El neoliberalismo y la amnesia histórica

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martes, 7 de agosto de 2012

Olmedo Beluche (especial para ARGENPRESS.info)

De todas las medidas antipopulares que está imponiendo, o intentando imponer, el gobierno empresarial de Ricardo Martinelli, una de las más perversas es la pretensión de aplicar una lobotomía masiva a las próximas generaciones de panameños y panameñas con la Ley 407, por la cual se quiere borrar de una vez y para siempre los cursos de “Relaciones de Panamá con los Estados Unidos” de los programas de educación media. Esa ley, prohijada por la diputada Dalia Bernal, del oficialista Cambio Democrático, y con el silencio cómplice de los diputados de “oposición” (PRD incluido), a instancias del Ministerio de Educación, pasó los tres debates de la Asamblea Nacional en el más absoluto secreto, sin consultar opiniones de ningún sector académico, ni de la sociedad civil.

Los más burdos defensores de la Ley 407 alegan que, “ya que el Canal revirtió a manos panameñas y desaparecieron las bases militares y la Zona del Canal, ¿Para qué seguir con el curso de Relaciones de Panamá con los Estados Unidos?”. Claro, desde el punto de vista de quiénes están sacando provecho privado de una soberanía conseguida con la lucha colectiva y generacional del pueblo panameño: ¿Qué sentido tiene enseñarles a los jóvenes del siglo XXI que, si hoy pueden pasear por Amador o Balboa sin que se los impide un soldado yanqui, es gracias al sacrificio de la juventud que no dudó en ofrecer el pecho descubierto a la metralla imperialista el 9 de Enero de 1964?
¿Qué sentido tiene, para los pelechadores cuyos padres y abuelos soñaban con convertir a Panamá en un “estado asociado” del imperialismo norteamericano, seguir enseñando que el pueblo y la juventud en 1958 y 59 marchó a la Zonal del Canal enarbolando la bandera panameña pese a los arrestos y la represión? ¿Para quienes privatizan y regalan, exoneradas de impuestos, a empresas multinacionales las instalaciones de Clayton, Howard y Albrook, qué lógica va a tener hablarles a las futuras generaciones de la Federación de Estudiantes de Panamá y el Movimiento Antibases de 1947? ¿Por qué razón la oligarquía financiera panameña, que ha convertido las áreas revertidas y el Canal en una “zona” (sin gringos) pero controlada por ellos, sin que sus presupuestos sean discutidos con la sociedad y de cuyas ganancias sólo se benefician los bancos y empresas constructoras de la “ampliación”, por qué (repito) van a querer que se siga hablando del “Incidente de la Tajada de Sandía” y de las más de cien intervenciones militares norteamericanas en el Istmo, con su saldo de muertos y heridos?
Otros todavía más perversos, intentan enmascarar sus intenciones con alegatos pretendidamente académicos señalando que ese curso es reduccionista y no permite una visión “holística” de la historia de Panamá, por lo cual es mejor encapsular (en un bimestre) sus contenidos dentro de un curso general de historia que abarque desde la época prehispánica, la colonia, el periodo “departamental” (unión a Colombia) y la fase republicana. Todo ello con las tradicionales metodologías memorísticas de nombres y fechas, tan odiosas para los estudiantes que gritan que mejor los torturen con el Teorema de Pitágoras. Así sobrará más tiempo para cursos más importantes desde la epistemología neoliberal, como inglés y computación, salpicados de rudimentos de gramática española y matemáticas elementales. Sin esos molestos profesores con pretensiones subversivas y dirigentes magisteriales, a quienes la ministra del “Opus Dei” se está encargando de botar, con una sonrisa en los labios. Hay que reconocer que la mujer no sabrá un ápice de pedagogía, pero sí de relaciones públicas aprendida en una universidad chilena, bajo el reinado de Pinochet y puesta en práctica por muchos años de trabajo para los dueños de Telemetro y TVN.
