Democracia en América Latina

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martes, 3 de julio de 2012

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

En 1884 José Martí fue lapidario: “…No se funda un pueblo como se manda un campamento…”.

En el siglo XIX, cuando el liberalismo y el capitalismo se consolidaban en Europa y los Estados Unidos, las vanguardias patrióticas latinoamericanas conquistaron la independencia, no mediante plebiscitos sino por medio de la guerra. Antes que líderes políticos, nuestros próceres fueron jefes militares habituados a mandar y a ser obedecidos. Los mariscales, generales y coroneles de la independencia y sus herederos se convirtieron en presidentes, senadores y alcaldes.
El mismo proceso histórico que engendró a la clase criolla y a los patricios dio lugar a las deformaciones estructurales que abrieron espacios a la oligarquía y a los sátrapas que asumieron las repúblicas como botín y fueron precursores de nefastas tradiciones políticas.
De las formas de gobierno
El presidencialismo nació en los Estados Unidos, donde el riesgo de crear un “rey sin corona” fue conjurado por George Washington que trabajó por impedir que la monarquía se trasladara a la república. Eso explica por qué entre la declaración de independencia en 1776 y la adopción de la Constitución en 1789 transcurrieron 13 años, en los cuales se debatió cómo evitar que el gobierno federal y el presidente tuvieran excesivas atribuciones. La solución fue: conceder las mayores prerrogativas al Congreso, separar los poderes del Estado y adoptar el federalismo.
Por su parte en Europa occidental, por temor al radicalismo republicano, se optó por establecer la democracia liberal sin repudiar a las monarquías se introdujeron los sistemas parlamentarios. Aunque ninguna de aquellas experiencias resultó perfecta, ambos modos de encarar el poder y la dirección de la sociedad en sus respectivos entornos han resultado viables.
En América Latina no ocurrió así porque no se adoptó lo uno ni lo otro y si bien siguiendo el modelo estadounidense se estableció el presidencialismo, fórmula ideal para los caudillos y la oligarquía, no concurrió el respeto a las constituciones, la separación de los poderes ni el compromiso del liderazgo con el país. A ello se añade la dependencia al capital extranjero y el sometimiento político a los Estados Unidos.
En otra parte de Europa, primero en Rusia con la Revolución bolchevique y luego en Europa Oriental se trató de evadir las reglas del parlamentarismo y el presidencialismo creándose gobiernos más o menos colegiados que en la Unión Soviética asumieron la forma de “Soviet” y de “Consejo de Estado” en los países del socialismo real.
La idea que prometía avances en el funcionamiento de la democracia fue abortada, entre otros factores por inconsecuencias y por la introducción de elementos en el sistema político que no resultaron eficaces, además de por concepciones equivocadas acerca del carácter del Estado y por el papel atribuido al liderazgo. Un elemento extremadamente perjudicial fue la creencia que para suprimir la democracia burguesa era preciso cuestionar la democracia en su conjunto.
Actualmente mientras en Europa, Estados Unidos y Asia apenas se discute la pertinencia de los sistemas de gobierno establecidos, en América Latina existe una intensa lucha a favor y en defensa de la democracia, que es ahora una bandera de la izquierda frente a los esfuerzos de la derecha oligárquica y pro imperialista por mantener sus privilegios y secuestrar el poder del pueblo.

Los intentos golpistas en Venezuela, Bolivia y Ecuador y los golpes de estado consumados en Honduras y Paraguay han relanzado el debate. Les prometo nuevos comentarios. Allá nos vemos.

Publicado por ARGENPRESS

La democracia: avances y retrocesos en nuestros días

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En varios países latinoamericanos se está tratando de construir algo que se llama democracia participativa, que es, ni más ni menos, el dar herramientas a los ciudadanos para que puedan participar, de forma efectiva, en la vida social, cultural, económica y política.

 

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica
En 2009, Bolivia aprobó la nueva Constitución
del Estado Plurinacional mediante un referéndum.

Con frecuencia, los ataques que se dirigen contra los gobiernos progresistas latinoamericanos, específicamente contra Venezuela, Bolivia y Ecuador, esgrimen la idea que se trata de gobiernos autoritarios, antidemocráticos, que solo buscan perpetuarse en el poder a través de artimañas que utilizan un aparato de Estado corrompido o, peor aún, que ellos mismos han corrompido.

Los ataques en esta dirección provienen tanto de gobiernos europeos y del norteamericano, como de organizaciones no gubernamentales (ONGs), generalmente financiadas desde esos mismos países. Desde su perspectiva, el súmmum  del autoritarismo antidemocrático estaría encarnado en el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, aunque no se librarían de esta caracterización los presidentes Rafael Correa y Evo Morales.
Evidentemente, el modelo que se contrapone a estos gobiernos es el de la democracia burguesa en su expresión europea o norteamericana, la cual es entendida, sin cuestionamiento, como el paradigma a seguir en materia de democracia.
La experiencia de los últimos años, sin embargo, nos orienta a pensar que los críticos de los gobiernos progresistas latinoamericanos están tratando de vendernos gato por liebre. O, para utilizar otro dicho popular, se trata de los pájaros tirándole a las escopetas.
Como es sabido, en estos países latinoamericanos se está tratando de construir algo que se llama democracia participativa, que es, ni más ni menos, el dar herramientas a los ciudadanos para que puedan participar, de forma efectiva, en la vida social, cultural, económica y política. Véase que no hemos dicho solamente en la vida política, sino que hemos mencionado también el ámbito de lo económico, lo social y cultural.
La democracia participativa no renuncia, ni mucho menos, a los mecanismos y derechos de la democracia representativa, es decir, aquellos que llevan a elegir representantes en órganos del Estado, como los parlamentos y congresos nacionales y la presidencia de la república. Más bien, en este sentido, el derecho a elegir se ha ampliado a poblaciones a los que se les ha regateado este derecho, como los ciudadanos establecidos en otros países, es decir, que residen fuera de las fronteras.
Pero, además, se ha entendido que la participación activa popular no puede limitarse a eso. Por ello, se han hecho importantes reformas constitucionales para asegurar que la ciudadanía pueda ejercer el control político, proponer leyes, mecanismos de cogestión, revocar mandatos y leyes, convocar a referéndum y dar autonomía a poblaciones hasta ahora marginadas como las indígenas. A todas estas transformaciones de las cartas fundamentales de estos países, que traen aparejados cambios importantes en la forma de entender la democracia, Carol Proner le ha llamado constitucionalismo emancipatorio. Es la democracia participativa entendida como “devolución” del poder a la ciudadanía que genera un creciente protagonismo del sujeto o actor social.
En Europa, mientras tanto, el sitio desde el cual parten las admoniciones por el mal comportamiento latinoamericano, se desencadenan verdaderas intervenciones antidemocráticas y supranacionales en el margo de la crisis a la que se encuentra enfrentada. En Grecia, la Unión Europea  casi lapida a George Papandreu en noviembre de 2011, cuando propuso someter a referéndum el llamado plan anti crisis al que se vería sometido el país. En Italia, Silvio Berlusconi, quien como gato panza arriba había resistido todos los embates de sus congéneres políticos nacionales durante varios años, no duró ni 24 horas en el cargo de Primer Ministro y fue sustituido por un gabinete de tecnócratas. España pasa hoy por una situación bastante similar: se encuentra intervenida de hecho y constantemente es regañada por los organismos supranacionales europeos o los organismos financieros internacionales por no hacer el ajuste con mayor rigor aún.

