En el colapso del capitalismo su cúpula global prepara el ecofascismo

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martes, 31 de julio de 2012

Rómulo Pardo Silva (especial para ARGENPRESS.info)

Ni neoliberalismo, ni siquiera capitalismo. La meta que persiguen ahora los ‘bilderberg’ es un fascismo acorde con los recursos finitos de la Tierra.

Ellos saben que los límites de la naturaleza son infranqueables.
La cúpula de facto gobernante persigue una estrategia nunca antes considerada, el control directo, nazi, de todas las materias primas.
Para ello conspiran por ‘un nuevo orden mundial de gobierno, ejército, economía e ideología única’, ‘guste o no guste’, ‘por concesión o por imposición’.
El capitalismo en cualesquiera de sus formas necesita el crecimiento económico ininterrumpido y el uso de recursos naturales a voluntad de cada empresario.
Esas dos condiciones serán materialmente imposibles de cumplir en algún momento y para siempre. El Club de Roma, una ONG del sistema preocupada del futuro, encargó un estudio al norteamericano Instituto Tecnológico de Massachusetts. El informe fue publicado en 1972 con el nombre de Los límites al crecimiento y concluyó que “si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los próximos cien años”.
Su propuesta fue un crecimiento cero. Eso ya no es capitalismo.
La realidad objetiva es que habrá una disminución de la producción de bienes y un futuro enteramente nuevo.
Los especialistas destacados, think tanks, que asesoran a la élite de millonarios mundiales saben que disminuirá la cantidad de energía disponible, la población crece, no hay tierras de cultivo nuevas por explotar sino las selvas, el clima cambia, escasea el agua, hay minerales agotándose… que el mundo es finito. No pueden por tanto sino aconsejarles un cambio de civilización, la conformación de un poscapitalismo.
La estrategia a favor de los millonarios es la apropiación del planeta para realizar una economía decrecida pero sostenible.
Las herramientas para lograrlo son las armas y en consecuencia hacen gigantescas inversiones en fuerza militar.
Siempre ha habido guerras de conquista, pero las últimas han sido en esta situación inédita. Irak, Afganistán, Libia, Siria son etapas previamente planificadas que deben terminar en China y Rusia. Es la llamada supremacía de Estados Unidos, la guerra o el sometimiento.
F. William Engdahl afirma: “Las apuestas en este juego de ajedrez geopolítico son nada menos que la supervivencia primero de Siria como una nación soberana, a pesar de sus fallas y defectos. Más, en última instancia, implica la supervivencia de Irán, Rusia y China como naciones soberanas, junto con los otros países BRIC Brasil, India y Sudáfrica. A largo plazo, se trata de la cuestión de la supervivencia de la civilización tal como la conocemos y la evitación de una guerra mundial que podría diezmar la población mundial no por decenas de millones, como hace setenta años, pero probablemente esta vez por miles de millones”. [Red Voltaire]
La única alternativa opuesta sostenible es el ecosocialismo, solidario con todos los seres humanos, medio ambientes y vidas. Aún no se manifiesta.
Muchos socialistas siguen denunciando al neoliberalismo y capitalismo sin ver que la dirección fundamental ya es otra.

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Un mundo de desempleo

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miércoles 22 de febrero de 2012

Octavio Quintero (especial para ARGENPRESS.info)

El último informe de la OIT sobre el desempleo mundial es un arma letal en manos de 200 millones de personas que no tienen trabajo, circundadas por 910 millones más, cuyos ingresos no alcanzan a dos dólares diarios.

Frente a una población mundial económicamente activa de 3.300 millones, las dos cifras anteriores arrojan un saldo de 1.110 millones de personas, muchas de ellas cabeza de familia, en condiciones paupérrimas.
Según las proyecciones de este informe, sería indispensable crear 600 millones de nuevos empleados en los próximos 10 años para poder absorber los 40 millones anuales de nueva gente que sale en busca de trabajo, más estos 200 millones de hoy que andan por ahí, sin rumbo fijo ni destino conocido.
Las gráficas que muestra el informe son más elocuentes que las palabras. Desde el 2006 se observa una tendencia al alza del desempleo. Luego, quebrar esa tendencia significaría cambiar de modelo económico porque, ya también es evidente que el imperante libre mercado no es la panacea que se concibió en el Consenso de Washington a partir de 1990.
Siempre hemos tenido problemas socioeconómicos. Desde el Manifiesto del Partido Comunista (Marx/Engels, 1848), se nos arenga que cada día los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Hoy, ese símil se expresa en otros términos: el 99 por ciento popularizado por los Indignados, nos ilustra bien que todo lo que se padece de este lado proviene de un estado de cosas propiciado por ese 1 por ciento de la otra orilla.
El mundo capitalista es terco y descorazonado. Parodiando a Madame Roland (…) Cuántos crímenes se comenten en su nombre. Salvo esa luz de esperanza que sigue viva en los Indignados, el capitalismo no parece darse por enterado del delito social que se ejecuta en Grecia y se instrumenta en España, por citar solo los más sonados dramas de la cartelera.

Fin de folio. Año 2022: el desempleo mundial ronda los 600 millones de seres humanos, afirma la OIT y recuerda que hace 10 años ese desempleo era solo de 200 millones.

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En busca de los signos de la decadencia estadounidense

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martes 31 de enero de 2012

Adán Salgado Andrade (especial para ARGENPRESS.info)

Peoria, Arizona. Me encuentro en esta ciudad, a unos treinta minutos en auto de la capital de Arizona, Phoenix, adonde motivos personales me hicieron venir.

