martes 17 de abril de 2012

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)

Como relataba en la nota anterior, el regreso luego de ese emocionante viaje a Cuba, se realizó sin sobresaltos.

Al llegar a San Pablo -Brasil- llamé a mi madre, con la cuál no me había comunicado en un año y dos meses, por razones de seguridad.
Al sentir mi voz, se puso a llorar y me contó, balbuceando, que en mi ausencia, había muerto la “Nona”.
Me invadió una profunda tristeza. Mi abuela había sido fundamental en mi vida de niño y en los comienzos de la adolescencia, ya que mi padre había fallecido cuándo yo tenía 3 años y mi hermana, solo, seis meses.
Desde ese momento la manutención del hogar quedó a cargo de mi madre, que debió salir a trabajar de maestra y profesora de artes plásticas y fue su madre -“La Nona”- que había vivido con ella desde la muerte del abuelo, en 1930, la que se hizo cargo de las tareas del hogar y del cuidado de nosotros dos.
Con ella aprendimos a leer y a escribir, me preparó para que rindiera, libre, primero inferior y, luego, tercer grado, por lo que a los doce años ingresé a la secundaria.
Además, y es un aspecto fundamental en mi vida. Por ella comencé a tener sueños y utopías que pensaba canalizar en la militancia política.
Recuerdo que en aquella ciudad de Paraná, en la que había nacido y en su compañía, vimos pasar a los trabajadores, en aquél histórico 17 de octubre de 1945, que reclamaban la libertad del Coronel Perón, que había reivindicado sus derechos.
También lloramos juntos la muerte de Evita.
Había acompañado mi decisión de realizar este viaje a Cuba, para intentar conformar un Frente de Liberación que iniciara la lucha revolucionaria en el país y, ahora, no estaría para recibirme.
Realicé el duelo en soledad, ya que demoraría varios días en llegar a mi ciudad.
El contexto era absolutamente distinto, al que teníamos cuándo había iniciado el viaje a la “Isla del Lagarto Verde”, convocado por Alicia Eguren y John William Cooke.
El 29 de marzo de 1962, unas semanas antes de salir del país, las Fuerzas Armadas habían derrocado al Presidente Arturo Frondizi y había jurado, como titular del Ejecutivo, un senador radical, Luis María Guido, que aceptó las exigencias de los golpistas.
Se desconocieron los resultados electorales en 10 provincias, en los que había triunfado el peronismo, entre ellos el de la Provincia de Buenos Aires en la que había resultado ganadora la fórmula Framini-Anglada.
El ex presidente fue recluido en la Isla Martín García.
Nosotros habíamos convocado a todas las organizaciones estudiantiles, desde nuestra Gremial de Estudiantes de Derecho, adherida a la refundada Confederación General Universitaria -CGU- a realizar un paro y toma de la Facultad de Derecho, de la Universidad Nacional del Litoral.
Santa Fe, donde vivía y militaba desde 1959, había sido escenario de grandes movilizaciones obreras en 1960 cuándo Frondizi puso en marcha el Plan Brady, para ir desmantelando la red ferroviaria y como parte de este, pretendió cerrar los talleres de Laguna Paiva.
En aquel 30 de octubre de 1960 nos sumamos a los miles de habitantes de esta localidad que lanzaron un paro general e incendiaron una formación de trenes, en repudio al intento gubernamental.
Habíamos concretado una alianza con compañeros de Palabra Obrera -una agrupación de izquierda que militaba en el seno del peronismo- y logramos acuerdos con una corriente socialista que estaba llevando a cabo una revalorización del peronismo y una autocrítica, por la posición asumida en 1955, cuándo apoyaron el golpe contrarrevolucionario del 16 de setiembre de aquél año.
Por otro lado, en esta provincia, el gobierno nacional adelantó las elecciones para demostrar que podía derrotar al peronismo y convencer a la cúpula militar que no se podía mantener la proscripción de este Movimiento.
Efectivamente, en 1961 se llevaron a cabo los comicios en los que triunfó el oficialismo encabezado por el que fuera por tres períodos intendente de Rosario Luis Cándido Carballo, con 295.973 votos.
Nosotros, desde la juventud, logramos que el congreso del Partido Laborista -denominación con la que se presentaba el peronismo- que llevaba como candidatos, a un médico rosarino Tarrico y a un comerciante de la capital Abraham, levantara un programa avanzado en el que reivindicábamos la revolución cubana, planteábamos la necesidad de llevar adelante una profunda reforma agraria y condenábamos la política de privatizaciones del frondicismo, entre la que estaba, la llevada a cabo con el frigorífico Lisandro de la Torre en la ciudad de Buenos Aires, como así también la entrega del petróleo y de los recursos naturales.
Aquél escenario había quedado atrás. El golpe cívico militar abría el camino, a nuestro juicio, para iniciar la actividad revolucionaria, pero había pasado más de un año, los militares habían presionado para que el presidente Guido convocara a elecciones, con la proscripción del peronismo, y estas se llevarían a cabo dentro de pocos meses.
Me sentía confundido. Volvía a la ciudad y a la facultad cuándo había viajado, en aquél abril de 1962, soñando que lo haría, luego de muchos años y si lograba sobrevivir, ya que como decía el Che en una “Revolución, si es verdadera, se triunfa o se muere”.
Debía reiniciar los estudios, volver a la militancia estudiantil, empezar a recorrer otro camino hacia esas utopías revolucionarias que me alentaban y estaban en el futuro y, sin duda, signarían mi vida.
Como enfrentaría estos nuevos desafíos, serán los temas que abordaré en mis próximas notas.

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

Publicado por ARGENPRESS

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