miércoles, 16 de mayo de 2012

Jorge Zavaleta Alegre (especial para ARGENPRESS.info)

El futuro de América Latina pasa por una perspectiva global. La Cuenca del Pacifico surge en este siglo como nuevo horizonte. Las relaciones económicas permitirán atraer capitales, tecnología y mercado para los productos exportables. Proyectos peruanos como el gasoducto sur andino y el consiguiente complejo petroquímico tienen la misma o mayor dimensión integradora que cumple la Panamericana y el tren de la Sierra Central al puerto del Callao.

Latinoamericana tiene hoy en día dos grandes oportunidades para ampliar sus relaciones comerciales. Centroamérica, a partir del Canal de Panamá, fortalece lazos con los Estados Unidos. Sudamérica vuelca sinergias con Brasil y sigue de cerca experiencias como la de Noruega y la de Tennessee, cuya canalización de su principal río permitió abundante energía y convertir el valle en fuente de gran riqueza, superando la pobreza dejada por la extracción minera.
El mundo ha cambiado. El contexto petrolero no es el mismo con relación a 1969. Las siete hermanas ya no son las principales petroleras. Si consideramos las reservas, las empresas privadas tienen un papel irrisorio. The Economist señala que las veinte primeras empresas petroleras mundiales por sus reservas: 16 son estatales, 3 privadas y una mixta.
Las principales empresas de hidrocarburos de nuestra Región son públicas. El Perú recién empieza su reactivación mediante asociaciones con inversionistas privados. Petroperú no cuenta con petróleo. En este contexto la modernización de Talara, la construcción del Gaseoducto Sur Andino y el consiguiente complejo petroquímico, son proyectos que le permitirán retornar al upstream, capacidad que le fue arrebatada en la década del noventa.
Resistencias
Pero esta nueva proyección empieza a tener resistencias desde los liberales fundamentalistas, ignorando que el sur andino representa el 23% de la población nacional, potencialmente muy rica en recursos, pero con una brecha sistémica, una deuda histórica dominada por la extrema pobreza.
Las dificultades económicas que atraviesan los Estados Unidos y Europa; el crecimiento de China e India, cual locomotora que consume materias primas de América Latina, ponen al descubierto el derrumbe del fundamentalismo liberal y dejando la evidencia de que la economía no puede ser entregada exclusivamente a manos del libre mercado.
El fetichismo del mercado ha obligado a que los dueños del capital pidan el socorro de los Estados y éstos tengan que recurrir a las arcas fiscales para y evitar el colapso del sistema financiero internacional, sacrificando presupuestos para atender irrenunciables derechos sociales.
Sin embargo, los grupos económicos beneficiados con los procesos de privatización, sobre todo en el Perú de fines del siglo pasado, tratan de mantener un Estado distante de la actividad productiva, avalando una burocracia empírica que se rebela contra la reforma del Estado y la consiguiente meritocracia.
Respuestas alentadoras
Como la economía política no es estática, en el Perú comienzan a emerger voces democráticas que alientan un modelo donde la empresa pública y privada formalicen alianzas para que los ciudadanos tengan acceso a los derechos esenciales, con igualdad de oportunidades.
Según el decano del colegio de Ingenieros de Lima, Luis Mejía – al inaugurar un primer debate sobre el gasoducto andino y el rol del Estado con Petroperú – es una oportunidad para el país, dentro de una visión global, que no debe ser marcada por el inmediatismo ni por la disputa ideológica.
Dicho foro, organizado por el Sindicato de Trabajadores Administrativos de la estatal Petroperú, rompe con el largo silencio de la academia, de los empresarios y de los partidos políticos. Participaron como expositores Humberto Campodónico presidente de Petróleos del Perú, el escritor y analista estratégico Alfredo Barnechea y panelistas como Miguel Vega, presidente de Capebras; Jorge Manco, investigador de la Universidad de San Marcos; Johnny Nahui, especialista en eficiencia energética y energías renovables y un amplio diálogo con numerosos asistentes.
