó a cabo su doctorado en estudios bélicos. Trabaja en la actualidad en un libro sobre el catolicismo y el genocidio de Ruanda.

Traducción para SINPERMISO: Lucas Antón

Fuera la religión

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martes 6 de abril de 2010

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Dios no ha muerto. Simplemente nunca existió. Parece ser que el primero en la cultura occidental que dictaminó la inexistencia de Dios fue un sacerdote francés, Jean Meslier, en 1729. Meslier (del que Guillaume Fourmont hace un excelente trabajo en el diario “Público”) introdujo en el pensamiento el ateísmo, pero sus ideas no se conocieron hasta después de muerto.

Desde entonces ríos de tinta se han escrito contra la existencia de Dios y contra la religión. Después de Jean Meslier, Bakunin, Marx, Nietzsche, Freud, Russell, y en la actualidad el estadounidense Christofer Hitchens, el francés Michel Onfray, el colombiano Fernando Vallejo, el catalán Joan Carles Marset y el británico Richard Dawkins razonando para inteligentes agotan el asunto. Pero también tantos y tantos que no pudieron en otro tiempo publicar por el látigo de la religión imponente ni tampoco en los tiempos actuales por la esquiva de las editoriales y el miedo a las consecuencias de enfrentarse al fabuloso diktat del Vaticano. Ya Moliére, Montaigne, Voltaire, el barón D’Holbach y otros habían cuestionado antes la idea del Dios providente y fustigado a la religión funesta.
Dios es, en todo caso, pura conjetura o a duras penas una verdad moral. Un hecho indemostrable por vía racional que sólo puede sostenerse a título de inventario. En último término quien afirma es quien debe probar, no quien niega. Y Occidente, sin más pruebas que las que unos conciliábulos han querido manufacturar se ha pasado dos mil años levantando sobre la Idea indemostrada una religión decisiva en la historia del planeta.
Todos cuantos han mandado, dirigido y organizado tanto la sociedad religiosa como la civil hasta hoy, lo han hecho presuponiendo la existencia de un Dios. En ello y en obligar a los demás a ir tras ellos han malgastado la mayor parte de sus caudales materiales y espirituales. Pero ya está bien. Ha llegado el momento de prescindir en la vertebración de la sociedad de ese Dios inventado y de la religión que lo arropa. Pues no habiendo existido ¿qué pinta la religión que gira en torno a lo que no existe?
Nos dice la católica que la religión trae consuelo. Pero lo que no nos dice es que el consuelo que proporciona ella no es más que el efecto buscado por la causa. Te someto, te humillo, te torturo, y luego aflojo el yugo, te levanto y te alivio. Eso es lo que ha hecho durante casi dos mil años una religión que de perseguida pasó a ser verdugo de las almas. La infelicidad, el desasosiego y la desesperación causadas por el sentimiento de culpa generado por la religión son tan superiores a los parabienes, que la humanidad entera habría alcanzado hace mucho la paz total y duradera de no haber sido por el catolicismo vaticano.
La religión en general ha sido la fuente de todas las desdichas. Y desde luego, entre todas y más que ninguna, la católica. La historia de Occidente se comprendería mal sin ella, pero tampoco puede explicarse sin atribuirle la causa de, prácticamente, directa o indirectamente, todas las disensiones, todas las rencillas, todos los odios, todas las guerras y buena parte de los crímenes. Y lo peor de la Iglesia actual no es ya el saberse de tantísimos casos de pederastia, sino la actitud que adopta en torno a ese asunto, como la actitud que adoptó siempre ante los hechos que escandalosamente la comprometían.
Quienes han ido administrando a lo largo de los siglos esa doctrina manufacturada, no han hecho más que prostituirla, traficar, mercadear con los supuestos mensajes de la divinidad, introduciendo elementos perversos que chocan con la mansedumbre y la bondad natural del buen salvaje. En último término, si la Iglesia católica hubiera proporcionado beneficios a parte de la humanidad, puesto que no ha hecho más que traer tribulaciones y retardar la paz, démosles las gracias por los servicios prestados, y a otra cosa.
Antes, pues, que con la partitocracia hay que acabar con la religión. Hay que desmantelarla. Pero en cuanto a la católica se refiere, no es necesario hacer nada especial. Se basta ella sola. Se está desmoronando.

Esperemos pacientemente que la Iglesia Vaticana se derrumbe. Sólo así podrá pasar el mundo a la Nueva Era en que impere definitivamente el raciocinio. Porque en último término, si Dios existiese, providente o no, seguro que no quiere aduladores, y menos aún a los que han inventado una religión para traficar con ella o para escandalizar desde ella.

Miguel Hernández era comunista: En el centenario del natalicio del poeta Miguel Hernández.

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martes 6 de abril de 2010

Felipe Alcaraz

El poeta granadino Javier Egea, que dedicó un gran esfuerzo a la producción de una poesía por fin materialista, al margen de la subjetividad burguesa, puso el siguiente pórtico a su concepción literaria: “Sólo hay dos formas de enfrentar la poesía. Y éstas no son otras que dejar claro desde el discurso poético que la propia poesía o está con la explotación o está contra ella”.

