Foro Paraguay Resiste coordinará acciones de resistencia al golpe

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martes, 7 de agosto de 2012

PL

Un foro social convocado hoy por la organización “Paraguay Resiste”, con la presencia incluso de personalidades latinoamericanas, coordinará acciones de resistencia al golpe parlamentario que destituyó al presidente Fernando Lugo.

La entidad señaló que el evento se desarrollará aquí durante el 14 y 15 de agosto bajo el lema Soberanía, Democracia y Participación.
Añadió que la cita se plantea como un espacio amplio de articulación de las posiciones políticas de movimientos, organizaciones, grupos sociales, ciudadanos nacionales y del resto de la región, en el marco de la grave situación que vive Paraguay.
El mencionado foro, según la información divulgada, busca establecer debates críticos sobre la agenda del gobierno de facto, considerando los retrocesos registrados en las políticas públicas que son garantes de todos los derechos de la población paraguaya.
Por otra parte, agregó “Paraguay Resiste” tiene como un objetivo fundamental la coordinación de las futuras acciones de resistencia pacífica y de intervención en los diferentes ámbitos y territorios de las organizaciones participantes para lograr la restauración de la democracia.
Los cuatro ejes de trabajo tomados en cuenta por los organizadores de la reunión son Inclusión, Seguridad y Protección Social, Soberanía y Reforma Agraria,
Interculturalidad y Derechos Humanos ante la criminalización de las luchas sociales.
Las relaciones internacionales de Paraguay, severamente dañadas por la interrupción del proceso democrático, ocuparán un espacio importante en las deliberaciones para cooperar en la viabilizarían de los esfuerzos de integración latinoamericana.
En ese contexto, “Paraguay Resiste” anunció la presencia en el foro de reconocidos intelectuales de América Latina, entre ellos Eduardo Galeano, Daniel Viglietti y Leonardo Boff.

Publicado por ARGENPRESS

Eduardo Galeano: “La realidad es una contradicción incitante”

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Anticipando su visita a la próxima Feria del Libro en Argentina, Galeano habla de su nuevo libro, de la reconstrucción del Uruguay a través de la memoria, del imperio de los miedos y de la maravillosa costumbre de caminar Montevideo.

 

Miguel Russo / Miradas al Sur
Dice Eduardo Galeano, sentado en su café de siempre, El Brasilero, mientras Montevideo pasa frente a la ventana en una tarde de bancos y trámites y caminatas: “Voy a Buenos Aires dentro de unos días a leer unas cuantas historias de esas que me han contado los hijos de los días. Y ellos, que son sabidos, me han dicho que la Feria de allí es el mejor lugar de encuentro de los libros queridos y la gente queriente. Y también voy por el placer personal de leer en voz alta y sentir que recibo de vuelta, multiplicadas, esas vibraciones. Leyendo en voz alta confirmo que la literatura puede ser pariente, aunque sea un pariente pobre, de la música, y que las palabras pueden escaparse de las páginas para ser música por un rato. Y es lo que a las palabras más les gusta”.
Eduardo Galeano viene de caminar, él también, esta Montevideo, como él mismo la define “tan caminable”. Paradójicamente (o no tanto), cuando Galeano se sienta en El Brasilero, no deja de caminar sus historias. La de este mismo bar, por ejemplo. O la de la derrota y victoria de este bar: “Un tipo, un presunto comprador italiano de este bar, se llevó en una larga noche, amparado por los milicos, toda la madera de roble de los pisos, todos los muebles. Dejaron un gran agujero aquí, se llevaron todos los vidrios, los espejos, no dejaron ni una cucharita. Pasó el tiempo y una pareja de arquitectos que amaba el café decidió emprender la reconstrucción. Con este café pasó lo mismo que con Leningrado, esa ciudad que la gente reconstruyó en base a fotos, dibujos, recuerdos. El Brasilero fue reconstruido por la memoria de los que lo queríamos”.

–¿Cuándo empezó a parar en este café?
–Cuando trabajaba, a fines de los ’50 y principios de los ’60, acá a la vuelta, un edificio enorme donde ahora hay un ministerio, y donde funcionaba el semanario Marcha, que dirigía Carlos Quijano. Nos escapábamos de la redacción y veníamos en banda a charlar.