¿Son estos los que pretenden erigirse como modelos de democracia?

Democratizar, desmercantilizar, descolonizar

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El miedo en la espera mata la esperanza de felicidad. Contra esta trampa es preciso partir de la idea de que la realidad es la suma de lo que existe y de todo lo que en ella emerge como posibilidad y como lucha por concretarse. Si las izquierdas no saben detectar las emergencias, se sumergirán o irán a parar a los museos, lo que es lo mismo.

 

Boaventura de Sousa Santos / Página12
¿Por qué la actual crisis del capitalismo fortalece a quien la provocó? ¿Por qué la racionalidad de la “solución” a la crisis se basa en las previsiones que hace y no en las consecuencias que casi siempre las desmienten? ¿Por qué es tan fácil para el Estado cambiar el bienestar de los ciudadanos por el bienestar de los bancos? ¿Por qué la gran mayoría de los ciudadanos asiste a su empobrecimento como si fuese inevitable y al escandaloso enriquecimiento de una minoría como si fuera necesario para que su situación no empeorara aún más? ¿Por qué la estabilidad de los mercados financieros sólo es posible a costa de la inestabilidad de la vida de la gran mayoría de la población? ¿Por qué los capitalistas individualmente son, en general, gente de bien y el capitalismo, como un todo, es amoral? ¿Por qué el crecimiento económico parece hoy la panacea para todos los males económicos y sociales sin que nadie se pregunte si los costos sociales y ambientales son o no sustentables? ¿Por qué Malcolm X tenía plena razón cuando advirtió: “Si no tienes cuidado, los periódicos te convencerán de que la culpa de los problemas sociales es de los oprimidos y no de quien los oprime”? ¿Por qué las críticas que las izquierdas le hacen al neoliberalismo entran en los noticieros con la misma rapidez e irrelevancia con que salen? ¿Por qué las propuestas alternativas escasean cuando son más necesarias?
Estas cuestiones deben estar en la agenda de reflexión política de las izquierdas, so pena de ser remitidas al museo de las felicidades pasadas. Eso no sería grave si no significara, como significa, el fin de la felicidad futura de las clases populares. La reflexión debe comenzar por aquí: el neoliberalismo es, ante todo, una cultura del miedo, del sufrimiento y de la muerte para las grandes mayorías; no se lo combate con eficacia si no se le opone una cultura de la esperanza, la felicidad y la vida. La dificultad que tienen las izquierdas para asumirse como portadoras de esa otra cultura deriva de haber caído durante demasiado tiempo en la trampa con que las derechas siempre se mantuvieron en el poder: reducir la realidad a lo que existe, por más injusto y cruel que sea, para que la esperanza de las mayorías parezca irreal. El miedo en la espera mata la esperanza de felicidad. Contra esta trampa es preciso partir de la idea de que la realidad es la suma de lo que existe y de todo lo que en ella emerge como posibilidad y como lucha por concretarse. Si las izquierdas no saben detectar las emergencias, se sumergirán o irán a parar a los museos, lo que es lo mismo.
Este es el nuevo punto de partida de las izquierdas, la nueva base común que les permitirá después divergir fraternalmente en las respuestas que den a la preguntas formuladas más arriba. Una vez ampliada la realidad sobre la que se debe actuar políticamente, las propuestas de las izquierdas deben ser percibidas como creíbles por las grandes mayorías, como prueba de que es posible luchar contra la supuesta fatalidad del miedo, del sufrimiento y de la muerte en nombre del derecho a la esperanza, a la felicidad y a la vida. Esa lucha debe ser conducida por tres palabrasguía: democratizar, desmercantilizar, descolonizar.

Democratizar la propia democracia, ya que la actual se dejó secuestrar por poderes antidemocráticos. Es preciso volver evidente que una decisión tomada en forma democrática no puede ser destruida al día siguiente por una agencia calificadora de riesgos o por una baja en la cotización en las Bolsas (como puede suceder próximamente en Francia).

Desmercantilizar significa mostrar que usamos, producimos e intercambiamos mercancías, pero que no somos mercancías ni aceptamos relacionarnos con los otros y con la naturaleza como si fuesen una mercancía más. Somos ciudadanos antes de ser emprendedores o consumidores y, para que lo seamos, es imperativo que ni todo se compre ni todo se venda, que haya bienes públicos y bienes comunes como el agua, la salud, la educación.

Descolonizar significa erradicar de las relaciones sociales la autorización para dominar a los otros bajo el pretexto de que son inferiores: porque son mujeres, porque tienen un color de piel diferente o porque pertenecen a una religión extraña.

Corruptores

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martes 27 de marzo de 2012

Jorge Majfud

Si los profesores corrompen o adoctrinan adultos, con una conciencia previamente formada, las iglesias siempre llevan la ventaja de hacer lo mismo pero con menores y por mucho más tiempo.

