Palabras de Pablo González Casanova en el seminario Planeta Tierra: movimientos antisistémicos en el Cideci, Chiapas, el 1º de enero de 2013

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Otra política, muy otra: los zapatistas del siglo XXI

 

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Niños desplazados en 1996 de la comunidad Jesús Carranza, captados el 10 de septiembre de 2001 en la comunidad de San Marcos, municipio chiapaneco de SabanillaFoto Francisco Olvera
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Una tzotzil recibe a los asistentes al Encuentro Latinoamericano por la Verdad y la Justicia, el 13 de noviembre de 2008, en Acteal, ChiapasFoto Moysés Zúñiga Santiago
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Pablo González Casanova, cuando asisitió al primer Coloquio Internacional in memoriam Andrés Aubry, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en diciembre de 2007Foto Víctor Camacho
Pablo González Casanova
Periódico La Jornada
Sábado 26 de enero de 2013, p. 2

En primer lugar, propongo que enviemos un mensaje de solidaridad al extraordinario comunicado que publicaron el 30 de diciembre el Comité Clandestino Revolucionario Indígena y la Comandancia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Es un documento de enorme importancia.

Al venir aquí estaba pensando cómo se vincula su sentido a los cambios que ha habido en este tipo de encuentros. Los cambios se han dado en varios sentidos, particularmente en el énfasis cada vez mayor que se está poniendo en la categoría de capitalismo corporativo. Es una categoría que nos permite un análisis mucho más profundo y preciso que la categoría del poder desvinculada del poder del gran capital, y sin articulación con el complejo empresarial, militar, político y mediático, que maneja un proceso mundial llamado globalización.

Por otra parte, me vino nuevamente al pensamiento lo mucho que he aprendido oyendo las reflexiones de los compañeros, producto de la memoria de sus luchas, de la práctica de sus teorías y del encuentro con las que vienen de los movimientos de liberación y emancipación de otros mundos, en particular del mundo occidental, pero también de África y Asia, así como de las luchas de liberación en los años sesenta y setenta en América Latina.

Al llegar aquí me pareció interesante destacar también cómo los zapatistas han enriquecido y precisado el discurso de lo uno y lo diverso, de lo constante y lo cambiante en la historia y la geografía activa y cognitiva. Esas fueron algunas de mis rememoraciones. Pero hace unos momentos pensé que era importante preguntar a un compañero tzotzil: ¿Cómo leyeron el comunicado? Porque cada uno de nosotros lo leyó e interpretó de una manera determinada o predeterminada. Lo que contestó me ayuda a darme cuenta que uno lee de una manera que se puede enriquecer con la manera de lo que otros leen.

El hermano tzotzil me respondió: “No lo leímos como si nos dijera ‘¿quién eres?’, sino ‘¿cómo te vas a ver en este mundo de diferencias y que no es en todo diferente?’ Como si nos dijera: tenemos que encontrarnos y que actuar juntos. Su respuesta se relacionó con algo que vi en el comunicado: el vínculo más estrecho que se proponen los zapatistas con la organización nacional de los pueblos indígenas, así como el intento de aumentar los vínculos con los adherentes a su movimiento, y también de ampliarlos y fortalecerlos con otros movimientos sociales de México y el mundo.

El comunicado y la respuesta del hermano tzotzil me permitieron replantear el problema de que les quiero hablar brevemente.

Ésta es la oportunidad para pensar y organizar una inmensa Red de Colectivos en Defensa del Territorio, y de la Tierra –y de la tierra con t minúscula y con T mayúscula. Es una tarea fundamental, si se piensa en la otra política desde abajo y desde la izquierda, y si pensamos en la dialéctica de las necesidades inmediatas, en que éstas muchas veces frenan o se oponen a las grandes luchas de largo plazo –que las organizaciones de los pueblos más oprimidos logran superar cuando ven cómo les quitan tierras y territorios y la posibilidad misma de vivir.

Hay muchos pueblos en los que se juntan los proyectos inmediatos y los de largo plazo, circunstancia que de una manera u otra los lleva a crear, con la junta de las viejas y las nuevas resistencias y combates, una nueva política –muy nueva– que escapa a la vieja alternativa de reforma o revolución.

En realidad su planteamiento político corresponde a una creación histórica tan nueva que es difícil de entender por quienes viven el presente como si fuera el pasado. El problema no es exclusivo de quienes están movidos por un pensamiento conservador, sino de aquellos que, viniendo del comunismo, de la socialdemocracia o del nacionalismo revolucionario, están acostumbrados a hacer política de partidos electorales, política institucional al estilo del siglo XX.

La posibilidad de crear una Organización Mundial en Defensa del Territorio y de las tierras y la Tierra constituye la posibilidad de enfrentar una política cuyos poderosos dirigentes se están yendo en los hechos a la extrema derecha del capital corporativo y de los complejos empresariales, militares, mediáticos y políticos, mientras la izquierda electoral ha dejado de ofrecer lo que antes ofrecía, o hace ofrecimientos que no cumple, porque no tiene la menor fuerza para cumplir, ni para construir la necesaria fuerza que exige un programa mínimo –efectivo– contra el neoliberalismo y la globalización.

La creación histórica de los nuevos movimientos sociales de los despojados, desregulados, subrogados, se enfrenta a una política de recolonización del mundo por los complejos empresariales militares, políticos y mediáticos, que usan dos elementos del poder: la propiedad y la fuerza; el dominio y la soberanía, el poder de compra del propietario y el imperio del poderoso, la megaprivatización como despojo legalizado de naciones y sociedades, y una conquista del mundo legalizada y disimulada que se apoya en las fuerzas militares y financieras y en los políticos, aliados, subordinados y coludidos o cooptados.

Privatización y ocupación financiera y militar de estados y mercados son dos medidas, de que el capital corporativo y sus complejos se valen para ocupar –como propietarios, acreedores o como colonizadores liberadores que en tiempos pasados se llaman civilizadores. Entre los países privatizados incluyen a sus propios países sede y, por supuesto, al resto del mundo. Con las más variadas medidas financieras, militares, mediáticas han refuncionalizado o anulado numerosos intentos de reforma al capitalismo o de revolución frente al capitalismo.

La refuncionalización de los estados-nación y de los sistemas políticos es tal, que los han destrozado en sus estructuras y organizaciones, en sus sentidos de la vida pública y en sus antiguas luchas, programas y medidas que entre crecientes contradicciones buscaban por lo menos algo del interés general y el bien común. Hoy con el gobernar convertido en gobernanza facilitadora de las megaempresas siguen destrozando, sometiendo y desmantelando de tal manera a los pueblos que cualquier crítico mínimo del actual sistema de dominación y acumulación capitalista no puede seguir pensando y actuando como antes.

Un deseo mínimo de saber en qué mundo vivimos nos lleva hoy a registrar en nuestros conceptos y nuestra conducta que el capitalismo corporativo y sus complejos están destruyendo cada vez más las mediaciones que les resultaban útiles en la posguerra, a las que dieron un fuerte impulso con el fin político de vencer al bloque soviético y chino, y con el económico de aumentar la demanda agregada mediante el desarrollo estabilizador de la producción, los servicios y el consumo, nacionales, públicos y sociales.

Las mediaciones destruidas y en proceso de destrucción por el neoliberalismo y la globalización contribuyeron a debilitar y acabar con distintos proyectos de las fuerzas emancipadoras. Muchas de éstas pensaban lograr el socialismo y la democracia a través de reformas. Sus partidarios defendían ideologías y programas cuya efectividad se comprobaba con el Estado social y el desarrollista. Sus partidarios pensaban que por ese camino podían alcanzar lo que otros seguían planteando como la revolución necesaria, al estilo del 48 del siglo XIX, o como la había planteado Lenin al vincular la lucha de los trabajadores con la lucha contra el capital monopólico e imperialismo en una revolución armada concebida como parte de la revolución mundial.

Las restructuraciones y refuncionalizaciones impuestas por las fuerzas hoy dominantes fueron limitando la política de partidos electorales y parlamentarios hasta suplantar la política de reformas con la de contrarreformas llamadas reformas, y la guerra de contrainsurgencia con la guerra de recolonización, llamada de globalización.

Mientras gran número de las fuerzas progresistas continuaron en la lucha legal y parlamentaria, buen número de los movimientos opositores optaron por la vía armada. En todo caso la acumulación de fuerzas electorales por los partidos logró subsistir hasta hoy, y predominar en las corrientes socialistas y comunistas, y lo hizo y sigue haciendo cuando cada vez están más privadas de sus programas y doctrinas y no defienden ninguno mínimamente coherente en las palabras y los hechos.

Los antecedentes y evolución de este proceso son conocidos. La revolución de principios del siglo XX no estalló en los países hegemónicos del mundo capitalista y llegó cuando la mayoría de los partidos comunistas, en general los prosoviéticos, decidieron luchar como partidos políticos con dos objetivos: el de acumulación de fuerzas y el de incrementar la solidaridad con los países del bloque soviético. En esas circunstancias, las corporaciones y complejos combinaron cada vez más la inmediación violenta con la mediación y mediatización política de sus enemigos de la guerra fría. Durante décadas permitieron o se vieron obligados a permitir el desarrollo estabilizador, junto con la descolonización formal de parte de África, Medio Oriente y los países árabes. Así actuaron hasta que, desde los años sesenta, se inició la gran crisis recurrente y sistémica que una y otra vez dan por superada, lo que en los hechos revela ser del todo falso.

