Medina Mora, el secretario sin cartera en Washington

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Fuente: La Voz de Michocán

medina
Agencias/ La Voz de Michoacán.

Por la relevancia que conlleva el cargo, el puesto de embajador en Estados Unidos es uno de los más importantes –y estratégicos– que puede haber en la administración de cualquier presidente mexicano. Es el equivalente a una Secretaría de Estado que no sólo debe tener en sus manos los hilos de temas vitales y de seguridad nacional, sino cargar sobre sus hombros la dificultad de conducir una relación sumamente compleja, repleta de potenciales precipicios.
El trabajo viene con un presupuesto multimillonario muy superior al de cualquier otra embajada mexicana pero también con una altísima exigencia profesional. Quien conduce los destinos de la casona del 1911 de la Avenida Pennsylvania, a unas cuadras de la Casa Blanca, debe ser de día hombre de todas las confianzas del presidente de México y por la noche anfitrión socialité de algunos de los hombres más poderosos del planeta, incluidos militares que comandan ejércitos en otros continentes, espías con oídos en cada esquina y empresarios cuyos bolsillos calan hondo, muy hondo, al sur del Río Bravo.
No son las únicas artes que se esperan de un buen embajador mexicano en el corazón de Estados Unidos. El chef de mission debe asumirse especialista en comercio, armador de intrigas de alto vuelo, analista internacional, imán de capitales, defensor de la soberanía, y promotor turístico, además de protector de migrantes, mecenas cultural, cruzado antinarcóticos, portavoz nacional y exportador agrícola. Más lo que demande el servicio.
Ese, con todos sus riesgos y ventajas, es el paquete que le ha caído en las manos a Eduardo Medina Mora, confirmado ayer como el embajador número 63 en representar a México ante Washington desde la Independencia mexicana, encargo que primero tuvo Manuel Zozaya y Bermudez en 1821 en los tiempos del Imperio Mexicano y en el que ahora reemplaza a Arturo Sarukhán, uno de los pocos funcionarios que en dos siglos ha logrado ocupar la silla diplomática durante seis años consecutivos.
Sin igual en el mundo del Servicio Exterior Mexicano, la oficina a la que llega Medina Mora es un centro neurálgico que más bien parece cuarto de guerra: en ella convergen y a ella reportan funcionarios de las secretarías de Gobernación, Defensa Nacional, Marina, PGR y Hacienda, así como medio centenar de cónsules repartidos desde Arizona y Florida hasta Alaska y Minnesota.
Exiliado durante la segunda parte del sexenio calderonista en Gran Bretaña, Medina Mora volverá, en cierta medida, al loop de la relevancia y la información sensible, una tarea a la que se encuentra bien habituado, después de su paso por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional y la Procuraduría General de la República.
Luego del aislamiento en Londres, por sus manos circularán de nueva cuenta informaciones de naturaleza altamente sensible sobre los más distintos ámbitos de la relación entre México y Estados Unidos. Por ejemplo, tendrá acceso total a algunas de las bases de datos más preciadas y secretas del Estado Mexicano, entre las que se incluyen las fichas de filias y fobias de congresistas, compilada por la sección de Relaciones con el Congreso; la de alfiles hispanos en la lucha migratoria, confeccionada por la Sección de Asuntos Regionales e Hispanos; y la de narcotraficantes y crimen organizado en la Unión Americana.

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Indígenas americanos y mentalidad colonial

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A pesar de todo lo denostados y vilipendiados que han sido, los indígenas son, hoy por hoy, de los pocos que tienen una concepción de mundo y de organización social que puede presentarse como alternativa a la civilización occidental en crisis.

