ELN

Con un territorio de 17 millones de kilómetros cuadrados, que incluye la Amazonía-Orinoquía y una población aproximada de 400 millones de habitantes, 130 millones de ellos pobres, Sudamérica está configurada por doce repúblicas.

Vivimos en una de las regiones más ricas del planeta, vecinos del país imperialista más poderoso y somos un pueblo rebelde que quiere ser independiente, soberano y autodeterminado. Esta condición conlleva una construcción social y política marcada por el conflicto y la resistencia.
A varios niveles se da esta realidad. Cuba inició la senda de la verdadera independencia, que varios gobiernos del área, por la vía de la democracia burguesa han seguido, con diversos matices, ritmos y profundidad.
Nuestros pueblos, desde el ámbito de lo local, van construyendo poder popular y sentando las bases para una sociedad diferente, que se expresa en el mejoramiento humano, en la participación de los pobladores y pobladoras, en confrontaciones con el poder constituido.
Ya es un sentido histórico la democratización de las sociedades en Sudamérica. Es una tendencia que nuestros pueblos han asumido y que de manera cada vez más consciente luchan por su construcción, defienden lo alcanzado.
Fuimos su patio trasero
En Suramérica el imperialismo yanqui ha mantenido por más de un siglo, con el uso de la fuerza gobiernos obedientes a sus designios e intereses. Se cuentan por decenas los golpes de Estado, las dictaduras, los fraudes y las imposturas, con los cuales los Estados Unidos mantuvieron en el poder a las oligarquías que les era funcional para la extracción de nuestros recursos y el control político de nuestras tierras.
Las embajadas yanquis son verdaderos focos de subversión y control, agenciadoras del terrorismo, tapaderas de la CIA y otros organismos de inteligencia, lugares donde se han planificado y planifican las acciones más aleves contra nuestros pueblos. Los embajadores funcionan como verdaderos Procónsules, que disponen de poderes otorgados por la oligarquía lacaya, que por siglos ha gobernado nuestras Repúblicas.
Un instrumento eficaz fue la Escuela de las Américas. 65 mil oficiales de las fuerzas castrenses de todo Latinoamérica pasaron por ahí. Solo en Ecuador, por ejemplo, hay tres mil de esa especie y son los que ahora, desde su condición de retiro, conforman buena parte de la contrarrevolución más agresiva al gobierno que dirige el Presidente Correa.
Otro dispositivo de subversión y ocupación fueron y son las bases militares. En la actualidad son doce visualizadas en Suramérica. Ubicadas precisamente en países con fuerte resistencia histórica de sus pobladores: Colombia, Perú, Chile y Paraguay. Su dislocación militar en el Caribe y Centroamérica hacen parte de un dispositivo de cerco estratégico, de control electrónico y de puntos de avanzada para acciones de envergadura, incluso contra países africanos. Hacen parte de su acción envolvente global, de su plan en curso de Asalto al mundo.
En este tiempo histórico aparece en creciente magnitud el soft power o poder suave, nueva doctrina altamente eficiente en países de Europa Oriental y en países árabes, donde han derrocado gobiernos y dictaduras, situando gobernantes más proclives o funcionales a los planes yanquis. Combinada aquí esta modalidad con un poco de fuerza han logrado derrocar los gobiernos progresistas de Fernando Lugo en Paraguay y el de Manuel Zelaya en Honduras.
Aparecen nuevas funciones en viejas agencias gubernamentales yanquis como la Usaid y la NED, que se han convertido en una CIA abierta y descarada. Actúan a plena luz del día, de frente, financiando la subversión y la conspiración contra los gobiernos más democráticos. Así es en Ecuador, Bolivia y Venezuela. Ellos combinan todas las formas de lucha.
Transformación y nuevos tiempos
La gran lucha regional por la democratización política y económica, por la defensa de la diversidad cultural, de la multietnicidad, son parte de la ruta emancipatoria que se construye desde diversos esfuerzos, en la búsqueda incesante por encontrarnos, por ser nosotros mismos, por avanzar en la construcción de nuestras propias formas de organización, nuestra juridicidad y nuestras estructuras de poder y de solidaridad.
Una respuesta regional, se viene construyendo con la nacionalización de las YPF en Argentina, de los yacimientos de litio en Bolivia, la profundización de la independencia nacional en Venezuela, los acuerdos multipolares con China, Irán, India, Rusia y Europa. La ruptura del TIAR por los países de la ALBA y la consolidación del Consejo de defensa de UNASUR.
