Reiventando la educación

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La educación reinventada nos debe ayudar en la descolonización y la superación del pensamiento único, aprendiendo con las diversidades culturales y sacando provecho de las redes sociales. De este esfuerzo podrán nacer entre nosotros los primeros brotes de otro paradigma de civilización.

 

Leonardo Boff / Servicios Koinonia
Muniz Sodré, profesor titular de la Universidad Federal de Río de Janeiro, es una persona que sabe mucho, pero lo singular de él es que piensa, como pocos, lo que sabe. El fruto de su pensar es un libro notable que acaba de salir: Reinventando la educación: diversidad, descolonización y redes (Vozes 2012).
En ese libro procura enfrentarse a los desafíos planteados a la pedagogía y a la educación que se derivan de los distintos tipos de saberes, de las nuevas tecnologías y de las transformaciones promovidas por el capitalismo. Todo esto a partir de nuestro lugar social que es el hemisferio sur, un día colonizado, que está pasando por un interesante proceso de neodescolonización y por un enfrentamiento con el debilitado neoeurocentrismo, hoy devastado por la crisis del euro.
Muniz Sodré analiza las distintas corrientes de la pedagogía y de la educación desde la paideia griega hasta el mercado mundial de la educación, que representa una burda concepción de la educación utilitarista, al transformar la escuela en una empresa y en una plaza de mercado al servicio de la dominación mundial.
Desenmascara los mecanismos de poder económico y político que se esconden detrás de expresiones que están en la boca de todos, como «sociedad del conocimiento o de la información». En otras palabras, el capitalismo-informacional-cognitivo constituye la nueva base de la acumulación del capital. Todo se ha vuelto capital: capital natural, capital humano, capital cultural, capital intelectual, capital social, capital simbólico, capital religioso… capital y más capital. Por detrás se oculta una monocultura del saber maquinal, expresado por la «economía del conocimiento» al servicio del mercado.
Hoy en día se ha planeado un tipo de educación que busca la formación de cuadros que prestan «servicios simbólico-analíticos», cuadros dotados de alta capacidad de inventar, de identificar problemas y de resolverlos. Esta educación distribuye conocimientos de la misma forma que una fábrica instala componentes en la línea de montaje.
De esta manera la educación pierde su carácter de formación. Cae bajo la crítica de Hannah Arendt que decía: se puede seguir aprendiendo hasta el fin de la vida sin educarse jamás. Educar implica aprender a conocer y hacer, pero sobre todo aprender a ser, a convivir y a cuidar. Implica construir sentidos de vida, saber tratar con la compleja condition humaine y definirse frente a los rumbos de la historia.
Lo que agrava todo el proceso educativo es el predominio del pensamiento único. Los norteamericanos viven de un mito y del «destino manifiesto». Imaginan que Dios les reservó un destino, el de ser el «nuevo pueblo escogido» para llevar al mundo su estilo, su modo de producir y consumir ilimitadamente, su tipo de democracia y sus valores del libre mercado. En nombre de esta excepcionalidad intervienen en el mundo entero, con guerras incluso, para garantizar su hegemonía imperial sobre todo el mundo.
Europa todavía no ha renunciado a su arrogancia. La Declaración de Bolonia de 1999 que reunió a 29 ministros de educación de toda Europa afirmaba que sólo ella podría producir un conocimiento universal, capaz de ofrecer a los ciudadanos las competencias necesarias para responder a los desafíos del nuevo milenio. Antes, la imaginada universalidad secundaba los derechos humanos y estaba presente en el propio cristianismo con su pretensión de ser la única religión verdadera. Ahora, la visión es de menor alcance, sólo Europa garantiza eficacia empresarial, competencias, habilidades y destrezas que realizarán la globalización de los negocios. La crisis económico financiera actual está volviendo ridícula esta pretensión. La mayoría de los países no saben cómo salir de la crisis que han creado. Prefieren lanzar a sociedades enteras al desempleo y la miseria para salvar el sistema financiero especulativo, cruel y sin piedad.
Muniz Sodré plantea en su libro estas cuestiones para la realidad brasileña con el fin de mostrar qué desafíos debe afrontar nuestra educación en los próximos años. Ha llegado el momento de asumirnos como pueblo libre y creativo y no un mero eco de la voz de los otros. Rescata los nombres de educadores que pensaron una educación adecuada a nuestras virtualidades, como Joaquim Nabuco, Anísio Teixeira y particularmente Paulo Freire. Darcy Ribeiro hablaba con entusiasmo de la reinvención de Brasil a partir de la riqueza del mestizaje entre todos los representantes de los 60 pueblos que vinieron a nuestro país.

La educación reinventada nos debe ayudar en la descolonización y la superación del pensamiento único, aprendiendo con las diversidades culturales y sacando provecho de las redes sociales. De este esfuerzo podrán nacer entre nosotros los primeros brotes de otro paradigma de civilización que tendrá como centralidad la vida, la humanidad y la Tierra, la que algunos llaman también civilización biocentrada.

“Hay que priorizar la construcción de una contrahegemonía cultural”

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En esta entrevista concedida a la revista argentina Debate, Nils Castro, escritor y diplomático panameño, plantea los avances, las limitaciones y los desafíos de la izquierda latinoamericana.

 

Manuel Barrientos / Debate
El escritor panameño Nils Castro
“Mientras el papel de las derechas es reproducir el pasado, el de las izquierdas es producir el futuro”, escribe el escritor y diplomático panameño Nils Castro en su nuevo libro, Las izquierdas latinoamericanas en tiempos de crear, editado por la Universidad de San Martín y que cuenta con prólogos de Marco Aurélio Garcia -asesor especial en política exterior de la presidenta brasileña Dilma Rousseff- y del ex canciller argentino Jorge Taiana.
En su visita a la ciudad de Buenos Aires, Castro recibe a Debate en un hotel céntrico y se brinda a una larga charla en la que traza los rasgos comunes que tienen las presidencias de perfil de centroizquierda o progresista que gobiernan la mayoría de los países latinoamericanos, evalúa sus límites (“llegaron al gobierno pero no al poder”, advierte) y analiza las asignaturas que aún están pendientes, luego de casi tres décadas del retorno de la democracia y de las experiencias neoliberales que atravesaron a toda la región.

América Latina ofrece un panorama impensado en la década del noventa, con mayoría de presidencias de izquierda o progresistas. Más allá de las particularidades de cada caso, ¿qué rasgos comunes pueden encontrarse entre estos gobiernos?
En los ochenta y los noventa padecimos la oleada neoliberal, que tuvo costos altísimos en materia de empleo, de salarios, de seguridad social. Y los ciudadanos votaron en contra de todos los liderazgos y partidos que habían sostenido y administrado ese proceso. Así que estas izquierdas progresistas llegan al gobierno no tanto porque vienen ofreciendo un proyecto nuevo, como sucedía en los sesenta o setenta, sino como una reacción de repudio social a lo existente. Por tanto, son gobiernos que vienen a reparar un desastre producido en los veinte o treinta años anteriores y ofrecen a la sociedad una agenda de reparación de desastres, más que de transformación. Pero este fenómeno provoca distintos efectos.

¿Cuáles serían?
Por un lado, estos gobiernos coinciden en la necesidad de incrementar la solidaridad y la integración latinoamericana, y han fortalecido el Mercosur y crearon la Unasur y la Celac. Se fortaleció el papel de América Latina como bloque en el plano internacional, rescatando cuotas de soberanía y autodeterminación, sacrificadas también durante los años anteriores. Y se dan en coincidencia con el hecho de que ha mermado la soberanía estadounidense, sea en el plano militar, político, económico o estratégico. Ahora el tema es si -más allá de esta primera etapa de reparación de errores y daños pasados-, la izquierda logrará generar un proyecto estratégico que trascienda este período y se oriente hacia las metas históricas de la izquierda. Es decir, una transformación social en favor de la igualdad y del derecho a la ciudadanía. Y esa agenda de más largo plazo hoy no parece existir.

¿Por qué no se ha logrado establecer esa agenda?
En los ochenta no sólo se desplegó la ofensiva neoconservadora de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, sino que también se dio el desmoronamiento del llamado bloque del socialismo real y los proyectos guerrilleros no tuvieron éxito en la mayoría de los países latinoamericanos. Así que para los años noventa, teníamos un desastre social, una pérdida de referentes y un estado de desorientación de la izquierda. A partir del actual siglo, se observa una presencia creciente de gobiernos progresistas. Al repudiar lo existente, los electores apelan a elegir a figuras que vienen de la izquierda, pero que ya no tienen esos proyectos rupturistas de alta densidad de los años sesenta y setenta, sino que llegan con proyectos alternativos de baja tensión, dando la seguridad de que se preservarán las normas democráticas, de que serán prudentes, de que no habrá hiperinflación. Y este esquema avanzó bien, pero la preocupación del libro es qué va a pasar después, porque la derecha se va a recomponer, porque no ha sido derrotada, sino que sólo fue vencida en algunas elecciones.

