Se conmemora el bicentenario de las primeras cartas magnas en América Latina y el Caribe: 1812-2012

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Del 11 al 15 de diciembre, se realizará en La Habana el Coloquio Internacional Bicentenario de las primeras constituciones latinoamericanas, que organiza la Sección Cubana de la ADHILAC, y cuyo objetivo es reflexionar sobre las constituciones y su papel en la historia posterior de América Latina.

 

Raquel Marreno Yanes / Granma
Sergio Guerra Vilaboy, historiador cubano
Este año conmemoramos el aniversario 200 de las primeras constituciones de los países latinoamericanos. Fue en 1812 cuando se aprobaron las cartas magnas fundacionales de las actuales repúblicas de Ecuador (Quito), el 15 de febrero; Colombia (Cartagena), el 15 de junio; y Chile el 27 de octubre. Ello abrió el proceso de consolidación institucional de los nuevos estados como parte de la lucha por la independencia.
A propósito de estos acontecimientos, Granma conversó con el doctor Sergio Guerra Vilaboy, presidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC), quien, además, es el secretario ejecutivo del Grupo Nacional del Bicentenario de la Independencia de América Latina.
En Buenos Aires —explica—, el 8 de octubre de 1812, las tropas de José de San Martín derrocaron al gobierno moderado exigiendo “Independencia y Constitución”. Este proceso se inició en Caracas, el 21 de diciembre de 1811, con la aprobación de la Constitución de la República de Venezuela, la primera en establecer un estado independiente.
Según precisa este historiador, la Constitución de Cádiz (España), proclamada el 8 de junio de 1812 con la presencia de diputados hispanoamericanos, tuvo gran impacto en el proceso emancipador y constitucional de Nuestra América.
La constitución de Cádiz tuvo gran impacto en el proceso emancipador de Ámerica y especial significado para Cuba. No obstante —aclara—, el proceso constitucional desarrollado en los territorios hispanoamericanos a partir de entonces, estuvo precedido por la puesta en vigor de las constituciones de Haití, que recogían, entre otras avanzadas disposiciones revolucionarias, el fin de la esclavitud.
Refiere Guerra Vilaboy que la del 8 de julio de 1801 consagró a Toussaint Louverture como la principal figura de la Revolución Haitiana, y la del 20 de mayo de 1805, que bajo la dirección de Jean Jacques Dessalines creó el primer estado independiente de Nuestra América y le permitió a Bolívar calificar a Haití como la “nación más democrática del mundo”.
Estos son algunos de los motivos que explican la realización del Coloquio Internacional Bicentenario de las primeras constituciones latinoamericanas, que organiza la Sección Cubana de la ADHILAC de conjunto con el Grupo Nacional Cubano del Bicentenario, adscripto al Ministerio de Cultura, y con el coauspicio de la Unión Nacional de Juristas y la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana, entre otras instituciones.
El historiador puntualiza que el evento, previsto del 11 al 14 de diciembre próximo, en la capital, tiene entre sus objetivos reflexionar sobre las constituciones y su papel en la historia posterior de América Latina.

Además, pretende no solo analizar el significado de las cartas magnas primigenias de nuestros pueblos, sino también valorar las que entraron en vigor después, incluyendo las que hoy sostienen los procesos de cambio en varios países de Nuestra América.

Expropiando a los expropiadores

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En plena crisis está cobrando forma una clase integrada por los más oprimidos, los del sótano, que van descubriéndose entre sí y van develando los modos y formas de la opresión, hasta mostrar a la luz pública a los expropiadores. Cuando los de abajo se atreven a gritarle a la cara a los de arriba –nos enseña James C. Scott– es porque ha llegado el momento de las grandes y contundentes acciones.