 

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica
Los pueblos indígenas: protagonistas del proceso
de cambio en Bolivia y nuestra América.
Los colonialistas vieron al “otro indígena” siempre, en todas partes del mundo, como alguien a quien podía cuestionársele su humanidad: o no eran seres humanos o lo eran de segunda categoría.
Aunque el colonialismo ha dejado de ser dominante en el mundo contemporáneo, la mentalidad colonial prevalece. En América Latina, después de la independencia, las élites criollas vieron al indígena como un problema: el problema indígena.
¿Cuál era el problema para estas élites dominantes? Cómo hacer para que el indio dejara de serlo y se transformara en otra cosa, más parecida a lo que ellos, los criollos, creían ser: similares a los europeos, física y culturalmente.
Para ello se plantearon varias estrategias. Una fue integrarlos a la cultura criolla dominante. Las políticas integracionistas hicieron carrera en América Latina bajo múltiples fachadas y la educación jugó un papel central en ellas. Bajo lemas altruistas como gobernar es educar, los sistemas educativos se convirtieron en verdaderas maquinas culturales que buscaron eliminar sus identidades “bárbaras” para modernizarlos y civilizarlos.
En última instancia, lo que se buscaba era tener una fuerza de trabajo con habilidades para impulsar el capitalismo y sus formas de vida.
Donde no se pudo “educar” se les marginó o eliminó. Campañas estudiadas hoy en día en las escuelas y colegios como gestas heroicas constructoras de nuestras naciones no fueron otra cosa que campañas destinadas a eliminar a las poblaciones indígenas.
La construcción de los Estados-nación latinoamericanos implicó la creación de “teorías” que justificaban esa marginación o eliminación de los indígenas. En Guatemala, por ejemplo, se inventaron la teoría de la degeneración del indio. Consistía en lo siguiente: los indígenas del presente, a quienes los sectores dominantes catalogaban de ignorantes, borrachos, sucios e indolentes, ¿cómo pudieron construir una civilización como la maya, que despertaba tanta admiración y que ellos mismos querían poner como fundamento de la nación? La respuesta fue “porque se habían degenerado”; es decir, en algún momento de su historia, posiblemente antes de la llegada de los colonizadores españoles, se habían transformado en otra cosa, quién sabe por qué, pero así había sido.
En el presente, esa mentalidad colonial no ha desaparecido. Ser indio es un estigma del que hay que tratar de lavarse. Una de las estrategias para alejarse de él es “mejorando la raza” mediante el mestizaje, o abandonando los rasgos culturales que los identifican, que es otra forma de “mejorarse”, solo que culturalmente. Han sido estrategias usadas para tratar de escapar de la discriminación y, muchas veces, de la violencia a la que son sometidos.
Pero esa situación está cambiando. Aunque la resistencia ha sido una constante a través de la historia, es posible que hoy sea más consciente, más visible y más reconocida. Tiene ante sí una ardua tarea, porque si algo es difícil de cambiar en las sociedades humanas es la forma de pensar, sobre todo cuando, como en este caso, sirve para justificar la dominación de unos sobre otros y, por ende, privilegios y prebendas.
Ya lo vimos en Bolivia, cuando los cambas santacruceños estallaron en ira y no vacilaron en intimidar y humillar con afán de hacer prevalecer su supuesta predominancia racial. Ya lo vimos en Guatemala, en donde en los años 80 aplicaron la política de tierra arrasada que despareció de la faz de la Tierra cientos de aldeas y asesinó a miles de indígenas.
A pesar de todo lo denostados y vilipendiados que han sido, los indígenas son, hoy por hoy, de los pocos que tienen una concepción de mundo y de organización social que puede presentarse como alternativa a la civilización occidental en crisis.

Tal vez el calendario maya tenía razón y estemos en el inicio de una nueva era.

Puerto Rico: Se mueven las fichas a favor de Estados Unidos

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martes, 7 de agosto de 2012

Jesús Dávila (NCM, especial para ARGENPRESS.info)

Apenas un par de días después de que el Buró Federal de Investigaciones hiciera públicas algunas partes de un informe sobre “extremistas” de Puerto Rico, la Coordinadora Caribeña y Latinoamericana denunció que una famosa figura del independentismo fue sacada del avión en Panamá, interrogada por agentes no identificados y su equipaje fue violado.

