ARGENPRESS: Las 25 noticias más censuradas por la gran prensa de Estados Unidos (Noticia 1 a 25)

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Noticia más censurada N° 2: Los océanos están en peligro
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La noticia más censurada N° 3: Polvillo radiactivo de Fukushima mató hasta 18.000 personas en Estados Unidos
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La noticia más censurada N° 4: FBI: Usina de conspiraciones terroristas en Estados Unidos
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La noticia más censurada N° 5: La Reserva Federal imprimió 16 billones de dólares para salvar grandes bancos
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La noticia más censurada N° 6: 147 corporaciones controlan la economía del mundo occidental
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La noticia más censurada N° 7: La ONU proclamó 2012 Año Internacional de las Cooperativas
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La noticia más censurada N° 8: Crímenes de guerra de OTAN en Libia
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La noticia más censurada N° 9: Hoy. Esclavitud en las prisiones de Estados Unidos
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La noticia más censurada N° 10: Nueva ley criminaliza protestas Occupy
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La noticia más censurada N° 11: Estados Unidos: Legisladores, más ricos pese a la crisis
Por: Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)
La noticia más censurada N° 12: Siria. Estados Unidos une sus fuerzas a Al-Qaeda
Por: Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)
La noticia más censurada N° 13. “Reforma a la educación”: Caballo de Troya para la privatización
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La noticia más censurada N° 14: ¿Quiénes pertenecen al 1 por ciento “top” y cómo se ganan la vida?
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La noticia más censurada N° 15: Peligros de la tecnología doméstica
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La noticia más censurada N° 16: El Pentágono encubre violaciones de soldados-mujeres
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La noticia más censurada N° 17: Estudiantes de Estados Unidos deben un billón de dólares en crédito universitario
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La noticia más censurada N° 18: Prisioneras palestinas paren encadenadas
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La noticia más censurada N° 19: Policía de Nueva York siembra drogas para alcanzar cuotas de capturas
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La noticia más censurada N° 20: Destruir la educación pública beneficia al Complejo Prisión-Industrial
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La noticia más censurada N° 21: Conservadores (R&D) matan el correo y su sindicato para privatizar el servicio
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La noticia más censurada N° 22: Los grandes bancos de Estados Unidos lavan muy bien, pero el Wachovia Bank lava mejor… para los carteles de la droga
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La noticia más censurada N° 23: Obama encubre masacre afgana de “los carniceros de la Casa Blanca”
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La noticia más censurada N° 24: Granjeros de Alabama piden trabajo forzado de presos en cosechas
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La noticia más censurada N° 25: En Guantánamo matan con dryboarding (asfixia inducida)
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Crisis capitalista: El huevo de la serpiente

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La aceleración de la globalización y la financiarización fuerza a los países a desmantelar los contratos sociales y los Estados de Bienestar, para bajar salarios y empeorar las condiciones laborales.
La rapiña financiera en el
centro de la crisis global.

 