 

Raúl Zibechi / LA JORNADA
Militantes del Sindicato Andaluz de Trabajadores
irrumpieron en supermercados para llevar alimentos
a los comedores social afectados por los recortes.
Las crisis suelen ser momentos de honda creatividad colectiva que, en buena medida, consisten en ir más allá de lo establecido, inventando formas de acción que superan las constricciones y los límites que impone el sistema. La más importante, la que marca el límite que los de arriba no están dispuestos a tolerar, es la acción colectiva y directa para resolver problemas de la vida cotidiana: alimentación, vivienda, salud, empleo y educación.
Los obreros organizados en el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), en el sur de España, ingresaron el martes pasado en grandes supermercados (Mercadona, Carrefour), llenaron carros con alimentos y salieron a repartirlos en comedores sociales donde acuden desocupados e inmigrantes. Desde hace 15 días el SAT mantiene ocupada una finca del Ejército reclamando la cesión de tierras a los agricultores que estén pasando hambre.
En algunas zonas andaluzas, como la de Écija, la desocupación trepa al 40 por ciento; hay familias que tienen a todos sus integrantes desocupados y no perciben subsidios. En las grandes ciudades 35 por ciento de las familias está por debajo de la línea de pobreza. Pese a ser una organización pequeña, el SAT se inscribe en la historia de luchas protagonizada por el Sindicato de Obreros del Campo (SOC), dirigido por el alcalde de Marinaleda, y actual diputado por Izquierda Unida, Juan Manuel Sánchez Gordillo.
En la década de 1980 tanto el SOC como Comisiones Obreras impulsaron múltiples acciones por la reforma agraria, que incluyeron ocupaciones de fincas, marchas, cortes de carreteras y de vías férreas. La combatividad de este sector del pueblo andaluz se manifiesta ahora en acciones que serán penalizadas por la justicia. En línea con la ética de poner el cuerpo y no rehuir las represalias, Sánchez Gordillo dijo, luego de participar en las acciones en supermercados, que estará “orgulloso de entrar en la cárcel por este motivo, una y mil veces”.
Los que están dispuestos a criminalizar la acción directa incluyen un amplio espectro que va desde el gobierno derechista y los empresarios hasta la Unión Progresista de Fiscales, cuya portavoz dijo que “si todo el mundo hiciera lo mismo, esto sería el fin de la convivencia pacífica, se llevaría a cabo la ley de la selva”. La justicia no considera que los banqueros que actuaron como delincuentes merezcan la cárcel. Defienden la propiedad de los ricos, pero no la de los millones que han perdido sus viviendas y sus empleos.
Una vez más han sido los activistas los que han puesto las cosas en su lugar, frente a la avalancha mediática que juzga las acciones de los pobres como “asaltos” y “saqueos” a los supermercados, como apunta entre otros el diario El País. Los dirigentes del SAT, por el contrario, defendieron ese tipo de acciones que buscan “expropiar a los expropiadores, terratenientes, bancos y grandes superficies, que están ganando dinero en plena crisis económica”.
Con los meses vamos asistiendo a un panorama desolador: luchadores sociales procesados y banqueros en libertad. No importa que los de abajo tomen los alimentos de forma pacífica ni que esos mismos supermercados tiren a la basura toneladas de comida. Ahora ponen candados a los contenedores de basura para que los hambrientos no tengan la osadía de tomar lo que, en rigor, les pertenece. La lógica de la acumulación de capital no se distrae con disquisiciones éticas ni morales, no sabe del dolor humano ni de sufrimientos porque, precisamente, vive de ellos.
El paso dado por los miembros del SAT pone la crisis en otro lugar. Abre las puertas a nuevas formas de acción que siempre nacen en los márgenes, a contracorriente incluso de las izquierdas establecidas, y permite a los afectados tomar la iniciativa dejando de ser objetos pasivos de la caridad del Estado. En este punto tres aspectos merecen destacarse.
El primero es que no importa el número, sino la creatividad y la potencia. El SAT es una pequeña organización que se apoya en la mejor historia de los jornaleros andaluces y muestra que aun grupos muy pequeños pueden tomar la iniciativa, siendo audaces y valientes, para modificar de ese modo la rutina de la acción colectiva. Lo que un día parece subversión y espanta, con el tiempo se torna normal y resulta aceptado. El cambio siempre empieza siendo local, para luego volverse general.
El segundo, consiste en la legitimidad de las acciones, mucho más que en su legalidad. Si los de abajo no somos capaces de ir más allá de lo establecido, no hay cambios posibles. Eso supone correr riesgos, asumir la respuesta violenta y la posibilidad de pagar con cárcel la lucha por la justicia social. Siempre ha sido así. Hace apenas 30 años el aborto era ilegal en el Estado Español, hasta que pequeños grupos de feministas dieron el paso de hacer abortos, y de abortar, desafiando las restricciones legales y las represalias. Ninguna conquista es gratuita.
Por último, es mediante este tipo de acciones como los sectores populares se convierten en sujetos de su destino. Cuando los de abajo toman la vida cotidiana en sus manos están forjando poderes contrahegemónicos, locales primero, pero que pueden expandirse e inevitablemente terminan desafiando a los poderes estatales del arriba. Las clases sólo existen en situaciones de conflicto y eso supone dos partes, como señala Immanuel Wallerstein: “Puede no haber ninguna clase, aunque esto es raro y transitorio. Puede haber una, y esto es lo más común. Puede haber dos, y esto es de lo más explosivo” (El moderno sistema mundial, Siglo XXI, tomo I, p. 495).

