San Francisco, Mubarak y la libertad de expresión

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viernes 19 de agosto de 2011

 

Amy Goodman (DEMOCRACY NOW!)

¿Qué tienen en común el asesinato por parte de la policía de un hombre sin techo en San Francisco y los levantamientos populares de la Primavera árabe, de Túnez a Siria?: el intento de eliminar las protestas que siguieron a esos acontecimientos. En este mundo digitalizado, la libertad de comunicación es visualizada cada vez más como un derecho fundamental. La comunicación abierta provoca revoluciones y puede derrocar dictadores. Cuando los gobiernos temen al poder del pueblo, reprimen, intimidan e intentan silenciarlo, ya sea en la Plaza Tahrir o en el centro de San Francisco.

Charles Blair Hill murió el 3 de julio tras recibir un disparo del policía James Crowell en la estación Centro Cívico del sistema de transporte público de la ciudad de San Fransisco, conocido como BART. Aparentemente, la policía del BART habría respondido a llamadas de denuncia acerca de un hombre ebrio en la plataforma de trenes subterráneos. Según la policía, Hill les lanzó una botella de vodka a los dos oficiales y luego los amenazó con un cuchillo, momento en el cual Crowell le disparó. Hill murió en el hospital.
El asesinato de Hill provocó de inmediato fuertes protestas en contra de la policía del BART, similares a las que siguieron al asesinato de Oscar Grant por parte del mismo cuerpo policial el día de Año Nuevo de 2009. Grant estaba esposado, con la cabeza contra el piso en una plataforma del subterráneo. Un policía lo tenía agarrado cuando otro oficial le disparó a quemarropa por la espalda y lo mató. El incidente fue filmado por al menos dos teléfonos celulares. El oficial del BART que le disparó, Johannes Mehserle, cumplió una condena de apenas poco más de siete meses de prisión por el asesinato.
El 11 de julio, una masiva protesta interrumpió el servicio en la estación del Centro Cívico de la ciudad de San Francisco. Cuando estaba por tener lugar otra gran protesta el 11 de agosto, la policía del BART tomó una medida sin precedentes en la historia de Estados Unidos: inhabilitó el servicio de telefonía celular dentro del sistema de trenes subterráneos.
“Sin duda lo que sucedió en San Francisco sienta un terrible precedente. Es el primer incidente conocido en que el gobierno inhabilita una red de telefonía celular para impedir que la gente participe en protestas políticas”, me dijo Catherine Crump, de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés). “Todos dependemos de las redes de telefonía celular. La gente las utiliza para todo tipo de comunicación que no tiene nada que ver con una protesta. Y esta es realmente una reacción excesiva y exagerada de la policía”.
El corte del servicio de celulares fue defendido por las autoridades del BART, que afirmaron que fue realizado para proteger la seguridad pública. Las reacciones de activistas por la libertad de expresión en todo el mundo no se hicieron esperar. Quienes se oponen a la censura que efectuó el BART comenzaron a utilizar la etiqueta #muBARTak en Twitter para vincular el incidente a lo sucedido en Egipto.
Cuando el sitiado dictador egipcio Hosni Mubarak interrumpió el servicio de telefonía celular e Internet, los manifestantes que se encontraban en la Plaza Tahrir idearon nuevas formas de hacer circular las noticias sobre lo que estaba sucediendo. Un grupo activista denominado Telecomix, una organización de voluntarios que apoya la libertad de expresión y aboga por una Internet libre y abierta, habilitó 300 cuentas de Internet a través de telefonía fija y mediante conexión dial up que permitió a militantes y periodistas egipcios tener acceso a Internet para publicar tweets, fotos y videos de la revolución.
“En Túnez, Egipto, Libia y Siria estuvimos muy activos para tratar de mantener Internet en funcionamiento a pesar de los enormes esfuerzos de los gobiernos por interrumpir el servicio.”, me dijo Peter Fein, activista de Telecomix. “Telecomix cree que la mejor forma de apoyar la libertad de expresión y la libre comunicación es mediante la construcción de herramientas que podamos utilizar para proveernos de esos derechos, en lugar de esperar a que los gobiernos los respeten”.
Así como los grupos de activismo hacker (popularmente conocido como ‘hacktivismo’) apoyan revoluciones en el extranjero, pueden ayudar a movimientos de protesta también en Estados Unidos. Como represalia ante la inhabilitación de los celulares llevada a cabo por el BART, un colectivo de hackers decentralizado llamado Anonymous hackeó su sitio web. En una jugada controvertida, Anonymous también publicó información acerca de más de 2.000 pasajeros del BART para dejar en evidencia las lamentables normas de seguridad informática de este servicio.
El cuerpo de policía del BART dice que el FBI está investigando el ataque de Anonymous. Entrevisté a un miembro de Anonymous que se hace llamar “Comandante X” en Democracy Now! Su voz fue distorsionada para proteger su anonimato. Me dijo por teléfono: “Una pequeña organización como BART mata a gente inocente, dos o tres personas en los últimos años, y luego tiene el tupé de además cortar el servicio de celulares y actuar igual que un dictador en Medio Oriente. ¿Cómo se atreven a hacer esto en Estados Unidos de América?”.
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now!

“EEUU sigue en Egipto su libreto habitual”

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Noam Chomsky:

En las últimas semanas, los levantamientos populares en el mundo árabe lograron la salida del dictador tunecino Zine El Abidine Ben Alí, la inminente caída del régimen de Hosni Mubarak, un nuevo gobierno en Jordania y el compromiso del dictador yemení de dejar el poder cuando termine su mandato. El profesor Noam Chomsky analizó qué significa esto para el futuro de Medio Oriente y la política exterior de Estados Unidos para la región.

-¿Cuál es su análisis de lo que está sucediendo y cómo puede repercutir en Medio Oriente?