El incidente denunciado del aeropuerto internacional de Panamá se suma a un mosaico de sucesos, tanto ocurridos en Puerto Rico como en el exterior, en los que comienzan a tomar posiciones las fichas a favor de las políticas de Washington en esta nación isleña y colonia de Estados Unidos, cada vez más inestable.
De momento, la avanzada más notable es la campaña para que el país avale las crecientes restricciones en los derechos civiles y una reforma que garantizaría que los dos partidos principales –pro EEUU- sean los únicos con representación en las cámaras legislativas. Según el gobierno puertorriqueño, la secretaria del Departamento de Seguridad de la Patria (Homeland Security) de EEUU, Janet Napolitano, ha mostrado su interés particular en el primer asunto, esto es, que Puerto Rico acepte que se elimine el derecho absoluto a la fianza, una de las diferencias principales con el estado de derecho general en la nación metropolitana.
También figuran como piezas del rompecabezas las crecientes y agrias divisiones en organizaciones de la izquierda, así como en instituciones con historial patriótico. Las disputas, en las que los adversarios tratan todo lo que pueden porque se diluciden públicamente quejas y enconos personales, ya afectan acciones de alta resonancia mientras ocurren sin que llamen la atención planteamientos como el de que Puerto Rico no es una colonia, hecho en el marco de una actividad internacional de izquierda.
Pero tales movimientos de fichas no han logrado cercar al Partido Independentista Puertorriqueño, que anunció que ya tiene funcionarios suficientes para poder colocar al menos uno en cada una de las miles de mesas de votación para el referéndum constitucional del 19 de los corrientes. De igual forma, el PIP ya se prepara para el plebiscito de noviembre en el que, junto con las elecciones generales, Puerto Rico tendrá por primera vez la oportunidad formal explicita de consentir o negar su consentimiento a la condición de colonia estadounidense.
Ese ambiente no ha impedido que se sigan organizando tres nuevos partidos políticos –Puertorriqueños por Puerto Rico, el Movimiento Unión Soberanista y el Partido del Pueblo Trabajador- que también han adoptado la posición de combatir las reformas constitucionales.
Tampoco ha evitado que continúen luchas sociales, como en la Universidad de Puerto Rico y contra la construcción de un polémico gasoducto. En esta última, el comité Toabajeños contra el Gasoducto le ha reclamado por carta a la secretaria auxiliar del Ejército, Jo Ellen Darcy, que aclare si, como ha dicho el Gobernador Luis Fortuño, ella misma ha pedido que continúe vivo el controversial proyecto.
El suceso de Panamá ocurrió el 22 de julio, cuando Liliana Laboy y Norberto Cintrón Fiallo viajaban de regreso a Puerto Rico desde Ecuador, donde habían participado en un seminario de partidos de izquierda, en el que se acordó programar en distintos países una serie de piquetes coordinados frente a las embajadas de EEUU en reclamo de la excarcelación del prisionero puertorriqueño Oscar López Rivera, quien lleva más de treinta años tras las rejas por vínculo con las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). De acuerdo con la denuncia, cuando ya habían abordado el avión en Panamá, Laboy fue llamada por los altavoces e interrogada por dos agentes que mostraron conocer detalles privados del historial de la dama y le inquirieron sobre si en Ecuador se habían hecho planteamientos contra EEUU.
Según la denuncia del CCL, al llegar a San Juan, la pareja encontró que su equipaje estaba roto y que del mismo habían sustraído documentos que traían del seminario en Ecuador. Desde entonces, el vecindario en el que viven es escenario de patrullaje ostentoso por tierra y aire.
Dos días antes, el 20 de julio, se le había quitado la clasificación de secreto a partes del informe sobre amenazas de terrorismo “doméstico” –en el territorio nacional de EEUU y sus posesiones- de la sección de inteligencia del Buró Federal de Investigaciones preparado en 2007. En la sección sobre “extremistas puertorriqueños”, se asegura que hay “un número pequeño de individuos” que no le tienen miedo a ser arrestados o a la represión y “como ha ocurrido a lo largo de la historia del movimiento independentista de Puerto Rico, se va a producir un cambio de guardia generacional”. Entre otras cosas mencionadas, está la preocupación de que las instalaciones militares no están suficientemente seguras y que los agentes del FBI y otros funcionarios son “vulnerables” si caminan entre la población del país.
Otro informe, preparado por la “Domestic Terrorism Operations Unit” del FBI a finales del 2008 o principios del 2009, también fue objeto de retirarle parcialmente la clasificación de secreto. En este otro caso, la publicación de pedazos del documento se hizo en diciembre de 2011.
Este otro documento, que tiene la apariencia de haber sido producido para adiestramientos, especifica que los “extremistas” son el Ejército Popular Boricua-Macheteros y las FALN, además de que afirma que se logró identificar al “líder” de ambas formaciones armadas, que es la misma persona y se proveen las señas específicas de su identificación. Una dificultad para validar esa afirmación es que el comandante del estado mayor de los Macheteros sólo se conoce por su nombre de guerra, “Comandante Guasábara”, por lo que no hay confirmación independiente de lo alegado por el FBI.
Otros asuntos mencionados en el informe de la unidad de operaciones es que se asegura que estos grupos están activos en general, que reclutan soldados en barriadas pobres y universidades, han aumentado sus contactos con gobiernos extranjeros para entrenamientos, apoyo y fondos, además de que han aumentado su presencia en Nueva York, Chicago y New Jersey.