Así como una democracia nunca se ha definido ni se ha probado ni ha avanzado por el nacionalismo de un pueblo sino por sus críticos, de igual forma todo lo que hoy llamamos “progreso de la historia” (con todo lo relativo que tiene esa expresión), como los múltiples derechos de las minorías, como la superación de muchas formas de explotación y esclavitud, nunca han sido producto de mentalidades conservadoras sino de aquella otra tradición que redescubrieron los humanistas al final del Edad Media y que incluyó a seculares y religiosos de extensa cultura.
Ese movimiento de una larga y lenta revolución en defensa de las libertades colectivas e individuales tuvo su raíz principalmente en aquellos profesores que huyeron de Grecia a la caída Constantinopla y en aquellos otros (menos reconocidos) que en Córdoba y otras ciudades del sur de lo que hoy es España traducían textos científicos mientras discutían filosofía y religión en latín, hebreo, árabe y otras lenguas parecidas al castellano.
Como bien criticó el gran Ernesto Sábato a mediados del siglo pasado, el movimiento liberador del Renacimiento condujo a varias paradojas, como la de haber sido un movimiento humanista que en el siglo XX acabó en la deshumanización, un movimiento que se preocupó por la naturaleza y terminó en la máquina, un movimiento secular que terminó en una nueva religión: el fetichismo de la razón y las ciencias, donde sus paradójicos sacerdotes no eran los grandes científicos sino los cientificistas y sus rebaños estaban compuestos de tecnólatras.
Ahora, superado los paradigmas de la Era Moderna, y como bien lo había adelantado Umberto Eco hace varias décadas, volvemos a la Edad Media. Si en la Era Moderna convivían los racionalistas con los románticos, en nuestra nueva Edad Media conviven los fanáticos religiosos con el barroquismo de la publicidad, del consumismo y la hiperfragmentación del Homo Digital.
En Estados Unidos, como en muchos otros países, uno de los blancos preferidos de los neo inquisidores son los profesores y, por extensión, todos aquellos que se dedican a alguna disciplina humanística o, como se conoce en Estados Unidos, a alguna “liberal arts”. A los conservadores más radicales no sólo los irrita el adjetivo, “liberal” (que convierten en sustantivo para lanzarlo como una piedra), y la posibilidad de que exista la duda como recurso, sino los mismos fundamentos declarados de las “liberal arts”, entre los cuales está la promoción del pensamiento crítico antes que el pensamiento profesional. (Recientemente, participamos de un largo y duro debate en las asambleas de profesores que gobierna mi universidad, entre Economía y Negocios; la primera, una clásica “liberal art”; la segunda, una disciplina profesional que, por ende, se restringe mucho más a los cómo que a los por qué de la primera).
Desde los candidatos presidenciales que apelan a sus religiones como armas políticas (cada vez se parecen más a sus enemigos, los islamistas; no a aquellos medievales que apreciaban la diversidad sino a los fanáticos más contemporáneos) hasta los arengadores de los medios audiovisuales, el rebaño ha ido creciendo no sólo en número sino en su agresividad proselitista y moralizadora. No se conforman con ser los elegidos de Dios y sus voceros oficiales; además necesitan mandar al infierno al resto de infieles.
Como hiciera Anito y sus demagogos que en la democrática Atenas lograron la condena del viejo Sócrates, la fobia antiintelectual acusa a los profesores de hoy de las mismas dos cosas que hace dos mil quinientos años: (1) son demasiado incrédulos y (2) corrompen a la juventud haciéndoles demasiadas preguntas y sugiriéndoles que tal vez hay otras formas de ver un mismo problema.
Los líderes de esos poderosos grupos, orgullosamente definidos como religiosos y conservadores, en su mayoría ha realizado un pasaje fugaz por alguna universidad, más bien como ese necesario trámite administrativo que exige una sociedad contradictoria. Probablemente habrá sido para ellos una pérdida de tiempo, si no se dedicaron a algo práctico como los negocios. Junto con los lobbies secretos, estos grupos poseen una reserva incalculable de poder político y social.
Por norma y por lógica se definen como conservadores, aunque todas sus religiones y sus tradiciones han sido fundadas por revolucionarios que sucesivamente fueron torturados, crucificados o condenados de diversas formas y por diversos grupos conservadores de su tiempo.
Por supuesto que entre los malos profesores el proselitismo (típica tradición cristiano-musulmana que heredó el pensamiento ideológico en la Era Moderna, como cierto marxismo panfletario) tampoco es raro. No obstante, por definición, el pensamiento crítico no promueve la creencia ni la sumisión intelectual a la autoridad sino todo lo contrario. Los profesores no son predicadores, ni pastores ni políticos, y nada ganan con fastidiar las conciencias jóvenes. La mejor tradición académica sigue basándose en el ejercicio de la duda y el escepticismo sobre las obviedades. En la academia también hay trabajo clerical (como en una iglesia pueden haber grandes espíritus críticos), ya que un investigador suele ser un intelectual profesional, con todos los riesgos y ventajas que esto implica, pero el clericalismo no es el ideal por el cual se define la profesión académica.
Es comprensible que en las universidades, donde normalmente se investiga, también se ejercite la duda y el cuestionamiento con alguna frecuencia. Tan comprensible como que en las iglesias de todo tipo estén casi monopolizadas por personas que en su vida nunca se les ocurriría cuestionar algo de sus propias convicciones sin considerarlo inmoral o diabólico.
Sin embargo, el caso sobre corrupción de la sociedad que llevó a Sócrates a la muerte y a Jesús al martirio, no es tan grave como se declara. Si bien es cierto que un porcentaje de estudiantes que entran a una universidad salen con ideas diferentes, con habilidades y traumas diferentes, no es menos cierto que de igual forma se podría acusar a las iglesias. Con el agravante de que si los profesores corrompen o adoctrinan adultos, con una conciencia previamente formada, las iglesias siempre llevan la ventaja de hacer lo mismo pero con menores y por mucho más tiempo. Ese es su trabajo: convencer o adoctrinar niños inocentes, incapaces de responder y sin siquiera recibir una buena nota por dudar de la verdad revelada, como suele ocurrir en las universidades. Las iglesias inyectan sus verdades (verdaderas o no, eso es materia de discusión, como los religiosos bien saben cuando se refieren a religiones ajenas, las falsas) en la más temprana edad y continúan haciéndolo por el resto de la vida de los feligreses. La mayoría de los universitarios pasa en un campus académico apenas cuatro o seis años. Cuatro o seis años felices, dicen luego, pero un tiempo casi insignificante desde el punto de vista de la adoctrinación de un individuo, que ya venía formado desde la cuna.
Entonces, señores elegidos de Dios, portavoces del Señor, miembros permanentes del Paraíso, sería bueno que, antes de criminalizar a los “liberal professors” de este país y de muchos otros, procedieran con las mismas reglas y las mismas oportunidades. Dejen de adoctrinar, dejen de lavar el cerebro de los niños y nosotros dejaremos de enseñar a los jóvenes que dudar es bueno. Aunque a partir de entonces ustedes dejarán de beneficiarse de todos los inventos que los investigadores y los espíritus críticos producen y nosotros no podamos beneficiarnos de la salvación de ustedes, sino lo contrario, como hasta ahora.