-En primer lugar, lo que está pasando es espectacular. El coraje, la determinación y el compromiso de los manifestantes son destacables. Y, pase lo que pase, éstos son momentos que no se van a olvidar y que seguramente van a tener consecuencias a posteriori: abrumaron a la policía, tomaron la plaza Tahrir y se están quedando allí a pesar de los grupos mafiosos de Mubarak. El gobierno organizó esas bandas para tratar de expulsar a los manifestantes o para generar una situación en la que el ejército pueda decir que tuvo que intervenir para restaurar el orden y después, quizás, instalar algún gobierno militar. Es muy difícil predecir lo que va a pasar.

Los Estados Unidos están siguiendo su libreto habitual. Ha habido muchas veces en las que un dictador “cercano” perdió el control o estuvo en peligro de hacerlo. Hay como una rutina estándar: seguir apoyándolo tanto tiempo como se pueda; cuando se vuelva insostenible -especialmente, si el ejército se cambia de bando-, dar un giro de 180 grados y decir que siempre estuvieron del lado de la gente, borrar el pasado y después hacer todas las maniobras necesarias para restaurar el viejo sistema pero con un nuevo nombre. Presumo que eso es lo que está pasando ahora. Están viendo si Mubarak se puede quedar. Si no aguanta, pondrán en práctica el libreto.

-¿Qué opina de la apelación de Obama a que se inicie ya la transición en Egipto?

-Cuidadosamente, Obama no dijo nada. Mubarak también estaría de acuerdo con que debe haber una transición ordenada. Un nuevo gabinete, algunos arreglos menores en el orden constitucional no es nada. Está haciendo lo que los líderes norteamericanos generalmente hacen.

Los Estados Unidos tienen un poder abrumador allí. Egipto es el segundo país que más ayuda militar y económica recibe de Washington. Israel está en primer lugar. El mismo Obama se mostró muy a favor de Mubarak. En el famoso discurso en El Cairo, el presidente estadounidense dijo: “Mubarak es un buen hombre. Ha hecho cosas buenas. Mantuvo la estabilidad. Seguiremos apoyándolo porque es un amigo”.

Mubarak es uno de los dictadores más brutales del mundo. No sé cómo después de esto alguien pudo haberse tomado en serio los comentarios de Obama sobre los derechos humanos. Pero el apoyo ha sido muy grande. Los aviones que están sobrevolando la plaza Tahrir son por supuesto estadounidenses. EE.UU. es el principal sostén del régimen egipcio. No es como en Túnez, donde el principal apoyo era Francia. Los Estados Unidos son los principales culpables en Egipto y también Israel, que junto con Arabia Saudita fueron los que prestaron apoyo al régimen cairota. De hecho, los israelíes estaban furiosos porque Obama no sostuvo más firmemente a su amigo Mubarak.

-¿Qué significan todas estas revueltas en el mundo árabe?

-Este es el levantamiento regional más sorprendente que puedo recordar. A veces, lo comparan con Europa del Este, pero no es contrastable. Nadie sabe a lo que llevarán estos levantamientos. Los problemas por los que los manifestantes protestan son de larga data y no se van a resolver fácilmente. Hay una pobreza tremenda, represión, una falta de democracia y también de desarrollo. Egipto y otros países de la región recién pasaron por el período neoliberal, que trajo crecimiento en los papeles junto con las consecuencias habituales: una alta concentración de la riqueza y de los privilegios, un empobrecimiento y una parálisis de la mayoría de la población. Y eso no se cambia fácilmente.

-¿Cree que hay alguna relación directa entre estos levantamientos y las filtraciones de Wikileaks?

-En realidad, la cuestión es que Wikileaks no nos dijo nada nuevo. Nos dio la confirmación para nuestras razonables conjeturas.

-¿Qué pasará con Jordania?

-En Jordania, recién cambiaron al primer ministro. Fue reemplazado por un ex general que parece ser moderadamente popular, o al menos no es tan odiado por la población. Pero esencialmente no cambió nada.

* De Democracy Now. Especial para Página/12.

Fuente: http://www.cubadebate.cu/noticias/2011/02/06/noam-chomsky-eeuu-sigue-en-egipto-su-libreto-habitual/

Amy Goodman

Internet, radio y televisión fueron claves en la revuelta árabe

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Egipto y el peso de la tecnología
Foto

Una mujer con velo mira hacia la mezquita de Moustafa Mahmoud en el distrito Mohandiseen, en El Cairo. Miles de seguidores del ex presidente Hosni Mubarak salieron a las calles para expresar su consternación por la dimisiónFoto Reuters
Rodrigo Hernández
Periódico La Jornada
Sábado 19 de febrero de 2011, p. 6

El Cairo. Agarrados del brazo, dos militares nos subieron a un furgón blindado con hombres armados en su interior. Estos nos taparon los ojos, arrancaron el coche y nos dijeron welcome to Egpypt. Habíamos pasado ya varias horas sentados en el suelo respondiendo preguntas a diversos miembros del ejército, pero creo que Álvaro, mi compañero de viaje en El Cairo, y yo, no llegamos a sentir miedo hasta que pusimos rumbo en aquel vehículo hacia lo que luego descubrimos era un cuartel de la policía secreta. Pasados los días, creo que el hecho de poner su arma en mis piernas, los gritos y las preguntas del interrogatorio al que nos sometieron después no tenían otra razón más que la de intimidarnos.

Habían pasado dos semanas desde que el pueblo egipcio había decidido buscar en las calles lo que nunca le dieron en las urnas, y la policía del país, cada vez más acorralada por la situación, buscaba la salida de los representantes de los medios de comunicación a los que culpaban en parte de su derrota.

Las señales de radio y televisión de todo el mundo llegan hasta los hogares egipcios gracias a grandes antenas colocadas en las azoteas de los edificios. La antigüedad de la mayor parte de las casas en el centro de El Cairo, sumado al deterioro de sus infraestructuras, hace que muchas construcciones corran el riesgo de venirse abajo por el peso de la tecnología. Un símbolo de lo que ha sucedido en el país durante el último mes.

