martes, 22 de mayo de 2012

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

Así comenzaba una carta abierta del Ejército Guerrillero del Pueblo firmada por el Segundo Comandante, como se reconocía Jorge Ricardo Masetti, fechada el 9 de julio de 1963, desde el campamento Augusto César Sandino, ubicado en la selva salteña, dirigida al recientemente electo presidente Arturo Humberto Illia.

En la misma, el compañero que lideraba esta organización señalaba: “la trayectoria de su vida indica que ha sido un hombre rebelde, aferrado a principios en los que creyó y de los que no se apartó jamás”. Sin embargo, continuaba diciendo, “es usted el producto del mas escandaloso fraude electoral”.
En las elecciones realizadas unos días antes había sido electo el candidato de la UCR con el peronismo proscrito y con sólo algo mas del 25 % de los votos, por lo que estos compañeros entendían que estaba deslegitimado y que era absolutamente procedente iniciar la actividad guerrillera.
Esta presencia nos confirmó que mientras nosotros entrenábamos en La Habana en 1962, y se frustraba el objetivo de construir un Frente de Liberación que iniciara la lucha revolucionaria en el país, por el sectarismo y la intervención del enviado del General Perón, Héctor Villalón Masetti, junto con varios compañeros que incluso habían acompañado a este en la creación de la agencia Prensa Latina, se sumaban al Frente de Liberación que combatía en Argelia al colonialismo francés.
De esta forma se preparaban para comenzar su actividad en la Argentina.
Para nosotros esta irrupción nos generaba un conflicto, por un lado el Che Guevara que respaldaba y apoyaba al EGP y sentía mucha simpatía por Masetti, le había pedido a Alicia Eguren y a John William Cooke que colaboraran con él, y le prestaran apoyo logístico.
Por otro lado en ese momento estábamos sentando las bases de la corriente revolucionaria del peronismo que reconocía el liderazgo de Alicia y John, en la que si bien compartíamos la idea de que la lucha por una nueva sociedad y contra la dependencia debía transitar el camino de la acción armada, entendíamos que las elecciones recientes -7 de julio de 1963- creaban un nuevo escenario en el país a tener presente.
En la primera reunión que se realizó en Buenos Aires me encontré con compañeros queridos que conformaban el núcleo central del APR.
Allí estaban Roberto Sinisgaglia, un abogado recibido en Santa Fe con el que compartimos un pasado común en la CGU, Molinas -el “ negro”- secretario general del Sindicato de Barraqueros de Avellaneda, Carlos Laforgue que era el hombre de confianza de Alicia y de John, Max y su compañera Clarita y un dirigente del gremio de la carne de apellido Vázquez.
En el encuentro dimos un informe sobre el avance en la construcción de la Juventud Universitaria Peronista y las alianzas, no sólo con los compañeros de Palabra Obrera, sino también con una corriente que lideraba la Federación Universitaria de Córdoba encabezada por Abraham Kozak y con militantes que se habían escindido del Partido Comunista, dirigidos por Juan Carlos Portantiero y José Aricó.
En Buenos Aires teníamos núcleos en Filosofía y Letras, en Ciencias Económicas, en Arquitectura y en Medicina, que se reconocían como integrantes de la JUP.
Luego John planteó la necesidad de analizar que haríamos para apoyar logísticamente a los compañeros del EGP.
Previo a abrir el debate empezó a describir al Comandante Segundo, sus orígenes políticos y la confianza que se había ganado, de una gran parte de la dirigencia cubana.
Este había nacido en Avellaneda en 1929 y muy joven se integró a la Unión Nacional de Estudiantes Secundarios -UNES- participando en las movilizaciones previas al 17 de octubre de 1945.
Se autodefinía como nacionalista, y planteaba un apoyo crítico al gobierno del General Perón.
Su pasión por el periodismo lo llevó a ingresar al diario “El Laborista”, y durante el “primer peronismo” trabajó en diferentes publicaciones, dirigiendo en 1955, en los meses previo al golpe contrarrevolucionario del 16 de setiembre, la revista “Cara y Ceca”, en la que participaban, entre otros, Alejandro Doria y Fermín Chávez.
A medida que el “Bebe”, como llamaban a Cooke, Alicia y sus amigos, seguía dando detalles del compañero que en esos días caminaba por la selva salteña, me sentía mas identificado con él y con su historia, ya que yo había hecho un proceso similar, del nacionalismo al apoyo a la revolución cubana y al marxismo.
Luego de que Masetti lograra en 1958 dos extraordinarios reportajes a Fidel y el Che, en la Sierra Maestra que recorrieron el Continente y se escucharon en toda Cuba, volvió a La Habana, días después del ingreso de los revolucionarios a la ciudad.
Allí en largas conversaciones con el Che, este le encomendó la tarea de armar una agencia de prensa que enfrentara la manipulación informativa de las grandes corporaciones manejadas por el imperio.
Así nació Prensa Latina, participando en este desafío informativo, entre otros, nuestros compatriotas Rodolfo Walsh y Paco Urondo, el poeta uruguayo Carlos María Gutiérrez y el escritor colombiano Gabriel García Marquez.
Los conflictos que tuvo que sortear en esta construcción, sus enfrentamientos con periodistas cubanos que respondían el Partido Socialista Popular -el viejo partido comunista que adoptara esta denominación durante el período del “browderismo”-, determinaron que renunciara a la dirección de la Agencia y pasara a participar en otros proyectos de la dirigencia revolucionaria, primero en Argelia y luego en nuestro país.
En esos días en que analizábamos este escenario, la guerrilla ya operando en Salta y la Gendarmería cercando a la misma, se producía la llegada a la Casa Rosada del recientemente electo Arturo Humberto Illia, el que anunciaba el levantamiento de la proscripción que pesaba sobre el peronismo y la anulación de los contratos petroleros suscriptos por Arturo Frondizi: dos decisiones claramente progresistas.
En nuestro encuentro evaluamos todos estos elementos, Alicia y John disentían con la dirigencia burocrática sindical y política del Movimiento, que persistía en calificar al gobierno radical como ilegítimo, sin tener presente las medidas que estaba adoptando el mismo.
Entendíamos la inoportunidad del accionar del EGP, pero no pensábamos, como lo hacían las expresiones de la izquierda tradicional reformista -que eran “agentes desestabilizadores, que le hacían el juego a la derecha”-.
Se trataba de compañeros probados, a los que se sumaban dos fogueados combatientes de la columna del Che, y formaban parte de un proyecto que tenía que ver con la decisión de Fidel y de nuestro compatriota, con el respaldo de la dirigencia del primer “país socialista de América”, de impulsar el desarrollo de movimientos revolucionarios en todo el Continente y en el Tercer Mundo.
Ante este dilema, la opción era clara. Teníamos que elaborar acciones concretas dirigidas a respaldar a estos compañeros, sin perder de vista el contexto político nacional e internacional, y nuestro desarrollo en los diferentes frentes: sindical, estudiantil, barrial, etc.
Cómo lo fuimos resolviendo, será el tema de nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

Publicado por ARGENPRESS e

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