Rudiger von Arnim / Página12
Hace cuatro años el colapso de Lehman Brothers marcó el inicio de la Gran Recesión. El mundo todavía se está recuperando de las consecuencias de esta crisis financiera que todo lo abarca. ¿Cuáles fueron las causas de la crisis? Mucho se ha dicho sobre los instrumentos derivados, el fracaso de las regulaciones y la codicia. Estos elementos importan, pero aquí me gustaría ofrecer una explicación más simple y más profunda: la globalización fuerza a los países a vaciar sus contratos sociales. La reducción de los salarios reales promete ganancias a través de la inversión y las exportaciones, pero en última instancia socava el crecimiento en todas partes.
Si los salarios reales no sostienen el crecimiento a nivel mundial, ¿qué puede hacerlo? La respuesta es que una burbuja global del crédito –desde California y Florida hasta España e Irlanda– podía hacerlo, hasta que no pudo más. Las tendencias subyacentes finalmente te alcanzan: si los salarios reales no se mantienen en sintonía con el crecimiento de la productividad, la participación de los trabajadores en el ingreso total baja. La burbuja global del crédito se suele manifestar a nivel local, por ejemplo, como un boom inmobiliario en Miami o en la costa mediterránea de España, pero es propulsado por un mercado financiero global liberalizado. Así, podemos identificar tres factores dominantes pero interdependientes en esta historia: la aceleración de la globalización, el aumento de la desigualdad y la financiarización.
Para trazar a grandes rasgos cómo llegamos hasta aquí, dividimos el período de la posguerra en dos: la época dorada del capitalismo inmediatamente después de la Segunda Guerra que terminó con el colapso del sistema de Bretton Woods en la década de 1970, y la segunda era de la globalización que se inició con la revolución conservadora hacia el final de esa década. La edad de oro tuvo un crecimiento global rápido, incluso en las economías en desarrollo. Los vínculos comerciales entre las economías se fortalecieron, pero la integración no fue tan profunda como es hoy. La apertura de la cuenta de capital fue muy limitada. En muchas economías avanzadas, así como en algunos países en desarrollo, los Estados de Bienestar se profundizaron. La expansión de las instituciones laborales protegió los puestos de trabajo y garantizó un rápido crecimiento compartido de la productividad. Generalmente, estos elementos permitieron aumentar la participación del trabajo en el ingreso. Así, el crecimiento mundial fue sostenido por la demanda local.
La segunda era de la globalización, en un marcado contraste, vio la aceleración de la globalización. La integración comercial se profundizó, la producción internacional se desfragmentó en redes de producción trasnacionales flexibles y se liberalizaron los movimientos de capitales. Todas estas tendencias disciplinaron al trabajo a través de la amenaza de la relocalización productiva. De hecho, las negociaciones de contratos laborales que no están sujetas a una amenaza de deslocalización de las fábricas tienden a ser la excepción, en parte debido a la creciente comerciabilidad de los servicios. Como consecuencia, el crecimiento de los salarios reales se ha desfasado del crecimiento de la productividad en muchos países, llevando a la caída de la participación del trabajo en el ingreso y la creciente desigualdad. Por lo tanto, a nivel mundial, la demanda de consumo no puede absorber lo que puede producirse y a la falta de demanda global efectiva le siguen el desempleo y el estancamiento.
La apertura de las cuentas capital ocupa un lugar central en esta etapa. En primer lugar, los países tienen que ofrecer bajos impuestos a las ganancias (si no exenciones), así como bajos salarios para atraer y retener la inversión extranjera directa de las multinacionales. Estas políticas tributarias limitan el espacio fiscal del Estado para sostener las redes de seguridad social, invertir en educación y mantener la infraestructura esencial. En ese sentido, la combinación de financiarización con apertura de la cuenta capital tiende a producir flujos de capitales volátiles y pro-cíclicos que proporcionan un terreno fértil para la expansión insostenible del crédito. Ese crecimiento del crédito a menudo se transforma en burbujas inmobiliarias y de consumo inducidas por el endeudamiento en el camino hacia arriba y en crisis de balanza de pagos en el camino hacia abajo. En los últimos años la financiarización –a través de la presunta innovación en el uso de los derivados– sostuvo una burbuja global del crédito que permitió posponer el día del juicio final: en la medida en que los hogares de clase media y baja en los países avanzados mantienen los niveles de vida a través de la acumulación de la deuda, el crecimiento continúa a pesar de la falta de demanda “real”.

En resumen, la aceleración de la globalización y la financiarización fuerza a los países a desmantelar los contratos sociales y los Estados de Bienestar, para bajar salarios y empeorar las condiciones laborales. En el proceso, aumenta la desigualdad. Hace falta confianza y cooperación para crear políticas que sostengan una clase media pujante. En términos simples, dos países se benefician si ambos llevan adelante esas políticas porque profundiza la extensión del mercado. La globalización hizo muy difícil que un país confíe en que otro no dará exenciones fiscales a las grandes corporaciones, no erosionará los salarios reales y no administrará su tipo de cambio, para aumentar su participación en el mercado global. La economista Joan Robinson llamó a esa estrategia políticas de mendigar al vecino. Muchos países persiguen esas políticas, ya que no existen instituciones económicas o políticas que puedan efectivamente impulsar la cooperación. Pero las economías de mercado deben estar integradas en una red de instituciones sociopolíticas que amortigüen sus efectos perjudiciales. Las democracias sociales del siglo pasado lograron hacer eso, hasta cierto punto, durante la edad de oro. Es evidente que la globalización destruye ese modelo y que los esfuerzos renovados de integración deben llevarse a cabo en una escala global. ¿Será posible?