De eso se trata. En plena crisis está cobrando forma una clase integrada por los más oprimidos, los del sótano, que van descubriéndose entre sí y van develando los modos y formas de la opresión, hasta mostrar a la luz pública a los expropiadores. Cuando esto sucede, cuando los de abajo se atreven a gritarle a la cara a los de arriba –nos enseña James C. Scott– es porque ha llegado el momento de las grandes y contundentes acciones, esas que no tienen marcha atrás.

Qué reclamar al capitalismo neoliberal en crisis

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El gran desafío es cómo procesar la transición rumbo a un mundo postcapitalista liberal, entendido como un sistema social que esté orientado por el Bien Común de la Humanidad y de la Tierra, que sustente toda la vida y que exprese una relación nueva de pertenencia y de sinergia con la naturaleza y con la Tierra.

 

Leonardo Boff / Servicios Koinonia
La crisis del neoliberalismo ha alcanzado el corazón de los países centrales que se arrogaban el derecho de conducir no solo los procesos económico-financieros sino también el propio curso de la historia humana. Es la crisis de la ideología política del estado mínimo y de las privatizaciones de los bienes públicos, pero también del modo de producción capitalista exacerbado en extremo por una concentración de poder como nunca antes se había visto en la historia. Estimamos que esta crisis tiene carácter sistémico y terminal.
El genio del capitalismo siempre ha encontrado salidas para su propósito de acumulación ilimitada. Para eso ha usado todos los medios, inclusive la guerra. Ganaba destruyendo y ganaba reconstruyendo. La crisis de 1929 se resolvió no por la vía de la economía sino por la vía de la Segunda Guerra Mundial. Ese recurso parece ahora impracticable, pues las guerras son tan destructivas que podrían exterminar la vida humana y gran parte de la biosfera. Pero no estamos seguros de que, en su insania, el capitalismo no use este medio.
Esta vez surgen dos límites insuperables, lo que justifica decir que el capitalismo está concluyendo su papel histórico. El primero es el mundo lleno, es decir que el capitalismo ha ocupado todos los espacios para su expansión a nivel planetario. El otro, verdaderamente insuperable son los límites del planeta Tierra. Sus bienes y servicios son limitados y muchos no renovables. En la última generación quemamos más recursos energéticos que en todas las generaciones anteriores, nos asegura el analista italiano Luigi Soja. ¿Qué haremos cuando estos alcancen un punto crítico o simplemente se agoten? La escasez de agua potable puede poner a la humanidad frente a la destrucción de millones de vidas.
Las regulaciones y los controles propuestos hasta ahora han sido simplemente ignorados. La Comisión de la Naciones Unidas para la Crisis Financiera y Monetaria Internacional, cuyo coordinador era el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz (llamada Comisión Stiglitz) realizó un gran esfuerzo desde enero de 2009 para presentar reformas intrasistémicas de cuño keynesiano.
En ella se proponía una reforma de los organismos financieros internacionales (FMI, Banco Mundial) y de la OMC (Organización Mundial del Comercio). Se preveía la creación de un Consejo de Coordinación Económica global del mismo nivel que el Consejo de Seguridad, la constitución de un sistema de reservas globales para contrapesar la hegemonía del dólar como moneda de referencia, la institución de una fiscalización internacional, la abolición de los paraísos fiscales y del secreto bancario y, por último, una reforma de las agencias de certificación. Todo fue rechazado. La ONU aceptó solamente la constitución permanente de un Grupo de Expertos de Prevención de las Crisis, al que nadie da importancia, porque lo que realmente cuenta son las bolsas y la especulación financiera.
Esta constatación decepcionante nos convence de que la lógica de este sistema hegemónico puede hacer que el planeta no sea ya amigable para nosotros, y llevarnos a catástrofes socio-ecológicas muy graves, hasta el punto de amenazar nuestra civilización y la especie humana. Lo cierto es que este tipo de capitalismo, que en la Río+20 se revistió de verde con el objetivo de poner precio a todos los bienes y servicios naturales y comunes de la humanidad, no tiene condiciones a medio ni a largo plazo para garantizar su hegemonía. Otra forma de habitar el planeta Tierra y de utilizar sus bienes y servicios deberá surgir.
El gran desafío es cómo procesar la transición rumbo a un mundo postcapitalista liberal, entendido como un sistema social que esté orientado por el Bien Común de la Humanidad y de la Tierra, que sustente toda la vida y que exprese una relación nueva de pertenencia y de sinergia con la naturaleza y con la Tierra.
Es necesario producir, pero respetando el alcance y los límites de cada ecosistema, no meramente para acumular sino para atender, de forma suficiente y decente, las demandas humanas. Es importante también cuidar de todas las formas de vida y buscar el equilibrio social, sin dejar de pensar en las futuras generaciones que tienen derecho a una Tierra preservada y habitable.
No cabe en este espacio lanzar alternativas en curso. Nos atenemos a lo que es posible intrasistémicamente, ya que no hay como salir de él a corto plazo.
Asistimos al hecho de que América Latina y Brasil, en la división internacional del trabajo, están condenados a exportar lo que se extrae de sus minas y commodities, bienes naturales como alimentos, granos y carnes. Para hacer frente a este tipo de imposición deberíamos seguir los pasos ya sugeridos por varios analistas, especialmente por un gran amigo de Brasil, François Houtart, en su reciente libro con otros colaboradores: Un paradigma poscapitalista: el Bien Común de la Humanidad (Panamá 2012).
 
