martes 24 de abril de 2012

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

Como en aquél tango, que escuchábamos con nostalgia en la Habana, en un bar llamado “La Pampa”, mi regreso a Paraná era, de alguna manera, “con la frente marchita”.

Muy lejos del que había soñado e imaginado en aquellos 14 meses en el “primer país socialista de América”.
Sin embargo el calor de mi pequeña familia, mi madre y mi hermana, el afecto que sentía por ellas, logró que superara la sensación de frustración y me prepara para iniciar un nuevo camino.
Susana estaba radiante. Al abrazarla recordé todo lo que esta pequeña y única hermanita, la “Nena” había significado en mi vida.
Cuándo viajaba en el viejo Studebaker del tío Juan, casado con la hermana de mi padre, América, en aquél carnaval del 43, rumbo a la Clínica donde había nacido, no imaginaba cuan compañeros íbamos a ser teniendo en cuenta que seis meses mas tarde, falleció papá, con sólo 42 años y, a partir de ese momento, iba a transformarme en el “hombrecito de la casa”.
Cuándo la Nona me enseñaba a leer, ella, a mi lado, pese a que le llevaba casi tres años, intentaba aprender.
Luego en esa infancia con dificultades económicas, pero alegre, con una abuela preocupada por nuestras necesidades y una madre, que luego de largas jornadas de trabajo, jugaba con nosotros enfrentamos la adolescencia.
Los juegos que compartíamos, las películas que veíamos en el viejo Cine Mayo, la relativa “burbuja” en que vivíamos, se fue confrontando con la realidad.
A los catorce años, cuándo me incorporé a la Juventud Peronista y a la Unión de Estudiantes Secundarios -UES-, nuestros caminos se bifurcaron, por un corto período.
Influenciada por mamá, cuestionaba mi adhesión a este Movimiento y a un gobierno que ya estaba inmerso en una profunda crisis.
El asesinato, en las mazmorras de la policía de Rosario, del médico comunista José Ingalinella había impactado en los jóvenes que protagonizaron varias marchas de protesta, en la ciudad.
Susana, pese a tener sólo 12 años, se sumó a las mismas. A mi se me planteó una disyuntiva, por una parte condenaba el crimen que me parecía repudiable, pero, por otro lado vivía, en el Colegio Nacional en el que cursaba el secundario, la forma como los opositores a este “primer peronismo”, usaban este hecho.
Todos estos recuerdos se me agolpaban en la memoria, al mismo tiempo que observaba como había crecido aquella pequeña, con la que bailara, en la recepción en la Escuela Normal cuándo se recibió de maestra, aquella maravillosa pieza de Glend Miller titulada “Serenata a la Luz de la Luna”.
Cuándo viajó a Rosario, para iniciar sus estudios de Psicología en 1960, yo ya estaba viviendo en Santa Fe, estudiando derecho y militando en la Confederación General Universitaria, la central universitaria que había sido prohibida, luego del golpe de 16 de setiembre de 1955,por su alineamiento con el gobierno del “tirano prófugo”,como decían los “golpistas”.
La misma había sido refundada, en la localidad cordobesa de Saldán, por un conjunto de compañeros entre los que recuerdo a Carlos “Quito”Burgos y Hugo Chumbita.
Nosotros habíamos constituido la Asociación Gremial de Estudiantes de Derecho, e intentábamos participar no sólo de las luchas que se libraban fuera de los centros de estudios, sino también de las actividades universitarias.
La decisión del gobierno de Arturo Frondizi de modificar la ley universitaria, autorizando el funcionamiento de universidades privadas y confesionales, generó una gran oposición en el movimiento estudiantil, que encabezado por la Federación Universitaria Argentina, reivindicaba la enseñanza gratuita, laica y obligatoria, consecuente con las banderas de la Reforma Universitaria de 1918.
Nosotros, teníamos un dilema, estábamos en contra de la privatización de la enseñanza, pero, a la vez, no nos podíamos sumar a la FUA, que había tenido un rol destacado en la caída del gobierno del General, por eso acuñamos la consigna “Ni Laica, ni Libre, estatal”.
Esto hacía que nos pusiéramos al margen de los enfrentamientos que signaron al movimiento estudiantil de esos años.
Cuándo comenzamos nuestra actividad en la Facultad y colocamos un pizarrón como las otras agrupaciones estudiantiles, algunos estudiantes, claramente antiperonistas, nos intentaron agredir lo que fue impedido por compañeros del recientemente constituido Movimiento de Liberación Nacional.
Este, encabezado por los hermanos Viñas, Ramón Alcalde y José Vazeilles, entre otros, lideraba una revisión crítica de la actitud de la izquierda frente al peronismo, por lo que empezamos a tener reuniones con ellos, que al mismo tiempo nos ayudaban a comprender el marxismo y a entender el panorama que se abría en el Continente, a partir del triunfo de la Revolución Cubana.
Como parte de las actividades conjuntas decidimos realizar un curso de materialismo histórico a cargo de León Rozichtner, que se dictaría en la Facultad de Ingeniería Química.
Al mismo tiempo que nosotros les mostrábamos las contradicciones en el seno del Movimiento y la presencia de una burocracia sindical y política, claramente alineada a la derecha, ellos nos proponían que revisáramos nuestra concepción con relación a la Reforma Universitaria, y estudiáramos la posibilidad de militar, con nuestra agrupación, en el seno del Centro de Estudiantes.
Todo este bagaje estaba presente en este regreso, y luego de conversar durante horas con la “Nena” y de enterarme que los compañeros o ex compañeros me aguardaban en Santa Fe para expulsarme de la Asociación por ser un “infiltrado castrista”, tuve la plena convicción que el camino estaría lleno de obstáculos pero que seguíamos pensando que la Liberación era posible.
En la próxima nota veremos como fue nuestro arribo a la ciudad del “puente colgante”, fundada por Juan De Garay en 1580.

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

Publicado por ARGENPRESS

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