Muchos hablan de la revolución de las redes sociales, pero sin gente que las utilice no hay movimiento. Además, Internet lo usamos los jóvenes, pero muchos de los que salen a la calle sólo ven la televisión comenta Ettore, uno de los muchos estudiantes italianos que se encontraban en la ciudad cuando empezó la revuelta y que decidió no abandonar Egipto. Era realmente emocionante, porque las familias pasaron de juntarse a ver la novela a motivarse viendo las noticias sobre lo que pasaba en cada momento en su propia calle.

El despliegue realizado por Al Jazeera o Al Arabiya fue apoyado por muchos vecinos que abrían sus propios balcones para dejar a sus equipos grabar. Como en muchos gobiernos aquí se utilizaba el pan y circo acompañado de un cierto grado de represión, reflexiona un profesor de la Universidad de El Cairo, quien prefiere mantenerse en el anonimato. Pero nosotros dejamos de tener dinero para comprar el pan y en el circo nos dijeron que debíamos dejar a un lado el miedo.

Llegados a un proceso distinto de la resistencia callejera, son muchos los egipcios que piden más lejanía a los medios para tomar sus decisiones.

Leo un periódico estadunidense y se preguntan cómo deben intervenir ahora en Egipto. Bastante intervinieron Bush y compañía para acabar dejando el mundo patas arriba dice Shareef Rahim, un abogado que tampoco quiere oir hablar de la influencia de países como Irán o Arabia Saudí. Los que deberían estar realmente preocupados son los gobiernos cercanos a todos estos dictadores. Ahora el mundo conoce quién nos dirige y pronto sabrán quiénes siguen siendo amigos de los que pisaban a su pueblo.’

Democracia directa

El debate ante la creación de partidos y la apertura hacia nuevas corrientes políticas también se desarrolla en las calles egipcias. En pequeñas mesas puestas en mitad de la acera con espacio para sujetar las famosas shishas o pipas de agua, de las que fuman muchos de ellos, se pueden ver abuelos jugando al backgammon, mezclándose con jóvenes que abren sus portátiles con conexión inalámbrica.

Aunque las primeras reacciones de muchos resultaban desalentadoras hacia la dificultad de compenetrar fuerzas en este proceso, sobre todo después de la capacidad de unión conseguida en el pasado, lo cierto es que las redes sociales continúan presentando imprevisibles avances.

Mohamad, uno de los chicos que durante días se dedicó a subir videos a Facebook y Twitter sobre la represión que sufrían, se muestra ahora entusiasmado con el siguiente paso. Estamos intentando crear páginas donde poder recoger opiniones de miles de manifestantes que durante días lucharon en las plazas. También hemos creado encuestas y diversos apartados para conocer el alcance de las reformas planteadas. Todos los resultados los queremos pasar a nuestros compañeros que tienen conversaciones directas con el ejército y los grupos políticos. De esta manera crearemos puentes entre lo que se discute en los despachos y la opinión de la gente que llevó esta revolución a cabo.

Esta muestra de democracia directa planteada por muchos jóvenes se interpone de momento con el descontento de grandes sectores en el país, porque un enorme contingente continúa en la calle demandando la desaparición de todos los componentes del gobierno de Mubarak, mientras otros exigen conseguir unas prestaciones dignas en sus trabajos, realizando huelgas que, por primera vez, se producen bajo un margen semilegal.

El ejército por su parte insiste en regresar a la normalidad. Algo que divide a los propios estamentos militares, porque gran parte de los soldados rasos provienen del sector más humilde de la sociedad egipcia, mientras que almirantes, generales o el mismo Mohammed Hussein Tantawi, antiguo ministro de Defensa y actual encargado de llevar a cabo la transición del país, se han visto beneficiados por exensiones fiscales, compra de terrenos públicos en excelentes condiciones o libertad para actuar por encima del Parlamento.

Una realidad económica que siguen sufriendo millones de egipcios, los cuales deberán esperar mucho tiempo para observar los verdaderos efectos de lo acontecido en su país. Omar, por ejemplo, ha tenido cerrado su negocio durante más de 20 días, algo que afecta directamente a su familia teniendo en cuenta que acaba de ser padre de unos gemelos. Puede que no tenga dinero en este momento, pero mis mellizos son hijos de una revolución y estoy feliz por el futuro que les espera, dice sonriendo mientras ve la televisión.

Su primo se acerca sonriendo, ¿saben qué anda diciendo Mubarak al resto de presidentes árabes? nos pregunta con tono irónico repitiendo un chiste que se cuenta en las calles de El Cairo: Son demasiado ilusos y demasiado jóvenes para entender lo que es ser un dictador.

El horizonte emancipador

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sábado 19 de febrero de 2011

Que en los países árabes ondeen las banderas del Che Guevara en medio de policías y barricadas; que su pensamiento –síntesis del ideal libertador latinoamericano-, su utopía y el inquebrantable ejemplo de consecuencia que fue su vida, todavía tenga algo que decirle a los pueblos, en estos tiempos de crisis y desencantos, es un hermoso signo de esperanza para los pobres y condenados de la tierra.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

(Fotografía: Manifestantes libaneses frente a la embajada de Egipto, en apoyo a la insurrección popular).

Mientras las rebeliones populares cambian dramáticamente el panorama estratégico del Medio Oriente, y conmueven el orden hegemónico de las potencias occidentales imperante allí desde hace al menos medio siglo, a este lado del mundo, con menos difusión mediática, los Estados Unidos refuerzan el eje de seguridad nacional –control geopolítico y económico- de su política exterior hacia América Latina.

En México y Centroamérica esto ha sido evidente en las últimas semanas, en particular, con el aumento del tono de la retórica injerencista de los funcionarios de la Casa Blanca –zapadores de la intervención real- y el entusiasmo bélico de las élites políticas regionales, que recibieron efusivamente el anuncio del Plan Centroamérica contra el narcotráfico –sombrero del Plan Colombia y la Iniciativa Mérida-.

