¿Registrar celulares?. ALTAVOZ

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sábado 17 de abril de 2010

El domingo 11 de abril, venció el plazo para registrar teléfonos celulares. El Gobierno Federal estableció que cada usuario debe estar escrito en el Registro Nacional de Usuarios Telefónicos RENAUT, con esta medida las autoridades aseguran que evitarán que haya llamadas de extorsión, amenazas, secuestros y otros ilícitos. Pero un gran número de usuarios no registraron sus teléfonos. Unos por desconocer la disposición gubernamental; otros porque desconfían del propio gobierno. Se calcula que 30 millones de teléfonos celulares no se registraron, de un total de 85 millones. Recordemos que en la administración del Presidente Zedillo el Registro Nacional de Vehículos RENAVE se puso en manos de un delincuente internacional, el torturador argentino, Ricardo Miguel Cavallo. Más recientemente con el presidente FOX el titular del IFE Juan Carlos Ugalde, vendió el padrón electoral a empresas extranjeras y datos del INEGI circulan por todos lados. A eso se debe que empresas, bancos o candidatos nos llamen o envíen mensajes a todas horas. El Gobierno Federal amenazó con cancelar el servicio a quienes no cumplieran la disposición, sin embargo el asunto no es tan sencillo. Por ejemplo: las cancelaciones tendrían un efecto desfavorable para los dueños de las empresas de telefonía celular. Se calcula que dejarían de ganar 60 mil millones de pesos al año. Carlos Slim propietario de una empresa perdería más de 40mil millones de pesos si se suspendiera el servicio a sus clientes. Por otro lado, la empresa MOVISTAR –española por cierto-, dice que recurrirá a acciones legales para proteger a sus usuarios. Seguramente solicitará amparo. Las demás empresas aseguran que dejarán disponible el servicio de mensajes en tanto se busca una solución. Algunos juristas aseveran que la cancelación del servicio a quienes no registraron teléfonos celulares sería una medida ilegal pues hay preceptos constitucionales que protegen a los ciudadanos como los siguientes: “las comunicaciones privadas son inviolables. La ley sancionará penalmente cualquier acto que atente contra la libertad y privacía de las mismas”. “Exclusivamente la autoridad judicial federal a petición de la autoridad federal que faculte la ley o del titular del Ministerio Público de la Entidad Federativa correspondiente, podrá autorizar la intervención de cualquier comunicación privada. Para ello la autoridad competente deberá fundar y motivar las causas legales de la solicitud…”. “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, si no en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente que funde y motive la causa legal del procedimiento. Toda persona tiene derecho a la protección de sus datos personales, al acceso, rectificación y cancelación de los mismos, así como a manifestar su oposición en los términos que fije la ley…”.En fin, que en los próximos días veremos qué solución encuentra el Gobierno Federal. Al igual que otros casos, fue una decisión apresurada y sin profundo análisis. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes y la Comisión Federal de Telecomunicaciones determinarán lo procedente. También constataremos si con el Registro de Celulares, efectivamente se reduce el número de delitos.

Lo que usted debria saber sobre los fertilizantes. ALTAVOZ

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viernes 16 de abril de 2010

Biol. Vicenta Muñoz
La mayor patente de fertilizantes es MONSANTO y muchas empresas más cuyo objetivo sólo ha sido apoderarse del campo mexicano y volver a los campesinos dependientes de herbicidas e insecticidas pero, sobre todo, de el uso excesivo de fertilizantes químicos de los cuales en la gente de campo se ha creado la idea de que son la mejor solución para una mayor productividad. Ahora, en estos tiempos, el campesino se queja de que el gobierno no apoya para obtener un subsidio en fertilizantes por que rumoran que sin ellos el campo no producirá y sale a relucir una pregunta ¿La gente de hace algunos años como cultivaba el campo? ¿Qué utilizaban para tener producción si había mucha mayor pobreza?, los suelos se fertilizaban en forma natural con la caída de la hojarasca, estiércoles de animales, etc., una buena opción para obtener una cosecha fructífera.
Pero el objetivo de este artículo es que ustedes conozcan lo que las empresas ocultan sobre los fertilizantes químicos:
1.-La aplicación repetida de fertilizantes químicos matan microbios benéficos para producir suelo fértil.
2.- Se utiliza gran cantidad de energía de combustibles fósiles para producir fertilizantes químicos.
3.- Los fertilizantes químicos necesitan agua para poder liberar sus nutrientes; esto quiere decir que el nitrógeno, fósforo y potasio son disueltos en cuerpos de agua, contaminándolos y afectando en forma negativa la vida acuática.
4.- La sal puede quemar fácilmente las plantas; si no se aplica agua rápidamente; la sal succiona, literalmente, la humedad de las plantas.
5.- Los fertilizantes químicos no fomentan la salud del suelo, por el contrario, debilitan su estructura.
6.- Las plantas que se desarrollan en suelos altamente afectados por químicos no cuentan con una resistencia natural a las enfermedades.
7.- Los fertilizantes químicos matan a las lombrices de tierra, las lombrices de tierra oxigenan el suelo creando un buen drenaje para el agua, y sus deposiciones contienen gran cantidad de nitrógeno y fósforo.
8.-Los fertilizantes químicos ocasionan mucho daño a la salud en la persona que los utiliza, así como a los que consumen productos en los que se utilizan herbicidas e insecticidas.
Es necesario hacer una reflexión sobre el uso de estos productos por todos los daños que ocasionan a nuestros suelos pero, sobre todo, por el daño que ocasiona a nuestra salud.
Las herramientas de nuestros antepasados así como los métodos naturales que utilizaban, les permitieron vivir de manera saludable. Miremos y volvamos a esas técnicas y una de ellas es la utilización del humus natural, el cual se produce con la siembra de una gran variedad de árboles en los cafetales, así como en los demás cultivos a los que nos dediquemos. Pero cuáles son los beneficios del uso de abonos orgánicos o humus:
El humus (la parte orgánica del suelo, formado por la descomposición parcial de la materia vegetal y animal) es necesaria también para el crecimiento de moho, pequeños microorganismos que descomponen los desechos orgánicos en el suelo y, además, algunos producen antibióticos.
Así que recuerde:
Si usted confía ciegamente en los fertilizantes químicos y venenos sintéticos de pesticidas, no pasará mucho tiempo para que tenga una parcela, un césped o un jardín que sea, literalmente, un vertedero de desechos tóxicos, que contenga suelo muerto y sin nutrientes para ofrecer a sus plantas, las que se convertirán completamente en adictas a los fertilizantes y pesticidas químicos, y que consumirán mucho más del dinero que le ha costado un gran esfuerzo obtener.

