Marcha por Copala, 12 octubre, 2010

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Marcha San Juan Copala, 12 de octubre 2010…

La voz creciente de América Latina

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sábado 16 de octubre de 2010

¿Tiene América Latina algo que decirles al resto de las naciones? ¿Algo que el mundo no haya escuchado, algo que sea la voz de un Nuevo Mundo?


William Ospina / Tomada de El Espectador (Colombia)

Hace dos siglos fuimos pioneros de la lucha contra el colonialismo, y tal vez nos tocará ser pioneros de la lucha por un nuevo modelo de civilización. Ya en todas partes se dice que el mundo está en peligro, y el peligro reposa en una idea del desarrollo que saquea la naturaleza y degrada el medio ambiente; que olvida que la ciencia tiene deberes morales y estimula la mera tecnificación sin reflexión; en un modelo que consume y derrocha, que idealiza el crecimiento y el mercado, y que al tiempo que predica la opulencia deja a media humanidad por fuera de los beneficios más elementales de la civilización.
Dos siglos después de las independencias, sabemos que la principal justificación de la lucha por la libertad era acceder al derecho de ser originales, de ser distintos. Ahora, cuando no podemos descargar en nadie más la responsabilidad de nuestros destinos, tenemos que juzgar por nosotros mismos el modelo de civilización que se nos ha predicado y asumir la lealtad profunda de ser sinceros y de ser críticos. Hace dos siglos optamos por el privilegio de la autonomía y todo privilegio comporta una responsabilidad. No podemos aceptar servilmente el modelo, porque somos responsables del mundo que estamos construyendo.
Una nación no es una mera suma de personas sino el diálogo de un territorio con sus memorias, sus sueños y sus inventos. Un día comprendimos que no podía definirnos sólo una lengua, sólo una religión, sólo una raza, sólo una memoria cultural. Estos dos siglos nos enseñaron que tenemos lenguas, religiones, razas y memorias, no sólo leyendas del pasado sino mitos posibles, fusiones culturales, tesoros particulares de la sensibilidad, de la imaginación y del gusto. Y la libertad es la condición para que ninguno de los matices de nuestro ser sea ignorado en el largo proceso de diseñar las repúblicas.
Porque el diseño de una civilización no puede ser anterior a ella: va surgiendo de luchas y frustraciones, de sueños y utopías, de guerras y armisticios, de relatos y poemas. Hace dos siglos nuestras naciones existían menos que ahora. Pero es que, sin duda, para aproximarnos a nuestro arquetipo necesitábamos los mariachis mexicanos y los boleros caribeños, los sones y las cumbias, a Rulfo y a Diego Rivera, a Frida Kahlo y a María Félix, a Alfonso Reyes y a Carlos Monsiváis.
Necesitábamos los versos y la pasión de José Martí, el concierto barroco de Alejo Carpentier y las canciones de Benny Moré y de Celia Cruz. Necesitábamos nuestro Asturias y nuestro Palés Matos, nuestra Sonora Matancera y nuestros Trovadores del Cuyo; a Morazán y a Antonio Nariño, a Henríquez Ureña y a Jorge Isaacs; a O’Higgins y a San Martín. Necesitábamos a Barba Jacob y a Aurelio Arturo, a Carlos Fuentes y a Emiliano Zapata, a Gaitán y al coronel Aureliano Buendía, a Gallegos y a Simón Díaz, a Simón Rodríguez y a Simón Bolívar; necesitábamos a Eloy Alfaro y a Julio Jaramillo, a César Vallejo y a José María Arguedas, a Torres García y a Vargas Llosa.
¿Cómo podríamos ser quienes somos sin Antonio Colsenheiro y sin Carlos Gardel, sin Gabriela Mistral y sin Alfonsina Storni, sin Pablo Neruda y sin Jorge Amado, sin Mercedes Sosa y sin Violeta Parra, sin Herrera y Reissig y sin Lautremont, sin Jaimes Freyre y sin Pérez Bonalde, sin Cortázar y sin Martín Fierro?
Necesitábamos ser libres para ser por fin nosotros: para no ser sólo castizos, para no ser sólo católicos, para que nuestras octavas no fueran tan reales, para ser no sólo seres quijotescos sino también buscadores del Aleph y del Zahir, para aceptar que los hilos de sangre suben las escaleras, para aprender que en nuestro destino estaban las Alturas de Machu Picchu y la Biblioteca de Babel.
Pero ya es hora de que digamos que también para España y para Europa fue una suerte que los países de América Latina nacieran, porque, como sabía don Quijote, mejor que tener criados es tener interlocutores, porque con ese descubrimiento, con esa conquista, con esa colonia, y sobre todo con esa independencia el español dejó de ser una lengua local y se convirtió en una lengua planetaria, y ahora no sólo es la segunda lengua más extendida del mundo, sino tal vez la primera en riqueza, diversidad y creatividad.
Porque era necesario que América fuera libre para que surgiera con esa gracia y con esa libertad la voz que mejor ha cantado en lengua castellana, la voz que reinventó un puente entre España y América, la voz india y mestiza de Rubén Darío, y para que naciera en lengua castellana ese hombre a quien un francés ha llamado el guardián de las bibliotecas planetarias, Jorge Luis Borges.
Cuando una cultura así existe y se ahonda, confiar en el futuro es ya mucho más fácil