En el curso de la prolongada crisis la posición hegemónica de las corporaciones consistió en abandonar las políticas anticíclicas del Estado social y en pasar al adelgazamiento, desmantelamiento, refuncionalización y recolonización del propio Estado metropolitano y de los estados periféricos.

El capital corporativo impuso políticas financieras, políticas militares, ideológicas, económicas, sociales, educativas, culturales, ecológicas, así como empresariales de dominación y apropiación de estados y mercados. Combinó y perfeccionó las viejas armas combinadas de la represión y la corrupción y dio un salto en sus organizaciones monopolistas para su integración en complejos militares-empresariales-políticos y mediáticos. Buscando dar la máxima efectividad posible a sus megaorganizaciones, recurrió a las nuevas técnicas y ciencias electrónicas, digitales, cibernéticas, altamente funcionales a la organización de sus políticas de expansión global.

La magna organización mundial del capital corporativo y de los complejos empresariales militares les permitió dominar a un mundo que paradójicamente se volvió cada vez más irracional en el inmenso entorno o contexto en que opera, efecto llamado lateral en un mundo al que sus expertos consideran siempre como externalidades, las que en el mejor de los casos sólo se analizan para mejor desarmarlas, dominarlas y explotarlas.

Con la gran crisis de las mediaciones del Estado anterior, los partidos políticos dejaron de distinguirse claramente en programas y políticas, y todos o casi todos actuaron al mismo son. El menosmalismo, como lógica política hegemónica, se impuso en situaciones cada vez peores. Y con la restauración del capitalismo, tanto en el bloque soviético como en el chino las teorías de la revolución y –también– las de la acumulación de fuerzas comunistas, socialistas y socialdemócratas se llegaron a olvidar completamente. Se impuso la lógica de juntar fuerzas a como dé lugar, de limitarse a ganar votos con cuanto partido se pudiera y de reclutar ciudadanos con la meta de lograr puestos de representación popular, que cada vez fueron menos representativos y llegaron a ser nada populares.

Semejante lógica y sus beneficiarios dominaron la subcultura de la inmensa mayoría de la clase política. A esa lógica se aferraron también quienes venían del nacionalismo revolucionario y ya lo habían abandonado con el desarrollismo, así como la mayoría de la nueva izquierda del 68 que los había enjuiciado y que al madurar y podrirse se comportaría como ellos, en triste transformación.

Hoy tenemos, en primer término, que darnos cuenta de que tres grandes corrientes del pensamiento revolucionario, que querían lograr la democracia y el socialismo mediante la revolución, han sido prácticamente anuladas. Muchos de sus integrantes muestran no sólo cierta incapacidad crítica para organizar un proceso de acumulación de fuerzas contra el capitalismo corporativo, lo que se confirma leyendo y oyendo sus programas, sus discursos, sus discusiones, sus enfados. Muchos descendientes de la antigua y de la nueva izquierda, en una inmensa mayoría, ya ni siquiera plantean una política contra el neoliberalismo.

Ante semejante crisis de la autollamada izquierda surge un nuevo movimiento que cambia la geometría política, y que, en México y el mundo, encabezan los zapatistas al enarbolar la bandera de la soberanía nacional, el rojo y negro de la lucha internacional, y las metas emancipadoras que ellos redefinen tanto en las palabras como en los hechos, al clamor de libertad, democracia, justicia. Para aclarar su posición, la geometría política de los zapatistas ya no sólo tiene centro, derecha e izquierda, sino abajo y arriba. Con ella quieren indicar que están a la izquierda con los de abajo. Pero, además, su geometría no es sólo bidimensional. En la práctica es una geometría móvil con redes y entramados de colectividades y colectivos presentes y a distancia, unos descentralizados y autónomos; otros –como el ejército defensivo, integrado alternativamente, por todos los comuneros–, con facultades autónomas para ciertas acciones que se les señalan y que pueblo y ejército respetan con una gran disciplina, y con conciencia de que son el pueblo del ejército y que con su ejército-como comunidad se protege de las invasiones, inundaciones, quemas, crímenes y despojos de que sin éste como fuerza defensiva sería fácil víctima.

Las redes de colectivos y colectividades no sólo son redes de comunicación, sino de acción y también de información y diálogo. La mayoría de ellas está entregada a la cooperación para la producción, para la distribución, para los servicios de alimentación, salud, educación, construcción de infraestructuras y viviendas, cultura.

En esas redes los conceptos se definen con actos y también con palabras, lo que fortalece a unas y otras. En palabras y actos aparece la otra democracia, muy otra, la otra justicia muy otra, la libertad practicada con el saber de los pueblos que hoy combinan las técnicas digitales y cibernéticas con las tradicionales. El proyecto está muy lejos de ser primitivo o aldeano: es solidario, patriótico y humano. Nace en un momento histórico en que el gran capital ha ampliado lo no negociable, esa expresión que de hecho expresa la dictadura del capital y en ésta su objetivo invariable de recolonizar el mundo, con la combinación de políticas de represión, corrupción y enajenación mental, sentimental y volitiva. El complejo y tecnocrático proyecto está provocando esa otra crisis de dominación y acumulación en que el mundo vive, y a la que los expertos y sus superiores responden con proyectos de espectro amplio de corrupción y represión, de confusión y terror, que perfeccionan las guerras llamadas por el Pentágono de espectro amplio.

La guerra y crisis de espectro amplio incluye mucho más que las guerras y crisis financieras y económicas. No corresponde a una crisis coyuntural que se vaya a resolver en uno o dos años, como dicen muchos gobernantes –que constantemente se están equivocando–. Enfrenta y vive una crisis que no es cíclica, no es de corta duración, ni siquiera de larga duración. Es una crisis del modo de dominación y acumulación llamado capitalista, movido por la maximización de utilidades y la minimización de riesgos. Y aun es más: es una crisis de civilización que con las ciudades mercantiles, usureras e industriales, desde el siglo XIV empezó a construir una sociedad, una economía, una política, una cultura, una ecología y una ciencia que hoy están en un estado de crisis tan desastrosa para la humanidad y para ellos mismos que hasta se enceguecen ante los horrores que causan y ante los peligros que corren por su sevicia y su codicia desenfrenadas, los que con un improvisado fanatismo atribuyen a un orden darwinista y hasta divino muy parecido al racismo genocida de los nazis, pero mucho más sofisticado con su inclusión de negros, latinos y mahometanos en el gobierno de las televisiones y acciones de exterminio que presenta a esos pueblos como fanáticos, débiles mentales, corrompidos y terroristas.

No ver lo que ocurre ni entender que sus causas se hallan en el actual modo de dominación y acumulación es el más grave yerro de las ciencias hegemónicas. La contribución a la inadvertencia del mundo realmente existente y sus causas no sólo se da en la en econometría y en las ciencias de la opción racional –disciplinas dedicadas a maximizar las utilidades y minimizar los riesgos del capital corporativo–, sino en todas las ciencias de la materia, de la vida y de la humanidad que ocultan y se ocultan las hazañas que sus superiores realizan bajo nuevas y viejas formas de depredación, de ocupación de territorios, de violación de derechos nacionales e internacionales, naturales y humanos, sino en las formas de que se sirven para ocultar la irracionalidad de un sistema que hace sufrir –sin la menor duda– a la inmensa mayoría de la humanidad y que amenaza la existencia de toda la humanidad. De que hechos y efectos están comprobados no hay duda, como no la hay tampoco de sus causas. Ambos se ocultan sistemáticamente.

En realidad vivimos una crisis que no siempre alcanzamos a entender porque es la crisis de una era y el nacimiento de otra. En nuestra práctica de la teoría no teníamos los elementos mínimos para pensar en el futuro de una historia mundial que nos llevó a la restauración del capitalismo. El error fue gravísimo para muchos de nosotros. Nunca penamos que esfuerzos como los de Lenin y Mao iban a acabar en el desastre en que han acabado, ni que el heroico pueblo de Vietnam iba a terminar donde terminó.

Si, por otra parte, vemos este desenlace de evoluciones y revoluciones como enseñanzas, advertimos que por fortuna hay nuevas formas de plantear los problemas y las alternativas para construir un mundo que deje de ser injusto y autodestructivo. Estas nuevas formas, en sus manifestaciones más positivas y creadoras, guardan memoria de sus experiencias anteriores de emancipación; de las que tuvieron éxito y deben impulsarse y de las que implicaron fracasos que hoy se pueden evitar. También enfrentan nuevos y crueles asedios y despojos de corporaciones y complejos. Si son millones los que sufren la ofensiva de la globalización depredadora, privatizadora, y desnacionalizadora, también se cuentan así los nuevos movimientos de resistencia de campesinos, trabajadores, empleados y pueblos. Muchos enfrentan las políticas de despojo de tierras de labor y recursos naturales, de pérdida de derechos laborales, sociales, políticos, educativos y culturales, o de territorios enteros desertificados, deforestados o invadidos por las compañías y sus fuerzas de choque paramilitares, criminales y policiales. Todos, en mayor o menor medida, sufren las políticas de descrecimiento del consumo, de descrecimiento que deja sin empleo, sin techo y sin pan a un número creciente de los sectores medios y bajos. Muchos son víctimas de la caída de la producción nacional y social a que dieron y dan traste corporaciones y complejos con las nuevas políticas de descrecimiento industrial y tecnológico social y nacional, y con la cesión obligada, negociada y corrompida de recursos y mercados a las grandes empresas y sus asociados y subrogados que se encargan de enganchar a los miserables, depauperados, despojados, desplazados, desempleados, desaparecidos, secuestrados, migrantes, sin papeles, sobrevivientes, a los que levantan y venden o emplean como esclavos, asalariados de sudaderos y prostíbulos listos para ser eliminados y enterrados en fosas comunes cuando ya no pueden o no quieren servir. Si semejantes atropellos generan mundos de terror global, también van generando –en medio del dolor que se alcanza a resistir y de la superación del miedo, que se llama rabia y valor, o coraje– nuevas respuestas que por encima de las tradicionales o meramente críticas no sólo están creando formas de lucha mucho más efectivas para resistir, sino formas de resistencia y de organización más efectivas para construir y preservar la libertad, la justicia, la democracia, la autonomía, la independencia, la fraternidad con los semejantes y con los diferentes, en religión o ideología, en cultura, nacionalidad o etnia.