Hacia la Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza

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sábado 17 de abril de 2010

En los Derechos de la Naturaleza el centro está puesto en la Naturaleza. Esta vale por sí misma, independientemente de la utilidad o usos del ser humano, que forma parte de la Naturaleza.
Alberto Acosta * / ALAI
La compleja construcción de un proyecto de vida en común
Toda Constitución sintetiza un momento histórico. En toda Constitución se cristalizan procesos sociales acumulados. Y en toda Constitución se plasma una determinada forma de entender la vida. Una Constitución, sin embargo, no hace a una sociedad. Es la sociedad la que elabora la Constitución y la adopta casi como una hoja de ruta. Una Constitución, más allá de su indudable trascendencia jurídica, es ante todo un proyecto político de vida en común, que debe ser puesto en vigencia con el concurso activo de la sociedad.
Desde esta perspectiva, la Constitución ecuatoriana -construida colectivamente en los años 2007 y 2008-, fiel a las demandas acumuladas en la sociedad, consecuente con las expectativas creadas, responsable con los retos globales, se proyecta como medio e incluso como un fin para dar paso a cambios estructurales. En su contenido afloran múltiples definiciones para impulsar transformaciones de fondo, a partir de propuestas construidas a lo largo de muchas décadas de resistencias y de luchas sociales. Transformaciones, muchas veces, imposibles de aceptar (e inclusive de entender) por parte de los constitucionalistas tradicionales y de quienes a la postre ven como sus privilegios están en peligro. Una de esas “novedades” se plasma en los Derechos de la Naturaleza.

La Naturaleza en el centro del debate
La acumulación material -mecanicista e interminable de bienes-, apoltronada en “el utilitarismo antropocéntrico sobre la Naturaleza”- al decir del uruguayo Eduardo Gudynas-, no tiene futuro. Los límites de los estilos de vida sustentados en esta visión ideológica del progreso son cada vez más notables y preocupantes. No se puede seguir asumiendo a la Naturaleza como un factor de producción para el crecimiento económico o como un simple objeto de las políticas de desarrollo.
Esto nos conduce a aceptar que la Naturaleza, en tanto término conceptualizado por los seres humanos, debe ser reinterpretada y revisada íntegramente. Para empezar la humanidad no está fuera de la Naturaleza. La visión dominante, incluso al definir la Naturaleza sin considerar a la humanidad como parte integral de la misma, ha abierto la puerta para dominarla y manipularla. Se le ha transformado en recursos o en “capital natural” a ser explotados. Cuando, en realidad, la Naturaleza puede existir sin seres humanos…
En este punto hay que rescatar las dimensiones de la sustentabilidad. Esta exige una nueva ética para organizar la vida misma. Un paso clave, los objetivos económicos deben estar subordinados a las leyes de funcionamiento de los sistemas naturales, sin perder de vista el respeto a la dignidad humana y la mejoría de la calidad de vida de las personas.

Un proceso histórico de ampliación de los derechos
A lo largo de la historia, cada ampliación de los derechos fue anteriormente impensable. La emancipación de los esclavos o la extensión de los derechos civiles a los afroamericanos, a las mujeres y a los niños fueron una vez rechazadas por los grupos dominantes por ser consideradas como un absurdo. Para la abolición de la esclavitud se requería que se reconozca “el derecho de tener derechos”, lo que exigía un esfuerzo político para cambiar aquellas leyes que negaban esos derechos. Para liberar a la Naturaleza de esta condición de sujeto sin derechos o de simple objeto de propiedad, es entonces necesario un esfuerzo político que reconozca que la Naturaleza es sujeto de derechos. Este aspecto es fundamental si aceptamos que todos los seres vivos tienen el mismo derecho ontológico a la vida.
Esta lucha de liberación es, ante todo, un esfuerzo político que empieza por reconocer que el sistema capitalista destruye sus propias condiciones biofísicas de existencia. Dotarle de Derechos a la Naturaleza significa, entonces, alentar políticamente su paso de objeto a sujeto, como parte de un proceso centenario de ampliación de los sujetos del derecho. Si se le aseguran derechos a la Naturaleza se consolida el “derecho a la existencia” de los propios seres humanos, como anotaba en 1988 el jurista suizo Jörg Leimbacher.
Del actual antropocentrismo debemos transitar, al decir de Gudynas, al biocentrismo. Esto implica organizar la economía preservando la integridad de los procesos naturales, garantizando los flujos de energía y de materiales en la biosfera, sin dejar de preservar la biodiversidad.
Estos planteamientos ubican con claridad por donde debería marchar la construcción de una nueva forma de organización de la sociedad. Pero, no será fácil. Sobre todo en la medida que ésta afecta los privilegios de los círculos de poder nacionales y transnacionales, éstos harán lo imposible para tratar de detener este proceso. Esta reacción, lamentablemente, también se nutre de algunas acciones y decisiones del gobierno de Rafael Correa, quien alentó con entusiasmo el proceso constituyente y la aprobación popular de la Constitución de Montecristi, pero que con algunas de las leyes aprobadas posteriormente, por ejemplo la Ley de Minería o la Ley de Soberanía Alimentaria, sin dar paso a la conformación del Estado plurinacional, en una suerte de contrarrevolución legal, atenta contra varios de los principios constitucionales.