El Salvador: 30 aniversario del FMLN

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sábado 16 de octubre de 2010

El FMLN mostró, con la unidad, que era posible pensar en el surgimiento de un nuevo país, justo, democrático, más humano y en progreso para la vida de la gente; supo que lograrlo requería sacrificio, firmeza, valentía e inteligencia; y los mejores hijos e hijas no rehuyeron pagar con sacrificio, incluso de su propia vida, el precio para abrir camino al cambio.
Norma Guevara de Ramirios / Diario Colatino (El Salvador)
Una sola lucha, dos etapas, en un solo esfuerzo para derrotar la dictadura que por décadas dominó al país, abrir paso a la democracia, al aseguramiento y vigencia de los derechos y libertades de cada persona y darle vida a la soberanía del país.
El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), surge como fuerza revolucionaria bajo la modalidad de un poderoso movimiento de liberación nacional enarbolando principios universales de solidaridad, de autodeterminación de los pueblos y no intervención, de solución pacífica de los conflictos; su visión comunicada a la patria y al mundo entusiasmó, dio sentido a la lucha, convocó a otros que vieron en el FMLN y el pueblo salvadoreño la llegada de una nueva época.
Así fue. El FMLN mostró, con la unidad, que era posible pensar en el surgimiento de un nuevo país, justo, democrático, más humano y en progreso para la vida de la gente; supo que lograrlo requería sacrificio, firmeza, valentía e inteligencia; y los mejores hijos e hijas no rehuyeron pagar con sacrificio, incluso de su propia vida, el precio para abrir camino al cambio.
Miles, decenas de miles, cientos de miles de salvadoreñas y salvadoreños dijeron presente; en manifestaciones, en organización de distintos niveles de compromiso, en distintas épocas.
El FMLN surgió el 10 de Octubre de 1980, era antecedido de otros esfuerzos unitarios del pueblo, el FORO POPULAR y la COORDINADORA REVOLUCIONARIA DE MASAS, EL FRENTE DEMOCRÁTICO Y EL FRENTE DEMOCRÁTICO REVOLUCIONARIO.
Lo integraron organizaciones políticas que no eran reconocidas por el régimen de dictadura que imperaba entonces y que se expresaba con sobrada prepotencia controlando y persiguiendo a cualquiera que pensara diferente.
En ese entonces, la Fuerza Armada dirigía los cuerpos represivos conocidos como Guardia Nacional, Policía Nacional, Policía de Hacienda, Policía de Aduana, escuadrones de la muerte, organismos paramilitares y las llamadas reservas del ejercito; vivíamos una real militarización de la sociedad, que servía a una oligarquía que explotaba y arrebataba los derechos políticos a la gente, que irrespetaba los derechos humanos y además que dominaba e imponía su criterio en el sistema de justicia.
El FMLN entonces, no es un capricho de un grupo de líderes de izquierda, es la respuesta ante todo el cúmulo de injusticia que ocurría. De esto se habla poco en este tiempo, se habla más del enfrentamiento militar entre las fuerzas guerrilleras y el ejército; pero se deja de lado la brutalidad del régimen político.
Los efemelenistas estamos en el deber de conocer e imaginar cómo era aquella vida, ahora que todavía convive en nuestra sociedad un conjunto de generaciones que vivimos en esa época.
El saldo del conflicto es conocido nacional e internacionalmente, las transformaciones institucionales del Estado salvadoreño logrados con la lucha del pueblo y el FMLN están a la vista, los que perduran son tomados como naturales, y ello es bueno porque significa que hay apropiación de los logros por parte del pueblo.
Ahora tenemos una Fuerza Armada respetada, instituciones nuevas como la PNC, el Tribunal Supremo Electoral, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, el Consejo Nacional de la Judicatura; una Corte Suprema de Justicia con autonomía financiera para asegurar la independencia judicial y muchos otros cambios.
El FMLN ha transitado en estos 30 años un camino espinoso, la derecha esperaba que finalizado el conflicto, las cosas volvieran al pasado, trabajaron para que el movimiento guerrillero convertido en partido político electoral fuera desarticulado, que fracasara; pero el mismo pueblo que le dio soporte para su surgimiento al FMLN, le ha acompañado crecientemente y ha construido un camino que en este 30 aniversario, permite mostrar los resultados.
El FMLN llega a este momento en el gobierno y en el marco de la más grande crisis internacional que impacta severamente al país, crisis sólo comparable con la que estremeció al mundo en 1929, justo el momento histórico en que el reclamo de las capas más afectadas se alzaron y recibieron como respuesta de la derecha dictatorial una masacre que cobro más de 30 mil vidas en 1932.
Ahora en vez de ello un gobierno, el gobierno del cambio establece medidas para evitar que el impacto de la crisis afecte a los sectores más vulnerables; eso es una diferencia de fondo, y además en medio de la crisis y la respuesta gubernamental se encaminan cambios esenciales en la salud y la educación.
La lucha y los cambios son el homenaje para héroes y heroínas, los mártires de nuestro querido pueblo. En 30 años de luchas y victorias, como lo dijo Schafik, constructor de este partido: LA LUCHA CONTINUA