En este estado, uno de los más racistas de Estados Unidos, en donde fue aprobada la ley 1070, que criminaliza a cualquier persona, tan sólo por su aspecto, desde que llegué, he tratado de buscar los signos que, en efecto, me indiquen que este país, quebrado económicamente, es ya una decadente sociedad, sufriendo los estragos del capitalismo salvaje. Bueno, para comenzar, es decadente que esa ley, la 1070, diga, a la letra, que “Un oficial o representante de la ley puede arrestar, sin orden de aprehensión, a una persona, si dicho oficial piense que muy probablemente esa persona ha cometido una ofensa o falta que la convierta en indeseable y, por tal motivo, pueda ser expulsada de los Estados Unidos”. Así que cualquier policía, por ejemplo, si ve a alguien que no sea, digamos, güero, pues puede detenerlo y solicitarle sus papeles y arrestarlo, si no le muestra nada. Miren, obviamente cuando viene uno en plan turístico, como yo estoy aquí, que se puede ir a un restaurante a un cine, pues no se nota mucho ese racismo, pero, sí, hay algunas evidencias del discriminación inconsciente que muchos estadounidenses despliegan a diario con la non white anglo saxon people (non WASP). Por ejemplo, la otra vez que fui al cine, entré al baño y de reojo, noté a un tipo que se estaba sonriendo con otro por mi aspecto. También, la forma en que he sido mirado o, simplemente, la fría indiferencia de la mayoría, como si uno no estuviera allí en ese instante, basta para notar tal racismo. Sin embargo, platicaba con Marcos, adolescente mexicano, que recién cumplió 13 años, que por ahora está aquí estudiando el séptimo grado de la primaria (Elementary school), quien me comentaba cómo varios de sus, digamos, amigos frecuentemente lo molestan (bullying), “¡me cargan calor!”, dice Marcos, y lo empujan, o le dan golpes o le hacen bromas como “You, browny guy, get out of here!” o “You steeler, you had to be Mexican”, culpándolo de que las cosas que se pierden, él se las roba porque “¡pues qué se puede esperar, si es un pinche mexicano!”. Además, lo excluyen de invitaciones, como a fiestas o paseos, por ejemplo. Y eso que la escuela a donde él asiste, la Apache Elementary Scholl, es, por así decirlo, multiétnica, pudiéndose ver niños de piel morena u obscura. “¡Se las estoy guardando a todos esos pendejos, para el último día que esté aquí!”, exclama, con cierto resentimiento, Marcos.
Y otras formas en que la discriminación está muy presente aquí, es que los empleados de las tiendas tienen estrictamente prohibido hablar español, aunque sea ese su idioma natal o los clientes sean latinos. Lo mismo sucede en las escuelas, en donde los estudiantes, cualquiera que sea su nacionalidad, no pueden hablar más que en inglés, como si eso fuera garantía de que los Estados Unidos no se vayan a desintegrar en un cercano futuro debido al plurietnicismo que está cada vez más presente en este heterogéneo país.
Así que yo colocaría en primer término ese inconsciente, añejo racismo, como uno de los sobresalientes signos de decadencia que he visto aquí, pues el hecho de que luego de siglos y siglos de supuesta “evolución humana”, que aquí aún se siga viendo al blanco como lo mejor y a todo lo que no sea blanco como lo inferior, es, francamente, decadente.
Y continúa mi búsqueda. Estoy viviendo unos días en un conjunto de departamentos llamados Camden. Me llamó la atención un letrero que dice “Buying is overrated, Lease a living”, o sea, “Comprar es demasiado, mejor rente una vida”… sí, esa ha sido la solución para un problema que se desató desde que en el 2008 estalló la burbuja inmobiliaria (ver en este mismo blog mi artículo: La crisis de los créditos en Estados Unidos: la consecuencia de gobernarse por índices”), la raíz de la actual hecatombe económica, de la que no terminamos de salir aún y ya estamos entrando a una peor.
Cientos de miles de casas han sido embargadas desde entonces a estadounidenses que no han sido ya capaces de pagar sus hipotecas, tanto porque han perdido sus trabajos, así como porque el crédito inicial se elevó demasiado y ahora es ya más costoso que las casas que adquirieron hace años (por ejemplo, una casa que hace unos cinco años, en el 2007, pagaba 850 dólares al mes, ahora ya paga 3600 dólares y vale la mitad de lo que originalmente se cotizó. Ese es el negocio que ahora están haciendo los mezquinos, rapiñeros banqueros, a costa, claro, de los ciudadanos comunes). Así que empresas como Camden y muchas otras han pensado que es más práctico, en efecto, construir conjuntos para rentar, en lugar de para vender, pues ya es tan incierto el futuro del crédito inmobiliario, que parece mucho mejor solución rentar. En esta unidad todas los inquilinos son personas que pagan rentas, que van en promedio, de $1000 a 1500 dólares mensuales, que cubren departamentos totalmente alfombrados, los cuales incluyen una sala, cocina equipada con refrigerador, horno de microondas, estufa eléctrica (más adelante voy a eso, a la desperdiciadora costumbre estadounidense de operarlo todo con electricidad), anaqueles, una, dos o tres recámaras, cada una con su baño propio, una terraza, así como el indispensable aire acondicionado, pues siendo Arizona un lugar desértico, desde abril y hasta octubre, las temperaturas fluctúan alrededor de los 45 grados centígrados (en estos días de enero, la temperatura es, me dicen, la mejor del año, con alrededor de 7 grados centígrados por las mañanas y unos 20 en la hora de más calor, así que no hay necesidad de enfriar el departamento. Pero en verano, es imposible estar sin aire acondicionado en cualquier lugar).
Los contratos se pueden hacer por algunos meses o por un año completo, dependiendo de las necesidades del rentador. Los 1000 a 1500 dólares incluyen todo: electricidad, agua, servicio de TV por cable (sin la televisión, claro, eso es por parte del cliente) y mantenimiento. Los extras son el teléfono y el internet, que cuestan alrededor de cien dólares más al mes. Y según el administrador del lugar, una joven mujer con quien platiqué unos momentos, los inquilinos se desplazan constantemente, y son pocos los que duran más de dos o tres años en la unidad. Claro, eso, como dije, es entendible, pues si por el crédito de una casa, digamos de unos 250 mil dólares, se pagarían en promedio de 2500 a 4000 dólares mensuales, además de todo lo extra, pues entonces resulta mucho mejor pagar mil dólares por departamentos, digamos que pequeños, pero funcionales, con todos los servicios, estacionamiento incluido, además de áreas verdes y de ejercicio, como un gym que se encuentra casi a la entrada (equipado con caminadoras, bicicletas estacionarias y todo para estar muy bien físicamente hablando) y, por si fuera poco, hasta una alberca. Sí, son pequeños, comparados con lo que se conoce como las average american homes, que son casas unifamiliares con jardín, tres o más recámaras, cochera, amplia estancia, sala, espaciosa cocina, tres o más baños… pero, como dije, prácticos, más en esta crítica época, en que los empleos escasean, tanto en número, así como en duración, pues se contrata muy eventualmente, por meses incluso, y puede ser en tal o cual estado, así que hay una suerte de nomadismo laboral que ha logrado el boom de empresas rentistas, como Camden.
Así que es más práctico y barato rentar… al menos departamentos. Pero, de hecho, se ha convertido en una especie de trend, moda, digamos, el rentar lo que se pueda y cuando se pueda. Hay sitios especializados en Internet que entrelazan a personas que rentan lo que sea, desde una aspiradora, una segadora de pasto, una TV, un refrigerador, una bicicleta… hasta un auto y sus servicios son ofrecidos a través del sitio directamente a los interesados (el sitio sólo cobra una pequeña comisión por su servicio). Así, tampoco se debe de comprar algo, sobre todo si sólo se va a emplear unos meses (en mi caso, a falta de transporte público, renté una bicicleta por diez dólares diarios, por ponerles un ejemplo). Y así, muchas personas pueden hacerse de un income, un ingreso, pequeño, sí, pero mejor ese poco dinero, que nada, como quien me rentó la bicicleta me dijo. Muchas personas ya también rentan parte de sus casas, sobre todo aquellos que se quedaron sin trabajo recientemente y deben de seguir pagando sus hipotecas. Por ejemplo, un hombre de esta ciudad, Albert, fue despedido de su trabajo en diciembre, sin perspectivas reales de hallar uno nuevo en el corto plazo. Su hipoteca asciende a $3500 dólares mensuales, que él dice que es un robo, pues comenzó pagando $1200 por la misma. Su solución, digamos, fue ponerse de acuerdo con su esposa para rentar parte de su hogar, al que adecuó haciendo algunas divisiones, que se rentaron como habitaciones individuales, por las que les ingresan alrededor de $4000 dólares, suficientes para pagar su hipoteca y todavía les queda un poco más. “La verdad, no me apena haber llegado a esa situación”, declara Albert, pues es lo único que se le ocurrió para salvar su casa y… ¡su vida!
Segundo signo de decadencia, el rentismo.