–¿Extraña aquella Montevideo?
–Sí, extraño algunas cosas. Otras se mantuvieron. Lo que pasa es que las dictaduras militares no pasan en vano. Nos hicieron mucho daño, más del que sabemos. Porque se habla de lo más obvio que es el daño físico, los torturados, los desaparecidos, pero también están los daños invisibles.

–Las juntadas, las charlas, las escapadas al café, lo cotidiano…
–Exacto, el daño a la palabra. No hay estadística que las mida pero la ciudad donde nací y me crié, esta Montevideo, era una ciudad donde la palabra era sagrada. Nadie firmaba contrato por nada, pero nunca nadie fallaba a la hora de pagar. Durante todos los años de la dictadura militar el país entero fue obligado a mentir cotidianamente, había que mentir para sobrevivir. Y la palabra perdió valor. Con el paso del tiempo hasta cierto punto se recuperó, pero está muy lejos de ser lo que era.

–Perdió valor o cambió de significado. La cárcel de Montevideo llamada Libertad es un paradigma de eso…
–La cárcel Libertad, por supuesto. La verdad que la dictadura uruguaya fue campeona del mundo en tortura. Hay algo en lo que no mentían, al contrario, lo mostraban: era la composición cívico-militar de la dictadura. Cuesta mucho aceptarlo. Se piensa que era una coartada que los militares usaban para enmascararse, pero en realidad fue cívico-militar. Acá hubo dictadura militar con la complicidad de políticos muy importantes. Y eso dañó al país, nos obligaron a mentir para sobrevivir.

–Dentro de ese horror, hay una anécdota del documento con el que usted se movía por el mundo en el exilio…
–Como yo no tenía documento recurría a las Naciones Unidas para renovar permiso de estadía en Barcelona todos los meses. Entonces me dieron un documento cruzado en la tapa con dos rayitas negras que era el que le daban a los terroristas, con lo cual cada vez que viajaba me sacaban de la cola para interrogarme. En esa época, yo viajaba mucho para hacer conocer el horror que se vivía en América latina. Cosas que muestran cómo la realidad es una contradicción incitante. En esas condiciones, viajar con el pasaporte que tenía las dos rayitas negras no era lo más cómodo del mundo. Una vez, al llegar a México, me dijeron que tenía que hablar con la directora de inmigración, una señora policía mexicana que me dijo “usted no puede entrar porque mintió, llenó un formulario falso”. Le pregunté que quería decir. Y me dijo que donde pedían nacionalidad yo había puesto uruguayo. “En realidad, usted es apátrida, así lo dice su documento”. Apátrida, y yo sin saberlo. Yo pensaba que apátrida era la dictadura militar, una dictadura obediente que obedecía lo que venía de afuera. “Le prohíbo las ironías”, me increpó la señora. Nunca iba a poner apátrida, así que le avisé a un amigo que conocía al canciller de México y me vinieron a rescatar de las garras de esa mujer policía. Pero volviendo a lo de la mentira, este país fue dañado en su confianza en el otro.

–¿Se recuperó esa confianza?
–Hasta cierto punto. A veces me cuesta reconocerme en los demás, pero creo que se pudo salvar buena parte de lo que éramos. Es como este café que pudo resucitar por sus clientes querientes. De alguna manera, el país se va reconstruyendo porque, de algún modo mágico, la gente supo guardar la memoria de lo mejor que habíamos tenido.

–En esto de rescatar la memoria, escribió Uruguay, el continente, el mundo entero. Yendo de lo enorme a lo pequeño, ¿este café no es un libro, un libro que tendría que escribir?
–Quizá no necesite que yo lo escriba para ser un libro, porque ya lo es. La verdad es que los cafés fueron muy importantes para mí, éste y otros de Montevideo, de modo que si escribiera ese libro sería un texto de gratitudes a los cafés que fueron mi universidad. Aprendí en los cafés el arte de contar, escuchando a los grandes narradores orales y anónimos. Me las arreglaba, porque era muy jovencito, para colarme en las mesas y escuchar historias. Aquí aprendí a escuchar dos veces antes de decir una, a recordar que tenemos dos orejas y una sola boca. Aprendí que para no ser mudo hay que empezar por no ser sordo.

