Héctor Monestel (especial para ARGENPRESS.info).

1- Costa Rica ha sido históricamente un país semicolonial dependiente del imperialismo. Las últimas tres décadas de neoliberalismo económico en Costa Rica han significado una profundización aún mayor de la dependencia nacional respecto al imperialismo. Todo atisbo de Soberanía y Autodeterminación Nacional, de una industria nacional, de una producción agrícola y servicios nacionales ha ido desapareciendo. La burguesía criolla, sus distintos sectores oligárquicos, sus sucesivos gobiernos y partidos políticos de todo signo, han sido incapaces de acometer estas tareas por la independencia nacional y al contrario, han hecho de esa dependencia su forma parasitaria de vida. Las políticas de desmantelamiento de instituciones y privatización de servicios públicos estratégicos ( Salud, Educación, Telecomunicaciones, Electricidad, Infraestructura Vial, Puertos, Aeropuertos, etc ) se ha dado entregando y abriendo de par en par el país a las inversiones directas de capitales imperialistas que han gozado de todas las prerrogativas y prebendas para su establecimiento y funcionamiento en el país, como por ejemplo, los conglomerados industriales en el Régimen de las Zona Francas. La economía costarricense se ha transformado en una economía con preponderancia de los sectores exportadores al mercado internacional, dejándose el abastecimiento interno-nacional a sectores importadores de ese mismo mercado internacional, controlado por el imperialismo y las grandes transnacionales. A esto se aúna el sometimiento del país a las políticas y reglas impuestas por diversos organismos internacionales imperialistas como el FMI, el Banco Mundial, el BID y la OMC al servicio del capital financiero y de las grandes empresas transnacionales. Hoy esa dependencia nacional tiene su expresión más acabada precisamente en el endeudamiento externo y en la imposición de los Tratados de Libre Comercio y todo el entramado de leyes complementarias que acompañan a esos tratados.
2- Esta política de endeudamiento, saqueo y recolonización del imperialismo ha producido a la vez importantes transformaciones en el conjunto de la clase obrera y del campesinado costarricenses. De hecho han surgido sectores obrero-industriales ligados a esa inversión extranjera cuyas condiciones de explotación capitalista varían según los sectores. Así se tiene desde sectores obreros muy calificados y especializados ligados a las industrias y servicios de alta tecnología, volcados al mercado mundial, hasta los sectores más super-explotados, oprimidos y menos calificados de las grandes maquiladoras, las redes comerciales y las agro-industrias, igualmente volcadas a los mercados internacionales. La crisis más aguda del endeudamiento ha tenido su impacto en una precarización cada vez mayor de las condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores del sector público y en un deterioro creciente de la prestación de los servicios estatales básicos. No menos significativo ha sido el impacto de toda esta política de recolonización imperialista en el agro costarricense. La destrucción del campesinado medio y pobre ha sido acelerada. La destrucción de la producción agrícola nacional y para el mercado nacional ha sido devastadora especialmente en lo que respecta a granos básicos, esenciales para la agro-alimentación del pueblo costarricense. La concentración de la tierra en grandes latifundios agro-industriales ha provocado además un aumento acelerado de amplios contingentes de campesinos pobres sin tierra que, en el mejor de los casos, se ven obligados a proletarizarse como masa obrera agrícola super-explotada en las grandes agro-industrias o a engrosar las filas de emigrantes del campo a la ciudad sin ningún futuro. De esta política de tierra arrasada no se escapan las riquezas naturales y ambientales del país y por el contrario, el entreguismo de esos recursos ( minería, explotación petrolera, recursos hídricos, zonas marítimas, etc ) amenaza con que estos recursos vayan cayendo en manos de los grandes capitales de las industrias hidro-extractivas, mineras, turísticas e inmobiliarias.
3- Ningún Gobierno ni ningún Partido de la burguesía nacional ha sido ni será capaz de romper con estas ataduras históricas y actuales con imperialismo, de romper con esta política de recolonización, endeudamiento y super-explotación de las grandes transnacionales. Hoy todos los sectores de esa burguesía nacional y sus partidos políticos ( PLN, PUSC, PAC ) se vinculan como socios parasitarios del imperialismo y no tendrían por demás ningún interés absurdo de ir contra la explotación capitalista que es a fin de cuentas la fuente de sus propias ganancias y de su propia supervivencia como clase.
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