Cuba: Números que hablan

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LUNES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2012

Nuria Barbosa León

Mi madre, cubana de 72 años de edad, padece de una obstrucción en las arterias coronarias, asociada a una diabetes con dependencia de la insulina y malos hábitos alimentarios durante parte de su vida, actualmente convalece de una cirugía revascularizadora a corazón abierto.

Previamente le fueron indicados varios tratamientos con medicamentos y coronariografías en las cuales se colocó cinco endoprótesis vasculares (stent coronarios) conocidas popularmente como muelles.
En varios años no sufrió malestares, pero hace unos días presentó un dolor agudo localizado en el pecho (angina). De inmediato la hospitalizaron para controlar la diagnosis y hacer una nueva exploración, se perseguía visualizar el estado actual de las arterias de su corazón. Tras este proceder, el equipo médico determinó practicarle una cirugía mayor porque su padecimiento le obstruyó uno de los troncos principales que irrigan el corazón.
En la preparación para la cirugía la internaron durante unos 20 días, se le midieron sus parámetros vitales con electrocardiogramas, rayos X de tórax, análisis clínicos, microbiológicos y bioquímicos, ecocardiogramas, ultrasonografía con técnica doopler para visualizar flujo sanguíneo de arterias del cuello y los miembros inferiores y superiores, además de ultrasonido abdominal y atención en consultas especializadas de angiología, estomatología y anestesiología.
La técnica consiste en reparar el flujo arterial de los vasos cardiacos a partir de la creación de puentes vasculares restableciendo el flujo circulatorio en el órgano vital. Se toman tejidos vasculares de sus extremidades inferiores o superiores. Una vez operada requiere de cuidados intensivos por tiempo indeterminado y otra estancia postoperatoria con internamiento de aproximadamente 20 días.
Lo curioso es que mi madre no es la única, la sala del piso 16B del Hospital Hermanos Ameijeiras, en La Habana beneficia a 22 pacientes en situaciones similares y una docena de ellos están siendo valorados para cirugías, pero si multiplicamos que cada en cada jornada laboral se intervienen quirúrgicamente de dos a tres enfermos, la cifra redondea los 80 casos al mes, siendo centenares los operados en el año. Asombra aún más, porque el proceder se realiza en diferentes hospitales del país.
Si la multiplicación la hacemos a lápiz, debemos agregar que cada caso recibe una hospitalización de aproximadamente un mes, con alimentación para el paciente y el acompañante, avituallamiento de ropa de cama y pijamas, televisión, servicio de enfermería, electricidad, agua y limpieza por 24 horas. Entonces, la cifra no cabe en una línea.
Cabe destacar que a los pacientes no se les pregunta filiación política, estatus social, procedencia, raza, religión o vínculo laboral. En ocasiones se solicita una simbólica donación voluntaria de sangre aunque durante la intervención suelen aplicarse un promedio de seis bolsas de 500 mililitros de glóbulos rojos, con plasma, plaquetas y otros hemoderivados.
Es imposible decir el costo de tal cirugía en términos financieros porque el paciente siente cariño de sus familiares, sonrisas de los trabajadores, atención esmerada de los médicos y mucha paciencia de los enfermeros.
Mi madre, que ama la música de Pablo Milanes, siente el orgullo de decir: “No vivo en una sociedad perfecta”, por eso, “amo a esta Isla”.

Nuria Barbosa León es periodista de Granma Internacional y Radio Habana Cuba.

Dos mundos en contraste

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sábado, 21 de julio de 2012

La ironía de la historia ha provocado que América Latina sea hoy la región que marca un cambio de época esperanzador para el futuro, mientras en Europa gobiernos y políticos de derecha no tienen empacho en advertir a sus ciudadanos que deberán aceptar las reformas y sus dolorosas consecuencias.
Juan J. Paz y Miño Cepeda / El Telégrafo
La “economía social de mercado” fue un modelo originado en Alemania y generalizado en Europa después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Combinó los mecanismos del mercado con una fuerte participación estatal, a fin de orientar la economía al servicio del bienestar social, que sin duda se logró.
En América Latina cualquier “modelo” parecido fue siempre resistido, porque oligarquías tradicionales y hasta empresarios modernos han coincidido en rechazar la participación económica estatal, atacada incluso de “comunista” durante la guerra fría.
Las dictaduras terroristas del Cono Sur latinoamericano comenzaron el aperturismo económico en la segunda mitad de los setenta. Y en toda la región, con el inicio de la crisis de las deudas externas (1982), los condicionamientos del FMI y el triunfo ideológico del neoliberalismo, las economías fueron enrumbadas a un modelo basado en el retiro y desinstitucionalización del Estado, las privatizaciones, la vigencia absoluta del mercado libre, el fomento empresarial privado y la precarización laboral, precisamente en países con persistente explotación a los trabajadores.
Las consecuencias laborales y sociales del modelo “neoliberal” fueron desastrosas para América Latina y ampliamente beneficiosas para los empresarios privados y el capital transnacional.
Semejante “modelo” ha sido revertido por los gobiernos de la nueva izquierda latinoamericana. Pero, como siempre ocurrió en la historia de la región, contra ellos se levantan los viejos ataques que los inculpan de “estatistas”, “populistas”, “autoritarios” y hasta “violadores” de los derechos humanos, tratando de frenar la actividad económica estatal para el beneficio social.
Aquí “asustan” políticas económicas que en Europa fueron establecidas hace décadas, pese a que los gobiernos de la nueva izquierda no han liquidado los principios del mercado, aunque sí han sabido imponer el papel regulador y promotor del Estado. Sobre varios países europeos se expanden, en cambio, los principios neoliberales que América Latina ya los vivió.
La ironía de la historia ha provocado que América Latina sea hoy la región que marca un cambio de época esperanzador para el futuro, mientras en Europa gobiernos y políticos de derecha no tienen empacho en advertir a sus ciudadanos que deberán aceptar las reformas y sus dolorosas consecuencias. Aquí dejó de interesar lo  que llamaban “bienestar social”, simplemente por salvar a bancos y a empresarios.

Publicado por Con Nuestra América