–Hablando de gratitudes, ¿quiénes son sus escritores uruguayos predilectos?
–Tengo una deuda de gratitud personal con Mario Benedetti y con el gordo Martínez Moreno que me ayudaron mucho. O con Paco Espínola, que también me estimulaba: “Vos sos una alegría del páis”, me decía. Y con otros que me ayudaron mucho leyéndolos nomás. Pero el más importante para mí fue Juan Carlos Onetti. Me enseñaba callando, ya que era de poco hablar y de mucho fumar. Era difícil para él encontrar quién lo acompañara en el consumo de ese vino de cirrosis instantánea que tomaba, y yo, que en esa época tenía 17 ó 18 años y un hígado de acero, era el ladero indicado. Me quedaba horas sentado a su lado mientras él estaba en la cama, fumando. Y de vez en cuando largaba alguna palabra y yo aprendía. También me peleaba. El viejo jodía mucho con que él escribía para él. “Yo escribo para mí”, decía. Entonces le propuse un pacto: que me diera todo lo que había escrito en esos días, yo lo ensobraba y se lo mandaba por correo a su casa de la calle Gonzalo Ramírez. Le dije que al recibirlo y leerlo se cumpliría el circuito.

–¿Y aceptó?
–Se puso furioso, me echó. Pero tres o cuatro días después me llamó: “Se puede saber qué carajo te pasa que no venís”, me gritó por teléfono. Después hay otro escritor que me influyó pero que no conocí, lamentablemente: Felisberto Hernández, ese gran uruguayo desconocido. Tuve el proyecto, cuando murió, de hacer un libro sobre él siguiendo las huellas no de sus pasos, sino de los de las seis esposas que compartieron su vida. Una idea linda: reconstruir a alguien a través de seis voces femeninas que lo evocaban como amante, como marido, como compañero, como tipo insoportable o querible. Pero comprendí que me iba a meter en un gran lío.

–¿Por qué?
–Porque él, en realidad, había vivido de las seis: Felisberto no había trabajado nunca. Amaba el piano, daba muchos conciertos, pero siempre se escapaba por la ventana porque lo recaudado no le alcanzaba para pagar el hotel. No le gustaba nada trabajar, y las mujeres lo mantenían. Lo lloraron todas alrededor del ataúd. Eso es una hazaña universal, además de las que cometió como escritor. Le pasaron cosas demasiados locas para meter en una narración.

–Una, nada más…
–Uno de sus seis matrimonios fue con una señora española, costurera. Cuando volvieron a Montevideo de España, consiguió un programa de radio financiado por la embajada de Estados Unidos para hablar mal del comunismo. Claro, le habían dicho que si venía el comunismo lo iban a obligar a trabajar. En ese programa se dedicaba a echar mierda al comunismo y a decir que era una sociedad de hormigas que aniquilaba el alma humana y la creatividad. Él se juntaba en su casa a discutir el programa con algunos amigos, y cuando llegaba la señora saludaba y se iba a coser al altillo. Con los años, se supo que esa mujer era la que dirigía la KGB para toda América del Sur. Y adentro de las máquinas de coser tenía unos aparatos de transmisión tremendos que no enviaban ningún reporte, por supuesto, del anticomunista profesional con el que se había casado.

–Vayamos a Los hijos de los días. Leyéndolo, y leyendo fundamentalmente el día 3 de septiembre, armé una hipótesis sobre el génesis del libro que usted, como hacedor de la cosa, puede destrozar a gusto. Ése es el día de su nacimiento, en 1940. Supongo que para un cumpleaños le regalaron el diario ABC de España del 3 de septiembre de 1940, y allí vio una foto de Franco sonriente ante las victorias nazis en Europa.
–Está bueno ese origen, pero no fue así. Para el 3 de septiembre yo escribí un texto que no es el que salió en el libro porque era demasiado autorreferencial.

–¿Qué decía?
–Me da cierta vergüenza contarlo. Hacía un retrato del mundo en ese momento, las tropas nazis avanzando y devorando el mapa de Europa, país por país. Y al final decía: “El mundo no esperaba nada bueno, entonces nací”.