Publicado por ARGENPRES

La nueva gobernanza de la UE a la carta ¿Y la democracia?

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jueves 8 de marzo de 2012

Alejandro L. Perdomo Aguilera (especial para ARGENPRESS.info)

Se brindan algunas consideraciones sobre los nuevos mecanismos de gobernanza económica de la UE, en el marco de la crisis estructural de la economía mundial. Se abordan algunas de las consecuencias que pudieran conllevar los mecanismos de gobernanza económica para el futuro de la UE. Además se constatan las dinámicas políticas, diplomáticas y económicas que se están concertando entre la UE y China; contrastando las complejidades de la crisis con las inconsistencias del euro para hacer frente a la situación actual de la UE.

La nueva gobernanza económica de la Unión Europea (UE) ha sido impuesta, sin embargo, pocos se preguntan dónde quedan los paradigmas políticos que la vieja Europa expuso como estandarte, durante las décadas de la Guerra Fría y que sostiene hoy contra aquellos gobiernos que considera antidemocráticos.
Los mecanismos de gobernanza plantean retos a la UE, que hacen muy diversas las perspectivas del modelo de integración. La juventud de estas medidas, imposibilita trazar escenarios certeros; no obstante, vale la pena analizar algunas consecuencias que deberán afrontar los países de la Unión y que tendrá una repercusión tanto en la dinámica de la UE, como en las políticas que se puedan trazar al interior de los países miembros.
La armonización de las políticas fiscales de la UE resulta muy difícil dada la heterogeneidad de los países que la comprenden. La aspiración de armonizar el gran mercado interno de la UE, tiene grandes desafíos prácticos en tanto resultan diferentes las condicionantes socioeconómicas de cada país, lo cual se acentúa en el contexto de crisis estructural de la economía mundial.
Ciertamente esas diferencias culturales, ideológicas y económicas merecen de una voluntad integracionista de mayor conciliación, pero la vía no debe ser una imposición que lacere a los países más débiles del bloque.
Los objetivos que prevén estos mecanismos pudieran resultar cuestionables al no considerar del todo la crisis multidimencional que vive Europa y los EE.UU., así como sus consecuencias a mediano y largo plazo. La inclusión en los planes de la UE de países como Grecia, España e Italia conlleva a mayores problemáticas, debido a la necesidad ajustar los mecanismos a los problemas que afrontan y no a los objetivos que persiguen Alemania y Francia, donde se pudieran desatar nuevas contradicciones. Esta situación aumentaría las problemáticas intrínsecas del modelo, haciendo aún más preponderante la voluntad de los países más fuertes.
Sí se asumieran estos cambios como parte de una nueva etapa del modelo, pudiera asentirse un abandono de los presupuestos de concertación tradicionales por una articulación monetaria, financiera y comercial más cercana a unos Estados Unidos de Europa que a los objetivos primigenios del proyecto integracionista. Con ello se manifiesta no sólo una crisis del pilar económico, sino que ideológicamente se aprecia una deformación de la mentalidad clásica de la Europa occidental; reconociéndose la asistencia a una crisis más amplia de lo que se suele referenciar.
Las políticas aplicadas contra la crisis, enuncian el abandono de los paradigmas de bienestar social que sustentara la UE, en busca del patrón estadounidense del American Way of Life, donde predominan los intereses particulares sobre la búsqueda de una sociedad más equilibrada. Sobre esta situación, Tejedor Bielsa consideró: “Europa está integrada, sí, en sus deudas, pero está huérfana de liderazgos efectivos, ayuna de mecanismos de gobernanza económica, alejada de los más mínimos requerimientos democráticos y dominada por estructuras tecnocráticas desconocidas para el común de los ciudadanos europeos”
Mientras tanto, la crisis continúa, el desempleo se arrecia y aumentan las protestas sociales, ganando en organización los movimientos de indignados, que si bien no se les puede catalogar como antisistémicos -de manera tan temprana- están siendo bien contestatarios, reclamando que Europa no colapse entre egoísmos y políticas erróneas, que cargan las consecuencias de sus limitaciones en los ciudadanos que más trabajan en ella.
Si se comparan las políticas fiscales que se adoptan en la actualidad con las medidas tomadas históricamente en contextos de crisis, habría que discernir hasta que punto resultan coherentes los “paliativos” aplicados a la crisis actual y que capacidad tienen de transformar las debilidades del sistema.
Los nuevos mecanismos no consideran los problemas de todos los Estados miembros sino que los supeditan a los intereses de los países más sólidos del bloque. Al respecto, la canciller alemana Angela Merkel, consideró perjudicial para Europa la “benevolencia” con aquellos países que presentan una difícil situación fiscal en la región, expresando: “Ser amable unos con otros” es un “mal servicio”
Pero los problemas fiscales no sólo incluyen a los países más débiles de la Unión. La propia Comisión Europea detectó varios desequilibrios macroeconómicos en 12 Estados miembros. Sin embargo, los antecedentes de la UE no refieren un trato equitativo para todos. En el año 2004, la Comisión perdonó una sanción a Alemania y Francia por superar los umbrales permitidos.
Sin embargo, bajo los nuevos mecanismos de no poderse resolver en los plazos previstos los desequilibrios macroeconómicos, la Comisión Europea podría solicitar un depósito generador de intereses que impondrían multas de hasta el 0,1 % del PIB.
La crisis, no solo es palpable desde el orden macroeconómico para la UE, sino que se aprecia una crisis de gobernanza, donde la democracia representativa se debilita y los líderes del bloque no son capaces de impulsar medidas que modifiquen -de manera estructural- los errores del modelo. Ello está relacionado también con la ausencia de un liderazgo más competente, capaz de darle un curso más racional a la UE, de manera que las consecuencias de la crisis sean menos abarcadoras.