¿Por qué avizora un reposicionamiento de la derecha?
Porque conservan su capital, sus recursos financieros, sus muy poderosos recursos mediáticos. Así que tienen los recursos necesarios para recomponer su imagen y su discurso, para crearse nuevos mitos, como los que generaron Sebastián Piñera en Chile o Ricardo Martinelli en Panamá. Me refiero a esa idea de que no son “políticos”, sino empresarios exitosos; y que, como son ricos, no necesitan robar. Un mito que señala que son buenos administradores de empresas y que, por tanto, van a hacer lo mismo con el Estado. A poco de estar tres años en el gobierno, quedó demostrado que son mitos falsos. Pero la derecha se recompondrá y nosotros, desde las izquierdas, debemos ser capaces de superarla, aunque no tengamos sus mismos recursos mediáticos ni financieros. Debemos hacer ejercicio de nuestra capacidad de innovación, de imaginación, y refrescar nuestros lenguajes y nuestras propuestas.

Usted plantea que estos gobiernos progresistas lograron grandes avances en la lucha contra la pobreza y el hambre, pero que encuentran obstáculos a la hora de generar mecanismos más igualitarios de distribución del ingreso. ¿A qué se debe esta dificultad? ¿Qué nuevos instrumentos se requieren?
Son gobiernos con grandes limitaciones. Y parte de esas limitaciones son que no existe un proyecto estratégico, o de que recién existen atisbos de un proyecto. Pero otro problema es que estos gobiernos fueron electos dentro de un sistema político y electoral ya existente, con una democracia que tiene restricciones importantes. En muchos países, provienen de procesos de negociación con los militares o las oligarquías. Entonces, se llega al gobierno dentro de un marco que está acotado por estas circunstancias. Lula da Silva o Dilma Rousseff, por ejemplo, hicieron elecciones gigantescas, pero no poseen mayoría parlamentaria, tienen a la Corte Suprema en contra y no gobiernan la mayoría de los Estados o los municipios. Por tanto, están sujetos a una perpetua negociación con los partidos del centro y la derecha para ir sacando adelante cada proyecto de ley, que luego quedan mutilados por esa propia negociación. Es decir, llegan al gobierno pero no llegan al poder. De todas formas, hubo diferentes formas de acceder al gobierno y eso ha marcado también los desenvolvimientos posteriores.

¿Qué marcas establecen esas divergencias en el punto de partida?
En algunos casos, la situación social era tan escabrosa y las reacciones populares fueron tan fuertes, que hubo sublevaciones urbanas que derrocaron gobiernos, pero que no necesariamente estaban en condiciones de reponer el régimen existente por otro distinto. Al grito del “Que se vayan todos” se echó a un gobierno, pero no existían los recursos de cultura política adecuados para satisfacer ese clamor popular. Entonces, el sistema sigue siendo el mismo, aunque permitió la llegada de gobiernos de corte progresista. En cambio, en otros lugares, como Venezuela, Bolivia, Ecuador, la convulsión fue tan grande que permitió procesos constituyentes que remataron en una reforma del Estado. Allí esos gobiernos pueden ser más radicales en la reconstrucción social, porque se doblegó el sistema político tradicional. Y en otros países, como Brasil, Uruguay, Chile, el sistema político quedó intacto y deben gobernar dentro de esos márgenes. En ese sentido, se debe analizar cuál es la cultura política vigente en cada país, y no me refiero sólo a qué piensan los intelectuales sobre la política, sino a las emociones y las reacciones de la gente frente a las fuerzas políticas, a sus maneras de votar.

Usted indica que esa “batalla cultural” está aún lejos de ser ganada por esas fuerzas de izquierda.
Hay una cultura política que tiene una fuerza inercial antigua pero muy importante que conduce los comportamientos de los electores. Probablemente, éstos quieran una sociedad más igualitaria, más equitativa, más justa, pero aún conservan mucho temor a los radicalismos, o a ciertos efectos perversos como la hiperinflación, y no quieren volver a pasar sustos o sobresaltos de esa naturaleza. Entonces, eso muestra que hay una batalla cultural que aún se debe dar para poder reformar el sistema político y fijar un nuevo proyecto. Y ésa es una de las tesis del libro: en la etapa que viene hay que priorizar el trabajo de construcción de contrahegemonía cultural, como la denominaba Antonio Gramsci. Para eso, tenemos que discutir e ir abriendo otras opciones de creación de propuestas. Se necesita un proyecto de coherencia, que presente similitudes en los países vecinos para poder seguir actuando en bloque. Pero no se puede avanzar sólo con críticas; hay que avanzar con propuestas que convenzan a la gente y que sean comunicadas de forma persuasiva.

En las últimas décadas surgieron nuevos actores políticos y movimientos sociales que, en algunos casos, han tenido relaciones tensas con estos gobiernos progresistas. ¿Cómo se construyen canales de diálogos entre todos esos sectores?
Nadie construye un nuevo proyecto a solas, desde un panorama de sectarismos. Hay que empezar por tender puentes y comunicarse con las otras corrientes progresistas o de izquierdas. Si hay cosas en las que no nos entendemos, no dependamos de ellas y actuemos en cooperación en aquellos temas en los que sí nos comprendemos. Hay que volver a ampliar el diálogo, porque estos esfuerzos para la construcción de proyectos estratégicos deben ser entre muchas corrientes y no se pueden dar con base en la hegemonía de ninguna de ellas. También hay que empeñarse en el diálogo con las generaciones más jóvenes. Uno de los problemas que arrastramos desde los setenta es que los intelectuales escribimos los unos para los otros, en una especie de circuito cerrado en el que tal vez se producen buenas ideas, pero que resulta críptico para quienes no están iniciados.

Uno de los dilemas en el que están absortos estos gobiernos es que no sólo gobiernan con los sistemas políticos previos sino también bajo los sistemas económicos establecidos por las dictaduras, con industrias extractivas o esquemas de reprimarización. ¿Cómo se resuelva esa paradoja?
Es un problema grande, y está vinculado con la falta de un proyecto alternativo. En el plano académico, el neoliberalismo está desacreditado, tanto por sus propias deficiencias teóricas como por las ostensibles catástrofes ocurridas. Sin embargo, las reglas básicas del comportamiento económico internacional están vigentes, como el extractivismo o los commodities. Es decir, la forma en la que el neoliberalismo organizó la globalización actual. Y de eso no hemos salido. Si bien ahora hay gobiernos progresistas en algunos Estados-nación, la red internacional sigue administrada por las grandes corporaciones transnacionales. Y está intacta. Por tanto, cada gobierno progresista es prisionero de ese contexto global. Todavía falta una acción por desempeñar como bloque para cambiar esas reglas de juego a nivel global. Por eso es importante consolidar la Unasur o crear la Celac, porque hay una gran batalla para dar. Aunque Estados Unidos y Francia estén debilitados, pero no tanto Alemania, siguen dirigiendo el juego. Se trata de un aspecto deficitario, porque hoy no basta con tener éxito en los procesos nacionales, hay que lograr democratizar el sistema de Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad. Y estamos lejos de eso.

Uno de los aspectos más valiosos del libro es la recuperación de la idea de futuro para la izquierda. ¿Cómo se avanza en la construcción de ese relato colectivo?
El fracaso de la Unión Soviética y la falta de éxito de los proyectos guerrilleros nos dejaron con la psicología de que el papel de las izquierdas frente a esa ofensiva abrumadora de la derecha era sólo el de la resistencia. Y algún día tenemos que salir de la trinchera y empezar a ganar terreno. Estamos ante esta oportunidad. Hay que restablecer esperanzas y optimismos, porque el rol de la izquierda es cambiar las condiciones existentes, transformar la realidad. Para eso se requiere imaginación, exploración, creación e innovación. Pero es, también, una incursión en un mundo de mucha incertidumbre y de mucho riesgo.

¿Por qué?

Cuando uno propone una manera de cambiar las cosas, está apostando a algo que no existe y que puede o no resultar. Es un mundo plagado de preguntas. En cambio, la derecha maneja todas las respuestas y sabe lo que quiere, porque ya lo tiene. Sólo necesita reproducirlas. Tal vez requiera de aggiornamientos, pero no deja de ser siempre más de lo mismo; son cambios gatopardistas, sin riesgos. Pero ahora sabemos que uno de los problemas graves es dar sustentabilidad a ese proyecto, porque no basta con tomar el cielo por asalto. Hay que lograr que la gente lo quiera sostener y que viva mejor económicamente. Siempre recuerdo que, no hace muchos años, le pregunté a un dirigente chino si lo que estaban haciendo no era, en realidad, una restauración capitalista. Y él me respondió: “En los últimos veinte años, trescientos millones de chinos salieron de la pobreza. ¿No era para eso que queríamos hacer la revolución?”. Es decir, si el proyecto no reivindica la calidad de vida de la gente, aunque logre conservar el poder, no será exitoso. Tiene que realizar los sueños del pueblo, no los sueños de los dirigentes.

La Universidad Popular desde José Carlos Mariátegui

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Dialogaremos en esta oportunidad con el Amauta, quien a través de tres breves artículos colocó el tema de la educación en el foco de atención de un sistema que empezaba a mercantilizar las relaciones sociales y de producción; realidad que no solo se multiplicó, sino que se extiende y defiende hasta el día de hoy, encontrando su persistente talón de Aquiles en el movimiento estudiantil.