Una declaración pionera a nivel mundial
Al reconocer a la Naturaleza como sujeto de derechos, en la búsqueda de ese necesario equilibrio entre la Naturaleza y las necesidades y derechos de los seres humanos, enmarcados en el principio del Buen Vivir, se supera la clásica versión jurídica. Y para conseguirlo nada mejor que diferenciar los Derechos Humanos de los Derechos de la Naturaleza, tal como lo plantea Gudynas.
En los Derechos Humanos el centro está puesto en la persona. Se trata de una visión antropocéntrica. En los derechos políticos y sociales, es decir de primera y segunda generación, el Estado le reconoce a la ciudadanía esos derechos, como parte de una visión individualista e individualizadora. En los derechos económicos, culturales y ambientales, conocidos como derechos de tercera generación, se incluye el derecho a que los seres humanos gocen de condiciones sociales equitativas y de un medioambiente sano y no contaminado. Se procura evitar la pobreza y el deterioro ambiental.
Los derechos de primera generación se enmarcan en la visión clásica de la justicia: imparcialidad ante la ley, garantías ciudadanas, etc. Para cristalizar los derechos económicos y sociales se da paso a la justicia re-distributiva o justicia social, orientada a resolver la pobreza. Los derechos de tercera generación configuran, además, la justicia ambiental, que atiende sobre todo demandas de grupos pobres y marginados en defensa de la calidad de sus condiciones de vida afectada por destrozos ambientales. En estos casos, cuando hay daños ambientales, los seres humanos pueden ser indemnizados, reparados y/o compensados.
En los Derechos de la Naturaleza el centro está puesto en la Naturaleza. Esta vale por sí misma, independientemente de la utilidad o usos del ser humano, que forma parte de la Naturaleza. Esto es lo que representa una visión biocéntrica. Estos derechos no defienden una Naturaleza intocada, que nos lleve, por ejemplo, a dejar de tener cultivos, pesca o ganadería. Estos derechos defienden mantener los sistemas de vida, los conjuntos de vida. Su atención se fija en los ecosistemas, en las colectividades, no en los individuos. Se puede comer carne, pescado y granos, por ejemplo, mientras me asegure que quedan ecosistemas funcionando con sus especies nativas.
A los Derechos de la Naturaleza se los llama derechos ecológicos para diferenciarlos de los derechos ambientales de la opción anterior. En la nueva Constitución ecuatoriana -no así en la boliviana- estos derechos aparecen en forma explícita como Derechos de la Naturaleza, así como derechos para proteger las especies amenazadas y las áreas naturales o restaurar las áreas degradadas. También es trascendente la incorporación del término Pacha Mama, como sinónimo de Naturaleza, en tanto reconocimiento de interculturalidad y plurinacionalidad.
En este campo, la justicia ecológica pretende asegurar la persistencia y sobrevivencia de las especies y sus ecosistemas, como redes de vida. Esta justicia es independiente de la justicia ambiental. No es de su incumbencia la indemnización a los humanos por el daño ambiental. Se expresa en la restauración de los ecosistemas afectados. En realidad se deben aplicar simultáneamente las dos justicias: la ambiental para las personas, y la ecológica para la Naturaleza.
Siguiendo con las reflexiones de Gudynas, los Derechos de la Naturaleza necesitan y a la vez originan otro tipo de definición de ciudadanía, que se construye en lo social pero también en lo ambiental. Estas ciudadanías son plurales, ya que dependen de las historias y de los ambientes, acogen criterios de justicia ecológica que superan la visión tradicional de justicia.

La proyección de los Derechos de la Naturaleza

De los Derechos de la Naturaleza, asumidos en la Constitución ecuatoriana, se derivan decisiones trascendentales. Uno clave tiene que ver con procesos de desmercantilización de la Naturaleza, como han sido la privatización del agua, así como de sus sistemas de distribución y abastecimiento. Igualmente se exige la eliminación de criterios mercantiles para utilizar los servicios ambientales. La restauración integral de los ecosistemas degradados es otro de los pasos revolucionarios adoptados.
La soberanía alimentaria se transforma en eje conductor de las políticas agrarias e incluso de recuperación del verdadero patrimonio nacional: su biodiversidad. Incluso se reclama la necesidad de conseguir la soberanía energética, sin poner en riesgo la soberanía alimentaria o el equilibrio ecológico.
Si aceptamos que es necesaria una nueva ética para reorganizar la vida en el planeta, resulta indispensable agregar a la justicia social y la justicia ambiental, la justicia ecológica. En otras palabras, los Derechos Humanos se complementan con los Derechos de la Naturaleza, y viceversa.

De los Andes al mundo

El mandato de los Derechos de la Naturaleza nos invita a pensar y realizar una integración regional de nuevo cuño. Y desde esta perspectiva, desde Nuestra América habrá que levantar la tesis de una pronta Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza, compromiso que podrá encontrar un espaldarazo en el marco de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, convocada por el presidente Evo Morales.
Nuestra responsabilidad es grande y compleja. Al tiempo que condenamos los sistemas y las prácticas depredadoras forjadas en el capitalismo metropolitano, debemos condenar por igual y superar las diversas formas de extractivismo que consolidan la sumisión de nuestros países en el mercado mundial, en tanto productores y exportadores de materias primas. Este extractivismo, para nada superado en nuestros países, seguirá hundiendo en la miseria a los pueblos y agravando los problemas ambientales.
En suma, está en juego el Buen Vivir (sumak kausay o suma qamaña), relacionado estrechamente con los Derechos de la Naturaleza. Estos derechos, sumados a los Derechos Humanos, nos conminan a construir democráticamente sociedades sustentables. Y esas sociedades se lograrán a partir de ciudadanías plurales pensadas también desde lo ambiental, en las que el ser humano y las diversas colectividades de seres humanos coexistan en armonía con la Naturaleza.