Ana Esther Ceceña: “Hay que soltar las amarras del coloniaje”

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sábado 16 de octubre de 2010

Para la intelectual mexicana, coordinadora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, “la dominación tiene mecanismos muy escandalosos; pero los más peligrosos son los que van rastreando, metiéndose por todos los resquicios que encuentran para corroer las estructuras comunitarias o penetrar las mentalidades. La resistencia lo ha entendido; pero la dominación tiene muy claro que el problema es la mentalidad”.

Marianela González / LA JIRIBILLA (Cuba)
(Fotografía: Ana Esther Ceceña)
30 de septiembre de 2010

1:00 p.m. La Habana. En la sede de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), un grupo de personas espera para asistir a la conferencia que impartirá la Dra. Ana Esther Ceceña, coordinadora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica: estudiantes de Historia, Filosofía, Sociología y Ciencias Políticas, de la Universidad de La Habana; especialistas de centros cubanos de investigación; periodistas. Además de la trayectoria académica de la conferencista, nos ha convocado el tema del encuentro: La militarización en América Latina. Un asunto, a todas luces, pertinente; pero a esa hora, aún no sabíamos cuánto.

12:30 p.m. Quito. Un déjà vu en las transmisiones de TeleSur, estremece el continente: como en junio de 2009 en Tegucigalpa, las calles de la capital ecuatoriana están colmadas de personas. Rafael Correa, el presidente que eligieron constitucionalmente, ha sido retenido dentro de uno de los hospitales de la ciudad por un grupo de policías en revuelta. Dicen los gendarmes que de esa forma esperan revertir una ley que les afecta; pero gritan: “¡Lucio, viva Lucio!”. Y le maltratan físicamente. Ecuador vive un intento de golpe de Estado.

Difícil pensar que las paredes de la sala Tricontinental de la OSPAAAL retendrían la noticia. No se habló de otra cosa en la tarde de aquel jueves: lamentablemente, lo que quizá la conferencista habría concebido como una charla teórica, tenía a aquellas horas un correlato en pleno desarrollo. Economista, adscrita al Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Directora de su Instituto de Estudios Geopolíticos, miembro del grupo de trabajo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) sobre Economía Internacional que dirige el Dr. Emir Sader y Coordinadora del Observatorio de Geopolítica Latinoamericano.
No bastan estas cartas credenciales para presentar a una mujer que respira este continente por cada poro. Vigilante siempre de cada movimiento que ocurra sobre sus tierras, Ana Esther Ceceña ha hecho de sí misma una especie de gitana: de México a la Patagonia, gusta recorrer cada uno de los nodos latinoamericanos, como prefiere llamarle a los centros donde aún la resistencia late. En la plataforma cubana, lanzó un ancla desde los propios inicios del proceso revolucionario: “un proceso ―dice― en el que lo único no permitido es parar. De este pueblo y con este pueblo aún construimos nuestras utopías”. Quizá por eso permanezca siempre tan cerca, para fortuna de quienes sentimos que el 30 de septiembre en Ecuador merece un repaso que le trascienda.

 

Continente de revoluciones y contrarrevoluciones; laboratorio primero del neoliberalismo y al mismo tiempo escenario privilegiado de desafíos a ese orden. ¿Será que tiene América Latina condiciones genéticas para esa constante dualidad: históricas, geográficas, sociales…?