Un aspecto curioso es que a pesar de tales esfuerzos del FBI por difundir esos informes y de que los “extremistas” puertorriqueños aparecen en el Lexicón sobre Terrorismo Doméstico del Departamento de Seguridad de la Patria, no hubo mención alguna en las ponencias ante el Congreso de EEUU durante la evaluación sobre las amenazas de los grupos de terrorismo interno este verano.

Publicado por ARGENPRESS

La descolonización puertorriqueña, capítulo pendiente en América

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viernes, 3 de agosto de 2012

Marta Denis Valle (PL)

La intromisión militar estadounidense en la guerra de independencia de Cuba (1895-1898) dejó grandes secuelas en este país, víctima de la opresión neocolonial durante varias décadas, y a su hermana Puerto Rico le reforzó las cadenas coloniales.

El pueblo cubano libró tres guerras por su independencia sin recibir nunca el reconocimiento de beligerancia o cualquier otro apoyo de Washington, hasta que Estados Unidos le declaró la guerra a España en la primavera de 1898.
A más de tres años de lucha, el fin de la contienda era cuestión de más o menos tiempo; España ya había invertido hasta “el último hombre y la última peseta” y no podía extraer más de su arruinada economía.
Los cubanos sólo aceptaban la independencia total y por ello no depusieron las armas y fueron el componente decisivo en la toma de Santiago de Cuba por las fuerzas norteamericanas, sin sospechar las verdaderas intenciones de éstas.
Después de la rendición de los españoles en Santiago de Cuba (16 de julio), con el desembarco de sus tropas, el 25 de julio de 1898, en Puerto Rico, en las costas de Guánica, Estados Unidos logró prácticamente su sueño de convertir las aguas del Caribe en un mar norteamericano.
Resultado de esta guerra relámpago, aunque bien pensada desde tiempo antes, de un plumazo pasaron a manos estadounidenses 300 mil kilómetros cuadrados y unos 10 millones de personas, luego de la firma del Tratado de Paris, el 10 de diciembre de 1898.
Cuba, la mayor de las Antillas, constituye un archipiélago de unos 110 mil kilómetros cuadrados, a la entrada del Golfo de México, formado por más de mil 600 islas, islotes y cayos, que en su política expansionista Estados Unidos ambicionaba y más de una vez trató sin éxito de comprar a España.
Puerto Rico -la menor y la más oriental de las Grandes Antillas- es un archipiélago de 13 mil 700 kilómetros cuadrados, integrado además por las islas Culebra (28,5 Km. cuadrados), Mona (50,5 Km. cuadrados) y Vieques (133,9 Km. cuadrados), así como por islotes y cayos menores.
En las negociaciones efectuadas en la capital francesa en ningún momento tuvieron en cuenta a cubanos, puertorriqueños y filipinos, que cambiaron de dueño, al ser adoptado, rubricado y ratificado el acuerdo, sin su participación o conocimiento del contenido del mismo. Nada fue improvisado por el agresor para alcanzar sus fines, pues al suscribirse en Washington, el 12 de agosto de 1898, el Armisticio que suspendió las hostilidades, impuso sus condiciones antes de sentarse a la mesa de negociaciones.
Los artículos del Protocolo, incluían la renuncia de España a todos los derechos sobre Cuba, la cesión de Puerto Rico y demás posesiones en las llamadas Indias Occidentales y una isla a escoger en las Ladronas – finalmente la isla de Guam-, y la ocupación de la ciudad, la bahía y el puerto de Manila, en espera de la conclusión de un Tratado de Paz.
La derrota de las fuerzas españolas en Santiago de Cuba había hecho comprender a Madrid que el único camino era lograr un acuerdo de paz, y con ese objetivo comunicó su disposición en mensaje del 22 de julio de 1898, el cual llegó a manos del presidente William McKinley, el día 26.
España estaba dispuesta a aceptar la solución que agradara a Estados Unidos, ya fuera la separación de Cuba de sus dominios, mediante independencia absoluta, independencia bajo el protectorado o anexión a la República Americana, prefiriendo la última.