Y sigo revisando más señales de decadencia. Una tercera, me parece, que también he notado, es la falta de consumo. Ya mencioné que cada vez menos la gente compra un casa y prefiere rentarla. Una de las señales que en Estados Unidos indican el inicio de una baja en la economía es que no se compren casas ni, peor aún, autos, símbolo éstos del más puro american way of life. Sí, porque aquí, al menos en Peoria, no existe prácticamente transporte público y no he visto más que uno que otro taxi (discount cab, ahora, esa palabra, discount, descuento, se emplea en muchos sitios, con tal de atraer a los potenciales consumidores). Una de las principales avenidas de esta desierta ciudad es la Bell, en la cual, unos dos kilómetros de su longitud, son ocupados por agencias automotrices. Y se ven marcas como Honda, Audi, Dodge, Ford, Subaru, Mazda, Chevrolet, Toyota, Hyundai, Volkswagen, Kia, Nissan… todas contando con grandes áreas en donde nuevos modelos 2012 esperan ansiosos futuros compradores. Todas ofrecen tal o cual deal, sin enganche, cero por ciento de intereses, cómodas mensualidades… pero en todas las veces que he estado pasando cerca de todos esos sitios, he visto solamente una que otra persona mirando los modelos, muchos de ellos, lujosas unidades, como una camioneta Chevrolet Silverado, que leo en el letrero que tiene pegado en el parabrisas, todo el equipo y las ventajas que se ofrecen, tales como seguro por cinco años, tanto en la unidad, como en todas sus partes, así como aire acondicionado, potente motor V-6 o V-8, estéreo con ocho bocinas… y otros detalles. Se da el precio total, menos el descuento ofrecido y el precio final es cercano a los $37,000 dólares, que pueden pagarse con un “mínimo” enganche y mensualidades desde 350 dólares, ¡una ganga, pues! Pero no parece que ni tanta facilidad atraiga a muchos clientes. Incluso, hay lotes de autos usados que tampoco parecen ser muy atractivos, y en muchos se ofrecen autos, digamos que económicos, como un Dodge Cruiser, 2002, cuyo precio es cercano a los $7,000 dólares. Y ya si el cliente tiene más dinero, pues le alcanzará para comprarse un auténtico muscle car (así se les llama en Estados Unidos a los grandes autos, estorbosos, con potente máquina V-8, muy gastadora de combustible, pero que representan toda una dinastía de máquinas que pretenden materializar la superioridad racial estadounidense). Cerca de donde está el Cruiser hay un Corvette 2011, pintado en un brillante rojo, cuyo precio de lista, reza el anuncio que lo publicita, es de $50,000 dólares, pero que allí, se ofrece a un discount price de solamente $49,710, ¡vaya, gran ahorro se ofrece!, reflexiono, 290 dólares menos (de hecho, ya no es muy raro ver autos digamos que viejos, modelos ochenta y noventa). Pero si un auto nuevo, como la Silverado, se ofrece en $37,000 dólares, a crédito y aún así, no hay clientes peleándose por adquirirla, entonces veo muy difícil que se vaya a vender el Corvette, ¿no creen? Y sí, en realidad la baja venta de autos es un signo de que las cosas siguen mal en este país. Y eso que esta ciudad, Peoria, está cerca de Sun City, sitio en donde la mayoría de sus residentes son personas retiradas, de la tercera edad, seniors, como aquí se les llama, quienes aún viven, digamos, que cómodamente de sus pensiones (como en muchos países, en Estados Unidos también se culpa al sistema de pensiones como una de las razones de la decadencia económica, pero es algo absurdo, dado que el capitalismo salvaje, en su afán por evitar sus constantes y cada vez más profundas crisis, hasta con las, digamos, conquistas laborales, quiere terminar, con tal de hacerse de recursos económicos que le permitan continuar con su depredadora, caótica existencia). Estas personas pertenecen a la llamada clase media, que cada vez se ha ido reduciendo. Ya representa menos de la tercera parte de la población. Justo los jubilados son clasemedieros y aún conservan cierto poder de compra. Y corresponde, pues he observado que la mayoría de los autos nuevos son conducidos por gente de sesenta o más años, sobre todo los modelos más lujosos. Lugares como Sun city son buscados por ellos, dado que pretendidamente son barrios tranquilos en donde no hay criminalidad o es muy baja (más adelante abordo el tema de la criminalidad). Por lo mismo, son de los que aún pueden darse esos lujos, el comprar un auto nuevo o, mejor aún, una casa, aunque no precisamente nueva. Otro decadente punto éste, el de la falta de consumo.
Una cuarta señal, ligada con la anterior, es, por tanto, la obstinación de insistir en lo que ya no se es o se está dejando de ser. Esto porque, siguiendo con el impuesto modelo de consumo compulsivo al que induce el capitalismo salvaje, con tal de que éste logre subsistir, aunque precariamente, continúan creciendo o adecuándose los malls, esas plazas comerciales creadas justamente en Estados Unidos, que concentran infinidad de negocios, todos compitiendo para ganar clientes, y cada vez se deben de esforzar más, pues en el caso del que está en Peoria, el Arrowhead, incluso en sábados o domingos, muchos establecimientos lucían vacíos, o semivacíos, como el de Radio Shack o algunos especializados en artículos para mujer, como costosas bolsas (de $350 dólares o más), tiendas de ropa, de joyas…incluso, muchos locales estaban en renta, dado que sus antiguos ocupantes seguramente habían quebrado. Como sucede con varias de esas plazas que existen en México, por ejemplo, mucha gente sólo asiste para ver, imbuirse de cierto pretendido estatus y comprar quizá un helado o una golosina, nada muy costoso. Por eso me refería que insistir en algo que ya no se tiene o que se está terminando, es decadente, patético, sí, como pretender que el american way of life sigue vigente en Estados Unidos, igual que hace sesenta años, a finales de los 40’s, y todos los 50’s cuando, en efecto, debido a la reconstrucción europea y japonesa, Estados Unidos disfrutó de un periodo de aparente crecimiento económico, como nunca antes se había logrado, pues siendo el único país capitalista que, prácticamente, conservó intacta su planta industrial, contribuyó con todo lo que Europa y Japón, regiones devastadas por la segunda guerra mundial, necesitaron durante algunos años para rehacerse industrial y económicamente (un instrumento de ello fue el Plan Marshall, así como la creación en 1945 de los así llamados gemelos de Breton Woods: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial). Sin embargo, finalizando los 50’s, comenzó la contracción económica de Estados Unidos, reduciéndose impresionantemente el crecimiento de su PIB, hasta en un 50% de lo que fue en los años previos, y desde entonces, el así llamado American Dream, nunca se ha recuperado y, al contrario, cada vez ha ido empeorando el desempeño económico e industrial de Estados Unidos (Ver en este mismo blog mi artículo: “De nueva cuenta la fiebre del oro o de cómo Estados Unidos está quebrando” (1), en el que analizo justamente la cuestión de su desindustrialización. Cuando escribo esto, escucho parte del informe a la nación del nefasto Barack Obama, hablando de que quiere recuperar tal prosperidad).
En fin, cuarta señal de decadencia.
Una quinta señal que observo, es lo deshumanizada que esta sociedad está. Por ejemplo, en Peoria prácticamente no existe transporte público y toda la gente emplea vehículos propios para trasladarse. Eso, como puede pensarse, da lugar a un hermético individualismo, en el cual, las personas se relacionan o, más bien, se enfrentan unos a otros a partir de sus motorizados artefactos, y son éstos lo que, digamos, miden, no ya el que su conductor sea amigable, sino el que su conductor tenga poder de compra, y que a través de su lujoso, poderoso, auto, un SUV, por ejemplo (como el Hummer, emblemático vehículo de insultante, ostentoso muscle power), logre hacer menos a los demás, moverlos a un lado del camino, que no le estorben (el llamado mad driving aquí es muy común, con conductores que, si uno osó, digamos, invadir su carril, aunque se haya hecho correctamente, con direccional y todo, se emparejan y, en una suerte de motorizado, animalesco desafío, dan un acelerón a su vehículo y se alejan del sitio, como diciendo, “¡a ver, mother fucker, si igualas el barrooommmm de mi poderoso motor!”. Esa agresiva manera de conducir es la causante de que se registren cada año alrededor de 50,000 muertes por accidentes automovilísticos).
Y, en efecto, muchos conductores incluso andan armados. Logré captar a un obeso motociclista a bordo de una pesada Harley, que, ¡increíble!, lucía enorme pistola, calibre 45, escuadra, enfundada y colgando de su cintura, cual moderno cowboy, que galopara armado en su motorizado “corcel”. Y así se quejan de los constantes tiroteos que tipos desquiciados hacen en donde se les pegue la gana.
Y eso se nota también en las calles, en las que a pesar de haber banquetas, nadie camina. Incluso en los semáforos hay unos botones que el peatón puede apretar cuando va a cruzar (En eso sí son muy estrictas sus leyes, en que los peatones sólo deben de cruzar en las esquinas y cuando el semáforo lo indique, pero, ya ven, permiten que ¡tipos locos anden armados!).
Sí, esta es la quinta señal de decadencia estadounidense.
