miércoles 29 de febrero de 2012

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Las demandas sociales de Aysén están relacionadas con problemas mucho mas profundos que los que emergen por una descentralización fallida desde a época de la dictadura militar.

Algunos de estos responden a determinantes históricas y culturales gestados en la colonización de la región más austral de Chile y el resto pertenece al dossier de la demostrada incapacidad del estado chileno en posicionarse política y culturalmente en una región vital para su integridad territorial.
La zona que se extiende a partir de Aysén hacia el Cabo de Hornos comprende tierras que forman parte del ideario cultural de la última fase de colonización. Los que expropiaron y exterminaron a la población indígena generaron y traspasaron una cultura de identidad de colono en una vasta zona y fueron capaces de transferirla al resto del país.
El chileno que emigró desde el Norte hasta los comienzos de los años 50 del pasado siglo en dirección a Punta Arenas durante la época del boom ovino/lanero y de las exploraciones petroleras, se asimilaba a esa cultura y comienza a formar forma parte de ese bloque dominante constituido principalmente por inmigrantes de otros países. Se configura una “identidad Magallánica” aunque no se hubiera nacido siempre allí y había que asumirla. También se estimuló un fuerte regionalismo con una cuota de chovinismo.
En las primeras décadas del siglo pasado, para las clases dominantes del centro y centro sur del país establecidas en la capital, Santiago, provenir del extremo sur de Chile significaba la máxima representación de la otredad y a alteridad. Frente a la reconocida homogeneidad étnica del chileno que forma la república, que para la Enciclopedia Británica podría configurar una etnicidad propia, el ser austral no formaba parte de esa identidad.
Es así que se constituye una suerte de “cultura estamental” en el colono austral que es poderosa y se transmite formando un bloque orgánico desde Aysén hasta el último recodo del Cabo de Hornos. Por otra parte, con la marcada tendencia a desarrollar el centro, en parte por coordenadas históricas fundacionales y en parte también por realidades geográficas de uso del suelo y progresión demográfica, el estado chileno no ha sido capaz de “apropiarse” políticamente de la región más austral, comprendida entre el Seno de Reloncavi hasta la Zona Antártida que reclama Chile entre los meridianos 53ºO y 90ºO.
No ha podido desarrollar políticas públicas que la hagan funcionar -además del tema del desarrollo- como zonas estratégicas clave para la integración territorial. Hay cierto posicionamiento militar, lo que no existe es la prolongación de la matriz de desarrollo del resto del país hacia el extremo sur. El chileno no tiene conciencia austral. Hay una fractura que va más allá de lo político y es cultural.
El ejemplo notorio es la desaparición en las lecturas escolares recomendadas de la narrativa del autor Francisco Coloane, el escritor nacional pionero en evocar Tierra del Fuego, Cabo de Hornos, la Antártica, la Patagonia y que denuncia el exterminio de los indígenas. Este fenómeno es refrendado por la educadora francesa Odette Charreyron-Michel al constatar en 2008 que en las escuelas del extremo sur los alumnos no conocen al escritor nacido en la región.
La lista es larga. Un productor teatral no encontró ninguno de sus libros en Punta Arenas; a una radio de Punta Arenas el estado le rechaza un proyecto para teatralizar obras de Coloane. A pesar de su popularidad en Francia (es lectura recomendada en los colegios) e Italia, no ha sido posible promover su narrativa en EEUU, el Reino Unido y el mundo anglosajón, siendo que está próxima a la narrativa de Conrad y Melville.
Curiosamente es un Ex Almirante y entonces senador designado, el que resalta el filo geopolítico en la narrativa del escritor magallánico. “El escritor que incorpora la zona austral en la conciencia nacional es Francisco Coloane”. J.Martínez Busch, 21 de agosto 2002, con motivo del fallecimiento del escritor. Es doblemente curioso porque Coloane es comunista y es elogiado por un Almirante seguramente anticomunista.
El tema central se sitúa más allá del fenómeno del modelo económico, que es intrínsecamente inseguro políticamente. Un modelo así no puede (o no desea) abrir las compuertas del centralismo para obtener una mayor dinámica regional e integración desde la periferia.
En el problema está latente el tema de la Antártica y la integración territorial a partir del desarrollo real y no ficticio de la región Austral. De otra forma, la convulsión social y política en el extremo sur del país no tiene otra explicación.
Los que han formulado las políticas públicas de última generación parecieran proteger los intereses del ámbito privado en la apropiación territorial mercantil de la región austral. No es concebible que desde la década de 1940 con los gobiernos de Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla, no hayan existido iniciativas de estado para desarrollar la región austral, comparables en envergadura, con las emprendidas por estos dos presidentes. Particularmente notoria es la primera expedición chilena a la Antártica en 1947 bajo el último presidente radical que tuvo Chile.
El Gobierno del socialista Salvador Allende al intentar una transformación agro industrial en la región, encontró los grandes escollos del poderoso sector privado ciertamente renuente al protagonismo del estado en el desarrollo de una región estratégica.
El estado chileno, para saldar una deuda pendiente en esta región y más todavía con los habitantes que han padecido de la apropiación colonial del territorio, tiene por delante la tarea de explorar la presión externa sobre las políticas públicas que han resultado en el déficit de desarrollo en el extremo sur.
Ese déficit incide no solo en la integridad territorial – algo bien básico- sino también en la capacidad del estado chileno para hacer prevalecer su dominio sobre el territorio antártico que reclama.

Las protestas de la región Austral confirman que el estado no ha establecido estrategias adecuadas en un país largo y estrecho con fragilidad en sus extremos. El problema Austral de Chile es constitutivo, es de una constitución política que ha descuidado la integridad territorial.

Publicado por ARGENPRESS

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