La posibilidad de empleo al 75 % de la población entre 20 y 64 años, incluido en los objetivos de la estrategia Europa 2020 parece un sueño ahora mismo. De igual forma ocurre con la aspiración a reducir en 20 millones el número de personas en situación de pobreza y exclusión social. Ante la perpetuidad de una crisis multidimensional donde tantos paradigmas han revelado sus falacias, vale la pena razonar sobre las posibles vulnerabilidades de los mecanismos, en tanto fortalecen al núcleo duro de la UE.
Además de una moneda y un mercado únicos, se le suma la pretensión de una sola política fiscal, conforme a los objetivos declarados en la Estrategia Europa 2020 , que pretende una mayor supervisión por parte de la UE de las políticas económicas y fiscales en el marco del Pacto de Estabilidad y Crecimiento.
Lograr una mayor supervisión para proveer mayor estabilidad a la zona euro y la restauración del sistema financiero resulta necesaria, pero padece de racionalidad si desvirtúan las formas en que estaba articulada la integración. Las transformaciones dejan sobre el tapete algunas de las interrogantes que quedan sin respuestas únicas en el actual dilema en que se halla la UE, como: ¿Cuáles serían las repercusiones socioeconómicas para los países más débiles del bloque y qué limitantes conllevaría para la política doméstica e internacional de estos?
Las perspectivas de la UE con los nuevos mecanismos de gobernanza, dejan más de una preocupación. Las áreas que ameritan mayor seguridad -empleo, innovación, cambio climático, energía, educación, salud, lucha contra la pobreza y la exclusión social- son tan disímiles como los países que la integran. Por ello, lograr mejores índices sin mecanismos más efectivos resulta utópico.
Sin embargo, el papel de los Estados no debe mermar en los destinos de sus pueblos cuando, crisis tras crisis, recobran un rol preponderante ante la inoperancia de un sistema-mundo gobernado por grandes trasnacionales y un panfletario discurso libertario que no se adecua a las condicionantes histórico- concretas del presente.
Los objetivos de estos nuevos mecanismos de gobernanza de salvaguardar la estabilidad de la zona euro, la restauración del sector financiero y el reforzamiento del programa económico común son necesarios, pero la forma en que se han establecido, les posibilita a los países fuertes de la UE, imponer condiciones que acentúan la dominación de los Estados más sólidos.
Además de este mecanismo se ha creado el Pacto Euro Plus, al cual se suman otros Estados que no forman parte de la zona del euro (Bulgaria, Dinamarca, Letonia, Lituania, Polonia y Rumanía) y que, comprendidos en los nuevos mecanismos, pretenden apuntalar las problemáticas asociadas al empleo, las finanzas públicas y la estabilidad financiera.
El saneamiento del sector financiero va encaminado también a prever que nuevas expresiones de la crisis no los tome en una situación tan inestable, de manera que las medidas para contrarrestarla estén mejor encaminadas aunque, en realidad, nadie sabe cómo salir de forma coherente y sostenida de la situación actual.
Por otra parte, la crisis ha posibilitado reconocer la importancia de otros actores internacionales como los BRICS y la imposibilidad de un mundo unipolar, donde las tradicionales potencias occidentales impulsen políticas globales sin tomar en cuenta el papel de Rusia y China. Los recientes vetos en el Consejo de Seguridad de la ONU corroboran este fenómeno.
La economía China resulta una variable de imprescindible consideración. Los índices de comercio con Alemania y la ayuda brindada a la UE, evidencian un mayor protagonismo internacional, que ya no se resume a inversiones en los nichos encontrados en África y Latinoamérica. La necesaria estabilidad del Euro en el sistema económico, financiero y comercial mundial depende también del rol que desempeñe China. Siendo este país el mayor acreedor de los EE.UU. y los crecientes préstamos que concede a la UE, lo consolidan como un actor de imprescindible valoración.
En la Cumbre del Euro se reafirmaba la importancia de la moneda para el proyecto de paz, estabilidad y prosperidad de la UE. Sobre la actual situación, el economista George Soros advirtió en el Foro Económico Mundial en Davos que “(…) la manera de escapar de la crisis no debe basarse sólo en obligar a los países con problemas a una estricta disciplina presupuestaria. Necesitan además un estímulo para evitar la espiral deflacionaria.”
Los problemas que enfrentan el euro y el dólar como divisas internacionales, la consolidación de China como principal acreedor de EE.UU. y la posición de Francia en la cumbre del G20 sobre el dólar, son suficientes alarmas como para no descartar una reforma del Sistema Monetarios Internacional, que considere la solvencia de China. La posición de ese país ante la crisis de la UE, fue aclarada por Wen Jiabao quien expresó que “China está preparada para ser una parte importante en la resolución de la deuda soberana europea”.
El hecho de que Angela Merkel haya requerido a China para lograr préstamos es otra muestra de la imposibilidad de la unipolaridad y de la crisis hegemónica de las potencias occidentales, que anuncia posibles cambios en el futuro del Sistema Monetario Internacional, donde pudiera coexistir el dólar, el euro y, tal vez, el yuan.
Angela Merkel precisó que el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) posee 250 mil millones de euros y el Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede), 500 mil millones, lo que considera suficientes para hacer frente a la crisis actual, no obstante, su acercamiento a China denota una búsqueda de mayores fondos para revitalizar la economía europea.
Además de estas acciones se desarrolla el llamado Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), para el mejoramiento de las finanzas públicas de los Estados miembros. De esta forma, se determinan sanciones semiautomáticas para los Estados miembros que no cumplan los requisitos solicitados, que sólo pueden ser rechazadas con una mayoría cualificada en el Consejo por parte de la Comisión.
Cuando todos se preguntan que provocó la crisis, cuando se intenta rechazar la intervención del Estado en la economía y resurge en Washington un neoconservadurismo a la usanza del Tea Party, los Estados retoman un papel protagónico, intentando un mayor control de las economías para evitar la debacle.