En el mundo, las diez empresas más grandes con concesiones petroleras son estatales. En el Perú operan varias empresas públicas como ENAP de Chile, Ecopetrol de Colombia, Petrobras, entre otras. El mandato del actual gobierno peruano es poner el péndulo al centro. La Ley 29817 declara de necesidad pública el trasporte de hidrocarburos, y encarga una gestión a favor de la descentralización y a generar valor agregado al uso petroquímico.
En Ayacucho, tierra donde apareció el movimiento violentista Sendero Luminoso, no existen instalaciones de gas, no obstante que el gasoducto Camisea – Pisco atraviesa ese territorio.
El gasoducto andino es un mecanismo para construir mercado interno, y se espera que el gobierno otorgue las mismas facilidades que gozó el proyecto de exportación del gas de Camisea, con exoneración de impuestos de ocho años, convocatoria a Electroperú para producir energía con gas y una serie de mecanismos, de leyes y de normas que favorecieron a formar la cultura del gas para la comercialización externa.
El gasoducto andino debe superar aquel efecto histórico del fallido intento de la Confederación Peruano – Boliviana. En el 2004 el presidente boliviano Carlos Meza presentó al Perú el proyecto de integración gasífera señalando que “El Perú y Bolivia no tienen que unirse sino de reunirse”, propuesta que encontró el silencio de ministros peruanos como Pedro Pablo Kuczynski y Jaime Quijandría, que preferían Chile para hablar de un mejor mercado.
Sin energía no hay desarrollo. Los departamentos del sur representan el 12% del PBI. El gasoducto va a dinamizar la economía. En esta región hay proyectos mineros por más 30 mil millones de dólares, que podrían movilizar la demanda energética con la debida responsabilidad social y ambiental. Además en la selva central, una de las 18 cuencas gasíferas, hay suficientes reservadas probadas de gas que asegurarían el desarrollo sostenible, según precisa Perúpetro, la agencia nacional de hidrocarburos.
Petroperú debe conseguir la integración vertical. El gasoducto es una oportunidad de integración del país, bajo ideas sustanciales: competencia con el mercado de gas en la estructura Camisea – Pisco -Lima que abastece el centro del país. El fururo Eje Camisea – Cusco – Ilo, tendrá rápida repercusión en el parque automotor con gas del lote 88, con precio regulado como factor de estabilidad, que evitaría “gasolinazos” en esa zona.
Otra idea central. El Perú en los noventa fue más lejos de la privatización estableciendo un eje económico que plantea la supremacía de la ley de la oferta y la demanda. En el mundo hay varias escuelas económicas que coexisten, pero el problema se complica cuando una de ellas al proponer una salida, una solución, la considera como única.
En el lenguaje de los economistas se le conoce como Tina: “There is not another”: No hay alternativa salvo la que yo diga. Yo digo solo el mercado. Yo digo no a las empresas públicas. No debe haber salario mínimo. Lo que dice el otro está sencillamente equivocado.
Si persiste un solo tipo de planteamiento, tal actitud lleva a mesianismos y autoritarismos. El actual gobierno peruano propone en su hoja de ruta el planteamiento de encontrar un equilibrio del mercado. Tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario. Parece importante poder lograr ese equilibrio.
El mundo está viviendo una crisis donde hay demasiado déficit fiscal y es necesario austeridad. Estamos viviendo el coletazo de una sociedad que deja la autonomía de libre mercado, sobre todo en el sector financiero. Se crearon enormes salvatajes para los bancos, donde habría especulaciones hipotecarias. El estado creo una deuda importante. Queremos saber si hay elementos alternativos más allá de la austeridad y el equilibrio fiscal o que no importa que tengamos cinco…ocho años de desempleo, de crisis. Las recientes elecciones de Francia representan la misma búsqueda que hemos tenido en Perú. El objetivo es la sinergia con la empresa privada, poniendo a la empresa estatal como agente del Estado. El verdadero debate pasa por el desarrollo del sur andino, que tenga gas, unido al transporte, al polo petroquímico, al país. Debemos acercarnos no solo a un debate técnico sino a un debate sobre un proyecto importante para el Perú del siglo XXI.
Publicado porARGENPRESS
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