 

José Toledo Alcalde / Especial para Con Nuestra América

“Todas las investigaciones de la inteligencia contemporánea sobre la crisis mundial desembocan en esta unánime conclusión: la civilización burguesa sufre de la falta de un mito, de una fe, de una esperanza.”
José C.  Mariátegui (El Hombre y el Mito, 1925)
José Carlos Mariátegui
La innoble mercantilización de la educación y el racional pragmatismo de lo que otrora fue el apostolado pedagógico es motivo suficiente para ver con esperanzas el reverdecer de la praxis revolucionaria del estudiantado en América Latina. De allí la necesidad de redescubrir líneas de reflexión y acción consecuente en personajes como Clorinda Matto de Turner (1852-1909); Gabriela Mistral (1889-1957); Mercedes Cabello Llosa de Carbonera (1945-1909); Manuel Gonzales Prada (1844-1908); José Julián Martí Pérez (1853-1895); José Carlos Mariátegui (1894-1930);   Alfredo Lorenzo Palacios (1880-1965), José María Albino Vasconcelos Calderón (1882-1959) y José Ingenieros (1877-1925) entre otras y otros.
A la luz del testimonio histórico de hermanos y hermanas como los citados, señalamos que el protagonismo revolucionario estudiantil en América Latina es  una constante histórica que se prolonga y empodera a paso  acelerado. La organización estudiantil latinoamericana marcó las primeras décadas del siglo pasado cruzando transversalmente el quehacer político nacional, transbordando sus límites y contagiando a los demás pueblos de la región. La insurgencia del estudiantado cordobés en la Argentina de 1918 (Manifiesto de Córdoba, 21/06/18)[1] no fue ajeno a lo vivido en Perú (Cuzco, 1918); Chile (1920); México (1921; 1929 y 1933); Colombia (Bogotá, 1922); Cuba (La Habana, 1923); Paraguay (1927); Bolivia (1928). Una suerte de  red insurgente estudiantil desenvainó la revuelta socio-política que a más de un gobierno liberal hizo tambalear.
Muchos coinciden que el cubano José Martí y el peruano Manuel González Prada proporcionaron los valores fundantes, éticos, ideológicos, políticos y filosóficos al movimiento estudiantil latinoamericano. De la misma forma, fue el Manifiesto Cordobés (1918) que influyó, como reacción en cadena, en las demás organizaciones estudiantiles de América Latina. Sin contar con la velocidad vertiginosa de la tecnología del siglo XXI; las redes de comunicación panamericana (estudiantil y laboral) sostuvieron la estructura revolucionaria del movimiento obrero  y estudiantil en América Latina.
Obras de Manuel Gonzales Prada como Paginas Libres (1894) y Horas de Lucha (1908) poseen la extraordinaria virtud de proporcionar al imaginario colectivo latinoamericano la posibilidad de unir esfuerzos, sin jerarquías de por medio, en torno a un solo sentimiento la construcción de una sociedad latinoamericana justa, genuina y soberanamente autónoma. En “El Intelectual y el obrero” (1 de Mayo de 1905) Gonzales Prada, frente a la Federación de obreros panaderos, trazo el itinerario  político-ideológico de lo que vendrían ha convertirse, años posteriores, en las Universidades Populares.
Es en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes Peruanos celebrado en la ciudad del Cuzco-Perú (11-20 de Marzo de 1920) en donde se aprobó la creación de las Universidades Populares.  Es el líder estudiantil peruano Víctor Raúl Haya de la Torre quien funda – en su casa de Villa Mercedes (Vitarte-Lima) – la primera Universidad Popular “González Prada” (UPGP- 1921). Cabe  resaltar que en 1916 Haya de la Torre llevó adelante la creación del Centro Universitario de Trujillo su ciudad  natal, esta sería la antesala de las futuras Universidades Populares (UP). Por otro lado, el 22 de julio de 1922 se nomina “González Prada” a la UP (UPGP); estuvo presente en la ceremonia la viuda de González Prada, Adriana de Veneuil de González Prada.
El 23 de Mayo de 1923 las Universidades Populares en el Perú y el movimiento obrero se manifiestan en las calles en contra de la propuesta de Augusto Bernardino Leguía de consagrar la Nación al Corazón de Jesús. La represión militar fue atroz; fueron asesinados – en el jirón Azángaro del centro de Lima – Salomón Ponce (obrero) y Manuel Alarcón Vidalón (estudiante). Lo inverosímil de la situación es que el mismo Leguía, quien en el Congreso Estudiantil en el Cuzo (1920) fue designado Maestro de la Juventud,  a su vez contó con el apoyo de Haya de la Torre y estudiantes pequeños burgueses de la Universidad de San Marcos, a quienes, dicho sea de paso, les costeo los pasajes y estadía en la ciudad del Cuzco.[2]
El Amauta regresa de Europa el 20 de Marzo de 1923, en compañía de su esposa  Anna Chiappe. En relación al levantamiento obrero-estudiantil del 23 de Mayo de 1923 Eugenio Chang-Rodríguez delinea la negativa del Amauta en participar de dicha movilización: “Una tarde, Víctor Raúl Haya de la Torre al salir de visitar El Tiempo, principal diario antigubernamental, se encontró con José Carlos y le habló de la jornada que estaba organizando contra la dedicación del Perú al Sagrado Corazón de Jesús por Leguía y el Arzobispo de Lima. Mariátegui declinó colaborar, alegando que era “una lucha liberalizante y sin sentido revolucionario”.[3]
Como resultado de dicha jornada, el 25 de Mayo y  luego que Ponce y Alarcón fueron enterrados, Haya de la Torre pasó a la clandestinidad. El 3 de Octubre Haya de la Torre fue  capturado y llevado al penal de la isla San Lorenzo. Las instalaciones de las UP son allanadas, los sindicatos de obreros reprimidos drásticamente. Las UP asumen, juntamente con los el movimiento de obreros, las manifestaciones de protesta en contra del régimen dictatorial de Leguía. Haya de la Torre asume en prisión una huelga de hambre de 5 días. Debido a la fuerte presión del movimiento estudiantil-obrero el régimen resuelve deportarlo a Panamá.
Fue el mismo Haya de la Torre quien invitó al Amauta Mariátegui a participar de las Universidades Populares Gonzales Prada (UPGP). El programa de   conferencias en las UPGP fueron publicadas en el Diario Claridad (Julio, 1923). Entre los tópicos – que en tiempo fueron modificados – encontramos los siguientes: La guerra europea; la revolución Rusa; la Revolución Alemana; la Paz de Versalles; la agitación proletaria en Europa; el problema de las reparaciones; la crisis de la democracia; la paz de Sévres; la crisis filosófica; la repercusión de la crisis en América y la síntesis de la situación actual de Europa.
La primera conferencia de las UNPG data del 15 de junio de 1923. Fue el Amauta quien abrió el ciclo de “conversaciones” – como prefirió llamar a las conferencias – con “La crisis y el proletariado peruano”.[4] En las propias palabras de Mariátegui:
La única cátedra de educación popular, con espíritu revolucionario, es esta cátedra en formación de la Universidad Popular. A ella le toca, por consiguiente, superando el modesto plano de su labor inicial, presentar al pueblo la realidad contemporánea, explicar al pueblo que está viviendo una de las horas más trascendentales y grandes de la historia, contagiar al pueblo de la fecunda inquietud que agita actualmente a los demás pueblos civilizados del mundo.
En su catedra inaugural  dejó en claro el rol protagónico del movimiento obrero en el proceso de transformación en la cual se veía sumirse a la sociedad latinoamericana con la apertura de las UPGP. La formación académico-intelectual se extendería al movimiento no considerado académico, el mundo del trabajador y la trabajadora manual. Pasaría de ser un viejo ideal anarquista a materializarse en las UP:
En esta gran crisis contemporánea el proletariado no es un espectador; es un actor. Se va a resolver en ella la suerte del proletariado mundial. De ella va a surgir, según todas las probabilidades y según todas las previsiones, la civilización proletaria, la civilización socialista, destinada a suceder a la declinante, a la decadente, a la moribunda civilización capitalista, individualista y burguesa. El proletariado necesita, ahora como nunca, saber lo que pasa en el mundo. Y no puede saberlo a través de las informaciones fragmentarias, episódicas, homeopáticas del cable cotidiano, mal traducidas y peor redactadas en la mayoría de los casos, y provenientes siempre de agencias reaccionarias, encargadas de desacreditar a los partidos, a las organizaciones y a los hombres de la Revolución y desalentar y desorientar al proletariado mundial.
Lejos de los gurúes de finales siglo XX e inicios del XXI, “luminarias” que hicieron y pretenden seguir haciendo de la racionalidad científica la fuente de inspiración de los nuevos tiempos;  aportes como los del Amauta fueron propuestos sin fecha de caducidad. Son principios que nacieron en un contexto histórico determinado desde la resistencia obrero – estudiantil ante la presencia excluyente de un colonialismo nacional y extranjero ajeno a los intereses de las grandes mayorías empobrecidas. Mariátegui, no aceptó la invitación a las UPGP como quien debiera traer el conocimiento; el Amauta propuso una pedagogía de la liberación mucho antes que la pedagogía del oprimido de Paulo Freire (1921-1997) viera la luz en 1968 o el teatro del oprimido (Fábrica de Teatro Popular) de Augusto Boal (1931-2009) irrumpiera los escenarios cotidianos de la periferia brasilera.
El Amauta asumió el desarrollo de un quehacer pedagógico desde la construcción del conocimiento entendido como proceso histórico del y al interior del movimiento social. Él tenía en claro que valerse solo del tiempo y del espacio como dimensiones referenciales – para el analizar el fenómeno educativo -  sería una aproximación sesgada; el movimiento social le otorgó la gravitación histórica antagónica al statu quo.
La pedagogía del statu quo, el  Stablishment, de la Real Politik, alejaba las pretensiones de liberación de los grupos sociales históricamente relegados. El quehacer pedagógico del  Amauta lo ubicó dentro del precario proletariado peruano como clara muestra del intelectual orgánico de Antonio Gramsci, como sujeto educador-educando integrado:
Yo dedico, sobre todo, mis disertaciones, a esta vanguardia del proletariado peruano. Nadie más que los grupos proletarios de vanguardia necesitan estudiar la crisis mundial. Yo no tengo la pretensión de venir a esta tribuna libre de una universidad libre a enseñarles la historia de esa crisis mundial, sino a estudiarla yo mismo con ellos. Yo no os enseño, compañeros, desde esta tribuna, la historia de la crisis mundial; yo la estudio con vosotros. Yo no tengo en este estudio sino el mérito modestísimo de aportar a él las observaciones personales de tres y medio años de vida europea, o sea de los tres y medio años culminantes de la crisis, y los ecos del pensamiento europeo contemporáneo.
En esta primera aparición, en la vida universitaria, Mariátegui, no solo comienza a perfilar el paradigma de un modelo de educación y un sistema educativo – propiamente dicho – sino denuncia la claudicación del sistema capitalista desde la experiencia burocrática  norteamericana, europea y soviética.  Cuando Mariátegui hace alusión a la Iª Guerra Mundial, nuestra hermenéutica contextualizadora nos impulsa al horror de las guerras en Afganistán (1978-1992) Guerra Irán Irak (1980-1988) Guerra del Golfo (1990-1991);Guerra Civil Argelina (1991-2002); Guerras yugoslavas (1991-2001) Guerra Croata de Independencia (1991-1995); Guerra de Bosnia (1992-1995);Guerra de Kosovo (1999); Genocidio ruandés (1994); Guerra en Libia (2011); asedio militar a Siria 2012 e Irán 2012 y tantas otras barbaries llevadas adelante en nombre de la libertad y la democracia.
La coyuntura internacional político-económico-militar, que nos toca vivir en pleno segundo decenio del siglo XXI, la aplicación de trasnochadas teorías sociales de corte liberal y la aberrante represión globalizada que sufre el sector educativo publico y privado hace de la visionaria incidencia del Amauta un necesario recurso histórico de vigente valor político.