McKinley se mostró inflexible, poseer a la Mayor de la Antillas no era suficiente y Estados Unidos presionó hasta conseguir sus objetivos, a pesar que la Corona alegaba eran excesivos, pero no estaba en condiciones de continuar la guerra.
Al ceder el archipiélago de Islas Filipinas, Estados Unidos pagó a España 20 millones de dólares dentro de los tres meses después del canje de ratificaciones del Tratado, el 11 de abril de 1899, en Washington.
La independencia puertorriqueña, objetivo conjunto de los patriotas de ambos países, sufrió un golpe demoledor en la primera guerra imperialista de Estados Unidos, en el verano de 1898, al punto de soportar el pueblo boricua más de un siglo al nuevo colonizador.
Alcanzada la independencia cubana, era indispensable la liberación también de la otra colonia de España en el Caribe y, por ello, la proclamación (1892) del Partido Revolucionario Cubano (PRC) contó con el concurso de las emigraciones de puertorriqueños en Estados Unidos y otros países.
El Artículo primero de las bases del PRC, fundado por José Martí, expresa claramente que este “se constituye para lograr con los esfuerzos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”.
El padre de la Patria borinqueña Ramón Emeterio Betances (1827 -1898), Delegado General por la Sección Puerto Rico del PRC, rechazó la intervención de Washington:
“No quiero colonia ni con España ni con Estados Unidos”, dijo y dedicó sus últimos esfuerzos a combatirla hasta su fallecimiento en Paris, el 16 de septiembre del propio año.
Activo luchador por la independencia de su tierra natal y la de Cuba, fue el promotor principal de la conspiración independentista y organizador del Grito de Lares (1868).
Médico y escritor, presidió el Comité Revolucionario Cubano en Paris, la República de Cuba en Armas (1895-1898) en la capital francesa y la Delegación del Partido Revolucionario Cubano allí.
Horas antes de morir en combate, el 19 de mayo de 1895, Martí expresó en carta inclusa a su amigo mexicano Manuel Mercado, su propósito de impedir a tiempo con la independencia de Cuba, la extensión de Estados Unidos por las Antillas y que cayera con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América.
Estados Unidos estableció un gobierno interventor en Cuba y sólo se marcharía tras imponer un apéndice a la Constitución de la República, que limitaba su soberanía, y la obligación de establecer una base militar (Base de Guantánamo) que aún mantiene contra la voluntad de su pueblo.
El triunfo de la Revolución Cubana, en enero de 1959, significó no solo la derrota de una sangrienta dictadura, sino la desaparición de la neocolonia erigida en 1902 bajo la tutela de Estados Unidos
Puerto Rico permanece en manos de Estados Unidos, a pesar de la existencia de una nación perfectamente definida, una cultura nacional y la conservación del español -lengua común de los pueblos iberoamericanos-, asediado por los intentos de imposición del idioma inglés.
Aunque existe a partir de 1952 la ficción del denominado Estado Libre Asociado (ELA), nada ha podido disimular la realidad colonial porque la cuestión del status independiente está en espera desde el siglo XIX.
Desde 1972, el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas reconoció el derecho del pueblo puertorriqueño a la autodeterminación y la independencia nacionales, en sucesivas resoluciones, la última el pasado 18 de junio de 2012.

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Referendo en Puerto Rico carece de legitimidad, según experta

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Yurién Portelles (PL)

El referendo previsto este año en Puerto Rico es una maniobra política, afirmó aquí la puertorriqueña Vilma Reberón, invitada como experta al Seminario de las Naciones Unidas sobre Descolonización, con sede hoy en Ecuador.