Economistas como George Soros resalta la falsa de que los mercados financieros se corrigen a sí mismos, denotando los problemas del aumento del crédito y el apalancamiento; reconociendo que no es suficiente con controlar la oferta de dinero sino que la disponibilidad de crédito también debe ser vigilada.
Indudablemente la regulación financiera y crediticia es necesaria. Cada vez que han venido tiempos de crisis el sistema capitalista que tanto aboga por la libertad de los mercados, se percata de las falacias y comienza a intervenir. La UE, por su parte, intenta aplicar una intervención más general, para tratar de armonizar las políticas fiscales. La reciente intervención del primer ministro español Rajoy, anunciando el escandaloso desempleo de España y la crítica situación de Italia evidencian que estas medidas no son el Eureka de la solución a la crisis.
El desequilibrio económico, financiero y comercial de varios países de la UE, el papel de Rusia y China en el comercio y la posibilidad de otorgar nuevos préstamos, significan nuevos lazos de dependencia, que pudieran modificar el futuro de la UE.
En estas circunstancias, la crisis no debe ser enfrentada con medidas reformistas porque la esencia de la misma niega tal posibilidad. Si hablamos de una crisis sistémica, estructural y multidimencional, enfrentarla con recetas anticrisis –cíclicas- de antaño resulta incoherente. Sobre las medidas que han posibilitado esta crisis G. Soros advirtió: “Se necesita una gran crisis para hacer posible lo políticamente imposible (unos verdaderos Estados Unidos de Europa). (…). Medidas que habrían funcionado de haberse tomado meses antes, se vuelven inútiles cuando la política termina por adoptarlas tarde y mal. Esa es la clave para comprender la crisis del Euro.”
Por otra parte, las formas de aplicar políticas de salvataje parecen pisotear los paradigmas de democracia, respeto a la soberanía y a la gobernabilidad que tradicionalmente apoyó la UE. En este sentido, las consecuencias políticas, sociológicas y psicológicas que pudieran traer estos mecanismos al interior de los países de la UE, amenazan el rumbo de este modelo de integración.
Indudablemente la UE estaba avocada a trazar nuevos mecanismos de gobernanza económica, pero la forma de articularlos y las consecuencias que conlleva al interior de la Unión, pudieran conceder un efecto bumerán a su desarrollo.
La crisis refleja la ineficiencia de un sistema económico que padece de excesivas desregulaciones del sistema financiero y las falacias del supuesto liberalismo económico. La crisis, como en otros momentos ha denotado la importancia estratégica del Estado. La debilidad Estado de Bienestar y de elementos cruciales como la seguridad de los ciudadanos y la estabilidad económica y financiera han vuelto a poner como actor protagónico al Estado como ente regulador.
Una de las tesis que se sigue con los mecanismos de nueva gobernanza económica es la relacionada con la necesidad de subsanar los problemas en el proceso de construcción de la Unión Europea, y para ello se plantean varios escenarios, donde las expresiones más catastróficas pudieran ser el “derrumbe” del euro o la salida de Grecia de la UE. Sin embargo, al considerar el costo que tendría una vuelta al pasado, realmente parece poco probable esta solución, además del impacto político que pudiera ocasionar esta medida, no sólo al interior de los países sino también para la UE.
En estos tiempos de tanta incertidumbre, donde las potencias tradicionales muestran su taón de Aquiles y las emergentes dan visos de fuerza, el abandono de la democracia y el menosprecio al papel de los Estados en las proyecciones domésticas y exteriores de los pueblos, resulta más que pertinente oportuno.
Quizás el gran reto pendiente en la UE, sería indagar cómo conservar dentro de esta gran crisis, los intereses democráticos y la búsqueda de un consenso que preserve la autodeterminación y la independencia de los países, y reclame la paz en contra de la guerra, en un contexto de tanta irracionalidad.
Bibliografía:
– Albi, E.: “Armonización fiscal europea: balance de situación”, Papeles de Economía, Española, 87, 2001, pp. 33-43.
– Colectivo de autores. Crisis económica y financiera: el papel de la Unión Europea. Eurobask. En: http://eurobask.org/ficherosFTP/LIBROS/1_Universitas_2009.pdf
– Conclusiones de los jefes de estado o de gobierno de la zona del euro de 11 de marzo de 2011. Bruselas, 11 de marzo de 2011 (OR. en)
– Charles Grant. Una voz única para la UE. Política Exterior Nº130 – Julio / Agosto 2009. En: http://www.politicaexterior.com/archives/5492
– Declaración de los jefes de estado o de gobierno de la UE. Bruselas, 26 de octubre de 2011
– Delgado Rivero, Francisco J. y Roberto Fernández Llera ¿Convergencia fiscal? un análisis de la política impositiva en la unión europea, Universidad de Oviedo
– Steinberg, Federico. Una nueva lectura de la crisis y de los dilemas de política económica (ARI) 01-sep-2011 – ARI 124/2011. En: Real Instituto el Cano, http://www.elcano.cu
– Proyecto de declaración de la cumbre del euro. Bruselas, 26 de octubre de 2011.
– Principales resultados de la Cumbre del Euro. Bruselas, 26 de octubre de 2011 (OR. En)
– Julio Tejedor Bielsa. La insolidaria y vieja Europa. En: http://administracionpublica.com/la-insolidaria-y-vieja-europa
– Merkel recomienda no ser “amables” con países endeudados. En: http://www.cubadebate.cu y en AFP
– La Comisión Europea investiga a 12 países por desequilibrios macroeconómicos. En: http://actualidad.orange.es/economia/comision-europea-investiga-12-paises-por-desequilibrios-macroeconomicos.html
– China asegura su ayuda para resolver la crisis de deuda en Europa. En: http://www.expansion.com/accesible/2012/02/14/economia/1329223420.html
– Otero Iglesias, Miguel. De la unipolaridad del dólar a un sistema multipolar de divisas: ¿consecuencias para la estabilidad de la economía mundial? (DT) En: http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt3-2012
– Krugman, Paul ¿Tiene salvación Europa? En: http://elpais.com/diario/2011/01/16/negocio/1295187265_850215.html
– Romero, Eduardo. Un importante paso adelante para la gobernanza económica de la UE. En: http://www.mundoempresarialeuropeo.com/pdfs/126/EUROPEO_126.pdf