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Marcha de bases de apoyo al EZLN, el 21 de diciembre pasado en San Cristóbal de las Casas, ChiapasFoto Víctor Camacho

Entre los nuevos movimientos destacan los de las comunidades que han enfrentado durante siglos las políticas de colonización y hoy enfrentan las de privatización como recolonización. A esos movimientos que vienen desde muy muy abajo se añaden los de esa nueva categoría política y revolucionaria que es la juventud.

Las luchas de la juventud sin educación, sin empleo y sin futuro, más temprano que tarde descubren su inmenso peso cuando articulan sus luchas estudiantiles y juveniles con las demás fuerzas emancipadoras y con metas y programas mínimos de organizaciones en red y de colectivos y colectividades.

Los nuevos movimientos emancipadores se distinguen también porque en muchos de ellos están mezclados quienes poseen distintos niveles de educación y distintas experiencias de lucha. Es de ver y no creer cómo combinan y enriquecen sus conocimientos y experiencias para alcanzar objetivos comunes.

Entre esos nuevos movimientos –a escala mundial– destaca el que tiene su origen en una región del mundo que está en el sureste mexicano y que ocupan los antiguos pueblos mayas. En esa región del mundo nació, a fines del siglo XX, un proyecto universal que, desde el principio, fue un proyecto que en la diversidad encontró la unidad, y en la variedad los objetivos comunes de la emancipación humana. El movimiento no se planteó una nueva política asistencial, indianista o indigenista. En el curso de su gestación se fue planteando cada vez más un proyecto dispuesto a defender su transición pacífica para organizar, en el propio movimiento, la sociedad a que sus habitantes aspiraban, y una política mínima de la resistencia para vivir, para defender el territorio, la tierra, el agua, el bosque y la vida, sin limitarse a un concepto aldeano, ni sólo maya ni sólo nacional, y reclamando los derechos a la autonomía de sus comunidades al tiempo que se organiza en éstas el poder de decisión de sus pueblos, que son los que mandan a quienes de entre ellos comisionan o son comisionados en tareas determinadas, sin abandonar todo el tiempo o para siempre las tareas agrícolas, artesanales o caseras, sino volviendo a ellas cada vez que su comisión termina o en el tiempo que la comisión lo permite.

Según el último comunicado, los compañeros y hermanos zapatistas han logrado –en medio de asedios– que en su territorio los niños tengan escuela, los enfermos medicina y hospital, y todos sus habitantes, lo mínimo necesario para vivir. Han logrado que en su territorio no haya narcotráfico ni alcoholismo, ni esa inseguridad genocida que con la corrupción individual y colectiva ataca aquí y allá en el resto del país y el mundo.

En los hechos, los zapatistas confirman que el suyo es un nuevo proyecto de emancipación, construida, que no sólo difiere de movimientos anteriores, como el de Lenin o el de Mao, sino también de otros, como la mayoría de las guerrillas de los años sesenta y setenta.

El gigantesco y modesto éxito de los pequeños entre los pequeños induce a pensar a un nivel mundial en la historia reciente de los éxitos y fracasos de la transición a lo que hoy llamamos otro mundo posible. Al caer el inmenso bloque soviético y chino y restaurarse en esos países el capitalismo con sus contradicciones estatales, empresariales, mercantiles, sociales y ecológicas, una pequeña isla llamada Cuba, que tenía 7 millones de habitantes al empezar su revolución, está allí entera, luchando por el socialismo y la libertad. Podemos pensar que la resistencia de Cuba es un milagro, pero si nos limitamos a un análisis político, tenemos que preguntarnos qué ocurrió en esa pequeña isla, que sigue resistiendo a la potencia imperialista más poderosa y agresiva del mundo.

Debe haber algo. Por más que han sufrido en su contra las campañas más espantosas, padecido un cruel bloqueo, que ya dura más de medio siglo, y enfrentando cuanto tipo de intervenciones legales y criminales existe en la historia del colonialismo, este algo que hay en Cuba muestra ser una mezcla de la enorme cultura de la lucha por la independencia y de la lucha de clases, pero de otra lucha por la independencia y otra lucha de clases… Ya Toussant L’Ouverture, y su hazaña de los esclavos insurgentes en Haití, demostró, en medio de la tragedia, que el esclavo que se libera en un país colonial no se libera, pues siempre vienen los ejércitos de los napoleones a acabar con el proyecto liberador del esclavo.

El mismo problema se plantea a otra escala, no sólo en las comunidades de origen indígena de la primera conquista, sino en las comunidades nacionales: el problema de combinar las luchas de las comunidades por la autonomía con las luchas por la independencia de las naciones. Pues ni unas ni otras se liberan si no se juntan.

En el caso de Cuba, la solución aparece en la conjunción muy seria y profunda de Marx y de Martí. Así como los zapatistas toman la palabra y el concepto de dignidad como forma de enfrentarse a la dictadura del poder, así los cubanos dan a la moral un sentido político de organización de la resistencia y de moral de lucha que integra la articulación, cooperación, solidaridad, fraternidad o de hermandad practicadas, que no se queda en un decir, que no se queda en la moralina de la que hablaba Benedetti, sino que se vuelve una realidad capaz de enfrentar sus propias contradicciones y las que activa el enemigo.

La gente que en política no tiene esta práctica de la moral cree que todo esto son tonteras, o que nada más estamos hablando. Pero ahí está una realidad que no podemos ignorar… La moral de la lucha por la independencia organizada con la lucha de clases y con la lucha por el socialismo y la libertad. Y, volviendo a nuestro tema y su situación actual, advertimos cómo al abrirse y articularse a la diversidad del mundo y de México, como lo acaba de hacer el movimiento zapatista, tenemos que plantearnos el problema de las resistencias frente a la nueva ofensiva de cooptación, corrupción e intimidación de las corporaciones y complejos y de sus asociados y subordinados. Si éstos durante un tiempo privilegiarán el diálogo para la cooptación, no por sus dulces voces dejarán de tener escondido un gran garrote, como dijo aquél. Mantener la dignidad con la capacidad de diálogo y la firmeza con la capacidad de lucha emancipadora será crucial.

Por las experiencias anteriores vamos también a confirmar que, aparte de las características de recolonización del mundo que muestra el capitalismo, su crisis va acompañada de una crisis de la moneda, del salario, del crédito y del modo de acumulación. Con eso no quiero decir que vaya a otro modo de acumulación, o que se va a repetir lo que ocurrió en crisis anteriores, sino muestra una y otra vez su tendencia a las políticas de depredación, depauperación, privatización, desnacionalización, que por sentido común enajenado están llevando a los ejecutivos de corporaciones y a los ejecutivos de gobiernos a posiciones cada vez más agresivas, corruptoras, privatizadoras y desreguladoras…

En crisis anteriores también existió una combinación de los modos de acumulación depredadora con los modos de acumulación salarial. La depredación o la explotación de colonias, la ocupación de territorios y países enteros se hizo en crisis anteriores. Ahora es mucho más serio que se haga porque la contradicción entre el modo de dominación y acumulación capitalista enfrenta una crisis de sus propias soluciones.

Por una parte está en crisis el proyecto del imperialismo único o dominante que durante un tiempo tuvo Estados Unidos. Ese proyecto falló –como lo ha analizado y demostrado Wallerstein– y está en crisis irreversible. Se están formando dos bloques, informes todavía, pero uno y otro manejados por aquello que Roosevelt temía mucho. El presidente Roosevelt dijo alguna vez: Le temo más a los negocios organizados que al crimen organizado. Se quedó corto, porque ahora se juntó el negocio organizado con el crimen organizado.

Todo revela una crisis muy fuerte que no sólo se da en Estados Unidos o Europa, sino en Rusia y en China, cuya capacidad de producción es inmensa y cuya capacidad de destrucción también es fatal. En la teoría del Pentágono se habló desde los cuarentas de la guerra atómica como guerra de destrucción mutua asegurada. No se trataba de una doctrina como algunos de sus expertos pretenden hoy era y es un hecho. Ya era un hecho entonces y es mucho peor ahora. Si se ha dejado de hablar del mismo no es porque sea menor, sino porque es peor. Hace más de medio siglo las bombas atómicas fueron superadas en su poder letal por las nucleares, y en todo este tiempo se mejoraron los sistemas de lanzamiento terrestre y extraterrestre, aéreo y marítimo, así como los mecanismos autodirigidos. Y no sólo proliferaron las bombas en tierras, cielos y mares, sino en el número de países que disponen de ellas, y en el tamaño cada vez más pequeño a que las nuevas tecnologías han contribuido.