En el caso de Miguel Hernández Gilabert, nacido en Orihuela en octubre de 1910, su poesía y teatro tienen su asiento más definitorio en la delimitación marcada por Egea. Una definición que adquiere un discurso poético de primera magnitud, que no se rebaja por su popularidad: la gente “entiende” a Miguel Hernández no porque sea un poeta simple, sino porque es un poeta pleno; es, en todo caso, un poeta sencillo, es decir, un poeta que no oculta su entrega incondicional a una lucha sin cuartel, donde su poesía y teatro no buscan ningún balneario de neutralidad, ningún prestigio al margen de la apuesta poética (y vital) por otro mundo y por la defensa de la libertad hasta las últimas consecuencias. Se trata precisamente de eso: una literatura hasta sus últimas consecuencias. Sobra, pues, toda protección “paternalista” y académica a este poeta del pueblo en lucha. No sólo, pues, un poeta del pueblo, sino un poeta del pueblo en lucha. Y esa es su enorme “calidad”, aparte de la plenitud de su lenguaje.
E inmediatamente es preciso agregar algo que explica la apuesta: Miguel Hernández era comunista. Resulta que Miguel Hernández era comunista. ¿Se entendería su poesía sin aclarar este punto? Posiblemente sí. ¿Hubiera sido posible elaborarla sin la apuesta histórica concreta? Quizás no. Pero en todo caso es éticamente imposible ocultar algo que no es una etiqueta, ni “reduce” al escritor o lo “politiza”, tal como pueden enfocar su centenario los poetas y críticos postmodernos, de los que tan sobrados estamos en estos días: resulta que hay demasiados seguidores de Fukuyama, pero resulta también que vamos a celebrar, sin ningún intento de reducción, el centenario de un comunista: de un comunista poeta y de un poeta comunista; de alguien donde se funden, cosa que no siempre ocurre, una vida que no debemos olvidar y una obra que no envejece y se defiende perfectamente a sí misma, y a los intentos de reinterpretación y digestión desde el sistema.
La poesía y la vida de Miguel Hernández adquieren su sentido total en el frente (“El 18 de julio de 1936… entro yo, poeta, y conmigo mi poesía, en el trance más doloroso y trabajoso, pero más glorioso, al mismo tiempo, de mi vida”). Y es, a veces, una poesía a dentelladas. Dentelladas rojas y republicanas, dentelladas siempre desde la paz anhelante y la persona como amor y dignidad. Por eso muere, y ahí radica la “pequeña” historia de una resistencia final: “No me perdonarán nunca los señoritos que haya puesto mi poca, o mi mucha inteligencia, mi poco o mi mucho corazón, desde luego las dos cosas más grandes que todos ellos juntos, al servicio del pueblo de una manera franca y noble. Ellos preferirían que fuera un sinvergüenza. No lo han conseguido ni lo conseguirán”. Así, después de varios intentos fracasados por hacerle renegar de su poesía (y sus ideas) a cambio de libertad, muere en la prisión de Alicante, como si se cumpliera de todas formas la ejecución dictada. Murió con 31 años, enfermo de un tifus que degeneró en tuberculosis, dejando inacabado su libro “Cancionero y Romancero de ausencias”.
Esa ausencia inolvidable, es la que vamos a explicar, disputándole a las opciones postmodernas, neutrales, el sentido real de su vida y obra, y pretendiendo, desde el principio, que se anulen los procedimientos judiciales contra él. Es decir: no vamos a celebrar el centenario de un gran poeta, que lo era, aislando sus textos y deshuesándolos de historia e ideología. Vamos a defender y celebrar otra cosa: esa lucha que también se da en literatura, sin que por ello descienda un escalón técnico-artístico la obra, y que tiene su matriz en esa compresión del mundo desde el punto de vista, y contra, la explotación y el dominio. Una lucha durísima, sin componendas, pero que a veces se da de manera enteriza, como en el caso de Miguel Hernández.

Precisamente esta lucha, muchas veces a contracorazón (“Tristes guerras/ si no es amor la empresa.//Tristes, tristes”.), es la que necesita disfrazar u ocultar el sistema. Y esto es así porque ese sistema, pertrechado de los argumentos normalizadores de lo políticamente correcto, no resiste la mirada (literaria) de los perdedores, sobre todo si son perdedores pero no vencidos; y más todavía: si son perdedores pero no arrepentidos. Y como resulta claro que este no es el caso de Miguel Hernández, van a intentar por todos los medios digerir su figura, salvarla del “sectarismo de sus camaradas”. Porque en el fondo no quieren remediar su ausencia, sino trucarla, ya que no pueden construir el olvido. Y a esta nueva batalla, para salvar el rostro verdadero de Miguel, estamos convocados los comunistas.

Comentarios de atalaya (XIV): Hispanos en Estados Unidos.