– Ramonet, Ignacio. El nuevo “sistema-mundo” En: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=13b9ad43-3237-4ad5-b889-e064cc43ac62.

Democracias falseadas y tiranía financiera

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La tiranía financiera estrecha el cerco a la movilización social y coloca entre la espada y la pared a gobiernos que simplemente administran unas “democracias falseadas”, cada vez más incapaces de representar los intereses populares y de invocar, siquiera como estrategia retórica, los viejos principios emancipadores de los que dice nutrirse: igualdad, justicia social, libertad.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

(Fotografía: la policía griega reprime a los manifestantes en las calles de Atenas)

Una fotografía de la brutal represión contra las manifestaciones populares en Grecia, del pasado fin de semana, retrata lo que ha llegado a ser la democracia liberal representativa –occidental y burguesa, para más señas- en nuestro tiempo: un ciudadano griego, expresión del pueblosoberano opuesto a las reformas neoliberales que exige la UE para “rescatar” la economía de su país, yace en el suelo, impotente, mientras dos policías, guardianes de un orden injusto y opresor, lo agraden sin contemplaciones.

La imagen, difundida por las agencias de prensa internacionales, es la metáfora perfecta de la crisis civilizatoria y de las formas que emplea la máquina del poder planteario, y sus subsidiarias locales, para convertir a la democracia y sus instituciones en aceite para sus engranajes. Es el sacrificio que reclama el dios Mercado en sus altares.

Para los latinoamericanos, lo que hoy vive Grecia es la puesta en escena de nuestra propia historia a lo largo de la década de 1990 y una parte de los primeros años del siglo XXI: el ajuste estructural, los recortes en presupuestos públicos, las privatizaciones forzadas, el ataque contra los derechos sociales y laborales, y la violencia de Estado desplegada sin misericordia contra los ciudadanos, para resguardar los intereses de los organismos financieros internacionales, los acreedores extranjeros y los grupos de poder “nacionales”.

Sin embargo, se trata de una historia cuyo último capítulo aún no se ha escrito. Allí donde la hegemonía neoliberal persiste en su dominación, como ocurre sobre todo en el norte de nuestra América, en México y Centroamérica, específicamente, la tiranía financiera estrecha el cerco a la movilización social y las luchas por una auténtica democratización, al tiempo que coloca entre la espada y la pared a gobiernos que simplemente administran unas “democracias falseadas” cada vez más incapaces de representar los intereses populares y de invocar, siquiera como estrategia retórica, los viejos principios emancipadores de los que dice nutrirse: igualdad, justicia social, libertad.

Eso es lo que, por ejemplo, presenciamos en Costa Rica en los últimos meses: crece el descontento social y aumentan en intensidad y frecuencia las protestas contra la política económica, de salarios y empleo público (el último aumento del sector fue aprobado por medio de un decretazo del Poder Ejecutivo, y representa apenas un 3.3% del aumento que se auto-aprobaron los diputados) y en materia fiscal (un regresivo paquete de impuestos se discute en el Congreso) del gobierno “socialdemócrata” de Laura Chinchilla. La población, en general, percibe que su administración carece de rumbo. Es un malestar generalizado, que parece alcanzar niveles inéditos en los últimos cinco años (por lo menos, desde las manifestaciones contra el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos en 2007).

Y mientras tanto, la clase gobernante, incapaz de comprender las hondas raíces de las crisis capitalista y de pensar más allá de lo que el establishment global dicta como correcto, se aferra torpemente a las soluciones neoliberales. Prueba de esto es que durante la última reunión de la Internacional Socialista, celebrada en San José a mediados de enero, la presidenta Chinchilla salió a la caza de apoyo público para su antipopular reforma fiscal (el 75% de la población la rechaza) y lo encontró, nada más y nada menos, que en el exprimer ministro griego Giorgios Papandreou, uno de los responsables del colapso de la economía helénica y su rendición ante los organismos financieros internacionales.

Como si no bastara esa velada proclama de intenciones -o macabra profecía, según se quiera ver- para descubrir hasta qué punto Costa Rica está imbuida en las redes de poder de la tiranía financiera global, esta semana, justamente en víspera de la huelga de trabajadores del sector público que logró reunir a más de 25 mil personas en las calles de la capital San José, la agencia calificadora Standard & Poors emitió un nuevo informe del “riesgo país” para Costa Rica. El documento, rápidamente respaldado por la intelectualidad neoliberal y los principales medios de comunicación hegemónicos, amenaza con una baja en la calificación de la deuda costarricense –que ahuyentaría las inversiones de capital extranjero sobre las que se asienta el modelo de desarrollo neoliberal- si no se aprueban, en los próximos meses, los ajustes necesarios para reducir el déficit fiscal del país (un poco más del 5% del PIB) .

A través de este tipo de maniobras y el asedio con las bombas incendiarias del riesgo país, las agencias y organismos financieros, ayudados por los sacerdotes de la falsa religión del mercado, instalan en el debate público la claudicación ante las realidades del orden económico como dogma de fe. Grecia, Italia y España dan testimonio de la capacidad de influencia que pueden tener esos poderes sobre los sistemas políticos, los procesos de toma de decisiones y el futuro inmediato de los países objetivo.

