miércoles 11 de abril de 2012

PL

Diez años después del frustrado golpe de Estado que la cúpula empresarial venezolana, con el respaldo de Estados Unidos, perpetró contra el presidente, Hugo Chávez, amenazas similares se ciernen sobre la estabilidad de este país suramericano.

Un día como hoy, del año 2002, representantes de los sectores más conservadores de la oligarquía, apoyados por algunos altos oficiales del ejército, secuestraron al mandatario constitucional de Venezuela y asumieron el poder, en la culminación de una intensa campaña desestabilizadora desatada meses antes.
Una feroz persecución se desató de inmediato contra ministros y dirigentes del gobierno, así como de partidarios del chavismo, mientras el entonces presidente de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras), Pedro Carmona Estanga, asumía la presidencia.
Además de intereses económicos menores de sectores conservadores afectados por leyes dictadas por el gobierno, los promotores del golpe estuvieron motivados, esencialmente, por el interés de recuperar el control de la empresa Petróleos de Venezuela (Pdvsa), nacionalizada por Chávez.
Pero la asonada duró poco, porque al enterarse del secuestro del mandatario, el pueblo venezolano y sobre todo los capitalinos, protagonizaron una verdadera rebelión, que puso en fuga a los golpistas y el 13 de abril logró la liberación del presidente y su regreso triunfal al Palacio de Miraflores.
Una década después de aquellos hechos, la amenaza de que se repitan, quizás con algunas variantes formales, está presente en Venezuela, ante la certidumbre de que volver al poder por la vía electoral resulta casi imposible para los opositores
La inmensa mayoría de las encuestas realizadas desde mediados del pasado año pronostican una aplastante victoria de Chávez contra el candidato de la oposición, Henrique Capriles Radonski, en las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre.
Un comentario publicado la víspera en el capitalino Diario Vea, sugiere que la misma operación de asalto al Estado protagonizada por la oligarquía en abril de 2002, está en marcha actualmente, con diferente formato y dos niveles para el logro de ese objetivo.
Uno, el nivel legal, participando en la cita electoral, con lo que tiende una cortina de humo.
Otro, trabajando el medio militar y preparando a los numerosos efectivos de las policías controladas por alcaldes y gobernadores de la oposición, expresa el comentario.
Todo eso -continúa-, con el telón de fondo de una campaña desestabilizadora basada en la siembra de dudas sobre los resultados de esas elecciones, el cuestionamiento del Consejo Nacional Electoral, la presentación del gobierno de Chávez como una dictadura y la búsqueda de apoyos foráneos.
Al referirse a este tema ayer, durante una conferencia de prensa, Jorge Rodríguez, jefe del Comando de Campaña para la reelección de Chávez, reiteró que “actualmente la ultraderecha venezolana maneja una agenda de desestabilización que busca generar zozobra en la colectividad”.
Por su parte, el mandatario, en declaraciones pronunciadas desde el Palacio de Miraflores el pasado sábado, se refirió a los hechos del 2002 y afirmó que aquel 13 de abril 2002 “ocurrió una gran insurrección cívico militar contra la dictadura de la burguesía”.
Ahora -subrayó-, el país está mejor preparado para enfrentar los intentos de la derecha que pretenden acabar con la estabilidad de Venezuela.

Publicado por ARGENPRESS

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