Para Washington, se trata de la reafirmación imperial en su zona de influencia; para los gobiernos centroamericanos, es la apuesta por la seguridad para sostener un modelo de sociedad excluyente e injusto.

En un escenario como este, en el que la resignación ciudadana se convierte en estandarte de los eternizadores del status quo, tiene más sentido que nunca preguntarse por el futuro de América Latina y los peligros que enfrenta nuestra región, y pensar en sus alternativas desde un horizonte emancipador.

En La Habana, con motivo de la Feria Internacional del Libro, muchos intelectuales latinoamericanos, hombres y mujeres, han discutido sobre este tema y señalado vías para emprender este necesario ejercicio de imaginación política: unos insistieron en hacer de la cultura una guía para la liberación del individuo y de los pueblos; otros, apuntaron a la importancia de recuperar el protagonismo de los movimientos sociales, que hace una década empezaron a cambiar el rostro de una región hasta entonces condenada a la vocación de felpudo, como dice Eduardo Galeano; algunos más, centraron sus reflexiones en la necesidad de profundizar los procesos de cambio en América del Sur, y al mismo tiempo, acelerar la unidad y la integración latinoamericana. Y Fidel Castro, el histórico líder de la Revolución Cubana, en una nueva aparición pública alzó su voz para instar a una misión mayor: salvar a la humanidad de la doble amenaza de la guerra nuclear y el cambio climático. Son valiosos puntos de partida.

Desde nuestra perspectiva, pensar en los caminos posibles de la segunda emancipación de nuestra América supone reconocer que la tarea iniciada en 1810, solamente desató las fuerzas que aún hoy, en el siglo XXI, requieren ser encauzadas hacia la construcción de naciones socialmente justas, democráticas, capaces de trascender el egoísmo, la lógica de la exclusion, la compulsión consumista y los destructivos modos de producción del capitalismo depredador.

Tal búsqueda, como sostiene el filósofo Enrique Dussel, debería concretarse en una política y una cultura de la liberación, nutrida de la trayectoria descolonizadora latinoamericana: esa que entronca las corrientes de pensamiento y acción política de, por ejemplo, José Martí con José Carlos Mariategui, y del “farabundismo” de los años 1930 con la Revolución Cubana de 1959; que se proyecta en la experiencia de la Unidad Popular de Salvador Allende, en la Revolución Sandinista (que supo interpretar positivamente “la cultura popular y su religiosidad”), en el zapatismo y el EZLN (“con una nueva concepción de las culturas ancestrales del continente”), y que encuentra una de sus últimas expresiones en la reacción contra el neoliberalismo desde la que germinan la Revolución Bolivariana, las rebeliones populares y los nuevos liderazgos políticos de la última década, “experimentando cada vez más la complejidad cultural de los de abajo[1].

Es decir, se trata de una política y una cultura de la liberación cuyo protagonista sea, una vez más, el “pueblo concreto, histórico, oprimido y excluido”, y que comprenda el sentido profundo de lo popular: “la medula histórica del pensamiento radical en nuestro continente político cultural”[2].

Que en los países árabes ondeen las banderas del Che Guevara en medio de policías y barricadas; que su pensamiento –síntesis del ideal libertador latinoamericano-, su utopía y el inquebrantable ejemplo de consecuencia que fue su vida, todavía tenga algo que decirle a los pueblos, en estos tiempos de crisis y desencantos, es un hermoso signo de esperanza para los pobres y condenados de la tierra. Un signo que lleva la tradición de lucha y liberación a todos los rincones del mundo: especialmente allí donde, como en nuestra América, la emancipación permanence como un proyecto de futuro abierto.


NOTAS:

[1] Dussel, Enrique (2007). Política de la liberación. Historia mundial y crítica. Madrid: Editorial Trotta. Pp. 483-485.

[2] Idem, pp. 483.

Moros y cristianos (Parte I y II)

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Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Resulta fascinante explorar las zonas del saber que permiten conocer por qué, aunque genéticamente homogénea, la humanidad es culturalmente diversa y comprender las razones de que, aun cuando ninguno es más inteligente, capaz o laborioso que otros, existan pueblos ricos y pobres. La buena noticia es que aunque la opresión dure mucho tiempo, jamás será eterna y aunque puede retardar el progreso, no lo suprime. Al respecto el despertar de los pueblos árabes que sacuden siglos de opresión es como una buena nueva.

