miércoles 18 de abril de 2012

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

De liderazgos habló Felipe Calderón. Lo hizo entre los suyos, Líderes Globales Jóvenes, reunidos en Puerto Vallarta, Jalisco, convertida en fortaleza militar por tierra, mar y aire por el general de cinco estrellas que expuso un concepto bastante presentable sobre el tema, pero tan alejado de su práctica institucional y política que se desplaza por el país como los gobernantes de aquellas repúblicas bananeras de los años 60.

Dijo Calderón Hinojosa a siete meses de su ansiada partida: “Si la democracia no está sembrada en una convicción colectiva es muy fácil que fracase. Si la democracia no se funda colectivamente es muy fácil que llegue un hombre o una mujer que sea muy carismático, que sea muy simpático, que sea como decía un amigo nuestro: el rey populachero, y que finalmente termine seduciendo a grandes masas de la población hacia estilos de vida que no son democráticos. Eso es lo que ha pasado probablemente en el modelo latinoamericano de la primera y segunda década de este siglo XX (sic) en muchos lugares” (El Universal, 17-IV-12).
No se tomó la molestia intelectual el abogado, economista y administrador público de explicar cuál es el “modelo latinoamericano” que está criticando porque seguramente piensa que Norteamérica, de la que forma parte México, se cuece aparte, de espaldas al subcontinente como lo muestran casi 12 años de integración privilegiada e incondicional con Estados Unidos y en menor medida con Canadá, y un distanciamiento sostenido de los gobiernos y Estados que “hemos perdido calidad democrática en muchos países y en muchas regiones” de Latinoamérica.
Hasta donde es posible disponer de información documentada, ningún proceso eleccionario presidencial en los últimos 12 años fue tan impugnado en las calles y en los órganos electorales, en los medios y el Legislativo, como el mexicano de julio de 2006 del cual emergió como “presidente electo” el tenaz crítico de los gobiernos de Centro y Suramérica que se atreven a distanciarse de los dogmas económicos que formuló el llamado Consenso de Washington.
Además, el michoacano de Morelia compartió en Cartagena, Colombia, espacios y micrófonos con algunos de los gobernantes que criticó desde lejos y rodeado de jóvenes que piensan como él. No es precisamente muy educado y menos aún valiente hacerle al crítico, mientras rehuyó asumirlo en la en muchos aspectos fracasada Cumbre de las Américas, porque si el éxito consiste en que el jefe institucional del imperio, Barack Obama, autorizó abrir el debate sobre el modelo prohibicionista y punitivo de las drogas ilícitas y que por primera vez en una reunión de jefes de Estado se ventiló el espinoso y caro tema para la geopolítica estadunidense, entonces tardarán mucho tiempo en afrontar las causas de la violencia criminal, el armamentismo y el baño de sangre que padece América Latina para que uno de cada 40 estadunidenses satisfaga la adicción a los estupefacientes.
También es sabido que el esposo de Margarita Zavala carece de atributos y características que le permitan ser carismático, con todo y el formidable y costoso –para los causantes– apoyo del duopolio de la televisión y el oligopolio de la radio. Y para aparecer simpático y hasta “rey populachero” (le hablan Vicente Fox) aún hace fallidos intentos, mas para su desgracia sencillamente no se le da.
Con sobrada razón postuló Calderón: “Lo primero que debe tener un líder son ideas e ideales. En otras palabras: tienes que creer en algo y tienes que ser capaz de pagar el precio de defender las cosas en las que tú crees, si no, los líderes son de papel”, como usted comprenderá.

Publicado por ARGENPRESS

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