Ser docentes en América Latina

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El legado intelectual, ético y pedagógico de educadores como Simón Rodríguez, José Martí, Omar Dengo, Paulo Freire y de tantos otros personajes ilustres de nuestra región, constituye una fuente indispensable de conocimientos originales y creativos que nos permitirán comprender a cabalidad el rol del docente en la escuela latinoamericana del presente y del futuro.

 

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
Portada del libro de Rolando Pinto.

Se acaba de presentar en Costa Rica el libro Principios filosóficos y epistemológicos del ser docente, del educador e investigador chileno Rolando Pinto Contreras. Publicada bajo el sello editorial de la Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana, esta obra constituye una sugerente invitación a pensar lo que significa ser docente en los particulares contextos sociales y políticos de Centroamérica y República Dominicana, y en un sentido mayor, de nuestra América toda.

Como lo explica el autor, en América Latina “necesitamos legitimar una mirada sobre estos principios [filosóficos y epistemológicos], que fundamentan la práctica formativa, pero, esta vez, desde la historia, las identidades socio-culturales, las tradiciones ético-políticas y pedagógicas que nos constituyen como territorios latinoamericanos. Solo desde ese rescate de lo propio podríamos entender las condiciones teóricas y políticas que nos impiden avanzar en el desarrollo de una educación propia, que dé más calidad a los procesos y productos formativos que desarrollamos con nuestras prácticas formativas”[1].
¿Cómo avanzar en ese rescate de lo propio, sustento de todo proceso de construcción de nuevas realidades en nuestros países? En nuestra perspectiva, una tarea prioritaria para dar pasos en la dirección sugerida por Pinto es retomar la rica tradición del pensamiento filosófico y pedagógico latinoamericano, para repensar desde allí las tareas prioritarias y las dimensiones de la función docente. Es decir, se trata de abocarnos individual y colectivamente a la tarea de rastrear,  y de identificar, las principales ideas pedagógicas que han estado vinculadas a las luchas emancipatorias de nuestros pueblos,  a lo largo de ya varios siglos.
En esa tarea, no son pocos los ejemplos que tenemos a la mano, aunque los relatos y políticas oficiales muchas veces se empeñen en invisibilizarlos o incluso negarlos en nuestros sistemas educativos. Aquí queremos referirnos a cuatro casos: el venezolano Simón Rodríguez, el cubano José Martí, el costarricense Omar Dengo y el brasileño Paulo Freire, toda vez que en ellos encontramos la lucidez intelectual y la solvencia ética y moral que les permitió a estas figuras articular una crítica profunda y coherente al sistema y estado de cosas dominante en su época. Una crítica en la que lograron ubicar a la educación y  al maestro -o docente- como agente transformador de las distintas estructuras de opresión y dominación.
En la primera mitad del siglo XIX, Rodríguez (1769-1854), maestro del Libertador Simón Bolívar, logró perfilar una sensibilidad y un modo de pensar la cuestión de la cultura, la educación y la organización de los nuevos países que, al poner en primer plano la reflexión desde la América hispana, trascendió las circunstancias inmediatas de los convulsos años de la independencia de la corona española. Luces y virtudes es el gran emblema que sintetiza el pensamiento pedagógico de Rodríguez, y bajo su alero, despliega sus tesis sobre la educación popular y democrática como condición imprescindible para forjar naciones originales. “Se ha de educar a todo el mundo –dice- sin distinción de razas ni colores. No nos alucinemos: sin educación popular no habrá verdadera sociedad[2]. Y en otro momento afirma: “La América debe considerar hoy la lectura de las obras didácticas (especialmente las que tratan de la sociedad) como uno de sus principales deberes. Si, por negligencia, da lugar a la internación de errores extranjeros, y permite que se mezclen con los nativos, persuádase que su futura suerte moral, será peor que la pasada[3].
 