Como fruto de dilatados procesos históricos y por su libre albedrio, sin injerencias humanas ni divinas, sin conocerse unos a otros y sin relacionarse, durante la mayor parte de su existencia, los pueblos y las civilizaciones avanzaron de modo paralelo. El encuentro entre las civilizaciones, de Oriente y Occidente, África y América, fueron los mayores sucesos culturales en toda la historia; también las más grandes tragedias humanas.
Ya sea que tengan razón el Génesis o Darwin; creado o evolucionado, las criaturas originales por las cuales comenzó la historia, no eran buenas ni malas, ateas o religiosas, capitalistas o socialistas y, por supuesto, no eran cristianas ni musulmanas. Hecho por Dios a su imagen o semejanza, o resultado de la evolución natural, el primer hombre y la primera mujer recuerdan a un boceto a partir del cual la humanidad se hizo a sí misma. El bien y el mal no son resultados de la mutación de las especies ni obra de la Providencia, sino invenciones humanas con explicaciones mundanas.
Después de vivir durante millones de años separados y aislados por océanos, mares, desiertos, montañas o glaciares, al encontrarse los pueblos descubrieron que eran esencialmente idénticos y que todos, por sus propios caminos, habían hecho exactamente lo mismo: atribuyeron significados a los sonidos y crearon las diferentes lenguas y con el tiempo, todos aprendieron a dibujar las palabras e inventaron la escritura, premisa para la literatura, el arte y la historia escrita. La humanidad creo así su memoria y con la cultura adquirió trascendencia.
Unos antes y otros después, todos los pueblos dominaron el fuego, usaron ruedas y palancas y sin que nadie se lo impusiera, descubrieron o creyeron descubrir la existencia de una voluntad preexistente que identificaron con el Dios que los había creado. Para honrar a sus dioses y conjurar sus demonios compusieron cantos y alabanzas y con las ciencias, la música y las artes se reinventaron a sí mismos y se dotaron de sentimientos a los que llamaron: amor, pasión, ira o deseo; lamentablemente también parieron la codicia, el odio y la envidia. Como quiera que haya surgido la conciencia y la espiritualidad, hacen al hombre la criatura que es.
El potencial civilizatorio inherente a la especie humana se basa, entre otras cosas, en una innata propensión a lo gregario, a la asociación y la cooperación. Para engendra la vida es preciso que hombres y mujeres se junten. La existencia humana surge de la cooperación y de la asociación. Para que aquello que ahora llamamos socialización se desplegara, se necesitaron también de las jerarquías sociales, el poder, el Estado, la autoridad y las reglas para vivir en sociedad; así aparecieron las leyes y los derechos.
La historia económica y social y los anales de la tecnología, explican cómo y por qué unos pueblos favorecidos por condiciones geográficas excelentes, climas benignos, suelos suaves y fértiles, abundancia de agua y energía de fácil acceso, desarrollaron la economía y avanzaron más rápidamente; esas condiciones y no ninguna predestinación ni predisposición genética especial explican el despegue y la precedencia de Europa.
A estas alturas del proceso civilizatorio son difíciles de percibir las ventajas que para Europa representaron los climas suaves y templados, los suelos fértiles y fáciles de arar, la abundancia de agua, los bosques, la leña y el carbón que permitieron las concentración de grandes masas de población en espacios geográficos relativamente pequeños y sobre todo el regalo que significó el mar Mediterráneo.
Del mismo modo que durante millones de años el Atlántico fue una barrera que separó y aisló a los pueblos indoamericanos de Europa, el Mediterráneo fue un camino que comunicó al Viejo Continente con el Levante y Asia, hizo posible que los pueblos europeos aprendieran técnicas y crearan instrumentos de navegación y desde el siglo XV dispusieran de enormes buques con los cuales se lanzaron a una aventura, sólo comparable con el viaje a la luna, aunque con significados prácticos incomparablemente mayores: el descubrimiento del Nuevo Mundo, punto de encuentro de todas las civilizaciones del planeta.
Aunque es probable que algún sabio europeo lo haya dicho antes, fue en una nación del Nuevo Mundo y como parte de una Revolución donde se escribió en una Constitución y se convirtió en precepto la verdad evidente de que: “…Todos los hombres son creados iguales y dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables…” Sin embargo en virtud del colonialismo y la opresión muchos pueblos, durante demasiado tiempo, han sido privados de sus derechos, entre ellos figuran los pueblos árabes.

La historia es larga y el resumen apretado. Mañana cuento más. Allá nos vemos.

PARTE II

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

A diferencia de vanguardias y pueblos que han perdido oportunidades para desarrollar el sistema político y construir democracias genuinas, incluso autóctonas, los árabes y norafricanos nunca las han tenido. En ocasiones y por siglos los impedimentos llegaron de fuera y otros fueron generados desde dentro. En conjunto mediante procesos que abarcan unos mil quinientos años se gestó un perenne anquilosamiento de las estructuras políticas y un conflicto de civilizaciones y visiones todavía vigentes y que ahora, desde Túnez y Egipto puede haber comenzado a dinamizarse.

Comenzado en 1095, a lo largo de más de siglo y medio, los papas y los monarcas europeos lanzaron contra los pueblos del Oriente Medio varias grandes expediciones militares denominadas Cruzadas, con el objetivo declarado de “Acabar con los Infieles” “Liberar la Tierra Santa”, “Recuperar el Santo Sepulcro” y otras excusas ideológicas cuando en realidad eran invasiones militares de ocupación y saqueo.
Las Cruzadas fueron la primera y más grande manifestación de intolerancia religiosa internacional de todos los tiempos y, como se sabe, no fue obra del Islam sino de los papas y de los reyes europeos que, mediante invasiones militares, en nombre de su fe, trataron de suprimir la fe de otros.
Estimulada por aquellas visiones y operaciones, tanto en Europa como en el Oriente Medio, la religiosidad cobró un auge desmesurado y comenzó a desempeñar un papel en la política mundial y en las guerras de conquista que de otro modo no hubiera tenido. Así se gestó la oposición entre el cristianismo y el islam que carece de base teológica y con la cual Cristo y Mahoma nada tuvieron que ver.
Como resultado de aquellas expediciones las tropas europeas ocuparon Anatolia (1097) entonces capital de Turquía y avanzaron sobre Egipto, Siria, Palestina, Líbano y Jerusalén, donde pasaron a cuchillo a la mayor parte de los habitantes, la Primera Cruzada dio lugar al establecimiento de cuatro grandes enclaves cristianos, el más importante el Reino Latino de Jerusalén que duró más de siglo y medio. La respuesta árabe llegó cuarenta años después cuando las huestes musulmanas tomaron varias posiciones cristianas.
Ante la reacción árabe, el papa de turno despachó la Segunda Cruzada (1145) neutralizada por la resistencia islámica. El escenario quedó listo para la entrada en escena de Saladino que en 1169 controló Egipto y en 1187 liquidó el reino Latino de Jerusalén. La degollina quebrantó a la elite militar formada, entre otros, por los Caballeros Templarios y Hospitalarios.
La Tercera Cruzada (1187) a la cual, al llamado del papa Gregorio VIII se sumaron tres reyes europeos: Federico I emperador del Sacro Imperio Germánico, Felipe II de Francia y Ricardo Corazón de León de Inglaterra que, aunque no pudieron reconquistar a Jerusalén, restablecieron el Reino Latino, que se mantuvo otros cien años. La última Cruzada en 1270 se dirigió contra Tunez y finalizó con la muerte del rey francés que la había convocado.
Desde el punto de vista europeo, las Cruzadas fueron un fracaso y para los árabes, si bien reforzaron su unidad, su fe y su identidad, propiciaron deformaciones estructurales asociadas a un crecimiento anómalo del estamento militar, estimularon el caudillismo, acentuando la función política de la fe, lo cual condujo a sistemas políticos teocráticos como fueron el califato y el sultanato. La resistencia a las Cruzadas absorbió las energías y los recursos de la región y significaron siglos perdidos para el desarrollo económico, social y cultural. Con aquellas agresivas expediciones, Europa en nombre de la Cristiandad sembró vientos de opresión e intolerancia religiosa que soplan todavía.
Resistir a Europa y no perecer frente a ella, no constituyó una victoria total de los pueblos islámicos que no pudieron liberarse de ellos mismos. Durante alrededor de 500 años los árabes fueron subyugados; esta vez no por Europa, sino por el Imperio Otomano, que en su época de esplendor abarcó territorios de tres continentes.
Con la derrota de Turquía en la Primera Guerra Mundial, no llegó para los pueblos árabes, del Magreb y el Norte de África la liberación sino que, como parte del nuevo reparto del mundo, cayeron bajo la dominación de Inglaterra y Francia, opresión que no cesó hasta después de la II Guerra Mundial, aunque sus efectos de muchas maneras llegan hasta hoy.
A estas alturas de la exposición es importante acotar que, aunque pagando un alto precio (126 000 muertos) los vencedores en la Primera Guerra Mundial fueron los Estados Unidos, entonces gobernados por Woodrow Wilson, autor de los tratados de Versalles y creador de la Sociedad de Naciones, a quien le interesaba más establecer la hegemonía sobre Europa que colonizar territorios que, una vez completa la expansión territorial, dejó de ser la filosofía norteamericana.
El hecho de que entonces (1918) el petróleo no tuviera la relevancia que adquiriría años después, las reservas del Medio Oriente no fueran totalmente conocidas y Estados Unidos fuera el primer productor y exportador mundial de un producto entonces abundante y que diez años después todavía se vendía a unos 10 centavos el barril, explica por qué Wilson, indiferente frente al destino de los pueblos árabes, dejó hacer a ingleses y franceses que los convirtieron en colonias y protectorados suyos.

