Guillermo Navarro Jiménez (especial para ARGENPRESS.info)

Informaciones varias sobre este tema, presentan puntos de vista que los medios de comunicación social incluso los presentan como definitivamente contrarios. Mientras el Presidente de la República, sobre la base de estudios de la Superintendencia de Bancos afirma la existencia de sobre endeudamiento en más de 400.000 hogares, el Presidente del Directorio del Banco Central economista Pedro Delgado, señala que el sobreendeudamiento no existe. Las razones que explican las percepciones adversas antes mencionadas, hacen a la diferente base conceptual y metodológica en las que se basan unas y otras.

Efectivamente, en tanto el Presidente de la República, el Ministerio de Coordinación de la Política Económica -entonces bajo la dirección de la ex Ministra Katiushka King-, y la Superintendencia de Bancos sustentan sus apreciaciones en la relación ingresos-gastos, activos y pasivos globales y la consecuente capacidad de repago de deudas contraídas; el Gerente del Banco Central del Ecuador limita su análisis al estudio de los niveles de morosidad, esto es al número de créditos que no han sido cancelados de acuerdo a la programación de desembolsos acordada con los acreedores. En consecuencia, dadas las distintas bases conceptuales y metodológicas antes mencionadas, las conclusiones a las que arriban el Presidente de la República y el Presidente del Directorio del Banco Central no son comparables entre sí, puesto que en tanto la primera, de habitual aplicación a nivel de las entidades financieras, es una forma holística de juzgar los niveles de ingresos, gastos, activos y pasivos, para determinar la capacidad de repago de créditos potenciales a concederse, la segunda únicamente registra la incapacidad para cumplir con los pagos acordados, por lo que no considera, omite en su análisis, por ejemplo la existencia de mecanismos que ocultan el sobreendeudamiento al posibilitar pagos inferiores a los que demanda el nivel real de endeudamiento, como es el caso de las deudas contraídas con tarjetas de crédito que operan bajo la modalidad conocida como “pagos mínimos”.
Lo antes enunciado es fácilmente aprehensible si se acude al ejemplo que proporcionan las tarjetas de crédito, diferenciando entre aquellas que cobran el monto del gasto mensual, respecto a las que acuden al mecanismo de pagos mínimos, por las razones que se explican inmediatamente. En el caso de las tarjetas que exigen el pago de los compromisos mensuales de créditos asumidos mensualmente, permite reconocer el monto total de la deuda contraída y la capacidad repago de la misma, lo que permite apreciar la existencia o no de un sobreendeudamiento del tarjeta habiente. A diferencia, si este mismo tarjeta habiente sería poseedor de una tarjeta que le posibilita pagos mensuales mínimos, a pesar de estar sobre endeudado podría no caer en morosidad, por cuanto su pago mensual es muy inferior al determinado por la primera modalidad.
De lo antes expuesto, es posible extraer dos conclusiones:
1. Mal hace el Presidente del Directorio del Banco Central entrar en una disputa sin reparar en las diferencias metodológicas antes apuntadas, con lo que no sólo confunde a la opinión pública, sino también contribuye a que los medios de comunicación social insistan en su ejercicio permanente para tratar de depreciar la palabra del Presidente de la República; y,

2. Si de sincerar las cifras de sobreendeudamiento y de evitar que se profundice esta situación nefasta para las economías familiares se trata, el gobierno nacional debería eliminar los mecanismos que ocultan el sobre endeudamiento, como es el caso del pago mínimo que establecen algunas tarjetas de crédito; mecanismo que conduce irremediablemente al sobreendeudamiento, cuanto más si se dispone de varias tarjetas de crédito que operen bajo esa modalidad. Basta revisar el sobreendeudamiento encubierto por este mecanismo en otras economías, como es el caso de los ciudadanos de los Estados Unidos, para no dudar en adoptar la medida sugerida.

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