LUNES 3 DE OCTUBRE DE 2011

 

Adán Salgado Andrade (especial para ARGENPRESS.info)

Dentro de las contradicciones que enfrenta el absurdo y desequilibrante capitalismo salvaje que, por desgracia, aún sigue dominando al planeta, está la de, por un lado, producir mucho más, sobreproducir, lo que se conoce coloquialmente como el aumento de la productividad y por otro lado, a emplear a menos personas, como veremos.

Así, se sobreproduce, es decir, se fabrica mucho más de lo que realmente la sociedad puede consumir. Además, ese aumento de la producción, la sobreproducción, se pretende hacer no a la par del número de obreros empleados, sino que la tendencia es ir eliminando puestos de trabajo al ir incorporando el know how (la habilidad del obrero para fabricar una mercancía, digamos su talento creativo) en los instrumentos de trabajo (la maquinaria empleada), así como incrementar sobremanera la capacidad de fabricación de éstos, la cual, con la incorporación de procesos computarizados que la han automatizado o semiautomatizado, en efecto, ha logrado elevar considerablemente el número de productos manufacturados por hora o día laboral.
La contraparte, como señalo, es que los obreros activos han ido disminuyendo tanto en número, así como en su participación dentro de los procesos de trabajo, a grado tal que muchas veces, su función es casi de simple vigilancia, cuidando que todo el procedimiento se efectúe adecuadamente, lo cual no quiere decir que su participación no sea vital, pues siguen siendo la parte de la composición del capital (capital variable) gracias a la cual las empresas obtienen una ganancia (plusvalía, o sea, el trabajo no pagado).
Esa tendencia siempre ha sido así, no es nueva. La razón es que la tasa de ganancia tiende a disminuir inexorablemente con el tiempo, y el capitalismo trata de contrarrestar esa inercia tratando de abaratar los factores de la producción, sobre todo aquéllos en los que tiene, digamos, control. Sin embargo, dicho control no puede ejercerse en todos los factores que intervienen en el proceso de fabricación. Los instrumentos de trabajo, o sea, la maquinaria empleada (sean manuales, automatizadas o incluso los robots), son algo que tiende a encarecerse, dado que se le ha ido incorporando el know how, como menciono arriba, así que cada vez requieren de mayor sofisticación para realizar todas las tareas a las que se dedicarán. Eso implica que los costos de adquisición crecerán y como dichos costos se transfieren al costo del producto elaborado, su precio se incrementará.
En cuanto a las materias primas, tampoco hay un control, pues por la interrelación capitalista que establecen las empresas, no depende de las que requieren dichas materias primas la fijación del precio, principalmente porque se debe de tener en cuenta que no todas las materias primas en la actualidad son productos sin elaborar, o sea, que se trate de materiales naturales. En la tendencia actual, podemos decir que las materias primas, la gran mayoría, ya son semielaboradas o completamente elaboradas, y sólo requieren de su colocación en el producto fabricado. Por ejemplo, un auto requeriría de materias “primas” tales como tableros completos, llantas, refacciones, molduras… en fin, que la división capitalista del trabajo ha contribuido al, digamos, repartimiento de tareas, pues originalmente se tenía contemplado que la especialización de procedimientos aumentaría la productividad, como en efecto sucedió, pero que también lograría que bajaran los costos, lo cual, en efecto, por algún tiempo así sucedió (en su momento, por ejemplo, Henry Ford, quien fue el primero en aplicar el concepto de armado en serie en sus autos, logró bajar el precio del Ford modelo T en el año de 1913, cuando comenzó la especialización de tareas, de 950 a 290 dólares, es decir, a menos de un tercio del precio original).
Sin embargo, como ya señalé, la sofisticación tanto de la maquinaria, para incorporarle la mayoría de las tareas que antiguamente hacían los obreros, así como el incremento del valor de las materias “primas”, han encarecido los procesos de fabricación, y con ellos el costo final del producto manufacturado también se ha incrementado, especialmente en aquéllos muy elaborados, como los automóviles, por ejemplo, además de que ciertas exigencias de mayor seguridad, mayor eficiencia automotriz, computarización de sus equipos… también han contribuido a encarecerlos.
