miércoles 20 de abril de 2011

Pedro Echeverría (especial para ARGENPRESS.info)

1. La UNAM, teniendo a Pablo González Casanova como rector y al mismo tiempo un reclamo educativo de jóvenes –que venían del Plan de Once años (1959-70)- que no tenían cupo en las nueve preparatorias ya con varias décadas de antigüedad, dieron lugar a una gran experiencia –me parece a mí, autogestiva- que duró poco (unos siete años) pero demostraron que los estudiantes y profesores podían autogobernarse. El Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), fundado en 1971 con tres planteles (Azcapotzalco, Naucalpan y Vallejo) y al siguiente año con otros dos: CCH Oriente y CC H Sur, por lo menos en sus primeros siete años de vida, fue una experiencia educativa importante. Mi amigo Rubén, exalumno del CCHO, así como José Luis y Delio también destacados dirigentes del PT y exalumnos, ha insistido desde hace años en que escriba algo sobre la experiencia.

2. Lo más importante de los primeros siete años y de los 12 que laboré en el Colegio fue que nuestra guía pedagógica fue siempre Paulo Freire y sus libros “Educación como Práctica de la Libertad” y la “Pedagogía del Oprimido”; que con ellos, más el marxismo y el anarquismo, pudimos ayudar a destruir la educación autoritaria haciendo que los estudiantes participen directamente en las discusión de programas y temas, así como otorgándoles el poder para vigilar, cuestionar, exigir a los profesores mayor preparación y cumplimiento, incluso llevar su queja a las academias de profesores para ser desconocidos aquellos que de democráticos y libertarios no tenían nada.. Casi todos los que mediante un concurso abierto –que consistió de tres pasos: clases en aulas, ensayo escrito y defendido y polémica con otros concursantes- ingresamos, teníamos compromisos con los estudiantes.
3. ¡Cuántos amigos y compañeros profesores y estudiantes de lucha obrera, sindical, política, académica, que no podré olvidar! Murieron mis amigos Carballo, Lupín, Carvajal, Alma, Elsier y otros profesores de la academia de historia. Hace sólo algunos meses fallecieron María Eugenia y Antonio; pero muchos otros siguen con vida luchando en varios frentes políticos, sindicales. ¿Cómo olvidar a compañeros alumnos, hoy con como Caballero (el caballo), al “Ciego”, a los Villarroel, Héctor, Imaz, Straffon, Ramos, Oscar, Mundo, Graciela, Araceli, Margarita y 10 mil más. Por cierto, hasta 1984, el CCH tenía 75 mil alumnos, 15 mil por cada plantel. Desafortunadamente el Colegio, en el que funcionaban cuatro turnos hasta fines de los ochenta, perdió media matrícula y dos turnos. Pero también perdió en siete años aquellos procesos autogestivos que tanta presencia le dieron en la década de los setenta.
4. Pero no puede culparse al reaccionario rector Soberón, al oportunismo de profesores, a la caída de la combatividad de los estudiantes o al reaccionarismo de la UNAM. No puede olvidarse que el sistema educativo nacional es directamente dependiente de la estructura del sistema capitalista mexicano y que la década de los ochenta representó el arribo del neoliberalismo privatizador. Los profesores, que nunca firmamos entradas o salidas a nuestro trabajo porque los estudiantes nos controlaban, nos pasábamos casi todo el día en los planteles y nos dividíamos el tiempo entre las aulas, las asambleas y las huelgas obreras. Decían entre tanto los medios y los sectores reaccionarios que los estudiantes del CCH no saldrían preparados para continuar sus estudios en las Facultades; ¿Cuál fue el resultado? Que con la libertad y los cuestionamientos críticos que adquirieron resultaron los del CCH mejores estudiantes de la UNAM.
5. Del CCH salió la fuerza participativa de estudiantes y profesores más importantes que sirvió para fundar el sindicato de académicos (SPAUNAM); pero sobre todo para estallar, mantener y extender los paros y huelgas universitarias, como la de 1976. Sin embargo tampoco puedo olvidar que el sindicalismo (sin darnos cuenta a lo que llevaría) acabó con la fuerza autogestiva de los estudiantes. Si antes los estudiantes podían deshacerse de los malos profesores y malos programas de estudio, con el SPAUNAM se protegían los profesores corruptos y a la institución. Aunque yo era menos joven, la mayoría de los profesores veníamos del movimiento estudiantil de 1968 y por tanto el CCH representó siempre una búsqueda dentro el enorme sistema autoritario mexicano. Mientras analizábamos la economía mexicana, las guerrillas de América Latina en Colombia, Nicaragua, El Salvador, vimos asesinar a Allende.
6. Paolo Freire nos enseñó que había que acabar con la relación autoritaria maestro-alumno, a olvidar la vieja idea de que el maestro sabe y el alumno es ignorante y que, por tanto, el profesor debe depositar en la cabecita del alumno los conocimientos. Por el contrario nos enseñó que el conocimiento se construye en una relación de igual a igual entre estudiantes y maestros. Y por otro lado que habría que romper con el falso respeto, el “usted”, con el estrado y el escritorio desde los cuales el maestro domina a los alumnos e implantar las discusión igualitaria con sillas movibles y en forma de círculo. Más tarde Illich, Reimer, Neill, Goodman y otros educadores libertarios, contribuyeron a lograr mejores condiciones de libertad y antiautoritarismo; eso me tocó vivir y construir en CCHO hasta 1977, para luego cambiarme al Plantel Sur, cuyas características del estudiantado y de los profesores eran un tanto diferentes. En este último plantel estudiaron mi esposa y luego mi hija.

7. En recientes viajes a la ciudad de México he visitado varias veces el Plantel de Oriente y otras veces al del SUR y he encontrado ya muy deteriorados los edificios que cuentan ya con más de 40 años. Muchos de mis compañeros profesores se han jubilado o cambiaron a Facultades o de universidad. Otros más, a los que más quise: Tocaven, González Rodarte, Centeno, Ramírez y muchos más –sobre todo de CCHO- como yo no podrán olvidar lo que se hizo y lo mucho que se pudo hacer alrededor de esa experiencia que fue renovar la educación a partir de los miles y miles de estudiantes que fueron nuestros compañeros. Todavía recuerdo que en la semana tenía siete grupos con 40 a 50 estudiantes que “me obligaban” a coordinarles su trabajo y sólo me pedían que hiciera comentarios acerca sus análisis y discusiones. ¿Habrá sido el CCH un lugar donde la burguesía nos encerró para desahogarnos “haciendo la revolución”?.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Publicado por ARGENPRESS