En la segunda mitad del siglo XIX, José Martí (1853-1895) toma la estafeta dejada por Simón Rodríguez. Como bien explica Armando Hart, son tres los ejes fundamentales del ideario pedagógico martiano: uno es la vinculación del estudio con el trabajo; otro, el papel formador del trabajo en la conciencia y la personalidad integral ser humano; y el tercero,  “la función socialmente crucial en nuestros pueblos de la enseñanza”[4]. Estas ideas se sintetizan de modo pleno en un artículo de Martí titulado Maestros ambulantes, del año 1884, en el que relaciona las condiciones de vida de la población rural y campesina, mayoritaria en la América Latina de su tiempo, con el sentido transformador que confería a la educación:  “¡Urge abrir escuelas normales de maestros prácticos, para regarlos luego por los valles, montes y rincones, como cuentan los indios del Amazonas que para crear a los hombres y a las mujeres, regó por toda la tierra las semillas de la palma moriche el Padre Amavilca!”[5].
En ese mismo texto, el Apóstol cubano plantea la que puede ser considerada como la fórmula de su pensamiento pedagógico: “Los hombres son todavía máquinas de comer, y relicarios de preocupaciones. Es necesario hacer de cada hombre un antorcha[6].  Martí se refiere aquí al fuego del conocimiento, que será el que haga arder la conciencia y la inteligencia de cada persona, y también alude, de un modo indirecto pero imposible de ignorar, a la misión de los docentes: en última instancia, los encargados de iniciar la combustión del saber y de la transformación, primero, de la realidad inmediata de la persona, y después, de la sociedad como un todo.
En las primeras décadas del siglo XX, no fueron de menor calado las contribuciones –también críticas- de los intelectuales de lo que en la América Central, y específicamente en Costa Rica, se conoció como la nueva intelectualidad nacionalista y antiimperialista. Una figura representativa de este movimiento fue el educador Omar Dengo (1888-1928) quien, como ya lo había hecho Martí, asumió un importante liderazgo en el desarrollo de los procesos políticos costarricenses de esos años (la cuestión obrera y las luchas por la democracia), tanto a nivel de las ideas y la práctica pedagógica, como de la participación política como tal.
En términos de sus contribuciones al pensamiento pedagógico latinoamericano, que aquí nos interesa particularmente, cabe destacar un elemento común en las ideas de Dengo, a lo largo de distintos episodios de su vida: la concepción de la pedagogía como instrumental teórico de interpretación de la realidad social, y al mismo tiempo, como práctica para subvertir, desde la educación, aquellos aspectos de dicha realidad que impiden o detienen el bienestar del individuo y de las grandes mayorías.
Dengo creía que el maestro, el docente, no podía estar “en el Olimpo como los dioses”, sino “por los caminos de su patria […] bajo los aleros de la aldea rodeado de campesinos o en las esquinas de la ciudad ayuna de pórticos majestuosos”, dialogando siempre “con el pequeño escolar, con el humilde trabajador, con el campesino de mano firme, con la joven colegial, con el maestro, con el togado, con el reportero cazador de noticia, con la madre de una niña que estudia en su escuela, con el gamonal de pueblo”[7].