En primer lugar, dentro del sistema luchar por normas ecológicas y regulaciones internacionales que cuiden lo más posible los bienes y servicios naturales importados de nuestros países; que traten de su utilización de forma socialmente responsable y ecológicamente correcta. La soya es para alimentar primero a la gente, y solo después a los animales.
 
En segundo lugar, cuidar nuestra autonomía, rechazando el neocolonialismo de los países del Centro que nos mantienen, como antaño, en la Periferia, subalternos, agregados y meros suplentes de lo que les falta en bienes naturales. Antes, debemos cuidar de incorporar tecnologías que den valor añadido a nuestros productos, crear innovaciones tecnológicas y orientar la economía, primero, hacia el mercado interno y, luego, al externo.
En tercer lugar, exigir a los países importadores que contaminen lo menos posible sus ambientes y que contribuyan financieramente al cuidado y a la regeneración ecológica de los ecosistemas de donde importan los bienes naturales, especialmente de la región amazónica y del cerrado.

Se trata de reformas y todavía no de revoluciones. Pero ayudan a crear las bases para proponer un paradigma distinto que no sea la prolongación del actual, perverso y decadente.

Indígenas americanos y mentalidad colonial

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A pesar de todo lo denostados y vilipendiados que han sido, los indígenas son, hoy por hoy, de los pocos que tienen una concepción de mundo y de organización social que puede presentarse como alternativa a la civilización occidental en crisis.

 