–Bueno, ahora, el verdadero génesis…
–El libro nació en 1966 en Guatemala. Estaba escribiendo un libro sobre ese país como el primer laboratorio de la guerra sucia en América latina. Ahí, los Estados Unidos ensayaron lo que habían aprendido, realizado y usado en Vietnam. Yo estaba metido con las guerrillas en la montaña y clandestino en la ciudad, un período difícil. Muchos de los guerrilleros, que eran indios mayas, me contaron sus historias y yo las anotaba y las guardaba para que no interfirieran con mi proyecto central que era la denuncia de lo que iba a ocurrir y ocurrió. Allí aprendí que la cultura maya habla del tiempo como fundador del espacio. Algo que después diría Einstein, que probablemente era maya sin saberlo. La idea del tiempo fundador del espacio me apasionó. Tomaba apuntes y anoté eso que sirve de umbral al libro: “Y los días se echaron a caminar. Y ellos, los días, nos hicieron. Y así fuimos nacidos nosotros, los hijos de los días, los averiguadores, los buscadores de la vida”. Quedó ahí, guardadito, pero iba creciendo dentro de mí. Y un día dije por qué no hacer un libro que sea un calendario, el mío y el de la gente con la que vivo. Tomé ese disparador para hablar del tiempo desde mi tiempo, del modo que estoy acostumbrado a vivirlo y en cierto modo a medirlo, aunque sea una aventura imposible. Entonces, se me ocurrió hacer un libro que contara historias muy diversas pero que cada una naciera de un día, lo cual no tenía nada de raro porque si al fin y al cabo era verdad que nosotros somos hijos de los días era muy normal que cada día tuviera una historia para contar. Estamos hechos de historia, aunque me dijeron que estamos hechos de átomos. A partir de ese momento se me ocurrió una estructura de calendario y empezaron a llover las historias y a caer exactamente en los lugares donde debían caer, porque cuando hay una estructura sólida montada como proyecto para escribir, después es cuestión de sentarse a ver como los ladrillitos son tan amables que se van colocando donde deben.

–Desde aquel momento en Guatemala hasta la edición del libro, en el medio publicó El libro de los abrazos, Memorias del fuego, Espejos, tantos otros. ¿Qué ladrillitos iba seleccionando para que fueran Los hijos de los días?
–No lo podría explicar porque era algo que ocurría. Yo camino las ideas; ése es el privilegio que tenemos los montevideanos: vivir en una ciudad caminable. Puedo pasarme horas caminando siempre a la orilla del agua y las palabras caminan dentro de mí y van creciendo. Ese caminar influyó mucho sobre mi modo de escribir.

–Así se entiende por qué leer sus libros es leer Uruguay…
–La ventaja que tiene este país, es que es muy abierto y eso hace que yo mismo tenga una cultura muy diversa dentro de mí, sobre todo por mis andares latinoamericanos que fueron los que más me marcaron. Pero después hay un redescubrimiento del mundo en el que siento que se me abrió el corazón y se me amplió la razón. Esto de que nada de lo que ocurre en el mundo me es ajeno. Eso me multiplicó los mapas y los tiempos y me dio la capacidad de locura necesaria para meterme con cualquier tiempo del mundo y con cualquier mapa. Eran cosas que yo vivía o leía o me las contaban. Escuchaba y pensaba cómo lograr que esa baldosita que había nacido dentro de mí haber se entendiera con otras baldositas para formar el mosaico. Los libros son eso: mosaicos de pequeñas baldositas.