-Alberto Acosta es Economista ecuatoriano. Profesor e investigador de la FLACSO. Consultor internacional. Ex-ministro de Energía y Minas. Ex-presidente de la Asamblea Constituyente. Texto Publicado en América Latina en Movimiento Nº 454, abril de 2010, “Por un nuevo amanecer para la Madre Tierra”, coedición ALAI – Fundación Solón.

Mariategui, 80 años

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sábado 17 de abril de 2010

El pasado 16 de abril se cumplieron ochenta años del fallecimiento de José Carlos Mariátegui, el más luminoso pensador peruano del siglo XX.
Gustavo Espinoza M. / Rebelion
(Fotografía: José Carlos Mariátegui, 14 de junio de 1894 – Lima, 16 de abril de 1930)
No tenía aún treinta y seis años, cuando ocurrió su deceso que fuera informado al país mediante un boletín extraordinario de la revista Amauta, por él fundada: “El más grande cerebro de América Latina, ha dejado para siempre de pensar…”, diría el documento que corrió presuroso por las redacciones de los periódicos y los locales sindicales y políticos como una llama encendida.
La muerte de Mariátegui, enlutó al país entero. Millares de personas se dieron cita en la casa del difunto y, por primera vez en la historia social de la patria, cargaron sobre sus hombres el féretro envuelto en una bandera roja; y a los acordes de La Internacional, lo pasearon por las calles de la ciudad hasta depositarlo en el cementerio Presbítero Maestro, donde aún está su tumba.
Ella, un modesto túmulo de tierra, se levanta sobre un texto de Henri Barbusse: “¿Sabéis quién es Mariátegui? Pues bien, es la nueva luz de América, el prototipo del nuevo hombre americano”.
Cuatro biografías se han hecho hasta hoy de esta emblemática figura del socialismo peruano. La primera, la de María Wiesse, que lo conoció personalmente y que compartió sus horas de tertulia en el Rincón Rojo. La segunda, la de Armando Bazán, con quien estuvo en Europa, lo que le permitió acercarse no solo a Mariátegui, sino además a Vallejo, sobre cuya vida también escribió.
La tercera, llamada La acción escrita, fue obra de un aguerrido periodista y revolucionario peruano —Genaro Carnero Checa— del que se recordará precisamente en estos días el centenario de su nacimiento. La cuarta fue la de Guillermo Rouillón: La creación heroica de José Carlos Mariátegui, en dos volúmenes. A ellas, se han sumado trabajos meritorios de Juan Gargurevich y Ricardo Luna Vega, que abordaron etapas puntuales de su vida y de su obra.
Cada una de las biografías ha tenido su propio mérito. Y todas ellas han buscado presentar la figura de este ilustre peruano explotando los más diversos ángulos de su pensamiento y las distintas etapas de su vida.
De modo general, se coincide en dividir la vida de Mariátegui en dos grandes etapas: lo que él mismo llamó su “edad de piedra” y lo que sus biógrafos coincidieron en denominar su “etapa heroica”.
Hubo un tiempo, poco después de su muerte, que su obra quedó transitoriamente relegada. Convergieron en ese esfuerzo los intereses de la clase dominante, representados por las dictaduras de entonces, y el sectarismo a ultranza de elementos “sembrados” en el campo revolucionario por los adversarios del socialismo.
Pero a partir de 1935, la historia social comenzó, nuevamente, a hacerle justicia. Entre ese año y 1960, sin embargo, su vida y su obra fueron relegadas casi al olvido por los detentadores del Poder. Su pensamiento fue considerado “subversivo” y su análisis de la realidad nacional, como orientado por “ideas foráneas y extranjerizantes”. Esa fue la calificación que le otorgó siempre la derecha más reaccionaria, pero también la dirección del APRA, liderada por Haya de la Torre que hasta su muerte, en 1982, regateó los méritos del autor de los 7 Ensayos
No obstante, las ideas de Mariátegui perduraron en el tiempo. En cierta ocasión, cuando Pablo Neruda visitó Perú, un periodista local le preguntó: “¿qué diferencia encuentra usted entre Mariátegui y Haya de la Torre?” Y el poeta, de inmediato contestó que “mientras Mariátegui sigue vivo, Haya de la Torre hace muchos años que ha muerto…”.
Durante un largo periodo, incluso en el campo revolucionario, existió la tendencia a negar la primera etapa de la vida del Amauta y centrar el interés de los estudiosos de su obra, en la segunda. Esfuerzos como los de Genaro Carnero, Juan Gargurevich y otros, contribuyeron a enfrentar, y derrotar, esa deformación.
Y es que la obra de Mariategui no tuvo nunca rupturas. Fue una continuidad. Un proceso de realización y de afirmación que, en su momento, él mismo reconoció: “He madurado, más que he cambiado. Lo que existe en mi ahora, existía embrionaria y larvadamente cuando yo tenía veinte años”, dijo en una entrevista que le hicieran en la época.
De todos modos, como en todos los seres humanos, en Mariátegui se registraron acontecimientos que cambiaron su mirada. En el caso del Amauta, el gran acontecimiento, fue la Revolución Rusa de 1917. El tenía veintitrés años y era un joven reportero de un diario local, encargado precisamente del manejo del teletipo.
Supo leer, entonces, lo que ocurría en el mundo y descubrir el camino de los pueblos hacia delante. Y percibió también la entereza, y la esencia, de los hombres que, en ese contexto, hacían la historia. Mariátegui quedó siempre deslumbrado por la personalidad de Lenin, que asomó ante sus ojos como “nimbada de leyenda, de mito y de fábula”.
Desde un inicio quedó sellado el compromiso moral entre la Revolución de Octubre y nuestro compañero de armas. Nunca varió. Y hay que subrayar que ello ocurrió en una circunstancia en la que todos los fuegos del enemigo se disparaban contra el naciente poder bolchevique, y cuando el inmenso poder del “réclame” buscaba distorsionar la imagen de los revolucionarios rusos en el mundo presentando su lucha como expresión de desvarío satánico.
Mucho se discutió —y se discute aún en el Perú— si el Partido que fundó Mariátegui, fue un “Partido Socialista” o un “Partido Comunista”. Es una discusión ociosa. Él lo llamó en su momento Partido Socialista del Perú, pero cuando eso ocurrió, en 1928, él ya era un comunista de filas.
Identificado plenamente con la Rusia Soviética, pese a todos sus avatares; en ligazón directa con la Internacional Comunista, convencido del papel de la Clase Obrera y luchador por su causa, y enfrentado firmemente a las deformaciones reformistas del revolucionarismo pequeño burgués; Mariátegui fue un comunista de verdad.
¿Tuvo ideas propias y algunas de ellas no coincidieron en todo con “la verdad oficial” que se manejaba en ese entonces? Claro que sí. Ese hecho demostró, precisamente, que Mariátegui era un comunista de verdad, y no un adocenado funcionario de cartón.
Su capacidad creadora, su activismo pensante y su lucha cotidiana nunca dieron paso a la huachafería ramplona de las “terceras vías” o “los caminos propios”. “En la lucha entre dos sistemas, entre dos ideas, no se nos ocurre sentirnos espectadores, ni inventar un tercer término. La originalidad a ultranza es una preocupación literaria y anárquica. En nuestra bandera inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: socialismo”, dijo perfilando el rostro de su revista histórica: Amauta.
Porque fue comprendido por la más clara inteligencia de su tiempo, Jorge Basadre diría de él: “Con Mariátegui adviene al Perú un tipo de agitador sin demagogia ni tropicalismo, un escritor autodidacta, no universitario, que rebasando el prestigio de los cenáculos, sirve a la clase proletaria”.
Y vaya que la sirve, en nuestro tiempo…