Y voy con la séptima, la obsesión de estar armados hasta los dientes y la consecuente violencia asociada a dicho problema (ver en este mismo blog mi artículo “La locura por las armas”). Ya mencioné que hasta en la calle he visto a tipos circulando armados en sus motos y me pregunto, ¿cuántos automovilistas no andarán también así, portando armas, muchos de ellos con permisos para hacerlo, constituyendo ello un potencial homicida? Y basta ver los “noticieros” transmitidos por la televisión de cable local (qué más se parecen a periódicos de nota roja y de espectáculos que a “noticieros”), para darse una idea de los niveles de criminalidad que, entre otras cosas, la libertad de poseer armas ocasiona (la otra, la principal, me parece, es que en un sistema tan imbuido de materialismo, como es el estadounidense, la insatisfacción tanto por no tener nada, como por tenerlo todo, conduce a una creciente descomposición social, en donde la gente se porta insensible, agresiva, capaz de dejar que el supuesto asesino que todos traemos por dentro salga y mate, sobre todo si tiene un arma a su alcance. Yo creo que uno de los casos más emblemáticos que recientemente han afectado a la sociedad estadounidense es el del par de adolescentes, Eric Harris y Dylan Klebold, quienes en 1999, irrumpieron en su escuela, una high school en Colombine, y asesinaron e hirieron a varios estudiantes y profesores). Todos los días son mencionados asesinatos con armas, tipos que se vuelven “locos” y andan disparando en escuelas o por las calles, violadores de niñas, a las que luego matan de un tiro (en promedio son asesinadas con armas 89 personas al día en Estados Unidos, o sea, casi 33,000 muertes al año). Incluso, los cuerpos policiacos están igualmente influenciados por la violencia de las armas, sobreactuando en consecuencia, dando lugar a escenas de brutalidad policiaca, como la que fue expuesta en una noticia de un hombre que, en Los Ángeles, estaba quebrando los vidrios del aparador de una tienda con un tubo. La policía, en respuesta, dado que aquél se “resistió” al arresto, lo asesinó de diez balazos, que los “eficientes” policías angelinos le asestaron, primero cinco, cuando estaba de pie, sin misericordia, y luego ya cuando el indefenso hombre estaba tirado en el piso, desangrándose, lo remataron con otros diez (pueden ver el impactante video en el siguiente link: youtube.com/watch?v=bY5ioBvrYIg&feature=player_embedded).
Pude presenciar en un semáforo, a familiares, hijos, supongo, de una víctima de esa diaria homicida violencia, la afroestadounidense Melinda Bowen, de 38 años, quien simplemente estaba comprando dentro de una tabaquería en Peoria. Ella, junto con un hombre de 60 años y otro más de 51 (único sobreviviente), fueron atacados por un joven blanco de entre 18 y 20 años de edad, vestido con ropa obscura y gorra invernal, sin razón aparente. Los hijos de la mujer asesinada portaban un cartel en donde pedían que se les diera la oportunidad de lavar autos, con tal de tener algo de dinero para subsistir. Y así, casos tan lamentables como este, son comida de todos los días.
Y a pesar de esa armada violencia, cuidado con meterse o cuestionar el derecho de tener armas porque poderosas asociaciones armeras, como la NRA (National rifle association), ¡son capaces de ir a la Guerra y mover a sus enajenados “milicianos”, con tal de defender hasta los dientes ese “sacrosanto” derecho! Y basta con ir a la sección de revistas de cualquier tienda, como el Albertson’s o Wal-mart, y se encontraran publicaciones que retroalimentan esa agresiva costumbre. Pude ver nombres como “Gun world” (5 dólares), “Handgunner” (6 dólares), “Handloader” (6 dólares), entre otras, especializadas con todo lo que tenga que ver con las armas, desde publicidad de éstas, artículos de cómo emplearlas, como cuidarlas, clubes de armeros… y así.
En fin, esta es la quinta señal de la decadencia estadounidense.
Y voy con una sexta señal (no pretendo, de momento, enlistar todas, pero sí, en mi opinión, algunas de las más, digamos, sobresalientes), la que tiene que ver con el excesivo consumo energético, que ya he mencionado en otros artículos (ver en este mismo blog: “¿Más energía o más desperdicio?” o también: “Oportunista capitalismo salvaje o de cómo enriquecerse con guerras, desastres y enfermedades” (2), en donde examino el problema del brutal consumo energético estadounidense).
Lo he estado constatando por estos días. Por ejemplo, los tickets entregados en las tiendas de autoservicio, como Albertson’s, son larguísimos, para tres o cuatro cosas que se compran (en verdad, algunos de más de 40 centímetros, tan solo por cuatro objetos comprados). Envases desechables para todo, de úsense una vez y tírense, como los del agua para beber, en especial unos que sirven para dos galones y medio, que bien podrían ser envases de uso general, pues son de resistente plástico.
Y así, desde bebidas, alimentos en general, limpiadores, trapeadores para el piso… todo lo que puedan imaginar es desechable, tanto porque se afirma que es más “barato” (para los fabricantes, claro), fabricar algo con material nuevo que con material desechable (ver mi mencionado artículo “¿Más energía o más desperdicio?”), pero no sólo por eso, sino porque el dictado consumista “úsese y deséchese”, se aplica en todo cuanto actualmente se fabrica, en donde la consigna es, para el capitalismo salvaje, hacer objetos con duración programada, para que duren lo menos posible y se obligue, así, a los consumidores a comprar otro nuevo, lo que se conoce como “obsolescencia programada” (ver en este blog mi artículo: “La obsolescencia programada, el deliberado acto de diseñar productos defectuosos, de desperdiciar más y de destruir el medio ambiente” (3), en donde examino ese grave problema). Por lo mismo, surge otra igualmente grave consecuencia, que es la del exceso de basura que se produce. En donde me encuentro, por ejemplo, a diario se llenan los grandes contenedores cúbicos en donde se almacena la basura. Cada uno mide unos tres metros de largo por dos de ancho en su base y un metro, setenta centímetros de altura, los que al final del día quedan llenos hasta el tope.
Además, todo aquí es eléctrico, y como es una zona desértica, en verano, sobre todo, con temperaturas de 45 grados centígrados, a la sombra o más, la necesidad de aire acondicionado es imperiosa, pues no se puede estar dentro de cualquier lugar, sea una casa, un autoservicio, una plaza comercial, un cine… sin aire acondicionado. Y no sólo eso, sino que todo es eléctrico, como la estufa General Electric, totalmente eléctrica, con la que están equipadas las cocinas de estos departamentos. Eso hace que, en efecto, se compruebe por qué, Estados Unidos, siendo sólo el 3% de la población mundial, emplee más del 40% de la energía gastada a diario en todo el planeta y por eso su necesidad de invadir países petroleros, inventando cualquier pretexto, con tal de hacerse de sus reservas crudo, pues en ello va su seguridad energética futura (ver en este mismo blog mi artículo: “Detrás del ‘rescate humanitario’ en Libia: mucho petróleo y escándalos sexuales” (4), en el que analizo cómo burdas mentiras llevaron a invadir y a despedazar a esa antes próspera nación árabe).
Así que volviendo a la basura, ya está siendo un problema que no puede, digamos, contenerse del todo, pues pude ver lugares en donde se comienza a concentrar basura, envases plásticos, sobre todo, como aquél que se encuentra a un lado de un puente vehicular que circula sobre el lecho seco de un río (esta frecuente imagen, la de ríos secos, parece ser ya una constante por todo el mundo, y muestra tanto lo degradado que se tiene ya al ambiente, así como que el agua dulce tiende cada vez a escasearse más y más.
Ver en este blog mi artículo: “El agua dulce, cada vez más necesaria y cada vez más escasa” (5)). El sitio está en la esquina de la avenida Bell y el bulevar Agua Fría, en donde, como les digo, la escena que se contempla, correspondería a aquella de lugares como México, en donde se aúna el problema de la basura, con la falta de respeto total que mucha gente tiene por las áreas verdes, las que se emplean como simples basureros. No parece un sitio concebible dentro del “primer mundo”, ¿no creen?
En fin, me parece que por lo pronto, esos serían algunos de los signos de la decadencia de Estados Unidos, considerada antes una superpotencia… bueno, sí, quizá en donde aún lo pretenda ser es en su poderío militar, el que supera muchas veces al de naciones igualmente militarizadas juntas (como Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Rusia, por ejemplo, fuertes competidores en esa lucrativa industria, la armamentista. Ver en este mismo blog mi artículo: “Ferias de armas, exhibición de fuerza de la muy lucrativa industria armamentista mundial”) (6).
¡Ah, pero algo bueno habría de encontrar aquí. Ignoro la razón del por qué Arizona nunca cambia su horario, jamás lo ha hecho, hasta donde sé. Una ventaja tienen los arizoneños, por sobre el resto de los estadounidenses, que si deben de “ajustar” sus relojes una hora menos cada inicio del “verano”. Y también dicha ventaja la tienen sobre nosotros, los dóciles mexicanos, obligados igualmente a cambiar ese impuesto horario, no por razones de “ahorro energético”, como se nos ha tratado de engañar, sino por simples razones financieristas, para que los barones del dinero continúen haciendo sus grandes negocios, justo los que gradualmente han llevado cada vez más y más a una irreversible decadencia, no sólo a Estados Unidos, sino al mundo en general, dominado aún por las perversas, egoístas leyes del capitalismo salvaje.
Notas:

6) http://www.argenpress.info/2011/12/ferias-de-armas-exhibicion-de-fuerza-de.html

Publicado por ARGENPRESS

Rico, pobre, revoltoso… ¿Qué más?

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martes 17 de enero de 2012

Olga Barikova (RIA NOVOSTI, especial para ARGENPRESS.info)

A los ciudadanos de Estados Unidos les empieza a molestar la prosperidad ajena. Los habitantes del país de las oportunidades y del ‘Sueño’ estadounidense cada vez son más pesimistas en lo que se refiere a sus propias posibilidades de realizar este sueño tan suyo.

Más aun, este estado de ánimo ha llegado ya más allá de Estados Unidos. En muchos países, tanto prósperos como pobres, va creciendo el descontento con la existente situación económica y social.
El creciente abismo entre los ricos y los pobres representa una tendencia internacional. Es un proceso que observamos tanto en Estados Unidos, como en la próspera Europa y en la descontenta Rusia. Según economistas y sociólogos, vamos paso a paso hacia un mundo de odio entre clases y de guerras civiles.
Los participantes en el Foro Económico Mundial (FEM) en su informe ‘Riesgos Globales 2012’ calificaron la estratificación social en función del nivel de ingresos como una de las amenazas más importantes. Los especialistas del centro de estudios estadounidense Pew Research Center determinaron que dos tercios de la población de Estados Unidos consideran la desproporción entre los ricos y los pobres ‘grande’ o ‘muy grande’.
Según el estudio publicado la semana pasada por Pew Research Centre, esta diferencia entre ingresos ocupa el primer lugar en la lista de problemas de carácter social para los norteamericanos y ha dejado atrás los problemas tradicionales como las relaciones entre los inmigrantes y la población autóctona, así como entre los blancos y los negros.
El mundo está sublevado
Según el informe de Pew Research Center, en los dos últimos años la cantidad de estadounidenses que perciben una gran diferencia entre los ricos y los pobres ha subido un 20%, y entre ellos están tanto los pobres como los ricos. Esta gran diferencia en ingresos la subraya el 64% de encuestados con ingresos familiares anuales inferiores a 20.000 dólares y el 67% de encuestados que ganan más de 75.000 dólares al año.
La mayor parte de los que califican la ruptura entre los ricos y los pobres como grande son jóvenes de 18 a 34 años de edad. Precisamente los jóvenes son la fuerza motriz del movimiento de protestas Ocupa Wall Street que surgió en Estados Unidos en septiembre del año pasado y fue apoyado en varios países europeos, como en Canadá y Australia.
Decenas de miles de personas en Gran Bretaña, Suiza, Alemania, Canadá y Australia salen a las calles para protestar contra el desempleo, las instituciones financieras nacionales y la minoría rica. Y todo ello se observa en los países relativamente prósperos y socialmente estables.
La protesta contra la desigualdad social se manifestó también en forma de desordenes que tomaron a principios de agosto a las ciudades más importantes de Gran Bretaña. Miles de jóvenes destruían y saqueaban tiendas y prendían fuego a automóviles. Los desórdenes dejaron cinco muertos y 300 heridos. En total fueron detenidas más de 2.000 personas, una gran parte de las cuales tenía menos de 18 años.
Las protestas revolucionarias del mundo árabe reclamaban un cambio en el poder y la democratización de la política, lo que también en buena medida fue provocado por una estratificación social muy fuerte. La lucha entre las fuerzas oficiales del gobierno y los manifestantes en los países de África del Norte y Oriente Próximo se saldó con decenas de miles de muertos.
A escala mundial la situación en Rusia, donde los ingresos de los más ricos superan en 15 o 19 veces los ingresos de los más pobres, parece tranquila. Todavía no hubo ningún tipo de tensión social por esta razón. Sin embargo, decir que las protestas de diciembre fueron resultado exclusivamente de las falsificaciones en las elecciones, sería una simplificación.
El descontento inactivo que madura dentro de los jóvenes rusos y los hace salir a protestar tiene mucho en común con el que brota en las calles de Nueva York.
Bancarrota de la sociedad
Las revoluciones árabes, las protestas, empezando por el Ocupa Wall Street en Estados Unidos y llegando a los disturbios en Londres y en otras ciudades europeas del verano pasado son, en gran parte, una consecuencia de la estratificación social, según el director del Instituto de Problemas de la Globalización y Movimientos Sociales, Boris Kagarlitski.
Y al parecer, irá de mal a peor. Los economistas del FEM señalan que tanto los países desarrollados como los que están en vías de desarrollo se encuentran en el grupo de riesgo. En los Estados desarrollados los que protestan se quejan de la pérdida de su estatus social y la reducción de ingresos. Sus equivalentes de países en vías de desarrollo reclaman el crecimiento de dichos ingresos.
El resultado de la estratificación por ingresos junto con un déficit presupuestario crónico es capaz, según economistas del FEM, de sumergir la economía y política a nivel mundial al nacionalismo, populismo y proteccionismo.
La culpa de ello la lleva la política liberal aplicada por los Estados desarrollados, según Boris Kagarlitski. “Las políticas, orientadas hacia mercado libre son la causa de polarización de riqueza y de pobreza. Y dicha polarización hace a la mayoría de la población irse del mercado de consumo. Es una política cuyo fin consiste en maximizar la riqueza de los que están por encima del sistema y aunque en este sentido es eficiente, pagamos por ello con la bancarrota de la sociedad como tal”, comentó el experto.
En su opinión, la clase media constituye los cimientos de una sociedad estable. Sin embargo, ésta es capaz de sobrevivir exclusivamente en condiciones de política socialdemócrata, mientras que el liberalismo destruye a la clase media.
Estamos volviendo al odio entre clases?
El punto de inflexión, según varios analistas, tuvo lugar a principios de los años ochenta del siglo pasado, cuando en Gran Bretaña llegó al poder la primera ministra Margaret Thatcher y en Estados Unidos, Ronald Reagan. Propusieron los principios de individualismo y valores de mercado como pilares de ideología dominante, y acabaron con una sociedad tradicional basada en los principios de bienestar común, señalan Boris Kagarlitski y el profesor honorario de la Universidad de Middlesex Clive Bloom.
La premisa económica de promoción de la política liberal, según Kagarlitski, fue la cancelación por el presidente de Estados Unidos Richard Nixon del patrón de oro para el dólar. El cambio de rumbo del Estado social al neoliberalismo tuvo lugar en 1971, cuando Nixon abolió este patrón.
Como resultado, surgió un déficit global de dinero. Dicho patrón garantizaba que en el caso de una devaluación de la moneda una cantidad equivalente en oro, ésta mantenía su precio. Quitado el patrón oro, el dinero no está asegurado y los gobiernos no se atreven a imprimirlo. Así surgió una nueva excusa estándar: el “no poder permitirnos el lujo de tal o cual cosa”, explica el experto.
Según el experto, hace 30 años el mundo era más pobre que ahora, pero “hasta países relativamente pobres podía permitirse la educación y la sanidad gratuitas, así como una serie de bienes sociales que hoy o no existen o no tienen financiación suficiente por los gobiernos que se quejan de no tener dinero”. La falta de protección social agrava el problema de estratificación de ricos y pobres y es capaz de provocar desordenes, guerras y revoluciones”, añade el experto.
Los disturbios de Londres y de otras ciudades europeas han demostrado que el mundo puede volver a la era de odio entre clases, admite Clive Bloom. “Es posible que volvamos al odio entre clases, dándole un nombre distinto… todo dependerá de consumo y de cuestiones económicas”, subraya.
“Las entrevistas con participantes de los disturbios [de Londres] demuestran que ven un abismo entre los muy ricos y los demás” añade el profesor de sociología de la Universidad de Leeds Paul Baggaley.
El problema de desigualdad social es característico de todos los Estados, cree Clive Bloom. “Es un problema común, pero en cada país se manifiesta de manera distinta: en Alemania y Rusia deviene en nacionalismo, en Francia, en auge revolucionario y de una u otra manera está presente en cualquier país” explica experto.
Rusia “está esperando el momento apropiado”
Para Boris Kagarlitski resulta curioso que en Rusia, donde desde hace 20 años siempre existen todos los indicios de cataclismos sociales, no “ocurra nada dramático”. “Si hablamos de las desproporciones sociales, la situación en Rusia parece mucho peor que en cualquier país de Europa Occidental, pero la imagen general sigue siendo tranquila”, dice Kagarlitski, que añade que “la historia está esperando el momento apropiado”.
Según Kagarlitski, el abismo entre los ingresos de los ricos y de los pobres en Rusia es tan grande que obligatoriamente provocará protestas masivas que pueden tomar formas distintas, desde el modelo estadounidense, como el Ocupa Wall Street, al árabe.
Su opinión la rebate el director del Centro Ruso de Estudios de la Opinión Pública Valeri Fiódorov. En su opinión, la tendencia al aumento de la diferencia entre los ingresos de los pobres y de los ricos no es de carácter global y no tiene nada que ver con Rusia.
“Es una tendencia característica más para países industrialmente desarrollados, en primer lugar, Estados Unidos”, comentó. “Antes de la crisis [económico-financiera] tenían el sueño estadounidense: ‘Sí, somos pobres, pero honrados y pronto nos convertiremos de limpiabotas en millonarios’. Sin embargo, la crisis demostró que se trata de un sueño que no se cumplirá nunca”.
Según Fiódorov, en los países en vías de desarrollo y, en primer lugar, en los del bloque BRIC (Brasil, Rusia, India, China), la tendencia es la contraria. “Vemos allí el crecimiento de la clase media. Cada año en India, China y Brasil esta clase crece en decenas de millones de personas”.
En cuanto a Rusia, la crisis ha frenado el desarrollo activo de la clase media que empezó en el 2000. Según el experto, precisamente el desarrollo de la clase media es capaz de estabilizar la situación económica y contribuir a una percepción de la diferencia en ingresos algo menos dramática.
Cómo se calcula la diferencia en ingresos? Se coge un 20% de los más pobres y un 20% de los más ricos. “No creo que esta correlación se disminuya, pero la clase media tiene que crecer en número y hay que buscar una línea fiable de crecimiento económico: entonces la clase media crecerá y la diferencia en ingresos será percibida de manera mucho menos dolorosa” explica Fiódorov.