Si la producción para una guerra nuclear supuestamente defensiva sigue su marcha es porque las bombas nucleares y todos los aparatos que sirven para la guerra son un negocio gigantesco, y son el motor principal de la economía de las grandes potencias. Controlar las crisis recurrentes con una guerra mundial es el imposible que no se puede hacer posible.

Hay otra crisis, la de la sociedad del conocimiento. Es la crisis del conocimiento de los rulers, de los dueños y señores de corporaciones y complejos, ya sean gerentes de las megaempresas, o jefes de gobiernos reducidos a gerentes de sus países. Todos ellos buscan que venga el capital corporativo a salvarnos, porque dizque va a crear empleo, cuando ya se sabe que por cada empleo que las corporaciones crean se pierden cientos entre los pequeñas y medianas empresas y hasta en los trabajos de los artesanos y vendedores de la calle. A sabiendas de eso el mentiroso argumento se usa hasta por los gobiernos que se dicen socialistas, que ponen en marcha políticas para ser competitivos a costa de los trabajadores y las juventudes y de los habitantes de la tierra, de los suelos y subsuelos, de las fuentes de agua y las fuentes de vida. El arte globalizado de gobernar consiste en ocultar la realidad para construir la sociedad del desconocimiento.

No sólo se da la crisis de la corrupción y la represión, de la política perfeccionada de la zanahoria y el garrote, de las armas y la economía de guerra, sino del conjunto de la vida y del proyecto humanista religioso o laico. Y es en esas circunstancias que el zapatismo, con sus comunidades y los adherentes que se suman a los de abajo y a la izquierda del mundo entero, busca deshacerse de las cadenas posmodernas del capital monopólico y sus panegiristas.

En el nuevo encuentro con México y el mundo tenemos que darnos cuenta de que no podemos exigir a todas las fuerzas que luchan por la libertad humana que luchen con la misma posición política que tenemos. Como se puede advertir en la lectura que se hizo del comunicado, hay elementos particulares en este país que no se dan en otros países y otros que sí se dan.

Dentro de la gama de la resistencia universal vemos cómo la más avanzada es Cuba que, más que la última revolución marxista, es la primera del nuevo tipo, en la que… si el proceso se inicia desde arriba y a la izquierda, crea la lógica revolucionaria de que el Estado y quienes lo construyen tienen un papel pedagógico muy significativo para que todo el pueblo sepa lo que saben las vanguardias y para que estas aprendan lo que saben sus pueblos. Nunca debemos olvidarlo: si en 1959 había unos cientos de seres humanos que sabían de todos estos problemas, ahora son millones de cubanos los que saben de todos estos problemas, y eso no es cualquier cosa.

A partir de un movimiento emancipador, indudable en la importancia que da a la construcción del poder del pueblo trabajador, podemos ver a otros países, como el nuestro, y ver lo que de particular y general hay en otros movimientos. El EZLN, primero se levantó en armas y tomó varias ciudades; después aceptó dialogar. Antes de los diálogos de San Andrés tomó una medida extraordinaria –que en gran parte se debe a don Samuel Ruiz– quien contribuyó a que se suspendiera el fuego en una guerra que apenas estaba por empezar. Ese hecho fue en verdad extraordinario y en él, y siempre, el EZLN mostró su vocación de paz.

Es lo más raro en la historia de la humanidad que dos ejércitos que están a punto de iniciar una guerra firmen un pacto de no agresión y digan vamos a hablar. Vinieron los diálogos de Catedral primero. Después los diálogos en el ejido de San Miguel. Después los diálogos de San Andrés. Hubo un momento en que se aceptó la lucha en el terreno de la paz. Pero, ¿qué pasó con esa lucha? La traicionaron todos los partidos y también la traicionó el gobierno.

Entonces el EZLN dijo ahora nos encerramos, pero nunca su proyecto fue nada más luchar abajo y a la izquierda. No, si podemos luchar arriba, también vamos a luchar arriba. El problema es mantener los principios fundamentales de la dignidad y la autonomía, de la democracia como gobierno del pueblo con el pueblo y sus luchas por la justicia y libertad, y de mantener, con esos principios, una gran disciplina como la que mostraron los zapatistas en el desfile organizado y desarmado que hicieron como una nueva carta de presentación de su vocación de paz. El orden impecable que mostraron el 2l de diciembre confirmó una diferencia fundamental con la manifestación de los jóvenes estudiantes, en cuyas filas se pudieron meter los tradicionales agentes provocadores. En estas filas no se podía meter ni un insecto provocador.

Los cambios que se dan en los movimientos de que es pionero el EZLN no provienen de posiciones teóricas o emocionales, sino de teorías experimentadas y de experiencias pensadas. En este momento histórico confirman la posibilidad de definir la lucha como un proyecto de democracia organizada, de autonomía organizada, de libertad que fortalece y cuida la organización del pensamiento, de la dignidad y de la voluntad colectiva y combativa, y en que todos los actores cumplen con su palabras.

En un proceso semejante y distinto de los nuevos movimientos de liberación se encuentran otros países que están en la resistencia frente al proyecto colonizador de las corporaciones y los complejos. Entre ellos, a la cabeza, está Venezuela –puedo equivocarme–; también se encuentra Bolivia –con más contradicciones y dificultades–, y quizás Ecuador. Pero hay otros que están resistiendo, como Uruguay, con la gran fuerza de una democracia muy vinculada a la cultura socialista y marxista. Se encuentran también quienes en Argentina de pronto se enfrentan a la toma de las islas Malvinas por el imperio británico, y no sólo se enfrentan a la deuda externa, sino cancelan la deuda externa. Se trata de resistencias nuevas en las que no estamos insertos, pero que tenemos que respetar y alentar para el triunfo sobre sus contradicciones internas y externas con la formación de un Estado-pueblo en que se organicen, hasta tener la inmensa mayoría, la fuerza de la independencia de los trabajadores, de las comunidades y de la juventud, todos listos a triunfar sobre la corrupción y la intimidación.

Tenemos que aprender a acercarnos a un mundo que es diverso, que es distinto, pero que tiene problemas parecidos y que puede luchar de maneras diferentes. También tenemos que seguir superando nociones como la del poder en abstracto, y pensar que si el poder es nuestro, lo vamos a hacer muy distinto de quienes lo tienen. Por eso es que el subcomandante habla, con esa capacidad de expresión que domina, de otra democracia muy otra. Vamos a hacer un muy otro poder. Muy otro no tiene nada que ver con el poder de las corporaciones y el poder del crimen organizado, o con el poder de los paramilitares y con el que le da la subrogación de trabajadores a las corporaciones… Es otro poder: el poder del mundo moral y combativo…

No podría detenerme sin decirles lo agradecido que estoy con los compañeros de esta universidad magnífica, y sin pedirles que estudiemos mucho más a fondo el pensamiento de los zapatistas como un pensamiento que viene de la experiencia universal del ser humano y de la experiencia que ellos, como descendientes de los pueblos mayas y de las rebeliones universales han tenido y tienen en su lucha por la democracia, por la justicia y la libertad.

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La aceleración de la globalización y la financiarización fuerza a los países a desmantelar los contratos sociales y los Estados de Bienestar, para bajar salarios y empeorar las condiciones laborales.
La rapiña financiera en el
centro de la crisis global.

 

