martes, 19 de junio de 2012

Emilio Marín (LA ARENA)

Hoy culmina la reunión del G-20 en el centro de convenciones de Baja California, México. Entre otros participa la presidenta argentina. Ya van siete de estas cumbres pero la crisis mundial no tiene soluciones.

El Grupo de los 20 (G-20) reúne al mismo número de países, más algunos invitados que no son parte formal del mismo, como España. Conviene repasar la lista para ver de quiénes se trata. Un primer bloque de participantes son los antiguos miembros del Grupo de los 8 (G-8): Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Federación Rusa, Reino Unido y Estados Unidos. Otro subgrupo del G-20 son México, Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía y la Unión Europea.
¿Son todos iguales? Y “algunos son más iguales que otros”. No son iguales. No vale lo mismo la opinión y las proposiciones del representante del imperio norteamericano que las de la presidenta argentina o el premier de Turquía. Que nadie se ofenda, por favor, diría Cristina Fernández de Kirchner, pero es así. Cuando detonó la crisis capitalista global en setiembre de 2008, fecha en que se desploma el Lehman Brothers, las potencias nucleadas en el G-8 decidieron abrir un poco el juego a otros países importantes. Los más ingenuos creen que esa apertura fue para hacerlos partícipes de las discusiones de alto nivel y la toma de decisiones. Los mal pensados sospechan que la maniobra fue para hacerles creer que jugaban “en primera” y evitar que se fueran en otra dirección, anticapitalista. Y de paso les hacían pagar un cierto costo del crack financiero internacional.
Recetas de ajuste
Algo de eso sucede, porque la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, declaró en México, en la reunión empresaria del B-20 (Bussiness-20), que los organismos internacionales de crédito hoy están concentrados en “ayudar” a los países desarrollados. No es que los países en vías de desarrollo deban quejarse de que la “ayuda” fondomonetarista los deja de lado, porque quizás sea una circunstancia favorable; sus recetas de ajuste les provocaron tanto daño…
Pero la declaración de la sucesora de Dominique Straus-Khan blanquea que hoy los planes de salvataje de su entidad, el Banco Central Europeo y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera quieren favorecer a los países centrales. Una confesión reveladora para que los países del Tercer Mundo sepan que no deben aguardar ayuda alguna de esos organismos financieros y de las principales potencias. Tendrán que apoyarse en sus propias fuerzas y en el comercio, inversiones y acuerdos básicamente Sur-Sur, para sortear la crisis mundial y dar respuestas a sus problemas económicos. Los apologistas del G-20 dirán que aquella mirada sobre el grupo es demasiada crítica y que todavía hay muchos timbres por tocar. Este cronista se limita a exponer la secuencia de reuniones de este grupo para sacar una conclusión basada en hechos.
Van siete
La I Cumbre del G-20 fue en noviembre de 2008 en Washington, convocada por George Bush. La II se hizo en Londres, en abril de 2009, organizada por Gordon Brown. La III fue en Pittsburg, EEUU, bajo la batuta de Barak Obama, en septiembre del mismo año. La IV fue en junio de 2010 en Toronto, Canadá. La V en Seúl, Corea del Sur, en septiembre
de ese mismo año. La VI se realizó en noviembre de 2011 en Cannes, Francia, con Nicolas Sarkozy como anfitrión. Y la VII es la que cierra hoy en Los Cabos, México, con Vicente Calderón como organizador.
La sola enumeración de los apellidos de los gobernantes que fueron preparando esos eventos da cuenta de los cambios, porque a muchos los devoró la crisis económica internacional y de sus naciones. Si llegó Obama a la Casa Blanca fue precisamente porque el candidato del partido de Bush fue visto como corresponsable de la catástrofe bancaria y social. En la residencia de Downing Street 10 también hubo mudanzas porque lo corrieron al laborista Brown y entró el conservador Cameron. Sarkozy fue por la reelección pero los franceses prefirieron a Francois Hollande. Angela Merkel viene perdiendo las elecciones regionales y su futuro es incierto.
Y ni qué hablar de México, donde Calderón se está despidiendo porque habrá elecciones dentro de poco y la presidenciable de su partido, PAN, figura tercera en las encuestas, detrás de la coalición “Compromiso por México” liderada por el viejo PRI y Enrique Peña Nieto, y del hombre del PRD, Andrés Manuel López Obrador.
Sin soluciones