Y la “solución” aplicada ha sido, primero, buscar zonas salariales más bajas, como lo que ha sucedido con China, que actualmente es el paraíso de la fabricación, por los sueldos miserables que perciben la mayoría de sus dóciles obreros. Sin embargo, dicha tendencia está llegando a un agotamiento, dado que la participación de tales obreros es marginal, así que su contribución para contrarrestar la disminución de la ganancia está llegando a su límite. Además, por los costos de transportación, que tienden a subir con el tiempo, para muchas empresas ya no implica una ventaja la fabricación de sus productos en China, aún con los miserables salarios, pues a veces el pago del transporte es más costoso que si el producto se hubiera fabricado en Estados Unidos (además de que muchas veces lotes completos salen defectuosos, ya sea porque se emplearon materiales de menor calidad o hubo mal control de calidad -nada raro en los chinos-, por lo que se deben de maquilar nuevamente, subiendo aún más los costos).
Así que una tendencia en ese país, Estados Unidos, y en muchos otros, ha sido la de seguir manufacturando en el lugar, pero buscando la relación que menciono arriba: fabricar más, con menos obreros y pagándoles salarios estancados o disminuidos. Eso explica que por más “remedios” que busquen Barack Obama y sus tecnócratas para disminuir la tasa de desempleo, esto no se traduzca así en la práctica.
De acuerdo con el Departamento del Trabajo estadounidense, actualmente hay 28 millones de estadounidenses desempleados, incluyendo los que trabajan en empleos de medio tiempo, pero que quisieran uno de tiempo completo, porque no alcanzan a cubrir sus necesidades, o los 10 millones que de plano ya se cansaron de buscar trabajo. Esta situación se explica en buena medida por la tendencia que arriba menciono, como veremos (y otro factor es que de todos modos el capitalismo adolece permanentemente de desempleo crónico, ya que el contar con trabajadores desempleados, abarata los sueldos de los activos, pues aquéllos son una presión, un exceso de oferta que baja el costo de la mano de obra. Keynes sostenía que aún en los periodos de llamado pleno empleo, o sea, de prosperidad, siempre debía de haber un mínimo de 2% de desempleados, para que las empresas no se estuvieran peleando por las contrataciones. Pero para buena suerte del capitalismo salvaje, siempre han sido mayores las tasas de desempleo a ese mínimo).
En varios sectores industriales, el aumento en la productividad ha tendido a reducir bastante la creación de empleos. Además, dicha tendencia ha ido acompañada de un desigual aumento en los ingresos de los trabajadores, pues la gran mayoría de salarios percibidos no está acorde con el aumento de la producción. Eso se explica porque al aumentar la producción mediante la introducción de maquinaria más sofisticada, por un lado, los obreros empleados no necesitan estar muy preparados para manipularlas, ya que los procedimientos automatizados y computarizados pueden aprenderse en poco tiempo, así que tal aumento de la productividad no se ha dado porque los obreros sepan más, son las máquinas las que saben más, así que si un trabajador falla, es fácilmente reemplazable, pues se trata de obreros en su mayoría poco calificados o totalmente descalificados. Por lo mismo, perciben salarios bajos, no tienen necesidad las empresas de pagar sueldos elevados, excepto en lel reducido porcentaje de trabajadores altamente calificados, como los investigadores o los ingenieros que se encargan de hallar nuevos materiales, nuevos productos y nuevos procedimientos productivos, como más adelante explico.
Por otro lado, al producir más con máquinas más sofisticadas, pero con menos obreros, por el desempleo resultante, los salarios tienden a bajar, ya que habrá más solicitantes para un cada vez menor número de puestos de trabajo, así que las empresas se darán el lujo de bajar los salarios, dado que hay mucha demanda laboral para tan pocos puestos.
Claro que para todo lo que menciono, el economicismo ha planteado supuestas “salidas”. Se plantea, por ejemplo, que mientras en unos sectores se reducen los empleos por el aumento de la productividad, habrá otros de nueva creación que tenderán a absorber a los desempleados. Un interesante mapa interactivo sobre el crecimiento de las tasas de desempleo (ver: http://www.latoyaegwuekwe.com/geographyofarecession.html) muestra cómo en la mayor parte de ese país la tasa actual de desempleo, 9.1%, impera, y en muy pocos sitios existen tasas menores o mucho muy bajas. Si, como mantienen los defensores del aumento de la productividad, que ésta crea empleos indirectos, si eso fuera cierto, no estaría la alta tasa de desempleo del 9.1% presente en casi la totalidad de Estados Unidos.
