sábado 16 de octubre de 2010

El proceso GEO, del PNUMA, deberá trascender la tendencia usual a limitar los temas de la gobernabilidad a lo institucional y lo normativo, para asociarla a la gestión política de los conflictos ambientales que tienden a incrementar su número, frecuencia y complejidad en la región.

Guillermo Castro H. / Especial para CON NUESTRA AMÉRICA
Desde Ciudad de Panamá

El 6 y 7 de septiembre de 2010 tuvo lugar en Panamá un encuentro de funcionarios y expertos de alto nivel en materia ambiental, convocado por la Oficina para América Latina del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con el fin de iniciar la elaboración del Capítulo correspondiente a nuestra región en el Quinto Informe sobre el Estado del Ambiente en el planeta (GEO 5).

El encuentro, como era de esperar, expresó las transformaciones en curso en nuestra cultura ambiental. Así, concitó especial interés la necesidad de trascender la tradicional identificación de temas y desafíos fundamentales, para explorar las relaciones que los vinculan entre sí. Tal, por ejemplo, fue el caso del vínculo entre los cambios de orden social, tecnológico y político necesarios para encarar los desafíos relacionados con el deterioro del agua y de la biodiversidad de los ecosistemas que la proveen, en el marco del esfuerzo global de mitigación de los efectos del cambio climático mediante procesos glocales de adaptación a las consecuencias del mismo.
Identificar estos vínculos entre el cambio social que haga viable el cambio ambiental es una condición indispensable para crear las condiciones de gobernabilidad necesarias transformar las relaciones entre nuestra especie y la biosfera, que hoy alcanzan una complejidad sin precedentes en la historia de la Humanidad. Eso permitirá comprender mucho mejor los desafíos que plantea la gestión integrada del conocimiento para la gestión integrada de nuestras relaciones con la biosfera. Aquí, por ejemplo, ya es evidente la necesidad de culminar la ruptura con la noción antes dominante de la ecología como ingeniería de ecosistemas, para transitar hacia un pensamiento capaz de asumir de manera productiva la interdependencia universal de los fenómenos que dan lugar a la crisis que enfrentamos.
En la discusión sobre las seis prioridades identificadas para la región – el agua, la biodiversidad, los suelos, los mares, el cambio climático y la gobernabilidad ambiental – resultó evidente la necesidad de ir de lo sencillo a lo complejo, a través de las relaciones existentes entre los problemas. Así, por ejemplo, cabe entender el cambio climático como un proceso natural que puede ser agravado o mitigado por la calidad de las interacciones entre sistemas sociales y sistemas naturales, cuya expresión es la calidad ambiental. Y, en esta misma perspectiva, cupo entender a la gobernabilidad ambiental como la gestión de los sistemas sociales para la interacción con los sistemas naturales, en cuanto que – siendo el ambiente la expresión de la calidad de las interacciones entre sistemas sociales y sistemas naturales -, si deseamos un ambiente distinto debemos contribuir a la creación de sociedades diferentes.
En suma, el proceso de formación y formulación de GEO 5 deberá atender a las relaciones entre hechos de naturaleza distinta pero interdependiente, en un momento histórico en que el proceso natural del cambio climático acentúa la crisis social de gobernabilidad ambiental. En la América Latina y el Caribe, esto se expresa en una circunstancia caracterizada por un incremento de conflictos ambientales asociados a:
– La tendencia a la transformación masiva de la naturaleza en capital natural, en particular mediante megaproyectos de infraestructura hidráulica, energética y de comunicaciones y transporte.
– La renovación, a una escala tecnológica superior, de la tradición de explotación extensiva de ventajas comparativas, antes que el fomento y explotación intensiva de nuevas ventajas competitivas – asociadas por ejemplo a la promoción de una economía verde.
– Una urbanización desordenada, asociada a demandas sociales masivas de condiciones básicas de vida (agua, saneamiento, descontaminación), que genera una huella ecológica de alcance y complejidad crecientes.
Esta nueva circunstancia permite trascender el conflicto tradicional entre conservación y desarrollo, para concentrarse en cambio en el despilfarro inherente a la explotación extensiva de ventajas comparativas. De este modo, una perspectiva de conservación para el desarrollo sostenible puede expresarse ya en objetivos como los de promover el aprovechamiento sostenible de nuevas ventajas competitivas; fomentar el capital natural mediante el fomento del capital social, y facilitar el desarrollo de nuevas modalidades de organización de los sistemas sociales para estimular formas de interacción de las sociedades con los sistemas naturales que sean innovadoras por lo sostenibles que lleguen a ser.
Lo anterior se relaciona, además, con la necesidad de preservar la credibilidad científica del proceso GEO para garantizar la autoridad política de GEO 5. En efecto, la discusión científica en América Latina tiende cada vez más a incorporar un enfoque sistémico, inspirado en autores como Ilyá Prigogine e Immanuel Wallerstein. Este enfoque contrasta con la tendencia usual en los organismos internacionales a definir los campos de conocimiento por las diferencias antes que por las relaciones entre sus objetos de estudio, lo cual quizás ayude a entender que aún no tengan presencia relevante en el proceso GEO campos emergentes como la ecología política, la economía ecológica y la historia ambiental.
Todo ello crea el riesgo de una influencia decreciente de GEO en el medio académico, que en la región tiene más influencia en materia de políticas de lo que parece a primera vista. Y a esto se agrega, además, que la capacidad de GEO 5 para influir en los procesos regionales y nacionales de formación, formulación y legitimación de políticas ambientales debe ser garantizada en una situación caracterizada por procesos como:
– la incorporación de lo ambiental a la esfera de acción de movimientos sociales de base muy amplia, caracterizados por un intenso cuestionamiento de la institucionalidad generada por el sistema internacional a lo largo de las últimas décadas.
– el agotamiento de las formas de pensamiento, las estructuras y los procedimientos de gestión estatal que caracterizaron al Estado liberal desarrollista en la segunda mitad del siglo XX.
– la consolidación de un neo extractivismo económico como política de Estado asociada a la demanda sostenida de alimentos y materias primas por parte de economías emergentes como las de la región Asia Pacífico.
– la resistencia, en un marco de crisis e incertidumbre, de crecientes sectores empresariales a la internalización de sus costos ambientales.
Hoy, el proceso GEO encara el desafío de garantizar su pertinencia para los nuevos y viejos actores de la política ambiental de la región, para incidir a través de ellos en la política regional. Por lo mismo, deberá trascender la tendencia usual a limitar los temas de la gobernabilidad a lo institucional y lo normativo, para asociarla a la gestión política de los conflictos ambientales que tienden a incrementar su número, frecuencia y complejidad en la región.