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica
Los pueblos indígenas: protagonistas del proceso
de cambio en Bolivia y nuestra América.
Los colonialistas vieron al “otro indígena” siempre, en todas partes del mundo, como alguien a quien podía cuestionársele su humanidad: o no eran seres humanos o lo eran de segunda categoría.
Aunque el colonialismo ha dejado de ser dominante en el mundo contemporáneo, la mentalidad colonial prevalece. En América Latina, después de la independencia, las élites criollas vieron al indígena como un problema: el problema indígena.
¿Cuál era el problema para estas élites dominantes? Cómo hacer para que el indio dejara de serlo y se transformara en otra cosa, más parecida a lo que ellos, los criollos, creían ser: similares a los europeos, física y culturalmente.
Para ello se plantearon varias estrategias. Una fue integrarlos a la cultura criolla dominante. Las políticas integracionistas hicieron carrera en América Latina bajo múltiples fachadas y la educación jugó un papel central en ellas. Bajo lemas altruistas como gobernar es educar, los sistemas educativos se convirtieron en verdaderas maquinas culturales que buscaron eliminar sus identidades “bárbaras” para modernizarlos y civilizarlos.
En última instancia, lo que se buscaba era tener una fuerza de trabajo con habilidades para impulsar el capitalismo y sus formas de vida.
Donde no se pudo “educar” se les marginó o eliminó. Campañas estudiadas hoy en día en las escuelas y colegios como gestas heroicas constructoras de nuestras naciones no fueron otra cosa que campañas destinadas a eliminar a las poblaciones indígenas.
La construcción de los Estados-nación latinoamericanos implicó la creación de “teorías” que justificaban esa marginación o eliminación de los indígenas. En Guatemala, por ejemplo, se inventaron la teoría de la degeneración del indio. Consistía en lo siguiente: los indígenas del presente, a quienes los sectores dominantes catalogaban de ignorantes, borrachos, sucios e indolentes, ¿cómo pudieron construir una civilización como la maya, que despertaba tanta admiración y que ellos mismos querían poner como fundamento de la nación? La respuesta fue “porque se habían degenerado”; es decir, en algún momento de su historia, posiblemente antes de la llegada de los colonizadores españoles, se habían transformado en otra cosa, quién sabe por qué, pero así había sido.
En el presente, esa mentalidad colonial no ha desaparecido. Ser indio es un estigma del que hay que tratar de lavarse. Una de las estrategias para alejarse de él es “mejorando la raza” mediante el mestizaje, o abandonando los rasgos culturales que los identifican, que es otra forma de “mejorarse”, solo que culturalmente. Han sido estrategias usadas para tratar de escapar de la discriminación y, muchas veces, de la violencia a la que son sometidos.
Pero esa situación está cambiando. Aunque la resistencia ha sido una constante a través de la historia, es posible que hoy sea más consciente, más visible y más reconocida. Tiene ante sí una ardua tarea, porque si algo es difícil de cambiar en las sociedades humanas es la forma de pensar, sobre todo cuando, como en este caso, sirve para justificar la dominación de unos sobre otros y, por ende, privilegios y prebendas.
Ya lo vimos en Bolivia, cuando los cambas santacruceños estallaron en ira y no vacilaron en intimidar y humillar con afán de hacer prevalecer su supuesta predominancia racial. Ya lo vimos en Guatemala, en donde en los años 80 aplicaron la política de tierra arrasada que despareció de la faz de la Tierra cientos de aldeas y asesinó a miles de indígenas.
A pesar de todo lo denostados y vilipendiados que han sido, los indígenas son, hoy por hoy, de los pocos que tienen una concepción de mundo y de organización social que puede presentarse como alternativa a la civilización occidental en crisis.

Tal vez el calendario maya tenía razón y estemos en el inicio de una nueva era.

Primer informe de la Brigada de Observación y Solidaridad con las Comunidades Zapatistas. Agosto 2012.

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RED CONTRA LA REPRESIÓN Y POR LA SOLIDARIDAD
BRIGADA DE OBSERVACIÓN Y SOLIDARIDAD CON LAS COMUNIDADES ZAPATISTAS, AGOSTO 2012: PRIMER INFORME
Hoy 12 de agosto, la Brigada de Observación y Solidaridad con las Comunidades Zapatistas, iniciativa de la Red Contra la Represión y por la Solidaridad, en el marco de su quinto aniversario, piso territorio rebelde.

Treinta y cinco compañeras y compañeros de México, Chile, Brasil, el Estado Español y Alemania, acordamos formas y métodos de trabajo, que permitirán tener un mejor aprendizaje en los próximos días, para aportar nuestro granito de arena que ayude a documentar los avances de la autonomía zapatista y que permita hacer eco de las denuncias hechas por parte de las comunidades rebeldes en contra de los malos gobiernos y todos los partidos políticos, particularmente del desgobernador del estado, Juan Sabines Guerrero y el Partido de la Revolución Democrática.

Venimos con el ánimo y las ganas de aprender en y desde lo colectivo. Nuestra convicción y fuerza para iniciar estos trabajos tiene su origen en el año de 1994, cuando desde la Selva Lacandona, miles de indígenas bajaron de las montañas con las banderas de democracia, libertad y justicia para todas y todos.

Nosotras y nosotros, reivindicamos aquel amanecer del ¡Ya Basta! que cimbró al mundo.