En efecto, han surgido nuevos sectores tecnológicos, pero desde mi punto de vista su contribución a la creación de empleos es marginal.
Analizaré algunas cifras que demuestran lo que arriba menciono.
Ciertos sectores industriales importantes de Estados Unidos han ido empleando cada vez menos trabajadores, pero en cambio incrementando su productividad. Menciono a continuación algunos de ellos, para los cuales se ha tomado como referencia el año de 1980. Por otro lado, como también discuto arriba, aunque se ha tendido a incrementar los salarios también desde dicho año, sólo algunos lo han hecho digamos que proporcionalmente al aumento de la explotación a la que someten actualmente a sus empleados:
La industria química emplea actualmente 29.36% menos trabajadores que en 1980 y ha aumentado los salarios en 62.39%. Esto se explica, como ya dije, porque siendo una industria básica, muchos de sus trabajadores conservan varias habilidades que aún no han sido transferidas del todo a los instrumentos de trabajo empleados (por ejemplo, un ingeniero químico, empleado como investigador para hallar nuevos compuestos y sustancias que mejoren los procesos industriales, tendrá que estar bien pagado).
La agricultura emplea actualmente 7.69% menos empleados que en 1980. Sin embargo, los salarios apenas si han subido 1.88% desde entonces. Esto quiere decir que el aumento de la productividad se ha dado más por el uso intensivo de agromaquinaria más eficiente, que por el empleo de trabajadores. La agricultura en ese país es altamente mecanizada y por ello se emplean cada vez menos trabajadores. Tómese en cuenta, además, que buena parte de las labores son hechas por trabajadores inmigrantes, la mayoría ilegales, y se comprenderá el por qué de los raquíticos incrementos salariales.
La industria de la confección emplea actualmente 87.59% menos gente que en 1980 y ha incrementado los salarios 33.27%. Claro, esa tendencia se explica porque buena parte de los empleos en ese sector se han ido a países con bajos salarios, como China. Pero además la incorporación de máquinas automatizadas y computarizadas, ha ido reduciendo la demanda de obreros. De todos modos, el que hayan aumentado poco más del 33% los salarios, implica que muchos de esos obreros poseen aún un nivel de especialización que no se ha incorporado a la maquinaria (en muchos procesos, son aún vitales las costureras que ensamblan manualmente algunas prendas).
La industria de la fabricación de maquinaria emplea desde 1980 a 52.69% menos trabajadores, en tanto que los salarios apenas han subido 11.77%, a pesar de que en ese sector se han aplicado muchos procesos más eficientes, que han incrementado la productividad, o sea, cada trabajador produce más que desde ese año, pero no gana un salario en la misma proporción, como explico arriba. También se debe, como ya dije, a que se emplean mayoritariamente obreros poco calificados, que ganan bajos salarios.
La industria textilera también ha bajado dramáticamente el empleo de obreros, pues desde 1980 ha reducido 86.07% los obreros empleados. También aquí se emplean actualmente métodos que han incrementado por mucho la producción, sin embargo los salarios apenas si se han incrementado en 13.6%. Máquinas operadas casi por completo por computadoras, producen millones de metros de tela e hilos por año con menos personal, claro, poco calificado casi todo.
La industria mueblera también emplea actualmente 23,86% menos empleados y sólo han incrementado sus salarios los obreros en 6.54%, bastante raquítico. Otra industria que también ha incorporado maquinaria más sofisticada para la producción y obreros descalificados, pero además muchos de los diseños de los muebles modernos emplean materiales, como el plástico, que no requieren de procesos manuales y son transformados enteramente sólo por maquinaria, como los métodos de inyección que fabrican sillas de plástico de una sola pieza.
La fabricación del papel, también emplea a 43.08% menos empleados y les paga apenas 15.48% más a los que están trabajando actualmente. Es otra industria en que el empleo de máquinas computarizadas y procedimientos químicos más eficientes han logrado elevar dramáticamente la producción con obreros descalificados.