Rudiger von Arnim / Página12
Hace cuatro años el colapso de Lehman Brothers marcó el inicio de la Gran Recesión. El mundo todavía se está recuperando de las consecuencias de esta crisis financiera que todo lo abarca. ¿Cuáles fueron las causas de la crisis? Mucho se ha dicho sobre los instrumentos derivados, el fracaso de las regulaciones y la codicia. Estos elementos importan, pero aquí me gustaría ofrecer una explicación más simple y más profunda: la globalización fuerza a los países a vaciar sus contratos sociales. La reducción de los salarios reales promete ganancias a través de la inversión y las exportaciones, pero en última instancia socava el crecimiento en todas partes.
Si los salarios reales no sostienen el crecimiento a nivel mundial, ¿qué puede hacerlo? La respuesta es que una burbuja global del crédito –desde California y Florida hasta España e Irlanda– podía hacerlo, hasta que no pudo más. Las tendencias subyacentes finalmente te alcanzan: si los salarios reales no se mantienen en sintonía con el crecimiento de la productividad, la participación de los trabajadores en el ingreso total baja. La burbuja global del crédito se suele manifestar a nivel local, por ejemplo, como un boom inmobiliario en Miami o en la costa mediterránea de España, pero es propulsado por un mercado financiero global liberalizado. Así, podemos identificar tres factores dominantes pero interdependientes en esta historia: la aceleración de la globalización, el aumento de la desigualdad y la financiarización.
Para trazar a grandes rasgos cómo llegamos hasta aquí, dividimos el período de la posguerra en dos: la época dorada del capitalismo inmediatamente después de la Segunda Guerra que terminó con el colapso del sistema de Bretton Woods en la década de 1970, y la segunda era de la globalización que se inició con la revolución conservadora hacia el final de esa década. La edad de oro tuvo un crecimiento global rápido, incluso en las economías en desarrollo. Los vínculos comerciales entre las economías se fortalecieron, pero la integración no fue tan profunda como es hoy. La apertura de la cuenta de capital fue muy limitada. En muchas economías avanzadas, así como en algunos países en desarrollo, los Estados de Bienestar se profundizaron. La expansión de las instituciones laborales protegió los puestos de trabajo y garantizó un rápido crecimiento compartido de la productividad. Generalmente, estos elementos permitieron aumentar la participación del trabajo en el ingreso. Así, el crecimiento mundial fue sostenido por la demanda local.
La segunda era de la globalización, en un marcado contraste, vio la aceleración de la globalización. La integración comercial se profundizó, la producción internacional se desfragmentó en redes de producción trasnacionales flexibles y se liberalizaron los movimientos de capitales. Todas estas tendencias disciplinaron al trabajo a través de la amenaza de la relocalización productiva. De hecho, las negociaciones de contratos laborales que no están sujetas a una amenaza de deslocalización de las fábricas tienden a ser la excepción, en parte debido a la creciente comerciabilidad de los servicios. Como consecuencia, el crecimiento de los salarios reales se ha desfasado del crecimiento de la productividad en muchos países, llevando a la caída de la participación del trabajo en el ingreso y la creciente desigualdad. Por lo tanto, a nivel mundial, la demanda de consumo no puede absorber lo que puede producirse y a la falta de demanda global efectiva le siguen el desempleo y el estancamiento.
La apertura de las cuentas capital ocupa un lugar central en esta etapa. En primer lugar, los países tienen que ofrecer bajos impuestos a las ganancias (si no exenciones), así como bajos salarios para atraer y retener la inversión extranjera directa de las multinacionales. Estas políticas tributarias limitan el espacio fiscal del Estado para sostener las redes de seguridad social, invertir en educación y mantener la infraestructura esencial. En ese sentido, la combinación de financiarización con apertura de la cuenta capital tiende a producir flujos de capitales volátiles y pro-cíclicos que proporcionan un terreno fértil para la expansión insostenible del crédito. Ese crecimiento del crédito a menudo se transforma en burbujas inmobiliarias y de consumo inducidas por el endeudamiento en el camino hacia arriba y en crisis de balanza de pagos en el camino hacia abajo. En los últimos años la financiarización –a través de la presunta innovación en el uso de los derivados– sostuvo una burbuja global del crédito que permitió posponer el día del juicio final: en la medida en que los hogares de clase media y baja en los países avanzados mantienen los niveles de vida a través de la acumulación de la deuda, el crecimiento continúa a pesar de la falta de demanda “real”.

En resumen, la aceleración de la globalización y la financiarización fuerza a los países a desmantelar los contratos sociales y los Estados de Bienestar, para bajar salarios y empeorar las condiciones laborales. En el proceso, aumenta la desigualdad. Hace falta confianza y cooperación para crear políticas que sostengan una clase media pujante. En términos simples, dos países se benefician si ambos llevan adelante esas políticas porque profundiza la extensión del mercado. La globalización hizo muy difícil que un país confíe en que otro no dará exenciones fiscales a las grandes corporaciones, no erosionará los salarios reales y no administrará su tipo de cambio, para aumentar su participación en el mercado global. La economista Joan Robinson llamó a esa estrategia políticas de mendigar al vecino. Muchos países persiguen esas políticas, ya que no existen instituciones económicas o políticas que puedan efectivamente impulsar la cooperación. Pero las economías de mercado deben estar integradas en una red de instituciones sociopolíticas que amortigüen sus efectos perjudiciales. Las democracias sociales del siglo pasado lograron hacer eso, hasta cierto punto, durante la edad de oro. Es evidente que la globalización destruye ese modelo y que los esfuerzos renovados de integración deben llevarse a cabo en una escala global. ¿Será posible?

El Estado de Bienestar como estrategia capitalista en un mundo bipolar

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Los movimientos populares europeos son los únicos que pueden ponerle un alto a la crisis. No luchando por volver al Estado de Bienestar sino por construir una Europa diferente a la que el proyecto de Unión Europea ha construido, basada en principios neoliberales.

 

Rafael Cuevas Molina /Presidente AUNA-Costa Rica
Los movimientos populares, como los de España,
tienen en sus manos el futuro de Europa.

El Estado de Bienestar está en franco proceso de desmantelamiento en toda Europa. Paulatinamente, derechos conquistados por el movimiento obrero y popular en el siglo XX se ven limitados, recortados o eliminados con el argumento de que el Estado es incapaz de sufragar esos “gastos”.

Ningún país escapa a este proceso, aunque sea más patente y dramático en aquellos en donde recientemente la especulación del capital financiero los ha arrastrado a la crisis. Las empresas, con la excusa de tener pérdidas económicas, recortan personal o imponen medidas de “flexibilización” laboral. Los Estados congelan salarios, vuelven más laxa la legislación que permite los despidos, aumenta impuestos y reduce presupuestos para educación y salud.
¿Qué ha sucedido? ¿Por qué, cuando la sociedad produce más riqueza, el Estado se declara incapaz de cumplir con compromisos que antes no tuvo inconveniente en asumir?
Lo que ha sucedido es algo muy simple: es la naturaleza del capitalismo, la misma de siempre, solo que ahora sale a relucir en todo su esplendor, sin tapujos, porque las circunstancias históricas han cambiado y ya no tiene necesidad de edulcorantes.
¿Y qué es lo que cambiado? Básicamente, lo que ha cambiado es que el campo socialista se derrumbó, desapareció, y dejó al sistema capitalista prácticamente solo en el mundo, sin contrapesos de su talla en el mundo.
El Estado de Bienestar fue construido a partir de la Segunda Guerra Mundial, no por convencimiento propio sino por la presión que significaba para el capitalismo la competencia con el socialismo. No sucedió, entonces, que el capitalismo “se humanizara”, sino que se vio compelido a hacer concesiones que mitigaran los efectos de la explotación a la que sometía a los trabajadores.
Pero, una vez que de encontró sin contraparte, las cosas ya no pudieron ser iguales. Por un lado, el capitalismo se encontró si barreras para llegar a todos los rincones del mundo; por otro, pudo profundizar los mecanismos de explotación. La riqueza empezó a fluir a raudales, como nunca antes, pero se concentró cada vez en menos manos. La riqueza material es inmensa, pero son menos los que la disfrutan.
De la crisis que la asola saldrá una nueva Europa en el futuro. Será más eficiente, producirá más riqueza, pero tras de sí dejará una estela de gente empobrecida que ya no le es útil al sistema, que está de más, y que debe ser desechada. En unos años, el aparato productivo se reconstituirá, se habrá desembarazado de la carga que le significaba el “gasto” social del Estado de Bienestar, habrá moldeado a las fuerzas productivas de tal manera que pueda extraerles el mayor rendimiento posible y competirá en mejores condiciones que antes en la palestra internacional.
La economía, entonces, estará bien, con presupuestos nacionales equilibrados, balanzas de pago al día, pero a costas del sufrimiento de millones de personas que lo habrán perdido todo y sobre cuyos hombros, además, se echara la culpa del desastre diciéndoles que por su causa, por haber vivido sobre sus posibilidades reales, están como están.

Los movimientos populares europeos son los únicos que pueden ponerle un alto a esta situación. No luchando por volver al Estado de Bienestar sino por construir una Europa diferente a la que el proyecto de Unión Europea ha construido, basada en principios neoliberales. Es una lucha larga y azarosa pero es la única vía real que les queda. Lo contrario significa quedar a expensas de las fuerzas ciegas de la ambición y el lucro.

Es momento de poner los derechos humanos por encima de los intereses comerciales

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Dilo Tú

Difusión Cencos México D.F., 29 de agosto de 2012

Boletín de prensa
AI México

El día de hoy, miércoles 29 de agosto, decenas de activistas de Amnistía Internacional (AI) se congregaron a las puertas de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) para exigir a las autoridades mexicanas que muestren su compromiso con los derechos humanos, dando la prioridad que merecen a los tratados internacionales que son fundamentales para poner fin a la pobreza.

Amnistía Internacional llama a las autoridades mexicanas a tomar las acciones necesarias para que el PFPIDESC sea firmado y ratificado

A las afueras de la Secretaría podía observarse un conjunto escultórico constituido por muñecos monumentales y personas que recreaba mediante estas esculturas a un representante del gobierno mexicano respondiendo a los intereses de un empresario al tiempo que ignoraba a un gran número de personas que viven en la pobreza. El empresario tenía en sus manos un documento en el que se podía leer claramente la palabra “ACTA”.

“Parece que cuando se trata de acuerdos comerciales, el gobierno mexicano no quiere hacer esperar a nadie, mientras que para firmar acuerdos que permitan a las millones de personas que viven en la pobreza exigir sus derechos, no hay tiempo.” Declaró una activista presente en la actividad.

El Acuerdo Comercial contra la Falsificación (ACTA, por sus siglas en inglés)  es un tratado internacional que busca incrementar los controles relativos a la falsificación de mercancías y marcas, que fue firmado por México el pasado julio, apenas 9 meses después de su apertura a firma, a pesar de las críticas generalizadas acerca de las graves consecuencias que este tratado podría tener para la libertad de expresión.