Cada una de estas Cumbres llevó títulos rimbombantes acerca del comercio internacional, la reestructuración del capital financiero y la creación de empleo, con reducción de la pobreza en el mundo. Pero difícilmente podía llegar a soluciones efectivas, siendo parte dirigente de la organización aquellos gobiernos que provocaron la crisis y permitieron su durísima continuidad, en contubernio con el mundillo de los banqueros internacionales y grandes empresas ligadas.
O sea, el capital industrial fusionado con el bancario, integrados por mil vínculos con las administraciones políticas del viejo G-8.
¿Qué puede aportar al mundo el jefe de gobierno italiano, Mario Monti, si es un ex banquero que viene haciendo ajuste tras ajuste luego de suceder a Silvio Berlusconi? ¿De qué creación de empleo puede hablar el español Mariano Rajoy, si tiene 24,2 por ciento de parados, unos 5,6 millones de españoles? Ni qué decir de David Cameron, que puso en marcha un ajuste multimillonario del gasto público, con recortes en salud, educación y cambios regresivos en el sistema jubilatorio.
Incluso México, que presume de ser una potencia económica internacional, está despidiendo a Calderón con un aumento de la pobreza, que fulmina a 60 millones de mexicanos. Lo dicho. Esta es la séptima cumbre del G-20, pero sin una solución a la crisis. Ni una.
Crecimiento verde
La VII Cumbre no es diferente a las seis anteriores, pues tiene previsto tres sesiones donde los presidentes discutirán temas muy pomposos. Ayer el lema era “La Economía global. Marco para el crecimiento vigoroso, sostenido y equilibrado”. Hoy se debatirá sobre “El fortalecimiento de la arquitectura financiera internacional y el sistema financiero, y promoción de la inclusión financiera”. Y en el cierre el tercer eje de discusión girará sobre “Desarrollo: crecimiento verde, infraestructura y seguridad alimentaria”.
Esa agenda refleja las apetencias o preferencias de las grandes potencias. Por ejemplo, hablar de un crecimiento vigoroso, sostenido y equilibrado suena a mentira, pues no sólo Lagarde sino también su colega del Banco Mundial, Robert Zoellick, declararon ante el B-20, que no saben si la crisis está terminando o comenzando.
Poner en el temario el fortalecimiento de la arquitectura financiera internacional es otra falta de respeto por la inteligencia humana. Ese fue el primer punto de la I Cumbre, en 2008, y todavía estos líderes no han sido capaces de anunciar e implementar un sistema de límites al accionar especulativo del capital financiero mundial. Apenas saben decirle a países como España, “te presto tantos millones de euros pero estas son las condiciones draconianas y punto”.
Y lo del crecimiento verde, tercer tema en debate, es otro plato servido para las multinacionales como Monsanto, Cargill, Dupont, Bayer, etc. Estas contaminan en los países del Tercer Mundo y por el otro, de acuerdo con sus gobiernos de EEUU y la Unión Europea, se resisten a abrir sus mercados a productos agropecuarios argumentando que no cumplen con los estándares sanitarios, de calidad y respeto medioambiental. ¿Monsanto “verde”? Es el mundo patas para arriba…
¿Lugar de Argentina en el mundo?
En este último punto puede que Argentina se acerque a las posiciones de los países más desarrollados, teniendo en cuenta que Cristina Fernández de Kirchner pavoneó ante el Consejo de las Américas, el 15 de junio, con el prospecto que le habían entregado los capos de Monsanto anunciando inversiones en Córdoba y Tucumán.
Lino Barañao en Ciencia y Técnica y Débora Giorgi en Industria, de donde depende el INTI, son funcionarios cercanos al agro-bussiness y los subsidios generosos del Estado van en esa dirección. Con cierto egoísmo, las autoridades argentinas se oponen cuando en reuniones de alto nivel de la FAO o la OMC se trata de poner algunos controles al
aumento del precio de los alimentos.
De cualquier modo, en cuanto a los asuntos generales de la VII Cumbre, CFK tiene bastante línea política y experiencia para criticar al FMI y las recetas de ajuste, para hablar bien de los planes de reactivación del consumo y la producción, para exhibir el aumento del empleo con políticas opuestas a la “austeridad”, etc.

Difícilmente le lleven el apunte Obama, Merkel, Monti, Cameron y Rajoy, entre otros, pero ella podría recordarles lo dicho en Nueva York: o cambian de recetas o el enfermo podría cambiar de médicos. Quizás la Argentina debería cambiar su lugar en el mundo, que no está en el G-20 sino en el BRICS con Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y otros ámbitos del Tercer Mundo, incluso Angola, de la que tanto se burló Clarín.

Publicado por ARGENPRESS

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