La refinación del petróleo y del carbón, industrias tan estratégicas actualmente emplean, a pesar de su importancia, 75.92% menos empleados, aunque en este caso, los activos perciben 62.83% más salario que desde 1980. Aquí también es porque los cambios tecnológicos han requerido de más investigación, así que buena parte de los trabajadores en esa industria son muy experimentados, como ingenieros químicos o petroleros u otros profesionistas que han logrado descubrir e implementar mejores tecnologías aplicadas a la obtención de tantos derivados del petróleo que actualmente se requieren. Eso ha sucedido incluso con el carbón, el cual se ha buscado que sea menos contaminante, al aplicar procedimientos químicos que han logrado licuificarlo o convertirlo en gas (aunque esto apenas si ha reducido las emisiones contaminantes que ese combustible fósil produce, como bióxido de carbono o azufre, entre otros dañinos gases y sustancias).
La fabricación de plásticos y de caucho emplea hoy 15.82% menos gente que desde 1980 y la paga apenas si se ha incrementado en 6.96%. En este caso, no se ha incrementado tanto la productividad en relación al año 1980, pues los métodos de producción de plástico o de caucho no han variado tanto y la importancia de los obreros en activo es vital aún.
Por último, la industria de los electrodomésticos también ha elevado dramáticamente su productividad, empleando hoy a 83.25% menos obreros y ha subido apenas los salarios 17.3%. También aquí son máquinas más sofisticadas las que han incrementado bastante la manufactura de productos eléctricos para el hogar, y los obreros en su mayoría sólo realizan labores repetitivas de baja habilidad, como simplemente el alimentar a una máquina del material necesario para que produzca, por ejemplo, una pieza plástica o una metálica. Pero además es una de las industrias en que millones de empleos han sido desplazados a sitios como China (blue collar jobs), como señalo arriba, con salarios de hambre y materias primas más baratas y por ello los trabajadores estadounidenses empleados son un mínimo en relación a 1980 8 (y como también señalo antes, la exportación de empleos a China y a otras zonas maquiladoras de salarios bajos y materias primas baratas ha contribuido a la desindustrialización y pérdida de empleos que padece Estados Unidos de unos años para acá).
Como discuto arriba, todo ello ha llevado a una fuerte disminución en los empleos, aunque muchos investigadores se ufanan de que se han creado nuevas industrias y labores que supuestamente tienden a sustituir a los empleos tradicionales. Sin embargo, esas nuevas labores tienen poca influencia real en el número de plazas laborales que crean, tratándose la mayoría de plantas que emplean a menos de 2000 personas, siendo la mayoría de apenas 500 empleados y eso sólo en algunas zonas de Estados Unidos. Ya comenté que un plano laboral demuestra que el desempleo de 9.1% prevalece en la mayor parte de ese país y tienden a crecer sus zonas de influencia, sobre todo porque la crisis tiende a profundizarse en estos momentos.
Algunas de las llamadas “nuevas industrias” que se han establecido en ciertas regiones de Estados Unidos, lo han hecho porque son lugares de marcada pobreza y marginación social, en donde es posible pagar salarios bajos (sería el equivalente a tener una China en casa). Se han establecido a lo largo del cinturón industrial marcado por la carretera interestatal 85, la cual cruza estados como Alabama, Georgia, Carolina del Sur y del Norte y Virginia que cuentan con zonas urbanas y/o rurales marcadamente pauperizadas (recomiendo que vean la cinta estadounidense “Winter bones”, de la directora Debra Granik, que es una mirada a la población pobre estadounidense que vive en las zonas rurales, como no tienen ni qué comer y deben de ligarse a las actividades de narcotraficantes que establecen laboratorios allí. Les doy la referencia: http://www.imdb.com/title/tt1399683/).
