César Jérez (AGENCIA PRENSA RURAL)

En una de sus últimas apariciones en televisión, un periodista le pregunta al veterano combatiente sobre la humanización de la guerra. La respuesta fue una síntesis filosófica que refleja la visión del guerrero circunstancial: “¿Dígame usted, qué guerra es humana?, la guerra no hay que humanizarla, hay que acabarla”.

Manuel Marulanda se murió de viejo, tal vez en el momento menos oportuno para las FARC, cuando la guerrilla encaja una cadena de duros golpes y la noticia de su muerte le baja decibeles al escándalo del poder mafioso en Colombia.
Foto: En el 37 aniversario de la fundación de las FARC-EP.
Dicen que Marulanda nunca conoció el mar, no le alcanzó el tiempo. El albur de la guerra y la añorada por sus enemigos muerte violenta del guerrillero, lo llevaron en la dirección geográfica contraria, a la altura del páramo, a los ríos gruesos y a la espesura de la selva.
Cuentan que cuando Marulanda se ´enguerrilleró´ con los liberales junto a catorce de sus primos no sabía leer ni escribir. No había escuelas ni maestros. Como no las hay todavía por el mudo rural en el que transcurre la guerrilla. Se puede leer en alguna de las pocas entrevistas que concedió que su sueño infantil era ser un campesino como lo fueron en su familia.
Foto: Inseparables hasta la muerte; Manuel Marulanda y Jacobo Arenas, fundadores de la guerrilla más antigua de América Latina. El campamento de Casa Verde fue bombardeado por el presidente César Gaviria el 9 de diciembre de 1989, el mismo día cuando el pueblo colombiano fue a las urnas para decidir sobre una nueva constituyente. Así se mostró la “voluntad de paz” de la oligarquía colombiana. Pero la guerrilla no fue derrotada, como prometían los generales sino fue reforzado bajo el mando de Manuel y Jacobo.
La historia de un país con una enorme capacidad para recrear la muerte y la violencia promovida por el mal gobierno convirtieron a Pedro Antonio Marín en Manuel Marulanda, transformaron a un campesino en un guerrero trashumante, a un liberal en comunista y a una persona sin educación formal en un dirigente político capaz de fundar una guerrilla, además, en un geógrafo de a pie, que sin embargo no conoció físicamente el Caribe o el Pacífico.
La historia reciente de Colombia ha sido la historia de su vida. Los que lo odiaron dedicaron toda su existencia a rumiar su anhelada muerte mientras se morían ellos mismos en la espera; los que lo aman se han dedicado a narrar su vida impenetrable para la muerte, sus proezas de combatiente, su sueño de una nueva Colombia, hasta convertirlo en un mito legendario. Bandido para unos. La revolucionaria esperanza para otros.
Foto: Guerrilleras del cordón de seguridad de Marulanda en Casa Vede 1988
Mientras se moría de muerte natural el ruido de la guerra atronaba la montaña. 526 granadas de mortero y 114 bombardeos aéreos eran lanzados sobre su presunto paradero, según el comandante de las fuerzas militares. Nunca le pegaron un tiro.
Se murió de viejo, tal vez en el momento menos oportuno para las FARC, cuando la guerrilla encaja una cadena de duros golpes y la noticia de su muerte le baja decibeles al escándalo del poder mafioso en Colombia. Ahora buscan su cadáver por entre la selva para verificarle las heridas mortales y tratar de ganar algo más en esta guerra.
Pero como escribió Arturo Alape, tal vez la persona de afuera de las FARC que más conoció a Marulanda, refiriéndose a los códigos que enmarcaron la persecución contra el alzado en armas: “La muerte natural del perseguido sería un duro golpe en el corazón del perseguidor, al tocar las sensibles fibras de su odio acumulado, y dejar sin argumentos su razón de ser, porque se le ha escapado la víctima como se escapa el polvo entre las manos…Ese ciclo fatal de perseguidor – perseguido…, tiene en el rostro de la muerte natural, su más terrible enemigo…El signo de la persecución de la muerte en la vida del otro, ha sido herida, cicatriz, tatuaje sobre la geografía y el cuerpo de la reciente historia de Colombia. ¿Cuándo terminará este ciclo? La respuesta está en la sangré que fluye en la vida del hombre.”
Foto: Casa Verde marzo 1988.
En una de sus últimas apariciones en televisión, un periodista le pregunta al veterano combatiente sobre la humanización de la guerra. La respuesta fue una síntesis filosófica que refleja la visión del guerrero circunstancial: “¿Dígame usted, qué guerra es humana?, la guerra no hay que humanizarla, hay que acabarla.”
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Salvador Tio, (puertorriqueño) uno de los pocos integrantes de esta lista cuyos textos leemos de cabo a rabo, escribió un texto con el habitual aplomo y serenidad que lo caracteriza … y entonces nos vemos obligados a decirle que con su permiso lo “nacionalizamos” para el Pasquin.
Muchas gracias
Diasporeños:
“La decisión de tomar las armas no dependió de Manuel Marulanda. Fue la inevitable consecuencia de la política del genocidio y la masacre que se apoderó de los campos y las ciudades de Colombia. Esto a su vez fue el resultado de la prepotencia, la arrogancia y la voluntad de imponer un régimen de subordinación y servidumbre sobre la inmensa mayoría de los campesinos y trabajadores de Colombia y sus vecinos. La oligarquía colombiana y su disposición al servilismo con el Capital Norteamericano y su profundo desprecio por su pueblo fueron responsables de la guerra que aún persiste.
Las FARC sí deben deponer sus armas. Esto, sin embargo deberá ocurrir cuando ya no exista la complicidad traidora entre el imperio y sus súbditos. Nada ha ocurrido que indique que esta conjura apátrida haya amainado. Por lo tanto seguirá la guerra hasta que el pueblo colombiano logre acabar con el poder que usurpa sus derechos y destierre de una vez por todas de Colombia el virus que destruye el sistema inmunológico que nos protege del colonialismo y el dominio.