Al encontrarnos, al mirarnos, al escucharnos entre las y los brigadistas, hemos reconocido al otro y a la otra como compañeras y compañeros de lucha. Coincidiendo que las fronteras que impone el Poder son un absurdo más, cuando la geografía del abajo y a la izquierda se encuentran y acuerdan desafiar al enemigo en común que es el capital.

Nuestros pasos andarán cuatro de los cinco Caracoles Zapatistas: en La Realidad, La Garrucha, Morelia y Roberto Barrios emprenderemos la tarea a la cual nos hemos comprometido.

Vamos con el principio de que si tocan a los zapatistas nos tocan a todos, pondremos nuestro mejor empeño para construir en los hechos el no están solas, no están solos.

También manifestamos que estaremos atentas y atentos a toda agresión que pudiera darse en estos días en cualquiera de las comunidades que han recibido amenazas de desalojo.

Celebramos el noveno aniversario de las Juntas de Buen Gobierno, convencidas y convencidos que el motor de este proceso de resistencia son las comunidades zapatistas, para las mujeres, hombres, niños y ancianos nuestra admiración y respeto.

Agradecemos al Ejército Zapatista Liberación Nacional el poder permitirnos estar en su territorio, para nosotras y nosotros es un honor esta oportunidad de aprendizaje y compartir en estos días, con sus bases de apoyo, el alimento, el techo y la dignidad que sustenta y abona muchas de nuestras esperanzas y rebeldías.

Con el corazón en la mano, marchamos a las comunidades zapatistas a entrelazarnos con el pasado revuelto de memoria, con la historia hecha presente, con nuestro futuro de lucha.

¡VIVAN LAS COMUNIDADES ZAPATISTAS!¡VIVAN LAS JUNTAS DE BUEN GOBIERNO!

¡VIVAN LOS CARACOLES ZAPATISTAS!

¡VIVA EL EZLN!

¡Contra el despojo y la represión: la solidaridad!
Red Contra la Represión y por la Solidaridad

Posible vínculo de escuadrones de la muerte de El Salvador en negocios de Romney

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David Brooks (LA JORNADA)

Los Angeles Times revela que varios exiliados ultraderechistas son socios del republicano.

Invirtieron unos 9 millones de dólares en la empresa Bain Capital del aspirante a la presidencia.
Mitt Romney, virtual candidato presidencial del Partido Republicano, obtuvo inversiones para su empresa financiera Bain Capital de exiliados latinoamericanos derechistas en Miami, algunos posiblemente vinculados con escuadrones de la muerte salvadoreños.
Unos 9 millones de dólares de la inversión inicial de la empresa privada financiera de Romney y sus socios provinieron de familias salvadoreñas (entre otros latinoamericanos) que residían en Miami durante la guerra civil de su país en los 80, reportó el Los Angeles Times el mes pasado.
Aunque estas relaciones de Romney con las familias oligarcas de El Salvador ya han sido reportadas de manera esporádica antes, recientemente se han intensificado las interrogantes sobre los vínculos de estos primeros inversionistas con la empresa financiera Bain Capital -fundada en 1984 por Romney y un grupo de socios- donde han permanecido como clientes y asociados de la empresa hasta la fecha.
La campaña electoral de Romney y la empresa han rehusado comentar los detalles de los inversionistas iniciales de Bain. Pero Los Angeles Times reportó recientemente que después de que los fundadores de Bain, incluido Romney, invirtieron 12 millones de su propio dinero, recaudaron alrededor de un tercio de los 37 millones en fondos de inversión iniciales de extranjeros ricos, la mayoría a través de empresas registradas en Panamá.
El primer inversionista exterior de los fundadores fue Jack Lyons, financiero británico que invirtió unos 2 millones y medio de dólares. Años después, Lyons fue condenado judicialmente por un escándalo financiero no relacionado con este negocio. Poco después, Romney viajó a Miami para negociar la inversión de los latinoamericanos, en particular salvadoreños, en su empresa. En ese tiempo -1984- funcionarios del gobierno estadounidense estaban acusando públicamente a algunos exiliados en Miami de financiar a escuadrones de la muerte derechistas en El Salvador, indicó el Times. Algunos familiares de los primeros inversionistas fueron vinculados con los escuadrones, aunque el rotativo informó que no hay pruebas de que esos mismos familiares en particular, aunque sus familias sí, invirtieron en Bain.
De hecho, en esas fechas Romney expresó preocupación ante la sugerencia de su socio Harry Strachan de buscar fondos de inversión de los centroamericanos en Miami, ya que temía que esos fondos podrían estar vinculados con “dinero de drogas ilícitas, escuadrones derechistas o terrorismo de izquierda”, reveló el propio Strachan al Boston Globe años después. Pero necesitaban los fondos para lanzar la nueva empresa y Romney viajó a Miami. Esos latinoamericanos han permanecido como clientes leales de Bain y por lo menos hasta 2008 continuaban con uno de los grupos de inversionistas más grandes en Bain, según las memorias de Strachan.
El Boston Globe y Los Angeles Times han identificado a las familias salvadoreñas de Sola y Salaverría entre los primeros inversionistas, y el propio Romney, cuando regresó a Miami en 2007 para buscar apoyo financiero para su primera campaña presidencial, recordó en un discurso que estaba agradecido con varios latinoamericanos de esa ciudad por ayudarlo a impulsar a Bain, y nombró a Ricardo Poma, Miguel Dueñas, Pancho Soler, Frank Kardonski y Diego Ribadeneira, reportó ayer el Huffington Post. Algunos integrantes de estas familias, indica, estaban financiando directa o indirectamente a escuadrones de la muerte en El Salvador.
En 1984 la familia Salaverría -en particular los hermanos Julio y Juan Ricardo- fue acusada por el ex embajador estadounidense en El Salvador, Robert White, de financiar a grupos paramilitares en ese país, informó hoy el programa noticiero nacional Democracy Now. El Huffington Post añade que esa familia, como la de Sola, los Poma y los Dueñas tenían relaciones profundas con Arena, fundada por el líder de escuadrones de muerte Roberto D’Aubuisson.