Todos los expertos coinciden en que, independientemente del grado de estratificación social en distintos países, el principal grupo de riesgo está formado por jóvenes que no ven oportunidades en el mercado laboral y reaccionan a las manifestaciones de la desigualdad social de manera mucho más activa que la generación mayor.

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Christine Lagarde predice una nueva Gran Depresión

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miércoles 21 de diciembre de 2011

 

María Selivánova (RIA NOVOSTI, especial para ARGENPRESS.info)

Los expertos comparten la opinión de la presidenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, que vaticina una posible repetición de la Gran Depresión.

No obstante, también opinan que el aviso por parte del FMI podría ser una reacción a la negativa de algunos Estados de prestar ayuda financiera a los países que han quedado más afectados por la crisis de la deuda pública.

La Gran Depresión, la espada de Damocles de nuestro tiempo

“El mundo está al borde de una Gran Depresión como la de los años 30”, anunció recientemente la presidenta del Fondo Monetario Internacional. “Las perspectivas de crecimiento de la economía mundial no son demasiado prometedoras en estos momentos, sino más bien lúgubres. La situación se asemeja a la de los años 30, pero no queremos las consecuencias de entonces”, cita las palabras de la alta ejecutiva el diario The Guardian.

Es la primera vez que una figura de este nivel explica la gravedad de los problemas económicos existentes. Hasta el momento los economistas y los analistas especializados en inversiones sólo han hablado de recesión global y con mucha cautela.

Notas de los bancos están bajando

La caída de las calificaciones de los principales bancos, independientemente de su ubicación geográfica, confirma que la situación es alarmante. Así, el pasado 16 de diciembre, la agencia de calificación Fitch bajó entre uno y dos puntos la calificación a largo plazo de los seis bancos más importantes del mundo.

De A+ a A bajaron la calificación crediticia de los bancos estadounidenses Bank of America y Goldman Sachs; de AA- a A, la del banco británico Barclays, el alemán Deutsche Bank y el suizo Credit Suisse. El banco francés BNP Paribas tiene en la actualidad la nota A+ en vez de la anterior AA-. La razón de la revisión de las calificaciones de los bancos radica en el aumento de los riesgos de los mercados financieros.

La semana pasada, la agencia calificadora Moody´s bajó la calificación de los tres bancos más importantes de Francia, Credit Agricole, BNP Paribas y Societe General. “La liquidez y las condiciones de financiamiento han empeorado considerablemente”, indicaba el comunicado de la entidad relativo a la evaluación de cada banco. Según expertos de la agencia, la situación sigue empeorando.

Las calificaciones crediticias de los países también están bajando: Moody´s y Standard & Poor’s ya han puesto en cuestión hasta qué punto estaba justificada la aplicación del nivel AAA a Francia, hecho que obligó al Gobierno francés a revisar su política presupuestaria para los próximos años y anunciar en noviembre un nuevo plan de recortes.

En realidad, todos los países miembros de la Unión Europea corren el riesgo de ver revisadas sus calificaciones. A principios de diciembre, la agencia S&P sometió a revisión “con pronóstico desfavorable” el índice AAA (el más alto) del que actualmente goza la UE. Es decir, la probabilidad de una caída de la posición de la UE en los próximos 90 días equivale a un 50%.

Unir los esfuerzos para salvarse

Christine Lagarde insiste en que no se podrá encontrar una salida de la crisis económica global salvo en el caso de que todos los países limen sus discrepancias y realicen un esfuerzo para arreglar la situación actual.