Si los Estados Unidos persisten en las políticas de dominio hoy denominadas neoliberales y sigan usando la guerra contra las drogas y el terrorismo para subyugar. Habrá guerra. La Paz requiere que sean los Estados Unidos desistan de su vano empeño por realizar el control de Nuestra América. Gracias al valor del pueblo colombiano y su enorme capacidad de resistencia los gendarmes del mundo tendrán que adoptar políticas que antepongan el valor de lo humano al de la acumulación de capital que solo puede darse negando esa humanidad.
Ellos tendrán el ejército más poderoso del mundo pero ya VietNam, Iraq y Colombia han demostrado que son conjuntamente el pantano en que enfrentarán la verdad de su impotencia para continuar imponiéndo su voluntad. Los que insisten en defender las prerrogativas hegemónicas del imperio son los verdaderos guerreristas y, a la no tan larga, los que más contribuirán a destruir lo que dicen querer preservar. Se olvidan de la lapidaria sentencia de Benito Juárez que sigue vigente: El respeto por el derecho ajeno es la paz. Mientras no haya respeto por el derecho de Nuestra América a vivir como su voluntad se lo permita la toalla de Manuel marulanda seguirá ondeando como una bandera de liberación.
Salvador
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El pueblo colombiano ha echado a andar…
LA MARCHA DE LA GENTE DEL COMÚN
Es fácil para los analistas militares, o quienes solo ven el asunto militar del llamado conflicto colombiano, hacer análisis simplistas del “toma y daca”, y a partir de un recuento ominoso de las bajas de uno y otro lado, sacar proporciones matemáticas y sobre esa base (insuficiente porque soslaya su esencial aspecto político) sacar conclusiones también exiguas, como la socorrida teoría del binomio militarista Uribe-Padilla, del “fin del fin de las FARC” y de la Insurgencia.
Pero el movimiento de lo real ha ido mostrando otros aspectos del desenvolvimiento de la larga crisis colombiana, matriz generadora de la confrontación actual en Colombia. Uno de los primeros y principales aspectos que puso en evidencia irrefutable la implementación del Plan Colombia-continuado, fue su implicación GEOESTRATÉGICA para las subregiones Andina y Amazónica. Punto de partida para cualquier análisis serio sobre la crisis colombiana.
Un segundo elemento que ha ido quedando cierto, ha sido la sorprendente consistencia y dureza de la resistencia de las organizaciones guerrilleras al extraordinario esfuerzo militar colombo-estadounidense para llevarlas al fin, o desarmarlas, o exterminarlas. No hay precedentes de esa magnitud en Nuestra América; ni en los recursos económicos- humanos (600 mil soldados y 6% del PIB), recursos financieros, tecnológicos, mediáticos, políticos y hasta religiosos, empleados por Colombia y EEUU para tal fin.
La guerrilla ha demostrado que su “despliegue estratégico por todo el país”, ahora llamado por los analistas “federalización”, es un hecho real y contundente que pudo neutralizar los efectos del plan militarista de los Blancos de Alto Valor Estratégico (BAVE) para descabezar su organización guerrillera asesinando 4 miembros de su Secretariado, que no pasó de ser un simple incidente militar más de la confrontación general, sin implicaciones sustanciales en su orden estratégico, o estructural.
Un tercer aspecto desprendible de ese “despliegue territorial”, ha sido la ubicación estratégica periférica donde se encuentran los recursos naturales más codiciados por el capital Trasnacional, principalmente mineros, energéticos, agro-combustibles, cultivos de coca y megaproyectos en general, lo que según Luis Fernando Medina, especialista español en economía y teoría de los Juegos, ha permitido a la FARC “… poner en juego no solo a esta o aquella acción del ejército, a esta o aquella ley agraria, sino a toda la constelación de poderes fácticos del país e incluso sus alianzas geopolíticas con Estados Unidos. Leído en Bogotá, esto puede parecer desmesurado. Pero no lo es si atendemos al contexto donde operan las FARC” ( http://razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-y-paz-temas-30/2861-ique-falta-para-propiciar-la-paz.html ).
Por último, el bloque de esos “poderes fácticos” que gobierna actualmente Colombia, no contaba con la astucia del topo de la Historia, que descabezado en la marcha comunera de 1781 vuelve a aparecer, llevando al pueblo trabajador Colombiano, o como ellos mismos se denominan LA MARCHA DE LA GENTE DEL COMÚN, hacia una concientización y una promisoria movilización masiva en defensa de sus intereses soberanos, colocando el tema de la Paz con justicia social y la solución política al histórico conflicto colombiano en el centro de su movilización social, incluso desafiando la estigmatización mortal que le ha hecho el Militarismo colombiano (como núcleo de esos poderes fácticos) ahora convertido en el árbitro político máximo o instancia superior del Estado, que determina quién es político y quién no lo es, y dejando el reconocimiento hecho por el presidente Santos de que sí hay un conflicto interno en Colombia (lo que implica necesariamente reconocer partes enfrentadas y una intención política) convertido en el saludo “Ublime” del himno nacional.
También, hay que reconocerlo, porque el pueblo colombiano ha dicho Basta y ha echado a andar y su marcha ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia… ¿Recuerdan la Asamblea de la ONU el 11 de diciembre de 1964?
Alberto Pinzón Sánchez

Alberto Pinzón Sánchez es médico y antropólogo colombiano.

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