LUNES 16 DE ABRIL DE 2012 

Lino Luben Pérez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Aunque han transcurrido 51 años desde que el 16 de abril de 1961, el Comandante en Jefe Fidel Castro proclamara en La Habana el carácter socialista de la Revolución “de los humildes, por los humildes y para los humildes”, todavía los sucesivos gobiernos estadounidenses, aliados y servidores mantienen su intolerancia y hasta la recrudecen ante aquel hecho histórico.

“Lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que […] hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos”, afirmó entonces el Comandante de la esperanza latinoamericana, como lo llamó su amigo, el presidente chileno Salvador Allende (1908-1973).
Una declaración de tanta trascendencia ocurrió en la céntrica esquina de 23 y 12, en la capital cubana, donde en una tribuna improvisada Fidel despidió el duelo de los caídos el día anterior por los bombardeos a tres aeropuertos de la Isla.
El preludio de una agresión en mayor escala había sido al amanecer del 15 de abril, cuando ocho bombarderos B-26, procedentes de su base en Puerto Cabezas y enmascarados con las insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria, atacaron los aeródromos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba.
Provocaron siete muertos y 53 heridos.
Ante semejante atentado, Fidel advirtió que los cubanos lucharían frente a las huestes de la inminente invasión, conscientes de que defenderían su legítimo derecho a construir una Patria de plena justicia social.
La decisión de enfrentar lo que vendría había sido saludada con un entusiasta y enardecido mar de fusiles en alto, sostenidos por los brazos del pueblo trabajador en una escena inolvidable, convertida desde entonces en la más auténtica representación de la voluntad popular para resistir y defender a cualquier precio el país y el socialismo.
El plan de conquista había sido aprobado tiempo atrás por el entonces presidente norteamericano Dwight D. Eisenhower con el reclutamiento de mercenarios de origen cubano.
A las 01:30 horas del 17 de abril comenzó el desembarco ordenado por el presidente John F. Kennedy, en Playa Girón, Bahía de Cochinos, al Sur de la Península de Zapata.
La denominada Brigada 2506 poseía características similares a las unidades de asalto anfibio de las fuerzas armadas de Estados Unidos y reunía unos mil 500 hombres fuertemente armados, tanques y artillería de campaña; treinta aviones y 150 hombres integrados a su aviación.
Las tropas cubanas estaban compuestas por combatientes del Ejército Rebelde y la Policía Nacional Revolucionaria, pero el grueso eran milicianos voluntarios, con escasa o ninguna experiencia militar para la época.
Tanquistas y artilleros habían recibido el armamento apenas unas semanas antes y todas las fuerzas, dirigidas personalmente por Fidel, no dieron un minuto de tregua al enemigo.
A las 17:30 horas del 19 de abril, la invasión estaba totalmente derrotada, aunque a un elevado costo para los luchadores revolucionarios y la población civil, ascendente a 176 muertos, 300 heridos y 50 discapacitados.
El descalabro estadounidense en Girón pasó a la historia como la primera derrota militar del imperialismo en América Latina, incluido su proverbial concepto de subestimación de los pueblos, dominación neo-colonial y hasta superioridad racial.
Pero semejante práctica que recuerda la del nazismo quedó hecha trisas en la Isla, donde el socialismo no llegó tras las divisiones victoriosas del Ejército Rojo, sino forjado por los cubanos en auténtico y heroico batallar.
Una lucha que comenzó el 10 de octubre de 1868, con el Grito de Independencia en el central Demajagua, pasó por períodos y etapas, y continúa hoy, con la actualización del modelo económico y social socialista.
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