Rusia y China a la latinoamericana.

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sábado 17 de abril de 2010

La presencia de ambas potencias pone nervioso a Washington. Atención que también quieren nuestros recursos naturales. Por una estrategia común entre los países del área, y que no se instale aquí un escenario bélico.

Diego Ghersi / Agencia Periodística del Mercosur
(Fotografía: los presidentes de Brasil, Rusia, China y la India, reunidos en Brasilia)
En los últimos días se registraron tres hechos que son síntoma del nuevo orden estratégico de bloques económicos, que lentamente se acomoda en el mundo: la visita del premier ruso Vladimir Putin a Venezuela; el recorte de China a sus importaciones argentinas de aceite de soja y los dichos del jefe de la diplomacia de Estados Unidos para América latina, Arturo Valenzuela, en referencia al incremento armamentístico en Sudamérica, no dejan de ser piezas del mismo rompecabezas que pueden ser leídas como las acciones de una parte y las reacciones de la otra.
En general, se puede comenzar diciendo que los incrementos en el PBI de Rusia y de China sólo pueden sostenerse a costa de conseguir nuevos mercados para la obtención de la materia prima –recursos naturales- y, en forma simultánea, de la colocación en dichos mercados de manufacturas con mayor valor agregado.
La lógica anterior se complementa con el detalle de que los mercados de materia prima sudamericanos son pretendidos por Estados Unidos y considerados por Washington como un territorio de su uso exclusivo.
Otro factor que complica la ecuación consiste en que si bien el aumento de precios de las materias primas de los últimos años ha significado una inyección de capital fresco a las naciones sudamericanas, el intercambio comercial propuesto por las naciones compradoras debe ser manejado con cuidadoso criterio a efectos de que las economías locales no sean arrasadas por productos importados más accesibles por el costo de su cuestionable manufactura.
La necesidad de materias primas de Beijing ha motivado la expansión china por sectores del planeta que antes le eran desconocidos. Ejemplo de esa situación es el que se da con la presencia de empresas chinas en África, continente dónde incluso hay presencia de la Armada china en el Golfo de Adén.
El economista mexicano Enrique Dussel – profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y coordinador del Centro de Estudios China-México- cree que, dado que América Latina es un proveedor masivo de materias primas a China y, a la vez un importador de manufactura china que cada vez tiene más valor agregado, la situación plantea un problema estructural importante.
Según Dusssel, con China como el segundo socio comercial y más dinámico en la región, se necesita una estrategia a largo plazo, fortaleciendo instituciones, conocimientos y expertos para no estancarse en una relación actual de producción, que es desventajosa para Latinoamérica, pues importa cada vez más productos manufacturados chinos y destruye industrias y empleo.
“Hay que acabar con la situación de exportar materias primas e importar productos transformados porque eso genera un ambiente de ganadores y perdedores. Muchos países ya comienzan a tener crecientes déficit comerciales aunque vendan recursos”, sostiene Dussel.
Implementar una agenda sectorial en bloque de Latinoamérica con China sería fundamental para la región, que este año será el cuarto social comercial del gigante asiático. Esta metodología resta importancia a los tratados comerciales bilaterales por las asimetrías que estos llevan implícitos.
Un buen ejemplo se produce en el caso del intercambio comercial sino-argentino que se ha fundamentado principalmente en la soja y sus derivados, cuestión que ha puesto al filo del monocultivo al país sudamericano y acarreado muchos problemas al gobierno central de Buenos Aires en sus intentos de revertir esa tendencia.
La dependencia Argentina de los ingresos por la venta de aceite de soja es tan grande, que cualquier intento de Buenos Aires que trate de compensar el ingreso de manufacturas chinas es sancionado con la detención de los embarques de soja. Esa situación convierte al aceite de soja en un arma comercial.
En Argentina existen 47 plantas aceiteras y un polo industrial del rubro considerado el mayor y el más eficiente del mundo. Sin embargo el problema es que esas fábricas cierran el negocio con la producción de espeler y alimento balanceado, que se comercializa en el sector avícola. Si falta uno de los elementos, el negocio simplemente no cierra.
La balanza comercial sino-argentina estaba equilibrada en 6 mil millones de dólares pero sufrió un desbalance cuando la ministra Deborah Giorgi decidió poner trabas a las importaciones chinas para proteger a la industria argentina. Fue el comienzo del uso del aceite como arma y una manera de condicionar las decisiones soberanas de Buenos Aires, tendientes a proteger su industria.
Respecto de la visita de Putin a Caracas, la misma puede leerse en la necesidad rusa de petróleo, para el funcionamiento de sus fábricas, complementado por la necesidad de Caracas de reponer su parque de armas.
La afirmación anterior se sustenta en los dos anuncios más importantes que dejó la reunión bilateral: compra de armas por parte de Venezuela y participación de Rusia en el negocio de la riquísima cuenca petrolífera del Orinoco, próxima a certificarse.
Sabido es que el gobierno bolivariano está permanentemente azuzado desde Washington -que considera a Hugo Chávez como poco menos que el representante de Satanás en la Tierra- y en ese sentido, Washington realiza aprestos bélicos que lentamente cierran un cerco sobre país caribeño: bases insulares en el Golfo de México; reactivación de la IV Flota y abastecimiento de armas, equipos y asesores a Colombia desde instalaciones militares facilitadas por Bogotá.
Simultáneamente, a Caracas le llueven acusaciones acerca de que Venezuela estaría proporcionando santuarios en su territorio para las guerrillas FARC.
Ante esa situación de tensión fronteriza creciente, Venezuela se siente obligada a reforzar su defensa y ha recurrido al complejo militar ruso para abastecerse de ellas. Después de todo, por muchísimo menos se inició la guerra de Vietnam.
La coyuntura descripta genera automáticamente el marco para la tercera noticia destacada: el subsecretario norteamericano para Asuntos del Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, afirmó el 7 de marzo -con su cara más dura- que tanto para su gobierno como para la región son intolerables las amenazas bélicas y las intromisiones entre países incluso con apoyo a sectores terroristas.
Valenzuela, quien había llegado a Bogotá en la noche del 6 de marzo como parte de su gira por Ecuador, Colombia y Perú, agregó que “el gasto militar en América Latina debería bajar porque con esos fondos podrían atenderse otras necesidades más apremiantes.”
Las palabras de Valenzuela se producen en momentos en que Colombia y Venezuela pasan por uno de sus peores momentos, en medio de mutuas recriminaciones porque Bogotá acusa a Caracas de amparar a jefes de las guerrillas, y porque Rusia acordó el pasado 2 de abril prestarle a Venezuela hasta 2.200 millones de dólares para nuevos acuerdos de armas.
Si se considera que en los últimos años Rusia y China han consolidado una alianza estratégica y económica que contrapesa la hegemonía de Estados Unidos y que, Sudamérica es una región rica en recursos naturales y biodiversidad, la creciente influencia de las potencias asiáticas en el hemisferio podría significar el comienzo de una escalada bélica que termine con el aura pacífica que la región ostenta a contramano del resto del mundo.
Por otra parte, sería aconsejable que los gobiernos sudamericanos implementen una estrategia de bloque en las negociaciones con poderosos, cuya imagen altruista debería medirse en términos de ventaja económica. Esa prudencia necesaria evitaría el riesgo que entraña el hecho de que al pretender salir de un problema se caiga en otro peor.