El Boston Globe en 1994 y el Salt Lake City Tribune en 1999 reportaron los vínculos de las familias que invirtieron en Bain con los escuadrones de la muerte, ahora estos fantasmas regresan en plena campaña electoral de Romney.

Advierte Chávez de planes golpistas de la oposición en Venezuela

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PL

El presidente Hugo Chávez denunció que un sector de la burguesía venezolana se prepara para desconocer el triunfo del pueblo en las elecciones presidenciales del 7 de octubre. Durante un discurso pronunciado hoy en Catia La Mar, estado de Vargas, como parte de la campaña electoral para su reelección, el mandatario advirtió a esos sectores que “ni se les ocurra intentar desestabilizar el país, que lo piensen bien, porque van a fracasar”.

Si lo intentan “nosotros responderíamos profundizando aún más la revolución bolivariana y acelerando la transición al socialismo”, subrayó.
Estamos muy alertas sobre esos planes y llamo a todos a estar muy alertas, dijo Chávez ante decenas de miles de varguenses reunidos en Catia La Mar.
Al referirse a este tema, el Presidente reveló que hace pocos días los cuerpos de seguridad detuvieron a un ciudadano estadounidense de origen latino cuando intentaba ingresar ilegalmente a Venezuela desde Colombia.
En su pasaporte aparece que viajó en los últimos años a Irak, Afganistán y Libia y tiene todas las características de ser un mercenario, explicó.
Dijo que, además, se le ocupó un cuaderno con coordenadas que se investigan para precisar a que lugares corresponden.
Esto nos obliga a activar mucho más las alarmas, expresó Chávez, y recordó que la misma burguesía que ahora planea desestabilizar al país fue la que hace varios años trajo a casi un centenar de mercenarios desde Colombia para realizar acciones armadas contra su gobierno.
Desde hace varias semanas, algunos comentaristas de la prensa capitalina alertan sobre un plan B que sectores de la oligarquía ejecutarían en el caso de un nuevo triunfo del Presidente en las elecciones de octubre, como vaticinan prácticamente todas las encuestas.
“La opción golpista avanza aceleradamente”, advirtió la víspera un conocido columnista del diario Vea, al referirse al abierto desconocimiento por parte de la oposición de las normas establecidas por el Consejo Nacional Electoral (CNE) para el desarrollo de la campaña.
Se trata de una estrategia dirigida a crear la matriz de opinión de que el CNE no es confiable y está parcializado a favor del gobierno, lo que justificaría desconocer los resultados de la cita electoral y calificar de fraudulentas las elecciones.

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