La también integrante del Colegio de Abogados de Puerto Rico señaló que el ejercicio de noviembre es organizado por el partido anexionista para garantizar el triunfo de esa tendencia, por lo cual carece de legitimidad.
Precisó que aunque se afirma que la mayoría votaría por seguir siendo colonia de Estados Unidos, según las encuestas, éstas apuntan a que esa masa también escogería -paradójicamente- la opción del Estado Libre Asociado Soberano.
Esto, dijo, no se esperaba que sucediera y en estos momentos el gobernador realiza contactos urgentes con representantes de las dos Cámaras para enmendar ese proyecto para el plebiscito e intentar manipular la inclinación del electorado hacia otra opción.
Para Reberón, miembro del Movimiento Hostosiano y del Colegio de Abogados de Puerto Rico, esto demuestra lo ineficaz del proceso, porque lanzan al pueblo a las urnas sin ninguna preparación, sin embargo éste parece asimilar bien la realidad.
Expuso que el Gobierno en la isla intenta sacar a sus huestes a votar ante una gestión nefasta, con 30 mil empleados públicos despedidos, 17 por ciento de desempleo y el impacto de la recesión económica de los últimos años.
La abogada agradeció las muestras de apoyo a la lucha por la independencia en Puerto Rico suscitado en el seno del Comité Especial de las Naciones Unidas sobre descolonización, que sesiona aquí.
Agregó que existen puertorriqueños que no han dejado de luchar por la liberación definitiva de su país, unas veces con las armas y otras no, pero seguirán haciéndolo con las ideas, la nueva arma del siglo XXI de la cual habla Fidel Castro, líder histórico de la Revolución cubana.
Respecto al Seminario Internacional, convocado por la ONU en esta capital, señaló que este organismo sigue empleando en el enfoque de su trabajo y en su lenguaje elementos proactivos del colonialismo.
“Tenemos que romper con esos esquemas mentales y esos eufemismos para llamar las cosas por su nombre, como es nombrar territorios no autónomos a las colonias, y potencias administradoras para mencionar a los colonizadores”, detalló.
El foro concluye este viernes y sus conclusiones serán presentadas ante la reunión ordinaria del Comité Especial de la ONU sobre Descolonización, prevista para junio próximo en Nueva York.

Colombia: TLC contra soberanía económica

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Con la entrada en vigor del TLC, prácticamente se desarticula la soberanía del país pues sus 1531 páginas se convierten en ley regida por lineamientos internacionales (la Constitución solo tiene 108 páginas) y por tanto, nadie en algún nivel u organismo del Estado, podrá aprobar algo que contradiga su texto. Solo Washington tendrá derecho a realizar modificaciones al texto con las consabidas ventajas a su favor.

 

