martes, 22 de mayo de 2012

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Frente al incremento de las demandas sociales a nivel global el G8 asegura desde la partida que no se les desarme el tablero. En cierta forma advierten de que en vez de mitigar recesión y estimular crecimiento, cualquier concesión podría crear expectativas para la rectificación más radical del actual modelo.

El planteamiento es claro. Existen condiciones más bien para un nuevo ajuste que para implementar el pacto social pendiente desde que se aplicó el gran ajuste estructural global en la década de 1980, 25 años atrás. La interpretación de que Angela Merkel, la jefa de estado alemana, estaría aislada en su postura de un ajuste más radical es un espejismo porque el diagnóstico de la economía mundial le favorece.
El FMI pronostica para 2012 un crecimiento global de 3.5 por ciento y en las economías industrializadas se estima un crecimiento levemente sobre el 2 por ciento para 2013. La elevada deuda fiscal en varios países como España, Grecia, Italia, Francia entre ellos, la disminución del volumen de liquidez bancaria en especial en la economía real y la reducción del gasto fiscal, todo combinado, contribuirá a la anunciada recesión de la Euro Zona en 2012 y que se puede prolongar hasta 2013.
No es la economía el dilema del G 8 que se reunió en Chicago recientemente, sino que la política. El esquema de gobernar el capitalismo y la democracia capitalista con órganos tan centralizados como el que refleja este grupo para dictar políticas públicas es una ruptura respecto a la carta de Naciones Unidas que aboga multilateralismo en la toma de decisiones globales. La proliferación de instancias como G8, G 20 y órganos intergubernamentales o regionales está sofocando esa vía.
Frente al conservadurismo galopante estimulado por la crisis financiera que estalla en 2008, el grupo de las ocho economías más desarrolladas decide montar medidas económicas igualmente conservadoras aunque menos agresivas en la dimensión social. No tienen otra alternativa para mitigar los efectos de la bomba social, porque las limitantes son mayores que las oportunidades.
Sin embargo el tema de modificar con cierta radicalidad el modelo está latente y en vez de abordarlo, se buscan medidas paliativas a través de combatir el desempleo, el ataque a la pobreza, educación, seguridad, innovación, entre otros paradigmas del desarrollo
La crisis financiera de 2008 demostró la carencia de mando político y de gestión que no se encontraba en la estructura del sistema económico. Desde la elite del poder económico se reaccionó para proteger el circuito inmediato de la supervivencia de modo que el “sistema no se detuviera” como fue la declaración de los banqueros. Se reclamó liderazgo político como si fuera algo externo. Esa misma elite que limitó la vía política y una mayor participación ciudadana en la gestión del nuevo orden económico internacional implantado, demandaba una urgente intervención política.
El argumento de que democracia y libre mercado pueden formar el sistema político que estimule la capacidad de las sociedades para absorber los ajustes fiscales y las reformas institucionales correspondientes ya no se sustenta. La actual situación de la economía ha hecho más visible una falla principal en el estado liberal y dos de sus pilares a los que recurre discrecionalmente en tiempos de crisis: autoritarismo económico y demagogia política.
Desde la aplicación del ajuste estructural en la década de 1980 estos dos argumentos fueron llevados a un extremo tal que ahora en 2012 se viven las consecuencias sociales. El problema central consiste en que el actual modelo económico no ha generado un sistema político que lo sustente socialmente. Las dificultades políticas de este modelo económico instaurado en las tres últimas décadas así lo demuestra
El primer capítulo se inaugura con el ajuste estructural de las economías a comienzos de la década de 1980. La medida se adopta sin consulta ciudadana. Es cuando la crisis financiera de la década anterior obliga a las economías a que el estado reduzca su rol económico a través de privatizaciones y desregulaciones. Este fenómeno fue global aunque la fuerza gravitacional estaba centrada en Estados Unidos y Europa.
Los países pobres y subdesarrollados debieron comenzar a pagar deudas, equilibrar sus cuentas y reducir el gasto fiscal. El proceso incitó a varios próceres del desarrollo a anticipar una debacle en el tren de progreso del control de las enfermedades y reducción de la mortalidad infantil. El segundo capítulo comienza con la crisis 25 años más tarde y se le solicita a ese estado ya debilitado que sostenga al sistema financiero.
El ajuste fiscal, la desregulación, la privatización a ultranza fueron aceptados políticamente y consolidados mientras se caía el andamiaje político que propendía a la estatización. Es así que esta fórmula instalada 25 años atrás es la misma que transpira detrás de la cosmética en la declaración final de esta cumbre en Chicago.

El corolario triste es que una vez más se constata un multilateralismo desmembrado en su rol político más básico como es el de instalar una agenda global relevante para desarrollar un nuevo pacto social a nivel global, que es la esencia de la carta fundamental de la ONU.

Publicado por ARGENPRESS

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