Sí, hay elementos que son casi congénitos y que dan margen a esa dualidad. En primer lugar, en este continente está la mayor potencia capitalista del mundo y, por lo tanto, el mayor poder de dominación. Necesariamente, eso nos marca. Y geográficamente, el continente es una isla. Esa condición permite que se nos convierta en una especie de fortaleza. Aquí hay solamente una gran potencia: si hubiera más de una, sería distinto; pero al haber una sola, la isla le pertenece, es su plataforma para construir una relativa invulnerabilidad frente al mundo. Siempre pienso en los castillos feudales, con su foso de cocodrilos alrededor. América es un poco eso. El hecho de tener los mares alrededor le ha permitido preservarse hacia dentro y al mismo tiempo tener otro tipo de fuerza para pelear con los competidores. Esas son características muy particulares que no las tiene otro lugar. Tampoco las tuvo otra potencia del mundo, por lo que EE.UU. ha podido fortalecerse y ser el hegemón mundial. Es así, de un lado y de otro.
América entera está a merced de esos factores por la fuerza de la hegemonía norteamericana y también por la complicidad de las oligarquías de los demás países. Pero, al mismo tiempo, desde que Europa irrumpió acá ―hecho que provocó tantos cambios en términos culturales, políticos…―, ha estado sucediendo algo muy interesante: la metrópoli trajo poblaciones del resto del mundo, sobre todo africanas, y las unió con las poblaciones del continente que estaban en resistencia frente a la conquista y al dominio. Con eso, se constituyó una mezcla a partir de la cual hoy tenemos lo más fuerte de cada una de estas culturas. Todos los elementos que a partir de entonces conformaron nuestros pueblos, fueron elementos adquiridos de las poblaciones en resistencia. Claro, a veces estuvieron en sumisión, no se puede decir que todos fueran tan bravos; pero aun aquellos que se sometieron, lo hicieron sin aceptar, manteniendo sus tradiciones, sus hábitos. Eso formó una pasta, un magma en el continente, que nos ha permitido tener esa fuerza insurgente y que se manifiesta en toda la historia de América. En la actualidad, ha estado presente con toda contundencia.
Lo que ocurre en este momento en el continente, es que todas las poblaciones están de algún modo levantadas. Las poblaciones afro luchan porque las expulsan de sus tierras o impiden que mantengan sus tradiciones; los indígenas, porque los desplazan de sus lugares de origen… LEA LA ENTREVISTA COMPLETA AQUÍ.

Ecuador: Ni golpe, ni secuestro

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sábado 16 de octubre de 2010

Discutir si en los acontecimientos del “30-S” hubo “golpe” o “secuestro” es una trampa: transforma los hechos históricos en abstracto debate jurídico y produce una típica negación de las evidencias.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / El Telégrafo (Ecuador)

Desde que en 1979 se inició la fase constitucional más larga en la historia del Ecuador, el presidente León Febres-Cordero fue el primero en afrontar una insurrección de los comandos de Taura (1987) liderados por el general Frank Vargas. Los captores exigieron que el Presidente firmara un documento para atender sus demandas y comprometerse a no juzgarlos. “¿Dónde más tengo que firmar?”, preguntó Febres-Cordero. Concluidos los acontecimientos, los comandos fueron apresados, torturados y dados de baja.
Una década más tarde la inestabilidad estalló. El 6 de febrero de 1997 fue derrocado Abdalá Bucaram y en el Congreso se rebuscó la causal de “incapacidad mental”, para legitimar los hechos. El 21 de enero de 2000 se formó un efímero triunvirato con el general Carlos Mendoza, el líder indio Antonio Vargas y el político Carlos Solórzano. Pero a la mañana siguiente asumió la Presidencia Gustavo Noboa, en tanto el Congreso justificaba la salida de Jamil Mahuad por “abandono del cargo”. Y el 20 de abril de 2005 cayó Lucio Gutiérrez. El Congreso también justificó en el “abandono del cargo” la sucesión del vicepresidente Alfredo Palacio.
En 1987 hubo cierta movilización social en respaldo del “taurazo”. Pero los derrocamientos de Bucaram, Mahuad y Gutiérrez tuvieron por base crecientes procesos de rebelión nacional-popular. Los “golpes de Estado” vinieron de la clase política, que aprovechó de la legítima rebelión social. Así, en la caída de Bucaram, las componendas políticas resolvieron que Rosalía Arteaga, la vicepresidenta, se encargue del poder un fin de semana hasta cuando el Congreso decidió la sucesión “constitucional” a favor del habilísimo Fabián Alarcón. Al claro “golpe de Estado” contra Mahuad, siguió el “contragolpe” de la cúpula de las Fuerzas Armadas, la autoproclamación de Noboa y solo horas más tarde la “legitimación” de lo actuado por el Congreso. Y al retiro del respaldo institucional de las FF.AA. para Gutiérrez, siguió la actuación del Congreso.
El 30 de septiembre de 2010 no hubo una rebelión nacional-popular. El innegable descontento de la tropa policial condujo a un acto de insubordinación. En todo el país se experimentaron los riesgos para la democracia y para la vida del presidente Rafael Correa, quien no cedió, preservando así la dignidad del Ejecutivo y del país. La insurrección despertó una amplia movilización social en su contra y el repudio nacional e internacional.
Discutir si en los acontecimientos del “30-S” hubo “golpe” o “secuestro” es una trampa: transforma los hechos históricos en abstracto debate jurídico y produce una típica negación de las evidencias. Al paso que va la ceguera de la oposición, aquí no ha pasado nada, todos son inocentes, hubo protestas legítimas, nadie quiso tomarse el poder y solo Correa es el “culpable”.
Ni siquiera se admite que cada ecuatoriano estuvo en riesgo con una Policía ausente, que permanecieron cautivas e impedidas de funcionar las instituciones del Estado, que la democracia fue burlada y que la dignidad nacional fue avergonzada. Es decir, delitos mayores que los discutidos, o sea, de carácter preterintencional.