Cuando por fin, como resultado de la II Guerra Mundial en la cual Francia fue ocupada por los nazis, Inglaterra quedó exhausta y arruinada y Alemania derrotada, llegó para los pueblos árabes la hora de la descolonización y luego de la liberación nacional; también se particionó a Palestina, creándose a Israel; por esa época comenzó la Guerra Fría, que junto con los graves problemas estructurales internos contribuyeron a nuevas tensiones, estancamientos y reveces y a otras oportunidades perdidas. Mañana les cuento. Allá nos vemos.

Cuba. Reflexiones del compañero Fidel Castro: La rebelión revolucionaria en Egipto

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LUNES 14 DE FEBRERO DE 2011

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Dije hace varios días que la suerte de Mubarak estaba echada y ni siquiera Obama podía salvarlo.

El mundo conoce lo que sucede en el Medio Oriente. Las noticias circulan a velocidad pasmosa. Apenas alcanza el tiempo a los políticos para leer los despachos que van llegando hora por hora. Todos están conscientes de la importancia de lo que allí ocurre.
Tras 18 días de duro batallar, el pueblo egipcio logró un importante objetivo: derrocar al principal aliado de Estados Unidos en el seno de los países árabes. Mubarak oprimía y saqueaba a su propio pueblo, era enemigo de los palestinos y cómplice de Israel, la sexta potencia nuclear del planeta, asociada al grupo belicoso de la OTAN.
Las Fuerzas Armadas de Egipto, bajo la dirección de Gamal Abdel Nasser, habían lanzado por la borda a un Rey sumiso y creado la República que, con el apoyo de la URSS, defendió su Patria de la invasión franco-británica e israelita en 1956, y preservó la posesión del Canal de Suez y la independencia de su milenaria nación.
Egipto poseía por ello elevado prestigio en el Tercer Mundo. Nasser era conocido como uno de los líderes más destacados del Movimiento de Países No Alineados, en cuya creación participó junto a otros conocidos dirigentes de Asia, África y Oceanía que luchaban por la liberación nacional y la independencia política y económica de las antiguas colonias.
Egipto gozó siempre del apoyo y el respeto de dicha organización internacional que agrupa a más de cien países. En este momento, precisamente, ese hermano país preside el Movimiento por el período de tres años que le corresponde; y el apoyo de muchos de sus miembros a la lucha que hoy libra su pueblo no se hará esperar.
¿Qué significaron los Acuerdos de Camp David, y por qué el pueblo heroico de Palestina defiende tan arduamente sus derechos más vitales?
En Camp David -con la mediación del entonces presidente de Estados Unidos Jimmy Carter-, el mandatario de Egipto Anwar el-Sadat y el Primer Ministro israelí Menahem Begin, firmaron los famosos acuerdos entre Egipto e Israel.
Se cuenta que sostuvieron conversaciones secretas durante 12 días, y el 17 de septiembre de 1978 firmaron dos acuerdos importantes: uno referido a la paz entre Egipto e Israel; y otro relacionado con la creación de un territorio autónomo en la Franja de Gaza y Cisjordania, donde el-Sadat pensaba -e Israel conocía y compartía la idea- que sería la sede del Estado palestino, cuya existencia, así como la del Estado de Israel, la Organización de Naciones Unidas acordó el 29 de noviembre de 1947, en el mandato británico de Palestina.
Tras conversaciones arduas y complejas, Israel aceptó retirar sus tropas del territorio egipcio del Sinaí, aunque rechazó categóricamente la participación en aquellas negociaciones de paz de la representación de Palestina.
Como producto del primer acuerdo, en el plazo de un año, Israel reintegró a Egipto el territorio del Sinaí ocupado en una de las guerras árabe-israelíes.
En virtud del segundo, ambas partes se comprometían a negociar la creación del régimen autónomo en Cisjordania y la Franja de Gaza. La primera, comprendía un territorio de 5 640 kilómetros cuadrados y 2,1 millones de habitantes; y la segunda, 360 kilómetros cuadrados y 1,5 millones de habitantes.
Los países árabes se indignaron con aquel acuerdo en que, a su juicio, Egipto no defendió con suficiente energía y firmeza un Estado Palestino, cuyo derecho a existir había sido centro de las luchas libradas durante décadas por los estados árabes.
A tal extremo de indignación llegó la reacción de los mismos, que muchos rompieron relaciones con Egipto. De esa forma, la Resolución de Naciones Unidas de noviembre de 1947, fue borrada del mapa. El ente autónomo jamás se creó y así se privaba a los palestinos del derecho a existir como estado independiente, de lo cual se deriva la interminable tragedia que se vive y que debió resolverse hace más de tres décadas.
La población árabe de Palestina es víctima de acciones genocidas; las tierras les son arrebatadas o privadas de agua en aquellas áreas semidesérticas y las viviendas destruidas con pesados martillos. En la Franja de Gaza, un millón y medio de personas son sistemáticamente atacadas con proyectiles explosivos, fósforo vivo y las conocidas granadas cazabobos. El territorio de la Franja está bloqueado por mar y por tierra. ¿Por qué se habla tanto de los acuerdos de Camp David y no se menciona a Palestina?
Estados Unidos suministra los más modernos y sofisticados armamentos a Israel por valor de miles de millones de dólares cada año. Egipto, un país árabe, fue convertido en el segundo receptor de armas norteamericanas. ¿Para luchar contra quién? ¿Contra otro país árabe? ¿Contra el propio pueblo egipcio?
Cuando la población demandaba respeto a sus derechos más elementales y la renuncia de un presidente cuya política consistía en explotar y saquear a su propio pueblo, las fuerzas represivas entrenadas por Estados Unidos no vacilaron en disparar contra ella, matando cientos de personas e hiriendo a miles.