Para Dengo, no era posible la educación ni la escuela entendidas como islas, desvinculadas del ambiente social, sino como constructoras de puentes con el resto de la sociedad. Y en ese escenario, atendiendo la finalidad de colectiva del hecho educativo, el maestro debía cumplir una tarea de primer orden: “Preparar al hombre para el cumplimiento de sus deberes en el campo que cada cual debe cultivar particularmente y prepararlo para la siembra, el cultivo y la recolección, en el inmenso lote de actividades y aspiraciones que al conjunto como conjunto le corresponde”[8].
Una última escala en este breve recorrido por la historia de las ideas pedagógicas latinoamericanas nos ubica en la América del Sur de la segunda mitad del siglo XX, cuando, en medio de las distintas formas de explotación propias del sistema capitalista mundial –la acumulación por desposesión, la alienación, el analfabetismo, las brutales desigualdades sociales, el colonialismo interno y el desarrollo subdesarrollante-,  emerge una corriente nueva, liberadora, en las ciencias de la educación: la pedagogía del oprimido del brasileño Paulo Freire (1921-1997).
En una de las épocas más convulsas de la historia contemporánea de la región, Freire desarrolla una pedagogía de la resistencia a la opresión. Además, con Freire y sus ideas pedagógicas  la condición del educador, el ser docente, se coloca en un nuevo plano como agente de las transformaciones sociales y de la liberación humana, en especial de los grupos sociales tradicionalmente oprimidos.
En Pedagogía del oprimido, Freire sostiene que el docente necesario para nuestra América es aquel que dialoga y que realiza la docencia en el diálogo; dialogando, a su vez, ayuda a los otros a crear las condiciones para el reconocimiento de su condición de oprimidos para abrir, juntos, los caminos de su liberación, de su alfabetización, de sus posibilidades de ser, estar y decir su palabra en el mundo. La suya es la tesis del diálogo en la educación –y del diálogo de la educación- como práctica de la libertad. Es decir, se trata de una exigencia existencial, que debe formar parte del ser mismo del educador. Al respecto, decía el pedagogo brasileño: “El hombre dialógico tiene fe en los hombres antes de encontrarse frente a frente con ellos. (…) El hombre dialógico que es crítico sabe que el poder de hacer, de crear, de transformar, es un poder de los hombres y sabe también que ellos pueden, enajenados en una situación concreta, tener ese poder disminuido [9].
¿Por qué volver a las raíces del pensamiento pedagógico latinoamericano hoy, en el siglo XXI, en un mundo deslumbrado por el vértigo de la inmediatez y desprovisto de anclas con su pasado? ¿Será acaso un exceso de romanticismo latinoamericanista o, por el contrario, se trata de un imperativo que se desprende de las grandes tensiones culturales que recorren a nuestra región?
Si aceptamos, como sostiene Rolando Pinto[10], que uno de los grandes desafíos filosóficos y epistemológicos de nuestro tiempo es aprender a ser docentes situados en América Latina, entonces, el legado intelectual, ético y pedagógico de Simón Rodríguez, José Martí, Omar Dengo, Paulo Freire y de tantos otros personajes ilustres de nuestra región, constituye una fuente indispensable de conocimientos originales y creativos que nos permitirán comprender a cabalidad el rol del docente en la escuela latinoamericana del presente y del futuro.
Necesario es volver a ellos, estudiarlos, analizarlos y vivir sus ideas hoy.

