Vicky Peláez (RIA NOVOSTI, especial para ARGENPRESS.info)
Las palabras son como las hojas, cuando abundan,
poco fruto hay entre ellos.
Alexander Pope (1688 – 1774)

Los que tenían ilusiones en vísperas de la VI Cumbre de las Américas sobre la capacidad de Latinoamérica fuerza, respecto a la solidaridad y voluntad de promover su propia agenda continental, quedaron decepcionados.

Esta cumbre, igual como las anteriores, no aportó nada nuevo y provechoso para el futuro de América Latina y se repitió el guión de una reunión social donde la atracción máxima fue el fulbito entre el equipo de Evo Morales y el de José Manuel Santos terminado con un empate diplomático. Shakira fue otra figura central de este evento continental y, por supuesto los medios de comunicación globalizados solo se dedicaron a informar ampliamente sobre las aventuras de los 12 agentes secretos y cinco militares de la escolta del presidente Barack Obama que supuestamente violaron el toque de queda que se les impone durante estas misiones y se fueron con prostitutas. Irónicamente el escándalo se desató cuando la llamada “Puta Cartagena” se quejó a un periodista: “me tocaron y se quedaron sin pagar”.
Prácticamente lo mismo sucedió con esta Cumbre cuyos 32 participantes prometieron durante varios meses exigir al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, la participación de Cuba en este tipo de eventos, como también solucionar el problema de las Islas Malvinas reclamadas por Argentina. Pero al llegar la hora de la verdad sucedió lo que pronosticó un ex canciller mexicano, Jorge Castaneda: “ninguno de los supuestos aliados de la Habana en América Latina – Brasil y Argentina, se sumarán al boicot que pretendió la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Cuando algún país de nuestra América tiene que escoger entre los hermanos Castro y Washington, siempre gana Washington”. Añadió que “habrán muchas fotos de los presidentes y promesas, actuaciones y resultados concretos, pocos”.
Y así fue. Pero lo peor de todo ha sido que los líderes latinoamericanos supieron desde el febrero de este año que el Departamento de Estado norteamericano no aceptaría la participación de Cuba en la Sexta Cumbre de las Américas ni tampoco permitiría debatir la situación de las Islas Malvinas actualmente en posesión de la Gran Bretaña y reclamadas por Argentina. Fue precisamente el 4 de Febrero cuando el presidente del Ecuador, Rafael Correa, propuso en una reunión de los líderes del ALBA que ”si Cuba no es invitada a la cumbre, ningún país del ALBA asistirá a este evento”. Evo Morales, Hugo Chávez y Daniel Ortega apoyaron entusiasmados aquella premisa, mientras que otros integrantes del ALBA: Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente y Granadinas guardaron silencio, declarando posteriormente que acudirían a aquella cita de los presidentes.
Pasaron más de dos meses y los dirigentes del ALBA seguían sin pronunciarse sobre su participación, a excepción de Rafael Correa que mantuvo su palabra explicando en una carta al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos que por mucho respeto que le tenga, decidió, después de consultar a su pueblo, no participar en esta cumbre. Explicó que ”es inaudito que en el Siglo XXI algo que se llama Cumbre de las Américas y, de acuerdo a ciertos países hegemónicos, algunos somos americanos y otros no. ¿Por qué, por ejemplo no se invita a Cuba”?
En cambio, Daniel Ortega, Hugo Chávez y Evo Morales confirmaron su participación, quizás por no perjudicar sus relaciones, especialmente las comerciales, con Colombia, o por creer en su capacidad de poder convencer a Barack Obama para que se diese cuenta que América Latina ya dejó de ser su patio trasero y que su voz ya tiene fuerza, o simplemente por que persiste la tara de obediencia y miedo a una fuerza mayor que todavía llevamos los latinoamericanos durante tantos siglos sin poder desprendernos de ella hasta ahora.