Brasil con sus posiciones nuestroamericanas, su desarrollo económico, que la instala dentro de una de las diez economías más importantes del planeta, se ubica como líder natural de los procesos de unidad regional y hemisférica. De ahí el papel fundamental del proceso de integración económica Mercosur, con Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay ahora con la entrada de Venezuela, una de las principales potencias energéticas de la tierra; se convierte en un ariete de soberanía e independencia.
Es un gran bloque económico que sustenta el gran bloque político de Unasur.
La resistencia continúa
Hay procesos de histórica resistencia, que en la coyuntura riegan los campos y ciudades con sudor, sangre, persecuciones y encarcelamiento. Pueblos originarios, estudiantes, Mineros, pobladores urbanos, mujeres, Campesinos, intelectuales, obreros. Son los sujetos transformadores en pie de lucha.
Un ejemplo es Chile, donde este 2012 el pueblo se mueve con la justa resistencia de los estudiantes por una educación gratuita y de calidad, por quebrar el modelo impuesto por el dictador Pinochet, aún vigente.
Los Mapuches, la mayor etnia ancestral del país, con una población de 600.000 habitantes, con su lucha por librar sus territorios, que una vez fue un país – con el cual Chile celebró un armisticio- ocupados en un 95% por la bota militar y las multinacionales. La población de Aysén en rebelión contra la exclusión y en oposición a las cincos centrales hidrográficas que el régimen pretende construir en la Patagónia. Los mineros y los pobladores por la renacionalización del Cobre, principal producto chileno.
Los conflictos principales los encabezan movimientos sociales anti minerías, que se oponen a las explotaciones mineras a gran escala planificadas en nuestros doce países. Al transcurrir del 2011 se establecieron 160 casos de enfrentamientos por minerías. Países de tradición minera como Perú, Chile, Argentina, son los que más choques registran: 30 en el Perú, 15 en Chile, 30 en Argentina respectivamente. En Ecuador se reportan 4. En Colombia, el terrorismo de Estado, con su brazo paramilitar, causó un gran desplazamiento y asesinó decenas de líderes, abriendo camino a la entrada de las transnacionales mineras Canadienses, suizas, yanquis e hindúes.
Dos ejemplos son Perú y Ecuador. Ollanta Humala llegó a la Presidencia, precedido de las esperanzas del pueblo, que lo consideraba el hombre capaz, de enrumbar al país por los caminos del bienestar, la justicia social y la soberanía; sin embargo ha firmado contratos mineros desventajosos por la suma de 50 mil millones de dólares. La bandera contra la minería a Cielo abierto, es la lucha, que une a los ambientalistas, movimientos sociales, progresistas, por impedir la explotación minera irresponsable a gran escala, pues contamina y agota los recursos de agua dulce, por ejemplo en la región de Cajamarca contra el proyecto Conga que hace parte de la extensión minera de la empresa Yanacocha, propiedad de la transnacional Newmont Mining Corporation donde luchan.
En Ecuador los grandes conflictos se avecinan y se escenificarán cuando se inicie la explotación minera a gran escala. En enero de 2008 tuvo lugar, la primera movilización de rechazo a la minería a gran escala. En 2011 van 4 conflictos por el extractivismo. Uno de los orígenes de los conflictos es que no se cumple el derecho de las comunidades a ser consultadas e informadas.
Estos conflictos en Ecuador al igual que en Bolivia expresan la gran contradicción entre la necesidad ingente de recursos económicos por parte de los gobiernos para implementar políticas públicas versus la defensa de la Pacha Mama y los intereses locales de las comunidades.
Resistencia y Poder
El cambio de época se siente en América del Sur. El proceso integrador bolivariano es una realidad y es cada vez es más profundo. Su carácter independentista lo convierte de hecho en un proyecto antiimperialista y esto conlleva la reacción yanqui.
La liberación de nuestros pueblos ha costado centenares de miles de mártires. Al mismo tiempo gran experiencia en luchas y combates. Sabemos defendernos, desde la lucha contra el imperio español hasta ésta, por la independencia definitiva. Son cientos de años levantando las banderas de la dignidad, la libertad, la independencia y el deseo de vivir en paz.
Nuestros pueblos están decididos a ser independientes y soberanos y eso es inmodificable.

Los pasos gigantes que estamos dando, las potentes construcciones que hemos alcanzado, muestran que en verdad, la tendencia histórica de la resistencia se va convirtiendo en poder y que éste es popular o no lo es.

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