Argentina: La ley de medios salió del closet y ganó la calle.

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sábado 17 de abril de 2010

La problemática de los medios de comunicación comercial, hasta hace muy poco limitada a la academia y centros de estudio y/o profesionales, ha ganado la calle. Esto, que está sucediendo en la Argentina del 2010, tiene mucho que ver con nuestras historias de las últimas décadas, y bien puede servir de experiencia para el resto de Latinoamérica.
Aram Aharonian* / ALAI AMLATINA
Hacía tiempo que no presenciaba una movilización masiva como la del jueves pasado en Buenos Aires, en respaldo de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que, sancionada por amplia mayoría por el Legislativo para reemplazar una norma que data de la dictadura militar, ha encontrado escollos para su aplicación por sorpresivos y extemporáneos fallos judiciales, muestra de un poder judicial que aún no ha logrado deslastrarse de funcionarios del gobierno de facto (1876-1983).
La puja por la Ley salió del ámbito de los medios, sorteó el de la economía, el de la política y, finalmente se trabó en el de la Justicia, poniendo en claro la sobreexistencia de un poder concentrado, remanente de la dictadura y de los gobiernos neoliberales posteriores, inaceptable en cualquier régimen republicano. En Argentina subsisten lobbies que unen política y justicia, que resultan a veces mucho más poderosos que los poderes Ejecutivo y/o Legislativo.
Hubo muchos hechos destacables, remarcables. Primero, la conformación de esa enorme movilización, donde viejos militantes –de sector obrero y de clase media- se mezclaban con jóvenes estudiantes de las carreras de comunicación social y también piqueteros; donde los pueblos originarios se sumaban a la lucha común, junto a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, donde las dos centrales sindicales trabajaban juntas para defender la democracia y la institucionalidad, donde las banderas de los movimientos y grupos oficialistas compartían las calles con la de la oposición.
Y, algo que sorprendía a los corresponsales extranjeros: la marcha, de más de 20 cuadras, avanzaba hacia la Plaza Lavalle, frente al Tribunal Supremo de Justicia, y los comercios de la zona no se sentían amenazados y seguían abiertos normalmente. Fue una demostración cívica, con saludos cociudadanos desde los balcones de las avenidas Callao y Corrientes, con miles de manifestantes convocados en principio por la Coalición por una Radiodifusión Democrática, por sus agrupaciones, sindicatos, movimientos populares, universidades, pero también con miles y miles de autoconvocados, al igual que cuando los argentinos salen a luchar contra la impunidad del genocidio dictatorial.
Codo a codo, los “negros” -despreciados y estigmatizados por el establishment-, peronistas y piqueteros, con representantes de los pueblos originarios, trabajadores rurales y urbanos, intelectuales, jóvenes de clase media, tomaron las calles del país, para vencer otro intento de dictadura, la que intentan imponer los medios comerciales de comunicación. Un hecho quizá novedoso para una sociedad argentina que sigue sorprendiendo.
No fue sólo Buenos Aires. Lo mismo se repitió en el sur, en Comodoro Rivadavia, o en el noroeste, en Mendoza. Luis Bruchtein, director de Página/12 señala que “resulta una paradoja, porque de todos ellos, los únicos en condiciones de generar un proceso de sensibilización masiva sobre una problemática tan específica son los propios medios. Y esta vez han conseguido hacerlo en contra de sí mismos”.
En las últimas concentraciones, tanto en la de jueves como en la del viernes anterior en el Obelisco, convocada por Facebook por los seguidores del programa televisivo 6, 7, 8 (con gran participación de jóvenes de clase media, hasta ahora reacios a participar en política), la mayoría no estaba encuadrada en columnas de organizaciones sociales o políticas, sino que portaban carteles hechos a mano.