 

Una conclusión en curso

GEO, como se ha dicho, es un proceso, y no un mero ejercicio de producción periódica de informes especializados. Una parte especialmente relevante de ese proceso consiste en la formación de una intelectualidad global, capaz de encarar las preocupaciones que inspira el deterioro de la biósfera en términos que permitan generar las iniciativas necesarias para encararlas, en la perspectiva de las aspiraciones a un desarrollo humano sostenible que comparte la comunidad internacional.
La atención a los elementos antes indicados, y en particular a la necesidad de preservar la credibilidad científica del proceso GEO para preservar la autoridad política de GEO 5, encontrará sin duda una cálida acogida en la intelectualidad de la región. No puede ser de otra manera, si consideramos que el pensamiento científico de los latinoamericanos sobre la dimensión ambiental del desarrollo encontró ya en 1980 una primera expresión de gran riqueza y complejidad en la antología Estilos de Desarrollo y Medio Ambiente en América Latina, editada por Osvaldo Sunkel y Nicolo Gligo, y publicada conjuntamente por el Fondo de Cultura Económica y la CEPAL.
De entonces acá, el ambientalismo latinoamericano ha generado valiosos aportes tanto desde las ciencias naturales y las Humanidades, como en la formación y desarrollo de nuevos campos del saber como la ecología política, la economía ecológica y la historia ambiental. Desde esas raíces, y en un momento en que el ambientalismo se ha incorporado de lleno a la vida cultural y política de todas nuestras sociedades, los latinoamericanos podremos sin duda hacer, una vez más, un aporte de gran valor al proceso GEO.