NOTAS
[1] Pinto, R. (2012). Principios filosóficos y epistemológicos del ser docente. San José, C.R.: Coordinación Educativa y Cultura Centroamericana / SICA. P. 15.
[2] Galeano, E. (2002). Memoria del fuego. Las caras y las máscaras. México D.F.: Siglo XXI Editores. P. 161.
[3] Rodriguez. S. (1990). Sociedades americanas. Caracas: Biblioteca Ayacucho. P.180.
[4] Hart, A. (2000). José Martí y el equilibrio del mundo. México D.F.: Fondo de Cultura Económica. P. 138.
[5] Ídem., p. 136.
[6] Ídem, p. 136.
[7] Alfaro Rodríguez, M. y Vargas Dengo, M. (2009). “Semblanza y liderazgo de Omar Dengo: vigencia de su pensamiento”,  Revista Electrónica Educare, vol. XIII, núm. 1, junio, 2009, P. 157. Recuperado de: >

 

[8] ídem, p. 162.
[9] Freire, P. (2002). Pedagogía del oprimido. México D.F.: Siglo XXI Editores. P. 104.

[10] Pinto, op. cit. pp.134-135

El Estado de Bienestar como estrategia capitalista en un mundo bipolar

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Los movimientos populares europeos son los únicos que pueden ponerle un alto a la crisis. No luchando por volver al Estado de Bienestar sino por construir una Europa diferente a la que el proyecto de Unión Europea ha construido, basada en principios neoliberales.

 

Rafael Cuevas Molina /Presidente AUNA-Costa Rica
Los movimientos populares, como los de España,
tienen en sus manos el futuro de Europa.

El Estado de Bienestar está en franco proceso de desmantelamiento en toda Europa. Paulatinamente, derechos conquistados por el movimiento obrero y popular en el siglo XX se ven limitados, recortados o eliminados con el argumento de que el Estado es incapaz de sufragar esos “gastos”.

Ningún país escapa a este proceso, aunque sea más patente y dramático en aquellos en donde recientemente la especulación del capital financiero los ha arrastrado a la crisis. Las empresas, con la excusa de tener pérdidas económicas, recortan personal o imponen medidas de “flexibilización” laboral. Los Estados congelan salarios, vuelven más laxa la legislación que permite los despidos, aumenta impuestos y reduce presupuestos para educación y salud.
¿Qué ha sucedido? ¿Por qué, cuando la sociedad produce más riqueza, el Estado se declara incapaz de cumplir con compromisos que antes no tuvo inconveniente en asumir?
Lo que ha sucedido es algo muy simple: es la naturaleza del capitalismo, la misma de siempre, solo que ahora sale a relucir en todo su esplendor, sin tapujos, porque las circunstancias históricas han cambiado y ya no tiene necesidad de edulcorantes.
¿Y qué es lo que cambiado? Básicamente, lo que ha cambiado es que el campo socialista se derrumbó, desapareció, y dejó al sistema capitalista prácticamente solo en el mundo, sin contrapesos de su talla en el mundo.
El Estado de Bienestar fue construido a partir de la Segunda Guerra Mundial, no por convencimiento propio sino por la presión que significaba para el capitalismo la competencia con el socialismo. No sucedió, entonces, que el capitalismo “se humanizara”, sino que se vio compelido a hacer concesiones que mitigaran los efectos de la explotación a la que sometía a los trabajadores.
Pero, una vez que de encontró sin contraparte, las cosas ya no pudieron ser iguales. Por un lado, el capitalismo se encontró si barreras para llegar a todos los rincones del mundo; por otro, pudo profundizar los mecanismos de explotación. La riqueza empezó a fluir a raudales, como nunca antes, pero se concentró cada vez en menos manos. La riqueza material es inmensa, pero son menos los que la disfrutan.
De la crisis que la asola saldrá una nueva Europa en el futuro. Será más eficiente, producirá más riqueza, pero tras de sí dejará una estela de gente empobrecida que ya no le es útil al sistema, que está de más, y que debe ser desechada. En unos años, el aparato productivo se reconstituirá, se habrá desembarazado de la carga que le significaba el “gasto” social del Estado de Bienestar, habrá moldeado a las fuerzas productivas de tal manera que pueda extraerles el mayor rendimiento posible y competirá en mejores condiciones que antes en la palestra internacional.
La economía, entonces, estará bien, con presupuestos nacionales equilibrados, balanzas de pago al día, pero a costas del sufrimiento de millones de personas que lo habrán perdido todo y sobre cuyos hombros, además, se echara la culpa del desastre diciéndoles que por su causa, por haber vivido sobre sus posibilidades reales, están como están.

Los movimientos populares europeos son los únicos que pueden ponerle un alto a esta situación. No luchando por volver al Estado de Bienestar sino por construir una Europa diferente a la que el proyecto de Unión Europea ha construido, basada en principios neoliberales. Es una lucha larga y azarosa pero es la única vía real que les queda. Lo contrario significa quedar a expensas de las fuerzas ciegas de la ambición y el lucro.

Julian Assange Entrevista a Rafael Correa

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Yoani Sánchez representará a la SIP, cártel de medios golpistas: ¿golpe a su imagen de víctima?

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Alberto Patishtán, Preso Político

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