martes 24 de abril de 2012

Roberto Salomón (PL)

El incremento en un 24 por ciento de la producción de café en la última campaña (2011-2012), respecto de la anterior, evidencia la reanimación que experimenta ese rubro exportable.

La cosecha superó las siete mil toneladas del aromático grano, el mejor desempeño en más de una década, mientras que se sembraron más de siete mil 100 hectáreas en el país.
Estos avances son interpretados por analistas como señales de que las medidas del proceso de actualización del modelo económico y social en el archipiélago están dando resultados.
En efecto, de los lineamientos de la política agroindustrial trazada por el país, un considerable porcentaje se vincula directa o indirectamente a la promoción de las exportaciones y a la sustitución de importaciones, entre ellas la del café.
Lo anterior, además del incremento de la producción, prevé el acopio del grano y todo lo relacionado con el proceso: siembra, cultivo, cosecha, beneficio, actividad industrial y comercialización.
Razones del éxito
El ministro de Agricultura, Gustavo Rodríguez, atribuyó el cumplimiento del plan a varios factores, en primer lugar a una mejor organización de la zafra de ese producto.
Precisó que se organizó mejor la fuerza laboral y hubo mayor compromiso de los residentes en las comunidades en la recolección del café.
Además, entre otras razones se contó con el incremento del precio del grano y con mejor respaldo logístico en la cosecha, a partir de la prioridad de que se trata de un fondo exportable.
Otro elemento importante, señaló Rodríguez, lo constituyó el hecho de que el estimado que se hizo tuvo un mejor soporte técnico que en la campaña precedente.
También el contrato efectuado con los productores para soportar ese estimado fue más eficiente y hubo mejor y mayor chequeo administrativo de la actividad.
Se manifestaron más seriedad y prontitud en la solución de los problemas, mayor compromiso de los trabajadores y campesinos, y medidas organizativas que propiciaron el éxito, reiteró.
A juicio del titular de la Agricultura, si importante es cumplir el acopio del grano, también lo son llevarlo a las plantas de beneficio y la entrega del producto, para cumplir con el balance acordado.
Breve recuento histórico-productivo
La historia del café en Cuba, desde su introducción en 1748 hasta 1958, se caracteriza por grandes fluctuaciones.
Estas van desde ser el principal exportador a Europa, con 29 mil 500 toneladas en 1833, hasta la transformación en país importador, al adquirir más de 20 mil toneladas en 1920.
En 1955 retoma la condición de exportador, la cual recuperó y perdió varias veces entre 1927 y 1954.
Según un informe del Ministerio de Agricultura, al concluir 1958 la producción estaba diseminada en 29 mil familias, dispersas en 168 mil 600 hectáreas, para un promedio de 5,8 hectáreas por núcleo.
En la cosecha 1961-1962 se alcanzó una producción de 60 mil 300 toneladas, pero el cultivo comenzó a declinar en la siguiente, hasta 16 mil 100 toneladas en 1978.
Las transformaciones económicas y sociales luego del triunfo revolucionario en 1959 provocaron una disminución de la población de las zonas montañosas, debido a la emigración hacia el llano y las ciudades, donde se abrieron nuevas fuentes de trabajo y posibilidades de estudio.
De acuerdo con expertos del sector, tal situación influyó en el debilitamiento de la atención a las plantaciones, el envejecimiento de las áreas, sin que se llevase a cabo una adecuada reposición, y deficiencias en la cosecha por insuficiente fuerza de trabajo.
En 1978, se comenzó la ejecución de medidas destinadas a la recuperación del cultivo en el siguiente quinquenio, en el cual la producción llegó a promediar 23 mil 800 toneladas por año.
Lo anterior supuso un notable crecimiento -cerca del 25 por ciento-, respecto de lo logrado en el lapso 1976-1980.
El proceso de crecimiento de la producción y de búsqueda de mayores rendimientos se mantuvo, hasta que sobrevinieron las condiciones de crisis económica que dieron lugar al llamado período especial.
Este se originó tras la pérdida de los mercados tradicionales de la isla luego de la caída del socialismo en Europa del Este y en la antigua Unión Soviética.
El café es el corazón del plan Turquino, programa iniciado en la década de los ochentas del pasado siglo, para el desarrollo integral de la montaña, a fin de organizar y sistematizar los esfuerzos dirigidos a elevar la calidad de vida de sus pobladores.
Su producción básica lidera el resto de los cultivos en las zonas montañosas, y representa cultura, tradición e identidad, y tiene además implicaciones sociales e históricas.
Incide en la disminución del aislamiento típico de esas regiones, fortalece la tradición familiar y coadyuva a socializar la vida del campesino.
Según expertos del sector, aunque avanza la reanimación del proceso productivo del café, es largo el sendero por recorrer aún para alcanzar todas sus potencialidades.
Si bien el cubano está acostumbrado a tomar esa aromática y estimulante bebida, el país ha invertido varias decenas de millones de dólares en su importación en los últimos tiempos por el deterioro que sufrió el cultivo.
Objetivos estratégicos
El fomento de esta planta se lleva a cabo por el Grupo Empresarial de Agricultura de Montaña (GEAM), y hoy existen en la isla unas 82 mil 400 hectáreas dedicadas a este cultivo.
Las actividades del GEAM se desarrollan en todos los macizos montañosos que abarca el Plan Turquino y en zonas llanas del país.
Globalmente, la población de esas elevaciones supera las 720 mil personas. Las vinculadas a esa entidad empresarial son unas 350 mil, entre productores, trabajadores y familiares.
El cultivo se desarrolla hoy en Pinar del Río, Villa Clara, Cienfuegos, Sancti Spiritus, Holguín, Granma, Guantánamo y Santiago de Cuba, que aporta más del 40 por ciento de la producción nacional, la cual se concentra en la zona oriental.
Son objetivos estratégicos en la esfera: elevar los niveles actuales de producción que refrendan el principio de que el café es la base económica fundamental para el progreso económico y social de la montaña.
Será necesario para ello asegurar el cumplimiento del programa de desarrollo que tiene como prioridad sembrar en el quinquenio actual no menos de 30 mil hectáreas, elevar los rendimientos agrícolas y desarrollar nuevas plantaciones, incluyendo zonas de premontaña, el llano, y donde sea posible.
También mejorar las condiciones de la industria primaria (despulpe y secado), así como el transporte, entre otros propósitos, a fin de garantizar el consumo interno y crear excedentes para la exportación destinada a mercados con precios preferenciales.
Se prevé producir hasta el 2015 unas 22 mil toneladas y, más adelante, entre 28 mil y 30 mil toneladas de este producto, el segundo más comercializado en el mundo luego del petróleo.

Publicado por ARGENPRESS e

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