Las amenazas a la democracia en América Latina (II parte y final)

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sábado 16 de octubre de 2010

La democracia debe facilitar a nuestros pueblos a escoger a quienes ellos piensen que tienen un proyecto de país justo y con oportunidades para todos, y asimismo facilitarles la oportunidad de castigarnos cuando los defraudamos, y su derecho a hacernos corregir el rumbo.

Martín Torrijos* / La Estrella de Panamá
(Agradecemos al señor Nils Castro Herrera por el envío del artículo)
Hacer política sin políticos

Ciertos regímenes llegan a creerse que sus mandatos serán eternos. Por eso acumulan poder de forma arbitraria y no tardan en controlar el sistema judicial, al Ministerio Público, a los congresos y a los demás órganos de balance y control, poniéndolos al servicio de sus intenciones e intereses particulares. Y lo hacen dentro de un espacio que de antemano estaba más preparado para enfrentar golpes de Estado militares que para enfrentar las sutilezas de la nueva realidad política.
Solo agregaré un ingrediente más en este momento: al debilitarse la institucionalidad democrática debido a la arbitrariedad, se tiende a culpar de las fallas al propio sistema democrático, y no a quienes tomamos las decisiones o fracasamos en establecer políticas que mejoren la calidad de vida en nuestros pueblos.
Por eso no debemos sorprendernos al conocer que cada día son más los latinoamericanos que estarían más dispuestos a sacrificar su libertad y vivir bajo un régimen autoritario que bajo una democracia, a la cual se la culpa de nuestros errores.
Como ven, el reto y la responsabilidad es enorme para todos los que aspiramos a vivir en países democráticos, estables y capaces de hacerle frente a los momentos cruciales que vive América Latina y el mundo. Por eso hay que estar claros de que, más que un reto individual, esto es un reto colectivo que exige desprendimiento, comprensión y unidad en nuestros objetivos.
Solo así seremos capaces de representar una nueva esperanza y robustecer nuestras instituciones. De demostrar —en mi caso como político— que hacer política sin políticos es prácticamente imposible; que no es como vender café sin cafeína, o tomar leche sin lactosa. La sociedad sin política, y la política sin políticos, no resulta lo más saludable, no importa como esto se mire.
La recesión que aún vive gran parte del mundo demostró que cuando las naciones entran en crisis los partidos, la política y los políticos sí contamos. No hubo excepción: el mercado y la sociedad volvieron sus miradas en busca del Estado para que este vuelva a hacerse presente.
Los críticos dejaron de minimizar el papel del Estado, dejaron de ignorar a los partidos y a sus líderes, para pedirles que intervinieran. Que volviéramos a regular y encauzar los mercados, para corregir los enredos de un mundo que, por falta de regulaciones financieras en los países desarrollados, arrojó a millones de personas a la incertidumbre, la pobreza y el desempleo.
Esta revalorización del papel del Estado y de la política nos obliga a reflexionar. A garantizar que forjemos mejores organizaciones políticas y que trabajemos en fortalecer nuestra institucionalidad.
Ahora tenemos la oportunidad de construir un mundo con nuevas reglas encaminadas a la preservación del bien común, puesto que ya el mercado demostró que solo, o auto-regulado, es incapaz de resolverlo todo. Que, además, la individualidad aconsejada por la avaricia es capaz de engendrar una creatividad peligrosa, cuyos resultados igualmente han afectado la convivencia democrática.
Así pues, al viejo problema de la inequidad en nuestra América Latina, ahora se le suma la crueldad de la violencia generada por el narcotráfico, y a esto se le agrega un ejército de jóvenes desempleados que han crecido ante el ejemplo del dinero fácil, y que ya no ven en el trabajo y la educación los mejores medios de movilidad social.
Todo esto sucede cuando los gobiernos cuentan con menos recursos para hacerle frente a ese enorme desafío económico, social y político, que ha puesto a prueba a nuestra frágil institucionalidad, y que ha facilitado que el crimen organizado y sus recursos también entren en la política y sean capaces de desafiar hasta la subsistencia de los Estados.
Aún así, soy de los que confían en que estos retos serán superados, que prevalecerá nuestra capacidad de adaptación, nuestro instinto de preservación. Que, de una actitud autodestructiva y egoísta en la política, nacerá la capacidad para reformas políticas, económicas y sociales profundas. Que seremos capaces de identificar e implementar las reformas necesarias para reconstruir y relanzar un sistema político y administrativo que ya da signos de agotamiento, con el objetivo de mejorar el funcionamiento de la institucionalidad democrática.