El péndulo histórico. El carisma visionario del Amauta nunca nos dejará de maravillar. Al deshilvanar su primera “conversación” en la UPGP pareciera que nos acercamos en tiempo real a los “acontecimientos (de la actualidad) en pleno desarrollo”.[5]  Muy actualizada  su opinión cuando señala que él es uno “de los que creen que la humanidad vive un período revolucionario. Y estoy convencido del próximo ocaso de todas las tesis social-democráticas, de todas las tesis reformistas, de todas las tesis evolucionistas”. Las guerras de finales del siglo XX y las desarrolladas en lo que va del XXI no han hecho otra cosa que declarar el ocaso y decadencia del sistema capitalista y sus posibilidades de resurgimiento bajo sus últimos fallidos esfuerzos neoliberales.
Para Mariátegui el Capitalismo antes de la I ª Guerra estaba en su apogeo, la producción era superabundante, “podía permitirse el lujo de hacer sucesivas concesiones económicas al proletariado. Y sus márgenes de utilidad eran tales que fue posible la formación de una numerosa clase media, de una numerosa pequeña-burguesía que gozaba de un tenor de vida cómodo y confortable”. Ochenta años después, la burbuja económica que vivía EEUU y Europa, la quiebra de importantes empresas financieras en los EEUU,  el declive sucesivo de entidades bancarias en Europa, la emisión de billetes sin ningún respaldo productivo, la deuda de EEUU que asciende  los  us$15 millones de millones; la quiebra de España, Grecia y Portugal hace que la primera “conversación” universitaria del Amauta se encuentre en plena vigencia:
El obrero europeo ganaba lo bastante para comer discretamente y en algunas naciones, como Inglaterra y Alemania, le era dado satisfacer algunas necesidades del espíritu. No había, pues, ambiente para la revolución. Después de la guerra, todo ha cambiado. La riqueza social europea ha sido, en gran parte, destruida. El capitalismo, responsable de la guerra, necesita reconstruir esa riqueza a costa del proletariado. Y quiere, por tanto, que los socialistas colaboren en el gobierno, para fortalecer las instituciones democráticas; pero no para progresar en el camino de las realizaciones socialistas. Antes, los socialistas colaboraban para mejorar, paulatinamente, las condiciones de vida de los trabajadores. Ahora colaborarían para renunciar a toda conquista proletaria. La burguesía para reconstruir a Europa necesita que el proletariado se avenga a producir más y consumir menos.
La tribuna universitaria de corte popular como las UPGP fue posicionada como espacio crítico y creador de nuevos modelos de relacionalidad nacional e internacional. La universalidad de la enseñanza  positivista fue cuestionada desde la multiversalidad socialista, donde el tema político-ideológico no fue soslayado en nombre de tecnicismos académicos que delimitaban el rumbo de las sociedades occidentales a la mecanización y mercantilización de las relaciones sociales y de producción:
La crisis mundial es, pues, crisis económica y crisis política. Y es, además,  sobre todo, crisis ideológica. Las filosofías afirmativas, positivistas, de la sociedad burguesa, están, desde hace mucho tiempo, minadas por una corriente de escepticismo, de relativismo. El racionalismo, el historicismo, el positivismo, declinan irremediablemente. Este es, indudablemente, el aspecto más hondo, el síntoma más grave de la crisis. Este es el indicio más definido y profundo de que no está en crisis únicamente la economía de la sociedad burguesa, sino de que está en crisis integralmente la civilización capitalista, la civilización occidental, la civilización europea.
El 3 de Noviembre de 1923, en la Grande de las Antillas, el cubano Julio Antonio Mella (1903-1929), junto con otros compañeros, fundan la Universidad Popular “José Martí”. En aquella oportunidad Haya de la Torre compartía el asiento junto a Mella, quienes juntos idearon sistemas educativos inclusivos, gratuitos y sin exclusión socio-económica y de credo. Para el líder cubano quedaba muy en claro la razón socialmente revolucionaria de las Universidades Populares:
No debe ni puede ser el más alto centro de cultura una simple fábrica de títulos, no es una Universidad latina, una escuela de comercio a donde se va  a buscar tan sólo el medio de ganarse la vida; la Universidad Moderna debe influir de manera directa en la vida social, debe señalar las rutas del progreso, debe ocasionar por medio de la acción ese Progreso entre los individuos, debe por medio de sus profesores arrancar los misterios de la ciencia y exponerlos al conocimiento de los humanos.[6]
Hace algunas semanas se celebraban, en la Grande de las Antillas el 50ª aniversario de la fundación de La Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) a la cual asistieron representantes de las Juventudes chilenas, entre ellas la dirigente estudiantil Camila Vallejo  en su calidad de vicepresidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh ) y Karol Cariola como secretaria general  de las Juventudes Comunistas de Chile, JJCC.
Sin lugar a dudas uno de los iconos  del movimiento estudiantil en América Latina de los últimos años ha sido y sigue siendo la estudiante chilena Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling (Camila Vallejo, 1988). Su histórico liderazgo político-social, no solo estudiantil, hizo que en Chile se abriera un nuevo capítulo en la historia de los movimientos sociales. Lejos quedaron las épocas de miedo y persecución de la atroz dictadura militar que sumaron en su haber miles de personas asesinadas, entre ellos y ellas el presidente Salvador Allende (11 de septiembre de 1973). Basta ver la serie de amenazas y burdas ofensas que Vallejo recibe incesantemente para darnos cuenta que tipo de estudiantes desean los representantes del statu quo neoliberal siempre al servicio de intereses ajenos a las grandes necesidades de Latinoamérica.
Es así como intentaremos refrescar en el espíritu revolucionario de las Universidades Populares – de inicios del siglo XX – y las luchas estudiantiles del pueblo chileno – algunos énfasis sobre los sinsentidos y sentidos del quehacer universitario en América Latina desde la perspectiva de un joven de 29 años que no necesitó pasar por las aulas de una universidad para tener una idea clara del rol social de los que otrora eran claustros académicos y en nuestro tiempo se transformaron en centros de formación y encuentro abiertos al mundo. El Amauta Mariátegui, signo de juventud revolucionaria, sigue vigente, aunque la ilustración cartesiana y el pragmatismo macartista se ufanan en momificar axiomas académicamente tecnicistas que ignoran aportes como las del autor de 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana (Lima,1928) o de sistemas educativos como los desarrollados en Cuba.
Pero, en realidad ¿qué discutía el Amauta – a su regreso de Europa -  en cuanto al tema de la educación y las instituciones estudiantiles, como las universidades? ¿Qué de  lo  discutido tiene vigencia hasta nuestros días y se revelan como puntos de agenda del movimiento estudiantil de urgente relevancia?
Dialogaremos en esta oportunidad con el Amauta quien a través de 3 breves artículos colocó el tema de la educación en el foco de atención de un sistema que empezaba a mercantilizar las relaciones sociales y de producción; realidad que no solo se multiplicó, sino extiende y defiende hasta el día de hoy, encontrando su persistente talón de Aquiles en el movimiento estudiantil. Como señaló Joseph Fischer: “América Latina posee, probablemente el cuerpo de estudiantes universitarios más activo y poderoso políticamente en el mundo”.[7]
“La crisis universitaria. Crisis de maestros y crisis de ideas” (julio, 1923), “Las Universidades Populares” (octubre, 1923) y “Los intelectuales y la revolución” (Enero, 1924) son epístolas que nacieron en un contexto donde el movimiento estudiantil en América Latina se unía en las calles con el movimiento de trabajadores en contra de la instrumentalización de las relaciones estéticas, sociales y productivas, es allí donde percibimos la resonancia histórica con nuestro tiempo.
Sin mayores divagaciones en este intento de prolegómeno pasemos a los aportes del Amauta.