Hedelberto López Blanch / Rebelión
Los presidentes Barack Obama y Juan Manuel Santos
celebraron el TLC en la Cumbre de Cartagena de Indias.
El presidente colombiano Juan Manuel Santos confesó en conferencia de prensa junto a su homólogo estadounidense, Barack Obama que desde hacía dos décadas soñaba con la suscripción del Tratado de Libre Comercio (TLC).
Al parecer, Santos no oyó las declaraciones del ex secretario de Estado norteamericano, Colin Powell cuando en 2005 afirmó “nuestro objetivo con el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) es garantizar a las empresas norteamericanas el control de un territorio que va del polo Ártico hasta la Antártica, libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad, para nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio”.
El ALCA (después se convirtió en TLCs) fue derrotado en la IV Cumbre de las Américas, efectuada en Argentina en 2005, por las posiciones soberanas y nacionalistas asumidas por varios presidentes latinoamericanos presentes en la cita. El pacto neoliberal (TLC) entre Colombia y Estados Unidos entrará en vigor el próximo 15 de mayo, pero los esfuerzos por firmarlo comenzaron con el anterior gobierno de Álvaro Uribe, quien convirtió su adopción en una verdadera paranoia, política que continuó Juan Manuel Santos.
Uribe, sus ministros y empresarios viajaron en múltiples ocasiones a Washington para tratar de convencer a los congresistas que se oponían al TLC (similar gestión realizó Santos) y con ese fin, Bogotá abrió su territorio a las tropas norteamericanas e impulsó la privatización en todos los sectores de la economía.
Son innumerables las ventas de empresas de producción y servicios efectuadas en los últimos años como las eléctricas de Boyacán, Pereira, Cundinamarca, Santander, Norte de Santander, Meta y Termocandelaria; enormes extensiones de terreno para la extracción de minerales, construcción de hidroeléctricas con las consecuentes afectaciones a los pobladores originales y al medio ambiente.
Se privatizaron el Banco Popular y el Colpatria; la mayoría de las grandes y medianas industrias estatales; la minería e inmobiliaria, servicios de agua potable, alcantarillado, la salud, seguros y educación.
Con la entrada en vigor del TLC, prácticamente se desarticula la soberanía del país pues sus 1531 páginas se convierten en ley regida por lineamientos internacionales (la Constitución solo tiene 108 páginas) y por tanto, nadie en algún nivel u organismo del Estado, podrá aprobar algo que contradiga su texto. Solo Washington tendrá derecho a realizar modificaciones al texto con las consabidas ventajas a su favor.
Dentro del acápite de la Propiedad Intelectual, Colombia se compromete a regirse por otros cuatro acuerdos internacionales que favorecen la penetración y libre accionar de las transnacionales estadounidenses en el país, sin tener que responder por reclamaciones ambientales, despidos laborales y violaciones de derechos humanos.
El Tratado acelerará la entrada de capital foráneo en sectores como la salud, educación, alimentos, la abundante fauna y flora, mientras permitirá a Estados Unidos convertir a Colombia en un apéndice fundamental para el desarrollo de su economía, al poder contar con todas sus tesoros naturales, económicos y financieros.
El presidente de la Central Única de Trabajadores (CUT), Pedro Mora, señaló que la desigualdad entre los sectores productivos de ambas naciones perjudicará a los nacionales pues los productos agrícolas estadounidenses son beneficiados con subsidios que abaratan el precio de las mercancías y promueven mejoras tecnológicas que dejan desvalidos a los colombianos con la consecuente pérdida de empleos y la quiebra del sector agrario. El senador del Polo Democrático, Jorge Robledo, ofreció datos que contradicen la euforia del presidente Santos: las exportaciones de Estados Unidos hacia Colombia se incrementarán 40 %, mientras que ese país solo va a importar 6 %; la venta de arroz a Colombia crecerá 739 %; las frutas y vegetales 18 %; las semillas oleaginosas 26 %; los productos de semillas 126 %; la carne de res 82 %; las aves de corral y de cerdo 64 % y los lácteos 53 %. “Nos va a ir bastante mal, significó, porque las cifras son desestabilizadoras del aparato productivo colombiano”.
Como explicó otro diputado, Bogota podrá vender florecitas, frutas, hortalizas, café, algunos plásticos y textiles y las transnacionales se llevarán a precios ínfimos el petróleo, los minerales y las ganancias sin apenas crear empleos en Colombia o reintegrar divisas.
Aunque Colombia tiene un Producto Interno Bruto de 450 000 millones de dólares y enormes riquezas minerales, más de 23 millones de los 41 millones de sus habitantes viven en la pobreza lo cual se ha agudizado con la crisis económica mundial y las políticas neoliberales establecidas en los últimos años.
Según la UNICEF, en Colombia 5 000 niños mueren cada año por causas relacionadas con desnutrición. Un documento suscrito por la Iglesia Católica denunció que “no solo el 52 % de los colombianos vive en la pobreza, sino que el 20 % se encuentra en la indigencia mientras 5 000 000 se van a dormir, diariamente, sin comer”. La situación en el campo se agudiza por la abismal diferencia social existente pues el 1 % de la población controla más del 50 % de la tierra, lo que provoca que 3 de cada 4 campesinos se encuentren en la pobreza.
La desigualdad en este país andino se ha profundizado, una pequeña parte de la población disfruta de las riquezas y del progreso; la gran mayoría esta sumida en el atraso y la postración. La distribución del ingreso empeoró al pasar el coeficiente Gini de 0.56 en 2002 a 0.59 en 2008.
El sector financiero ha sido uno de las más beneficiados con ese sistema neoliberal pues un informe oficial indica que sus utilidades se multiplicaron por 8 en el transcurso de 8 años, al pasar de 632 000 millones de dólares en 2002 a 5,25 billones en 2010. En ese mismo período el salario mínimo solo se incrementó 6 %.
Un ejemplo esclarecedor sobre esa realidad es que, pese a un crecimiento promedio del PIB de 6 % anual del 2003 al 2009, aumentaron los índices de pobreza y de desempleo en el país. Las ganancias volaron hacia los países sedes de las transnacionales o engrosaron las arcas de los oligarcas nacionales.

