Ángel Rodríguez Álvarez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

El 20 de mayo de 1902, con el acto formal de izar la bandera cubana, tomada las puntas de la driza por las venerables manos de Máximo Gómez, se instauró la República de Cuba.

La nueva nación mostraba rasgos que la identificaban como tal y permitían mirar con orgullo el estreno de los símbolos patrios y la pléyade de héroes, protagonistas y forjadores del rico legado político, encabezados por figuras de la talla universal de José Martí, y de prestigio continental como Antonio Maceo, Carlos Manuel de Céspedes, Máximo Gómez y otros muchos.
Todo eso, ciertamente, no era poco, mas cabría preguntarse si era suficiente para hablar a plenitud de independencia. La respuesta es de la mayor importancia ideológica.
En Miami y en la Casa Blanca, por ejemplo, conceden a la fecha extraordinaria relevancia, pues ellos “creen o quieren creer” que sí y, en consecuencia, lo celebran por todo lo alto, reuniendo a la “crema y nata” de la extrema derecha terrorista.
No dejan pasar la oportunidad de robustecer sus posiciones anexionistas e intentan justificar los pecados imperiales cometidos contra Cuba desde 1898 hasta nuestros días.
Creer en ese momento como el que marca la independencia de la mayor de las Antillas, es enmascarar la verdad histórica con la finalidad de falsear el papel de los Estados Unidos en el desenlace de los acontecimientos relacionados con el final de la guerra contra el colonialismo español.
Pero ahí están los elementos y todos los datos para demostrar que en 1898 los capitales estadounidenses controlaban ya alrededor del 70 por ciento de la principal y casi única industria cubana, la del azúcar, y las mejores tierras del país
Es ignorar que “otorgaron” la independencia en 1902 porque ya habían logrado crear los mecanismos de sujeción política, económica y jurídica para garantizar su dominio. A ese objetivo dedicaron los casi cuatro años de la intervención militar.
Disuelto ya el Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí, licenciado el Ejército Libertador e impuesta la Enmienda Platt, nada había que temer.
Tan escandalosa era la injerencia que el propio Leonard Word, uno de los encargados de instrumentar el engendro de nación, admitió en carta dirigida al presidente Teodoro Roosevelt: “Bajo la Enmienda Platt, por supuesto, le quedaba a Cuba muy poca, o ninguna independencia”.
Solo entonces organizaron las primeras elecciones, colocaron al frente del gobierno a un cubano nacionalizado norteamericano, residente en Estados Unidos durante los 25 años anteriores a su toma de posesión y ampliamente reconocido por sus ideas anexionistas.
Interminable puede ser la relación de hechos y datos confirmatorios de la gran mentira sobre el significado patriótico del 20 de mayo, ese que los anexionistas de entonces y los de ahora, celebran ruidosamente y hasta con nostalgia por los tiempos idos.
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