Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Cuando la Revolución Cubana no era aceptada sino combatida; por asesinar a Fidel Castro se ofrecía dinero y se hubieran concedido medallas, ser marxista se declaró “incompatible con el sistema interamericano”, Cuba resistió, no sólo sobrevivió sino que avanzó y contra viento y marea se consolidó.

Cuando Cuba fue expulsada de la OEA y ningún país iberoamericano excepto México reconocía al Gobierno Revolucionario y el pueblo cubano sufría las rudeza del bloqueo económico norteamericano asumiendo sus terribles consecuencias y defendía sus conquistas frente cientos de bandas armadas y organizaciones contrarrevolucionarias que operaban en todas las provincial del país y pagando un altísimo precio derrotaba la invasión mercenaria por bahía de Cochinos, la Revolución no pidió tregua.
No se expuso la “otra mejilla” no por soberbia sino porque ambas estaban excesivamente maltratadas por siglos de conquista, colonización y aspiraciones de independencia frustradas. La respuesta de los pueblos fue contundente: la cordillera de los Andes, las selvas de América y muchas urbes se convirtieron en escenarios de lucha y virtualmente en la Sierra Maestra de América.
Las oligarquías reaccionarias temblaron y con asesores gringos acuñaron la Doctrina de Seguridad Nacional, inventaron categorías como “Conflicto de Baja Intensidad” y pidieron ayuda para contener la insurgencia. Washington fue generoso, envío armas, puso a funcionar tiempo extra a la Escuela de las Américas y enseñó a torturar y a desaparecer.
Un pequeño país que no levantó bandera blanca cuando la desaparición del socialismo real y de la Unión Soviética, no sólo la dejaron sola sino que los proclamados herederos, se sumaron al bloqueo norteamericano y presionaba a La Habana tratando de cobrar “deudas” y en Miami se pedían “Tres días de licencia para matar en la Isla”, por qué habría de hacerlo ahora.
La hegemonía lograda por Estados Unidos frente a la Revolución Cubana comenzó a resquebrajarse y se hizo trizas no porque cambiara el imperio sino porque cambió Latinoamérica. Las oligarquías y el imperio no fueron condescendientes con Cuba sino que fueron derrotadas por los procesos encabezados por gobernantes progresistas, avanzados y realistas y en cualquier caso no amanuenses de los Estados Unidos. Antes de que lo hiciera Estados Unidos, América Latina unánimemente levantó el bloqueo.
Decir que Cuba y la Revolución no estarán en la Cumbre Iberoamericana el próximo fin de semana es una broma. Quienes no estarán serán los oligarcas que una vez la expulsaron de la OEA y los imperialistas que con arrogancia podían ordenar que se le ignorara. Esta vez América Latina hablará con una sola voz; el lenguaje no será de suplica y habrá un ultimátum que ahora no viene del imperio.
Bloqueo y ¡Basta! serán las palabras más escuchadas por Barack Obama que como recientemente afirmara un comentarista: “Ira a la Cumbre a sufrir” ¡Que sufra pues! Allá nos vemos.
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