–Voces de muchos que usted galeaniza mientras camina Montevideo…
–Pero poniéndome en un segundo plano, como alguien que escucha y transmite. Muestro e intento abrir oídos de lectores para ofrecerles voces que no conocen o que valdría la pena que conocieran. Claro que no es una antología de toda esa gente, son textos míos donde cuento cosas que le han pasado a otros y me parecen dignas de ser contadas. Estoy allí, y supongo que es por la identidad que uno siente con las cosas que más lo golpean o que más hondamente le llegan. Es el modo de saludarse de los indígenas mayas, justamente, que cuando se cruzan se dicen “yo soy tú y tú eres yo”. Uno es el resultado de las muchas cosas que va aprendiendo a lo largo del camino y también de todo lo que va rechazando. Es el legítimo derecho a incorporar y también el legítimo derecho a decir esto no es lo mío, no me gusta, yo no quiero vivir así. Yo no quiero vivir para ser más que los otros o para tener más que los otros como enseñan las reglas actuales, esas consignas bobas de los valores del mercado que son el precio de cada persona y el precio de cada país. Lo está viviendo Europa. Acabo de leer una estadística que dice que los suicidios en Grecia en el último año crecieron un 40%. Eso revela hasta dónde es trágico el programa único de gobierno al que estamos sometidos los habitantes de este planeta que ahora está en manos de los magos de las finanzas, de gente que nos enseña a vivir para morir y a no compartir la vida. Pocas veces el mundo ha sido sometido a un sistema tan universal. Ahora es el imperio global de las altas finanzas que gobiernan el mundo y que te enseñan a ser mercancía y a tratar a los demás como mercancía.

–Además, hasta no hace mucho, Europa era intocable. Para eso estaban Asia, África, América. Ahora, ellos mismos empezaron a caer.

–Están envenenando todo, el aire, el agua, la tierra y el alma. No sé a qué planeta se piensan ir los que mandan, los amos del mundo. No hay que someterse a esta especie de dictadura universal del miedo que es la que estamos padeciendo, ese miedo visible a veces y a veces invisible. Vivimos bajo un sistema universal de poder que quiere convencernos de que el prójimo es nuestro enemigo, que el otro no es nunca una promesa sino una amenaza. Los medios de comunicación, que mucho han contribuido a esto, tienen un poder de irradiación impresionante o que se nota más que antes. Y enseñan el miedo, enseñan que hay que desconfiar todo el tiempo. Éste es un mundo inseguro, pero no como lo pintan los medios, sino porque el propio sistema trabaja para multiplicar la inseguridad y para generarla. El sistema genera miedo: miedos que nacen de la propia dinámica del sistema en el cual el ser humano ha desaparecido como factor. Sólo servimos como numeritos, cuántos somos, cuántos quedamos, a cuántos van a comprar, cuántos van a quedar afuera. No es un mundo muy cautivante, muy estimulante éste que estamos habitando, pero no es el único mundo posible. Hay muchos munditos que están queriendo nacer en la barriga del mundo que padecemos.

Eduardo Galeano: “No vale la pena vivir para ganar, vale la pena vivir para seguir tu conciencia”

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El escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano, estuvo de visita en Barcelona para recibir el premio Manuel Vásquez Montalbán. En esta entrevista, conversa, entre otros temas, sobre el movimiento 15M en España y el “gobierno mundial” que ejercen los organismos financieros internacionales.
http://connuestraamerica.blogspot.com/2011/05/eduardo-galeano-no-vale-la-pena-vivir.html

 

Galeano: “La independencia es todavía una tarea por hacer”

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En esta entrevista especial para la cadena latinoamericana Telesur, el periodista y escritor uruguayo, Eduardo Galeano, afirma que lo que se vive en el mundo árabe es “una hermosa llamarada de libertad” y reitera que la independencia de América Latina “es todavía una tarea por hacer”.

Primera parte: “Las venas abiertas de América Latina” fue un puerto de partida.

Segunda parte: La independencia es todavía una tarea por hacer

Tercera parte: Un abrazo de muchos abrazos

La droga como mercancía–NArcotráfico y capitalismo//reflexionando con Eduardo Galeano‏

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Much@s nos preguntamos frente al dolor de tantas muertes provocadas por “la guerra de Calderón contra el narco” cómo solucionar el problema del narcotráfico en México.
No hay una sola respuesta.
Pero coincidimos en que tendremos que cambiar el sistema mundo capitalista, porque como bien dice don Eduardo Galeano, la solución al problema del narcotráfico implica un cambio de mirada al problema en sí mismo.
Implica la transformación de la sociedad desde su raíz, es decir, un cambio de modo de estar en el mundo y de pensar-nos, de enfrentar los problemas comunes.
En una sociedad donde el centro de la vida es la ganancia, no importa qué negocios se hagan.  No importa vender muebles, vender droga, vender guerra, vender muerte. Importa vender y ganar.
Para evitar el narcotráfico no es suficiente la legalización de la venta de drogas como algunos proponen, pero es una forma de empezar a cambiar.
Fiscalizar estos negocios de la oligarquía transnacional obligaría a los bancos a rendir cuentas ante la sociedad por sus negocios con el dinero del narcotráfico. Obligaría a los señores del dinero a decir de dónde vienen sus millonarias ganancias y cuántos muertos  provoca la droga (los que la  venden y los que la consumen y las muertes “colaterales” en las calles por la lucha contra el narco, muertes que en México ya suman más de 30,000 personas), los obligaría a desenmascarar cuánto nos cuesta su boato y su cinismo.