Es que, como diría nuestro maestro de epistemología del Doctorado en Humanidades, Jorge Núñez, la epistemología y por extensión la pedagogía, no nacen de la cabeza de ningún genio metodólogo o pedagogo, sino que hunden sus raíces en motivaciones sociales y, por ende, políticas. Por eso es que tanto la Ley 407, como el conjunto de reformas educativas de la ministra Lucinda Molinar, responden a los intereses de los grupos empresariales que controlan el Estado panameño y que gobiernan, no para un proyecto de desarrollo nacional, sino para un proyecto antinacional (diría Ricaurte Soler), de entrega y sometimiento a los intereses del capital transnacional. Proyecto antinacional que se impuso, no por casualidad, con la Invasión de 20 de Diciembre de 1989.
El curso de “Relaciones de Panamá con los Estados Unidos” responde a otra lógica epistemológica. El profesor Luis Navas (cuyo hermano Juan fue uno de los mártires del 9 de Enero, herido por la soldadesca yanqui en Colón, y luego asesinado en 1967 por el DENI y el gobierno oligárquico de Marcos Robles) explicó la historia del curso ante una asamblea de docentes universitarios: propuesto por primera vez en 1951, por el historiador Castillero Pimentel, miembro de Frente Patriótico, organización que dirigió la lucha contra las bases militares en 1947. La idea fue retomada por otro de los dirigentes de aquel movimiento, Carlos Iván Zúñiga, en 1963. Para finalmente, ser aprobada en 1973, cuando el régimen del general Omar Torrijos adoptó su carácter nacionalista y el objetivo de forzar a Estados Unidos a negociar un tratado del canal que suplantara al impuesto en 1903. Durante 20 años el curso fue obligatorio para todos los estudiantes graduandos de educación media y a nivel universitario.
Treinta años de gobiernos neoliberales, que empezaron con el régimen de Manuel A. Noriega, y más de 20 años de “democracia” post invasión norteamericana, no pasan por gusto. Una de las tantas víctimas del neoliberalismo ha sido el curso de “Relaciones de Panamá con Estados Unidos”, el cual ya se había ido eliminando sigilosamente (de 16 bachilleratos vigentes, sólo se da en 4; y en la Universidad de Panamá sólo se da en las carreras que no han modificado sus planes de estudio últimamente; no hablemos de las privadas, donde hace mucho no existe). De manera que, la Ley 407 quiere ser el tiro de gracia que remate el recuerdo de cómo se forjó esta pequeña nación resistiendo las intervenciones extranjeras que han pretendido apoderarse de su principal recurso, la posición geográfica.
Como bien señaló el sociólogo Marco Gandásegui en la referida asamblea de docentes universitarios: la lucha por la defensa del curso de Relaciones de Panamá con Estados Unidos, es una lucha ideológica. Y como tal lucha ideológica, agregamos nosotros, es una lucha social y política; una lucha entre quienes quieren inducirnos a una amnesia colectiva para imponernos un país sometido a intereses imperialistas, y quienes defendemos un proyecto nacional soberano e independiente, que heredamos de las generaciones que nos precedieron.
Por ello, los gremios docentes que salen a defender a sus dirigentes injustamente despedidos y que enfrentan un modelo de educación neoliberal; junto a los sindicatos, a los indígenas, a los estudiantes, a los campesinos y profesionales que confrontamos la autocracia neoliberal de Martinelli y su gobierno, debemos levantar, al lado de todas las demás demandas económicas, sociales y democráticas, la defensa de nuestra memoria histórica recogida en el curso de “Relaciones de Panamá con Estados Unidos”.