 

A cuidar nuestra democracia

Hay que rehacer o refundar las instituciones para que la democracia recobre vigor y cumpla sus tareas —para dejar atrás el clientelismo que ha deformado a los instrumentos de la política y a los órganos del Estado—. Solo así se podrá contar con instituciones capaces de recuperar la credibilidad de nuestros compatriotas y sumar a este esfuerzo a las organizaciones sociales, y a las organizaciones no gubernamentales, que al calor de las deficiencias manifiestas han contribuido a enrumbar las preocupaciones ciudadanas, que muchas veces han sido minimizadas por quienes hemos tenido la responsabilidad de gobernar.
Soy un convencido de que dentro de una democracia pluralista hay espacio para todos, que el continente no tiene por qué dividirse según signos ideológicos, sino más bien unirse para superar las adversidades comunes, donde podremos encontrar más espacios para la convergencia que para la divergencia.
Que a todos nos conviene una América Latina donde impere el estado de derecho, se respeten los derechos humanos, donde la esperanza de una región autosostenible sea más que un anhelo, donde la institucionalidad funcione por encima de los individuos, donde la democracia se fortalezca con la aplicación de verdaderos métodos democráticos.
De allí que a mis colegas de la tribu política les reitero que debemos estar preparados para ganar esta batalla con honestidad, para demostrar que efectivamente nuestros países y su institucionalidad democrática están más seguros en las manos de políticos con capacidad, sensibilidad y profesionalismo, que en manos de aventureros capaces de anteponer sus intereses al bien común. Y, sobre todo, hagámoslo con una gran capacidad para ser autocríticos ya que, sin duda, en muchos de nuestros países la política no transitaba, ni transita todavía, por un mar de virtudes.
Por eso, insisto en que nuestras discusiones no deben reducirse a la búsqueda de culpables, sino enfocarse en conocer de manera seria y fundamentada las nuevas inquietudes y demandas de nuestras sociedades. Y nuestra preocupación ha de ser el conjunto de propuestas más adecuadas y factibles para resolverlas. Por eso el dilema del fortalecimiento de la institucionalidad política es readecuarnos y renovarnos, o perder relevancia y desaparecer ante otras opciones. Entre ellas, algunas que ponen en riesgo la convivencia democrática. Tanto es así, que no pocas veces ganar puede ser más fácil que gobernar, aunque después resulta que gobernar sin claridad de rumbo es más costoso que perder.
Recordemos que la democracia no es por definición solo lo contrario a las dictaduras o al autoritarismo. La democracia debe facilitar a nuestros pueblos a escoger a quienes ellos piensen que tienen un proyecto de país justo y con oportunidades para todos, y asimismo facilitarles la oportunidad de castigarnos cuando los defraudamos, y su derecho a hacernos corregir el rumbo.
Debemos estar atentos para que las instituciones que administran nuestras democracias no se anquilosen ni pierdan su razón de ser.
A veces ciertas instituciones caen en la rutina de velar más por los intereses de sus integrantes, y los de quienes las administran, que por cumplir con la responsabilidad social para las cuales fueron creadas. De allí que es fácil asociar corrupción y burocracia a los mal llamados males de la democracia.
En fin, a los viejos retos de nuestro sistema democrático se le han sumado nuevos motivos de preocupación, que demandan nuestra reflexión y nuestra acción. No hay duda de que en el siglo pasado los avances democráticos fueron enormes, y tampoco de que en este nuevo siglo todos estaremos a la altura de lo que las circunstancias demanden, a fin de asegurar que seguiremos viviendo en paz, en libertad y en progreso, bajo regímenes democráticos comprometidos con las mejores causas sociales.
Siento que seremos capaces de emprender una renovación que impregne a todo el tejido social de optimismo, y así estimular a los actores sociales para que, en sintonía con las nuevas formas de hacer política, jueguen su rol, también renovado, en beneficio de nuestras democracias y de nuestros pueblos.
 