“En el mundo no existen economías que queden a salvo de la crisis; crisis que, lejos de reducir su intensidad, la está aumentando”, manifestó la presidenta del FMI. “No es la crisis que pueda ser arreglada por un grupo de países en solitario”, declara Lagarde.

Los líderes de los países azotados por la crisis ya están buscando fondos dentro de la UE, introduciendo disciplina financiera más rigurosa y acudiendo a los inversores extranjeros, tarea nada fácil, dado que China ya se ha negado a colaborar. El Reino Unido también respondió con una negativa a la solicitud de ayuda a los países con dificultades financieras.

“La negativa de algunos Estados de prestar asistencia a los países más azotados por la crisis parece ser la verdadera razón de las declaraciones de Christine Lagarde”, señaló el experto en Macroeconomía, Sergei Karijalin.

“Todo parece indicar que la presidenta del FMI está dramatizando. Por lo visto, le gustaría que la entidad desempeñara un papel más importante en la solución de los problemas actuales”. Según el experto, la declaración de Christine Lagarde se debe a que en la última Cumbre de la UE, los líderes europeos acordaron concederle al FMI 200.000 millones de euros a condición de que otros países también prestaran ayuda financiera.

Sin embargo, no se consiguió llegar a una fórmula de compromiso. Es por ello por qué la presidenta del FMI insiste en que todos los países hayan de colaborar en la salvación de los Estados con dificultades económicas, asignando recursos a favor del FMI. De lo contrario, no funcionará el mecanismo de prestación de ayuda a través del Fondo Monetario Internacional, lo cual podría acarrear unas consecuencias todavía más nefastas para la economía mundial.

Sergei Karijalin no comparte la opinión de Christine Lagarde sobre la inminente Gran Depresión. “Sin lugar a dudas, existen riesgos de recesión en Europa. De acuerdo con los pronósticos oficiales, el crecimiento de las economías comunitarias no superará el 1% del PIB (producto interior bruto) o, posiblemente, ni siquiera habrá crecimiento. Sin embargo, se pronostica que la economía de Estados Unidos y las de los miembros del BRIC (Brasil, Rusia, la India, China) registren un crecimiento anual del PIB. Es verdad que el ritmo de crecimiento de las economías emergentes dependerá de lo intensa que sea la recesión en los países europeos, porque está condicionado por la demanda por parte de los países desarrollados”, indicó Sergei Karijalin.

Rusia depende de la economía mundial

No obstante, si Christine Lagarde está en lo cierto y el mundo llega a sumirse en la Gran Depresión, los habitantes de Rusia no tardarán en verse afectados. “Rusia depende completamente de la economía mundial”, explica el director del Departamento de análisis económico de la consultora financiera FBK, Igor Nikolaev.

“La relación causa-efecto es muy simple: la recesión de la economía mundial, la reducción de la demanda de petróleo y la caída de precios llevarán inevitablemente al equilibrio presupuestario y, lo que es más importante, a la reducción de los flujos de inversiones. En períodos de crisis, los inversores suelen ponerse a la espera, los volúmenes de la producción se reducen, los salarios bajan y el desempleo crece”, prosigue el experto.

Además, Rusia está entrando en el nuevo ciclo de la crisis en unas condiciones más precarias que en 2008.

“Aunque tengamos más experiencia en la lucha contra la crisis, las reservas nacionales de oro y divisas son más reducidas, y la dependencia de los precios del petróleo, más alta”, señaló en entrevista el ex ministro de Finanzas de Rusia, Alexei Kudrin.

“Si el Estado concediera el papel prioritario al fomento de la demanda interna, se podrían paliar los problemas a los que se enfrentará la población. La demanda está bajando, y la crisis que atraviesan otros países, hace caer la demanda externa. Se puede fomentar la demanda interna, escogiendo de manera adecuada las prioridades presupuestarias. Sin embargo, en el presupuesto federal para el año que viene se prevé aumentar los gastos en la defensa y reducir los destinados a la economía nacional”, concluye Igor Nikolaev.

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Crisis global, ¿solo una década perdida?

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lunes 21 de noviembre de 2011

Masiel Fernández Bolaños (PL)

Desde el inicio de la crisis mundial en 2008, la situación económica empeora, y está lejos de mejorar, al menos en el futuro más cercano.

Europa va camino a una profunda y prolongada recesión acompañada de continuas turbulencias en los mercados, por sus crecientes problemas de deuda, lo cual aumenta los peligros de contagio.
Mientras, Estados Unidos se debate entre sus problemas laborales con una tasa de desempleo de nueve por ciento y la consiguiente desconfianza de los consumidores. Incluso el Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoció que cada año será peor al anterior, como mínimo hasta 2015.
Tal es así que especialistas, como el premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, hablan de una década perdida para la expansión económica si no se emprenden medidas a fin de estimular la actividad y sanear el sistema bancario.
Estados Unidos y el dólar en la mira
Hace poco más de tres años, la quiebra de uno de los mayores bancos de inversión de Estados Unidos, el Lehman Brothers, provocó una enorme turbulencia en los mercados globales, sobre todo por la creciente interconexión del sistema financiero internacional.
La caída del comercio mundial en alrededor de un 40 por ciento estuvo entre las principales consecuencias.
Sin embargo, la bancarrota del Lehman Brothers echó por tierra uno de los paradigmas más esgrimidos por los defensores del neoliberalismo: el funcionamiento de los mercados con menor o sin intervención del estado, ante el argumento de que podían actuar sin regulación alguna.
En aquel entonces afloraron criterios sobre la importancia de realizar un mayor control en medio de las “verdades ocultas”, pero ya evidentes, de un sistema económico que se sustentaba básicamente en la especulación y que incentivaba el consumo excesivo, aún a expensas del endeudamiento.
La necesidad de reformar el sistema monetario internacional fue otra de las lecciones supuestamente aprendidas cuando detonó la peor crisis desde la recesión de los años 30 del siglo pasado.
Aunque ha habido algunos intentos de contrarrestar los efectos negativos generados por la existencia del dólar estadounidense como divisa de reserva internacional por excelencia, hasta el momento faltan resultados concretos.
Durante la coyuntura recesiva, los bancos centrales de varios países han recurrido a la flexibilización de su política expansiva, empero, los especialistas alertan sobre un riesgo de devaluación de las monedas no visto en varias décadas.
Asimismo advierten acerca de los peligros de querer ganar ventajas comerciales a través de una moneda artificialmente baja.
En ese escenario la volatilidad del dólar y la inseguridad que trasmite mantienen al oro como uno de los refugios más socorridos.
Al respecto, el profesor mexicano Jaime Estay afirmó que esa divisa está destinada a ceder lugar como moneda de reserva, por lo cual es imprescindible crear una nueva arquitectura financiera de carácter regional.
Insistió en la importancia de persistir en la búsqueda de verdaderas respuestas a nivel global, pero con mayores espacios de participación.
Hay que retomar e incentivar los mecanismos financieros regionales, formar instancias que manejen los problemas que no se tocan en el ámbito global, sentenció.
Otros expertos proponen la creación de una autoridad económica mundial: una de competencia y otra financiera que recorte las capacidades del FMI.
En tanto, el dólar continúa rigiendo, como desde 1944, los principales intercambios comerciales, pese a los cuestionamientos de su status como divisa que transmite cada vez más incertidumbre y desconfianza.
Europa y el euro
A casi dos años del inicio de la crisis de deuda europea, la mayoría de los habitantes del Viejo Continente continúan padeciendo por sus principales consecuencias, entre ellas el desempleo y la pobreza.
La experiencia parece no tenerse en cuenta, al menos entre quienes tienen en su poder la posibilidad de adoptar determinaciones decisivas, ya que para crecientes problemas aún sin resolverse insisten en la misma receta: la austeridad.
Por ello los ministros de Economía de los 27 países de la Unión Europea (UE) decidieron mantener la estrategia de ajuste fiscal como mejor fórmula para combatir la crisis.
En ese contexto, la debilidad de las finanzas europeas constituye otra de las principales dificultades del Viejo Continente, sobre todo en medio de la crisis de deuda y los pronósticos de su posible desaparición.
La volatilidad del euro frente al dólar, aspecto que algunos preferirían olvidar, todavía inquieta a los mercados.
La situación de los bancos es otro motivo de desvelo para muchos, principalmente por la disminución de los precios de las acciones y, en algunos casos, por el aumento del costo de financiamiento.
Expertos explican que como esas entidades financieras poseen grandes cantidades de deuda de gobiernos de la UE, son considerados un punto vulnerable al contagio.
Al respecto, el equipo de analistas de J.P. Morgan Chase resaltó recientemente que los bancos europeos encuentran mayores trabas para atraer inversionistas a su deuda no garantizada.
En tal sentido, se habla constantemente de alcanzar una política presupuestaria sana para consolidar la economía mundial, elevar el control sobre las finanzas ante los elevados déficits y niveles de deuda de varios países de la Eurozona.
Igualmente, abogan por establecer estrategias de consolidación creíbles, para lo cual estiman imprescindible efectuar una reestructuración adecuada del sector bancario.
He aquí el panorama actual, o mejor dicho, ni tan actual, porque en esencia los problemas siguen siendo los mismos, y las soluciones concretas y efectivas distan de aparecer.