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Panamá: ¿Quién tenía la razón?

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miércoles 25 de abril de 2012

Mauro Zúñiga Araúz

Desde julio de 2010 cuando el Presidente de Panamá, Ricardo Martinelli Berrocal ordenó la masacre a nuestro pueblo originario gnabe-buglé, dejando como saldo una docena de muertos, centenares de heridos y de invidentes, tomé la pluma y utilicé mi verbo para denunciar la naturaleza fascista del régimen que, con el apoyo de las mayoría nacionales, había llegado al poder utilizando la mentira y las falsas promesas.

Los dueños de los medios impresos y los de las televisoras comerciales me permitieron llevar mis argumentos a los ojos y oídos de la población. Tales fueron la profundidad de mis denuncias que el Presidente les ordenó que no quería ver más mi nombre impreso en los periódicos, ni mi rostro en las televisoras, de lo contrario, suspendería toda publicidad oficial y obligaría a las empresas privadas a que hicieran otro tanto. En efecto, mi nombre desapreció de los medios nacionales. Utilicé, desde entonces, las redes sociales y tuve la fortuna de que mis artículos los recogieran reputados medios del exterior; de manera que mi palabra de protesta fuera conocida por la comunidad internacional. ¿Qué irritaba a Martinelli Berrocal? La verdad. La verdad es el hacha que maltrata al autócrata.
¿Qué denunciaba y sigo denunciando? Las informaciones veraces que me llegaban. Martinelli Berrocal es un hombre inescrupuloso, que llegó al poder con un solo fin: enriquecerse aún más. La procedencia de su inmensa fortuna no tiene explicación. El carácter autocrático de su gobierno se notó desde que nombró a sus incondicionales como Magistrados de la Corte Suprema de Justicia; nombró como Procurador y Contralora a personas de su círculo íntimo y compró, con dinero del Estado, a los diputados de la Asamblea Nacional, para lograr mayoría absoluta. Es, además, dueño de un diario de circulación nacional y de una televisora.
En mis escritos denunciaba los actos puntuales de corrupción; las coimas que recibía; su trastorno psiquiátrico (enfermedad bipolar con botes psicóticos), su consumo de drogas, su alcoholismo, su promiscuidad, sus orgías, sus sobornos, su persecución selectiva, el haber convertido la Dirección General de Ingresos en la Gestapo contemporánea para hacerse de los bienes privados, tomarse para él los bienes y servicios que se le antojen, amenazar a periodistas, quitarles las tierra a los humildes campesinos, iniciar la privatización del Seguro Social, la construcción de hidroeléctricas en la comarca indígena, la explotación minera, en fin, asaltar el país para su propio manejo o en compañía con las transnacionales. Terminó de remilitarizar el país, obra iniciada por su predecesor, el presidente Martín Torrijos Espino.
Es más, denuncié cómo, en asociación con Manuel Antonio Noriega, adquirió su primer supermercado para actividades al margen de la ley. El vinculo de su primo, Ramón Martinelli Corró, ex Tesorero del partido gobernante, preso en México por narcotráfico. La conexión del colombiano Murcia Guzmán, preso en los EEUU, con Martinelli Berrocal. La mayoría de estos temas son tabúes para los directivos y dueños de medios nacionales. Ahora, cuando el escándalo de Lavitola ha sido publicado en muchos diarios del mundo, a la prensa panameña no le ha quedado otra alternativa que reproducirlo.
Como él tiene controlado el Ministerio Público y las autoridades judiciales, incapaces de investigarlo, ya estalló el primer escándalo de corrupción del presidente panameño en el exterior. Las autoridades italianas lo acusan de haber recibido sobornos de parte de Valter Lavitola, sus socios y compañías vinculantes. La defensa de Martinelli Berrocal es caer en la falacia ad hominem: atacar, no al argumento, sino a la persona: tiene el descaro de acusar al socio de Lavitola, Mauro Vellocci, quien lo denunció, de estar vinculado al consumo de droga y de andar con prostitutas. Esto no es más que la punta del iceberg. Mis denuncias tienen que ser investigadas: en Panamá, con un nuevo gobierno, o en el exterior. ¿Cómo están quedando los medios nacionales? La noticia tiene que explotar afuera para que ellos se hagan eco.

El Presidente Ricardo Martinelli Berrocal ocupa el penúltimo lugar en la aceptación entre los países de área. En Panamá, más del 80 % ya no cree en él. Los índices de pobreza están en acenso, la canasta básica sube cada día, sube el precio de la gasolina, aumenta la inseguridad ciudadana, hay paros y huelgas frecuentes, la inconformidad ha llegado a límites peligrosos para la estabilidad del país. El grito de los panameños decentes es exigirle su renuncia, que sea sometido a un juicio, que devuelva todo lo que se apropió y que se convoque a una Asamblea Constituyente Originaria y Participativa con miras a suscribir entre todos un nuevo Pacto Social.

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En un breve video de apenas cinco minutos, mujeres nicaragüenses hablan sobre su experiencia y lo que ha traído cinco años de gobierno sandinista

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martes 10 de abril de 2012

Dick Emanuelsson (especial para ARGENPRESS.info)

En el video, realizado por el portal TORTILLACONSAL con sede en Nicaragua, son las mujeres de base, no del mundo de ONG extranjeras y sus aliadas que hasta ahora han dominado los temas de género en Nicaragua sin tomar en cuenta la nueva realidad nicaragüense.

Han sido, sobre todo, las mujeres y la juventud que ha logrado adelantar sus posiciones durante el gobierno sandinista, son ellos que dominan los actos de masas y la pauta política. De los 63 diputados sandinistas que fueron elegidos 34 son mujeres a la Asamblea Nacional en noviembre de 2011.
Poco a poco se consolida las posiciones de poder de la mujer nica pero falta mucho, apenas han tomado los primeros pasos después 16 años de dictadura neoliberal y machista.

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