Cecilia Zeledón

Galeano: “La independencia es otro nombre de la dignidad”

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sábado 26 de febrero de 2011

Palabras pronunciadas por Eduardo Galeano el 22 de febrero de 2011, en la ceremonia de entrega de la Medalla 1808, que el jefe de Gobierno de la ciudad de México, Marcelo Ebrard, otorgó al escritor uruguayo.

Eduardo Galeano / LA VENTANA

Quiero dedicar este homenaje a la memoria viva de dos Carlos: Carlos Lenkersdorf y Carlos Monsiváis, amigos muy queridos que ya no están, pero siguen estando.

Y empiezo por decir gracias: Gracias, Marcelo, por este regalo, esta alegría. Te digo gracias en nombre propio y también en nombre de los muchos sureños que jamás olvidarán su gratitud a México, el país de su exilio, refugio de perseguidos en los años de mugre y miedo de nuestras dictaduras militares.

Y quiero subrayar que México merece, por eso y por muchos otros motivos, toda nuestra solidaridad, ahora que esta tierra entrañable está siendo víctima de la hipocresía del narcosistema universal, donde unos ponen la nariz y otros ponen los muertos, y unos declaran la guerra y otros reciben los tiros.

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Este acto generoso me honra por venir de quien viene. La ciudad de México está a la vanguardia en la lucha por los derechos humanos, en un amplio abanico que va desde la diversidad sexual hasta el derecho a respirar, que ya parecía perdido.

Y mucho me honra recibir esta ofrenda, porque mucho tiene de desafío: en nuestros países la independencia plena es todavía, en gran medida, una tarea por hacer, que nos convoca cada día. LEA EL TEXTO COMPLETO DEL DISCURSO AQUI…

 

Publicado por Con Nuestra América

México, víctima de la hipocresía del norcosistema universal: Galeano

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Entrega Ebrard al escritor uruguayo diploma de honor y la Medalla 1808

La ayuda del norte ha sembrado al mundo de dictaduras militares, advierte

Foto

Los escritores Elena Poniatowska y Eduardo Galeano, luego de la ceremonia en que el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, entregó al uruguayo un diploma de honor y la Medalla 1808Foto Francisco Olvera
Ericka Montaño Garfias
Periódico La Jornada
Miércoles 23 de febrero de 2011, p. 14

Eduardo Galeano en México. El escritor uruguayo recibió este martes el diploma de honor y la Medalla 1808 como reconocimiento a su trayectoria, en una ceremonia realizada en el antiguo Palacio del Ayuntamiento.

Durante su discurso, Galeano agradeció a México y manifestó su solidaridad con el país “ahora que esta tierra entrañable está siendo víctima de la hipocresía del narcosistema universal, donde unos ponen la nariz y otros los muertos, y unos declaran la guerra y otros reciben los tiros.

“Y en estas horas duras, México está recibiendo veladas amenazas del gran hermano del norte que parece que quiere venir a salvar a este país de la violencia y del caos, y eso corresponde a la tradición mesiánica del hermano del norte que a lo largo de casi toda su vida independiente se ha consagrado a esa tarea, al parecer encomendada por Dios, de salvar a los países que necesitan su ayuda. Me parece muy peligroso, porque en la experiencia esa ayuda ha sembrado al mundo de dictaduras militares, ha convertido a Irak en un manicomio y está convirtiendo a Afganistán en un vasto cementerio.

“A mí –dijo– me parecen peligrosos todos los mesianismos, tengan el color político que tengan y provengan de la religión de donde provengan. El único mesianismo que no parece peligroso es el mesianismo de Lionel Messi, el mejor jugador de futbol del mundo.”