Ojalá y solo una década perdida fuera el resultado.

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Grecia, Italia y los sagaces sarcasmos de Karl Marx a propósito de los “gobiernos técnicos”

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lunes 14 de noviembre de 2011

Marcello Musto (SINPERMISO)

De regreso, desde hace unos cuantos años, al debate periodístico de todo el mundo por el análisis y el pronóstico del carácter cíclico y estructural de las crisis capitalistas, Marx también podría leerse hoy en Grecia e Italia por otro motivo: la reaparición del “gobierno técnico”.

En calidad de periodista de la New York Tribune, uno de los diarios con mayor difusión de su tiempo, Marx observó los acontecimientos político-institucionales que llevaron en la Inglaterra de 1852 al nacimiento de uno de los primeros casos de “gobierno técnico” de la historia: el gabinete Aberdeen (diciembre de 1852/enero de 1855).
El análisis de Marx resulta notabilísimo en punto a sagacidad y sarcasmo. Mientras el Times celebraba el acontecimiento como signo del ingreso “en el milenio político, en una época en la que el espíritu de partido está destinado a desaparecer y en la que solamente el genio, la experiencia, la laboriosidad y el patriotismo darán derecho al acceso a los cargos públicos”, y pedía para ese gobierno el apoyo de los “hombres de todas las tendencias”, porque “sus principios exigen el consenso y el apoyo universales”; mientras eso decían los editorialistas del diario londinense, Marx ridiculizaba la situación inglesa en el artículo “Un gobierno decrépito. Perspectivas del gabinete de coalición”, publicado en enero de 1853. Lo que el Times consideraba tan moderno y bien atado, lo presentó Marx como una farsa. Cuando la prensa de Londres anunció “un ministerio compuesto de hombres nuevos”, Marx declaró que “el mundo quedará un tanto estupefacto al enterarse de que la nueva era de la historia está a punto de ser inaugurada nada menos que por gastados y decrépitos octogenarios (…), burócratas que han venido participando en casi todos los gobiernos habidos y por haber desde fines del siglo pasado, asiduos de gabinete doblemente muertos, por edad y por usura, y sólo con artificio mantenidos con vida”.
Aparte del juicio personal, estaba, claro es, el juicio, más importante, sobre la política. Se pregunta Marx: “cuando nos promete la desaparición total de las luchas entre los partidos, incluso la desaparición de los partidos mismos, ¿qué quiere decir el Times?”. El interrogante es, desgraciadamente, de estricta actualidad en un mundo, como el nuestro, en que el dominio del capital sobre el trabajo ha vuelto a hacerse tan salvaje como lo era a mediados del siglo XIX.
La separación entre lo “económico” y lo “político”, que diferencia al capitalismo de modos de producir que lo precedieron, ha llegado hoy a su cumbre. La economía no sólo domina a la política, fijándole agenda y decisiones, sino que le ha arrebatado sus competencias y la ha privado del control democrático, y a punto tal, que un cambio de gobierno no altera ya las directrices de la política económica y social.
En los últimos 30 años, inexorablemente, se ha procedido a transferir el poder de decisión, de la esfera política a la económica; a transformar posibles decisiones políticas en incontestables imperativos económicos que, bajo la máscara ideológica de la apoliticidad, disimulan, al contrario, un injerto netamente político y de contenido absolutamente reaccionario. La redislocación de una parte de la esfera política en la economía, como ámbito separable e inalterable, el paso del poder de los parlamentos (ya suficientemente vaciados de valor representativo por los sistemas electorales mayoritarios y por la revisión autoritaria de la relación entre poder ejecutivo y poder legislativo) a los mercados y a sus instituciones y oligarquías constituye en nuestra época el mayor y más grave obstáculo atravesado en el camino de la democracia. Las calificaciones de Standard & Poor’s o las señas procedentes de Wall Street –esos enormes fetiches de la sociedad contemporánea— valen harto más que la voluntad popular. En el mejor de los casos, el poder político puede intervenir en la economía (las clases dominantes lo necesitan, incluso, para mitigar las destrucciones generadas por la anarquía del capitalismo y la violencia de sus crisis), pero sin que sea posible discutir las reglas de esa intervención, ni menos las opciones de fondo.
Ejemplo deslumbrante de cuanto llevamos dicho son los sucesos de estos días en Grecia y en Italia. Tras la impostura de la noción de un “gobierno técnico” –o, como se decía en tiempos de Marx, del “gobierno de todos los talentos”— se oculta la suspensión de la política (referéndum y elecciones están excluidos), que debe ceder en todo a la economía. En el artículo “Operaciones de gobierno” (abril de 1853), Marx afirmó que “acaso lo mejor que pueda decirse del gobierno de coalición (‘técnico’) es que representa la impotencia del poder (político) en un momento de transición”. Los gobiernos no discuten ya sobre las directrices económicas hacederas, sino que son las directrices económicas las parteras de los gobiernos.
En el caso de Italia, la lista de sus puntos programáticos se puso negro sobre blanco en una carta (¡que, encima, tenía que haber sido secreta!) dirigida por el Banco central Europeo al gobierno Berlusconi. Para “recuperar la confianza” de los mercados, es necesario avanzar expeditamente por la vía de las “reformas estructurales” –expresión que ha llegado a ser sinónimo de estrago social—, es decir: reducción de salarios, revisión de los derechos laborales en materia de contratación y despido, aumento de la edad de jubilación y, en fin, privatizaciones a gran escala. Los nuevos “gobiernos técnicos”, encabezados por hombres crecidos bajo el techo de algunas de las principales instituciones responsables de la crisis (véase, hoy, el currículum de Papademos; mañana o pasado, el de Monti), seguirán esa vía. Ni que decir tiene, por “el bien del país” y por el “futuro de las generaciones venideras”. De cara a la pared cualquier voz disonante del coro.
Pero si la izquierda no quiere desaparecer, tiene que volver a saber interpretar las verdaderas causas de la crisis en curso, y tener el coraje de proponer y experimentar las respuestas radicales que se precisan para superarla.
Marcello Musto es profesor de ciencia política en la York University de Toronto y editor de libro recientemente publicado en castellano: Tras las huellas de un fantasma. La actualidad de Karl Marx. (http://www.sigloxxieditores.com.mx/index.php?main_page=product_info&cPath=29&products_id=5051)

Traducción: Miguel de Puñoenrostro (SIN PERMISO)

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