En realidad a Barack Obama le interesaba esta Cumbre solamente en términos de las próximas elecciones presidenciales. Quería mostrar a sí mismo como un líder fuerte y consecuente con los intereses nacionales de su país capaz de imponer su agenda en cualquier rincón del mundo y en especial, en América Latina para asegurar el voto hispano y cubano y colombiano en vísperas de las elecciones presidenciales en EE.UU. Por poner en vigencia el próximo 15 de Mayo el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia y extender la visa a los colombianos de cinco a 10 años, tiene el voto colombiano asegurado. Por ser intolerante con Cuba, lo que prometió en Florida camino a Cartagena, tiene el apoyo de los cubanos en Miami.
América Latina en este momento no representa ninguna prioridad para los Estados Unidos y su supuesto alejamiento no le pone en guardia, pues tiene más de 20 bases militares en el continente y de ellos siete en Colombia. También tiene sus aliados incondicionales en México, Chile, Colombia, Perú y en la mayoría de los países centroamericanos. Considera que las cosas se arreglarán en su debido tiempo y estarán como antes. Ni siquiera le preocupa el avance comercial de China en el continente, pues en Libia solucionó fácilmente un problema similar.
Actualmente el presidente Barack Obama está concentrado en cómo hacer renacer la economía nacional norteamericana, qué hacer con Irak y Afganistán, Siria e Irán, cómo aliviar las tensas relaciones con China y también encontrar una solución a la precaria situación financiera de la Unión Europea. América Latina simplemente no está en su mente y esta Cumbre es como una distracción de sus preocupaciones. También lo es para Hillary Clinton, que de acuerdo a la agencia Reuters, fue a bailar el sábado por la noche al Club Habana en Cartagena.
Parece que recién el día de la inauguración de la VI Cumbre de las Américas, Hugo Chávez y Daniel Ortega se dieron cuenta de esta realidad y desistieron de participar, dejando a Evo Morales solo, seducido por su participación en una reunión paralela en Cartagena, llamada la Cumbre de los Pueblos a la que asistieron más de mil representantes de organizaciones de base latinoamericanos y de los pueblos indígenas. Pero estas anti cumbres sirven solamente para la distracción, al mismo tiempo desnudan el grado de democracia que tiene América Latina de no poder resolver ningún problema que está afectando a los habitantes del continente.
La Cumbre de las Américas jamás ha tenido una capacidad decisiva. Los problemas se crean y se solucionan en Washington, Londres, Beijing y Moscú. En Cartagena se relajaron, comieron bien en el Club de Pesca y en La Vitrola, como lo recalcó la periodista colombiana María Jimena Duzán, diciendo que ”la próxima vez, si las cosas mejoran, es posible que Barack Obama vaya a bucear con la bella asesora presidencial Sandra Bessudo en el Pacífico colombiano”. Así son estas reuniones sociales de los líderes y todos terminan igual como la VI Cumbre de las Américas.
No hubo una declaración final pero sí hubo una foto de los gobernantes mostrando gran satisfacción después de una larga y trabajosa discusión donde no encontraron, como de costumbre, ninguna solución al problema de las Malvinas ni tampoco incorporar a un país americano en el seno de una organización americana. Cristina Fernández tampoco pudo discutir el caso de las Malvinas en la reunión privada con Barack Obama porque el protocolo, que no fue argentino sino norteamericano, lo prohibía. La presidenta de Brasil Dilma Rouseff también fue prudente y no tocó el tema. Paradójicamente uno de las más estrechas aliadas de EE.UU. Juan Manuel Santos fue uno de los más atrevidos y denunció la “hipocresía en el trato a Cuba”.
La declaración de los miembros del ALBA de que no asistirán más a ninguna reunión si es que Cuba no está presente, y la que apoyaron supuestamente el resto de los líderes latinoamericanos, no tiene ningún valor. Este tipo de cumbres se hacen porque Washington lo quiere. La voz de América Latina todavía no tiene suficiente fuerza para hacer resonar sus reclamos en el oído de los gobernantes de la Casa Blanca. Esta fuerza solo depende de la unión y la solidaridad de los que claman pero en este momento es frágil y tenue. Como dijo alguna vez el poeta peruano Cesar Vallejo ”hay hermanos mucho por hacer”.
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