Quizá los grandes medios, encabezados por el oligopolio de Clarín y sus radios y televisoras, La Nación, el grupo Vila-Manzano, entre otros, fueron los causantes de este fenómeno político y social, porque ellos y sus principales columnistas dejaron al rojo vivo la manipulación, con operaciones mediáticas, inventando el hecho político para forzarlo, ocultando y tergiversando la información, invisibilizando a los actores sociales y, sobre todo, dejando en estado de crispación a la sociedad, con sus titulares apocalípticos. Provocaron un fenómeno reactivo, se hicieron el harakiri de credibilidad.
Bruchtein señala que aún llevado a una guerra sin cuartel, el Gobierno no tiene herramientas suficientes que produzcan una ruptura cultural como para que la sociedad se rebele contra sus Oráculos, o para resquebrajar esta creencia sobrenaturalizada en los grandes medios
Segundo. La problemática de los medios de comunicación comercial, hasta hace muy poco limitada a la academia y centros de estudio y/o profesionales, ha ganado la calle. La concientización popular sobre el poder de los oligopolios y monopolios mediáticos ya no logra ser invisibilizado tanto por un velo cultural sino por el propio interés de las empresas de no perder su (cada vez más escasa) credibilidad.
Esto, que está sucediendo en la Argentina del 2010, tiene mucho que ver con nuestras historias de las últimas décadas, y bien puede servir de experiencia para el resto de Latinoamérica. Durante décadas, el neoliberalismo se había dedicado a desmantelar y privatizar el aparato comunicacional del Estado, dejando en manos de cada vez menos empresas –y no necesariamente del sector- la concentración multimediática. El Estado abandonó su obligación de satisfacer el derecho fundamental a la información y la comunicación, entregándoselo a los grandes conglomerados empresariales.
En los países desarrollados, este proceso fue acompañado por regulaciones y controles antimonopólicos. Cuando estas medidas intentan ser aplicadas en nuestros países, el aparato corporativo conservador comienza a denunciarlo como atentado a la libertad de prensa y de expresión, desquilibrando el juego democrático, atacando a las instituciones democráticas. Es el discurso hegemónico, el discurso único, que ya no necesita de bayonetas para imponerse, sino que tiene en la corporación mediática comercial que intenta aplicar lo que algunos estudiosos han dado en llamar la dictadura mediática.
Hoy la pelea no es en la fábrica ni en las calles: el bombardeo, disfrazado de información, publicidad o entretenimiento, invade las salas, los dormitorios, en nuestros propios hogares.
Tercero. Además del debate sobre la democratización de la comunicación y la información, silenciado por los poderes fácticos durante 26 años de retorno a la democracia, en Argentina la crispación llevó a generar un movimiento social específico, dejando en clara la obligación del Estado de regular democráticamente el espectro radiofónico y la concentración de los medios de comunicación.
En Argentina, algunos dicen que la oposición política encontró un aliado formidable en la corporación mediática. Otros señalan que la corporación mediática ha sabido manipular a la oposición política al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, diciendo quienes son los protagonistas y los antagonistas, distando no solo la agenda informativa sino también la política. La oposición prefirió oponerse a una ley cuya aplicación no se sentirá durante este Gobierno, que termina el año que viene. ¿O no?
Son cinco jueces los que obstaculizan la aplicación de la ley, que han hecho lugar a reclamos de los grandes oligopolios (Clarín, grupo Vila-Manzano, con presentaciones de algún diputado, con motivos diferentes): por el plazo de un año para desmonopolizar, porque no se siguió el trámite reglamentario en el Parlamento y porque la ley va contra la libertad de prensa.
El gobierno nacional presentó un recurso extraordinario en la Cámara de Mendoza para que el expediente llegue a la Corte Suprema de Justicia que, con independencia y sin ningún tipo de presión, tiene que darle una mirada al tema. El titular de la Autoridad Federal de Aplicación de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, Gabriel Mariotto (el funcionario que llevó adelante este proceso), consideró que no va a tardar mucho en que la disputa judicial en torno a esa norma llegue a la Corte Suprema y sostuvo que el reclamo de la aplicación de esta ley no es capricho de un gobierno sino una expresión de derechos en democracia.