En contraste, desde hace casi 3 años organizaciones de la sociedad civil, incluyendo Amnistía Internacional, han llamado a las autoridades a que firmen y ratifiquen el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales (PFPIDESC), un acuerdo que establece un mecanismo para que las personas que sufren violaciones de sus derechos económicos, sociales y culturales, como el derecho al agua, la educación o la vivienda, puedan reclamar justicia en el ámbito internacional.

Sin embargo, pese a los reiterados compromisos de distintos funcionarios, el gobierno mexicano continúa realizando consultas para analizar la firma del Protocolo Facultativo, en una muestra de falta de voluntad política.

Durante el evento, representantes de Amnistía Internacional hicieron entrega a la Secretaría de Relaciones Exteriores de las firmas de más de 9,000 personas exigiendo al gobierno que se comprometa en materia de lucha contra la pobreza, adoptando un enfoque que ponga los derechos de las personas en primer lugar.

“La pobreza es la mayor crisis de derechos humanos en México y es necesario actuar sin demora. Resulta incomprensible, por ello, que el gobierno federal haya decidido firmar el tratado comercial ACTA con sorprendente agilidad, a pesar de las negativas consecuencias que su ratificación implicaría en materia de derechos humanos  y, en contraste,  continúe haciendo esparar a las millones de personas cuyos derechos económicos, sociales y culturales están en juego, para la firma de un tratado internacional que es fundamental para su defensa. ” Afirmó Alberto Herrera, director ejecutivo de Amnistía Internacional México.

“El Protocolo no va a solucionar por sí mismo el problema de la pobreza en México, pero es un paso fundamental y necesario para el empoderamiento de quienes viven en estas condiciones y una muestra del compromiso del Estado mexicano con sus habitantes y con la comunidad internacional para garantizar una vida digna a todas las personas que vivimos en México” añadió Alberto Herrera.

Mediante esta actividad pública, las y los activistas de Amnistía Internacional hacen un llamado categórico a las autoridades mexicanas, para que demuestren que las personas que viven en la pobreza también son su prioridad y, de acuerdo con esto, tomen todas las acciones que sean necesarias para que el PFPIDESC sea firmado y ratificado a la brevedad.

Contexto

El Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales (PFPIDESC) establece un mecanismo internacional para que las personas que sufren violaciones de sus derechos económicos, sociales y culturales y a quienes se les niegan recursos efectivos en el ámbito nacional para reclamar la protección de estos derechos, puedan reclamar justicia en el ámbito internacional.

En julio de 2011, el Consejo nacional de Evaluación de la Política Social (CONEVAL), dio a conocer las cifras oficiales de pobreza en México, que reconocen la existencia de 52 millones de personas viviendo en situación de pobreza en el país. Coincidiendo con la publicación de esas cifras Amnistía Internacional denunció la inacción de las autoridades mexicanas en materia de lucha contra la pobreza, en especial en lo relativo al reconocimiento de los derechos económicos, sociales y culturales.

El 7 de diciembre de 2011 la Campaña Mexicana por la Firma y Ratificación del PFPIDESC, integrada por más de 100 organizaciones, incluida Amnistía Internacional, hicieron entrega a la Secretaría de Relaciones Exteriores de más de 18,000 firmas de ciudadanos y ciudadanas de todo México que exigían la firma de este acuerdo contra la pobreza.

Han pasado casi cuatro años desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó en diciembre de 2008 el Protocolo Facultativo y tres años desde su apertura a firma. Desde entonces 39 países de todo el mundo han firmado este instrumento, 10 de ellos de América Latina: Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Paraguay, Uruguay y Venezuela.

Capitalismo: El mundo de la obesidad en el capitalismo tardío

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Alejandro Nadal (LA JORNADA)

Hay dos cosas que las economías capitalistas saben hacer, y lo hacen muy bien. Una de ellas es alcanzar economías de escala para abatir costos unitarios, algo que se logra mejor a través de procesos de industrialización. La otra es obtener subsidios, algo que se optimiza cuando se tiene más poder. Estas dos cosas se han combinado para producir la crisis de obesidad en Estados Unidos.

En 2011 más de dos terceras partes de la población de Estados Unidos sufría problemas de sobrepeso o de obesidad. En la actualidad ese país tiene la mayor tasa de obesidad en el mundo. Datos oficiales revelan que el porcentaje de personas adultas con problemas de obesidad pasó de 13 por ciento en 1962 a 36 por ciento en 2010. De mantenerse esta tendencia en 2030 el 42 por ciento de la población adulta sufrirá problemas de obesidad (y 11 por ciento con obesidad severa, más de 45 kilos de sobrepeso). La tasa de obesidad en niños ya alcanza un alarmante 18 por ciento. Diversos estudios muestran que los niños con obesidad tienen mayor propensión a conservar dicha obesidad en la edad adulta.
Por supuesto, este exceso de peso conlleva graves efectos sobre la salud. Los estudios clínicos revelan que la obesidad aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades del corazón, síndrome de apnea durante el sueño, hipertensión, riesgo de cáncer de muchos tipos y varias enfermedades crónicas. El balance final es una expectativa de vida significativamente menor a la de la población sin obesidad. A todo esto hay que añadir el desconsuelo por pérdida de autoestima y la lacra de la discriminación social.
¿De dónde viene este problema? El primer indicador es que la relación entre pobreza y obesidad es muy estrecha. La población más pobre está más expuesta a la obesidad. En Estados Unidos nueve de los 10 estados con mayores tasas de obesidad están entre los estados más pobres. Existen distritos pobres en ciudades como Filadelfia o Nueva York, donde 88 por ciento de los adultos tiene sobre peso o sufre de obesidad (50 por ciento de la población infantil). Hay condados en California en los que un niño nacido en 2000 tiene 30 por ciento de probabilidad de desarrollar diabetes (esa probabilidad se dispara a 50 por ciento para niños afro-americanos y latinos).
En proporción una persona gasta menos en alimentos hoy en día que hace 30 años. Pero eso se debe fundamentalmente al proceso de industrialización que ha reducido los costos unitarios en la industria alimentaria. Eso no requirió grandes innovaciones tecnológicas, sino un incesante proceso de concentración de la producción y de transformación del paisaje rural en Estados Unidos. La necesidad que tienen cadenas como MacDonalds o Burger King de mantener una homogeneidad casi absoluta en el tipo de productos que ofrecen ha cambiado la manera en que se producen casi todos los productos cárnicos, así como muchos productos agrícolas. La producción de carne de res, de cerdos y de pollo, por ejemplo, ha requerido grandes concentraciones de animales en condiciones insalubres y con graves consecuencias para el medio ambiente y la salud humana. Entre paréntesis, no hay que olvidar que esa industria es la que mayor impacto tiene en la transformación del sistema alimentario en el mundo.
La reducción de precios también se debe a los subsidios que recibe la industria alimentaria, en especial a través de los canalizados para la producción de maíz y soya, productos que sirven de insumos en 90 por ciento de los alimentos procesados que se ofrecen en un supermercado. Finalmente, los precios bajos son artificiales porque no incluyen el costo en salud que alguien tiene que pagar al pasar los años: a la salida del MacDonalds están esperando las farmacéuticas con sus garras bien afiladas.
La clase de comida ingerida en Estados Unidos no es la más saludable, pero sí la más rentable para las empresas. Esto es cierto a lo largo de toda la industria alimentaria y, en especial, para las cadenas como MacDonalds, Burger King, Taco Bell, KFC, así como para todas las empresas refresqueras y de comida chatarra. Sus “alimentos” son vehículos repletos de calorías, sal y grasas, con un componente minúsculo de nutrientes saludables. En muchos casos tienen ingredientes adictivos. Es normal pues se trata de dietas especialmente diseñadas para mantener la tasa de ganancias, no para alimentar al cliente. Ya se ha dicho: desde el punto de vista de las ganancias de la industria alimentaria, la obesidad es la mejor señal de éxito.
La industria alimentaria en Estados Unidos ha convertido el tracto digestivo de la población en un espacio de rentabilidad. La colonización de la alimentación por el capital no es, por supuesto, un caso aislado. En el capitalismo todo puede ser un nicho para obtener ganancias.
Hoy el capitalismo atraviesa lo que se convertirá en la peor crisis de su historia. Las referencias a una mítica recuperación pretenden ignorar la realidad: la normalidad antes de la crisis ya se llamaba pesadilla.

La división sexual del trabajo y las estrategias del capital (Parte II)

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Ester Kandel (especial para ARGENPRESS.info)

¿Es posible lograr la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres en el ámbito laboral dentro de este sistema?.