*El autor es ex Presidente de la República de Panamá y actual Presidente del Comité de la Internacional Socialista para América Latina y el Caribe.

GEO 5, América Latina

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sábado 16 de octubre de 2010

El proceso GEO, del PNUMA, deberá trascender la tendencia usual a limitar los temas de la gobernabilidad a lo institucional y lo normativo, para asociarla a la gestión política de los conflictos ambientales que tienden a incrementar su número, frecuencia y complejidad en la región.

Guillermo Castro H. / Especial para CON NUESTRA AMÉRICA
Desde Ciudad de Panamá

El 6 y 7 de septiembre de 2010 tuvo lugar en Panamá un encuentro de funcionarios y expertos de alto nivel en materia ambiental, convocado por la Oficina para América Latina del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con el fin de iniciar la elaboración del Capítulo correspondiente a nuestra región en el Quinto Informe sobre el Estado del Ambiente en el planeta (GEO 5).

El encuentro, como era de esperar, expresó las transformaciones en curso en nuestra cultura ambiental. Así, concitó especial interés la necesidad de trascender la tradicional identificación de temas y desafíos fundamentales, para explorar las relaciones que los vinculan entre sí. Tal, por ejemplo, fue el caso del vínculo entre los cambios de orden social, tecnológico y político necesarios para encarar los desafíos relacionados con el deterioro del agua y de la biodiversidad de los ecosistemas que la proveen, en el marco del esfuerzo global de mitigación de los efectos del cambio climático mediante procesos glocales de adaptación a las consecuencias del mismo.
Identificar estos vínculos entre el cambio social que haga viable el cambio ambiental es una condición indispensable para crear las condiciones de gobernabilidad necesarias transformar las relaciones entre nuestra especie y la biosfera, que hoy alcanzan una complejidad sin precedentes en la historia de la Humanidad. Eso permitirá comprender mucho mejor los desafíos que plantea la gestión integrada del conocimiento para la gestión integrada de nuestras relaciones con la biosfera. Aquí, por ejemplo, ya es evidente la necesidad de culminar la ruptura con la noción antes dominante de la ecología como ingeniería de ecosistemas, para transitar hacia un pensamiento capaz de asumir de manera productiva la interdependencia universal de los fenómenos que dan lugar a la crisis que enfrentamos.
En la discusión sobre las seis prioridades identificadas para la región – el agua, la biodiversidad, los suelos, los mares, el cambio climático y la gobernabilidad ambiental – resultó evidente la necesidad de ir de lo sencillo a lo complejo, a través de las relaciones existentes entre los problemas. Así, por ejemplo, cabe entender el cambio climático como un proceso natural que puede ser agravado o mitigado por la calidad de las interacciones entre sistemas sociales y sistemas naturales, cuya expresión es la calidad ambiental. Y, en esta misma perspectiva, cupo entender a la gobernabilidad ambiental como la gestión de los sistemas sociales para la interacción con los sistemas naturales, en cuanto que – siendo el ambiente la expresión de la calidad de las interacciones entre sistemas sociales y sistemas naturales -, si deseamos un ambiente distinto debemos contribuir a la creación de sociedades diferentes.
En suma, el proceso de formación y formulación de GEO 5 deberá atender a las relaciones entre hechos de naturaleza distinta pero interdependiente, en un momento histórico en que el proceso natural del cambio climático acentúa la crisis social de gobernabilidad ambiental. En la América Latina y el Caribe, esto se expresa en una circunstancia caracterizada por un incremento de conflictos ambientales asociados a:
– La tendencia a la transformación masiva de la naturaleza en capital natural, en particular mediante megaproyectos de infraestructura hidráulica, energética y de comunicaciones y transporte.
– La renovación, a una escala tecnológica superior, de la tradición de explotación extensiva de ventajas comparativas, antes que el fomento y explotación intensiva de nuevas ventajas competitivas – asociadas por ejemplo a la promoción de una economía verde.
– Una urbanización desordenada, asociada a demandas sociales masivas de condiciones básicas de vida (agua, saneamiento, descontaminación), que genera una huella ecológica de alcance y complejidad crecientes.