“La crisis universitaria. Crisis de maestros y crisis de ideas”.[8] Los tres años y medio de peregrinaje por Europa lo acercaron al Amauta a una realidad antes visionada desde una perspectiva eclipsada por la distancia y desinformación. El movimiento social europeo se dividía entre reformadores  y revolucionarios; entre socialista y sindicalistas. El movimiento estudiantil no era ajeno a su entorno político: “Nuevamente insurgen los estudiantes. Vuelven a preconizar unos la reforma universitaria y otros la revolución universitaria”. En las primeras líneas enfoca dos posibles razones de la insurgencia estudiantil: “los malos métodos y los malos profesores”.[9]
El foco de la crítica estaba centrado en el modelo educativo sostenido en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMS, fundada el 12 de mayo de 1551). Para el Amauta la UNMS se mantenía al margen de la vorágine política internacional. El elemento político se había circunscrito al desarrollo de anacrónicas teorías, que a pesar de las revueltas de 1919, la “Universidad sigue siendo…la misma…la juventud tiene la sensación de frecuentar una ‘Universidad enferma, una Universidad petrificada, una Universidad sombría, sin luz, sin salud, sin oxigeno. La juventud – al menos sus núcleos más sanos y dinámicos- siente que la Universidad de San Marcos es, en esta época de renovación mundial y de mundial inquietud ideológica, una gélida, arcaica y anémica academia, insensible a las grandes emociones actuales de la humanidad, desconectada de las ideas que agitan presentemente al mundo”.[10]
Una de las pandemias académicas de nuestro tiempo es la acriticidad asumida como método de investigación.  La ausencia del elemento histórico en el  currículo académico – de la mayoría de centros escolares – forma parte de un complejo programa pedagógico que tiene por objetivo alterar la identidad de las nuevas generaciones. La orientación cualitativa del método de aprendizaje basada en complejas formulaciones matemáticas y Excel estadísticos hace de la tecnocracia pedagógica la columna vertebral del neocolianismo cultural de los últimos tiempos.
El Amauta deja entrever la predominante centralidad de figuras educativas europeas como Albert Einstein, Oswaldo Spengler, Enrique Leone, Enrique Ferri, Miguel de Unamuno, Eugenio d’Ors. De las figuras latinoamericanas que resaltó encontramos a José Ingenieros, José Vasconsuelos y Antonio Caso. Estas personalidades serían el modelo de maestría que – a opinión del Amauta – brillaban por su ausencia en el Perú. Pero, el problema no era solo técnico, sino cualitativo: “La crisis es estructural, espiritual, ideológica”.[11]
La antítesis de las UPGP – en el caso peruano de época del Amauta – sería la UNMS. La ausencia de un eficiente liderazgo educativo, para el Amauta, era el bastión principal de la parálisis educativa del colonial claustro universitario: “No hay un solo ejemplar de maestro de la Juventud. No hay un solo tipo de conductor. No hay una sola voz profética, directriz, de leader y de apóstol. Un  maestro, uno no más, bastaría para salvar a la Universidad de San Marcos, para purificar y renovar su ambiente enrarecido, morboso e infecundo…La Universidad de San Marcos se pierde por carencia de un Maestro”.[12]

Los intelectuales de panteón.  Según el Amauta estos intelectuales “tienen  un estigma peor que (el) analfabetismo; tienen el estigma de le mediocridad”. [13] La crítica política que merecieron los docentes sanmarquinos,  superaron el enfoque económico que delimita la insatisfacción del movimiento estudiantil en la América Latina del siglo XXI. Si bien es cierto la calidad de la educación es albo de criticas y reclamos por parte de la resistencia estudiantil – en donde el movimiento de estudiantes chilenos ejerce un importante rol – los reclamos de índole económico permean la incidencia política estudiantil. La severidad – del Amauta – con la cual señala la palidez pedagógica del docente sanmarquino lapida un modelo educativo a-critico que perdura hasta nuestros días:
Nuestros catedráticos no se preocupan ostensiblemente sino de la literatura de su curso. Su vuelo mental, generalmente, no va más allá, de los ámbitos rutinarios de una catedra. Son hombres (sic) tubulares como diría Víctor Maurtua; no son hombres panorámicos. No existe entre ellos, ningún revolucionario, ningún renovador. Todos son conservadores definidos o conservadores potenciales, reaccionarios activos latentes que, en política domestica, suspiran impotente y nostálgicamente por el viejo orden de cosas.[14]
Para el Amauta la crisis universitaria no era solo de índole económica, sino político. La crisis de las instituciones del Estado burgués, el cual representa exclusivamente intereses de grupos económicos y políticos, es una constante en la estructura del sistema capitalista y fue aquello que derrumbo el modelo socialista comprendido desde la ex Unión Soviética. Las Instituciones del Estado – en la época del Amauta, así como en la nuestra – no fueron ajenas a la crisis pedagógica la cual era entendida como un espacio de promoción de valores defensores del statu quo.
Esta ausencia de liderazgo pedagógico consecuente con el interés del movimiento social se caracterizó por el exacerbado individualismo político el cual se postro ante las exigencias de los grupos de poder. El espíritu imperial no solo ostenta poseer el poder económico, sino fundamentalmente el político-cultural. El Amauta deploro el arribismo de ese liderazgo pedagógico al cual califico de mediocre: “La universidad de Lima es una universidad estática. Es un mediocre centro de linfática y gazmoña cultural burguesa. Es un muestrario de ideas muertas…Los problemas, las preocupaciones, las angustias de esta hora dramática en la historia humana no existen para la Universidad de San Marcos”.[15]
Para Paulo Freire esta crisis de liderazgo al cual denominó revolucionario obedece a una falta de adhesión genuina en favor de los intereses de los sectores oprimidos, entre ellos el estudiantil. En su emblemática obra Pedagogía del Oprimido señala:
Dicha adhesión, sea como resultante de un análisis científico de la realidad o no, cuando es verdadera implica un acto de amor y de real compromiso. Esta Adhesión a los oprimidos implica un caminar hacia ellos. Una comunicación con ellos. Las masas populares necesitan descubrirse en el liderazgo emergente y éste en las masas. En el momento en que el liderazgo emerge como tal, necesariamente se constituye como contradicción de las elites dominadoras. Las masas oprimidas, que son también contradicción objetiva de estas élites, “comunican” esta contradicción al liderazgo emergente.[16]
La ausencia de una dinámica pedagógica no aliente y acrítica hizo del modelo universitario burgués-liberal el espacio cómplice perfecto para el civilismo emparentado con las potencias coloniales euro-noramericana. El Amauta juzgó de la siguiente manera el corrompido modelo docente antagónico al propuesto por las UPGP:
Mediocres mentalidades de abogados, acuñadas en los alveolos ideológicos del civilismo; temperamentos burocráticos, sin alas y sin vertebras, orgánicamente opacados, acomodaticios y poltrones; espíritus de clase media, ramplones, huachafos, limitados y desiertos, sin grandes ambiciones ni grandes ideales, forjados para el horizonte burgués de una vocalía en la Corte Suprema, de una plenipotencia o de un alto cargo consultivo en una pingue empresa capitalista.[17]
Indudablemente, y no solo en materia educativa, el Amauta responde a su tiempo y trasciende el mismo. El arraigo caudillista del liderazgo político y ese segundo plano que le merecía el movimiento social como gestor de ideas y acciones contrastan el protagonismo del movimiento estudiantil de los últimos años del siglo XXI. Lo que otrora eran tan solo inquietudes de la “juventud estudiantil”, y esta en relación al movimiento obrero, hoy por hoy la inquietud se transformó en movimiento social, en donde sus lideres y lideresas surgen de las canteras estudiantiles, lejos de ser esperadas de prestigiosas e ilustradas docencias.

