miércoles 25 de abril de 2012

Lucía Lagunes Huerta (CIMAC)

Quien tenga duda del peligro que corre la laicidad en nuestro país o quien no crea que la jerarquía católica juega a la política a la luz del día y en lo oscurito, que eche un ojo a la pasarela de presidenciables con la máxima autoridad católica mexicana.

Sin distinción de colores pasaron para evitar malas campañas desde los púlpitos y pactar vaya usted a saber, pese a la reciente reforma constitucional donde quedó establecido, entre los principios de la República Mexicana, la laicidad.
Es términos llanos, lo que se decidió el pasado 8 de abril es que nuestra organización política está separada de cualquier culto religioso, que las decisiones de Estado serán alejadas de las convicciones religiosas y estarán fundamentadas en el bien de la población.
No obstante la realidad nos dice que la laicidad colocada en nuestra Carta Magna es violentada, pues 12 días después de haberse aprobado la reforma al artículo 40 para incluir a la república democrática el carácter laico, quienes compiten por la Presidencia se sentaron con los jerarcas católicos para exponer sus visiones, según dijeron.
Si bien lo llamativo fue el tema del aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo, en el que los tres candidatos coincidieron en no criminalizar a las mujeres que abortan, lo preocupante es de lo que no está siendo informada la población.
Por ejemplo el candidato tricolor, Enrique Peña Nieto, aseguró -según notas periodísticas- que de llegar a la Presidencia su trato con la jerarquía católica estará basado en el respeto y ofreció “una relación de colaboración institucional”. ¿Eso qué quiere decir? ¿En qué temas y con qué propósito?
¿Acaso esa colaboración institucional será igual que lo sucedido en los congresos estatales hace dos años, para criminalizar a las mujeres que abortan?
Por su parte, Andrés Manuel López Obrador, el candidato de las izquierdas partidarias, quien siempre tiene de fondo a Benito Juárez, símbolo de laicidad, no sólo reiteró su posición de realizar consultas ciudadanas, sino que también aseguró que los temas del aborto y diversidad no son su prioridad. Pero nada se sabe de lo que hubo detrás de la pasarela, de los acuerdos de fondo.
Josefina Vázquez Mota, la candidata blanquiazul, fue la más predecible. Su respuesta fue la esperada, ahí no hubo sorpresa; tal vez limar asperezas de las promesas no cumplidas.
Lo cierto es que es una mala señal para la República laica mexicana que así como se busca la venia del sector empresarial en momentos de contienda electoral, se coloque en el mismo rango a la jerarquía católica, pues nos demuestra que lo dicho en nuestra Constitución no necesariamente se respeta en los hechos.
La jerarquía católica no sólo juega en el terreno de la moral y las creencias, está también en la cancha de lo terrenal y mundano, del dinero y las fuerzas de poder, donde su feligresía es la base con la que negocia y presiona para obtener ganancia.
En un Estado moderno, la relación política tendría que ser abierta, pública y no hegemónica, reconocer la diversidad de iglesias que coexisten en nuestra sociedad. Fijar de cara a la sociedad su concepto de laicidad debe ser fundamental en los próximos debates, lo otro es simulación, hipocresía pura.
Lucía Lagunes Huerta es Directora general de CIMAC.

Publicado por ARGENPRESS

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