Una vasta experiencia de luchas del movimiento de mujeres y de la intensificación en estos últimos años, para enfrentar fenómenos como la violencia doméstica, la trata, derechos sexuales y reproductivos, aborto, acoso sexual e igualdad de oportunidades en el ámbito laboral, hacen visible que muchos de estos hechos han sido considerados naturales. Aunque distintos organismos del gobierno tomaron algunas iniciativas para abordar la gama de problemas enunciados, creemos necesario interrogar ese conjunto de prácticas e introducir una reflexión acerca de la relación de nuestras propuestas, los logros, las dificultades y las perspectivas.
Cuando las mujeres solicitamos y/o exigimos al Estado:
• Reconocimiento a decidir sobre nuestro propio cuerpo;
• Igualdad de oportunidades entre varones y mujeres en el ámbito laboral.
¿A qué Estado nos estamos dirigiendo?
Creemos pertinente un debate sobre el carácter del Estado en el sistema capitalista, diferenciando el gobierno, como sistema administrativo aparentemente neutro con su base material y su andamiaje jurídico.
¿Cuáles son las condiciones de vida, de producción y de reproducción y el papel de las instituciones sociales?
Las instituciones sociales dijo F. Engels (1), bajo las que viven los hombres de una época y de un país dado, están íntimamente enlazados con estas dos especies de producción, por el grado de desarrollo del trabajo y por el de la familia.
F. Engels (2), caracteriza el Estado:
El Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, tanto en la república democrática como en la monarquía; y en el mejor de los casos, un mal que transmite hereditariamente al proletariado triunfante en su lucha por la dominación de clase, cuyos peores lados, el proletariado victorioso, lo mismo que la Comuna, no podrá cercenar de golpe hasta que una nueva generación, educada en nuevas y libres condiciones sociales, sea capaz de tirar a la basura todo el armatoste del Estado.
A. Borón analiza tres dimensiones analíticamente separables:
En primer lugar, el estado capitalista es un estado de clase y, en cuanto tal, “representa” la condensación de las relaciones de dominio y supeditación que existen en un determinado momento del desarrollo social. Esa y no otra es “representatividad” de la vida estatal; no representa la voluntad de todos los/as ciudadanos como pretende el saber convencional de las ciencias sociales sino el provisorio equilibrio a que se llega en la lucha de clases. Equilibrio que no borra la existencia de una clase dominante, más o menos diversificada o unificada según los casos y su enfrentamiento con las clases dominadas. Y como estado capitalista su lógica de funcionamiento lo lleva a garantizar incesantemente la reproducción de las relaciones capitalistas de producción (…)
El Estado es también un aparato administrativo, político, legal, pero esta superestructura descansa sobre un conjunto de relaciones de fuerzas entre las clases fundamentales, sus aliados y sus representantes políticos (…) Cabe recordar que el estado, en tanto conjunto de aparatos administrativos, burocráticos, legales e institucionales tiene, como su fundamento final y decisivo el monopolio de la violencia.
En tercer lugar el estado también aparece como un escenario “neutro” dónde se dirimen los grandes enfrentamientos sociales. Apariencia que oculta su esencia clasista para mejor garantizar el predominio de la clase dominante.
¿Qué rasgos tienen estos enfrentamientos? Según Samir Amin. (3)
La modernidad y la democracia inicia la liberación del individuo y, más allá potencialmente, la de la sociedad. Pero solamente la inician porque quedan encerradas en las exigencias de la reproducción capitalista (…). Simultáneamente, la modernidad y la democracia transforman al Estado y la política, lugar a la vez de conflictos alrededor del poder y de conflicto en sus propios terrenos.
En este terreno se mueven las luchas que hacemos referencia al inicio del artículo. Cada una de ellas implica subvertir un andamiaje construido durante siglos. Las alteraciones que permite este orden, tiene un núcleo duro, donde confluyen intereses económicos, políticos en connivencia con el poder policial.
Estas barreras las encontramos cuando hablamos de igualdad de oportunidades de varones y mujeres en el campo laboral, dado que el cuerpo social es desigual. Asimismo sucede con otras reivindicaciones legítimas como la prevención de las muertes de las mujeres por abortos clandestinos o la trata de personas.
Un debate que tiene un siglo en nuestro país
Debate y revisión con las tesis de Marx
El debate central era alrededor del tema del poder, consustanciado con la idea de progreso dentro del sistema capitalista.
Desde el año 1911 se publicaron en La Vanguardia una serie de artículos que en forma directa e indirecta, polemizaban y/o bosquejaban un abordaje diferente frente al sistema capitalista. El común denominador era la propuesta de reformas dentro del propio sistema, oponiéndose al esquema de división de clases existente.
En forma sintética exponemos los conceptos de Antonio Tomaso, Enrique Dickman, Emilio Vandervelde, Carlos Kautsky, A. Zerboglio, Jaime Vera, Juan B Justo sobre temas como la relación entre el socialismo y la patria, el nacionalismo, la democracia y la lucha términos en que se desarrolla la lucha de clases.
Contra el dogmatismo, se revisa la tesis sobre la conquista violenta del poder y los términos en que se desarrolla la lucha de clases.
El 17 de marzo de 1911, Antonio Tomaso, en un extenso artículo titulado Dos aniversarios –Carlos Marx, resalta sus méritos:
“una poderosa cabeza pensadora” y una gran “vida en constante lucha de ideal”. El autor reconoce que con el desarrollo del capitalismo, “la realidad social nos dice que la relativa concentración de la industria ha corrido pareja en gran parte con una mayor distribución de la riqueza (…) que el progreso del capitalismo ante el cual se ha levantado la múltiple organización de los trabajadores, no va seguido de una miseria creciente, sino al contrario por un creciente bienestar; que la complicada división del trabajo producido por el enorme adelanto de la técnica que aumenta y diversifica las operaciones, se ha roto la homogeneidad en el campo del pueblo productor, dentro del cual hay ahora distintas necesidades y aspiraciones y que con la extensión del sufragio se hace cada vez más difícil la conquista violenta del poder político porque asciende cada vez más la democracia, estado político social menos rígido, más maleable, más susceptible de transformaciones. (…)
La lucha de clases es hoy resorte conocido y comprendido de la historia nueva, hecha intencionalmente por los hombres por ese formidable ejército de la Internacional obrera y socialista que bajo distintos cielos y adaptándose a las condiciones históricas y peculiares de cada país, realiza la conquista del poder político extendiendo la democracia y creando por su esfuerzo técnico y directo un poder económico propio.
En 1912, en el X Congreso del PSA, continuando con su preocupación por la legislación en materia laboral, la organización de los/as trabajadores/as, consideraron que el salario femenino era la principal causa de la depresión de los salarios masculinos y resaltaron la necesidad de la participación de las mujeres en las organizaciones gremiales y resolvieron (4):
1- organizar a las mujeres trabajadoras en ‘Sindicatos Mixtos’ en las industrias que empleen obreros de ambos sexos y en ‘Sindicatos femeninos’ donde haya sólo empleadas mujeres;
2- promover una encuesta sobre el trabajo a domicilio y reglamentar el trabajo del mismo;
3- establecer la jornada máxima de 8 horas;
4- fijar un salario mínimo legal.
Los términos de la acción parlamentaria de los diputados socialistas fue planteada por Juan B. Justo en 1912, en relación con la clase trabajadora y el DNT. (5)
Polemiza con los que creían que la cuestión social se terminaba con algunas leyes obreras señalando:
El punto de vista de los diputados socialistas es otro muy distinto. Tratamos ante todo, dar a la lucha que sostiene la clase trabajadora por su emancipación (…) la intervención del Estado, la extensión de sus atribuciones no la queremos, señor presidente, sino en la medida en que la clase trabajadora penetre dentro del poder político e impregne al Estado de sus ideales. (…)
No es posible que una nación cualquiera joven o vieja, nos dijo un día Jaurés llegue a la plenitud de la vida nacional sin la intervención de una fuerza obrera organizada; ella agranda la patria porque con su progreso la patria deja de ser un privilegio, para convertirse en la esperanza de todos. La frase famosa del manifiesto comunista, casi idéntica a la de patriota Saint Just, podía aplicarse como lo hace notar Bernstein a los obreros de la época excluidos de la vida política; pero ha perdido su valor en nuestros días y lo perderá cada día más a medida que gracias a la influencia creciente de la democracia social, el obrero se convierta cada vez más en ciudadano cooperador de los bienes común de la nación.”
Existe un hilo conductor entre el cuestionamiento a Marx de Antonio Tomaso y la expectativa abierta que la clase obrera tuviera un interés común con quienes la explota y un aparato estatal estructurado para avalar la opresión.
El distanciamiento del concepto de clases sociales, la descalificación sobre el sentido de las luchas, los intereses contrapuestos surgidos en esta sociedad quedan cristalizados en esta teoría:
El socialismo y la vida es “la doctrina más amplia y universal que registra la historia. En su seno caben muchas hipótesis teorías, escuelas, etc. No por eso es menos científico ni verdadero. Y los hombres que en sus filas se alistan, lucha, meros detalles del conjunto.
Enrique Dickman, lanza esta propuesta en La Vanguardia del 19 de agosto de 1913, basándose en la teoría de la evolución, considera: el concepto más fecundo y universal que haya formulado la mente humana. Es la moderna brújula de las ciencias físico-naturales, como de las económico-sociales. Es la estrella polar que guiara a los hombres hacia un risueño y feliz porvenir.(…)
Que la lucha cotidiana se entable en tal o cual terreno; que en un momento dado sea más o menos áspera; que los grupos sociales, combatan más o menos lealmente y con tal o cual arma; que a veces sea necesario el sacrificio de muchas vidas para obtener una insignificante reforma; todo esto no autoriza a generalizar ni a formular teorías. Son simples incidentes de la lucha, meros detalles del conjunto.
De este modo queda descalificado el aporte realizado por Marx y Engels, pues concibe que “los que luchan por el bienestar del pueblo, antes que en escuelas económicas, filosóficas y sociales, han de inspirase en la escuela de la vida.”
En septiembre de 1913 esta visión se completa con la publicación de la traducción de Les Documents du Progrés registran la teoría de la evolución y el progreso humano del Doctor Broda; éste propone: para intervenir eficazmente en la marcha de la evolución es necesario que esta voluntad de progreso se encarne en un movimiento amplio, en un verdadero partido internacional, “el partido de la civilización.”
El 21 de noviembre de de 1913, el artículo El socialismo y el estado, comienza con esta afirmación:
Toda definición es peligrosa, pero en ciencias sociales la falta de definiciones es más peligrosa aún. La definición dada por quienes la ignoran es imperfecta. Se dirá, por ejemplo, que el socialismo es la apropiación por el estado de los instrumentos de producción. Pero ¿qué es el estado, el gobierno o la nación? Si el estado es la nación, la tesis es cierta, si el gobierno, falsa.(…) Emilio Vandervelde, autor de esta nota, después de citar a varios autores, entre ellos a Engels, formula esta pregunta:
¿Cuál ha de ser el fin de los trabajadores? Apoderarse del poder político y utilizar entonces al estado para suprimir las clases, el privilegio y el antagonismo de clase. Cuando se establezca la producción cooperativa, el estado desaparecerá automáticamente.
La democracia – dice Kautsky –tiende a transformar el estado en una gran cooperativa económica. (…)
En resumen, el socialismo está contra el estado político burgués, que ejerce una coerción moral sobre una clase y está con el estado si éste es la nación misma.
La democracia moderna era un tema de debate; tal es así que fue dos extensos artículos de Carlos Kautsky, los días 12 y 13 de diciembre de 1913. Allí, parte de reafirmar que el absolutismo llegó a su apogeo en el siglo XVIII y en este mismo siglo nacieron las fuerzas que debían hacerle perecer.
Hace mención a los “diferentes grupos de las clases burguesas, pequeños burgueses y campesinos, que se unieron al proletariado para desbaratar y destruir a la nobleza. Los problemas eran destruir un parlamento monárquico y hacer que pasase a ser “servidor del pueblo”. De ahí que ubica la lucha por el derecho al sufragio como un hecho importante para saber si el parlamento:
será un instrumento de dominación para la clase aristocrática, si servirá a la burguesía o si será el campo de batalla para la lucha de clase entre la burguesía y el proletariado.
El sufragio universal, igual y directo es el medio más importante aunque no el único, de hacer que el parlamento sea el servidor del pueblo y la fiel expresión de las tendencias que en su seno dominan. (…)
Ver también:
– La división sexual del trabajo y las estrategias del capital (Parte I)
Notas:
1) Engels, Federico, El origen de la familia, la propiedad privada y del Estado, Editorial Claridad, 1974.
2) Engels, Federico, Introducción a La guerra civil en Francia de Carlos Marx. 1891.
3) Samir, Amin, Ser marxista hoy, ser comunista hoy, ser internacionalista hoy, Revista Periferias, Año 13- Nº 17 – Primer semestre 2009.
4) Propuesta realizada por Carolina Muzzilli.

