martes, 19 de junio de 2012

Iliana Chacón (COLATINO)

A poco más de un año sigue sin esclarecerse la muerte de Juan Francisco Durán Ayala, activista contra la minería en Cabañas. Este caso abona al símbolo de muerte que en El Salvador representa luchar por el medio ambiente y la vida.

Luis, María, Ernesto y Silvia son nombres comunes del léxico salvadoreño. Juan Francisco, Marcelo, Ramiro y Dora Alicia no son sólo eso, son identidades de quienes por sus ideales ambientalistas terminaron asesinados.
En 2005, Francisco Pineda, agricultor de la zona de San Isidro, Cabañas, fundó el Comité Ambiental de Cabañas para la Defensa del Agua y los Recursos Naturales (CAC).
Esta asociación trabaja desde hace siete años en contra de los proyectos mineros que Pacific Rim, compañía minera canadiense, ha intentado concretar en la mina El Dorado, en el departamento de Cabañas.
Al igual que Pineda, Juan Francisco Durán Ayala luchó, hasta el día de su muerte, por lograr que los recursos naturales de donde él y su comunidad vivían, no fueran explotados.
El 13 de junio de 2012 se conmemoró la muerte de Ayala. Hace un año desapareció de su domicilio y fue encontrado 11 días después en una fosa común del Cementerio La Bermeja, en San Salvador. A través de un comunicado de prensa CAC exige a las autoridades responsables del caso, que capturen a los asesinos y que den a conocer la información del caso de Ayala.
Sin embargo, no sólo la muerte de Juan Francisco es la que ha quedado sin resolver. También, la muerte de Ramiro Rivera, Marcelo Rivera y Dora Sorto, todos activistas y miembros de asociaciones que se manifiestan en contra de la minería en El Salvador.
Recordar la muerte de un ambientalista de 30 años, con sueños y aspiraciones de ser un buen maestro de idiomas no es lo más impactante, sino que las muertes como ésta y la de los otros tres, queden impunes y sin ninguna investigación.
El énfasis radica en que aún cuando en el título dos, capítulo uno de la Constitución de la República de El Salvador se exponga que: “Toda persona tiene derecho a la vida, a la integridad física y moral, a la libertad, a la seguridad, al trabajo, a la propiedad y posesión, y a ser protegida en la conservación y defensa de los mismos. Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen”.

Publicado por ARGENPRESS

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