Este es el fin último de la ideología neoliberal: acabar con el poder popular, socavar lo que quede de aliento emancipador en la democracia, e instaurar el reino de la resignación y la desesperanza en las sociedades. Es decir, democracia en las formas y procedimientos, pero plutocracia -gobierno de los ricos- en sus entrañas.

En su libro Ensayo sobre la lucidez, José Saramago, en tono de interrogación y sutil sugerencia, formuló una crítica profunda al contrato social que sostiene a esas democracias falseadas, manejadas a control remoto desde los centros del poder global. Dijo el escritor portugués: “Puede llegar el día en que nos preguntemos: ¿quién ha firmado esto por mí?”

Hay signos que sugieren que los pueblos podrían levantarse para buscar respuestas a esa pregunta de Saramago. Ya lo han hecho en América del Sur y África del Norte. Y lo insinúan en Europa y Estados Unidos. Quizás todavía no sea suficiente para llevar adelante un cambio civilizatorio, pero sí van abriendo los caminos de un futuro que, necesariamente, debe ser distinto a nuestro caótico presente.

Perú. Democracia burguesa al desnudo: A propósito de humala

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miércoles 8 de febrero de 2012

VOZ PROLETARIA

“La democracia burguesa”, de la que tanto se ufanan los capitalistas y sus amanuenses, es el escenario donde se desnudan todas las miserias y flaquezas políticas de sus “clases dirigentes”, el lugar donde exhiben sin tapujos sus mezquinos intereses de grupo y, sobre todo el engaño y falsas promesas al pueblo que los eligió. V.I. Lenin, refiriéndose a la democracia burguesa, decía: que los hombres en política, siempre serán víctimas necias del engaño propio y de los demás, si detrás de las frases amistosas sobre igualdad, libertad, fraternidad, etc., no saben distinguir los verdaderos intereses de clase a los que representan.

Los defensores de la democracia burguesa, critican furiosamente a los países socialistas como “dictaduras” y se jactan de su “democracia” como el sistema social más avanzado, donde el pueblo soberano elige periódicamente a sus gobernantes. Todo esto no pasa de ser una farsa, como lo señala V. I. Lenin, “La democracia burguesa” siempre será una democracia formal y aparente, una democracia al servicio de un pequeño grupo, la burguesía; frente a la inmensa mayoría del pueblo trabajador.
Goebbels, siniestro Ministro de Propaganda del gobierno Hitleriano, consciente de la naturaleza engañosa de la “democracia burguesa” decía: “miente, miente que algo queda”. Este principio de la política nazi, es aplicado por nuestros políticos criollos. Si no, pruebas al canto: Fujimori, para ganar las elecciones el año 1990, se presenta ante sus electores como un demócrata antineoliberal, exponente del “No al shock”; pero lo primero que hace al llegar al Gobierno, es aplicar un shock traumático y luego cerrar el Congreso y dar inicio a una política neoliberal, más conocida como “Capitalismo Salvaje”, rematando las empresas públicas, aplicando una política de Terrorismo de Estado, de violación sistemática de los derechos humanos e instaurando el régimen más corrupto de nuestra vida republicana. El mismo fenómeno se repite con Alan García, quien en su campaña electoral el año 2006, se presenta como un defensor de los intereses nacionales, promete un Impuesto a las sobreganancias a la Gran Minería, Revisar los TLC, eliminar los services, la libre desafiliación de las AFP, reforma de la Constitución, etc. Una vez en el gobierno, burlándose de sus electores acuñó su conocida frase “en política no hay que ser ingenuos”.
Y ahora, con Ollanta Humala, quien levantó en las pasadas Elecciones las banderas del nacionalismo, y encarnó las protestas y aspiraciones de los sectores mayoritarios del país, especialmente de las capas más pobres de la ciudad y el campo, se repite la misma historia. Humala, gana en primera vuelta, con el apoyo de los sectores más progresistas del Perú. En la segunda, morigera su propuesta y se presenta con una Hoja de Ruta más digerible para los conservadores, pero sin dejar de lado su compromiso con el pueblo que lo eligió,
Sin embargo, ganada las elecciones y a seis meses de gobierno, tenemos a un Humala, otrora enemigo de la derecha tradicional, a quien la fujimorista Hildebrant tildaba de cachaco, hoy dice que es un hombre inteligente; la dupla ultraderechista Barba Caballero – Rey Rey no le escatiman sus elogios; PPK y Jorge Trelles (a)”nosotros matamos menos”, María Palacios, Mónica Delta y el cacaseno de Aldo Mariátegui, voceros de la derecha y peones mediáticos de la guerra sucia contra “el candidato nacionalista” se muestran complacientes con Humala, a quien Bedoya Reyes, no dudó en señalar que es una “caja agradable de sorpresas”. ¿Qué ha podido pasar para que estos conspicuos voceros de la derecha, se muestren muy complacidos con el ahora Presidente Ollanta Humala? La respuesta es simple, la renuncia de Humala a su propuesta de llevar adelante “La gran transformación”, el pronto olvido de sus promesas electorales, el mantenimiento de la política neoliberal que acentúa nuestra dependencia económica, el saqueo de nuestras riquezas naturales y la sobreexplotación de nuestro pueblo, por parte de las transnacionales.

De esta manera, queda confirmada una vez más la naturaleza engañosa y falaz de la “Democracia Burguesa”; no interesa quién gane, ni las propuestas lanzadas en las campañas electorales; al final “La casa blanca”, la embajada norteamericana, las transnacionales, y la propia burguesía intermediaria, se encargarán de domesticar al nuevo inquilino de Palacio de Pizarro, obligándolo a hincarse de rodillas y cumplir sus órdenes a pie juntillas, con raras excepciones, desde luego, que es justo reconocer, en Latinoamérica, como es el caso de Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en el Ecuador, Evo Morales en Bolivia, que desarrollan procesos nacionalistas y de profundo contenido democrático, en sus respectivos países. Es por ello, que no debemos nunca olvidar que la única garantía de liberación de la clase obrera, y de los trabajadores en general, será obra de la Clase Obrera, en alianza con sus aliados naturales, los campesinos pobres, las capas medias y la intelectualidad progresista.

Publicado por ARGENPRESS

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