Expropiando a los expropiadores

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En plena crisis está cobrando forma una clase integrada por los más oprimidos, los del sótano, que van descubriéndose entre sí y van develando los modos y formas de la opresión, hasta mostrar a la luz pública a los expropiadores. Cuando los de abajo se atreven a gritarle a la cara a los de arriba –nos enseña James C. Scott– es porque ha llegado el momento de las grandes y contundentes acciones.

 

Raúl Zibechi / LA JORNADA
Militantes del Sindicato Andaluz de Trabajadores
irrumpieron en supermercados para llevar alimentos
a los comedores social afectados por los recortes.
Las crisis suelen ser momentos de honda creatividad colectiva que, en buena medida, consisten en ir más allá de lo establecido, inventando formas de acción que superan las constricciones y los límites que impone el sistema. La más importante, la que marca el límite que los de arriba no están dispuestos a tolerar, es la acción colectiva y directa para resolver problemas de la vida cotidiana: alimentación, vivienda, salud, empleo y educación.
Los obreros organizados en el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), en el sur de España, ingresaron el martes pasado en grandes supermercados (Mercadona, Carrefour), llenaron carros con alimentos y salieron a repartirlos en comedores sociales donde acuden desocupados e inmigrantes. Desde hace 15 días el SAT mantiene ocupada una finca del Ejército reclamando la cesión de tierras a los agricultores que estén pasando hambre.
En algunas zonas andaluzas, como la de Écija, la desocupación trepa al 40 por ciento; hay familias que tienen a todos sus integrantes desocupados y no perciben subsidios. En las grandes ciudades 35 por ciento de las familias está por debajo de la línea de pobreza. Pese a ser una organización pequeña, el SAT se inscribe en la historia de luchas protagonizada por el Sindicato de Obreros del Campo (SOC), dirigido por el alcalde de Marinaleda, y actual diputado por Izquierda Unida, Juan Manuel Sánchez Gordillo.
En la década de 1980 tanto el SOC como Comisiones Obreras impulsaron múltiples acciones por la reforma agraria, que incluyeron ocupaciones de fincas, marchas, cortes de carreteras y de vías férreas. La combatividad de este sector del pueblo andaluz se manifiesta ahora en acciones que serán penalizadas por la justicia. En línea con la ética de poner el cuerpo y no rehuir las represalias, Sánchez Gordillo dijo, luego de participar en las acciones en supermercados, que estará “orgulloso de entrar en la cárcel por este motivo, una y mil veces”.
Los que están dispuestos a criminalizar la acción directa incluyen un amplio espectro que va desde el gobierno derechista y los empresarios hasta la Unión Progresista de Fiscales, cuya portavoz dijo que “si todo el mundo hiciera lo mismo, esto sería el fin de la convivencia pacífica, se llevaría a cabo la ley de la selva”. La justicia no considera que los banqueros que actuaron como delincuentes merezcan la cárcel. Defienden la propiedad de los ricos, pero no la de los millones que han perdido sus viviendas y sus empleos.
Una vez más han sido los activistas los que han puesto las cosas en su lugar, frente a la avalancha mediática que juzga las acciones de los pobres como “asaltos” y “saqueos” a los supermercados, como apunta entre otros el diario El País. Los dirigentes del SAT, por el contrario, defendieron ese tipo de acciones que buscan “expropiar a los expropiadores, terratenientes, bancos y grandes superficies, que están ganando dinero en plena crisis económica”.
Con los meses vamos asistiendo a un panorama desolador: luchadores sociales procesados y banqueros en libertad. No importa que los de abajo tomen los alimentos de forma pacífica ni que esos mismos supermercados tiren a la basura toneladas de comida. Ahora ponen candados a los contenedores de basura para que los hambrientos no tengan la osadía de tomar lo que, en rigor, les pertenece. La lógica de la acumulación de capital no se distrae con disquisiciones éticas ni morales, no sabe del dolor humano ni de sufrimientos porque, precisamente, vive de ellos.
El paso dado por los miembros del SAT pone la crisis en otro lugar. Abre las puertas a nuevas formas de acción que siempre nacen en los márgenes, a contracorriente incluso de las izquierdas establecidas, y permite a los afectados tomar la iniciativa dejando de ser objetos pasivos de la caridad del Estado. En este punto tres aspectos merecen destacarse.
El primero es que no importa el número, sino la creatividad y la potencia. El SAT es una pequeña organización que se apoya en la mejor historia de los jornaleros andaluces y muestra que aun grupos muy pequeños pueden tomar la iniciativa, siendo audaces y valientes, para modificar de ese modo la rutina de la acción colectiva. Lo que un día parece subversión y espanta, con el tiempo se torna normal y resulta aceptado. El cambio siempre empieza siendo local, para luego volverse general.
El segundo, consiste en la legitimidad de las acciones, mucho más que en su legalidad. Si los de abajo no somos capaces de ir más allá de lo establecido, no hay cambios posibles. Eso supone correr riesgos, asumir la respuesta violenta y la posibilidad de pagar con cárcel la lucha por la justicia social. Siempre ha sido así. Hace apenas 30 años el aborto era ilegal en el Estado Español, hasta que pequeños grupos de feministas dieron el paso de hacer abortos, y de abortar, desafiando las restricciones legales y las represalias. Ninguna conquista es gratuita.
Por último, es mediante este tipo de acciones como los sectores populares se convierten en sujetos de su destino. Cuando los de abajo toman la vida cotidiana en sus manos están forjando poderes contrahegemónicos, locales primero, pero que pueden expandirse e inevitablemente terminan desafiando a los poderes estatales del arriba. Las clases sólo existen en situaciones de conflicto y eso supone dos partes, como señala Immanuel Wallerstein: “Puede no haber ninguna clase, aunque esto es raro y transitorio. Puede haber una, y esto es lo más común. Puede haber dos, y esto es de lo más explosivo” (El moderno sistema mundial, Siglo XXI, tomo I, p. 495).

De eso se trata. En plena crisis está cobrando forma una clase integrada por los más oprimidos, los del sótano, que van descubriéndose entre sí y van develando los modos y formas de la opresión, hasta mostrar a la luz pública a los expropiadores. Cuando esto sucede, cuando los de abajo se atreven a gritarle a la cara a los de arriba –nos enseña James C. Scott– es porque ha llegado el momento de las grandes y contundentes acciones, esas que no tienen marcha atrás.

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