Esta nueva circunstancia permite trascender el conflicto tradicional entre conservación y desarrollo, para concentrarse en cambio en el despilfarro inherente a la explotación extensiva de ventajas comparativas. De este modo, una perspectiva de conservación para el desarrollo sostenible puede expresarse ya en objetivos como los de promover el aprovechamiento sostenible de nuevas ventajas competitivas; fomentar el capital natural mediante el fomento del capital social, y facilitar el desarrollo de nuevas modalidades de organización de los sistemas sociales para estimular formas de interacción de las sociedades con los sistemas naturales que sean innovadoras por lo sostenibles que lleguen a ser.
Lo anterior se relaciona, además, con la necesidad de preservar la credibilidad científica del proceso GEO para garantizar la autoridad política de GEO 5. En efecto, la discusión científica en América Latina tiende cada vez más a incorporar un enfoque sistémico, inspirado en autores como Ilyá Prigogine e Immanuel Wallerstein. Este enfoque contrasta con la tendencia usual en los organismos internacionales a definir los campos de conocimiento por las diferencias antes que por las relaciones entre sus objetos de estudio, lo cual quizás ayude a entender que aún no tengan presencia relevante en el proceso GEO campos emergentes como la ecología política, la economía ecológica y la historia ambiental.
Todo ello crea el riesgo de una influencia decreciente de GEO en el medio académico, que en la región tiene más influencia en materia de políticas de lo que parece a primera vista. Y a esto se agrega, además, que la capacidad de GEO 5 para influir en los procesos regionales y nacionales de formación, formulación y legitimación de políticas ambientales debe ser garantizada en una situación caracterizada por procesos como:
– la incorporación de lo ambiental a la esfera de acción de movimientos sociales de base muy amplia, caracterizados por un intenso cuestionamiento de la institucionalidad generada por el sistema internacional a lo largo de las últimas décadas.
– el agotamiento de las formas de pensamiento, las estructuras y los procedimientos de gestión estatal que caracterizaron al Estado liberal desarrollista en la segunda mitad del siglo XX.
– la consolidación de un neo extractivismo económico como política de Estado asociada a la demanda sostenida de alimentos y materias primas por parte de economías emergentes como las de la región Asia Pacífico.
– la resistencia, en un marco de crisis e incertidumbre, de crecientes sectores empresariales a la internalización de sus costos ambientales.
Hoy, el proceso GEO encara el desafío de garantizar su pertinencia para los nuevos y viejos actores de la política ambiental de la región, para incidir a través de ellos en la política regional. Por lo mismo, deberá trascender la tendencia usual a limitar los temas de la gobernabilidad a lo institucional y lo normativo, para asociarla a la gestión política de los conflictos ambientales que tienden a incrementar su número, frecuencia y complejidad en la región.

 

Una conclusión en curso

GEO, como se ha dicho, es un proceso, y no un mero ejercicio de producción periódica de informes especializados. Una parte especialmente relevante de ese proceso consiste en la formación de una intelectualidad global, capaz de encarar las preocupaciones que inspira el deterioro de la biósfera en términos que permitan generar las iniciativas necesarias para encararlas, en la perspectiva de las aspiraciones a un desarrollo humano sostenible que comparte la comunidad internacional.
La atención a los elementos antes indicados, y en particular a la necesidad de preservar la credibilidad científica del proceso GEO para preservar la autoridad política de GEO 5, encontrará sin duda una cálida acogida en la intelectualidad de la región. No puede ser de otra manera, si consideramos que el pensamiento científico de los latinoamericanos sobre la dimensión ambiental del desarrollo encontró ya en 1980 una primera expresión de gran riqueza y complejidad en la antología Estilos de Desarrollo y Medio Ambiente en América Latina, editada por Osvaldo Sunkel y Nicolo Gligo, y publicada conjuntamente por el Fondo de Cultura Económica y la CEPAL.
De entonces acá, el ambientalismo latinoamericano ha generado valiosos aportes tanto desde las ciencias naturales y las Humanidades, como en la formación y desarrollo de nuevos campos del saber como la ecología política, la economía ecológica y la historia ambiental. Desde esas raíces, y en un momento en que el ambientalismo se ha incorporado de lleno a la vida cultural y política de todas nuestras sociedades, los latinoamericanos podremos sin duda hacer, una vez más, un aporte de gran valor al proceso GEO.

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