Cuando el pueblo egipcio esperaba explicaciones del Gobierno de su propio país, las respuestas venían de altos funcionarios de los órganos de inteligencia o del gobierno de Estados Unidos, sin respeto alguno para los funcionarios egipcios.
¿Es que acaso los dirigentes de Estados Unidos y sus órganos de inteligencia no conocían una sola palabra de los colosales robos del gobierno de Mubarak?
Antes de que el pueblo protestara en masa desde la Plaza Tahrir, ni los funcionarios del gobierno, ni los órganos de inteligencia de Estados Unidos decían una sola palabra de los privilegios y robos descarados de miles de millones dólares.
Sería un error imaginar que el movimiento popular revolucionario en Egipto obedece teóricamente a una reacción contra las violaciones a sus derechos más elementales. Los pueblos no desafían la represión y la muerte ni permanecen noches enteras protestando con energía por cuestiones simplemente formales. Lo hacen cuando sus derechos legales y materiales son sacrificados sin piedad a las exigencias insaciables de políticos corruptos y de los círculos nacionales e internacionales que saquean el país.
El índice de pobreza afectaba ya a la inmensa mayoría de un pueblo combativo, joven y patriótico, agredido en su dignidad, su cultura y sus creencias.
¿Cómo podrían conciliarse la elevación imparable de los precios de los alimentos con las decenas de miles de millones de dólares que se atribuyen al presidente Mubarak, y a los sectores privilegiados del gobierno y de la sociedad?
No basta ahora que se conozca a cuánto ascienden, hay que exigir que sean devueltos al país.
Obama está afectado por los acontecimientos egipcios, actúa o parece actuar como dueño del planeta. Lo de Egipto pareciera ser un asunto suyo. No para de hablar por teléfono con los líderes de otros países.
La agencia EFE, por ejemplo, informa: “…habló con el primer ministro británico, David Cameron; el rey Abdalá II de Jordania, y con el primer ministro turco, el islamista moderado Recep Tayyip Erdogan.”
“…el gobernante de EEUU valoró el ‘cambio histórico’ que han impulsado los egipcios y reafirmó su admiración por sus esfuerzos…”.
La principal agencia de información norteamericana AP, transmite razonamientos dignos de atención:
“Estados Unidos solicita gobernantes en el Medio Oriente de inclinación occidental, amistosos con Israel y dispuestos a cooperar en la lucha contra el extremismo islámico al tiempo que protejan los derechos humanos.”
“…Barack Obama ha planteado una lista de requisitos ideales imposibles de satisfacer tras la caída de dos aliados de Washington en Egipto y Túnez en revueltas populares que, según expertos, se propagarán en la región.”
“No existe prospecto con ese currículo de ensueño y es muy difícil que aparezca uno pronto. En parte se debe a que en los últimos 40 años, Estados Unidos sacrificó los ideales nobles de los derechos humanos, que tanto propugna, a cambio de la estabilidad, la continuidad y el petróleo en una de las regiones más volátiles del mundo.”
“‘Egipto no volverá a ser el mismo’, dijo Obama el viernes después de que celebrara la salida de Hosni Mubarak.”
“Mediante sus protestas pacíficas, dijo Obama, los egipcios ‘transformaron su país y al mundo’.
“Aun cuando persiste el nerviosismo entre varios gobiernos árabes, las elites afianzadas en Egipto y Túnez no han dado señales de que estén dispuestas a ceder poder ni la vasta influencia económica que han tenido.”
“El gobierno de Obama ha insistido en que el cambio no debía ser de ‘personalidades’. El gobierno estadounidense fijó esta postura desde que el presidente Zine El Abidine Ben Ali huyó en enero de Túnez, un día después de que la secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton, advirtiera a los gobernantes árabes en un discurso en Qatar que sin una reforma los cimientos de sus países ’se hundirían en la arena’.”
La gente no se muestra muy dócil en la Plaza Tahrir.
Europa Press narra:
“Miles de manifestantes han llegado a la plaza de Tahrir, el epicentro de las movilizaciones que provocaron la renuncia del presidente del país, Hosni Mubarak, para reforzar a los que continúan en ese emplazamiento a pesar del intento de la Policía militar de desalojarles, según ha informado la cadena británica BBC.
“El corresponsal de la BBC destacado en la céntrica plaza cairota ha asegurado que el Ejército se está mostrando indeciso ante la llegada de nuevos manifestantes…”
“El ‘núcleo duro’ […] está situado en una de las esquinas de la plaza. […] han decidido permanecer en Tahrir […] para asegurarse de que se cumplen todas sus reclamaciones.”
Con independencia de lo que ocurra en Egipto, uno de los problemas más graves que enfrenta el imperialismo en este instante es el déficit de cereales que analicé en la Reflexión del 19 de enero.
Estados Unidos emplea una parte importante del maíz que cultiva y un alto índice de su cosecha de soya a la producción de biocombustibles. Europa por su parte, emplea millones de hectáreas de tierra con ese propósito.
Por otro lado, como consecuencia del cambio climático originado fundamentalmente por los países desarrollados y ricos, se está creando un déficit de agua dulce y alimentos incompatible con el crecimiento de la población, a un ritmo que la conduciría a 9 mil millones de habitantes en apenas 30 años, sin que la Organización de Naciones Unidas y los gobiernos más influyentes del planeta, después de las defraudantes reuniones de Copenhague y Cancún, hayan advertido e informado al mundo de esa situación.
Apoyamos al pueblo egipcio y su valiente lucha por sus derechos políticos y la justicia social.
No estamos contra el pueblo de Israel, estamos contra el genocidio del pueblo palestino y a favor de su derecho a un Estado independiente.
No estamos a favor de la guerra, sino en favor de la paz entre todos los pueblos.
Fidel Castro Ruz
Febrero 13 de 2011