Antes de la ceremonia, donde recibió la medalla de manos del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, y a la que asistiero los escritores Elena Poniatowska y Jaime Labastida, entre otros, el autor de Las venas abiertas de América Latina se reunió con la prensa, donde habló de los sucesos de los días recientes en Medio Oriente, el narcotráfico, su voto en favor de la legalización de las drogas como única salida al problema, tema que ha sido una constante en sus entrevistas recientes.

Lo que ocurre en Medio Oriente “es una explosión de furia colectiva, con un poder de contagio realmente asombroso, y me parece maravilloso que ocurra, como un hermoso fuego que se está propagando en dirección a la democracia de verdad, no a la democracia que dice ser democracia, pero que es ‘cracia’ nada más: es poder nada más, y de ‘demos’, de pueblo, no tiene nada. Si tiene una verdadera dirección y va hacia la libertad, son aspiraciones legítimas y difíciles de contradecir, pero que chocan contra estructuras de poder muy sólidas, alimentadas por años y años”, dijo el ensayista, quien en ese momento estuvo acompañado por la productora Bertha Navarro y Alejandra Moreno Toscano, la autoridad del fideicomiso del Centro Histórico.

En América Latina, en tanto –continuó–, estamos asistiendo a una especie de brote, de rebrote, de las energías lindas, de creación, que parecían agotadas, ya muy cansadas y que están volviendo a nacer. Una voluntad de cambio que se expresa de distintas maneras.

Las personas a la larga se cansan de ser nadie dentro de esos regímenes que los convierten en un montón de nadies, y entonces surgen, como ha ocurrido en América Latina, movimientos interesantísimos, como los de Venezuela y Bolivia.

Tema inevitable durante la conferencia de prensa, el del narcotráfico. Dijo el autor de Memoria del fuego: “El narcotráfico hoy por hoy está logrando que algunos estados se conviertan en narcoestados, donde el Estado ha desaparecido o ha renunciado a buena parte de sus funciones más importantes como gestor del poder público, para convertirse nada más que en verdugo y policía de la población, y ese lugar vacío lo ocupan, en algunos países, los narcos, que son los que están consagrados al negocio más lucrativo del mundo; creo que esta es una gran fiesta de la hipocresía universal también, que no viene ahora, sino de los muy viejos tiempos”, y recordó a la reina Victoria, quien era una narcotraficante que quería llevar a China las drogas que producía en India.

Ahora, ¿en qué cambió?, si el principal proveedor de heroína del mundo es Afganistán, que produce casi toda la heroína que se consume en el mundo, y resulta que es un país ocupado, pero según la legislación internacional, el país ocupante es responsable de lo que ocurre en el ocupado; entonces, algo tendrá que ver esa nación ocupante con el tráfico de drogas que ocurre ante sus ojos y a cargo de su gente, de todos estos señores de la guerra que ponen y sacan del poder. Es pura hipocresía también porque el tema de la droga remite a un punto central, que es el consumo, donde se consume la mayor parte de la droga que se produce en el mundo, y es justamente en el país del norte, que es el campeón de la guerra contra la droga.

Y repite la pregunta ¿Por qué será que la droga no se legaliza?, si basta ver lo que ocurrió con la ley seca en Estados Unidos, donde Al Capone hizo su fortuna vendiendo el alcohol que estaba prohibido. La droga es el más jugoso de todos los negocios, que sobre todo brinda fortunas a los grandes bancos del mundo, que son los especialistas en las operaciones invisibles, en la borratina de las huellas, y a una larga lista de intermediarios que se enriquecen y tiene mucho poder político. A la droga habría que legalizarla de una vez, no por un país aislado, sino un grupo de países; tendríamos que ponernos de acuerdo para legalizarla y para que esto implique un control médico sobre la población en general, no veo otra salida.

Asimismo, hizo un reconocimiento a la periodista Carmen Aristegui y llamó a no pecar nunca contra la esperanza, recomendación que le hizo su amigo Carlos Quijano, fundador de la revista Marcha. Sería bueno que los políticos y los periodistas tuvieran esa frase escrita con letras grandes. No hay que pecar contra la esperanza colectiva.

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