“Las Universidades Populares”.[18]Esta institución educativa en América Latina fue la manifestación clara de la resistencia social frente a la invasión cultural a través de la institución educativa, entre ella la universitaria. Dejamos al Amauta que nos desarrolle el concepto de las mismas:
Las universidades populares no son institutos de agnóstica e incolora extensión universitaria. No son escuelas nocturnas para obreros. Son escuelas de cultura revolucionaria. Son escuelas de cultura revolucionaria. Son escuelas de clase. Son escuelas de renovación. No viven adosadas a las academias oficiales ni alimentadas de limosnas del Estado. Viven del calor y de la savia popular. No existen para la simple digestión rudimentaria de la cultura burguesa. Existen para la elaboración y la creación de la cultura proletaria.[19]

Invasión y violencia cultural. Como lo señalamos en las primeras líneas, la necesidad de releer el protagonismo de las Universidades Populares en América Latina surge del protagonismo del movimiento estudiantil en Chile. Dicha insurgencia desbordada en si misma se trasformó en movimiento social  incluyendo a diferentes sectores de la sociedad mapuche. Esta insatisfacción social de cara  a la indiscriminada especulación mercantil que se ha hecho de la educación nos exige replantear el modelo universitario desde la estructura misma de su razón de ser. Urge redefinir su identidad desde la experiencia latinoamericana en contraposición a la identidad corporativa lastre ideológico de cuño dictatorial.
La lógica de la privatización de la educación responde al complejo marco ideológico  neoliberal que defiende la falencia de todo lo relacionado con el sector público, entre ello el Estado como tal. La impopularidad de la educación universitaria surge de su mismo declive académico y de su académica ortodoxia liberal unilateralmente institucionalizada propia del espectro de dominación cultural. Para Paulo Freire esta relación de personas en situación de dominadores y dominados, de invasores e invadidos será sostenida en y desde las instituciones base de la sociedad como es la familia y la educación:
Toda dominación implica una invasión que se manifiesta no sólo físicamente, en forma visible, sino a veces disfrazada y en la cual el invasor se presenta como si fuese el amigo que ayuda. En el fondo, la invasión es una forma de dominar económica y culturalmente.[20]
La lógica universitaria, contraria a la experiencia de las Universidades Populares, es la de reproducir, en las mentes colonizadas, los futuros “invasores” y “dominadores”:
Los hogares y las escuelas, primarias, medias y universitarias, que no existen en el aire, sino en el tiempo y en el espacio, no pueden escapar a las influencias de las condiciones estructurales objetivas. Funcionan, en gran medida, en las estructuras dominadoras, como agencias formadoras de futuros “invasores”.[21]
El Amauta tenía claro que el botín preciado del colonizador es la cultura de los pueblos sometidos o por someter. La extirpación de los valores culturales es punto prioritario en la agenda neocolonizadora y para ello el la esfera privada es el elemento desestructurador de la creación, promoción y defensa del movimiento social:
La burguesía es fuerte y opresora no solo porque detenta el capital sino también porque detenta la cultura. La cultura es uno de sus principales, uno de sus sustantivos instrumentos de dominio. El capital es expropiable violentamente. La cultura no. Y, en manos de la burguesía, la cultura es una arma eminentemente política, un arma reaccionaria, un arma contrarrevolucionaria. La cultura es el mayor gendarme del viejo régimen.[22]
Así es como señalamos que el Amauta nunca formará parte de la ilustrada logia de los “intelectuales de panteón” a quien se refirió en su momento John Mackay (1889-1983). Muy seguro que Mariátegui hubiese sido un estudiante más involucrado en las manifestaciones estudiantiles de nuestro tiempo: “Surge actualmente una generación intelectual libre, investigadora, atrevida. Y esta generación los instrumentos morales e ideológicos de la civilización proletaria”.[23]

“Los intelectuales y la revolución”.[24] El Amauta parafraseando a Oswald Spengler y su prólogo en la “Decadencia de Occidente” precisa que el germen transformador brotará de una nueva generación que quiebre el falaz “orden natural de las cosas” incubo de una estructura socio-mental que gime su innegable colapso.
Oswald Spengler escribe…que para comprender su filosofía de la historia “hace falta una generación que nazca con las disposiciones necesarias”. La misma frase es aplicable a la Revolución. Para comprenderla, para sentirla, para amarla integralmente, hace falta también una generación que nazca con las disposiciones necesarias.[25]
Nos vemos en la imperiosa obligación de expresarle al Amauta que la pedagogía post neocolonista no se encuentra en manos de ilustres maestros o renombrados políticos, esta ya es una responsabilidad histórica asumida por aquella generación de jóvenes que tu mismo engendraste. Si de liderazgo queremos hablar nos basta y sobra mencionar la importancia histórica de la generación de Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling (Camila Vallejo (Chile, 1988). La lideresa mapuche trascendió los muros de la controversial coyuntura estudiantil en la que el pueblo chileno se encuentra envuelto. Vallejo mira más allá de la coyuntura y en clara muestra de solidaridad son el soberano proceso revolucionario cubano se perfila dentro de los cánones de la intelectual revolucionaria a la cual el Amauta hizo alusión:
Nadie en el mundo podría negar los grandes avances que ha tenido la Revolución Cubana en Educación. Partiendo de los informes internacionales como el de la UNESCO como el LLECE (Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación) que haciendo un estudio comparado argumenta el por qué Finlandia y Cuba tienen reconocidos y exitosos modelos educacionales en contraposición a la mala educación en Chile.[26]
La reflexión del Amauta, a casi el centenario de su desarrollo, se encarna en el momento histórico que le hace justicia y con él al movimiento social estudiantil que fusionado con el movimiento obrero dieron a luz la fuerza política-social que, a pesar de los esfuerzos por silenciarlos, permanece en constante transformación y crecimiento, cual levadura que trastorna la masa. Para Mariátegui la fuerza de la juventud, ligada a aquellos que sin serlo físicamente en espíritu no se dejaron esclerosar por la desidia histórica, tienen en sus manos la posibilidad de edificar la nueva sociedad. Edificarla sobre la base de los que otrora en la fuerza de sus juventudes se levantaron como estandartes de soberanía y decencia patriótica.
Camila Vallejo, sin ser docente en ejercicio, sin ostentar más formación que ser una digna estudiante latinoamericana y participante orgánica de las juventudes comunistas, no titubea una milésima de segundo en sentirse hija de un proceso que nace en las canteras del movimiento revolucionario en América Latina. La lideresa esculpe en el imaginario histórico de nuestros pueblos la identidad de la juventud estudiantil, fuerza histórica, político y social de nivel continental:
Antes de la Revolución, Cuba estaba sumergida en el extremo analfabetismo e ignorancia, insalubridad, desnutrición, desempleo y la constante opresión, despojo y masacre producida por parte de la dictadura de Batista. La educación constituyó y sigue constituyendo un sector estratégico para el desarrollo cubano. Para erradicar el analfabetismo, la ignorancia y la carencia abrumadora de profesionales y expertos en los distintos ámbitos que la revolución debía abordar para el desarrollo de su soberanía, se implementó la “Universalización del Conocimiento” a través de la masificación de la educación, donde el centro estuvo puesto en el ser humano, su igualdad de oportunidades y su desarrollo intelectual, artístico y humano pleno, única forma de asegurar la libertad (“Ser cultos para ser libres”, José Martí).[27]
A manera de conclusión señalamos que aquella mezcla de nostalgia esperanzadora del Amauta recobra brío y fuerza en cada gesto social en donde la ética relacional se imponga ante la arrogancia y soberbia de los que aún ostentan el Estado como poder capturado por ingentes corporaciones financieras y mediáticas. El reverdecer de la praxis revolucionaria del estudiantado en América Latina encuentra su abono en medio de una crisis mundial en donde el viejo paradigma liberal gime con estruendosa furia. Si bien es cierto la producción en serie de maestros, doctores y especialistas ilustrados son aquellos que se desangran en la jungla de la competitividad y éxito profesional, no es menos cierto que el movimiento social como una entidad sabia en si misma rompe con todo tipo de romanticismo académico en donde tiene más poder quien más información a podido registrar.
El poder nace de la dignidad de las juventudes enardecidas frente a la salvaje insensibilidad de modelos de gobernabilidad en donde el lucro y la usura se convirtieron en materia de estudio y especialización universitaria. Los diferentes sindicatos de trabajadores y movimientos sociales hacen de efervescencia estudiantil el espacio histórico propicio para incidir en la búsqueda de modelos sociales que quiebren con el inicuo sistema de relaciones sociales, de producción y comercialización que la estructura corporativa estudiantil neoliberal promueve y defiende.
Esta labor no nace ahora, ni menos aún morirá con esta generación; la transformación de una visión mercantil de la pedagogía hacia una perspectiva liberadora de ella se desarrolla en un permanente proceso de crítica y autocritica, de luchas y conciliaciones, empañado todo este proceso de observaciones, juicios y accionares que permean metodológicamente el proceso socialistamente transformador en el cual nuestra historia se encuentra cada día más sumergida. Los jóvenes de ayer nunca vieron venir la vejez a sus conciencias. Nuestras hermanas y hermanos que nos antecedieron siguen iluminando el camino de aquellos y aquellas que escriben en las calles las éticas enciclopedias de la dignidad y la soberanía de los pueblos que luchan por su cotidiana liberación.
Es así como las juventudes, representadas en Matto de Turner, Mistral, Mella, Cabello Llosa de Carbonera, Gonzales Prada, Martí, Mariátegui , Palacios, Vasconcelos, Ingenieros, Camila Vallejo, Karol Cariola, Juan, Martina, Pedro, Quispe, Teófilo, Atahualpa, Martina y tantos otros estudiantes, marcan la historia con tinta indeleble llamada dignidad. Sabiduría popular que no es adquirida en sórdidas aulas donde la estadística desplazó la ética y las matemáticas excluyó la historia vislumbrada desde el reverso liberador de los sectores excluidos. Una soberanía que se recrea en la universidad de la vida en donde lo popular se fusiona con la revolución parida del corazón y no de la triste , esclerótica y decadente ilustración mercantilista.