9 y 14 p.m.

PUBLICADO POR ARGENPRESS

 

Egipto: Suleiman. El hombre de la situación

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miércoles 9 de febrero de 2011

 

Alejandro Teitelbaum (especial para ARGENPRESS.info)

El 8 de febrero último la revista francesa L’Express publicó un artículo titulado “Omar Suleiman y las detenciones secretas de la CIA”.

En él se informa que Suleiman, nombrado por Mubarak el 29 de enero vicepresidente de Egipto, es diplomado de la Academia Militar de Egipto, de la escuela de Fuerzas Especiales JFK de Fort Bragg de Estados Unidos e hizo entrenamiento de combate en la que era entonces la Unión Soviética.
Sigue el artículo: “Forma parte de diferentes lobbys en Washington, es visto en Estados Unidos como la persona que logrará mantener el orden en Egipto y salvaguardar los intereses de los americanos en la región”.
“Ha sido el hombre de la CIA en Egipto para las detenciones secretas”, explica Jane Mayer, autora del artículo the “Dark Side”, en el sitio internet de la revista New Yorker, dice también el artículo de L’Express.
Las “detenciones secretas de la CIA” es el programa puesto en práctica bajo la administración Clinton para secuestrar sospechosos de terrorismo en cualquier parte del mundo, trasladarlos secretamente a otros países y allí tratar de arrancarles confesiones bajo tortura.
Sigue el artículo de L’Express: El papel central de Suleiman en ese programa está explicado en el libro Ghost Plane de Stephen Grey, papel confirmado por cables de 2007 publicados por Wikileaks.
Los servicios de informaciones de Egipto, dirigidos desde 1993 por Suleiman, recibían a los presuntos terroristas que le mandaba Estados Unidos, los que desaparecían durante tres meses, eran interrogados y torturados, cuenta el abogado egipcio Montasser Al-Zayat, encargado de representar los prisioneros arrestados por Estados Unidos.
Suleiman estaría implicado personalmente en las bárbaras torturas sufridas por Mamdouh Habib, un australiano capturado en Pakistan en 2001, que cuenta la historia en su libro My Story: The Tale of a Terrorist Who Wasn’t. Antes de ser liberado y repatriado a Australia en 2005, Habib pasó también por las prisiones de Bagram en Afganistán y Guantánamo en Cuba.
En el artículo de L’Express se relata otro caso similar.
Termina el artículo:
“En 2009 el Foreing Policy lo consideraba (a Suleiman) como el jefe de “inteligencia” más poderoso del planeta …y los cables de Wikileaks revelan ahora que ya en 2007 los Estados Unidos lo consideraban como el sucesor ideal de Mubarak”.
Con un individuo así en el poder, la revuelta en Egipto puede terminar en un baño de sangre, que la administración estadounidense aprobará “bajo cuerda” y criticará públicamente para el consumo de la opinión pública.
Represión que calmará las aprensiones sobre el “peligro islámico” de los bien pensantes de todo el mundo entre ellos de los “neoconservadores à la francesa”, como ahora se los llama, notorios intelectuales al servicio de la preservación de la hegemonía del sistema dominante, tales como Alain Finkielkraut, André Gluksmann o Alexander Adler, entre otros, que han expresado públicamente sus temores por la rebelión árabe, “explicando” que en los países árabes no existe una tradición democrática, como existía en los países de Europa del Este, cuando se produjeron las revueltas contra los regímenes seudocomunistas.
La réplica –burlona- ha sido dada entre otros, por Sophie Bessis y Alí Mezghani en Libération del 7 de febrero: « La solidez de las tradiciones democráticas en Europa del Este se sitúan, según él (Finkelkruaut) en el ADN de los pueblos”.

Y Daniel Lindenberg, historiador de las ideas, interrogado por Le Monde el 6 de febrero respondió: “muchos intelectuales piensan en el fondo que los pueblos árabes son atrasados congenitales a los que lo único que les conviene es la política del garrote.

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Publicado por ARGENPRESS

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