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martes 6 de abril de 2010

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

La comunidad de origen hispano en los Estados Unidos y su vanguardia, en el supuesto de que tales instancias existan, deberán decidir si la batalla por la Reforma Migratoria es con Obama o contra él y si el esfuerzo se enfoca como problema social o como una cuestión política. Sumar, unir y cohesionar son tareas del momento y esencias de una estrategia de largo aliento.

Habitar circunstancialmente en un mismo territorio y hablar la misma lengua no basta para forjar una comunidad; se necesitan además intereses comunes, principalmente económicos y sociales y metas compartidas. Las comunidades no las fabrican los políticos y menos aun los burócratas, sino que las crea la historia.
En Estados Unidos viven alrededor de 50 millones de hispanos, entre 12 y 15 millones de ellos son indocumentados. Los latinos en Estados Unidos son casi el doble de los canadienses en Canadá, más que los argentinos en Argentina y diez veces más que los noruegos en Noruega.
Uno de cada 25 latinoamericanos, el 4 por ciento de la población del continente son emigrados, el 75 por ciento en Estados Unidos. Si fueran un país, por el número de habitantes los latinos en Norteamérica ocuparían el lugar 24. Los que no tienen papeles son entre tres o cuatro veces la población de Uruguay, tantos como la de Guatemala, dos o tres veces la de El Salvador y muchos más que la de Cuba. La escala del problema dificulta la solución.
La Reforma migratoria, que es de vida o muerte para los indocumentados y sus familiares, que son los más pobres, vulnerables y sin apenas capacidad de influir en la política nacional, no es perentoria para aquellos que ya alcanzaron la residencia o la ciudadanía, quienes son los que más influencia pueden ejercer. Encontrar lo que hay de común en todos y convertirlo en mecanismo de movilización y de acción social, promover la solidaridad de la mayoría establecida con la minoría en situación precaria, es una de las tareas del momento.
Para el presidente, asumiendo que sean sinceras sus preocupaciones por la suerte de los migrantes y real su interés de poner orden en un asunto que ningún país puede descuidar, la dificultad radica en que, como en el caso de la salud, se trata de batallar por gente desfavorecida. A Obama, que no encontró obstáculos para apoyar con miles de millones a los banqueros, no será tan fácil mostrarse generoso con los indocumentados.
La presencia hispana en los negocios, la cultura, el deporte, la ciencia, la religión católica y en prácticamente todas las esferas de la vida social, es consistentemente respaldada por una creciente influencia política, expresada no sólo en el número de votantes sino en la enorme cantidad de puestos de relevancia alcanzados en los condados, legislaturas y administraciones estaduales, así como en el Congreso Federal y en la administración nacional. En Estados como en Texas, California, La Florida, Nuevo México y en ciudades como los Ángeles, Nueva York, Miami, San Antonio y en cientos de poblaciones y localidades, su influencia es decisiva.
El desafío consiste en convertir el número en calidad y en enfocar la influencia para, mediante un ejercicio de solidaridad, favorecer la solución del grave problema de los emigrantes indocumentados y en convertir la lucha por una Reforma Migratoria justa e inclusiva, en un interés de todos los latinos y de la Nación.
En ese empeño los luchadores por los derechos de los hispanos difícilmente puedan encontrar el respaldo de aquellos que por haberse integrado completamente a la sociedad norteamericana piensan y actúan como estadounidenses; así como por parte de la influyente colonia cubana, alguno de los cuales, al no poder anexar la Isla a Estados Unidos, se han anexado ellos.
La mayor parte de la emigración cubana, está bajo la influencia de cabecillas anticastristas que difícilmente se sumarán a la causa de sus hermanos. Los cubanos que han alcanzado el Congreso y el Senado, ocupan altos cargos en la administración, el sistema judicial, los medios de difusión y los ámbitos culturales y el espectáculo, están más interesados en atacar al gobierno cubano que en sus electores y en los hispanos. Lo mismo ocurre con elementos de la burguesía y la clase media venezolana, ecuatoriana, boliviana y otros, más motivados en trabajar por el derrocamiento de los gobernantes de sus países que por los hispanos.
Tal vez es demasiado pronto para echar en cara a Obama que los hispanos contribuyeron a su elección y sea una ineficaz bravuconada amenazarlo con un voto de castigo porque, guste o no, en la realtpolitik norteamericana, Obama es la izquierda. Votar por una opción de derecha sería para los hispanos suicida; de hecho estarían haciéndolo contra ellos mismos y de pretendidos castigadores pudieran pasar a castigados.

Aunque a los hispanos no les ocurre como una vez sucedió a la burguesía, que no podía liberarse sin liberar a toda la sociedad, al impulsar la Reforma Migratoria los latinos en los Estados Unidos asumen los intereses de la emigración en su conjunto. Por ser el destacamento mayor, los mexicanos forman una especie de vanguardia y tal vez corresponda a ellos aportar el liderazgo que una vez ostentó César Chávez, a quien Obama acaba de rendir homenaje, gesto significativo por su justeza y por el momento en que es realizado.

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