Sin embargo, dichas empresas son plantas industriales de apenas 2000 o menos personas. Las siguientes, son algunos ejemplos: Hyundai Motor of America, establecida en Montgomery, Alabama, fabricante coreano de autos, que apenas emplea 2000 personas. Firstmark Aerospace, establecida en Creedmoor, Carolina del Norte, pequeña empresa que fabrica partes y equipos para la aviación, apenas emplea 65 personas, pues usa sofisticado equipo que no requiere muchos obreros. Comatrol, establecida en Easley, Carolina del Sur, es una empresa que diseña herramientas para equipos hidráulicos, y apenas emplea 200 personas. Kemet, compañía que fabrica capacitores para equipos electrónicos, desde celulares, hasta computadoras e instrumentos de navegación, sólo da empleo a 500 obreros. Atlas Lightning Products, establecida en Carolina del Norte, fabrica equipos de iluminación más eficientes que los convencionales, pero sólo da trabajo a 100 personas. Hartness International, establecida en Greenville, Carolina del Sur, es una empresa líder en la fabricación de empaques y envases para la industria refresquera, pero apenas emplea a 500 personas. Wabted, establecida en Duncan, Carolina del Sur, es una empresa que fabrica equipos para ferrocarriles, desde los frenos, los acopladores, hasta los conectores que toman la corriente de las vías para que puedan moverse los trenes, pero apenas emplea a 325 personas (regularmente sólo emplea a 200 obreros, pero recientemente un gran pedido de piezas para el metro neoyorquino le hizo contratar a los 125 extras, como se ve, no gran cosa). Por último, un ejemplo más que demuestra que las nuevas industrias no crean demasiados empleos es el de Centurion Medical Products, que fabrica equipos médicos para cirugías y apenas si da empleo a 120 personas.
Así que, como puede verse, no es tan alentador que, según el principio que establece que mientras el aumento de la productividad destruye empleos por un lado, por otro, crea más, de nueva categoría, las nuevas empresas, en efecto, crean trabajos, pero no en el nivel requerido. Si así fuera, el desempleo actual tan elevado, habría sido mitigado desde años atrás (de hecho, la tendencia de desocupar gente al aumentar la productividad, se da en todos los países. Por ejemplo, cifras recientes para México indican que desde el año 2003, mientras que la producción industrial creció 18.7%, los trabajadores ocupados disminuyeron 2.5%, al igual que sus salarios, que ni siquiera aumentaron ligeramente, como sucede en Estados Unidos, sino, al contrario, se contrajeron 3.7%. Es la contradictoria realidad del capitalismo salvaje, emplear menos gente con el tiempo, pero fabricar más, ¡lo que exige muchos más consumidores! Esto, ¡¿cómo!?, con tanto desempleo).
Además, si así fuera, que el aumento de la productividad no desemplea, ni habría la altísima tasa de desempleo mencionada, que ha rebasado incluso las de otras recesiones y crisis económicas recientes, como la de 1990 o la del 2000, ni tampoco, en un desesperado esfuerzo, ahora por rescatar a tantos millones de desempleados, Barack Obama habría lanzado hace unas semanas su “ambicioso” plan de invertir 447,000 millones de dólares para tratar de revertir tan grave problema, que si se deja al azar, ya muchos analistas han advertido que se incrementaran las recientes protestas sociales que se han dado en los meses y semanas recientes, en poco tiempo se podrían estar iniciando profundas crisis de masificación de protestas y descontento social que culminarían con violentos estallidos sociales, comparables, quizá, a lo que ha sucedido en los países árabes, como Egipto, o en países europeos, como España (ver en este mismo blog mi artículo “De nueva cuenta la fiebre del oro o de cómo Estados Unidos está quebrando”).
Al momento de escribir estas líneas, por ejemplo, hay una protesta justamente en el corazón financiero de Estados Unidos, nada menos que en Wall Street, en donde cientos de jóvenes, convocados a través de las redes sociales están protestando en contra de los barones del dinero, de los que dicen, han robado su presente y están robando su futuro, empobreciendo cada vez más no sólo a los que ya son de por sí pobres, 46 millones de estadounidenses, sino a la cada vez menos abundante clase media. Dicho movimiento, bautizado con el nombre “Ocupa Wall Street”, ha recibido un gran apoyo por parte de personalidades y agrupaciones de todo el mundo. El cineasta Michael Moore y el lingüista Noam Chomsky han asistido y ofrecido su solidaridad con los jóvenes manifestantes, pues el algo que nunca antes había ocurrido.
Ante eso, de todos modos el capitalismo salvaje, en su afán de mostrar sus “bondades”, sigue manipulando las estadísticas a su favor, con la ayuda de inescrupulosos economistas y centros de pensamiento (think tanks), con tal de continuarse presentando como la “única” alternativa viable”, la que, sin embargo, desde hace mucho tiempo ha demostrado ya no serlo
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