Los analistas puntualizan que con la entrada en vigor del Tratado, se acelerará la fuga de capitales, la destrucción ambiental; aumentará la privatización de servicios esenciales como educación, agua, electricidad y salud; se incrementará la desigualdad y el trabajo precario; se reducirá la producción alimentaria con la entrada de mercancías subsidiadas procedentes de Estados Unidos, y sobre todo, se perderá la soberanía económica y política de la nación.

Un nuevo reparto de África ha comenzado

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Sergio Rodríguez Gelfenstein (BARÓMETRO INTERNACIONAL, especial para ARGENPRESS.info)

En el año 1884 Etiopía era la única nación independiente de África. La voracidad de más de tres siglos de colonialismo en el continente había producido una repartición de facto que amenazaba con desplegar conflictos entre las potencias ocupantes. Por ello, durante ese año, convocados por Francia y el Reino Unido se reunieron en Berlín 14 países que poseían colonias o, que tenían intereses en África. Durante tres meses desde noviembre de 1884 hasta febrero de 1885, sin la presencia de ningún representante africano decidieron consumar y “legalizar” la injerencia en el vasto y rico territorio continental.

Esto condujo a que en algunos territorios habitados desde tiempos inmemoriales, sus pueblos advirtieron de pronto, que sus espacios geográficos habían sido divididos por líneas fronterizas sobre las cuáles no les consultaron. Por ejemplo, los herero viven ahora en Angola, Botswana y Namibia; los afar en Djibuti y Etiopía; los acholi en Uganda y Sudán. En todos estos países conviven diferentes pueblos originarios y tribus con características propias y culturas, lenguas, tradiciones y religiones diferentes entre sí. Algunas de ellas quedaron divididas entre dos y a veces tres potencias coloniales y, después de la Independencia, en estados nacionales. Así mismo, naciones sin identidades comunes quedaron integradas por vía de la fuerza bajo un mismo dominio colonial que devinieron en países con unidad territorial, pero no cultural, étnica, lingüística ni religiosa al acceder a la Independencia. Ese proceso se mantuvo a través de la historia, lo cual condujo a conflictos y guerras que heredaron los estados nacionales en períodos posteriores a la Independencia. Por ejemplo, Libia es la unión colonial de Cirenaica, Tripolitania y Fezzan o Sudán, donde convivieron 570 grupos étnicos, los de ascendencia árabe y religión musulmana en el centro y norte del país y las etnias de raza negra y religión cristiana en el sur hasta que después de una larga guerra convinieron en configurar la República de Sudán del Sur en enero de 2011.
Hoy, las potencias coloniales han vuelto a poner su mirada sobre África. Una serie de hechos acaecidos en los últimos dos años marcan el nuevo derrotero a seguir a fin de producir otro reparto que considere las actuales hegemonías y las “necesidades de distribución” de riquezas no descubiertas cuando se reunieron en Berlín al finalizar el siglo XIX.
La ya mencionada partición de Sudán, las intervenciones armadas de la OTAN amparadas por la ONU en Sierra Leona y Libia para derrocar sus gobiernos durante el año 2011 y los recientes golpes de estado en Mali en marzo -que devino en la proclamación por parte de un movimiento político del pueblo tuareg en la secesión de la región de Azawad- y en Guinea Bissau en abril, dan muestra de una creciente inestabilidad alimentada por las potencias imperiales que ansían tal situación para aumentar los mecanismos de control y apropiación de los cada vez mayores recursos naturales del empobrecido continente.

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