Breve historia de una conquista popular

El 17 abril de 2008, la Presidenta Cristina Fernández recibió a miembros de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, quienes le presentaron el documento de los 21 puntos, y le plantearon la necesidad de un nuevo modelo de comunicación, entendida ésta como un bien social y no como un negocio comercial. Un modelo de comunicación en el que tengan espacio todos y todas, no solamente las empresas de carácter comercial sino los medios públicos, de gestión estatal, y los medios comunitarios, de propiedad social, de las organizaciones libres del pueblo. La Coalición insistió en la necesidad de poner límites a los monopolios y garantizar la libertad de expresión para todos los ciudadanos.
La Presidenta recordó que la ley de radiodifusión vigente entonces fue creada por la dictadura y “no solamente ha quedado éticamente impugnada, ha quedado técnicamente impugnada: Creo que lo más importante de todo esto va a ser poder incorporar a la Argentina no solamente al debate por la democratización de la información pública”.
Casi un año después, el 18 de marzo de 2009 la propuesta de proyecto de Ley de servicios de comunicación audiovisual fue presentada en sociedad por la Presidenta en la ciudad de La Plata, y luego fue debatida en 80 foros abiertos en todo el país. El 27 de agosto la versión definitiva del proyecto fue ingresada al Congreso para su tratamiento parlamentario, donde también fue debatida en audiencias públicas con la participación de numerosos representes de intelectuales, periodistas, propietarios de medios privados, de organizaciones sociales, de medios comunitarios y de asociaciones profesionales.
Finalmente, el proyecto fue aprobado en la Cámara de Diputados el 17 de septiembre de 2009 con 147 votos a favor, 4 en contra, una abstención y 103 ausente, mientras que en el Senado se aprobó el 10 de octubre con 44 votos a favor y 24 en contra.

– Aram Aharonian es periodista y docente uruguayo-venezolano, director de la revista Question, fundador de Telesur, director del Observatorio Latinoamericano en Comunicación y Democracia (ULAC)

Cuando votar no es suficiente.

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sábado 17 de abril de 2010

Ojalá Colombia pueda pasar de la edad de la desesperación y de la edad de la esperanza a la edad de la confianza y de la creatividad. Pero se engaña quien piense que sus deberes estarán cumplidos en el momento en que deposite un voto por un candidato.
William Ospina /El Espectador (Colombia)
En una época yo pensaba que los problemas de Colombia eran fundamentalmente políticos. Ahora sé que son sobre todo problemas culturales.
De conocimiento y de arraigo lúcido en un territorio, de respeto por los conciudadanos, de compromiso a un tiempo con las grandes conquistas de la modernidad y con la singularidad de nuestras tradiciones, de carácter, de orgullo y de originalidad en la relación con el mundo, de capacidad de convivencia y de solidaridad, de respeto por unas reglas del juego, de construcción de una ética ciudadana, de control sereno y severo de los abusos de ciertas minorías: las corruptas, las excluyentes, las violentas, las codiciosas, las sanguinarias.
Algunas de las mejores cosas que le han pasado al país en las últimas décadas se deben al avance de una conciencia ciudadana que asume responsabilidades, que se compromete con valores, que se traza desafíos civilizados. De modo que, si bien la política no es toda la solución, sí puede contribuir a las soluciones para un país que tiene un pie en la modernidad democrática y otro en el lago de sangre de las más demenciales barbaries.
En estas elecciones hay tres clases de candidatos: los que tienen nostalgia del pasado, los que están satisfechos con el presente y los que creen que Colombia es capaz de mucho más, y llevan su fe hasta creer que la democracia colombiana no es un camino cerrado para las propuestas renovadoras, no es algo irremediablemente tomado por las maquinarias y por las plutocracias, que es posible ganarles un espacio de acción y de cambio a la corrupción, al burocratismo, a los fanatismos, a las trampas, a la inercia de los hábitos y a la compra de las conciencias.
Es muy importante que los candidatos que encarnan ese nuevo compromiso recuerden las muchas tareas aplazadas de la sociedad colombiana. Las tareas aplazadas que no ha podido resolver ni el pacto aristocrático y excluyente del Frente Nacional, ni el pacto constitucional de 1991, ni la cruzada pacificadora de la seguridad democrática, ni el discurso meramente oposicionista que no logró articular nunca una propuesta de país lúcida, generosa y equilibrada.
Esas tareas no las podrán cumplir solos ni los gobernantes, ni los legisladores, ni las fuerzas armadas, ni los tribunales. Esas tareas requieren un equipo de líderes y la voluntad creadora de millones de personas. Porque más que perseguir delincuentes y exterminar criminales, Colombia necesita desesperadamente y hace décadas dejar de ser un surco fecundo para la criminalidad y el delito.
Y ello exige verdadera justicia social en un país carcomido por el egoísmo y viciado por los privilegios; requiere una estrategia agraria, en un país donde no sólo tres millones de campesinos han perdido su tierra, sino que hemos sacrificado la vocación agrícola capaz de sostener al país entero, buscando apenas la abstracta rentabilidad para unos sectores productivos; ello requiere pautas de redistribución del ingreso en uno de los países más inequitativos del mundo; ello requiere una justicia que prevenga el delito antes que una justicia tardía que lo persiga y lo extermine.
Y ello requiere una revolución de la educación que nos ponga por fin en el siglo XXI, no para acatar servilmente los dictados del industrialismo degradador de la naturaleza y del consumismo insensible, sino para equilibrar la búsqueda de una civilización saludable y placentera con el respeto por el mundo y la formación de un tipo de humanidad más creadora, más sensible, más solidaria, más enamorada de la vida, más productiva y más responsable con la historia.
Todo parece indicar que en estas elecciones veremos surgir fuerzas nuevas, lenguajes nuevos, sectores sociales antes indiferentes decididos a apostarle a nuevas ideas, a nuevos estilos. Ojalá Colombia pueda pasar de la edad de la desesperación y de la edad de la esperanza a la edad de la confianza y de la creatividad. Pero se engaña quien piense que sus deberes estarán cumplidos en el momento en que deposite un voto por un candidato. Porque el país que siga buscando un salvador no merece salvarse: sólo lo logrará el que se comprometa con el ejercicio lúcido de crear, de actuar y de cambiar las cosas día por día, arriesgando, discutiendo, pensando.
Encontrarnos por fin con el país que podemos ser, inaugurar un tiempo de creación, de imaginación y de fe, también requiere mucha firmeza a la hora de decir no a los predestinados por derecho divino, a los consentidos de todos los poderes y a los que sólo trabajan por la prosperidad de ciertas minorías: las corruptas, las excluyentes, las violentas, las codiciosas, las sanguinarias.

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