 


[2] El diario El Tiempo de Lima, el 14 de octubre de 1918 informó la proclamación de Leguía como Maestro de la Juventud y será en su residencia en Londres donde recibirá la noticia. Leguía regresaría al Perú para asumir su segundo gobierno (1919-1924).
[3] Chang-Rodríguez, Eugenio. Política e Ideología en José Carlos Mariátegui. Madrid: José Porrúa Turanzas, S.A. 1983, p.19. A pie de página el autor anota: “En uno de los documentos en que se fundó la denuncia fiscal contra Haya se encuentra la carta de éste a César Mendoza, fechada el 22 de septiembre de 1929 en Berlín. Aquí Haya expresa su simpatía pro Mariátegui, pero señala su falta de colaboración en la jornada del 23 de mayo. Véanse El proceso de Haya de la Torre (Guayaquil: Publicaciones PAP, 1933), pág. 6 y V.R. Haya de la Torre, Obras completas (Lima: J. Mejía Baca, 1976), V, pág. 252”.
[4] “La conferencia se desarrolló en el local de la Federación de Estudiantes (Palacio de la Exposición), con el titulo de “La Revolución Social en marcha a través de los diversos pueblos de Europa”. Con el título que aparece en esta recopilación se publicó en Amauta, Nº 30, Lima, abril-mayo de 1930, después de la muerte de José Carlos Mariátegui y cuando la histórica revista era dirigida por Ricardo Martínez de la Torre”. Fuente: José Carlos Mariátegui. Historia de la crisis mundial. Conferencias (años 1923 y 1924). Archivo Chile. Historia Político Social – Movimiento Popular, s/d.
[5]Expresión acuñada por Walter Martínez, miembro del equipo periodístico del prestigioso programa DOSSIER de la cadena televisiva venezolana TeleSurtv.
[7] Joseph Fisher. “The University Student in South and South East Asia” en  Aldo E. Solari “Los movimientos estudiantiles en América Latina, Revista mexicana de sociología, vol. 29, 4, 1967, pp. 853-869.
[8] J.C. Mariátegui, publicado en  la revista “Claridad” No 2, julio de 1923.
[9] Op.cit. p. 19.
[10] Op.cit. p.19-20.
[11] Op.cit. p.20
[12] Op.cit. p.20-21
[13] Op.cit. p.23
[14] Op.cit. p.23
[15] Op.cit.p.22
[16] Freire, Paulo. Pedagogía del Oprimido. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina, 2002, pàg.148
[17] Op.cit.p.23
[18] J.C. Mariátegui, publicado en “Bohemia Azul” No 3 (octubre de 1923) y reproducido en “Claridad” No. 4 (enero de 1924).
[19] Op.cit.p.27.
[20] Freire, p. 138.
[21] Freire, p.139.
[22] Op.cit.p.29.
[23] Op.cit.p.30.
[24] J.C. Mariátegui, publicado en  “Bohemia Azul” No 8 (Enero de 1924).
[25] Op.cit.p.33.
[26] Fuente: http://camilavallejodowling.blogspot.com/. Revisado: 31/05/12.

[27] Ídem

Lo que se decide en México y Venezuela

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¿Cómo sería nuestra región si estas dos naciones, si sus pueblos, con la plenitud de su diversidad y su caudal de energía creadora, convergieran por fin en el mismo empeño liberador e integrador que sus historias, emancipadoras y revolucionaras por derecho propio, les reclaman para completar la tarea de la unidad de nuestra América?

 

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
Los candidatos a las elecciones presidenciales en México
En los próximos meses se realizarán elecciones presidenciales en México y Venezuela, en julio y octubre respectivamente, y desde ya los analistas concuerdan en que las consecuencias de sus resultados trascenderán lo estrictamente nacional, para tener un impacto –todavía difícil de precisar- en el futuro inmediato de América Latina.
Por sus características estratégicas, geográficas y económicas, ambos países son objeto de atención y codicia por parte de las grandes potencias: disponen de recursos energéticos (petróleo, gas natural), minerales, un importante potencial agrícola y una asombrosa biodiversidad; sus economías, que se cuentan entre las más relevantes de la región, se nutren de mercados internos de considerable tamaño y capacidad de consumo, y mueven cuantiosos recursos financieros; y por su ubicación territorial, son puntos clave en la geopolítica hegemónica y contrahegemónica.
Pero, al mismo tiempo, a México y Venezuela los separa una enorme brecha: la de los caminos políticos opuestos que, desde la década de 1990, recorren estas dos naciones. Una, por la claudicación de sus élites, se adentra peligrosamente en los dominios de Estados Unidos y se somete casi incondicionalmente a sus designios; la otra, en cambio, desafía la hegemonía norteamericana y construye, entre aciertos, limitaciones y contradicciones, uno de los caminos posibles con los que nuestra América demuestra al mundo que las alternativas al capitalismo neoliberal y a la unipolaridad están abiertas.
México fue punta de lanza de la estrategia de acumulación capitalista y de dominación imperial panamericana que los Estados Unidos desarrollaron para América Latina a partir de la década de 1990. La firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que el expresidente Carlos Salinas de Gortari defendió como la puerta del ingreso triunfal al “Primer Mundo”, es un hito fundador de este giro neoliberal al que se plegaron las élites mexicanas.
Venezuela, por el contrario, desde mediados de los años 1980, presenció el surgimiento de una vigorosa y persistente resistencia popular, fraguada en un clima de creciente malestar por el deterioro de la calidad de vida y el aumento de la desigualdad social, que antes del fin del siglo XX,  con el ascenso de la Revolución Bolivariana, le permitió asestar desde las urnas electorales un golpe que estremeció y debilitó notablemente al neoliberalismo latinoamericano.
Desde hace seis años, México fue convertido en un erial, un paisaje de muerte por la guerra contra el narcotráfico con la que el presidente Felipe Calderón, en un acto de desesperación e irresponsabilidad absoluta (que ya cobró la vida de más de 60 mil personas), intentó legitimar su triunfo fraudulento en las elecciones de 2006.  Venezuela, por el contrario, protagoniza desde el 2004, con el nacimiento del ALBA, una de las experiencias de humanismo, solidaridad internacional y fraternidad latinoamericana más destacadas de los últimos tiempos, en campos como la salud, la educación, la cultura, la economía, la tecnología y la integración energética.
México, por la añeja complicidad de empresarios y partidos políticos, se convirtió en el reino de la telecracia, es decir, la “democracia” manejada por el duopolio de Televisa y TVAzteca: allí, la manipulación de la opinión pública, la guerra sucia llevada a la televisión abierta y el ataque sistemático y sin cuartel para descarrilar el inminente triunfo de Andrés Manuel López Obrador en 2006 (“¡es un peligro para México!”, gritó histérica la derecha mexicana), demostraron la abrumadora fuerza del poder mediático en una sociedad neoliberal. Solamente la dignidad de los de abajo, expresada por el Movimiento de Resistencia Civil, desafió las maniobras espurias de la telecracia, como ahora lo hacen los jóvenes universitarios del movimiento yosoy132, ante la pretensión del duopolio televisivo -y sus cómplices- de llevar de nuevo al poder al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto.
En Venezuela, ese poder mediático, aliado con la oligarquía y con la bendición del gobierno de los Estados Unidos, dio un golpe de Estado en abril de 2002. Pero el pueblo venezolano y los sectores del ejército leales a la Constitución supieron derrotar esa conspiración. Desde entonces, la Revolución Bolivariana comprendió que el de los medios de comunicación es uno de los escenarios determinantes –por su influencia cultural- de las luchas políticas y los cambios en Venezuela y América Latina. Y así asumió el compromiso: en 2005, la señal de TeleSur salió al aire para mostrar otras realidades de nuestro continente y el mundo; la Asamblea Nacional legisló para democratizar las comunicaciones (acceso, propiedad, difusión, participación ciudadana, responsabilidad social) y estimular el desarrollo de medios populares y comunitarios, abriendo un camino que más tarde, y en sus propios contextos, retomaron Argentina, Brasil, Bolivia y Ecuador.
México y Venezuela son polos antagónicos en el devenir nuestroamericano del siglo XXI: aislados por las discrepancias ideológicas, por la sumisión de unos y la rebeldía de otros, y especialmente por los intereses hegemónicos interesados en fracturar la comunidad regional, sus gobiernos se miran de lejos sin posibilidades de compartir experiencias y forjar rutas comúnes.  ¿Cómo sería nuestra región si estas dos naciones, con la plenitud de su diversidad y su caudal de energía creadora, convergieran por fin en el mismo empeño liberador e integrador que sus historias, emancipadoras y revolucionaras por derecho propio, les reclaman para completar la tarea de la unidad de nuestra América?
En su ensayo Nuestra América, José Martí escribió: “Sobre algunas repúblicas está durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio se echan a pie a la mar, a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos”[1].
Ojalá México y Venezuela se encuentren pronto y hagan juntos ese camino de los siglos perdidos.

