domingo 18 de abril de 2010

Editorial 56

Antes, durante y después de las elecciones del próximo 4 de julio estaremos viendo cuál es el comportamiento de los medios impresos y electrónicos y qué tipo de intereses se manejan alrededor de los mensajes, las fotografías, las primeras planas, las entrevistas, la propaganda y hasta los spots de radio y televisión.
Para nadie es un secreto, aunque lo vemos como un hecho natural, que todos los medios impresos en Veracruz –salvo muy escasas excepciones-, viven del erario público por lo que no hay día en que no aparezca el Tío Fide en todas la primeras planas de diarios y revistas, mostrando a un supuesto gobernante omnipresente, omnipotente y omnisapiente, que todo lo resuelve y lo mantiene bajo control.
En cinco años y cuatro meses hemos pasado de eslogans y frases pegajosas como la de Veracruz late con fuerza o Vamos bien y viene lo mejor, diseñadas y promocionadas al estilo nazi para adorar a un ser superior, infalible e infaltable en el altar de nuestros hogares, escuelas, hospitales y edificios públicos.
Ahora, de cara a un proceso electoral que busca renovar 210 ayuntamientos, la Cámara de Diputados y elegir al titular del Poder Ejecutivo, es Javier Duarte de Ochoa quien desde hace meses se promociona con recursos públicos en prensa, radio y televisión, en franca complicidad entre dueños y directores de medios impresos y electrónicos.
Los contratos suelen ser tan jugosos, que no hay medio que se resista a publicar lo que sea, para no quedar fuera del presupuesto e incluso viéndose obligados a no publicar informaciones y menos fotografías en sus primeras planas de los candidatos de la oposición, a no ser para denostarlos o desvirtuar su lucha.
En lo local y lo regional, los ejemplos son más burdos: dueños de pasquines y gacetillas se convierten en los interlocutores de servidores públicos de muy bajo perfil, a quienes halagan o castigan en sus rotativos, dependiendo de si hay dinero o no, prostituyendo el noble oficio de informar con veracidad y ética.
El negocio es perverso por partida doble: los funcionarios toman dinero de los contribuyentes para mantener a verdaderos zánganos del oficio periodístico, a cambio de halagos y primeras planas en las que el alcalde en turno posa con la esposa, presumiendo entrega de obras o en franca actitud populachera para echarse a la bolsa a incautos lectores.
Por lo general, esos periodiquitos carecen de credibilidad y circulación, pero basta con que uno o dos de sus ejemplares lleguen a la oficina del presidente municipal o del funcionario, para asegurar el jugoso cheque, la comilona, la foto con el servidor público, la beca para los hijos o la palanca para el familiar desempleado. Qué pobres. No se dan cuenta que así castran un oficio que por naturaleza debe mantener una sana distancia con el poder, para ganarse respeto y credibilidad.
Una prensa libre y medios electrónicos con responsabilidad social, deben multiplicarse por todos lados para darle voz y poder a los ciudadanos, para que hagan contrapeso a la corrupción, la simulación y la impunidad con que alcaldes, legisladores y demás servidores públicos nos gobiernan, cínicos y soberbios a más no poder. ¡Piénsale¡