 


NOTA

[1] Martí, José (1891). “Nuestra América”, en Hart Dávalos, Armando (editor) (2000). José Martí y el equilibrio del mundo. México DF: Fondo de Cultura Económica. Pág. 210.

La democracia: avances y retrocesos en nuestros días

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En varios países latinoamericanos se está tratando de construir algo que se llama democracia participativa, que es, ni más ni menos, el dar herramientas a los ciudadanos para que puedan participar, de forma efectiva, en la vida social, cultural, económica y política.

 

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica
En 2009, Bolivia aprobó la nueva Constitución
del Estado Plurinacional mediante un referéndum.

Con frecuencia, los ataques que se dirigen contra los gobiernos progresistas latinoamericanos, específicamente contra Venezuela, Bolivia y Ecuador, esgrimen la idea que se trata de gobiernos autoritarios, antidemocráticos, que solo buscan perpetuarse en el poder a través de artimañas que utilizan un aparato de Estado corrompido o, peor aún, que ellos mismos han corrompido.

Los ataques en esta dirección provienen tanto de gobiernos europeos y del norteamericano, como de organizaciones no gubernamentales (ONGs), generalmente financiadas desde esos mismos países. Desde su perspectiva, el súmmum  del autoritarismo antidemocrático estaría encarnado en el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, aunque no se librarían de esta caracterización los presidentes Rafael Correa y Evo Morales.
Evidentemente, el modelo que se contrapone a estos gobiernos es el de la democracia burguesa en su expresión europea o norteamericana, la cual es entendida, sin cuestionamiento, como el paradigma a seguir en materia de democracia.
La experiencia de los últimos años, sin embargo, nos orienta a pensar que los críticos de los gobiernos progresistas latinoamericanos están tratando de vendernos gato por liebre. O, para utilizar otro dicho popular, se trata de los pájaros tirándole a las escopetas.
Como es sabido, en estos países latinoamericanos se está tratando de construir algo que se llama democracia participativa, que es, ni más ni menos, el dar herramientas a los ciudadanos para que puedan participar, de forma efectiva, en la vida social, cultural, económica y política. Véase que no hemos dicho solamente en la vida política, sino que hemos mencionado también el ámbito de lo económico, lo social y cultural.
La democracia participativa no renuncia, ni mucho menos, a los mecanismos y derechos de la democracia representativa, es decir, aquellos que llevan a elegir representantes en órganos del Estado, como los parlamentos y congresos nacionales y la presidencia de la república. Más bien, en este sentido, el derecho a elegir se ha ampliado a poblaciones a los que se les ha regateado este derecho, como los ciudadanos establecidos en otros países, es decir, que residen fuera de las fronteras.
Pero, además, se ha entendido que la participación activa popular no puede limitarse a eso. Por ello, se han hecho importantes reformas constitucionales para asegurar que la ciudadanía pueda ejercer el control político, proponer leyes, mecanismos de cogestión, revocar mandatos y leyes, convocar a referéndum y dar autonomía a poblaciones hasta ahora marginadas como las indígenas. A todas estas transformaciones de las cartas fundamentales de estos países, que traen aparejados cambios importantes en la forma de entender la democracia, Carol Proner le ha llamado constitucionalismo emancipatorio. Es la democracia participativa entendida como “devolución” del poder a la ciudadanía que genera un creciente protagonismo del sujeto o actor social.
En Europa, mientras tanto, el sitio desde el cual parten las admoniciones por el mal comportamiento latinoamericano, se desencadenan verdaderas intervenciones antidemocráticas y supranacionales en el margo de la crisis a la que se encuentra enfrentada. En Grecia, la Unión Europea  casi lapida a George Papandreu en noviembre de 2011, cuando propuso someter a referéndum el llamado plan anti crisis al que se vería sometido el país. En Italia, Silvio Berlusconi, quien como gato panza arriba había resistido todos los embates de sus congéneres políticos nacionales durante varios años, no duró ni 24 horas en el cargo de Primer Ministro y fue sustituido por un gabinete de tecnócratas. España pasa hoy por una situación bastante similar: se encuentra intervenida de hecho y constantemente es regañada por los organismos supranacionales europeos o los organismos financieros internacionales por no hacer el ajuste con mayor rigor aún.

¿Son estos los que pretenden erigirse como modelos de democracia?

México: Proceso electoral excluyó a las indígenas

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Anayeli García Martínez (CIMAC)

En América, las mujeres indígenas que desean participar en la vida política de sus países enfrentan obstáculos como conciliar su vida privada con la pública, promover transformaciones culturales, y trabajar sin el apoyo de sus respectivos partidos políticos.

Durante el “Foro internacional sobre participación política de mujeres indígenas de las Américas”, realizado en esta capital, ex congresistas y ex gobernadoras relataron los retos y lecciones aprendidas en contextos de conflictos armados y discriminación hacia la población femenina.
Martha Sánchez Néstor, coordinadora de la Alianza de Mujeres Indígenas de Centroamérica y México, lamentó que en el proceso electoral en nuestro país no se haya avanzado en la participación política de las indígenas, ni que se reconocieran sus aportes y conocimientos.
Según datos de Naciones Unidas, la participación política de las mujeres indígenas en México es mínima, toda vez que sólo alcanza el 2 por ciento.
De acuerdo con un estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en la Legislatura 1997-2000 de la Cámara de Diputados sólo hubo dos legisladoras indígenas: Aurora Bazán, por el PVEM, y Soledad Baltasar, por el PAN.
Del 2000 al 2006 hubo una senadora indígena: Cirila Hernández, por el PRI. Hasta 2008 no se había logrado ese número de indígenas en cargos legislativos a nivel federal, reporta el PNUD.
El mecanismo de la ONU precisa que en 2008, de un total de 224 diputadas locales en todo el país, sólo cuatro fueron indígenas; es decir, de las 32 entidades federativas sólo tres tuvieron representación de mujeres indígenas en sus congresos locales: Oaxaca, Puebla y Veracruz.
Piden nueva circunscripción electoral
Martha Sánchez, indígena amuzga originaria del estado de Guerrero y quien de cara a los comicios del próximo 1 de julio buscó una diputación federal por el PRD que finalmente no logró, dijo que los pueblos indígenas seguirán exigiendo que se instaure la sexta circunscripción plurinominal exclusiva para personas de grupos étnicos.
Sin embargo reiteró que se tiene que seguir fomentando que las indígenas participen el ámbito político con el apoyo de las instituciones del Estado y de sus comunidades, pues sostuvo que solo así se lograrán los cambios culturales que se necesitan.
Sobre su candidatura señaló: “No logramos estar ahí, no pudimos estar ahora, pero eso no implica que no sigamos luchando y que no esté la propuesta”. Explicó que en próximas semanas la Alianza de Mujeres Indígenas junto con Naciones Unidas presentará una agenda política nacional para las mujeres de grupos étnicos.
Sánchez Néstor mencionó que este encuentro se da en medio del contexto electoral mexicano para visibilizar que las indígenas intervienen en la política a través de estos procesos y fuera de ellos, es decir como líderes en sus comunidades.
Indicó que otro de los objetivos es transmitir las experiencias de otras mujeres que han ejercido el poder, y que con su participación promovieron cambios estructurales para que sociedad y partidos reconozcan que las y los indígenas también son sujetos de derechos políticos.
Explicó que en México es necesario promover que se reconozca la ciudadanía de las indígenas, y que sus conocimientos no sólo se vean como “folclor”, para lo cual es necesaria la formación cívica de las mujeres y la promoción de agendas políticas en la materia.
En el encuentro también participaron mujeres indígenas de Perú, Nicaragua, Guatemala y Ecuador, quienes señalaron que las habitantes de pueblos originarios deben enfrentar la discriminación por género y etnia cuando se postulan a cargos de decisión.
La presidenta del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de Naciones Unidas, la indígena miskita de Perú, Mirna Cunningham, explicó que la política no es una “carrera de relaciones reales y sinceras”.
Afirmó que uno de los retos de las mujeres es seguir trabajando para lograr mayor participación política femenina, pero sin perderse porque aseguró que el objetivo es buscar la libre determinación y autonomía de los pueblos, y la construcción de Estados plurinacionales y multiétnicos.
Cunningham aclaró que las indígenas que deseen buscar un puesto de elección popular deben estar concientes que no pueden hacer política sólo a favor de las demandas de las indígenas, sino también de la sociedad en general.

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